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‘La piel de gallina’ también comunica… ¿qué significa?

Es curioso que uno de los post más leídos de este blog haya sido el de ‘¿Qué es ese nudo en la garganta que sentimos al llorar?‘ Supongo que las reacciones incontrolables de nuestro cuerpo nos llaman la atención a todos y queremos saber más, sobre todo cuando se trata de la relación con nuestras emociones más profundas e intensas y que pertenecen a todo aquello que no podemos racionalizar, a nuestra parte más instintiva.

La ‘piloerección‘ se produce solo por dos motivos: el frío y las emociones extremas. Nos demuestra nuestro vestigio más animal. De hecho, muchos animales siguen compartiendo este rasgo con nosotros por estos dos motivos también.

Si tenéis perros o gatos habréis observado cómo se les eriza el pelo cuando se sienten amenazados, así, visualmente aumentan el tamaño de su cuerpo para mostrarse más fuertes y violentos, en posición de ataque. La adrenalina es la causante de esta reacción, que no viene sola, también hace que nos aumente el ritmo cardíaco, la presión sanguínea y la sudoración. Es un mecanismo de defensa más.

El ser humano amplía esta emoción de miedo a otras más positivas, se nos pone el vello de punta cuando ciertos estímulos del entorno nos hacen reaccionar en un estado de activación más intensa de lo normal, por ejemplo, ante el contacto con otra persona, una caricia, la excitación sexual… con lo cuál nuestro cuerpo también comunica que estamos interesados y que nos sentimos bien con otra persona.

Pero también nos puede ocurrir cuando vemos una película, leemos un libro o escuchamos música. En este último caso, la Universidad de Harvard ha demostrado que aquellos que sienten esta respuesta fisiológica escuchando determinada música tienen un cerebro ‘especial’. Analizando los escáneres cerebrales de los sujetos que habían manifestado esta reacción física ante diferentes piezas musicales comprobó que su estructura cerebral era diferente a los que no habían tenido ninguna.

Tenían un volumen más denso de fibras que conectaban su corteza auditiva con áreas que procesan emociones, lo cual significa que logran vincularse con más facilidad, teniendo la capacidad de experimentar más emociones y más fuertes que el resto. 

Y a ti, ¿se te pone la piel de gallina?

 

 

Tu perro sabe reconocer tu estado de ánimo con solo mirarte

Hace ya 150 años, Charles Darwin propuso que las similitudes en forma y función de las expresiones emocionales humanas y animales no humanos sugieren que comparten raíces evolutivas. Recientes hallazgos proporcionan ahora un apoyo científico al viejo argumento de Darwin.

Fotografía Pixabay License

Nuestros amigos más fieles no dejan de observarnos y de valorar las emociones en los rostros familiares que les rodean, priorizando sobre todo el contacto visual para establecer relaciones y conocer el estado de ánimo del humano de turno. No lo digo yo, lo afirma la ciencia. Un estudio de la Universidad de Helsinki publicado en el año 2016 llego a estas conclusiones tras sus experimentos, además, descubrieron que la expresión facial altera su comportamiento de visión, especialmente ante caras que presentaban una amenaza.

De hecho, el estudio utilizó el seguimiento de la mirada para demostrar cómo los perros ven las expresiones emocionales en rostros caninos y también humanos. Los perros observaban primero la zona de los ojos y, por lo general, se detenían en esta zona de la cara durante más tiempo que en la nariz o la boca. Atrajeron su atención, características específicas de las especies sobre ciertas expresiones, por ejemplo las bocas de perros amenazantes. Sin embargo, los perros parecen basar su percepción en las expresiones faciales de toda la cara.

Cuando los perros estaban ante rostros amenazantes, que expresaban visiblemente ira, se producía una alteración notable en su atención, basado en una adaptación evolutiva, es decir, por una sensibilidad para detectar y evitar amenazas, lo que representa una ventaja de supervivencia. Curiosamente, el comportamiento de la visión de los perros dependía de la especie, los rostros de sus congéneres amenazantes provocaban una mirada más prolongada que en el caso de las caras humanas amenazantes, con las que mostraban mayor evitación.

“La estrategia de comportamiento tolerante de los perros hacia los seres humanos puede explicar en parte los resultados. La domesticación puede haber equipado a los perros con una sensibilidad para detectar las señales de amenaza de los humanos y responder con señales de apaciguamiento“, afirma el investigador Sanni Somppi de la Universidad de Helsinki. Esto es, han llegado a ser más tolerantes, benevolentes y comprensivos con los humanos que con otros de su propia raza.

Aquí el estudio completo: Somppi S, Törnqvist H, Kujala MV, Hänninen L, Krause CM, Vainio O (2016) Los perros evalúan las expresiones faciales amenazadoras por su validez biológica – Evidencia de los patrones de observación. PLoS ONE 11 (1): e0143047. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0143047

El sonido de una risa falsa y de una risa real

En el post de ayer (pincha aquí para acceder al artículo) os preguntaba si seríais capaces de distinguir una sonrisa verdadera de una sonrisa fingida a través del sonido. Parece ser que, en general, sí. Las investigaciones al respecto afirman con contundencia que independientemente del genéro o la cultura somos bastante buenos identificando risas sinceras de las que no lo son.

Según Greg Bryant, de la Universidad de California y autor principal del experimento “Cuando las risas falsas no llegan a convencer son por pequeñas sutilezas que nos delatan. Muchas de las risas falsas suenan bastante bien, pero los oyentes parecen prestar atención a ciertas características acústicas que son realmente difíciles de falsificar”.

Bryant cree que la investigación ilustra que los dos tipos de risas, reales y falsas, se producen por dos sistemas de vocalización separados, totalmente independientes. Muchos animales se ríen, pero solo los humanos sabemos cómo fingir la risa. “Las risas genuinas son producidas por un sistema vocal emocional que los humanos comparten con todos los primates, mientras que las risas falsas son producidas por un sistema del habla que es exclusivo de los humanos”.

No es accidental que las risas reales estén asociadas con el sistema vocal compartido con otros animales. Muchos animales se ríen, incluidos los chimpancés, los gorilas y los orangutanes. En el reino animal, las señales de risa quieren comunicar que ‘estoy en modo juego’, explicó Bryant. “De hecho, se cree que la risa evolucionó de la respiración dificultosa que se suele producir durante el juego físico. De esta manera, la risa genuina revela nuestra naturaleza animal“.

En la investigación se analizaron las características acústicas de los dos tipos de risas. Ambas consisten en dos partes: la primera es la vocal, suena el “Ha, ha, ha” y la segunda parde corresponde con los sonidos entrecortados del aire que se producen entre esos sonidos vocálicos. Combinadas, las dos partes constituyen lo que los investigadores describen como una “llamada“.

Descubrió que con risas reales, la proporción de partes respiradas en la llamada era consistentemente mayor que con las falsas. Bryant lo atribuye a las particularidades del sistema vocal emocional. El sistema vocal emocional tiene un control más eficiente sobre la apertura y el cierre de la tráquea, lo que permite a las personas emitir aire rápidamente durante las risas genuinas. De hecho, durante las risas genuinas, la tráquea se puede abrir y cerrar a un ritmo que se acerca al máximo potencial del aparato, según descubrieron los investigadores.

En contraste, el sistema de habla, que es responsable de las risas falsas, controla la dinámica del tracto vocal de manera diferente y no puede abrir y cerrar la tráquea con la misma rapidez. Al acelerar una grabación de risas falsas, Bryant y Aktipis pudieron hacer que el sistema de voz sonara como si se abriera y cerrara la tráquea a un ritmo mucho más rápido de lo normal. Bajo esa condición, las risas falsas suenan mucho más como risas producidas por el sistema vocal emocional.

En la opinión de Bryant, los humanos han desarrollado una sensibilidad particular a las risas falsas porque las consecuencias de cometer un error pueden ser muy altas. Los investigadores descubrieron que la risa genuina libera la hormona calmante oxitocina, que promueve un sentimiento de afiliación y cooperación. Pero la evolución también funciona en la dirección opuesta, advierte, estimulando a los humanos a producir carcajadas falsas bastante convincentes.

Aquí podéis escuchar los diferentes tipo de risas que utilizaron para el experimento… A ver qué tal se os da! 🙂