BLOGS
Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

Archivo de la categoría ‘belleza’

Esas ‘instagramers’ con pelos

Miércoles, 10 de la mañana. Me deslizo por Instagram hasta que doy con una foto de una chica con pelos en las piernas. Me meto en su perfil y repaso sus publicaciones hasta que una de mis compañeras me llama la atención horrorizada.

INSTAGRAM

-Madre mía, ¿pero qué es eso?

Mi compañera, veinteañera, con un mini bolso de Vuitton con llavero de pompón rosa incluido y más adicta a Instagram que al café, mira mi móvil asustada, como si esa pelusilla de la foto fuera a saltar de la pantalla y a enzarzarse en un combate a vida o muerte contra su pompón.

Eso, querida, son pelos. Pelos como los que tienes tú o yo hasta que alguien te ha enseñado a verlos como algo incorrecto, lo que hace que siempre sientas que te los debes quitar del cuerpo.

Pero no es el caso de Morgan Mikenas. La instagramer amante del fitness (y del arte y música según su cuenta en la red social) decidió dejar de depilarse y vivir en armonía con su cuerpo y sus pelos, algo que aplauden sus casi 77.000 seguidores.

I am not afraid. I am not afraid of my truths, of who I really am. I am not afraid to be exposed. What you see is what you get. This is me. I will not take away part of myself to make YOU feel more comfortable. I 👈🏼👈🏼am comfortable!! I'm completely comfortable in my own skin. Don't fear what will become of you, depend on no one..Because once you let go of what someone else might think of you, you are free..🌼✨ Since moving to Vegas I have gone into public in shorts/tank tops/ bathing suit.. fully exposing my body hair. It was a pleasant surprise for me! People out here look at me like I am no different/look directly into my eyes and acknowledge me as an authentic human being.☺️🙏🏼💖 (And that's how it should be) Completely a full 360 from the Midwest. Out there, if I went into public exposed, a trail of whispers/ laughter/ judgment/ negativity would follow.. but the negativity has taught me how to be fearless and confident.. and that's all you need to beat the negativity:) And I'm sure I will encounter negativity out here sometime, because negativity is everywhere and unavoidable..but I'm feeling super lucky that I haven't had to deal with that yet!:) All Im hoping to do is to teach acceptance. Practice acceptance, not judgement.💝✨🌸#onelove #inspireothers #befree #bebold #beyourself #selfcare #spreadlove #fitness #confidence #namaste #loveandlight #gratitude #bodypositive #bodyhairdontcare #positivity #passion #iloveyou #weareone #summerready #acceptance #notjudgement #physique #healthylifestyle

A post shared by Morgan Mikenas (@i_am_morgie) on

“No me asusta quién soy. Lo que ves es lo que hay. No voy a quitarme una parte de mí para que tú te sientas cómodo. Yo estoy completamente cómoda en mi propia piel. Una vez deja de preocuparte lo que otros puedan pensar, eres libre… Todo lo que espero es enseñar a la gente a aceptarse. Practicad la aceptación no el juicio.”

No es la única que se ha sumado al #bodyhairdontcare. Cada vez más hombres y mujeres en las redes sociales suben fotos de su vello corporal con orgullo.

INSTAGRAM

Pero el hecho de que sean las que tienen un considerable número de seguidores las que se animan a dar este paso, logran una visibilidad y un impacto que realmente ayuda a concienciar de que, a fin de cuentas, el vello corporal debe ser una elección personal y no una obligación externa impuesta.

Desigual a favor de la naturalidad en su última campaña

Parece que la época en la que la celulitis sencillamente no existía empieza a llegar a su fin. Corrientes body positive reclaman la aceptación personal y el amor por uno mismo tal cual es, pero, especialmente, la naturalidad.

Ese depósito de grasa era vendido como un enemigo al que debíamos vencer a base de anticelulíticos milagrosos o masajeadores que parecen ideados por los torturadores de la Inquisición.

Desigual ha querido dar un paso más en el camino que inició Dove con los cuerpos naturales y contar con una modelo con celulitis para su última campaña.

''Beauty doesn’t only come in size zero. Diversity is the key to changing that”.@charlihoward

A post shared by Desigual (@desigual) on

Charli Howard decidió dejar el régimen estricto e insano que le exigían para trabajar como modelo, vivir una vida más saludable y contarlo en sus redes sociales.

El hecho de que Desigual cuente con ella como imagen para su nueva campaña prueba que estamos empezando a aceptar socialmente algo que antes estaba estigmatizado. Y no solo eso, sino que las empresas empiezan a darse cuenta de que apostar por un cuerpo más natural también les produce beneficios.

Look how far I've come!! 💪🏼💪🏼💪🏼 I may be heavier than I was, but I'm happier than I've ever been, and I never, EVER want to go back to that miserable and lonely time. 💔 I'm proof that being thin does not make your life better. I know the idea of thinness can often feel like a gateway towards a more fabulous, exotic and fulfilled life (that's how it's sold in magazines and in the media), but the reality is very different. You're just masking underlying insecurities or problems. Being thin does not miraculously make you: ✖️ Happy ✖️ Pretty ✖️ Popular (with girls or boys) … or solve any other problem. The only way you will achieve these things is IF and WHEN you choose to love yourself and who you're meant to be! 💕 Trust who you are and realise you're good enough. Always remember that there is so much more to life than looks and weight. It's a big world out there and you have so much more to offer it 🌏 (P.S Thank you @letayna for tagging me in this before & after photo! It really showed me how much better my life is now! 💖) #iamallwoman #curves

A post shared by Charli Howard (@charlihoward) on

Por qué deberías usar el aceite de oliva como cosmético

(Después de cambiar el champú por vinagre me paso al otro aliño de la ensalada)

La vida fuera de casa es dura, pero es aún más dura cuando estas en una de las ciudades más caras de Europa (gracias Milán) y no quieres dejar a tus padres en la miseria. Es por eso que compro con mentalidad de trinchera: lo básico e imprescindible para vivir sana. Adiós esmaltes, cera depilatoria, cremas, mascarillas, tónicos, y otros caprichos cosméticos con los que vivía en Madrid.

GTRES

Vivir fuera de casa hace que desarrolles un sexto sentido: el del apaño. Encuentras soluciones a tus problemas cotidianos utilizando cosas alternativas con un poco de imaginación (y locura) que no te habías planteado antes.

La primera vez que se me ocurrió utilizar aceite de oliva fue cuando me puse máscara de pestañas y caí en que iba a necesitar algo más que agua y jabón (mi desmaquillante habitual) para sacarla. Fue entonces cuando vi lo que tenía en casa y pensé en el aceite. Me eché una gotita en el pulgar y lo froté contra el índice pasando las pestañas por medio. Funcionó de maravilla. Vale que hay que hacerlo con cuidado porque como vayas con prisa corres el riesgo de quedarte ciega (o al menos de que te escueza un poco el ojo como te entre aceite), pero me dejó las pestañas incluso más limpias que el desmaquillante que usaba en casa.

Otro uso alternativo fue el de complemento para la depilación. Con unas gotitas sobre la piel, la cuchilla se deslizaba mejor que cuando uso jabón, además de que al terminar las piernas quedan hidratadas, no como de la otra forma que puedes notar la piel un poco tirante al terminar.

Por último, no podía faltar el aceite y el pelo. Como os comentaba, la mascarilla ha sido otra de las cosas de las que me despedí al venir aquí. Una compañera de clase me recomendó hacer mascarilla de aguacate, pero, francamente, al precio que está aquí la fruta (y lo que me gusta esa en particular) me parecía un desperdicio. Pero oye, el aguacate son grasas buenas, como las del aceite de oliva virgen, así que ¿por qué no sustituir una por la otra? No digo que zambulláis la cabeza en aceite, pero unas dos o tres cucharadas por el cuello capilar, tras un masaje con las yemas de los dedos y 30 minutos de reposo, nos deja el pelo, tras lavarlo con agua y jabón, como cuando usamos la mascarilla una vez por semana.

En definitiva, que no solo he dejado de depender de varios productos que antes eran básicos (y por tanto mi cesta de la compra sale mejor) sino que además estoy minimizando la exposición a cosméticos químicos y utilizando remedios más naturales, algo de lo que soy 100% partidaria. De hecho, tengo ya claro que incluso cuando vuelva a hacer la compra “normal” el desmaquillante y la mascarilla no entrarán en mi cesta más.

Esto es lo que te va a pasar si intentas meterme mano

(Luego no digas que no te avisé)

GTRES

Bailo ligera, feliz en mi burbuja de música latina mientras muevo las caderas y sonrío a mi amiga entre los mechones de pelo que insisten en cubrirme la vista cada vez que muevo la cabeza con un poco más de ritmo.

Estamos las dos solas y puedo sentir como, poco a poco, nos van acorralando contra una de las paredes de la pista como si fuéramos presas. Lo hacen repetida y sistemáticamente a lo largo de la noche, como si solo por el hecho de estar bailando sin compañía masculina lanzáramos un mensaje invisible de que estamos abiertas y perceptivas. Lo que estamos haciendo es tratar de disfrutar de la noche con una amiga. Sin más misterio ni otro objetivo que no sea el de divertirnos juntas bailando.

Con más o menos tacto, en función de los modales de los que se acercan, rechazamos, negamos o nos apartamos bruscamente de los que intentan alejarnos de la otra, de los que buscan aislarnos. Cuando creía que los españoles eran los que menos entendían un “No” por respuesta llegan los italianos. No es que no entiendan el “No”, es que lo entienden pero no lo aceptan. Insisten, te cogen, se pegan todavía más, te pellizcan el moflete y te repiten la misma cantinela a voces. “¿Cómo te digo que no, que no estoy interesada?”. Y ya por fin, cuando a la enésima vez lo repites seria, rozando el enfado, heridos, momentaneamente, en su orgullo, se alejan y van a por otra aún más desprevenida.

Pero en uno de los rechazos siento que, no contento con mi respuesta, una mano se desliza por mi espalda y roza mi culo. No es un contacto casual o accidentado, pues puedo notar como la palma y sus dedos se regocijan con mi forma. Inmediatamente, de manera intuitiva pego un grito y me aparto. Veo al que me ha metido mano, aprovechando la situación de que se alejaba de nosotras. En ese momento todos mis niveles de adrenalina se disparan, me ciegan, me embalan y solo puedo ver su nuca de espaldas alejándose. Sé que cuento con escasos segundos antes de que se pierda definitivamente entre la gente. No los malgasto. Sin pensar, de manera automática, le cojo del hombro. Era más alto y seguramente más pesado, pero yo contaba con el impulso y el enfado, por lo que rápidamente le giro hacia mí. Mi otra mano se pliega sobre sí misma, retrocede y seguidamente vuela. Atraviesa el espacio cargado de humo e impacta en su cara con fuerza. Sé que le he hecho daño porque a los segundos recibo un latigazo en el nudillo de dolor. Jamás había pegado un puñetazo que no fuera a un saco de boxeo. Se lleva las manos a la cara y esta vez dejo que se vaya corriendo.

Y me quedo ahí. Con la mano y el orgullo dolido. Sintiendo satisfacción por haberme defendido sola, asco porque se haya sentido con el derecho de tocarme algo tan íntimo y al mismo tiempo preocupación por si le sangrará la nariz (sí, aún encima de lo cerdo que ha sido me preocupa su nariz). Me siento dolida por haber tenido que pegar y en una parte de mi cabeza se proyectan mis padres disgustados conmigo, que siempre me han enseñado que la violencia física no trae nada bueno y no debo recurrir a ella. Pero luego, más tarde, cuando ya llego a casa de madrugada, pienso con calma en lo que ha pasado. No he sido yo quién ha actuado mal. Me he defendido de una agresión física. He reaccionado ante un abuso que ha sucedido sin mi consentimiento sobre mi propio cuerpo. Es decir, si él no me hubiera acosado en primer lugar, jamás en la vida le habría dado un puñetazo.

Tuve miedo durante la noche de volver a encontrármelo, de que el chico regresara con amigos, pero si me volviera a suceder, sin duda alguna, volvería a hacerlo, porque (y esto de verdad que necesitamos metérnoslo en nuestra cabeza) NADA justifica que alguien te toque sin tu permiso. NADA justifica que te hagan algo que no quieres y NADIE puede criticarte por haberte defendido si has tenido la mala suerte de vivirlo.

(Y quiero pensar que el cabrón de la discoteca se lo pensará dos veces antes de volver a faltarle a otra mujer el respeto)

Mi madre no es de esas madres

Todo lo que sé de maquillaje lo aprendí de mi madre, en otras palabras, nada.

Hoy quiero aprovechar para darle las gracias por ello. Porque cuando le dije: “Mamá enséñame a maquillarme” solo supo explicarme cómo dibujarme la raya del ojo. Ni polvos, colorete o pintalabios. “Estás más guapa sin maquillar” me repetía ese día y todos los demás que me ha visto hacerlo. Y ahora me lo creo.

PIXABAY

De ella aprendí una rutina de belleza que consiste en lavarse la cara por las noches, echarse crema hidratante y, en la piscina, la de factor 50. Mi madre, siempre natural, no solo de naturalidad al ser ella misma, sino de naturaleza por tener antepasadas meigas. La misma que para perfumarse, arrancaba un pedazo de lavanda paseando por el campo y se lo frotaba contra las muñecas para darles olor. Nunca le he dicho que es algo que automáticamente repito cada vez que veo esa planta.

Mi madre no es el tipo de madre que te dice “Vámonos de shopping” o “Te he comprado ropa”, a no ser que “ropa” sea un pijama o esos pares de calcetines que ya me venían haciendo falta. Pero es el tipo de madre que te pregunta si quieres ir con ella a ver una exposición o que te compra una novela que ha pensado que podría gustarte en la Feria del Libro. Debe ser porque he crecido con ello que prefiero lo segundo.

Mi madre no es de esas madres que va a la moda, al menos no lo era hace unos años. Es una mujer que lo mismo le da que le da lo mismo que se lleve azul, rojo, blanco o negro. Ella se compra los colores y accesorios que le da la gana y se los pone como quiere. Es de esas que usa la misma falda de antes de quedarse embarazadas. De esas cuya ropa es de un tejido tan bueno que incluso veinte años más tarde sigue pareciendo casi nuevo. Ella rescata, reaprovecha, usa y requeteusa. Por ello, cada vez que le regalan algo nuevo, me deja caer que me mantenga alejada de la prenda (mi mala fama de acaparadora de ropa ajena me precede) pero al final nunca tiene problema en abrir su armario (incluso el de ropa de los años 80) y dejar que lo saquee libremente.

A pesar de que combinemos las cosas de manera muy diferente, por ejemplo, ella usaba un bañador para ir a la playa y yo me lo pongo de body para ir de fiesta, a ambas nos encanta cacharrear con la ropa: mezclar, arriesgar… Mi madre ha sido mi primera influencer. Entre las fotos de cuando era (más) joven y sus anécdotas, me la imagino de veinteañera yendo por Vigo con su poncho fumando en pipa (era una hipster de aquellos tiempos). También me ha contagiado su amor por los bolsos, zapatos y sombreros.

Pero lo más importante es que mi madre me sigue enseñando cada día a quererme con celulitis, arrugas y pecho caído con su ejemplo. Nunca ha pasado por quirófano ni tiene intención de hacerlo. La entiendo. Está preciosa, y mi padre coincide conmigo cada vez que hemos hablado de ello.

No se me ocurre un mejor referente femenino en el que poder fijarme. De ella he aprendido a encontrar la belleza en la pasión, fortaleza, independencia, creatividad o en la dedicación. Pero tengo que sacarle una pega, es demasiado modesta. Cuando le digo que está guapa o me quedo embobada tratando de averiguar de qué color son ese día sus ojos (verdes, azules o grises dependiendo del sol o de su humor) me replica que no es mérito suyo. Supongo que es la única incapaz de ver lo que brilla.

Ojalá esto le ayude a hacerlo.

Feliz día, mamá.

El cartílago de la oreja, el nuevo lugar de moda para tatuarse

Los amantes de los tatuajes discretos tienen un nuevo sitio en el que depositar tinta: la oreja. Puede sonar un poco descabellado por lo delicado de la zona pero lo cierto es que dibujar en la hélice o en la fosa interna se está convirtiendo en tendencia.

INSTAGRAM

Lo primero que debemos tener en cuenta antes de lanzarnos a por uno es que “duele de forma considerable” afirma el tatuador Daniel de la Guardia. “Las pieles finas suelen doler mucho, véase dedos de las manos y pies, y orejas o nariz”.

Y es que a diferencia de los tatuajes que van sobre piel por encima del hueso “el cartílago sufre. Al estar muy irrigado sangra mucho además de que su sonido al tatuar es bastante molesto. Suena como a crujido por lo que parece que el cartílago se estuviera rompiendo“.

Pero no dejéis que esto os desanime. Quien algo quiere, algo le cuesta, y un poquito de dolor es un peaje que estamos dispuestos a asumir siempre y cuando de tatuajes se trate. Lo bueno es que “no se debería tardar mucho más de media hora“. Pese a que son pequeños “necesitan de una mano precisa y mucho esmero” afirma el tatuador, lo que implica que se le debe dedicar tiempo.

Respecto al precio, y aunque cada estudio tiene sus tarifas, en el caso de Daniel ronda entre los 50 (que es lo mínimo que nos va a costar un tatuaje porque es el precio de los materiales) y 70 euros.

Algo muy importante a la hora de cuidar esa zona es “protegerla del sol, ya que es una zona que se quema rápidamente. Hay que ponerle una protección solar potente y mantenerlo hidratado a diario” dice el tatuador. Además “evitar el uso de cascos que tapen la oreja o aparatos que tengan un roce continuo ya que afecta a su desgaste, como el caso de los sujetadores en las mujeres que llevan tatuajes en el costado”.

Have you guys seen the new tattoo trend? I think it's soooo cute! Definitely going to get one! #helixtattoo

A post shared by Emily Cannon (@emilymamabear28) on

#handpokedtattoo #handpoked #helixtattoo #eartattoo #smalltattoo

A post shared by Carsten Viktora (@feelingstattoo) on

‘Sunset shadow’, la sombra de ojos que nos sentará bien a todas

Con el reinado de los tonos tierra y nude en labios, colorete y paletas de sombras, una tendencia ha nacido como contrapunto: las sombras atardecer o #sunseteye, que, si has nacido en los 90, te recordará al maquillaje con el que venían tus muñecas Barbie, Bratz o MyScene.

INSTAGRAM

La mezcla nace de la combinación de amarillos, naranjas, rojos y rosas con un toque de azul y las pestañas bien marcadas. Aunque puede parecernos peor idea que combinar sandalias con calcetines en realidad es una tendencia muy veraniega que, para planes festivaleros o un poco más formales de media tarde, encaja a la perfección.

Ni las más reticentes (véase yo que uso una micra de sombra y siempre de color discreto) no podrán resistirse, ya que la mezcla de tonos, por extraño que parezca, es favorecedora para prácticamente cualquier color de ojos y de piel que se tenga.

#fullspectrumpalette #day2 #motd #sunseteyes

A post shared by Amai (@kittdeecakes) on

Si os animáis a hacerlo, aquí tenéis un tutorial que os enseña a combinar los diferentes colores:

Carta a mi yo de 50 años (para cuando los tenga)

Querida yo de 50 años:

Antes que nada, lo siento.

Lo siento porque no me estoy echando crema de protección 50 todos los días antes de salir de casa. Ambas sabemos que lo he intentado, pero que soy un desastre y me acabo olvidando. Lo siento porque no soy capaz de beber los famosos dos litros de agua que recomiendan al día. Lo siento porque no consigo eso de pedirme un té verde cuando hay plan de cañas con los amigos en un bar.

@meetingmara

Te diré que llevo 25 años vistiendo como me da la gana y espero que, 25 años después, sigas haciéndolo. Me dan lo mismo los artículos de “Prendas que no deberías llevar a partir de los 30” o “Las reglas para maquillarte si tienes más de 40”. No lo sigas, no hagas caso, viste, calza y maquíllate como te salga de las narices, como te sientas favorecida y a gusto contigo misma a pesar de que vaya en contra de lo que te recomienden.

Lo siento porque no tienes cientos de amigos de la infancia. Supongo que aprendí demasiado pronto que mi tiempo era una inversión y que no merecía la pena emplearlo en todo el mundo. Pero si has sido lo bastante lista, algo de lo que no tengo duda, conservarás esas pocas amistades que he ido coleccionando a lo largo de los años. Esas que sabes que se han ganado el derecho de ser amigos, y de las que tienes la gran suerte de poder llamarles así. Los que, a falta de más hermanos, espero que sean los posibles tíos postizos si has tenido hijos. Que si no los has tenido, tampoco pasa nada. Vale que molaba la idea de ser madre, pero oye, allá tú con nosotras.

Espero que estés haciendo deporte. No digo que seas la amante del gimnasio que soy ahora, pero que andes, que corras, que no pases el día sentada, que nos dijeron que nuestro metabolismo va de lento casi hacia atrás y que si no tienes el tiroides ya parado del todo ambas sabemos que acabará sucediendo. No te pido que estés delgada, musculosa o con la tripa plana, pero sí que estés sana. Que el cuerpo es patrimonio de ambas.

Espero que sigas sonriendo cada día de tu vida porque encuentres un motivo para hacerlo. Que le den por culo a las arrugas de expresión. Acuérdate de mamá y de lo guapa que nos ha parecido siempre. También te pido que no te niegues pequeños placeres: bebe una copa de vino de vez en cuando, coge una onza de chocolate negro a escondidas y sigue disfrutando de cómo se deshace en la boca.

Quiere, quiere mucho. Sigue queriendo sin miramientos aún cuando puedan hacerte daño. Tienes un corazón así que aprovéchalo al máximo. Quiere incluso cuando no sea correspondido, cuando sepas que se va a acabar o a miles de kilómetros, pero quiere.

No dejes de formarte, de aprender, no pierdas la curiosidad por lo que te rodea. Sigue creciendo, sí, con 50. Si algo nos enseñó el abuelo es que la juventud reside en mantener la mente fresca aún cuando el cuerpo va en silla de ruedas. No dejes esa buena costumbre de leer unas páginas de un libro antes de irte a dormir. Dedícate tiempo a ti, que lo necesitas y no tiene nada de malo ni de egoísta encontrarlo.

En definitiva, siento si estás “pagando” alguno de mis desaciertos, pero lo bueno de que tengas 50 años es que verás las cosas con perspectiva y sabrás que hemos vivido cada segundo de estos años. Recuerda que te quiero. Siempre lo he hecho y nunca dejaré de hacerlo.

Mara

Ojalá te quieran fea

Pero fea de verdad. Fea de esos días en los que tú misma te miras al espejo y te niegas a aceptar que eres la persona que te devuelve la mirada. Te deseo a alguien que en ese momento te vea preciosa por ser tú la que lleva esa cara de fea. Alguien que vea más allá de tus ojeras, arrugas y esos pelos misteriosos que empiezan a salir por la edad en lugares insospechados.

PEXELS

Ojalá (que también) te quieran maquillada. Ojalá aprecien la de tiempo que le has dedicado a tu ahumado hollywoodiense, a tus labios perfilados al milímetro. A tu cutis de muñeca solo que en vez de Famosa, de Kiko, Mac o Astor. Pero, sobre todo, te deseo a alguien que te diga que te prefiere sin tanto maquillaje encima porque eres “más tú”.

Ojalá te quieran peluda si decides que no quieres seguir depilándote. Te deseo a alguien que haga bromas con tu bigote, entrecejo o con los pelos que recorren tus piernas, ingles, axilas, espalda, ombligo… Te deseo a alguien que te desee independientemente de si por tu piel han pasado cuchillas, ceras o nada en absoluto.

Ojalá te quieran alta, con unos tacones y una falda. Ojalá adoren cómo te hacen las piernas. Pero te deseo a alguien que te vea en pijama, con una camiseta vieja, haciendo footing o sudada y te convenza de que no has perdido un ápice de atractivo.

Te deseo a alguien así porque no te mereces menos. Pero ojalá entiendas que ese alguien que, estés como estés, siempre te va a ver en tu mejor momento, eres tú. Una vez lo entiendas, ya puedes buscar a alguien más ahí fuera.

Las cejas pluma, una tendencia para atrevidas

Instagram es el nuevo caldo de cultivo de las tendencias, ya sean de maquillaje, moda o peinados. Si existe está en Instagram.

La última moda demencial es la nueva manera de llevar peinadas las cejas: el efecto pluma.

Stella Sironen, una maquilladora finlandesa cuyas creaciones son imaginativas a más no poder (arcoiris, purpurina…), ha sido la pionera en lucir las fantasiosas cejas.

Estéticamente hemos pasado, en apenas 10 años, de llevar las cejas depiladas al máximo (como si lleváramos una fila de hormigas en la frente) a insistir en su grosor e incluso exagerarlo, por lo que el primer requisito para lucirlas es tenerlas tupidas.

Para conseguir este efecto basta con dividir la ceja a la mitad horizontalmente, peinar la parte superior hacia arriba, la inferior hacia abajo y mantenerlas con algún tipo de fijador (laca o jabón pueden hacer el apaño).

Llamativas y originales, las cejas pluma no parecen una elección a tener en cuenta para el día a día a no ser que queramos asemejarnos a una mariposa con sus antenas.