BLOGS
Madre Reciente Madre Reciente

La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

Llorar con ‘Coco’ debería traducirse en llorar con la separación de las familias

No vi Coco en su momento. Creo que es la primera cinta de Pixar que no disfruto en pantalla grande. Y querría haberlo hecho, pero mi hija se negó y tampoco tuve la ocasión de verla a solas. Con nueve años ya empieza a decidir que hay determinadas películas que, por lo que sea que intuya o le inspire el tráiler, no le apetece ver. Y creo que hay que respetarlo, aunque se equivoque. A los adultos también nos pasa. Vemos avances que nos hacen negarnos a ir al cine. A veces descubrimos con el tiempo que habíamos metido la pata.

La vimos más tarde, ya en el sofá de casa y cuando habíamos perdido la cuenta de la gente que nos había confesado haber llorado a mares siguiendo las andanzas de Miguel, al que el amor por la música le lleva al inframundo el Día de los Muertos.

No querer ver Coco fue un error. Es una película maravillosa. No es la mejor de Pixar, es en cierto modo previsible, pero es efectivamente muy emotiva, hermosa en forma y fondo. Pero no voy a hacer una crítica de cine siete meses después de su estreno. No tendría sentido y, además, ya se encargó de ello mi compañero Daniel González tachándola de carta de amor a México y un dardo directo al corazón de los espectadores.

Recuerdo estos días Coco porque se está convirtiendo en un símbolo de la indignidad que supone separar a las familias, del absurdo de las fronteras y la burocracia que atentan contra los lazos de amor familiares.

Y la recuerdo a diario, porque no hay día que no sea noticia últimamente la brutalidad del Gobierno de Trump de mantener separados a niños incluso muy pequeños de sus padres, procedentes de varios países de América Latina. Apartados sin ninguna consideración de lo que representa para ellos amor y seguridad, unos 2.500 aún sin reunir con sus padres de nuevo pese al clamor en contra. Sin terminar de reunirlos pese a lo dictado por la justicia.

Niños y adultos cuyos derechos son vulnerados, que pueden arrastrar traumas de por vida.

Historias, cartas, imágenes… que deberían hacernos llorar aún más que Coco.

Un buen meneo al árbol de la LOMCE, que falta hace

Este miércoles fue un día de maremágnum educativo que aún hoy se siente, de temblor de tierra convertido en tsunami en las redes sociales. El nuevo Gobierno dijo que iba a derogar parte de la LOMCE, algo esperable y esperado; y que la nota de la asignatura de Religión ya no iba a contar para nada y habría otra de valores cívicos para todos irrumpió como trending topic y fuente de debates y desencuentros.

Religión sí, religión no como asignatura. Religión católica o mejor religiones. Religión con un acercamiento cultural e histórico o catequista. Religión con nota que cuenta o como una extra escolar de zumba o polideporte. El debate es viejo y largo, con frecuencia encendido, y mi experiencia me dice que es difícil que haya cambios de punto de vista o acuerdos.

¿Mi opinión? La resumiré en que si a alguien su fe le proporciona consuelo, un sentido al mundo o a sí mismo, me merece el máximo respeto y puedo entender que desee que a sus hijos les enseñen esas creencias en su centro escolar, por mucho que eso no garantice que esos niños hereden esa misma fe. No obstante, me parece lógico y deseable que esa nota no cuente. Igual que desearía que a los niños se les enseñara nutrición, unas mínimas nociones financieras para que sepan defenderse al firmar una hipoteca o primeros auxilios, más aún que una asignatura de valores éticos, pero tampoco querría que puntuaran.

Niños pequeños en el colegio. (GTRES)

Pero hay mucho más, sin duda más relevante, en lo esbozado por Isabel Celáa ayer en el Congreso. Estoy de acuerdo con lo que otra ministra, Carmen Calvo, comenta hoy en una completa entrevista que os recomiendo: “el gran debate que siempre tenemos con la educación no lo tenemos que focalizar sobre asuntos que no tienen ningún sentido en el siglo XXI, como que la religión no debe estar en el currículum, porque lo que sí tiene que estar en el currículum son los valores cívicos, aprender qué es la democracia y la educación sexual. Como tenemos todavía el tema (de la religión) embarrancado ahí, porque es un tema que tendría que estar ya resueltísimo como en cualquier democracia europea, no ponemos el foco a lo que se lo tenemos que poner. Nuestros niños y nuestras niñas tienen que recibir educación cívica, educación afectiva, educación sexual, educación en valores, porque al final una parte importante de tu vida depende de eso”.

La ministra habló de la supresión de las polémicas reválidas, que de hecho ya ni siquiera eran obligatorias ni sus resultados valían para nada y cuya elaboración costaba un dinero injustificable que iba a parar a manos privadas.

También ha dicho que se reducirán de horas lectivas y las ratios de alumnos por aula, así como los días que se tarda en sustituir a un profesor de baja, con un máximo de diez de ausencia. Ha dejado en el aire el concierto a los centros que segregan alumnos por sexos y dicho que habrá un nuevo modelo de becas, se incentivará la educación infantil primando a aquellas familias más necesitadas y se modernizará la FP, que falta hace, y ojalá también se plantearan en serio una preparación profesional de calidad adaptada para alumnos con discapacidad.

Alumnos de Formación Profesional (GOBIERNO DE ARAGÓN/ARCHIVO)

Vinculado a la reciente polémica sobre si hay que perseguir la deseable inclusión a costa de cerrar los centros de Educación Especial, La ministra dijo que “obligatoriamente tiene que existir” y que “tenemos que estudiar si algunos alumnos que se han quedado en centro de educación especial podrían estar en aulas en otros centros”. Suena sensato y parece aclarar las dudas sobre la continuidad de estos colegios, a día de hoy imprescindibles para miles de familias. Eso no significa que no haya necesidad de poner el foco también en las necesidades de esos alumnos, cuyos derechos son pisoteados con insólita frecuencia.

Es verdad que estamos hartos de tantos cambios de ley, que necesitamos una mínima estabilidad en el ámbito educativo, que no ayuda que cada cambio de Gobierno suponga novedades; pero también es cierto que la LOMCE, tal y como está, no contenta apenas a nadie y es preciso meterle mano a fondo.

Hay a quien le sabe a poco que no se derogue la LOMCE entera, pero bienvenido sea al menos el mover bien fuerte el árbol para que caigan las frutas podridas y hacerle algunos buenos injertos.

En cualquier caso de momento lo único que tenemos sobre la mesa son palabras. No hay información sobre dotación presupuestaria ni desarrollo específico de lo apuntado.

Los primeros acordes suenan bien, pero habrá que esperar y ver cómo de bien suena la música que a nuestros hijos les tocará bailar.

Seis aspectos que conviene tener en cuenta antes de entregar el primer móvil a nuestros hijos

La pasada semana hice una pregunta desde mis redes sociales, una que también os traslado ahora a vosotros desde este blog. Quería saber a qué edad se estaba permitiendo el uso de móviles propios a nuestros niños, también qué reglas estaban estableciendo para su uso, sobre todo con Instagram. Aunque de esa red social en concreto ya hablaremos largo y tendido otro día, que lo merece.

Tengo que agradecer a toda la gente que ha contestado. Por sus respuestas me queda claro que la edad media a la que se suele entregar un móvil a los chavales es a los doce años. Por estar en la antesala de la adolescencia, porque les percibimos la madurez suficiente, por el paso del colegio al instituto o por el inicio de actividades y rutas en solitario que precisan que nos comuniquemos con ellos.

Leyendo todo lo que me cuentan y sazonándolo con mi propia experiencia y lo que he escuchado a expertos en el tema en distintos foros, hay una serie de aspectos a tener en consideración antes de dar el paso de entregarles un móvil. Algo que asumo inevitable, por mucho que haya padres que se nieguen de entrada. Y algo que puede ser muy positivo. El teléfono móvil (y las aplicaciones que soporta) es una herramienta maravillosa para mantenerse en contacto con amigos y familia lejana, para estar localizados y poder pedir ayuda en cualquier momento, para aprender idiomas, para aprender, para saber qué ropa ponerse al día siguiente, para encontrar ese parque en el que hemos quedado, para sentirse menos solo, para reírse…

Pero hay que enseñarles a hacer un buen uso, seguro y positivo, de esa herramienta. Dejarse llevar por el miedo y prohibirlo casi todo no es una respuesta recomendable. Tampoco podemos dejarles con un móvil a su libre albedrío porque los nativos digitales no existen. Claro que eso implica formarnos nosotros primero.

  • La edad a las que darles el móvil, que, como decía, ronda los doce años. Aún recuerdo que en un foro organizado por Telefónica el experto Guillermo Cánovas recomendaba entregarlo cuando aún nos escuchen, a una edad en la que todavía nos hagan caso cuando les planteemos normas de uso, recomendaciones y les hagamos ver los riesgos que entrañan. También explicaban que, si tienen una tablet desde los dos años cuyo uso no controlamos, en la que andan por YouTube libremente, se instalan aplicaciones según les parece e incluso redes sociales, el móvil les aporta poco más dado que los chavales ahora apenas lo usan para hablar.
  • Redes sociales. En este apartado entran Instagram (la favorita de los más jóvenes), Facebook y Twitter, pero también YouTube aunque no tengan una cuenta abierta, WhatsApp o Hangouts. Es el gran temor subyacente en entregar un móvil para muchos padres. Abundan las normas y recomendaciones, y así debe ser. Los niños deben saber los riesgos existentes, qué fotos subir y cuáles no, que no deben subir fotos de otros menores a sus redes salvo que se tenga el consentimiento expreso de sus padres, que es inevitable perder el control de lo que se comparte, aunque sea con una sola persona. Eso sí, de poco vale aquí no predicar con el ejemplo. Los adultos preocupados debemos ser los primeros en hacer un uso responsable de las redes sociales.
  • Videojuegos. Para muchos el móvil es eminentemente un dispositivo en el que jugar. Aquí también hay que establecer normas, vinculadas a conocer nosotros primero los juegos, ver si son apropiados para su edad, no caer en micropagos y saber si tienen componente social para valorar los riesgos que entrañe. Muy similar a lo que toca con las consolas.
  • ¿Observar? ¿Entrar? ¿Confiar? Hay padres que exigen el acceso al móvil, juegos y redes sociales de sus hijos, aunque luego no entren. Los hay que lo exigen y sí que las miran. A otros les vale con seguirles y ver su actividad. También hay padres que defienden el uso de programas de control parental y que impiden la instalación de nuevas aplicaciones sin su consentimiento. Como recomendación general, es preferible construir sobre la confianza, pero también es verdad que hay chicos más merecedores de ella que otros.
  • Limitación del tiempo de uso y situaciones vetadas. Es otro aspecto que muchos tienen en cuenta. Estipulan cuándo sí y cuánto tiempo. Parece lógico, sobre todo con aquellos chavales que demuestran ser incapaces de racionalizar su uso, que dejan apartadas otras actividades por el móvil. Aunque conviene no olvidar que no es lo mismo tres horas de móvil al día dedicadas únicamente a redes sociales, que tres horas en las que que se ha jugado un poco, se ha visto un episodio de una serie, se ha estado un tiempo en redes sociales y otro incluso leyendo novelas o cómics en pantalla. De nuevo ser ejemplo. Es absurdo exigir que se controlen con el móvil cuando nosotros lo sacamos en la mesa al cenar juntos. Y es un ejemplo que no se puede empezar a dar cuando les entregamos su primer móvil, hay que trabajarlo antes.
  • Comunicación y consenso.  Por supuesto hay que dialogarlo y acordarlo todo con ellos, y hay que procurar lograr que asuman lo negociado de buen grado. Algún padre incluso escribe y firma contratos.

Ese niño cumple doce años, así que es muy probable que le espere un móvil como regalo de cumpleaños (GTRES)

Os dejo con las respuestas que he recibido, que son interesantes, invitan a la reflexión y nos pueden dar pistas sobre cómo actuar cuando nos llegue el momento.

Carol VF Mi hija no tiene móvil propio, tiene 9 años, pero si tablet con Hangouts, todavía Instagram no tiene, pero usamos el FamilyLink, es una app para control parental donde tu móvil está conectado a su tablet, ¡una maravilla!

Olalla Cernuda Móviles muy pronto porque tanto ellos como yo viajamos mucho, para poder hablar cuando necesitaran, pero con apps muy controladas hasta los 12. Instagram a los 12 pero cuenta privada, yo tengo la clave de acceso y saben que puedo entrar en Insta o su wasap en cualquier momento (no lo hago, pero ellos saben que puedo hacerlo 😉

Sara Palacios Ramos La primera vez que ha tenido móvil ha sido justo esta semana: se marchaba fuera de casa y quería que pudiera comunicarse porque de hecho viajaba sola. Acaba de terminar primaria. Cuando termine esta semana el móvil irá a un cajón en principio hasta que lo necesite para alguna otra cosa. Tiene la tablet del colegio y con ella puede comunicarse, ver vídeos de YouTube y navegar por Internet que es básicamente lo que necesita así que un móvil a día de hoy no le hace absolutamente ninguna falta. Redes sociales no tiene. Para mí la clave está en darles una manera de comunicarse si salen solos. De momento mi hija va a todos sitios conmigo así que no lo necesita a día de hoy. Mañana… pues ya veremos

Almudena Ferrero Mi hija móvil de solo llamadas poco antes de los 11 porque sale tarde de entrenar y había dias que yo podía retrasarme para recogerla y quería que estuvieramos comunicadas. Smartphone, les dos a los 12. Solo tienen whatsap, no me han pedido otras redes. Tengo sus claves y saben que puedo entrar a leer. De hecho lo hago, me gusta ver cono se manejan en el grupo que tienen del colegio, y lo hacen muy bien, todo el grupo. No tienen normas respecto al uso, mas allá de que saben lo que no pueden hacer (publicar fotos de otros sin permiso, etc.) Si me piden cuenta en redes sociales se lo permitiré creandolas con mis cuentas de correo y teniendo las claves

Maider PeVi La pregunta del millón en todas nuestras charlas. No hay edades buenas o malas sino niños y padres mas o menos preparados. Con unas normas básicas de convivencia y comprensión de usos correctos e incorrectos se evitan muchos problemas.

Eva M SA RO Mi hija tiene 11 y ni me ha planteado ni me planteo el móvil de momento, cuanto más tarde mucho mejor, y eso que la mayoría de su clase lo tiene y lo que escucho no me gusta nada, me da pánico la verdad… aunque soy consciente que llegará el día que lo pida pero como digo, cuando sea más mayor.

Javi Martínez Manzano En mi caso no tengo hijos, pero a mis sobrinos de 9 y 12 años solo se les permite el móvil un rato para jugar y, como mucho WhatsApp para estar en contacto con sus amigos y los padres. Las redes sociales como Twitter, Instagram, etc… están basicamente prohibidas por ahora 🙂
P.D: Hay que decir que YouTube se les permite a ambos, pero solo para ver vídeos educativos o sobre videojuegos (empezaron con los típicos canales de Minecraft).

Delfy Mara Perez A mi hijo se lo dimos con 14 como punto de conexión social. Es decir para estar en grupos de wuasap con sus compañeros de clase o amigos externos. Grupos dónde comparten deberes (nada de bromas ni fotos) y muchas veces le tengo que decir que lo encienda, no le gusta mucho. El prefiere el skipe para comunicarse o solo con nosotros. En resumen como sino lo tuviera. La tarjeta prepago no la gasta (siempre Wi-Fi) y la renovamos porque caducan 😂 No tiene Instagram, y Facebook hace poco porque sigue páginas interesantes y usaba mi cuenta. Sí tiene canal Youtube.

Jemina Sin Mas Recién le hemos dado uno a mi hijo, en septiembre hará 13. Con una app que se llama Qustodio le monitorizo la actividad, desde horarios, páginas que visita, tiempo consumido… Tiene wasap, pero al estar de vacaciones, no tiene aún los números de sus amigos. Sabe que le iremos leyendo mensajes de tanto en tanto y lo acepta sin problema. Otras redes no tiene.

Juan Delgado Villegas No tiene móvil, sí tablet pero apenas la usa, y nada de redes sociales, de momento tiene 10 años, muchos de sus compañeros de clase lo tienen, pero nosotros le hemos dicho que no lo necesita y lo ha entendido.

Esther Marquina Pues nosotros a Norah le permitimos móvil propio a los 12 años cuando acabó primaria. Instagram puede utilizarlo siempre y cuando nosotros tengamos acceso a lo que publica.

Ana Luengo Mis hijxs solo tienen un móvil que funciona como teléfono, y solo lo llevan en caso de que vayan solos por ahí para localizarme, pero no tienen wifi en la calle. Nada de redes sociales.

Sonia Gil Gonzalez Mi hija tiene 11 años, 12 en agosto. Nada de facebook por ahora. Instagram sí. Cuenta privada, la clave la sabemos su padre y yo, tanto del acceso a instagram como para desbloquear el teléfono. Evidentemente somos seguidores de ella y ella de nosotros. Las apps no puede instalarse ninguna sin preguntar. Y tenemos vía libre para desbloquear el teléfono y mirar whassap. Fueron las reglas. Y han sido aceptadas por todas las partes (Júlia y nosotros dos)😘

Rosa Olivé Campanyà Todos han tenido tablet relativamente pronto, pero sin redes sociales. Este año, con casi doce, le hemos dado móvil al mayor. Redes sociales sólo Whatsapp. Firmamos un “contrato” con las normas.

(GTRES)

Sabrina Garcia Brienzo A los 12, (ahora tiene 13) empezó a usarlos para salidas y ruta al instituto ida y vuelta que va andando solo pero en casa poco uso y redes sociales no tiene salvo whatsapp

Jolly Roger Mi hija no tiene nada, sólo le permito netflix con formato infantil y youtube sí lo vemos las dos juntas. Tiene 6 y pienso que a los 12 es buena edad.

Ana María Hernandez Estevez Nosotros con 11 años solo en casa y a partir de los 12 llevándolo por la calle, sale de extraescolares y de los ensayos y tenemos que estar comunicadas..

Gemma Adiaz Con 12 años tuvo y tiene su primer móvil heredado de su padre. Llamadas y whatsapp en el recorrido en bici de casa al IES. Después en casa se apaga de lunes a viernes y vuelve a conectar los fines de semana solo para jugar o hablar con algún amigo. 1h q suele ser de 17 a 18. No tiene instagram ni acceso a redes sociales. Lo del recorrido en bici es q preferimos q lleve movil encima por si necesitase contactarnos 😊

Marcela Fernandez Mi hija tiene 12 años y no tiene celular. Usa los nuestros con supervision.

Dul Clena Simple. No hay celular para mi hija. Punto.

Nurita Pérez Pues al mayor dimos móvil casi con 12 años, porque ha empezado a viajar solo en tren. Su padre y yo vivimos en diferentes ciudades y la compartida le hace viajar. Usa Whatsapp e Instagram con cuenta privada (aunque fotos y vídeos sube poquísimos) y, por supuesto ve vídeos en YouTube. Cuando le dimos el móvil no nos planteamos vetarle nada por dos razones, una porque el es muy responsable y otra porque confiamos en él. Hablamos mucho de los vídeos que ve, de la RRSS y de todo lo que le interesa. Hará cosas que no nos contará, pero eso será parte de su desarrollo adolescente.

Caletero Cualquiera Hola. A los once es inevitable. Importante dejar claro que es un móvil familiar de uso personal, es decir, la familia es propietaria… esto evita conflictos del tipo “es mío y hago lo que quiero”. Precauciones: instalar Safe Kids o similar. Limita el acceso a contenidos, te da la ubicación en tiempo real, te da información de llamadas, app instaladas etc. y tb controlas el tiempo de uso. Programas unas horas y se bloquea. Por las noches, retirarlo. Ánimo. Es una herramienta imprescindible hoy día, muy demonizada, pero útil. Tb es una fuente de conflictos cojonuda si no lo regulas desde el principio.

Judit Gomez Manrique
Mi hijo va hacer 11 años mañana. Aún no me he planteado darle un móvil propio el cuando quiere jugar o ver ciertos canales de Youtube pues le dejo el mío y así controlo lo que ve… Tiene un móvil viejo que solo lo usa para comunicarse con los familiares más cercanos con el whatsapp pero no tiene tarjeta ni datos así que no se lo puede llevar a la calle. Quizás cuando pase al instituto le regalemos un móvil con datos y llamadas por el tema de tenerlo más controlado cuando vaya solo por la calle pero nada de redes sociales de momento hasta que no me demuestre que sepa darle un buen uso…

Lorena Martínez Martínez
A los 12. Pero cuenta conjunta en el insta, la tenemos tb nosotros en nuestro móvil. Ahora en verano tiene más libertad, pero cuando hay colegio un rato después de los deberes y el finde, pero sin abuso. Y podemos entrar siempre que queremos porque va por huella y la tenemos incorporada. No le miramos nada pero sabe que podemos hacerlo

Mamá Sin Complejos
Pues…. todavía no usa móvil… y tiene 11 años. .

Silvana Hinojosa
Los míos de 5 y 4 , usan la “tablet familiar”, aplicaciones de aprendizaje solo y esa de matar hormigas con el dedo.😘😉

 

¿Conoces estos términos relacionados con los recién nacidos?

bebé

(GTRES)

Ser padre o madre supone muchos aprendizajes. Uno de ellos, sin duda no el más importante, está relacionado con la terminología que nos era ajena y pasamos a dominar. Nuestro vocabulario se amplía, aprendemos muchos nuevos términos y conceptos. He decidido recopilar algunos de los más frecuentes relacionados justo con el momento del nacimiento, con los primeros días de nuestro hijo.

¿Quieres ponerte a prueba para ver si conoces estas palabras relacionadas con los recién nacidos? Y no solo vale para ponernos a prueba, también para aprender e incluso recordar.

¿Te animas?

Un día en Legoland Alemania, un parque temático ideal para familias con niños (más que para jóvenes adictos a la adrenalina)

El pasado mes de junio tuvimos la oportunidad de pasar un día en un parque temático que hace tiempo teníamos ganas de conocer. Hay varios Legoland, nosotros estuvimos en el de Alemania.

No fuimos con Jaime. Aprovechamos la escapada con pernoctación que tiene junto a sus profesores y compañeros a final de curso para poder volar con Julia. La última experiencia en un avión con él nos quitó las ganas de repetir lo de elevar el vuelo en familia y además hace ya unos cuatro años que decidió que los parques temáticos, que tanto había disfrutado antes, habían dejado de gustarle. El año pasado fue la primera vez que hicimos algo así, viajando a Londres sin él y con nuestra hija, y probablemente lo repetiremos en un futuro porque no queremos privar a Julia de experiencias y tampoco arrastrar a Jaime contra su voluntad.

Pero volvamos a Alemania. Para acudir a Legoland  hay autobuses frecuentes pero me da la impresión de que lo mejor es acudir con coche, propio o de alquiler (el parking cuesta 6 euros). Nosotros estábamos en Munich y en poco más de hora y media por buenas carreteras nos plantamos en el parque. Llegamos un viernes poco antes de la hora de apertura, las 10 de la mañana.

Apenas había colas a la entrada y tampoco nos las encontramos en las distintas atracciones. De hecho pregunté en la entrada por la opción de comprar su versión del fast pass y me dijeron que ese día no la vendían porque no era necesario. Totalmente cierto. En alguna de las atracciones que más gustaron a mi hija montamos hasta tres veces sin problemas.

Os he dicho el horario de apertura. El de cierre es pronto para lo que estamos acostumbrados en España: las 18 de la tarde, aunque se amplía en fines de semana, festivos y vacaciones. Y las atracciones y tiendas (salvo la grande de la entrada) cierran incluso antes, así que es buena idea madrugar y llegar a tiempo para aprovechar el día. Igual que también lo es dejar la preciosa zona de Miniland, lo primero que vemos de frente nada más entrar, para el final de la jornada.

En Miniland hay numerosos edificios (nos gustó mucho el rincón de los edificios más altos del mundo), rincones del mundo (sobre todo alemanes, pero también podemos, por ejemplo, ver Venecia) representados con todo detalle mediante bloques y figuras de Lego y también una zona bastante grande dedicada a StarWars. Hay botones que activan distintos tipos de mecanismos, algo a lo que pocos niños se pueden resistir.

Os confieso que nos gustó más de lo que esperábamos, y no es que fuéramos con las expectativas justas ni mucho menos. La impresión con la que salimos es que es un parque eminentemente familiar, ideal para familias con niños de hasta unos catorce años. La mayoría de las atracciones, incluso la montaña rusa más potente, son aptas para niños de en torno a los ocho años. Por eso mismo no es el mejor parque si lo que se buscan son emociones fuertes, atracciones en las que la adrenalina fluya y las rodillas tiemblen en la cola.

El parque está limpio y cuidado, con mucha vegetación que hace agradable el paseo. Y no tiene una extensión exagerada. No es uno de esos parques ‘matapadres’, en los que tras una jornada de atracción en atracción estás como si hubieras corrido una maratón de rodillas.

Es de destacar la comida. Normalmente comer en un parque temático o de atracciones es sinónimo de comida basura y cara. Legoland es sin duda el parque en el que mejor he comido, no porque tuviera muchos restaurantes lujosos y tematizados. En absoluto. Lo que tiene son distintas opciones muy variadas según la zona, que te permiten igual tirar de codillo, que de arroz con verduras al curry, hamburguesas o noddles. Y es fácil encontrar opciones vegetarianas. En la mochila llevábamos algún tentempié, al examinarla en la entrada lo vieron, y no hubo inconveniente en entrar con ellos. Eso sí, las bebidas o helados sueltos ya no son precisamente un chollo.

Para muestra un botón, tres bebidas, los dos platos que veis, un menú infantil, unos rollitos orientales y dos helados supusieron bastante menos de cuarenta euros. Eso sí, no pretendáis parar a comer a las 15 de la tarde que lo mismo os lleváis una desagradable sorpresa. El horario es europeo, no español.

Vamos con lo que hicimos en el parque, para que os hagáis a la idea de lo que podéis encontrar.

Nosotros nos fuimos en primer lugar a la derecha de la entrada, montamos en unas tazas giratorias bastante más rápidas que las que muchos conoceréis por Disneyland. A continuación hay una montaña rusa en la que es opcional ponerse unas ganas 3D para que el viaje tenga un toque innovador.

Después encontramos una zona en la que los niños pueden conocer los robots Lego Mindstorm y jugar con videojuegos, un zona de proyecciones en la que no entramos, y una atracción de agua realmente divertida.

Justo pasado todo eso está la parte dedicada a Lego Ninjago. Ahí vimos la atracción favorita de Julia, en la que ‘tripitimos’ y consistente en lanzar con la mano estrellas ninjas para ayudar a los ninjas protagonistas de la serie y la película a acabar con toda suerte de malvados. Su principal novedad es que no disparas nada, haces el gesto de lanzar y lo reconoce. Y cansa, lo advierto.

Tenemos una pequeña ninja en casa, menuda paliza nos dio.

Os dejo una muestra de esta zona para que veáis cómo han preparado muchas de las atracciones estrellas para que las colas no les pesen demasiado a los niños:

En el exterior hay cuatro zonas en las que trepar, golpear, girar y, en definitiva, entrenarse como un ninja. El cuadro de los reflejos es especialmente divertido.

Es fácil encontrar elementos con los que jugar en cualquier rincón del parque.

Otra atracción que nos gustó es la montaña rusa de agua, ambientada en una jungla de Lego con elementos jurásicos. Tiene apenas dos saltos, uno de espaldas más pequeño y el grande de frente. No es posible salir de ahí sin mojarse, que quede claro.

Frente a ella hay un viaje en coche por otra jungla que gustará a los más pequeños.

Para los más pequeñitos aún, hay un río que recorrer en canoa.

Hay también un parque infantil de Lego Duplo para los más peques, en el que pueden refrescarse si hace calor, y una zona de conducción y de barcas, que Julia se ahorró por ser similar a lo vivido ya en otros parques.


En la zona de Egipto el objetivo de la atracción también es disparar, en esta ocasión de una manera más convencional, pero también recomendable.

Tras Ninjago, lo que más disfrutó Julia fue el laberinto de espejos, en el que el objetivo es encontrar a varios ladrones y que al final tiene una zona de juego con Legos, además de una cárcel de lo más colorida.

También repitió  y disfrutó del viaje en barco pirata, que como tengas en tierra a gente con ganas de mojarte, puede ser una auténtica guerra naval de la que sales calado.

Hay un viaje por lo alto del parque dando pedales muy tranquilo que también gustará a los niños más pequeños, aunque si no hay mucho tiempo es algo de lo que se puede prescindir. Igual que el cercano paseo a caballo de la zona de los caballeros.

A los que gusten de más movimientos, en esa zona de los caballeros tienen dos montañas rusas, la más grande del parque (aunque como os contaba apta para niños pequeños y valientes) y otra más infantil.

Pero lo que más disfrutó Julia, que no es muy dada a subir en montañas rusas, es algo tan sencillo e ingenioso como una búsqueda de oro con cedazo. Las pepitas se pesan cuando el niño se cansa de buscar y puede elegir entre una figurita de Lego o una medalla. Había que pagar unos pocos euros por ello, eso sí.

Los dragones voladores de Ninjago y las manos robóticas, idénticas a las de Futuroscope pero sin música y en las que se puede elegir el grado de intensidad, son otras dos atracciones algo más fuertes, sin exagerar en ningún caso.

Junto a las manos robóticas está una pequeña fábrica de Lego que se puede visitar y en la que te regalan una pieza única y numerada hecha allí. Al final de la pequeña factoría en la que es curioso ver cómo se crean y pasan los controles de calidad las piezas de Lego hay una tienda con todo tipo de piezas sueltas disponibles para la venta.

¿Un día es suficiente? Si es un día como el nuestro, con una afluencia de público moderada, sin duda alguna. Se puede perfectamente disfrutar e irte al coche sin la sensación de que te has perdido muchas cosas.

Como os contaba, nosotros pudimos repetir algunas y solo nos dejamos sin conocer las proyecciones, alguna atracción que no nos llamó especialmente la atención  y no subimos al elevador que te da una vista aérea de todo el parque. No obstante es cierto que también es disfrutable, repitiendo atracciones, en dos días enteros. Así, además, se puede pasar algún rato en la zona que tienen dedicada a los robots Lego Minsdtorm y a las consolas de Nintendo.

No puedo opinar sobre los hoteles temáticos que alberga el parque, y desde los que se accede al parque desde la zona de Egipto. Tampoco de los espectáculos, no había ninguno el día que fuimos nosotros.

¿Cuánto cuesta? Es posible encontrar algún descuento por lo que cuentan en foros, pero el precio estándar en taquilla es de 45,50 euros los adultos y 40,50 los niños y, comprado con antelación (lo más recomendable), la cosa puede salir por entre 32 y 35 euros por persona. Hay tres Exprés Pass, que reducen el tiempo de espera un tiempo sin especificar, un 50% y un 90% y que cuestan respectivamente 20, 35 y 70 euros. Por lo que he leído a otras personas, al menos el primero interesa si se acude un día de mucha afluencia. Pero vista nuestra experiencia, os aconsejo buscar un día entre semana para visitarlo si es posible para disfrutar sin colas por el dinero de la entrada y apurar el día. Una atracción a la que subes según llegas es fácil que guste mucho más que esa misma atracción tras hora y media esperando.

En Legoland además tienen tickets gourmet. Hay uno que, por 57 euros, permite que cuatro personas se pongan las botas en los restaurantes de autoservicio. El que cuesta 71 es válido en todos los restaurantes. Pero a menos que se tenga mucho capricho en entrar en uno de esos restaurantes, la verdad es que los varios y variados puestos de comida como el que elegimos nosotros te permiten comer bien, rápido y por menos dinero.

Respecto a las personas con discapacidad: todo el parque está adaptado. Tampoco debería haber problemas en los hoteles. A los visitantes con una discapacidad severa se les hacen 4 euros de descuento en la entrada. En la web indican que todos los visitantes que requieran de asistencia en este sentido pueden  pedir ayuda al personal de las distintas atracciones y que hay un punto de información en la entrada.

“Tu hijo no está en el colegio adecuado”

Por segundo día consecutivo, algo que creo que no había pasado jamás, tengo una firma invitada en el blog. Se trata de Clara Hernández, madre de un niño con autismo que ha experimentado algo que, con diferentes matices, es muy común en los padres de hijos diagnosticados dentro del espectro autista: un cambio de colegio entre sinsabores.

Mi hija tiene nueve años. No tiene autismo. Solo ha acudido a un único centro escolar. Es lo normal en un niño de esa edad si no ha habido mudanzas o alguna circunstancia excepcional de por medio.

Lo excepcional en un niño con autismo que ronde los diez años es que solo haya estado en un colegio. El mío, con once, ha pasado por tres. Espero que en el que está sea ya el definitivo.

Y eso no puede ser. Sobre todo cuando la estabilidad es vital para ellos, cuando los cambios les cuestan, sobre todo cuando un abordaje acertado, único y continuado en el tiempo es lo que mejor puede contribuir a que alcancen su máximo potencial.

La mayoría entran en Infantil en la vía Ordinaria de escolarización, porque aún no han sido diagnosticados o sabiéndolo y con apoyos o en una aula TEA. Y la mayoría acaban descolgados, enviados a Especial (tal vez tras uno o varios traslados a otros colegios de la Ordinaria) porque la inclusión de pacotilla existente solo admite a los que mejor evolucionan, a los que no tienen conductas disruptivas, a los que encajan con los medios o las ganas que el colegio tenga.

Olvidan que no es el niño el que tiene que encajar, sino que es el centro escolar el que tiene que adaptarse. Exigir a la administración los medios que hagan falta y asesorar a los padres para que puedan sumarse a esas exigencias. No vale no hacer gala de ser un colegio inclusivo si no se es con todos. Y ninguno lo es con todos, solo con aquellos que pueden manejar tal y como ya están.

(GTRES)

Hemos conseguido cambiar a nuestro hijo de colegio. Hemos conseguido para él y para su hermana pequeña de 3 años un centro escolar inclusivo y con recursos de apoyo. Puede parecer una minucia pero, en la realidad de una familia con dos hijos con TEA, es todo un logro. Nosotros no tenemos derecho a elegir cualquier centro, porque no todos aceptan niños con necesidades especiales: por falta de recursos o por falta de interés.

Mi hijo comenzó 1º de infantil en un colegio “notable” según los rankings nacionales: potentes instalaciones y gran nivel académico y deportivo.  Un colegio concertado y, por tanto, sostenido con fondos públicos. Nos pareció perfecto para un niño que, con tres añitos, evolucionaba bien: tenía diagnosticado un Retraso Leve del Lenguaje, pero en cuanto empezara el cole, con todos los estímulos que iba a recibir, arrancaría, según nos habían dicho varios profesionales.  Finalmente su evolución no fue la esperada: en 2016 fue diagnosticado de Trastorno Especifico del Lenguaje, para acabar diagnosticado de Autismo de Alto Funcionamiento en 2017. Tiene reconocido un grado de discapacidad del 34%.

Desde su escolarización informamos puntualmente tanto a la tutora de nuestro hijo, como a la Orientadora del colegio. Nos indicaron que debíamos acudir a un Centro de Atención Temprana para ampliar la terapia que recibía nuestro hijo. Iniciamos ese proceso, muy complejo, por cierto, dada la elevada lista de espera que hay en Andalucía para centros públicos pero también para privados. Preguntamos al Servicio de Orientación sobre cómo nos podían ayudar desde el colegio. Nos hicieron un informe. Y nos indicaron que el colegio no cuenta con recursos de apoyo ni logopeda. Eso fue todo.

Cuando conseguimos un Centro de Atención Temprana, nos informaron correctamente de todos los trámites que debíamos hacer, y solicitamos al servicio de Orientación que inscribiera a nuestro hijo como alumno con Necesidades Educativas Especiales (NEE) y que realizara un Dictamen de Escolarización.

Al empezar el segundo año de infantil solicitamos al Servicio de Orientación que nos cumplimentara la documentación para pedir una beca del Ministerio de Educación para alumnos con NEE. Nuestra sorpresa es que nos responden que no podemos solicitarla, porque no han inscrito a nuestro hijo como alumno con NEE como habíamos pedido. Reclamamos, esta vez por escrito, que le inscribieran. Era Octubre de 2016. Mi hijo no obtuvo Dictamen de Escolarización hasta Marzo de 2017. Cuando comentábamos lo sucedido con terapeutas o trabajadores sociales, nos informaban de que algunos colegios “evitan” inscribir a alumnos con NEE para que no consten y no se vean obligados a solicitar la Unidad de Apoyo a la Integración. Obviamente, no podemos afirmar que esto suceda en este Colegio… pese a que nuestra experiencia nos lleva a pensar que sí.

Durante ese segundo año de infantil, el colegio se centra en dejarnos muy claro que “tu hijo no está en el colegio adecuado”, “no tenemos profesores de apoyo, solo de refuerzo, pero no es suficiente para tu hijo”, “le cuesta mucho adaptarse”, “yo no soy profesora de educación especial”,… Además de no recibir ningún tipo de apoyo o recomendación por parte del equipo de Orientación. Dada la situación, reforzamos el trabajo fuera del colegio e iniciamos una fase de terapia intensiva con nuestro hijo, en la que nos implicamos al máximo para conseguir que  alcance el nivel académico y se adapte de la mejor manera posible. Todo ello, mientras empezamos a buscar otro colegio.

Durante el último curso de infantil, la tutora de nuestro hijo se ausenta por estar de baja por enfermedad durante un trimestre; contratan a una profesora sustituta a la que cuando le preguntamos si sabe algo del diagnóstico de nuestro hijo se sorprende y nos dice que no estaba informada. La tutora no había informado a su sustituta y, entendemos que quizá tampoco a los profesores de las extraescolares, al personal del comedor… Ya no sólo se trata de que el colegio no cuente con PT, ni AL, ni profesores de apoyo. Es que directamente no se informa sobre las necesidades de un niño a todo el equipo con el que va a trabajar.

Dado que desde el Centro Escolar no obtenemos respuesta, acudimos a los padres de la clase de nuestro hijo a través de un mensaje que enviamos el 2 de Abril, haciéndolo coincidir con el Día de Concienciación del Autismo. Enviamos un mensaje en el que invitamos a las familias a informar a sus hijos de la importancia de respetar, ayudar e incluir a todos los compañeros, sean como sean. Un mensaje en tono positivo que recibe como contestación el cariño de toda una clase. A la vuelta de su baja, la tutora de nuestro hijo nos muestra su desaprobación y nos indica que hemos “cometido un error” al dar esa información a los padres: nuestro hijo había sido uno más durante estos tres años, pero ahora era un niño señalado, etiquetado, del que decían sus compañeros que estaba enfermo o que no podía aprender. La realidad que nos transmiten los padres de la clase, y que percibimos nosotros, es que está más arropado y sus compañeros entienden mejor sus comportamientos.

Estas anécdotas, esta experiencia, no es más que un grano de arena del desierto que tenemos que atravesar las familias de niños con NEE en edad escolar.

Los centros no informan correctamente sobre sus carencias: este colegio no cuenta con Unidad de Apoyo a la Integración, que pueden solicitar voluntariamente a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía, y no informan sobre ello. Tampoco aparece reflejado en los rankings de los mejores colegios de España los centros que cuentan con recursos de apoyo y los que no; quizá si un cole tiene alumnos con NEE en sus filas, ya no es digno de un notable?

En estos centros escolares se vulnera sistemáticamente el Art. 24 de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas, excluyendo y dificultando la convivencia escolar de los alumnos con discapacidad con la clara finalidad de que abandonen el centro. A nosotros nos han “empujado hacia la puerta” durante tres años. Y nos vamos. No podemos más. Hay familias que deciden aguantar… Aquellos que se quedan, y los que entran sin información completa, encontrarán un profesorado que no tiene formación, ni intención de tenerla, sobre los Trastornos del Desarrollo más comunes. El TDHA, el TEA, el TEL, los trastornos del aprendizaje,… tienen una prevalencia actual cercana al 5% de la población de 1 a 5 años. Por mucho que intenten evitar que los niños con dificultades estudien en ese colegio, cuentan con alumnos escolarizados que se beneficiarían de recibir atención temprana, y no la reciben porque su personal no sabe detectarlo a tiempo. Están condenando a esos niños, como poco, y sólo hablando del ámbito que les interesa, al fracaso escolar.

La inclusión no existe, somos los padres. Pero al menos los padres podemos presionar para que nuestro sistema educativo se acerque cada vez más a algo parecido a la igualdad de oportunidades. Al menos, debemos esperar que este tipo de colegios se replanteen un enfoque más inclusivo.

Imponer el primer apellido del padre es machismo, no tradición

Hoy cedo este espacio a una madre mucho más reciente que yo (cada año que pasa queda de manifiesto que elegí un nombre con muy poca visión de futuro) cuyo hijo nació estando ya en vigor la legislación que permitía elegir apellido materno o paterno para los niños. Mi compañera Yolanda Marín nos regala a todos un texto que requiere poca presentación. Son sus reflexiones y su experiencia, que, sin más, comparto:

Es triste minoría. Hay que asumirlo. Mi hijo es parte de ese discretísimo 0,5% que lleva el apellido materno utilizando la nueva la ley de libre elección que cumple ahora su primer aniversario. En nuestro caso, de mi pareja y yo, no se impuso nada, excepto la igualdad. Y posteriormente el azar.

Ambos queríamos poner -que no imponer- al bebé nuestro primer apellido. Pero esta vez sí cambiaba algo. Yo tenía derecho. Nadie me tenía que ceder su puesto, antes privilegiado, por el simple, y tan simple, hecho de ser varón. El hombre ahora no tenía asiento preferente.

Me hubiera gustado, como dice Madre Reciente, que mi pareja cediera. Él no lo hizo. Y estaba en pleno derecho. Sus palabras: “¿Quieres igualdad? Pues yo tengo el mismo derecho que tú a ponerle mi primer apellido”. Así terminaban la eternas y livianas discusiones (no peleas) que tuvimos durante los meses de embarazo.

Y me pareció correcta su postura, pero no cedí. ¿Por qué? Porque es un pequeño gesto que borra de un plumazo años de desigualdad entre hombres y mujeres. Que elimina décadas de prioridad por el mero hecho de ser varón. Que nos hace ser iguales, como debe ser, ante la ley.

No cedí, como muchos creen, por dar continuidad a mi apellido (y tengo motivos de sobra para esto). No lo hice por diferenciarme del resto. No lo hice por modernidad. No lo hice como guiño a mi familia. Lo hice simplemente por nosotras. Todas. Y por él, sí. Es lo que más me motivó a no ceder. Su DNI lleva inscrita la igualdad desde su llegada al mundo. Y así lo quiero educar.

Y si ninguno de los dos daba el brazo a torcer, ¿qué opción teníamos? Echarlo a suertes o que un funcionario decidiera por nosotros en el juzgado. El azar nos pareció la vía más justa y razonable. Esta fue la fórmula: si nacía en día par llevaría el apellido del padre. Y si nacía en día impar, el apellido de la madre. Adivinen quién gano.

Aún con parto programado en día par, el bebé vino a hacer en día impar. Podría haber sido al contrario. Pero no. Gané yo. Lo digo con orgullo. Fue una divertida competición. En condiciones iguales.

Después ya vino el trámite en el juzgado, algo más largo (nada complicado) porque fuimos los primeros en utilizar la nueva ley donde residimos. No se extrañen. Que el bebé sea pionero no es difícil. Apenas hay competencia: en 11 meses de igualdad legal solo 1.912 de los 401.786 bebés han sido inscritos con el materno primero.

Y ya con el trámite hecho, y el primer apellido de la madre, vinieron los comentarios. Estos fueron algunos de los más habituales. Muchos de ellos, sorprendentemente, de mujeres.

  • “No hay que romper las tradiciones. Es lo que se ha hecho siempre”. No hablamos de tradiciones. Hablamos de una práctica machista.
  • “Tu pareja es un calzonazos”. Esto mejor ni lo comentamos, ¿no? A promover la igualdad, o a no imponerse, se le llama ser calzonazos. Brillante. ¡Plas, plas!
  • “Ya no quedan hombres como los de antes”. Este fue el comentario de un funcionario de la policía cuando hicimos el DNI del bebé. Pues sinceramente, eso espero, que cada vez queden menos como “los de antes”.
  • “Eres una moderna”. ¿Moderna = feminista?. Sí, lo soy. Gracias por recordármelo.
  • “Si yo pudiera, lo haría”. Puedes, sí. Desde hace un año y desde hace 18. El orden de los apellidos se puede cambiar desde el año 2000. Ahora lo que se ha modificado es que no se impone el de hombre como preferente.

Y si tienen interés en saber cómo funciona esta ley igualitaria, pueden leer este artículo, lo escribí hace un año. Estaba embarazada y me valió para informarme. Y para no ceder ante el machismo.

El otro boletín de notas, el que hizo un padre para reconocer la valía de su hija con autismo

El de hoy va a ser un post rápido, ya hubo texto que leer más que de sobra en mi anterior contenido sobre la inclusión y los centros de Educación Especial.

Sophie es una niña que está dentro del espectro autista. Se esfuerza mucho a diario en el centro escolar al que acude, superando las dificultades intrínsecas a su condición al tiempo que cumple con las obligaciones curriculares que también tienen sus compañeros. Pero sus resultados académicos no son siempre acordes a todo lo que trabaja, y eso puede resultar frustrante para cualquier niño, con o sin autismo.

Por eso su padre, cuando llegó llorando con su boletín de notas, decidió elaborar su propio boletín, en el que hay muchas materias en las que sobresale. Materias que, probablemente sean en muchos casos más relevantes incluso que las del boletín oficial.

Un acto de amor espontáneo de un padre hacia su hija. “fue todo lo que pude pensar para ayudar en esa situación, y funcionó”, cuenta Jackson.

Tomad nota, que nuestros hijos necesitan construir su autoestima y sentir nuestro cariño. Tengan autismo o no.

Y Jackson ha tenido una respuesta maravillosa:

La inclusión sería lo deseable, pero mantener la Educación Especial es imprescindible a día de hoy

Un modelo de educación completamente inclusivo sería lo ideal, a lo que hay que aspirar. Estoy convencida de ello. Tanto como que a día de hoy estamos muy lejos de lograr una inclusión mínimamente aceptable que permita prescindir de los centros de Educación Especial, tanto por voluntad política como por recursos.

La Educación Especial a día de hoy es necesaria, lo creo así sinceramente. Son un salvavidas para muchas familias pero sobre todo es la mejor respuesta educativa a día de hoy y siendo realistas para decenas de miles de niños, muchos de ellos que estuvieron previamente en la vía ordinaria y supuestamente inclusiva acumulando malas experiencias, desatención e incluso un notable sufrimiento.

Si algún año logramos esa deseada inclusión que dé una buena respuesta a las necesidades de todos los niños, independientemente de sus problemáticas, capacidades y grados de autonomía; si algún día de verdad podemos prescindir de la labor de los Centros de Educación Especial, el proceso tendrá que ser muy gradual, bien medido y casi personalizado. Y lo veo muy lejano en el tiempo. Desde luego, a día de hoy, dudo mucho que fuera posible abordar algo así.

Estos días de atrás he visto de cerca la preocupación de muchas familias que se han movilizado para evitar que se demonice esta opción educativa. Que se demonice y se desmonte.

(ELENA BUENAVISTA)

De esa preocupación ha nacido la Plataforma Educación Inclusiva SÍ, Especial TAMBIÉN, cuyo manifiesto inicial se dio a conocer la pasada semana y que aquí os dejo para entender mejor esta problemática.

A continuación he querido mostrar la respuesta de Plena Inclusión a esta preocupación.

Leer ambos puede ayudar a entender una situación compleja, en la que las soluciones fáciles y rápidas nunca van a funcionar.

Las personas con discapacidad, sus familias y docentes nos encontramos profundamente preocupados por la intención de algunos partidos políticos y organizaciones sectoriales de eliminar la Educación Especial que atiende a miles de niños y niñas en España.
Lee el resto de la entrada »

A los buenos maestros

Voy a empezar diciendo una obviedad. Hay maestros excelentes. También los hay que trabajan duro y con vocación para lograr serlo desde una perfecta imperfección.

Tienen abordajes diferentes de la educación, distintos planteamientos, discrepancias a veces, pero le echan ganas y dedicación, se forman y viven la enseñanza con pasión. Enseñando a párvulos y a adultos, a personas con discapacidad y a adolescentes desahuciados por otros colegas.

Me da la impresión de que cada vez son más, aunque bien sé que en todas las épocas ha habido docentes así y en todos los niveles.

Fernando Fernán Gómez en la excelente ‘La lengua de las mariposas’. Me imagino a Don Gregorio a día de hoy innovando en el aula, tal vez adepto a la gamificación.

Y a muchos les ponemos las cosas muy difíciles, incluso les terminamos quemando. Lo hacemos entre padres, administración, falta de recursos y también mucha zancadilla de otros profesionales de la enseñanza, supuestos compañeros acomodados, suspicaces, de cortas miras, desmotivados, que solo miran su propio ombligo o directamente son mala gente.

Otra obviedad: hay profesionales excelentes, buenos, regulares y malos en todos los oficios. Es así en la docencia, en centros públicos, privados y concertados, y también en el periodismo, en la medicina, en el mercado e incluso en la política. Sin olvidar que nadie, ni siquiera el mejor, se ha librado de cometer errores en alguna ocasión. De hecho se aprende con frecuencia metiendo la pata.

Por ser madre, por mi actividad en este blog y como periodista, he tenido la suerte de conocer a bastantes buenos maestros. Mis hijos han tenido la suerte aún mayor de encontrarse con varios durante su breve vida académica. Jaime más que Julia, no sé si es una cuestión de suerte o que abundan entre los que están en Educacion Especial aquellos con una pasta especial.

Y lo hacen contra fuertes vientos y traicioneras mareas, contra planes educativos cambiantes y a veces incongruentes, falta de recursos, interinidades crónicas, sesgos ideológicos a los que los niños deberían ser ajenos, incomprensión generalizada cuando desean innovar, aulas atestadas y con notables desequilibrios, poco reconocimiento y mucho desgaste personal.

Ahora que el curso acaba quiero acordarme de ellos, deseando que el descanso del verano les ayude a recargar fuerzas y olvidar sinsabores.

No quiero que despidan el curso sin sentirse valorados; sin saber que hay también muchos padres que apreciamos su esfuerzo; que somos consciente de que tienen entre sus manos el material más sensible de la sociedad, nuestros niños, y que sabemos que intentan enseñarles bien y con cariño.

Los habrá que, como siempre, recuerden con envidia amarilla sus largas vacaciones, que es cierto que son más extensas (no para todos, los hay para los que el verano supone también una interrupción de sueldo) que las de una mayoría de trabajadores pero no tanto como creen esos que olvidan sus propias ventajas laborales al lanzarse a la crítica, como vuelos gratis si trabajan en compañías aéreas o descuentos en los comercios en los que desempeñan su labor. Pero es que incluso en trabajos sin prebenda ninguna es mezquino no alegrarse de la suerte ajena solo porque no te ha tocado a ti. El camino a la felicidad no se construye comparándose con los demás y atacando todo lo bueno que no ha sido para ti.

Dicen que la envidia es muy española, no lo sé. Yo procuro de forma consciente tenerla bien lejos. Lo que me gustaría que fuera muy español es agradecer a aquellos que trabajan duro, que intentan abrir nuevos caminos y así lograr que el paso de nuestros hijos por colegios e institutos sea feliz y provechoso. Querría que lo muy español fuera cooperar, arrimar el hombro todos por el bien de las generaciones futuras.

Buen verano, buenos maestros. Descansad, que pronto nos veremos en un nuevo curso cargado de retos.
Lee el resto de la entrada »