La crónica verde La crónica verde

Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

Entradas etiquetadas como ‘desertificacion’

La agricultura ecológica nos ayudará a luchar contra el cambio climático

Son muchos los científicos y entusiastas de la ciencia que reniegan de la agricultura ecológica. La consideran una vuelta al pasado, un modelo ineficaz incapaz de dar de comer a la humanidad, caro e inútil, pues también reniegan de que este tipo de productos sean más sanos y más sabrosos.

Para estos negacionistas agrícolas, tan amigos de aplaudir los transgénicos y el uso compulsivo de pesticidas, resultará muy interesante el estudio recientemente publicado tras más de 15 años de análisis por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC). Científicos españoles que han demostrado cómo en ambientes semiáridos, y en términos de eficiencia energética, la agricultura ecológica es más productiva que los sistemas en los que se utilizan productos agroquímicos.

Asimismo han comprobado que la rotación del cultivo de cereales con plantas leguminosas es, frente al monocultivo, la forma más eficiente de cultivar en estas regiones. Algo que ya sabían (y hacían) nuestros abuelos. Lee el resto de la entrada »

Técnicas de supervivencia para luchar contra el desierto

Thorn_Tree_Sossusvlei_Namib_Desert_Namibia_Luca_Galuzzi_2004

Cerca de 115 millones de hectáreas de tierra fértil están afectadas en Europa por la erosión, cuatro veces más que todas las tierras de cultivo de España o que todos nuestros bosques.

Cada año 1.000 millones de toneladas de suelo peninsular son removidas por los fenómenos erosivos, y una superficie de terreno dos veces la de la ciudad de Madrid es hormigonada bajo urbanizaciones europeas. Los incendios se alían al desastre dando alas a un imparable avance del Sáhara.

Si Radio Futura, enamorada de la moda juvenil, aseguraba que “el futuro ya está aquí”, una nueva versión actualizada de la canción debería decir que “el desierto ya está aquí”.

Lo advierte la ONU, promotora este miércoles del Día Mundial de Lucha contra la Desertificación. A su llamada ha respondido, por ejemplo, una pequeña ONG del Reino Unido, Sunseed Desert, con un programa educativo de acciones prácticas que nos enseñen a luchar contra esas arenas que se nos vienen encima.

Con base en la ecoaldea almeriense de Los Molinos del Río Aguas, Sunseed promueve acciones individuales para interrumpir la erosión y aplicar nuevas técnicas agrícolas que ayuden a regenerar el suelo, algo cada vez más vital.

No son los únicos. Otros proponen huertas urbanas en solares y hasta en azoteas o balcones; incluso instalan panales en los tejados en un intento de recuperar a nuestras amenazadas polinizadoras, las abejas. Recogida del agua de lluvia y su uso en el riego de jardines, algunos verticales adheridos a las fachadas cual eficaz aislamiento térmico. Hornos solares. Reforestaciones populares en tierras marginales pero también junto a instalaciones industriales o a modo de pantallas verdes.

Son pequeños gestos que marcan la tendencia, ese instinto natural de nuestra especie a prepararse para el cambio. Para vivir en un desierto, pero florido.

Si te ha gustado esta entrada quizá te interesen estas otras:

El desierto avanza imparable por España

Hoy celebramos el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía. Suena algo lejano, abstracto y burocrático, pero nos afecta mucho más de lo que pensamos. Con estos calores, anticipo de un duro verano, no está de más pensar en los peligros del avance imparable de un desierto, el Sáhara, que empujado por el cambio climático, los incendios forestales y la sustitución del paisaje agrario por especulativas macrourbanizaciones ha saltado el Mediterráneo.

El mayor desierto cálido del mundo hace 5.000 años no existía en la extensión que ahora lo conocemos. Muchos de los lugares hoy resecos eran espacios verdes y agradables donde abundaba el agua. Desde su formación hace 2,5 millones de años no ha hecho más que crecer, cada vez más rápido y más voraz. En los últimos 50 años ha consumido una superficie equivalente a dos veces la de España, un país que sufre como pocos los efectos devastadores de su llegada. Tan sólo debido a la erosión, el 42% del territorio español pierde más de 12 toneladas de suelo fértil por hectárea y año, y otro 12% más hasta 50 toneladas. Para el conjunto del Estado se calcula una pérdida total anual de suelo de 1.156 millones de toneladas, 60 millones de camiones bien cargados cada año.

La diferencia entre desertización y desertificación somos nosotros. La primera se debe a causas naturales imposibles de evitar, pero la segunda es toda culpa nuestra. Sin árboles, sin cultivos, sin pastos, sin agua, millones de personas de todo el planeta han pasado a convertirse en sedientos y hambrientos refugiados climáticos. Huyen del desierto como antes huían de las guerras. Y una vez asentado tiene mal arreglo lograr su retirada.

Hace unos días tuve la suerte de tener en mis manos el retoño de uno de los últimos 231 cipreses del desierto que sobreviven en el Sáhara. Al tocarlo me temblaron las manos. ¿Pasará algo parecido con nuestros bosques ibéricos?

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

Nos hacemos africanos

¿Es este calor normal? ¿Lo fueron un invierno y primavera tan lluviosos? Dice el refranero que “frío en invierno y calor en verano, eso es lo sano”. Añade nuestra propia experiencia que julio es siempre el mes más caluroso del año. Pero si preguntamos a nuestros mayores nos asegurarán que “esto no es normal”, que “antes no era así”. Lo corroboran nuestros científicos tras confirmar la exactitud de sus modelos de predicción del cambio climático. El planeta se está recalentando.

En nuestro país la evidencia tiene un efecto terrible: el desierto del Sáhara ha cruzado el Estrecho de Gibraltar extendiéndose poco a poco por toda la vieja piel de toro, haciéndola cada vez más africana.

No llega solo. Le acompañan un buen número de especies del vecino continente, especialmente aves, al tiempo que las más norteñas como los urogallos desaparecen. La lista de pájaros que nunca antes habían criado en Europa empieza a ser preocupantemente extensa, desde el buitre moteado propio de las sabanas africanas o el corredor sahariano, hasta el busardo moro, los vencejos cafre y moro, y los ya comunes elanios azules.

Sales al campo y los pájaros te demuestran lo inevitable, nos estamos haciendo africanos. Como el camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), una especie de gorrión desertícola de color rosado y pico de coral de reclamo estridente. En 1972 se documentó por primera vez su reproducción en España, concretamente en Almería. Hoy hay más de 800 parejas en Andalucía, Murcia o Alicante, y la especie sigue en imparable expansión. El último lugar en colonizar ha sido el desierto de Los Monegros, donde esta misma semana se acaba de hacer público el nacimiento de los primeros pollos aragoneses. En el más puro estilo bíblico las trompetas de su canto, cada vez más cotidianas, nos anuncian lo inevitable. El fin del mundo climatológicamente estable ha llegado; el desierto ya está aquí.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share


El árbol más solitario y gafe del planeta


Esta es una historia curiosa si no fuera por la profunda tristeza que provoca. Tampoco es reciente. Trata de un árbol, un único árbol, el más solitario y aislado del planeta. También el más gafe. No había otro en 400 kilómetros a la redonda. Sobrevivía en el desierto del Teneré, en Níger, y era una acacia.
Teneré significa en el idioma tuareg “el desolado, y es el desierto del desierto del Sahara, su área central y más árida. Allí donde la vida es prácticamente imposible subsistía el desamparado árbol, el último superviviente de los viejos bosques que durante milenios poblaron las ataño fértiles llanuras del Sahara, expulsados por la sequía de un desierto en implacable avance.

Era faro natural en medio de un mar de arena, punto de referencia obligada para las caravanas de camelleros, emblema de vida en mitad de un paisaje de muerte. Su secreto estaba en la potencia de las raíces, capaces de llegar hasta un pequeño acuífero fósil localizado a 35 metros de profundidad. Incluso florecía todos los años, en un intento desesperado por perpetuarse tan inútil como maravilloso.
Pero llegamos nosotros y nuestros locos cacharros. 25 años después de descubrirlo para el mundo occidental, el explorador y etnólogo francés Henry Lhote se encontró en una segunda visita con que un camión le había desgajado uno de sus dos troncos. Y no se lo podía creer:

“El tabú, el árbol sagrado, el único a quien ningún nómada osó haber herido con sus propias manos… este árbol ha sido víctima de un golpe mecánico”.

Parece imposible chocar contra el único obstáculo en cientos de kilómetros, con todo el espacio del mundo para esquivarlo, pero ocurrió. Y no una vez, sino dos. La segunda fue la definitiva. En 1973 un camionero libio, presuntamente borracho, embistió accidentalmente la acacia acabando con el símbolo de los tuaregs. Sus restos pueden verse ahora en la capital de Níger, a modo de triste monumento. Mientras, en su lugar original se levanta un árbol metálico apoyado en bidones de combustible, triste caricatura artística del avance avasallador de nuestra civilización.

En la primera imagen, fotografía del solitario árbol realizada hacia 1970 (Peter Krohn)
Sobre estas líneas, la acacia en 1971.

Finalmente, fotografía del triste árbol metálico erigido en 2003 como recuerdo a la acacia original derribada por un camión (Foto Meridianos).

Podéis encontrar más información sobre este árbol en la Wikipedia,  Fronteras, Aquí estuve ayer, Meridianos y Maikelnai’s.

**Comparte con tus amigos este post:

Bookmark and Share

La erosión se lleva en Canarias 300.000 camiones de tierra al año

El desierto avanza imparable en Canarias. O para ser más exactos, ya ha llegado a las islas. Como primer resultado de este fenómeno, casi la mitad de la superficie del Archipiélago está sometida a intensos procesos de erosión que se llevan al año 12 toneladas de suelo fértil por hectárea, la carga de 300.000 camiones de gran tonelaje.

El fenómeno afecta a casi la mitad del territorio canario, donde lluvias y viento tiran al mar miles de metros cúbicos de suelo fértil al año.

Unas 329.000 hectáreas de Canarias, el 43% de su superficie, están sometidas a intensos procesos de erosión debidos a la acción de la lluvia y el viento, siendo Fuerteventura y Gran Canaria las islas que sufren el problema de una forma más acuciante. Así de duras y contundentes son las principales conclusiones de un estudio elaborado por la Consejería de Medio Ambiente y Ordenación Territorial del Gobierno de Canarias sobre el diagnóstico del proceso de desertificación en el Archipiélago, que servirá de base para la puesta en marcha de un plan de lucha contra este problema.

Las espectaculares cifras son consideradas por los expertos mundiales como la activación de la alarma roja, pues supone entrar en los umbrales de erosión moderada, la de pérdidas de suelo entre 10 y 50 toneladas. El techo mundial está en sufrir un índice superior a las 200 toneladas. Sin embargo, los valores canarios tienen el agravante añadido de hacer referencia a terrenos insulares de reducida extensión y elevada población, situación que multiplica por cien los problemas derivados de esta erosión.

El informe encargado por el departamento autonómico advierte de que Canarias tiene un alto riesgo de desertificación en todas las islas, a excepción de La Palma. Así, Fuerteventura ocupa el primer puesto de la lista, con el 59,4% de su territorio expuesto a intensos procesos de erosión, seguida de Gran Canaria (56,7%). Le siguen en extensión La Gomera (47,1%), Tenerife (41,9%), Lanzarote (30,6%), El Hierro (15,8%) y La Palma (8%).

Además de un gran número de especies animales y vegetales en peligro peligran los ecosistemas y, especialmente, los agrosistemas. Con estos últimos también está desapareciendo un personaje fundamental en el control de la degradación ambiental: el agricultor. La crisis de la agricultura tradicional, con el consecuente abandono del campo, el sobrepastoreo y el aumento de la salinización de los suelos debido a la sobre explotación de los recursos hídricos, agravan una situación cada vez más preocupante y generalizada.

La desproporcionada urbanización del campo no sólo no ayuda a parar este proceso, sino que lo está acelerando gravemente. Donde antes se plantaban patatas se cultivan ahora viviendas, infinitamente más rentables para los especuladores. Los consumos de agua se han disparado y la contaminación del aire mata ya a más gente que muchas enfermedades. La solución a todos estos desequilibrios, más que difícil, resulta imposible.

En la imagen, corral de cabras en una terriblemente castigada ladera de Fuerteventura. Originariamente en estas montañas había bosquetes de acebuches y almácigos. Ahora sólo piedras.