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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Entradas etiquetadas como ‘juegos de mesa’

El autismo y los juegos de mesa

Este verano, como todos, nos llevamos varios juegos de mesa en la maleta. Que las cajas de estos juegos sean con frecuencia exageradas supone un problema de espacio cuando hay que ubicar bastantes en casa, pero en los viajes no viene mal. En una misma caja, si se organizan bien, pueden caber varios.

Uno de los juegos que nos llevamos fue el Carcassone, uno de los imprescindibles en cualquier ludoteca familiar. Una tarde tranquila estábamos jugando los tres habituales, mi santo, mi hija de ocho años y yo, cuando Jaime, que tiene once años y autismo, se acercó a la mesa interesadísimo en colocar losetas. No nos importó que nos descuajaringase caminos, castillos y abadías. Los tres nos miramos sorprendidos y encantados de que mostrase interés en unirse a nosotros colocando losetas, daba igual cómo cayeran.

Hemos tenido muchas jornadas de juego de mesa y jamás Jaime había querido participar. Aquello fue un destello que tenemos que intentar repetir en casa, sin forzarle, esperando que espontáneamente desee estar de nuevo unos pocos minutos participando con nosotros en la construcción de mundos medievales.

He recordado todo aquello al transcribir algunos fragmentos de la conversación que tuve sobre juegos de mesa con Núria Guzmán, psicóloga con un máster en Neuropsicología y Educación.

Nuria lleva desde 2012 trabajando con los juegos de mesa en la asociación Afim 21, que se creó “para dar respuesta a niños y adolescentes con necesidades educativas, con problemas emocionales o con muy pocas habilidades sociales”. El éxito fue rápido y claro y podéis leer más al respecto en Los juegos de mesa llegan a las aulas, para aprender divirtiéndose.

Durante la larga charla que mantuvimos para la elaboración de ese reportaje, además de quedarme clara su pasión por enseñar a los niños entendiendo cómo funciona su cerebro, que no se aprende sin recompensa, que es preciso el disfrute para fijar las enseñanzas, que hay que descartar el adiestramiento finalista… también me contó que está trabajando con juegos de mesa y chavales con autismo, un campo que coincido con ella en que habría que explorar más.

Aquí tenéis lo que me contó.

Niños con síndrome de Asperger, autismo de alto funcionamiento y juegos de mesa

En muchas asociaciones se trabaja exclusivamente con el colectivo y eso no permite incluirlos luego en sociedad. Si los niños con asperger tienen dificultades para hacer inferencias con el lenguaje, si tienen un lenguaje muy literal, si lo que quieres es desarrollar sus habilidades sociales, la pragmática del lenguaje o la prosodia, no puedes juntarlos con niños con las mismas dificultades. Tienes que trabajarlo en grupos heterogéneos. Hay muy pocas actividades inclusivas porque… ¿quién se presta a ello?

Nosotros tenemos niños con asperger, pero en ese mismo grupo hay niños que no tienen nada. En un grupo de diez niños hay dos o tres con asperger. ¿Cómo trabajamos? Si vemos que es necesario explicarlo, porque son niños con signos muy marcados que pueden provocar rechazo, hablamos con las familias para que nos den permiso para explicar a los niños lo que pasa, lo que tiene ese niño. En primer lugar para que lo comprendan, que nos parece esencial. No vamos a etiquetar a ese niño, pero sí explicar que “este niño hace eso por este motivo”. Y con que una vez al grupo se lo digas, ya lo comprenden. Sencillamente.

Son muy rígidos. Si dicen “a este juego no quiero jugar porque no me gusta”, le hacemos ver que “no te gusta, pero céntrate en cómo juegan los demás o en como fulanito disfruta tanto”. O le decimos “tu objetivo no va a ser ganar, sino aliarte con ese otro niño”. Dirigimos un poquito.

En Avalon, la resistencia hay identidades ocultas y se necesita habilidad para engañar. La primera vez que juegan les cuesta mucho. Les preguntan directamente “¿Tú eres espía?” y responden “Sí, No”. Pero primero te dicen el sí y se descubren. Pero quieren ganar y hay un potencial muy grande para trabajar la competencia social. Se fijan en lo que los demás están diciendo, imitan lo que hacen los demás.

También trabajas aspectos emocionales. En otro muy sencillito me encontré con un niño de 9 años que me decía “yo no puedo jugar a esto porque no sé engañar, soy asperger”. Lo tenía completamente asumido, le habían puesto límites, le habían metido en la cabeza que no podía hacer eso. Le dije “ya verás como sí puedes engañar”. Jugó, ganó la partida y se fue con el sentimiento de que era bueno.

Dime que juego no sirve para un niño con asperger. Incluso Catan que hay que establecer complicidades e intentar fastidiar al otro al mismo tiempo nos vale. También usamos mucho juego de rol que es muy potente, porque ahí puedes hacer lo que quieras.

También el autismo de alto funcionamiento lo tenemos integrado en los talleres normales.  Igual que con el síndrome de Asperger, van con niños de todo tipo. Uno está en un grupo en el que también está mi hija. Les explicas, le diriges un poco, y ya está.

Cuando el autismo es más severo

Con niños con autismo más afectados es diferente. Tuvimos una experiencia piloto en un colegio que aprobó que entrásemos a trabajar con niños con autismo. Fue hace un año con tres niños de unos diez años a doce años. Estábamos dos e incluso tres personas.

Aquí tienes que adaptarte al niño, no el niño a la actividad. Tienes que conocer al niño, sus intereses, y eso no es cosa de un día ni de tres, es una labor más larga.  A veces es una pasada, porque ha habido mucha comunicación, otras veces no tanto. Infirmamos mucho a los padres, hay que decir la verdad y reconocer si ese día ha ido fatal. El año siguiente los vamos a grabar para observar y sacar luego más detalle. Es mucho más lento, pero es muy interesante.

Son talleres en los que estamos experimentando. Realmente en psicología no se debe experimentar, tienes que seguir las directrices que te marcan los estudios, lo que se sabe que funciona. Yo no estoy tanto de acuerdo con esa filosofía. En un taller informal, en una actividad extraescolar, puedes experimentar tanto como quieras, lo único que tienes que tener en cuenta es que el niño tiene que sentirse tranquilo, a gusto, cómodo. Y luego le sacas el juego y ves su reacción. Tienes que observar mucho. Hay que explicar el juego con normas diferentes. Por ejemplo, hemos jugado al Dino Race. No incorporamos todas las reglas, pero el simple hecho de que pongan el tablero y avancen con el dinosaurio porque han sacado una carta y respeten el turno, ya es comunicación.

Hemos usado juegos donde hay piezas, que tengan que hacer composiciones, como el Chromino que es un dominó de colores. No hace falta explicar reglas, ellos hacen sus propios patrones, que muchas veces pueden ser válidos.

Creo que debería fomentarse desde que son muy pequeños.

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‘Catch the moon’, para jugar en familia a alcanzar la luna

Hay juegos de mesa que requieren media hora de explicación, arrancar una partida de prueba y terminar al menos una en serio para pillar la mecánica, para comprender un poco de la estrategia que conviene o apetece seguir.

Hay juegos que ocupan casi toda la mesa del comedor cuando se despliegan, a los que hay que dedicar como poco una hora (es probable que más).

Muchos de esos juegos son aptos para jugar con niños, en familia, incluso sin adaptar las reglas, pero ese requisito de tiempo, espacio y atención pueden limitar las posibilidades de echar partidas, puede hacer torcer el gesto a los menos aficionados a este tipo de diversión.

No es el caso de Catch the moon, que es uno de esos otros juegos que se explican en un pispás, que no ocupan mucho ni en su caja no desplegados y cuyas partidas son rápidas (unos quince minutos, puede que menos) y te dejan ganas de más. Un juego en el que niños y adultos pueden hacerlo igual de bien.

Y además es muy bonito. Me consta que no soy la única que, al verlo, piensa en El Principito. También, tal vez, en ese cuento superventas que juraría que todos los niños conocen: ¿A qué sabe la luna?. Pero sobre todo recuerdo a este precioso corto de Pixar, que os recomiendo ver antes de jugar:

Hay que llegar a la luna, para barrerla de estrellas.

Teniendo claro el objetivo, cómo intentar alcanzarlo  es sencillo: tenemos dos escaleras verticales que inician el ascenso, un dado que nos indicará que debemos hacer, unas lágrimas que marcarán nuestros derrumbes y un montón de escaleras con distintas formas.

El dado indica si tenemos que colocar la escalera apoyada solo en una escalera de las que ya están puestas, en dos de ellas o de tal manera que acabe lo más arriba del todo.  Y siempre hay que hacerlo con una mano.

Al que se le caiga el universo inverosímil de escaleras, le toca una lágrima, porque “la luna espera ansiosa vuestra llegada, pero es muy sensible y derramará una lágrima al más mínimo contratiempo en vuestra escalada”. Y esas lágrimas son las que nos hacen perder.

Sí, ya lo sé, así contado también recuerda al juguete de Tozudo y a todos sus herederos, pero además de ser mucho más estético, de generar construcciones de cuento, es muy ágil y funciona muy bien.

El juego de Fabien Riffaud y Juan Rodríguez, con Emmanuel Malin en la parte artística, ha sido editado por Asmodee y tiene un precio recomendado de 24,99 euros. Admite hasta seis jugadores y está recomendado a partir de seis años.

Es una opción estupenda de juego de mesa ligero con el que trabajar la visión espacial divirtiéndose, un juego que puede estar muy bien para introducir en este ocio de mesa a los niños y adultos con menos paciencia o capacidad de concentración, algo que también vamos a mejorar jugando a alcanzar la luna.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

‘Drum Roll’, un precioso juego de mesa con el que crear el espectáculo más grande del mundo

Los juegos de mesa de Artipia Game son siempre preciosos, cuidados al detalle, llaman la atención. El que hoy os traigo, diseñado por Dimitris Drakopoulos y Konstantinos Kokkinis y con el artista Antonis Papantionou dándole vida, tal vez sea uno de los más bonitos que tenemos en nuestra ludoteca. Y a los niños los juegos de mesa les entran mucho por los ojos. Lo tengo comprobado.

Está ambientado a principios del siglo pasado, cuando el circo era el espectáculo más grande del mundo y esos espectáculos recorrían las grandes capitales europeas.

El objetivo último de este juego de estrategia y gestión de recursos es precisamente ese, lograr que nuestro espectáculo sea el mejor, el que tiene mayor número de artistas y espectáculos de mejor calidad y más variados. Y conseguir pagarles a todos ellos y a los trabajadores que los acompañan y que también hemos contratado cuando acaba cada función.

Permite jugar a dos, tres o cuatro jugadores. Lo ideal es que sean tres o cuatro. Nosotros solemos jugar tres, con Julia.

Aunque tiene ocho años y la edad recomendada es a partir de doce, a ella le encanta y se defiende bastante bien, aunque es verdad que con el cálculo de los sueldos necesita nuestra ayuda y las estrategias a largo le quedan aún grandes. Pero jugamos para divertirnos en familia y eso lo logramos con creces. De hecho ha sido uno de los juegos que hemos metido en el maletero este verano a petición suya y a los que más hemos jugado.

Aunque no se parece en nada a Love Letter, el otro juego de estas vacaciones y del que os hablé hace pocos días. Para jugar a  Drum Roll se necesita tiempo y espacio.

Con tres jugadores. Si hubiera cuatro aún ocuparía más.

Hay que desplegar un tablero central, un cartón por jugador, las cartas de trabajadores y artistas contratados, hay cubos de recursos, monedas, artistas y trabajadores disponibles para contratar… es un juego grande y una partida pude durar entre hora y media o dos horas. Y no es especialmente caro, pero tampoco de los más baratos: se puede encontrar por bastante menos de cuarenta euros. Ventajas de que no sea precisamente una novedad, salió a la venta en 2011.

En el juego hay cinco tipos de artistas que podemos contratar: acróbatas, magos, malabaristas, artistas bizarros (forzudos y similares) y domadores (y aprovecho para recordar que en la vida real, los circos tienen que ser sin animales). Cada uno de esos artistas necesita cubos de distintos colores para poder ofrecer su espectáculo, que puede tener tres grados de dificultad. Y cada tipo de artista nos da algo a cambio que es diferente: nos ahorra sueldos, nos da cubos, dinero, caravanas para que el sueldo sea inferior…

Un espectáculo incipiente, es fácil acabar con más de ocho artistas.

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‘Love Letter’, un juego de mesa que apenas abulta, ideal para jugar en familia

Cuando se va de viaje de agradecen los juegos de mesa rápidos y que ocupan poco que podamos jugar en familia, con nuestros hijos. No sólo por la posibilidad de jugarlos durante el viaje, en trayectos y tiempos de espera de aeropuertos o estaciones, también para que ocupen poco en la maleta y poder disfrutar de ellos en destino.

Los juegos de mesa basados en cartas suelen cumplir esos criterios. Ya hace tiempo os recomendé Virus, un juego de creación española que ha triunfado almas por donde lo he llevado o regalado. Hoy os traigo uno similar: Love Letter de Seijo Kanai.

No es ninguna novedad, vio la luz hace ya un lustro, pero este verano ha triunfado con Julia.

Es un juego muy ágil y bien pensado. Y barato, se puede encontrar por ocho euros.

Con un mínimo de dos jugadores y un máximo de cuatro, la edad oficial recomendada es a partir de 10 años, pero la opinión generalizada de los foros de jugones es que funciona bien a partir de ocho años, algo que puedo corroborar. Julia, con ocho años, lo ha pillado al vuelo. Y las partidas con nosotros están igualadas gracias a que la suerte tiene un papel importante. Y mi impresión particular es que con uno o dos años menos, si el niño tiene tablas y sabe concentrarse y quedarse quieto la media hora que puede durar como mucho una partida, también puede gustarle.

Consta únicamente de una baraja bastante liviana, las instrucciones y unos pequeños cubos rojos para marcar los puntos. Todo ello en una bolsita que cabe en cualquier sitio.

Es fantástico para trabajar la atención, la concentración. También para calcular probabilidades y elaborar pequeñas estrategias a corto.

El objetivo es ganar las suficientes rondas para acumular cinco cubos (o cartas de amor entregadas a la princesa Annette). El primero en lograrlo, gana. Para lograrlo es necesario evitar que eliminen a nuestra princesa, si es que nos ha tocado a nosotros.

La mecánica  es muy sencilla. Se tiene siempre una carta en la mano, que representa a uno de los ocho distintos personajes con facultades diferentes. En nuestro turno robamos una nueva carta y elegimos cuál de las dos cartas jugar.

Y si la temática de la nobleza y el servicio enviando cartas de amor a la princesa (probablemente ese argumento sea lo más flojo del juego) no nos entusiasma, siempre se pueden elaborar versiones caseras (Harry Potter, Superhéroes de Marvel, Pokémons, El señor de los anillos…) inspiradas en el universo que más nos guste basadas en la mecánica del juego. Nosotros haremos alguna con toda seguridad.

Todo hay que decirlo, también hay versiones modificadas y oficiales a partir del juego original.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

Inventar su propio juego de cartas, una forma distinta de hacer deberes en verano

Los que me seguís ya sabéis que tengo en casa una pequeña fan de los pokemon. Tanto le gustan los juegos y las series de Pikachu y compañía que justo este fin de semana, a sus ocho años, se ha inventado su propio juego de cartas inspirado en ese universo ella solita. Y oye, el juego funciona y tiene su gracia, que lo hemos probado con sus primos.

La cosa es así: cada jugador tiene seis pokemons (pueden ser menos si queremos una partida rápida) y cada pokemon tiene siete puntos de vida (que también se pueden reducir). Lo ideal es que uno de los niños se encargue de llevar la puntuación. Se queda eliminado del juego si se pierden todos los pokemons. Gana el jugador cuyos pokemons resistan.

En la versión más sencilla, que hace del juego una pura cuestión de azar, se van sacando cartas de una en una. La que toque de lo alto del mazo. Todos los jugadores la muestran a la vez.  Si queremos incorporar estrategia de juego se reparte una mano de seis cartas que se va reponiendo.

Cada jugador tiene su carta sobre la mesa, boca arriba, con el ataque de su pokemon:

  •  Un as o un dos es un fallo, una pifia. El pokemon se hace un punto de daño (y además puede ser atacado).
  • Sota, caballo y rey permiten esquivar cualquier ataque. El pokemon sale indemne de esa ronda.
  • El tres es un ataque crítico. El pokemon en juego al que se ataque con esa carta queda eliminado.
  • Del cuatro al ocho es un ataque normal. Un ocho ganaría y causaría un punto de daño a cualquier ataque entre un as y un siete (exceptuando al tres, que es el ataque más poderoso). Un cinco causaría un punto a cualquiera entre uno y cuatro.
  • El nueve permite cambiar de pokemon en medio del combate.
  • El diez cura a un pokemon que tuviera puntos de vida comprometidos, aunque no esté en juego en esa ronda.

Si se ponen seis figuritas o (mejor aún) dibujos de Pokemon delante de cada jugador, el juego gana bastante. Si se le pone un poco de teatro, también. Así tenemos además juego simbólico en el lote.

Y si los pokemons no gustan, pueden ser superhéroes, miembros de La patrulla canina  o cualquier objeto de interés del niño.

Ya sabéis, los intereses de los niños hay que aprovecharlos, no podarlos. Cuando tienes un hijo con autismo y muy pocos intereses, descubres hasta que punto son necesarios para abrir la puerta al aprendizaje. Los intereses de un niño son tesoros.

Dibujar pokemons, llevar las cuentas de la partida, idear las reglas, probarlas, ajustarlas si hay algo que vemos que no funciona o se podría mejorar.. es el tipo de deberes que hacer en verano motivadores y útiles, con los que pasarlo bien toda la familia.

Y ejemplos como el del juego de cartas que hoy os he traído hay cientos. Darle al coco en verano para arrancar el cole en septiembre preparados no tiene que suponer necesariamente, tener al niño a solas ante un cuaderno de ejercicios.

Juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

‘Monopoly Electronic Banking’, más ágil y sencillo que el clásico (tal vez demasiado)

imageEste fin de semana hemos probado con Julia el Monopoly Electronic Banking. El que nos hace decir adiós a los míticos billetes de papel de colorines porque cuenta con un dispositivo que hace todas las cuentas por nosotros. E iba reticente, tengo que confesarlo, pero no por la despedida del dinero.

Lo primero que pensé al informarme sobre esta versión modernizada del clásico de Hasbro y pensar en cómo seria jugarlo con niños fue en que se perdía una parte didáctica importante. Jugar con nuestros hijos al Monopoly de toda la vida supone un ejercicio constante de cálculo mental. Tanto tengo, tanto vale esa propiedad, tanto pierdo si caigo ahí, tengo que reunir los billetes justos para pagar tanto, tengo que vender una propiedad que ya tenía para recuperar tanto…

Pero tengo que reconocer que tiene sus virtudes. Nada más empezar a jugar pudimos comprobar que, como el aparatejo se encarga de todo, las partidas son mas rápidas y se reduce considerablemente la edad a la que se puede jugar con los niños.

Y cuando digo que lo hace todo, es todo.

Caes en una calle y, si la quieres comprar, pasas la tarjeta de propiedad y luego tu tarjeta de crédito y el chisme te resta el importe. Si no la quieres comprar sale obligatoriamente a una subasta dirigida por el cacharro. Si caes en una propiedad ajena, pasas la tarjeta de la calle, luego la tuya y te resta el alquiler. Si la calle en la que caes es de tu propiedad, pasas las tarjetas y el alquiler sube (el equivalente a cuando comprabas y colocabas más casas y más hoteles). Al pasar por la meta, el cacharro suma el dinero que toca. Cuando hay eventos bueno o malos, también es el lector de tarjetas el que registra todo.

El Monopoly se centra así en la maquinita, que no deja de leer tarjetas sin parar y te sirve la partida masticada. Y, todo hay que decirlo, a los niños les encanta lo de arrimar la tarjeta. Al menos la primera docena de veces.
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‘Potion Explosion’, el ‘Candy Crush’ hecho juego de mesa para trabajar la atención con los niños

Hace tiempo que no os recomiendo juegos de mesa, tengo que ponerme las pilas que la Navidad está a la vuelta de la esquina y estos juegos son una buena opción de entretenimiento que además tienen muchos beneficios. Además, mi santo ha venido el mes pasado de Essen (Alemania), la feria más importante de juegos de mesa del mundo, cargado con unas cuantas cajas de las que merece la pena hablar.

imageHoy os voy a recomendar Potion Explosion, un juego de dos a cuatro personas que distribuye Edge en España, que en casa jugamos bastante y que tiene como una de sus principales virtudes que pueden jugar niños y adultos en igualdad de condiciones pero que también es entretenido solo para adultos.

Se recomienda para niños a partir de ocho años, pero por mi experiencia a partir de los seis pueden jugar perfectamente, siempre que sean niños capaces de permanecer media hora sentados y atentos. De hecho la atención es precisamente lo que se puede trabajar con ellos gracias a este juego. Y hemos comprobado que niños de entre seis y ocho años también pueden jugar solos sin necesidad de “un mayor” controlando la mecánica. Ya os he contado alguna vez que no acabo de entender cómo adjudican las edades mínimas en las cajas.

Es decir, que es un juego fácil y las partidas son rápidas, sobre todo si se juega a poner un temporizador para acelerar las jugadas que, como dice mi hija, “no hay que pensarlo tanto, que no es el ajedrez”. Efectivamente, no es uno de esos juegos que requieran de elaboradas estrategias, se explica y domina rápidamente y la suerte tiene mucho que ver en su desarrollo.

¿En qué consiste? Pues en elaborar pociones. Hay un dispensador con varias hileras de canicas de cuatro colores. Cada jugador elige dos pociones, botellitas que te exigen diferentes ingredientes/canicas con distintas puntuaciones. Cada vez que completemos una poción la reservaremos y podremos usarlas cuando las necesitemos. Tienen diferentes efectos: coger dos canicas juntas de distinto color, convertir las canicas de nuestro almacén en el color que deseemos, repetir el efecto de una poción ya usada… Cuando se logra elaborar cinco pociones distintas o tres iguales, cogemos una ficha de cuatro puntos, si se acaban esas fichas de bonificación, se acaba la partida. El que sume más puntos, gana.

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‘Fauna’, un juego de mesa para aprender geografía, pesos, medidas y mucho sobre animales

imageHace mucho que no os recomiendo un juego de mesa, y hace mucho que quería hablar de Fauna, así que aquí lo tenéis. Vamos a ello.

Fauna es un juego creado por Friedemann Friese, un autor conocido por su pelo verde y que casi todos sus juegos comienzan por la letra F. Suyo es el fantástico Alta tensión (en alemán debe ser más sencillo lo de la F dice mi santo). Ahora lo edita Devir y se puede encontrar por poco más de 30 euros.

Es un juego fantástico para aprender sobre animales, geografía y pesos y medidas. Ahí es nada. Educativo a más no poder. Y como a muchos niños les encantan los animales y aprender de ellos, pues hay una motivación extra.

El juego trae dos juegos de tarjetas de animales, 360 en total. En todas ellas hay información sobre las zonas en las que habita, su peso, su altura y la longitud de cola (de tenerla, claro).

Uno de los juegos de tarjetas, el negro, trae animales más difíciles por menos conocidos. La colección verde de tarjetas es más sencilla y más recomendada cuando empecemos a jugar con niños.

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‘Tortilla de patata’, un juego para trabajar la memoria y la atención

imageHace bastante que tenía pendiente hablar de este juego de mesa, este juego de cartas de creación española, obra de Xavier Carrascosa, y editado por Darbel que cuesta 13,5 euros.

A ver, no es un juego de mesa que resulte revolucionario, que vaya a convertirse en un clásico o a ganar premios. Tortilla de patata es un juego de cartas cuyas principales virtudes son el poco espacio que ocupa, que las partidas son muy rápidas y que permite trabajar la memoria y la atención de los niños con una temática simpática. No es poco.

Que se trate de una cajita poco más grande que la que albergaría una baraja convencional y que cada partida (elaboración de tortillas) dure unos diez minutos, sin ocupar mucho espacio en la mesa además, permite que sea uno de esos juegos que llevar en el bolso y sacar para entretener con los niños los tiempos de espera.

Respecto a trabajar la memoria y la atención, permite hacerlo mucho mejor que los clásicos juegos de memoria con tarjetas que abundan en cajas y aplicaciones de móvil.
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Y ahí llegamos a cómo se juega. Tenemos dos posibles recetas para hacer tortillas de patata, en función de si la queremos grande o pequeña. Se reparten cinco cartas de ingredientes: huevos, patatas, cebolla y cartas que pueden ser uno u otro de esos ingredientes, incluso los tres (es decir, un comodín). Dos de ellas se ponen boca arriba en la mesa, serán los primeros ingredientes de nuestras dos primeras tortillas. A partir de ahí se van colocando las cartas y robando, se ponen unas encima de otras para que no podamos ver los ingredientes previos. Cuando nuestra memoria nos diga que la tortilla está bien hecha, la apartamos y colocamos unos comensales encima. Podemos tener hasta tres sartenes (pilas de cartas) en marcha. Al final averiguaremos si está rica o para tirar (no, no vale hacerla sin cebolla), con lo que no obtendremos puntos.

Se trabaja memoria y atención a raudales, os lo aseguro. Con lo bien que puede venir eso a los niños.

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‘Los pilares de la tierra’, un juego de gestión de recursos apto para niños basado en la novela de Ken Follett

Devoré el súper ventas de Ken Follett justo cuando estalló. Debía tener unos quince años y me recuerdo comiendo con el libro sujeto entre el plato de lentejas y el vaso, incapaz de detener su lectura.  En aquel momento lo disfruté mucho, aunque no dejó más poso que el relacionar a ese escritor con el gusto por las mujeres de grandes pechos y el acordarme de él cada vez que oigo que hablar de Andrés Iniesta, que como adjetivo con ‘h’ intercalada era uno de sus términos favoritos (o del traductor). Y vamos a dejarlo ahí, que este es un blog de maternidad (no el de Lilih Blue) y de lo que quería hablar era del juego de mesa inspirado en el libro. Ya le preguntaré a mi compañero David Yagüe, que lo suyo es la novela histórica, lo que le parece.

imageHace mucho que no os recomendaba un juego de mesa, ya toca recuperar viejas costumbres. Los pilares de la tierra es un juego creado por Michael Rieneck & Stefan Stadler editado por Devir ya bastante antiguo, va a cumplir la década. Si os lo recomiendo es porque en estos momentos es uno de los favoritos (si no el que más gusta) a mi pequeña testeadora  de juegos de siete años. Ya sabéis que en mis recomendaciones prima el corazón antes que la cabeza. Perdonadme si eso supone que os costará un poco más encontrarlos a veces.

“El juego de la iglesia” lo llama ella, que no tiene ni idea de la historia de amor medieval de Jack y Aliena. Poco le importa que haya una novela o una serie de televisión. A ella lo que le gusta es este juego de gestión de recursos que probablemente adolece de complejidad para los jugones de pro, pero que resulta ideal para niños aunque ese no fuera el público objetivo con el que se lanzó, estoy segura.

image¿A partir de que edad se le puede hincar el diente? Julia lo maneja con solvencia desde los seis años, pero ella tiene ya mucha trayectoria, disfruta de los tableros y aguanta largo rato en la mesa. Pero a partir de ocho años creo que la mayoría de los niños lo disfrutarían.

En la caja se exigen bastantes más años. Depende de dónde se mire se verá a partir de diez o de catorce años. Lo que siempre sucede. Desconozco el criterio que se aplica cuando se pone ese dato, pero empiezo a pensar que la edad recomendada es más una cuestión de ‘ojímetro’ o de marketing para evitar que el juego parezca demasiado sencillo a los potenciales compradores adultos, que un dato realmente útil para los que tenemos niños y ganas de jugar con ellos. Lo ideal sería que pusieran a niños a jugar para comprobar a partir de qué edad se puede recomendar.

Vamos al grano. Es un juego para cuatro jugadores, aunque hay una expansión que amplía ese número. El objetivo es acumular puntos de victoria, el que más tenga, gana. El número de turnos va marcado por la construcción de la catedral, que viene en piezas. Cada vez que concluye una ronda, se añade una parte.

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