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El contacto físico es curativo

Con este frío... nada mejor que un abrazo

Con este frío… nada mejor que un abrazo.

Hay una gran cantidad de estudios que señalan el poder del tacto en diferentes ámbitos, sobre todo en el profesional. El sentido háptico es fundamental en algunas profesiones que trabajan con personas, como en el ámbito de la salud, restauración, ventas, etc. En el ámbito de la salud se ha visto que el simple gesto de tocar a los pacientes puede ayudar a aumentar el compromiso real de éstos a terminar y cumplir el tratamiento. Además, este pequeño gesto, como un ligero toque en el brazo o en el hombro, provoca en los pacientes una percepción muy positiva del médico que les atiende.

El contacto terapéutico puede abarcar desde el simple contacto de las manos hasta un gran abrazo. Este contacto debe ser lo suficientemente largo para establecer un contacto firme, pero no tan largo como para crear una sensación incómoda. Los autores Corey y Callahan concluyeron que la duración y naturaleza del contacto físico no debe generar malestar ni en el terapeuta ni en el paciente y que, siempre, el contacto físico debe ser adecuado a las necesidades del paciente en ese momento concreto del tratamiento. De esta manera, el contacto físico ha sido usado con eficacia en pacientes que experimentan dolor, trauma, depresión, o que han sido abusados, víctimas de negligencia, etc.

Por el contrario, los autores nos revelan que existen situaciones en las que el contacto físico ‘no’ es recomendado: si el terapeuta no quiere tocar al paciente, si siente que el paciente no quiere ser tocado, si cree que el paciente quiere ser tocado pero no cree que el contacto sea eficaz, si el terapeuta se siente manipulado o coaccionado en su contacto físico o es consciente de sus sentimientos tendentes a la manipulación o coacción al paciente, a través de este contacto.

Otros investigadores (Willson, B.G y Masson, R.L.) han observado que las mujeres terapeutas son más favorables al contacto físico que los hombres terapeutas, y que los profesionales que tienen un nivel académico de doctor utilizan más el contacto físico en su rutina profesional. Además, se detectó una mayor utilización del contacto físico por parte de los terapeutas que trabajan en centros públicos que en los que trabajaban en centros privados, siendo los trabajadores sociales y los psicólogos los que más lo utilizan, en detrimento de los psiquiatras, que no son proclives a su uso.

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El primer sentido que entra en funcionamiento para comunicarnos es el tacto. La sensibilidad táctil es la forma de comunicación más básica y primitiva, el feto no solo responde a los latidos del corazón de su madre, cuando acariciamos el vientre podemos evocar una reacción de movimiento (una patada) al contacto. En el momento del parto, y todavía antes de abrir los ojos, el recién nacido ya hace uso de sus sensores táctiles intentando tocar con sus manos.

Parece ser que cuando se alcanzan los seis meses de edad, aproximadamente, las madres tocan más a las hijas que a los hijos, es una diferencia muy sutil pero como resultado las niñas con trece meses de edad ya buscan el contacto físico más que los niños en situaciones de mucho espacio (Argyle, 1990). Este dato ya nos indica que el sexo biológico funciona como variable en el comportamiento táctil.

Captura de pantalla 2016-08-02 a la(s) 22.46.15El autor Knapp asume como proceso el aprendizaje de los bebés, que va desde la proximidad y el contacto físico hasta la distancia. Argumenta que en los primeros meses de vida las madres van acompañando el contacto físico con palabras. Paralelamente, el contacto físico con su madre es sustituido por indicios verbales y visuales a través de expresiones faciales y gestos. A partir del momento en que las palabras sustituyen al contacto táctil la proximidad íntima es remplazada por la distancia.

Knapp añade que la satisfacción táctil durante la infancia y la niñez tiene además una importancia fundamental en el posterior desarrollo de un comportamiento saludable. Explica que las personas que carecían o han tenido un escaso contacto físico durante la infancia aprenden a caminar y hablar más tarde.