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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Gays contra gays, se llama endodiscriminación

Por Andrea Puggelli (@aikkomad1), activista LGBTIQ

William Murphy

Foto: William Murphy (Flickr)

“El mundo es hermoso porque es diferente” es la frase que le repetimos a la gente para confirmar la tesis de que la homosexualidad es normal y que deberíamos apreciar ser diferentes en lugar de tener miedo. No importa si es un color de piel, una fe, una orientación sexual, una idea política o una cultura distinta a la nuestra: la diversidad debería ser una característica que haga de este planeta, un lugar mejor.

¿Pero es eso así? ¿Estamos realmente convencidos de aceptar lo que es diferente de nosotros? ¿O solo aceptamos lo que es igual o al menos similar a nuestros cánones? Desde hace tiempo he encontrado un problema que todavía está muy presente hoy y se está extendiendo cada vez más en la comunidad gay: la endodiscriminación.

Hablamos de endodiscriminación cuando no aceptamos a alguien que pertenece a nuestro propio grupo social. El macho gay que se burla del gay feminado, el gay fashion que se burla del gay descuidado, el activista gay se queja del gay discreto: todos gais y todos diferentes. Pero mi pregunta surge espontánea: ¿cómo luchamos contra la homofobia, incluso si discriminamos entre nosotros?.

A través de los años he escuchado a gais que tienen vergüenza de otros gais, hombres homosexuales que no aceptan a los que van al orgullo, por ejemplo. Entonces me pregunté si no era yo quien pensaba en manera equivocada, pero al final me aterrorizan los que se avergüencen de otras personas. Tal vez todo esto no es más que un progreso/regreso de la sociedad que llevó a la comunidad gay a creer que ya no es necesario defender todo lo LGTB porque muchas cosas ya se han logrado y la lucha por nuestros derechos ya no es tan necesaria. Aún así, sigo viendo gente yendo a la cárcel o golpeada e incluso matada por su orientación sexual.

Estamos en 2017 y todavía tenemos que luchar para que el mundo comprenda lo que somos y a quienes amamos.

Al final, todos amamos juzgar a los demás. Nos aseguramos de que la gente perciba nuestro desacuerdo y a veces incluso lo escribimos en las redes sociales. La consecuencia natural es que a la gente le gusta estar en los canones  que la sociedad ha impuesto y por temor a ser juzgada, les sigue cabeza abajo.

Por lo tanto, es importante recordarle a las personas, sean gais o no, cuánto necesitan aceptar el uno al otro. Tal vez no podemos amar a todos, pero respetar a los demás es importante, ya que es con el respeto que se construye un mundo mejor.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Paula

    ¿Será porque dentro de eso llamado “comunidad gay” hay un tipo de gay, el histriónico superficial al que le gusta ser el centro de atención, que se ha quedado la reivindicación colectiva para sí?

    ¿Será porque somos muchos los gays “del otro tipo”, que estamos hartos de que se nos identifique con esos superficiales que sólo quieren subirse a carrozas para que les miren? que se llaman “mariconas” entre ellos en cada frase que pronuncian?

    En el último día del Orgullo pasé vergüenza, de ver que en el escenario sólo había gays superficiales, haciendo y diciendo cosas superficiales, demandando su derecho a llamar la atención a todas horas y vestir plumas y lentejuelas. Se quedan con el discurso, y lo simplifican a eso, a tener derecho a enseñar carne y vestirse lo más llamativo posible.

    El contraorgullo es necesario, porque estos desgraciados se han quedado la bandera para ellos.

    22 noviembre 2017 | 17:23

  2. Dice ser Kally

    Exacto – como lesbiana muy femenina, muy chica, he sufrido mucha discriminación de la comunidad lesbiana – que “sigo en el armario” porque las ‘lesbianas normales’ no llevan falda y maquillaje (“Ya verás, se te irá ‘cayendo’ el pelo y dejarás de vestirte como una hétero,” me decían con 18 años; ahora tengo 40 y sigo pintándome las uñas, sigo con el pelo largo y sigo llevando puestos vestidos y tacones); que “debo ser por lo menos bisexual”, que soy del tipo de lesbiana que “te dejará por un hombre” porque en el fondo soy “hétero” (nunca me han interesado los hombres, sólo las mujeres femeninas, y estoy muy fuera del armario). De niña, como a los 18 o 19 años, empecé a pensar que a lo mejor lo que yo era no era ‘lesbiana’, sino algo distinto al que aún no habían puesto nombre. O – lo que más temía – ¿puede que sí sea lesbiana pero que tenga pinta masculina sin saberlo? – y eso fue lo que desató mi anorexia. Y de la anorexia, no hay cura, sólo remisión.
    En alguna que otra ocasión hasta me han intentado denegar la entrada a los grupos o bares LGB porque creían que yo era hétero y una de las chicas que ‘disfrutan de la compañía de hombres gay’.
    Lesbianas femeninas somos muy pocas, muy invisibles, siempre van buscando ‘algo masculino’ en tu aspecto o tu manera de ser (que busquen. En mi caso no encontrarán nada. Soy tan estereotípicamente ‘chica’ que hago desesperar a las feministas). Y encontrar otras lesbianas femeninas, por eso, es tan imposible que acabas pasando la mayoría de tu vida sola, sin pareja.
    No lo entiendo – lo único que diferencia a una persona LGB es que le gusta la gente del mismo sexo. Entre los que les gusta exclusivamente al sexo opuesto, no existe ‘uniforme’; entonces, ¿por qué tanto estereotipo entre los/las que nos gusta el mismo sexo? Se trata de nuestras preferencias románticas, no de nuestro aspecto, aficiones, maneras, ropa, etc.
    En este asunto, tanto el mundo LGB como la comunidad en general tiene que cambiar su forma de ver y de creer.
    Y también se tiene que separar, de una vez por todas, las referencias a ‘LGB’ y ‘trans/intersex’. No son lo mismo en absoluto. No soy trans, soy chica y siempre me ha gustado ser chica, y soy lesbiana; y entre los trans/intersex existen muchísimos heterosexuales – y niño/as que no lo saben aún, y gente a la que no les atrae ni hombres, ni mujeres, ni nadie. Decir ‘LGBTI’ es como decir ‘LGBE’ (lesbiana, gay, bisexual y extranjero/a). Los/las LGB y los/las extranjeros son grupos minoritarios con unas necesidades distintas a los héteros y a los nacionales, pero no tenemos nada en común. Sí que un extranjero puede ser gay (como yo, que soy ambas) pero ser extranjero y ser gay no tiene nada que ver el uno con el otro. Igual que con los/las LGB y los/las TI – es un asunto completamente distinto, y me temo que los/las TI se sentirán aislado/as si su única fuente de información y ayuda es a través del movimiento gay, un movimiento con el que o no se identifican o, si también son gays, se identifican por cuestiones radicalmente diferentes. Además, la sociedad lo confunde – que crean que soy trans porque soy lesbiana me molesta, y que los padres de un niño trans piensan que su hijo es gay por el hecho de ser trans es una injusticia a este hijo. Sobretodo si la gente trans/intersex nunca puede encontrar a parejas del sexo opuesto porque todo el mundo cree que es gay.

    22 noviembre 2017 | 20:46

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