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¿El error de los Óscar estaba preparado?

(GTRES)

Quedé aislada del mundo (sin internet) y ayer me encuentro con el revuelo producido por lo que ya se ha denominado el mayor desastre de la historia de la entrega de los premios Óscar. Faye Dunaway y Warren Beatty entregaban por error el premio a ‘mejor película’ a La La Land en lugar de a Moonlight. Muchos de vosotros me preguntábais si realmente las reacciones de presentadores, actores/actrices y los allí presentes fueron naturales y espontáneas ante el insólito acontecimiento.

Pues, sí, aunque la interpretación es lo suyo, y pudiéramos pensar que han actuado al más puro estilo hollywoodiense, las reacciones de sorpresa, confusión y duda fueron muy reales. A cuál más intensa por cierto. Aunque la estupefacción hecha persona fue sin duda el emisor de ese premio, Warren Beatty; el rostro de desconcierto que manifiesta cuando lee el nombre en el sobre fue de libro. Tal fue su duda y desconcierto que no se le ocurre otra cosa que pasarle el aprieto a su compañera Faye Dunaway para no ser el responsable de lo que allí pasara.

Cuando reconoce el error, su actitud y expresión facial eran de verdadera vergüenza y culpabilidad. Aunque solo se limitara a seguir adelante con lo que había leído denotaba por su expresión corporal la responsabilidad del desaguisado, observable por ejemplo en movimientos rápidos y descompensados, mirada evasiva y buscando apoyos visuales, risa nerviosa, o el volumen de la voz más alto y agudo de lo habitual en él.

Por último, tengo que decir que me encantó la reacción de Ryan Gosling (actor protagonista de La La Land) y estoy muy de acuerdo con el análisis en Vogue sobre el actor y su reacción ejemplar ante lo sucedido. ¿Os fijasteis en él? Lo cierto es que se mantuvo en un segundo plano, observando, sin hacer drama. Se limitó a sonreír y a tomar la situación con humor, dándole la importancia justa. ¡Bravo por Ryan!

¿Por qué el pederasta de Ciudad Lineal se rió y mostró un insólito lenguaje corporal durante su (no) declaración en el juicio?

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Foto EFE

Antonio Ortiz entra en la sala esposado y con ropa deportiva, ni siquiera se ha molestado (de poco le iba a servir) en intentar aparentar buena presencia o formalismo ante la jueza. No ha mostrado ni un solo gesto de nerviosismo, su expresión facial era impasible, en cambio, sí que ha hecho algunos movimientos en la espera, levanta un hombro, se rasca la nuca y realiza estiramientos con su otro hombro. Son los gestos tipo de preparación ante un combate físico, de la lucha cuerpo a cuerpo.

Gran parte de su explicación conductual se relaciona directamente con el comportamiento psicopático. El contacto visual suele ser constante y muy directo con el tribunal, es casi desconcertante (para esta situación) el alto mantenimiento de una mirada firme, fría e impasible, nada esquiva, y atenta a todo lo que ocurre y a todas las personas que se encontraban en la sala, una clara muestra de la ausencia de las emociones de culpa o vergüenza. No tiene empatía, su amígdala es distinta, la función de este área involucra emociones negativas como el miedo, la tristeza y la culpa.

No hay afectación o impacto emocional alguno, tanto en su rostro como en su cuerpo, cuando la jueza le manifiesta si tiene conocimiento sobre los hechos de los que se le acusan, o la condena a la que se va a enfrentar, o refiere el informe de la psicóloga que atendió a las víctimas, nada, no hay alteración alguna en su estado emocional. La excitación de su sistema nervioso autónomo es prácticamente nulo, esto quiere decir que su fisiología es también diferente a la del resto de las personas. Su ritmo cardiaco en reposo es más bajo, al igual que la conductancia de la piel y las alteraciones de cada latido de su corazón también difieren de los demás. Por lo que logran mantenerse calmados, cuando los demás reaccionarían.

Captura del vídeo adjunto

Captura del vídeo adjunto

Entonces Ortiz se acoge a su derecho de no declarar, y a continuación esboza una sonrisa, asiente levemente y se levanta de la silla realizando un gesto emblemático, levantando los dedos índice de ambas manos (sustituyendo al “disculpa pero me voy”). Pero no será la última expresión de afecto positivo, vuelve a reírse cuando la jueza niega la lectura de las preguntas por parte de la acusación. ¿Qué significan estas sonrisas?

Bueno, no son unilaterales, hay acción muscular en ambas partes de la cara, es decir, la sonrisa es completa y no de medio lado, por lo tanto no es desprecio, es una sonrisa de regocijo, muy común en personas con rasgos psicopáticos, que sienten continuamente el placer de ‘ganar’. Su narcisismo les hace pensar que son los mejores y cómo queda su imagen es una de sus mayores preocupaciones, de ahí su expresión facial sonriente, en esos dos momentos, él se ha sentido triunfador.

 

Analizamos el supuesto arrepentimiento de ‘Popeye’, el jefe de los sicarios de Pablo Escobar

Este viernes 2 de septiembre la plataforma Netflix estrena los 10 capítulos de la segunda temporada de Narcos, protagonizada por Wagner Moura dando vida a Pablo Escobar, uno de los mayores narcotraficantes colombianos y fundador del Cartel de Medellín. La serie refleja la historia real de los cabecillas de la droga en los años ochenta y los esfuerzos de la policía por acabar con los responsables del sangriento conflicto.

La realidad supera toda ficción y hoy pongo la lupa del análisis no verbal en Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, el que fue jefe de los sicarios integrado en la organización criminal colombiana de Pablo Escobar y que actualmente ha abierto un canal de YouTube titulado: ‘Popeye_Arrepentido’, no solo en este medio se hace llamar así, también lo hace en su correo electrónico (Popeye.arrepentido@…). Así es cómo él mismo se presenta ahora al mundo, arrepentido, tras asesinar a más de 300 personas directamente y a unas 3.000 indirectamente, siempre a las órdenes de Escobar. 20minutos ha podido entrevistarle y ha elaborado un especial analizando los 40 años del cártel y la fascinación por la narcocultura.

Volvamos a Popeye. Tras 23 años en prisión queda en libertad y actualmente se considera una persona resocializada, arrepentida y preparada para abandonar su pasada vida de mafia y muerte y reconvertirse profesionalmente en escritor y variedades del mundo del cine y televisión. Pero, ¿qué hay de cierto en esta transformación?, ¿realmente sus emociones son compatibles con el arrepentimiento?

El ex-sicario ofrece numerosas entrevistas desde la cárcel y fuera de ella, he escogido para el análisis esta entrevista realizada por Adela Micha por su duración, extensa, de dos horas, en las que las preguntas son muy completas y aborda temas sensibles para el estudio de su comunicación emocional.


Encontramos indicadores muy interesantes para revelar su verdadero parecer respecto a su antigua y nueva vida: Lee el resto de la entrada »

Final de Champions: la desolación de Juanfran ¿es necesaria la tristeza?

Expresión de tristeza. Foto EFE

Expresión de tristeza. Foto EFE

Es fascinante observar el abanico emocional que se produce en la competición, de la euforia y la alegría más intensas a la desolación y la tristeza más absolutas. Lo que más me maravilla del mundo del deporte es la realidad del sentimiento y por tanto de la expresión de la emoción, todas reales, todas sinceras, aquí no es necesario fingir ni vender nada. Pero si tengo que destacar la expresividad corporal, de entre todas las que pudimos apreciar, me quedo con la de Juanfran, el defensa del Atlético de Madrid no pudo contener las lágrimas producto de la profunda tristeza, decepción y culpa que sentía tras fallar el penalti que le dio la victoria al Real Madrid.

La revelación sincera de la tristeza puede identificarse por la forma triangular que adquieren las cejas, que se elevan por la parte interior, tal y como se muestra en las fotografías. La tristeza es una emoción primaria que viene de serie en nuestro ADN, y por tanto ha sido vital para la supervivencia del ser humano, se mantiene a través del desarrollo evolutivo porque tiene una función, un sentido importante. La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable. La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales, este encierro introspectivo, reflexivo, nos brinda la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo.

El defensa del Atlético de Madrid Juanfran tras fallar su penalti durante la final de Liga de Campeones que se disputa hoy contra el Real Madrid en el estadio de San Siro, en Milán. EFE/Ballesteros

El defensa del Atlético de Madrid Juanfran tras fallar su penalti durante la final de Liga de Campeones. EFE/Ballesteros

La tristeza y la agonía en el rostro y en las expresiones verbales, evolutivamente hablando, sirven para llamar y pedir ayuda o disculpas a los demás. No es una acción deliberada, estas expresiones son involuntarias, no intencionales. Otra de las funciones de la expresión de la tristeza es enriquecer la experiencia de lo que ha significado la pérdida, no es que no sepamos qué significa la pérdida si no hay expresión, pero no se siente
plenamente si la reprimimos. La tristeza también permite a la persona armarse de sus recursos, conservar su energía y reintegrarse (superar la pérdida).

Y lo más importante es que, en este contexto de auto-conflicto intenso, expresar a los demás la aflicción que sentimos refuerza los vínculos sociales, buscamos ayuda, apoyo, cierta aprobación. Es lo que consiguió Juanfran con su afición, que se rindió a sus pies en una clamorosa ovación, el público supo valorar y empatizar con su pesar gracias a la expresión sincera del jugador. Si es que, es muy fácil, para parecer triste solo hay que estar triste, es la única clave para transmitir, y comprobamos que esta realidad sí que llega.

 

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Pablo Iglesias pide disculpas. ¿Su lenguaje corporal también?

(JAVIER LIZÓN / EFE) Pablo Iglesias, durante el acto de la Universidad Complutense en el que le plantó la prensa.

Pablo Iglesias, durante el acto de la Universidad Complutense en el que le plantó la prensa. (Javier Lizón/EFE)

Durante una conferencia en la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Iglesias realizó unas declaraciones (más o menos) desafortunadas hacia un periodista concreto y , en general, juzgando la profesionalidad y el proceder del periodismo, con la posterior consecuencia del abandono de casi el completo de medios comunicación, que allí cubrían el evento, al sentirse agraviados por tales críticas.

Posteriormente Iglesias se disculpa en Twitter y a través de una breve declaración al respecto ante los medios. En esta comparecencia, tenemos por un lado lo que dijo, las palabras que decidió utilizar para excusarse, en las que podemos detectar algunos indicadores estratégicos de la credibilidad, como por ejemplo, alguna evasiva y la falta de compromiso con lo que expresa verbalmente, utilizando la forma impersonal, o indeterminada para hacerlo “cuando alguien se equivoca está bien reconocerlo”, “cuando uno pretende ironizar…”, “…se puede hacer daño”, “hay mucha gente que ha recordado cosas”, “ciertas cosas que han ocurrido”, etc. Utiliza en general un lenguaje inconcluso para intentar desviar en cierta medida su responsabilidad sobre los hechos.

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