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Contamos historias extraordinariamente cotidianas que nombran cada una de las realidades de la diversidad sexual y de género.

VIHsibilidad y Orgullo como armas contra la discriminación

Por Nayra Marrero (@nayramar)


A veces el cabreo es tal, la indignación tan fuerte, que lo único que te apetece hacer es correr hacia delante, luchar porque nada de lo que te ha pasado a ti tenga sentido en el futuro, porque se acabe de una vez cualquier rastro de riesgo en tu vida o en la de quienes vienen detrás.

Dani está así de enfadado, así de asustado en realidad. Dani es joven y tiene toda la vida por delante, una vida de convivencia con el VIH que llegó a él a través del sexo, como en la mayoría de los casos. Convivirá con su infección y con la medicación que la mantiene controlada, esa a la que su cuerpo aún tiene que acostumbrarse y que le genera sudores delatores.

Porque todo empezó con el sudor, como en una ola de calor veraniego. Su jefa le preguntó si le pasaba algo, le afirmó que podía confiar en ella, que estaba preocupada por ver el agobio en su cara.

No he contado que Dani es camarero o, mejor dicho, lo era. Porque la confesión de su estado serológico a la encargada del bar de copas donde trabajaba en Chueca le reportó primero unas frases de lástima y luego, un par de horas después, un e-mail de despido y una conversación de WhatsApp desagradable sobre el riesgo para la salud de sus compañeros, clientes y la madre del cordero.

En 2015 aún hay gente que ignora cómo se transmite el VIH, o al menos que le da más importancia a sus prejuicios que a la razón misma. Las personas con VIH están capacitadas para desarrollar casi cualquier trabajo y son las primeras que conocen los riesgos y por tanto cómo actuar con responsabilidad, mucha más que quienes desconocen su estado serológico, que no es una garantía de no tener VIH.

Aún así, podemos volver al pasado del NO-DA: servir copas, compartir vaso, pasar de mano las monedas para pagar, secarte con el mismo paño de cocina, compartir urinario, o hasta follar, siempre que se utilicen métodos barrera que impidan el intercambio de fluidos, no suponen un riesgo para la transmisión del VIH.

Y una vez recordamos que contratar a un camarero con VIH no es un riesgo para la salud ni de la clientela ni del resto de empleados del local, desmontaré otro prejuicio: vivir con VIH no reduce la productividad en el trabajo. Es cierto que tienes que acudir al médico con cierta asiduidad, como pasa en muchas otras circunstancias, pero poco más.

Así que Dani está hoy injustamente en paro, apaleado, pero queriendo luchar contra la ignorancia, contra el estigma, por él y por todo el mundo, por un futuro mejor, por hacer ruido contra la discriminación porque cuanto más se sepa, menos posibilidades hay de que otra persona tenga que pasar por lo que él está pasando.

Por fortuna Dani es fuerte, tiene una familia que le apoya, un novio que le quiere y ha sabido buscar asesoramiento para denunciar un despido con el que se han vulnerado sus derechos: CESIDA, FELGTB, COGAM, el Programa de Atención y Apoyo a las personas LGTB de la Comunidad de Madrid…

Una foto publicada por Danny (@deadmakia) el 4 de Jul en Instagram

Una foto publicada por Danny (@deadmakia) el 4 de Jul en Instagram

En el Orgullo portó orgulloso junto a su madre, también orgullosa, la pancarta VIHsibles contra la discriminación.

Por tu visibilidad, por tu Orgullo, gracias Dani.

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