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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Lesbianas en el espacio

Por Charo Alises (@viborillapicara)

Foto: Richard Overtoom

Las lesbianas aún no hemos conquistado el espacio. El espacio público está prácticamente desierto de mujeres con sexualidades no normativas.

Durante la dictadura franquista, las lesbianas se relacionaban  tejiendo redes secretas ente ellas  que propiciaban encuentros en lugares privados para evitar las represalias  del poder, que reprimía con dureza la disidencia sexual. Las reuniones en domicilios particulares eran la forma de socialización más común de las libreras, término utilizado por las mujeres lesbianas en aquella época para reconocerse sin nombrarse.

Con la democracia, las  lesbianas no alcanzaron el grado de representatividad pública de los hombres gais, que empezaron a ocupar lugares hasta ese momento vedados a las personas LGTB. Todavía hoy, en el imaginario colectivo, la homosexualidad está vinculada al hombre gay, blanco, joven y físicamente atractivo. Las mujeres lesbianas seguimos prácticamente desaparecidas. Esa invisibilidad es aún más flagrante en el caso de las  lesbianas racializadas, mayores o con discapacidad, ya que la interseccionalidad multiplica la discriminación.

Las voces lésbicas siguen sin escucharse en el espacio público. El miedo a la reprobación familiar y a la discriminación social y laboral, todavía coarta la libertad de muchas lesbianas que no se atreven mostrar públicamente sus afectos ni a participar en movimientos LGTB. Además, la doble barrera del género y la orientación sexual es un handicap para las mujeres con sexualidades no normativas.

La presencia de lesbianas visibles en la esfera pública es fundamental  para paliar el problema de la falta de representación lésbica, pero también es imprescindible la promulgación de leyes que favorezcan nuestra intervención  en todos los espacios en condiciones de igualdad real y efectiva. No es propio de un Estado democrático la existencia de normas que vulneren derechos fundamentales de las personas en base a su orientación sexual  y esto ocurre hoy en España.

Como muestra de la discriminación que sufrimos, la Ley sobre Técnicas de Reproducción  Humana Asistida obliga a las parejas de mujeres a contraer matrimonio antes del nacimiento de sus hijos para que pueda determinarse la filiación de éstos a nombre de ambas madres. Esta norma es discriminatoria con respecto a las parejas heterosexuales y, por tanto, contraviene el derecho fundamental a la igualdad consagrado en el artículo 14 de la Constitución.

Las mujeres lesbianas necesitamos conquistar nuestro espacio en la esfera pública  para que se oiga nuestra voz y se respeten nuestros derechos.  ​No dejemos que decidan por nosotras.

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