LOS armarios

Por Ander Prol González(@AnderProlGlez) marika, periodista y sexólogo

 

Sé que muchos cisheteros estaréis cansados de todos los artículos dándoos consejos de cómo ser el cishetero tolerante que todo amigo LGTBIQ+ desea; o quizás sois de esos cisheteros que os preguntáis si de verdad, a día de hoy, las personas LGTBIQ+ seguimos “tan” discriminadas como afirmamos. Y es que, aunque son muchas las investigaciones y artículos que siguen demostrando que, por mucho que podamos casarnos o adoptar, seguimos sufriendo violencias de diferente índole, ese tipo de ideario hace que se banalicen presiones sociales e identitarias tales como la salida del armario.

En las últimas Jornadas de Jóvenes sin armarios organizadas por el Grupo Joven de la FELGTB, Boti García, activista y Directora General de Diversidad Sexual y LGTBI del Ministerio de Igualdad, recordaba la gravedad de seguir apellidando a las Jornadas como sin armarios. García definió el armario como una “institución amenazante, una institución que destroza, que no ayuda a sobrevivir, que crea una falsa esperanza y – en el que incluso – alguna persona cree que allí puede vivir alguna vida, pero no, en el armario no se puede vivir ninguna vida con dignidad”.

El armario es un instrumento de la cisheteronorma que cumple su función a la perfección: asegurarse de que las personas LGTBIQ+ vivan inseguras, inundadas por un sentimiento de soledad o, en resumidas cuentas, con miedo a ser. Y esto no es lo peor. Lo peor es que en nuestras vidas, en nuestro día a día, son diversos a los armarios a los que nos enfrentamos. Por ello, es imposible salir del armario definitivamente, porque mientras sigamos siendo la otredad, mientras exista la presunción de cisheterosexualidad, cualquier espacio es y será un armario.

Y es que el armario se configura incluso antes de que nazcamos. Antes de nacer se nos asigna un sexo mediante una ecografía y a partir de entonces nos sumen en un mundo de expectativas y objetivos a los que aspirar, entre ellos, ser cisheterosexual. Estamos hablando de condicionar nuestras identidades y deseos desde antes de nacer, de invisibilizar quien eres día a día (con esto no quiero decir que las personas cisheterosexuales no estén también sujetas a cumplir expectativas sobre su sexualidad, pero el armario es diferente).

Algunes hemos tenido la “suerte” de tener familias que nos han brindado todo su cariño y amor antes y después de nuestra salida del armario con ellas. Ídem con los amigos. Persones LGTBIQ+ que encontramos y construimos una comunidad y unos espacios seguros donde día a día transcurren nuestras vidas e incluso tenemos el “privilegio” de que se nos olvide que existen los armarios. Pero un día te echan del trabajo, encuentras uno nuevo y llega el golpe de realidad: sin comerlo ni beberlo vuelves a ser cisheterosexual hasta que se demuestre lo contrario.

Tú, que ya te habías forjado un espacio seguro, que tus niveles de ansiedad estaban reducidos, que el armario te sonaba a algo anecdótico… ahora te encuentras en un espacio nuevo en el que todas las personas dan por hecho tu identidad y orientación sexual y/o de género y te preguntan si tienes pareja (del sexo contrario, claro). Algunes intentamos visibilizarnos e intentar quemar los armarios mostrándonos con toda nuestra pluma o recurrimos al truco de incluir la pulsera o la chapa con la bandera LGBTIQ+ en nuestro vestuario del día a día. Puede que sea un sistema de defensa ante el armario pero, en realidad, supone violentarnos obligándonos a ir marcadas como si de la Alemania nazi se tratase.

Pero ¿por qué tenemos que ser nosotres las que nos visibilicemos para existir en la sociedad? En ocasiones pudiera parecer que incluso debemos pedir permiso para existir. Si tan avanzada es la sociedad, las personas cisheterosexuales precisamente debierais ser las que colaboráis con la ruptura del armario, y no ser simples espectadoras.

Volviendo al entorno laboral, según la Guía ADIM LGTBI+[1] las discriminaciones en estos espacios pasan más desapercibidas entre las personas no-LGTBI+. Y es que, según las encuestas realizadas por esta guía, el 36 % de las personas LGTBI+ escuchan a menudo o muy a menudo rumores sobre su identidad u orientación; el 13 % es víctima de burla o insultos; y, también el 36 %, tiene que aguantar chistes o comentarios lgtbifóbicos.

Esto resume a la perfección por qué muchas personas deciden volver al armario en el entorno laboral. Pero, como inspira el nombre de este blog, mínimo una de cada diez personas somos LGTBI+, lo que supone que en tu entorno laboral, cishetero, aunque tú desde tu privilegio ni te lo habías planteado, trabajas con personas no-cisheteras. Y si esas personas se sienten inseguras o discriminadas para hablar de su vida sexual tú eres responsable de ello. No creo que se trate de algo nuevo para nadie, pero nunca viene mal recordar que por mucho que se aprueben leyes o se diseñen protocolos nos enfrentamos a cisheterosistemas articulados desde la raíz, por lo que toda ayuda es poca.

Por ello, os invito a hacer un ejercicio de reflexión y de empatía (no hablo de tolerancia porque no creo que nadie tenga derecho a no tolerar la identidad o el deseo de nadie) para que penséis así en lo que supone llamaros mariconazos entre los más machotes del taller y hacer chistes sobre lo afeminado que es alguien de la planta; para que le deis un par de vueltas antes de cuestionar en público lo cobarde que es alguien por no salir del armario en un contexto cishetero; o, simplemente, para que cuestionéis vuestro privilegio a ser y desear sin miedo y os planteéis si harías los mismos comentarios que realizáis sobre el colectivo LGTBI hacía otras personas.

 

[1] El Proyecto Europeo ADIM “Avanzando en la gestión de la diversidad LGBT en el sector público y privado” ha sido llevado a cabo por la Dirección General de Igualdad de Trato y Diversidad del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad de España, conjuntamente con la Comissão para a Cidadania e a Igualdade de Género de Portugal y la Universidad Complutense de Madrid.

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