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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

Armarios que recorren pueblos con la ilusión de desaparecer

Por Nayra Marrero (@nayramar)

Encuentro ciudadano en Valleseco – Historias desde el armario

Su nombre es Ramón, pero la edad y la costumbre lo han convertido en Don Ramón. Es un hombre majo, sonriente, siempre predispuesto. En el pueblo, antiguamente, por su buen porte y su buena renta familiar, lo llamaban el soltero de oro, pero él nunca se interesó por las mujeres de su entorno. Decían las malas lenguas que en sus temporadas por la capital alternaba con artistas pero hace años que dejó de hacerlo. Algunos lo achacan a que se ha hecho viejo pero lo cierto es que la fecha coincide con cuando Miguel se hizo cargo de la panadería y le arrendó la casa de al lado.

Don Ramón y Javier tienen una historia en común, aunque no se conocen. Javier es mucho más joven, apenas acaba de cumplir 18 y ya se fue de casa. Siempre fue buen estudiante porque su sueño era irse a la universidad a Madrid, no tanto estudiar algo concreto. Atrás dejó parte de su vida pero sobre todo (de lo que no era vida) ese extraño lugar que compartía con Rita, que sin ser de su pueblo sabía lo que era vivir como él.

Rita ya pasa los treinta pero no se le conoce varón. Lo cierto es que es una chica rarilla, siempre a su rollo, muy apegada a su abuela, aficionada a tejer y a sus libros, siempre estudiando.  Rita lleva un diario en el que escribe casi todo, porque hay cosas que no se atreve a contarse ni a sí misma, como el hecho de que se pone colorada cada vez que coincide con la novia de su primo, tan lista, tan dulce, tan guapa…

Elsa sin embargo sí habla mucho consigo misma, y con las muñecas de su hermana. Les cuenta cómo peinará su melena cuando la tenga, llevará sus vestidos, o compartirá secretos con sus amigas en fiestas de pijama a las que aún no la invitan. Porque para el mundo, Elsa es Álvaro, ese es el nombre que le pusieron sus padres que siguen pensando que tienen un hijo, y no sabrán la verdad hasta que ella sea capaz de contárselo.

Eso es lo que tienen en común los cuatro: Don Ramón, Javier, Rita y Elsa conocen la sensación de oscuridad, de miedo y vulnerabilidad que supone estar en el armario. Y ellos, y sus armarios, andan de ruta por siete pueblos de Gran Canaria para que la gente vea cómo se sienten ahora y cómo acabaron allí, cómo palabra tras palabra, tras comentario soez, tras chiste malo o tras idea preconcebida inocente, han visto limitada su manera de ser o de sentir en público.

Sus relatos, que firmo yo, forman parte de la muestra Historias desde el Armario que ha ilustrado Olga de Dios para el Colectivo Gamá, y sirven de excusa para hablar de diversidad con personas a las que el tema puede parecerles ajeno, pero quizá mirando por la mirilla pueden encontrar un espejo que les muestre las distancias que han podido crear con personas a las que quieren.

Por eso el proyecto, subvencionado por Participa Gran Canaria, incluye un encuentro ciudadano en cada pueblo, como el de la foto en Valleseco, donde la gente pueda participar, contar sus historias y dotarse de herramientas para que los armarios, con ellos no sean necesarios.

A lo mejor son locuras de soñadores utópicos pero imaginamos que un mundo sin armarios es posible, y trabajamos por ello.

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