Les muxes son portada de Vogue

Por Carolina Laferre (@TSM_es), de Trans·socialmedia – Identidades 3.0

La icónica revista de moda que publica más de 20 ediciones en diferentes países del mundo, destaca a las mujeres transgénero indígenas de México en primera plana, este mes de diciembre. Son “MUXES” , que mezclan identidades masculinas, femeninas y homosexuales.  De forma habitual, la mayoría se autopercibe como “tercer género” sin que ello signifique un problema.

Asumen su identidad, lideran el camino y encienden las portadas y pasarelas internacionales más importantes. Los maniquíes transgénero están sacudiendo el mundo de la moda y crecen en número, año tras año, liberando mentes. Cada vez más visibles en revistas y en campañas publicitarias, las nuevas modelos del papel couché están cambiando los códigos sociales a marchas forzadas, de forma vertiginosa y con absoluta legitimidad. 

Tanto en la edición mexicana como en la edición británica, en esta ocasión, conoceremos a Estrella Vázquez, zapoteca de 37 años, de profesión tejedora/bordadora y diseñadora, como casi todas en la ciudad de Oaxaca. VOGUE la retrató conjuntamente con otras 12 indígenas más el pasado mes de agosto. La red social de Instagram ha sido la primera en anunciarlo y sus usuari@s están emocionad@s por esta portada a la espera de la publicación en papel en los próximos días. Un fenómeno extraordinario, un hito histórico para todas las transgénero indígenas de Oaxaca, pero también, para todo el colectivo transexual internacional.

MUXE (pronunciado “mushe”)

Según el diario británico The Guardian, se trata de un término que probablemente derive de la palabra española mujer acuñado por los españoles tras el descubrimiento de América (nada que pueda establecerse como verdad). Por otro lado, el término muxe se usa para referirse a la comunidad mexicana de mujeres transgénero, tal y como lo explica la Agencia Reuters (refiere cierto juicio sobre esta verdad). 

Si alguien pregunta sobre la palabra “muxeidad”, inevitablemente surge la pregunta de si esta expresión forma parte de la vida o tradición de los zapotecas, si puede considerarse como un rasgo característico de los habitantes del istmo de Tehuantepec, en México. Aunque el término puede ser confuso para algunos, el vocablo significa literalmente afeminado y miedo a la vez. Ciertamente nos podemos referir, sin duda, a un mexicano indígena -particularmente de esta región- asignado hombre al nacer, pero que también puede identificarse como mujer transgénero, travesti o como un hombre inspirado en la feminidad, esto es, muxe, en cualquiera de los ámbitos social, sexual y/o personal. Algunas de ellas mantienen una orientación homosexual, pero otras viven su relación dentro de una pareja heterosexual y solo se representan en ceremonias de carácter social y eventos tradicionalmente folclóricos.

Significar, desde mi conocimiento y experiencia personal, que en ningún caso las muxes tratan de ocupar el lugar de la mujer; “la mujer es la mujer, el hombre es hombre y la muxe, muxe” […] “Intentamos ser mujeres, pero no nos sentimos mujeres”. Estas declaraciones no dejan de ser paradójicas y contradictorias, sobre todo, contemplándolo desde un matriarcado que garantiza su independencia económica desde hace décadas. Y seguramente, por eso, han logrado que el resto de la población respete sus derechos desde “ése” su espacio muxe. Muchos son los que están de acuerdo en afirmar, que es la condición más cercana a lo transgénero occidental entendido como tal, pero con características absolutamente Sui géneris, tan pecaminoso, tan condenado por Dios, como resultado de la desobediencia de un Adán y una Eva.

Las muxes se reconocen como “un sexo más, en medio de una fuerza masculina y una sensibilidad femenina”. Es romper ese miedo por llegar a ser “tu propia identidad y tu propio ser”. Curiosamente, las mujeres respaldan la igualdad y apoyan incondicionalmente a la comunidad muxe. Hablan de forma cariñosa sobre ellas y las tratan como a una más entre mujeres. La mayoría de los ciudadanos aceptan su condición y las dejan ser sin restricciones. Conviven en prácticamente todas las áreas metropolitanas al sur de Oaxaca, en el Istmo de Tehuantepec. Para los habitantes de esta región, la existencia de un tercer género es fundamental en la vida cotidiana de sus pueblos y ciudades, y se constata, en su lengua nativa completamente neutral en cuanto a género se refiere.

La ciudad de Juchitán de Zaragoza es la gran receptora de la cultura tradicional zapoteca milenaria de estos “seres de gracia”. Son típicas las fiestas tradicionales, llamadas velas muxes, evento de origen prehispánico que se realizaba en las temporadas de cultivo del maíz y de las lluvias. Por su costumbre cultural, choca un poco y resulta extraño que la reunión trascienda dentro de una ceremonia católica dedicada San Vicente Ferrer, patrono de la ciudad.

No se mantienen estadísticas sobre esta comunidad en la actualidad, pero se supone que se pueden contar en un máximo de unas miles, comparado con los cerca de 80.000 habitantes totales que habitan la región. La última vez que la comunidad muxe protagonizó noticia internacional fue en 2017, por su papel destacado en los dos sismos inmediatamente continuos que devastaron a Juchitán a finales de ese mismo año. Importantísimo e imprescindible el trabajo de rescate que llevara a cabo para socorrer a la gente atrapada entre los escombros sin ningún tipo de apoyo instrumental o mecánico, usando exclusivamente sus propias manos y siendo víctimas por igual de la misma catástrofe. Fueron cientos de muxes las que se quedaron sin hogar.

Es traumático el momento en que una muxe desea marchar a la ciudad (seguramente Ciudad de México) puesto que con ello pierden todos esos halos de gracia. Si es cierto que muchas de ellas acaban trabajando cuidando a ancianos y, por lo tanto, encuentran un lugar en las estructuras familiares patriarcales de México, es una condición que no se puede exportar a otros lugares/espacios. Lo más probable, es que dejen de ser princesas del Istmo para convertirse en calabazas cosmopolitas, hasta el punto de conformarse en víctimas del odio y la discriminación. En este sentido, son tratadas con los mismos estigmas que cualquier otra transgénero o transexual de la capital, excluidas, acosadas y hasta asesinadas sin impunidad.

Gracias al mundo de la moda, se podría atisbar un paso más hacia la paz de género en México, sin dejar de olvidar que se trata de uno de los países del mundo con mayor prevalencia de violencia feminicida y transfeminicida de Latinoamérica.

Así que, sí, Estrella Vázquez aparecerá en la portada de VOGUE demandando conciencia de responsabilidad y será la heroína nacional mexicana en diciembre, pero no tanto por lo que soñando alto pueda llegar a ser, sino más bien, por lo que en sí misma representa. Orgullosa muxe, el magazine la ha fotografiado soberbiamente vestida con una túnica tradicional de Huipil, flores coloridas en el pelo y un abanico en la mano. Historias heredadas de generación en generación en Oaxaca, estado que cuenta con hasta 16 grupos étnicos diferentes, y que se ha erigido como “hogar” de la comunidad muxe más grande del país, convirtiéndose este final de año, además, en la capital de las tradiciones y costumbres humanas más ancestrales. El istmo es muxe, lejos del istmo, estas Navidades.

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