‘Varón y mujer los creó’: una ocasión perdida para el auténtico diálogo

Por Crismhom (@CRISMHOM_)

Foto: Colégio Nossa Senhora Auxiliadora

Las comunidades de católicos LGTBI estamos de nuevo sobresaltadas, preocupadas e incluso indignadas con la publicación del documento “Varón y Mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del género en la educación“, redactado por la Congregación para la Educación Católica de El Vaticano.

Lo primero es preguntarse de nuevo, cómo es posible que en pleno siglo XXI pretenda fundamentarse la antropología cristiana en una interpretación literal del Libro del Génesis. Este tipo de fundamentalismo bíblico ha conducido ya a la Iglesia en el pasado a tristes enfrentamientos y una gran pérdida de credibilidad, como ocurrió con su oposición a la Teoría de la Evolución.

El documento no deja de referirse, incluso ya en el propio título al diálogo y la escucha, pero es un ejercicio ininterrumpido de solipsismo intelectual en el que solo se oye la voz monótona de la jerarquía clerical, que se cita continuamente a sí misma. Ni una sola cita del texto se refiere a obras o documentos no emanados del propio Vaticano.

No se escucha a las mujeres, que ni por lo más remoto han participado en la elaboración del texto. Vuelven a aparecer los eternos tópicos  femeninos de “la capacidad de acogida”, “atención a lo concreto”; “maternidad afectiva, cultural y espiritual”.

El documento se refiere a la familia patriarcal, que tanto parece añorar, como si a lo largo de la Historia hubiera sido una unión amorosa y libre, cuando es evidente que lo que ha predominado y sigue predominando en muchos lugares del mundo son los matrimonios forzosos y concertados entre clanes, la violencia y la esclavitud sexual de las mujeres en el matrimonio, el abandono y la recaída de todas las cargas familiares en las mujeres. Esta idealización de la familia tradicional, sirve a los propósitos de denigrar cualquier nuevo tipo de familia y considerarla contraria a los planes de Dios.

Tampoco se escucha a la ciencia y todo lo que esta tiene que decir en relación al sexo genital, el sexo genético, la actividad hormonal y la bioquímica cerebral y su influencia en las diversas orientaciones sexuales e identidades de género. Para la Congregación para la Educación Católica el único sexo/género existente es el que determinan los genitales externos, en contra de todos los conocimientos actuales de la biología y la psicología.

Pero con todo, quizá lo más lamentable es que no se escucha tampoco a las personas LGTBI. El documento repite una y otra vez, como un mantra, que la ideología de género invita al individuo a elegir su orientación sexual o su identidad de género, como si se tratara de una moda, una frivolidad o un capricho. Como han expresado miles y miles de personas LGTBI desde hace ya muchos años, la orientación sexual y la identidad de género no constituyen ninguna elección, sino que se experimentan y se descubren a lo largo de la vida como un rasgo constitutivo de la propia identidad vivida. Los homosexuales y las personas transgénero han existido en todos los tiempos y culturas, y no constituyen una moda impuesta  por actuales “ideologías relativistas” procedentes del mundo occidental, habiendo paradójicamente  recibido una mejor acogida y aceptación en algunas culturas antiguas o que solemos denominar como más primitivas.

Un pasaje especialmente odioso es el que se refiere a las personas intersexuales. En su obsesión por combatir cualquier resquicio por el que pueda colarse la aceptación de la autonomía del individuo sobre su cuerpo, afirma el documento que es la ciencia médica la que tiene que actuar “terapéuticamente” asignando a la persona un género sobre “parámetros objetivos” y negando por tanto el derecho del individuo de acordar su sexo genital al género experimentado y vivido: ejercicio de totalitarismo  pseudocientífico que afortunadamente, desde hace algunos años, la medicina ha dejado de avalar.

Las comunidades cristianas LGTBI estamos ya muy cansadas de llamar a las puertas de nuestras iglesias para entablar un auténtico diálogo en el que se escuche y se respete nuestra experiencia de sabernos y sentirnos amados y amadas por un Dios Padre/Madre que nos hizo tales y como somos y que así nos quiere para realizar su obra arcoíris.

Esperemos que este documento no tenga mayor recorrido y que podamos seguir avanzando hacia la plena inclusión sin armarios de las personas LGTBI en las iglesias.

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