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¿Nos enamoramos más en verano? La ciencia responde

Quién no ha vivido un apasionado y breve amor de verano

Este hecho relatado por muchos ha despertado la curiosidad de la Neurociencia para estudiar la relación entre las emociones y las relaciones veraniegas y han demostrado que no es un mito. Existe esta relación y hay varios hechos que lo demuestran.

La hipótesis inicial no era subjetiva, realmente hay datos que despertaron el interés de los investigadores: en verano aumenta significativamente la venta de preservativos y, por otro lado, el mayor índice de nacimientos se produce 9 meses después de las vacaciones, en julio y septiembre. Es decir, todos los encuentros íntimos quedan cubiertos en esta estadística.

La ciencia legitima la creencia popular sobre el verano y el amor. En primer lugar, es una obviedad, las condiciones climatológicas agradables aumentan la actividad social y por tanto el contacto entre seres humanos. Además, el sol activa la producción de dopamina y serotonina, las cuáles favorecen un estado de bienestar muy positivo, equilibran las emociones y reducen el estrés y la ansiedad. También la oxitocina (la conocida como hormona del amor) asume protagonismo en verano, ya que ésta aumenta con la temperatura cálida y la exposición al sol.

Además, el amor se ve potenciado en situaciones de activación fisiológica, de excitación, por ejemplo, cuando practicamos deporte, viajamos, bailamos… actividades más probables en verano que en invierno.

Y no olvidemos el atractivo físico, no es políticamente correcto pero esta variable es de las más importantes para enamorarnos según la ciencia. La belleza facilita conductas de acercamiento, física y psicológicamente y además provoca un efecto de halo positivo, ya que la asociamos directamente al éxito personal, a la inteligencia y cualidades varias.  Esto también podría ser una variable que influya, en verano tenemos mejor tono de piel, lucimos más guapos, vestimos con más color y nuestro cuerpo está más expuesto a los demás. Todo suma…

 

 

 

El sonido de una risa falsa y de una risa real

En el post de ayer (pincha aquí para acceder al artículo) os preguntaba si seríais capaces de distinguir una sonrisa verdadera de una sonrisa fingida a través del sonido. Parece ser que, en general, sí. Las investigaciones al respecto afirman con contundencia que independientemente del genéro o la cultura somos bastante buenos identificando risas sinceras de las que no lo son.

Según Greg Bryant, de la Universidad de California y autor principal del experimento “Cuando las risas falsas no llegan a convencer son por pequeñas sutilezas que nos delatan. Muchas de las risas falsas suenan bastante bien, pero los oyentes parecen prestar atención a ciertas características acústicas que son realmente difíciles de falsificar”.

Bryant cree que la investigación ilustra que los dos tipos de risas, reales y falsas, se producen por dos sistemas de vocalización separados, totalmente independientes. Muchos animales se ríen, pero solo los humanos sabemos cómo fingir la risa. “Las risas genuinas son producidas por un sistema vocal emocional que los humanos comparten con todos los primates, mientras que las risas falsas son producidas por un sistema del habla que es exclusivo de los humanos”.

No es accidental que las risas reales estén asociadas con el sistema vocal compartido con otros animales. Muchos animales se ríen, incluidos los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. En el reino animal, las señales de risa quieren comunicar que ‘estoy en modo juego’, explicó Bryant. “De hecho, se cree que la risa evolucionó de la respiración dificultosa que se suele producir durante el juego físico. De esta manera, la risa genuina revela nuestra naturaleza animal“.

En la investigación se analizaron las características acústicas de los dos tipos de risas. Ambas consisten en dos partes: la primera es la vocal, suena el “Ha, ha, ha” y la segunda parde corresponde con los sonidos entrecortados del aire que se producen entre esos sonidos vocálicos. Combinadas, las dos partes constituyen lo que los investigadores describen como una “llamada“.

Descubrió que con risas reales, la proporción de partes respiradas en la llamada era consistentemente mayor que con las falsas. Bryant lo atribuye a las particularidades del sistema vocal emocional. El sistema vocal emocional tiene un control más eficiente sobre la apertura y el cierre de la tráquea, lo que permite a las personas emitir aire rápidamente durante las risas genuinas. De hecho, durante las risas genuinas, la tráquea se puede abrir y cerrar a un ritmo que se acerca al máximo potencial del aparato, según descubrieron los investigadores.

En contraste, el sistema de habla, que es responsable de las risas falsas, controla la dinámica del tracto vocal de manera diferente y no puede abrir y cerrar la tráquea con la misma rapidez. Al acelerar una grabación de risas falsas, Bryant y Aktipis pudieron hacer que el sistema de voz sonara como si se abriera y cerrara la tráquea a un ritmo mucho más rápido de lo normal. Bajo esa condición, las risas falsas suenan mucho más como risas producidas por el sistema vocal emocional.

En la opinión de Bryant, los humanos han desarrollado una sensibilidad particular a las risas falsas porque las consecuencias de cometer un error pueden ser muy altas. Los investigadores descubrieron que la risa genuina libera la hormona calmante oxitocina, que promueve un sentimiento de afiliación y cooperación. Pero la evolución también funciona en la dirección opuesta, advierte, estimulando a los humanos a producir carcajadas falsas bastante convincentes.

Aquí podéis escuchar los diferentes tipo de risas que utilizaron para el experimento… A ver qué tal se os da! 🙂

El vínculo entre humanos y perros es muy similar al de padres e hijos

He conocido gente que se mofa y le parece exagerado el trato que algunas personas les dan a sus perros, gente que, claro está, no tiene en casa animales; solo aquél que tiene en su familia un animal sabe lo que se les llega a amar.

Estudios realizados por científicos del departamento de Ciencia Animal y Biotecnología de la Universidad Azabu, en Sagamihara (Japón), demuestran que la oxitocina, conocida popularmente como la hormona del amor, es la responsable de que la conexión que se establece entre un perro y su humano sea tan fuerte como la que se crea a nivel biológico entre padres e hijos.

Simplificando mucho, el simple contacto visual es suficiente para crear ese amor. Cuando una madre mira a su bebé a los ojos, los niveles de oxitocina del bebé aumentan, lo que hace que el bebé vuelva a mirar a los ojos de su madre y que esta a su vez libere más oxitocina, desencadenando una retroalimentación positiva que, según estudios, crea un fuerte vínculo emocional entre la madre y el niño, lo que contribuye a la supervivencia de la especie.

Los investigadores del equipo japonés liderado por Takefumi Kikusui querían averiguar si ocurría lo mismo con los perros. En el experimento, los propietarios debían mostrarse afectuosos, acariciar a sus animales, hablar con ellos y mantener contacto visual constante.

Pues bien, en este caso, los niveles de oxitocina de ambas especies también aumentaron tras el contacto visual prolongado. Cuanto más contacto visual, mayor aumento muy significativo en los niveles de la hormona en el cerebro. Las conclusiones del estudio son contundentes: “El mismo mecanismo de conexión, basado en el aumento de la oxitocina al mirarse, que fortalece los lazos emocionales entre las madres y sus hijos, ayuda a regular también el vínculo entre los perros y sus dueños.”

*Fuente: The Objective.

¿Lloras con las películas? Eres una persona emocionalmente fuerte

Aunque la tristeza se considera tradicionalmente como una de las emociones básicas negativas, no siempre es contraria al placer. Existe gran variabilidad cultural e incluso algunas culturas no poseen palabras para definirla. ¿Para qué sirve la tristeza? Una de las principales funciones es la comunicación a los demás de que no te encuentras bien, esto puede generar la ayuda de los  demás, empatía o comportamientos altruistas, otra función es la cohesión con otras personas, especialmente con aquéllos que se encuentran en la misma situación.

¿Quién no se ha emocionado alguna vez con una película? Concretamente algunas encuestas apuntan a que alrededor del 92% de la población ha llorado intensamente, el resto reconoce haberse emocionado o sentir un nudo en la garganta al ver una secuencia triste.

El Dr. Jeffrey Zacks, Profesor de Psicología en la Universidad de Washington en St Louis, lo atribuye a lo que se conoce como “regla espejo” o “neuronas espejo, por ejemplo si alguien te sonríe, tu le sonríes de vuelta, si alguien muestra tristeza, el sentimiento de emoción aflora casi sin darnos cuenta. En definitiva, sentimos empatía, un aspecto esencial de la inteligencia emocional, una habilidad común entre los grandes líderes y entre los sujetos altamente exitosos.

Los personajes de ficción bien trabajados, realmente te permiten sentirte en sus zapatos y observar la realidad de una manera diferente, nos volvemos más abiertos de mente y más comprensivos, lo que nos hace cada vez más compasivos en nuestras interacciones con los demás en la realidad. Mucho de esto tiene que ver con la forma en la que está estructurado nuestro cerebro. Las películas están diseñadas para impactarnos a un nivel emocional y frecuentemente logran su objetivo.

Cuando vemos películas con un alto contenido emocional, nuestro cerebro libera oxitocina, una hormona potente que también se comporta como un neurotransmisor. La oxitocina nos ayuda a conectarnos con otros seres humanos y nos lleva a ser más empáticos, amables, confiables y desinteresados.

Paul J. Zak, un neuroeconomista de Claremont Graduate School, es reconocido mundialmente como un experto en oxitocina, y ha llevado a cabo muchas investigaciones para saber más de ella. En una de sus investigaciones, mostró a los participantes un video del Hospital de niños de St. Jude. La mitad del grupo vio un segmento del video que mostraba a un padre hablando del cáncer terminal de su hijo pequeño, Ben. La otra mitad vio un segmento donde Ben y su padre visitaban el zoológico.

El segmento que mostraba al padre discutiendo acerca del cáncer de su hijo era obviamente más difícil de ver y causaba una respuesta emocional más alta. Pero los participantes mostraron un aumento de un 47% de sus niveles de oxitocina en la sangre, lo que afectaba positivamente en su conducta.

A continuación, a todos los participantes se les pidió que tomaran decisiones que involucraran dinero y a otras personas. Los resultados mostraron que las personas que vieron el segmento más emocional del video tenían más probabilidades de ser generosos con personas que no conocían y de donar dinero a alguna acción social.

Curiosamente, aquellos que donaron dinero parecían estar más felices que aquellos que no lo hicieron. Lo que todo esto sugiere es que cuando lloramos en alguna película es debido, entre otras cosas, a la oxitocina, la cuál nos permite sentirnos más conectados con los personajes, aumenta nuestros niveles de empatía, altruismo e incluso aumenta nuestro bienestar.

 

 

*Fuente de consulta: Elite Daily 

¿Por qué hay personas que son engañadas constantemente? El cerebro de la persona estafada

estafa_piramidalEn el post anterior, el experto criminólogo Cristian Salomoni analizaba los estudios sobre el funcionamiento del cerebro de los mentirosos más expertos y sin escrúpulos (pincha aquí para leerlo). Pero también podemos hacer el razonamiento contrario analizando a las víctimas, a las personas que son estafadas en repetidas ocasiones.

Parece ser que la corteza prefrontal ventromedial sería un área cerebral clave en la comprensión de la intención de los demás y nos ayudaría a protegernos de las intenciones maliciosas, así como a distinguir las personas en las que podemos confiar de las que no son fiables. Cuando escuchamos una idea o una afirmación esta área se activa para ayudarnos a saber si es verdadera o falsa. Para que a nuestro cerebro le parezca lógica una nueva idea, de primeras se la cree, pero luego empieza a verificar esta idea con la memoria para ver si encaja con lo que sabemos y hemos aprendido. El cerebro por un segundo se cree todo lo que nos dicen.

Este es el motivo por el que en realidad todos somos blancos fáciles por los timadores. Lo cierto es que el cerebro puede ser estafado muy fácilmente ya que este proceso inicial del funcionamiento cerebral al recibir información novedosa es aprovechado por los timadores más hábiles. El timo del tocomocho y el de la estampita son algunos ejemplos de engaños que agobian al cerebro desde todos los ángulos. Por un lado está la promesa de una gran cantidad de dinero, esto causa placer con antelación y se libera dopamina (el neurotransmisor de la felicidad). Lo mismo pasa cuando tenemos un refuerzo positivo, cuando el timador por ejemplo utiliza un gancho que nos hace creer que el billete de lotería es verdadero, o cuando en el timo de la estampita nos enseñan que el primer billete es verdadero, o en el trile (o juego de la bolita) cuando ganamos una mano; la corteza prefrontal recibe dopamina y el cerebro quiere más porque se siente bien.

LOS ESTAFADOS, LA HORMONA OXITOCINA Y LA INSULA:

Casi todos los días tenemos que depositar nuestra confianza en alguien: nuestra pareja, los políticos o la gente que pasa por la calle y nos para. La mayoría de la gente cooperan por defecto y esperan que los otros hagan lo mismo, de hecho el cerebro siente placer cuando esta confianza se ve recompensada. Las estafas suelen trabajar sobre la ambición y sobre la ingenuidad de la gente. Por eso la oxitocina, producida en el hipotálamo y secretada desde la hipófisis, es una hormona que se libera cuando alguien deposita su confianza en nosotros, y nos produce deseos de reciprocidad, o sea de confiar en esa misma persona que confió en nosotros.

También hay otra parte del cerebro que puede ser interesante para estos casos. En una reciente investigación se demostró que en los sujetos de estudio más jóvenes los escáneres cerebrales mostraban una actividad significativa en una zona del cerebro llamada ínsula cuando veían imágenes de personas que eran poco de fiar. Sin embargo en los voluntarios más mayores se apreció muy poca actividad cerebral en esa región (esto ocurre también con personas que sufren lesión en la zona).

LAS NEURONAS ESPEJO: Una de las funciones más interesantes y controvertidas de las neuronas espejo consiste en permitirnos comprender lo que piensan los demás. Son esenciales para que podamos disfrutar del cine o del teatro, ponernos en la piel de los actores, sentir sus emociones, y llorar o reír con ellos como si nos estuviera pasando a nosotros mismos. El estafador (sobretodo en las estafas piramidales) es capaz de pronunciar las palabras exactas que su víctima desea escuchar y consigue que el estafado acabe haciendo cosas por voluntad propia que van en la línea de la estafa pero, al ser el propio estafado el que las hace, pasa de ser víctima a ser víctima y cómplice.

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