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La discapacidad invisible y los juicios rápidos

Hay niños de los que, si les ves caminar junto a sus padres o jugar con sus hermanos, jamás dirías que tienen una discapacidad visual. Ven lo justo para que tú no te des cuenta de las dificultades a las que se enfrentan en su día a día.

Hay niños de los que, si les ves jugando al fútbol o intercambiando cromos de la liga, jamás dirías que tienen una discapacidad auditiva. Oyen lo necesario para que tú no percibas su cotidianidad, llena de retos.

Hay niños de los que, si les ves disfrutando en el columpio del parque o entrando de la mano de sus padres a ver Frozen 2, jamás dirías que tienen una discapacidad motórica que siembra de obstáculos su camino que deben superar.

Hay niños de los que, si les ves sentados en una terraza junto a sus padres viendo YouTube en el móvil o coloreando felices, jamás dirías que tienen una discapacidad intelectual que hace más compleja su realidad.

Hay niños de los que, si les ves leyendo entusiasmados o cazando pokémons por la calle, jamás dirías que tienen una discapacidad social, que supone para ellos un desafío constante.

Esos niños se harán adultos. De hecho ya hay muchos adultos como ellos.

El bastón, la silla de ruedas, el perro guía, unos rasgos determinados, el lenguaje de signos… son las señales que suele buscar la gente para reconocer la discapacidad, para entender, para facilitar.

Pero no siempre están ahí. Hay muchas discapacidades invisibles. Discapacidades declaradas y escondidas. ¿Callar para no ser etiquetado? ¿Hablar para ser aceptado?

Deberíamos ser conscientes para evitar juzgar a los que nos rodean con premura y, tal vez, equivocadamente. La persona que no se entera, que es lenta, que molesta, que nos hace perder la paciencia, tal vez sea una persona con especiales dificultades que no son obvias.

Deberíamos interiorizar que se nos pueden estar escapando muchas cosas, que lo que percibimos no siempre nos da toda la información necesaria para deducir lo que les pasa o cómo son los demás; que la paciencia, la empatía y ser conscientes de que no lo sabemos todo son buenos compañeros de camino.

(GTRES)

Hoy, tres de diciembre, es el día para pensar en las personas con discapacidad; sus luchas y reivindicaciones, no siempre coincidentes; su enorme diversidad; lo que aportan a la sociedad, que podría ser mucho más si establecemos los mecanismos adecuados para favorecerlo; la necesidad de visibilizar sus diferentes realidades.

La discapacidad, tanto la visible como la oculta, forma parte de la sociedad, de lo que somos, nadie está libre de acabar teniendo discapacidad o amando a una persona que la tiene.

No tranquiliza saber que el 80% de los maestros no se sienten preparados para resolver situaciones de acoso escolar

Este miércoles 27 de noviembre es el día de los maestros, de los profesores. Con esa percha (argot periodístico), Gestionando Hijos ha preparado y presentado junto a la empresa Totto un primer estudio sobre el acoso escolar para el que ha encuestado a casi 1.400 padres y madres, 370 de ellos docentes, y 218 jóvenes de entre 18 y 24 años.

El resultado más llamativo de ese I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre bullying es que apenas dos de cada 10 docentes “se sienten preparados para resolver situaciones de acoso escolar”.

Solo el 20% de los profesionales de la enseñanza se ven capaces de gestionar algo tan serio, tan potencialmente destructivo. Profesionales de la enseñanza que no sabrían manejar algo que no es difícil que se encuentren.

Otro dato llamativo: “el 77% de profesores reconocen no recibir suficiente formación para poder hacer frente a situaciones de acoso escolar”. Paradójicamente, “el 67% de los profesores consideran que son ellos los responsables de gestionar estos conflictos”.

Desde luego no es algo que tranquilice. Tampoco sé hasta qué punto es algo que sorprende. Se suceden las historias en los medios y en nuestro entorno de personas que, cuando se han encontrado a sus hijos inmersos en esa pesadilla, no han recibido una respuesta adecuada del centro. Es frecuente que el que acabe cambiando de entorno sea el acosado ante la incapacidad de colegios e institutos de gestionar la situación satisfactoriamente. No digo que sea sencillo hacerlo, ojo. Pero no tiene que ser tampoco tan difícil. Sobre todo prevenirlo.

De hecho, otras de las conclusiones presentadas es que el “solo el 9% de los españoles piensa que los profesores y centros escolares están preparados para enfrentarse a temas de acoso escolar” y “el 64% de la población piensa que los profesores no reciben suficiente formación”.

Da la impresión, no solo por la conclusión del estudio, que resulta imperativo formar y sensibilizar a todo el personal de los centros educativos, no solo a los profesores.

(GTRES)

Depositamos en manos de los maestros los que más queremos, nuestros hijos, su felicidad, su formación y su futuro. Una responsabilidad enorme para la que es imprescindible que gocen de la formación, el tiempo, los recursos y el reconocimiento adecuados.

No está siendo así. Incluso a los mejores, a los más motivados, los tenemos con demasiada frecuencia desbordados, los lanzamos a enfrentarse a una clase mal preparados, en situaciones de interinidad, con ratios demasiado elevadas, pocos apoyos y demasiadas críticas.

Por eso debemos procurar apoyar sus reivindicaciones y hacer equipo con ellos, contra el acoso escolar y respecto a todo lo demás. Por el bien de nuestros niños, porque no hay nada más importante.

Ni presiones ni valoraciones cuando a nuestros niños les asome el bigotillo

No soy yo mucho de mirar los trendings topics, pero ayer por la tarde me llamó la atención uno. #MiBigotillo se llamaba. Es lógico que lo hiciera. Justo ahora tengo a mi hijo, a sus trece años, con su bigotillo asomando. Como es rubio no se nota mucho, pero ahí está, recordándome lo deprisa que transcurre el tiempo. ¡Qué razón tienen los que nos insisten que disfrutemos de cada etapa de la infancia de nuestros hijos con intensidad porque pasa volando!.

“¡Qué suerte, como es rubio no se ha puesto feúcho!”, he escuchado. También, “que no se lo quite todavía, que le saldrá más fuerte y negro”. En el colegio especial al que va también me han ofrecido empezar a trabajar ya con él el afeitado.

Da la impresión de que el bigotillo es el símbolo más visibles de que nuestros niños están dejando de serlo; más que la aparición de la nuez, los estirones o los cambios de la voz. Algo así como la primera menstruación en las niñas.

Mi hijo tiene trece años, pero también autismo y una discapacidad importante que supone que tengamos que ayudarle a lavarse los dientes, ducharse o vestirse. El afeitado no es algo que se afronte en su caso como en el común de los chavales. Cuando toque quitarlo, que no tengo prisa en hacerlo, habrá que tirar de maquinilla eléctrica. Incluso estamos pensando por sugerencia de una amiga peluquera, gracias a la que conseguimos que se porte como un campeón cuando le cortamos el pelo (con muchos niños con autismo es algo muy complicado de gestionar), en tirar de patillero, que hace menos ruido y para esa pelusa sería más que suficiente.

A Jaime le da igual tener bigotillo o no. Es completamente ajeno al cambio de su aspecto. No sé cómo llevaría el tema de su bigotillo si no tuviera autismo. No sé si se percataría, si le daría apuro verse así, si le enorgullecería como muestra de que se está haciendo mayor, si estaría deseando afeitarse o si no le daría ninguna importancia.

Lo que sí sé es que me gusta el mensaje que Gillete transmite, porque un vídeo de esa marca fue lo que originó ayer el hashtag del que os hablaba. Visibiliza ese periodo en el que los niños están a medio hornear en su conversión a hombres de manera muy positiva, con adolescentes de voces quebradas transmitiendo que deben quererse y gestionar como les dé la gana sus bigotillos.

Que nadie te diga cuando tienes que empezar a afeitarte, ni siquiera nosotros. Hay que ser muy hombre para empezar a ser tú.

Ya sé, ya sé que hay un interés comercial, que es esa publicidad emotiva que tanto gusta desde hace unos años. Pero al César lo que es del César. Bienvenida sea si contribuye a que nuestros chicos se sientan mejor en una etapa de transición que puede ser difícil y a que los adultos dejemos de hacerles sentir incómodos o presionarles.

Cuando tienes que ser valiente, cuando la vida no te deja ser otra cosa

Hoy, jueves 14 de noviembre, es el Día Mundial de la Diabetes. Todo el mes noviembre en realidad está dedicado a la concienciación sobre esta enfermedad, demasiadas veces silenciosas y muy lesiva, que implica retos desconocidos para muchos y que requiere que la investigación médica avance y que su tratamiento sea accesible para todos aquellos que lo necesitan en todo el mundo.

Precisamente a cuenta de la diabetes publiqué el martes este texto:

Un texto que hizo que un grupo de WhatsApp una amiga dijera a otra, madre de una niña con diabetes que debutó con menos de un año: “Tú y tu niña sois unas heroínas”. A lo que ella contestó: “No lo creo, es que la vida no te deja ser otra cosa”.

Verdad verdadera. “Que no te traiga la vida todo lo que eres capaz de soportar” decía mi abuela extremeña, con su sabiduría llana, profunda e infalible.

También esta semana una compañera se expresó de manera parecida a mí, por tener un hijo con autismo: “no sé como lo haces, tienes toda mi admiración”. Sucede con relativa frecuencia que me digan algo así. Me consta que a otros padres de niños con discapacidad con los que he tratado les dedican palabras parecidas. También he visto cómo se lo decían a una mamá de una niña con cáncer, que desgraciadamente ya no está entre nosotros.

Todas esas personas que expresan así su empatía también lograrían salir adelante, encajar los golpes, incluso ser felices y tener una vida razonablemente normalizada.

Los padres y madres de niños con enfermedades crónicas, con discapacidad, con cáncer, no somos héroes ni heroínas. Igual sucede con los padres y madres que nos encontramos con nuestra pareja, con la que habíamos hecho un equipo que creíamos que duraría hasta el final de nuestros días, en la misma situación.

Simplemente seguimos caminando, cuidando a los nuestros y cuidándonos a nosotros mismos de la mejor manera que sabemos. Nos necesitan. Lo necesitamos. No hay alternativa. Rendirse no es una opción.

Cuando tus planes se rompen, cuando la foto de familia que habías imaginado se resquebraja, cuando la vida te pega un tortazo con la mano abierta, tienes que respirar hondo, reunir valor, aprender a ser fuerte y avanzar poniendo un pie delante del otro, porque no puede ser de otra manera.

“Que no te traiga la vida todo lo que eres capaz de soportar” decía mi abuela, con su pelo blanquísimo y sus uñas pintadas de rojo, sabiendo muy bien lo que intentaba transmitir a su nieta aún niña, que creía ingenuamente que tenía el control, que con sus manos sostenía las riendas de lo que sería su vida.

Hace mucho que entiendo lo que quería decir mi abuela.

Por eso hay que bailar mientras suene la música. Por eso hay que hacer que suene la música a la menor oportunidad que tengamos.

(GTRES)

Lo que dicen los distintos partidos en sus programas sobre educación inclusiva y especial

Aquellos que tenemos hijos con discapacidad intelectual, con necesidades educativas especiales, llevamos un par de años moviditos. En lugar de remar juntos buscando la mejor opción para que tengan todos los apoyos que necesitan, algo que está lejos de lograrse, nos encontramos con demasiadas posturas enfrentadas.

Los hay que abogan por eliminar del todo la vía de la Educación Especial existente en España para lograr una inclusión total, posición en la que se encuentran demasiados en un enroque y una poca disponibilidad al diálogo difícilmente comprensible. En el bando contrario los hay que defienden a la especial tal y como está, pero sobre todo abundan los que reconocen que es un sistema mejorable pero necesario, que son escépticos respecto a la capacidad de que haya un buen sistema de inclusión.

(GTRES)

Eso muy resumido. Sobre aquella situación, que aún perdura, y mi postura al respecto ya os hablé el año pasado.

Vuelvo al tema porque he estado recorriendo los programas electorales de los principales partidos políticos cuyas papeletas tendremos en los colegios electorales este domingo. Quería saber qué prometen a este respecto.

Me he encontrado con Mas país como único partido que habla abiertamente de la supresión de la educación especial, a Vox ignorando ampliamente este tema (y casi también todo lo relativo a la discapacidad). PSOE, PP y Ciudadanos, hablan de trabajar por la inclusión manteniendo la especial, con los dos partidos más a la derecha haciendo más hincapié en la capacidad de elección de los padres.

Vamos uno por uno:

Empiezo por los nuevos, los que aspiran a entrar en el campo con grupo parlamentario propio: Más país de Iñigo Errejón. Su programa asegura en la página 45:

Garantizaremos una educación inclusiva, suprimiendo la excepcionalidad de la #educación especial en la normativa al respecto y desarrollando una estrategia para una educación inclusiva a corto-medio plazo.


En el programa del PSOE, del que se rumoreó mucho el curso pasado casi en plan Fake News de que también quería abolir la especial que obligó a Isabel Celaá a insistir y al Ministerio de Educación y FP a emitir un comunicado negándolo:

Este principio será compatible con el mantenimiento de Centros de Educación Especial para alumnos que necesiten una atención muy personalizada.

El programa del Partido Popular, página 35, se centra en defender la capacidad de elección:

Garantizaremos el derecho de los padres de niños con discapacidad a elegir la educación que quieren para sus hijos, tanto en los centros de educación especial como en centros normalizados.

El de Ciudadanos (gracias Terry por pasármelo) va en una línea a caballo entre el PSOE y el PP:

Defenderemos un modelo mixto para los estudiantes con discapacidad que permita a las familias elegir tanto la escolarización en centros de educación especial como la educación inclusiva en centros ordinarios.

En el programa de Podemos, en la página 99 habla de “implantar la educación inclusiva” pero no concreta la propuesta para la educación especial. El párrafo es interpretable.

En el programa de Vox hay mucho pin parental y mucha obligatoriedad del idioma español, pero no he encontrado nada de nada sobre su postura al respecto de la educación inclusiva y la educación especial.

De hecho, dado que no había nada, he buscado sobre discapacidad y tampoco hay apenas un par de menciones. Una a ampliar el permiso de maternidad con hijos con discapacidad, pero sin concretar tiempos y obviando que mucha discapacidad infantil es sobrevenida o se detecta más allá de las primeras semanas y otra en defensa de las personas con síndrome de Down un tanto inclasificable, que habla en términos de exterminio.

Termino recomendando un texto de mi compañera Lolita Belenguer sobre lo que dicen todos los partidos en materia de educación. Aunque como comentaba hoy mismo con otra compañera, no hace falta inventar la pólvora para mejorar la calidad de la educación y reducir el abandono escolar. Antes que hablar de evaluaciones de los docentes o exámenes de nivel periódicos a los alumnos, hay una solución efectiva y sencilla, aunque reconozco que no barata: reducir las ratios.

Halloween: no obligues a los niños a disfrazarse y que lo hagan de lo que ellos quieran

Hace ya camino de tres años (el tiempo pasa volando) publiqué un reportaje sobre los disfraces de carnaval infantiles y la hipersexualización de muchos de ellos, algo que conviene evitar.

Para elaborarlo hablé en su momento con la psicóloga, sexóloga y orientadora escolar Gemma Almena y con la maestra Alba Alonso Feijoo, que mantiente la web reivindicativa Real Kiddys y es autora de una tesis sobre los estereotipos de género en la literatura infantil. Una pequeña parte de aquel trabajo.

Hay dos consejos que daban y que creo que interesa recuperar de cara a esta festividad de Halloween, cada vez más extendida y que implica también disfrazarse.

Almena recalcaba la importancia de que el niño pueda elegir lo que va a ponerse: “Los disfraces infantiles tienen que ser abiertos, flexibles, que los niños  se sientan identificados con ellos. La regla principal es el niño elija el disfraz”.Alonso, por su parte, reconoce que “a veces puede resultar difícil”, pero recomienda a los padres que “sean creativos, con cuatro cosas puedes montar un disfraz. Y a los niños les va a encantar porque pasas tiempo con ellos. La infancia es una época muy bonita, disfrazarse es algo chulísimo. Te puede servir para buscar modelos. Por ejemplo, si quieres ser astronauta, puedes investigar sobre astronautas que hayan hecho cosas importantes y disfrazarte de uno en concreto”.

Por que no es obligatorio disfrazarse de monstruo, de cualquier cosa que dé miedo, por ser Halloween. Cualquier disfraz que el apetezca al niño llevar, es buena idea.

En otro reportaje que hice el año pasado, más centrado en Halloween, conversé con María Jesús Campos, psicóloga especialista en psicología infantil y juvenil, y con Sonia López, madre, maestra y psicopedagoga y formadora de familias.

López me contaba que con frecuencia los niños van vestidos de personajes de terror que desconocen, “que muchas veces son imposiciones de los padres”. ¿Qué quiere ir de Cenicienta? Ningún problema en que no sea un disfraz vinculado al miedo, hay que respetarlo. “Igual que hay que respetar que hay niños a los que no les gusta disfrazarse”, añade la psicóloga.

Es la recomendación de todos los expertos. El niño decide si disfrazarse o no. El niño decide de qué quiere disfrazarse.

Campos incidía, al igual que Gemma Almena, en dejar a los niños decidir. Pero recordaba también casos de niños de hasta diez años en cuyos colegios se permiten de manera voluntaria los disfraces en Halloween y que ese día no quieren ir a clase, “esa sensación de que hay un niño que va a venir corriendo a darles un susto hace que lo pasen muy mal”.

La psicóloga entiende y ve las ventajas de que en los centros lo permitan, de que especialmente aquellos centros bilingües lo aprovechen y que las AMPAS hagan fiestas de disfraces, “pero te puedes encontrar en horario lectivo situaciones de tensión, niños en Infantil llorando en los pasillos porque ven a los mayores disfrazados de monstruos”, y cree “que los centros escolares deberían hacer sondeos para ver si los alumnos quieren y están preparados”. Apunta como posible opción que “los niños mayores lleven los disfraces en la mochila y se busque el momento para disfrazarse, cuando los pequeños no estén presentes”.

Por último, siempre hay que tener presentes las recomendaciones de las organizaciones de consumidores y apuntan a que los disfraces infantiles se consideran juguetes y deben cumplir con los mismos requisitos de seguridad y normas específicas.

Recomiendan buscar el etiquetado CE y vigilar especialmente que tengan una adecuada ventilación, especialmente importante en las máscaras, y que no sean inflamables. Si se emplean maquillajes hay que leer bien el etiquetado, en el que deberá constar, como mínimo, el nombre del producto, el fabricante e importador, incluida su dirección, la fecha mínima de caducidad, el número de lote y sus componentes.

(GTRES)

¿Te has interesado por aquello que apasiona a tus hijos?

Puede ser un youtuber determinado, una serie, un tipo de libros, de videojuegos, de música o un deporte. Pueden ser muchas cosas las que roben el corazón a nuestros hijos, las que ocupen su tiempo y sus conversaciones.

¿Te has asomado a ellas? No me refiero a supervisar a ver si son apropiadas, a echar una ojeada para saber qué son, aunque también tenga sentido o sea incluso necesario. Hablo de genuinamente interesarte, de probar a leer ese libro, a escuchar esas canciones, sentarte junto a tu hijo a jugar o a ver ese deporte o película. Hablo de hacerlo sin prejuicios, dispuesto a dejarte sorprender.

Por supuesto puede ser que no te guste, que incluso descubras que te horroriza. Pero lo has intentado. Lo aborrecerás con conocimiento de causa. También puede ser que te sorprendas encontrando algo interesante, que merece la pena.

Suceda lo que suceda, lo más probable es que tu hijo agradezca que te intereses por aquello que a él o ella le interesa. Implica que te estás interesando por ellos. Es otra manera de decirles que les quieres.

Nos gusta compartir nuestras aficiones; nos gusta poder hablar de aquello que nos apasiona con los demás; nos gusta, sobre todo cuando somos niños y adolescentes, que las personas a las que queremos valoren lo que hacemos.

“Ojalá hubiera tenido una madre como tú”. Hace poco me lo volvieron a decir. En los últimos tres años lo he escuchado media docena de veces por parte de chicos muy jóvenes, en la adolescencia. Lo he escuchado en redes sociales y en persona cuando han descubierto mi falta de acercamiento sin ideas preconcebidas y desde el respeto por aquello que les apasionaba, ya fueran mangas o rol (que a mí también me encantan), o k-pop (que he descubierto que no es lo mío).

En realidad no me querían como madre, claro que no querrían cambiarme por las suyas. Es un absurdo. Lo que de verdad me estaban diciendo es “ojalá mi madre mostrase interés por esto que tanto me gusta”, “ojalá mi madre entendiese lo que es esto que tanto me apasiona y a lo que dedicó tanto tiempo”, “ojalá mi madre no despreciara mis aficiones”, “ojalá pudiera hablar de todo esto con ella”. Sobra decir que es aplicable también a padres.

Expresan un deseo de acercamiento. Un deseo legítimo.

Este pasado fin de semana escuchaba a dos parejas de padres quejarse de cómo sus hijos adolescentes se han convertido casi en extraños de la noche a la mañana. Que se habían distanciado muchísimo, que no querían nada con ellos. Esa toma de distancia a esa edad es comprensible, es biológica, pero siempre podemos intentar tener puentes.

Los vínculos entre padres e hijos no son irrompibles, se pueden resquebrajar; que te interese (al menos de entrada) lo mismo que a ellos, puede que incluso encontrar aficiones en común, es una buena manera de fortalecerlos.

Sin forzar, sin mentir, sin paternalismo, sin objetivos ocultos, sin garantía de éxito.

¿Te interesarás por aquello que apasiona a tus hijos?

(GTRES)

‪Mucho ánimo a todos esos padres que tienen que llevar a sus hijos a diario llorando al colegio‬

Llevar todos los días a tu hijo a rastras al colegio es duro. Llevarlo a diario entre llantos, con pataletas y protestas, dejarlo por un buen puñado de horas en un sitio en el que no quiere estar, es muy difícil.

No es lo habitual. La mayoría de los niños van con normalidad o incluso contentos. Pero siempre hay algunos a los que les cuesta especialmente. A ellos y a sus padres.

Empiezas el día imponiéndote a la persona que más quieres, viéndola infeliz. No es precisamente la mejor manera de arrancar la jornada. Te mina por dentro, te hace cuestionártelo todo. Los motivos por los que no quiere ir con tanto empeño, lo que puede estar pasando entre esos muros, el que tenga que empezar el colegio con tan solo tres añitos,  la suerte que tienen los adultos que llevan niños felices de la mano por el mismo camino, si habrás errado eligiendo centro…

No funcionan las promesas de premios y castigos. Tampoco intentar razonar: “ya eres mayor”, “tienes que ir a aprender igual que yo tengo que ir a trabajar”. No queda más remedio que apretar la mandíbula, encoger el corazón y dejarle en el colegio a la fuerza.

La necesidad obliga. A todos.

A veces no llora, a veces su pequeño cuerpo rebosa triste resignación. Puede que indignación. No es mucho mejor.

Suele suceder así con los niños más pequeños. Y da igual que hayan ido o no a guardería o que sus padres hayan estado con ellos en casa o lejos, trabajando. También con niños con discapacidad, cuya capacidad para adaptarse a los cambios o expresar sus preocupaciones es limitada. Con niños mayores y adolescentes el no querer arrancar el curso se manifiesta de otras formas. Es preciso estar más vigilantes, las estrategias son otras, las causas y los riesgos también.

Sabes que ahí dentro no está experimentando nada malo. Todos los niños sobreviven a los primeros días de colegio. Cuando está dentro del recinto lo pasa bien, o al menos eso te han dicho. No te preocupes y no pierdas los nervios. Mucha paciencia, porque nuestros hijos merecen nuestra empatía, nuestro cariño, pero jamás violencia física o verbal. Que no pasa nada si perdiste los nervios puntualmente. Sabes que no es la manera y procurarás que no suceda de nuevo.

Te lo repiten y te lo repites. Ya, ya. Está clara la teoría. No lo está tanto cuando te ves envuelto cada mañana en el mismo pequeño gran drama cotidiano.

No queda más que hacer acopio de fuerza y ánimos.

Pasará.

Ánimo.

GTRES

Libertad para los abuelos

Hoy es el día de los abuelos. ¡Qué haríamos sin ellos! Nos sacan las castañas del fuego a los padres más o menos recientes de muchas maneras. La baja natalidad de este país estaría aún más por los suelos de no ser por su apoyo, que se manifiesta de diferentes maneras.

Son un sostén imprescindible. Eso a veces se traduce en que, por mucho que quieran a sus hijos y nietos, puedan estar cansados, quemados, estresados, incluso crear disensiones en la pareja. Pueden estarlo puntualmente o de forma constante. Con demasiada frecuencia sacrifican sus últimos años sin poder pasar tanto tiempo como querrían tranquilamente, a su ritmo, tal vez en sus pueblo o en la playa.

En muchos hogares sería imposible salir adelante sin ellos. Poco se puede decir en ese caso, salvo lo importante que es valorar y agradecer su ayuda.

Pero este año he decidido pedir la liberación de los abuelos injustamente cautivos, porque hay otros casos en lo que que esa dedicación al cuidado de los nietos podría ser menor. Hay hogares en los que se podrían encontrar alternativas para que los abuelos no vean como una carga. Hay padres que, si quisieran, podrían dar con soluciones que aliviasen la responsabilidad constante de cuidar de los nietos. Tal vez no podrían cambiar de coche, de móvil o de bolso tan a menudo, pero la felicidad y el descanso, la salud y la felicidad de nuestros mayores vale más que todo eso.

Hay padres con mucha caradura. A sabiendas en unos casos y por no haberse parado a pensarlo en otros.

Abuelos, exigid vuestra libertad si estáis en esa situación. Sé que no es fácil, que pensar en protestar, en plantarse y protestar os cuesta, que darse cuenta de que vuestros hijos tal vez estén abusando un poco o un mucho de vostoros no es sencillo de ver y de afrontarlo.

Y dejáos liberar. También sé bien que muchos de vosotros queréis ayudar tanto, tanto, que os ofrecéis antes de que se os pida nada. Sé que amáis a vuestros hijos y a vuestros nietos, que sentirse necesario es muy positivo. Pero hasta un límite. No lleguéis a esa situación extrema, sed un poquito egoístas y pensad también en vosotros mismos.

Tras una vida entera trabajando, tras un futuro que implique tal vez más cuidados o problemas de salud que os impidan volar, merecen no tener esas obligaciones o que se minimicen en lo posible.

Decidnos no, nunca es tarde para que sigáis educándonos, poniéndonos en nuestros sitio, aunque tengamos treinta, cuarenta o cincuenta años.

(GTRES)

Mitos y realidades sobre la crianza y el embarazo

GTRES


Existen numerosos mitos en torno al embarazo y la crianza de nuestros hijos. Poco a poco se van diluyendo, pero demasiados aún persisten. Igual que también hay realidades que cuesta creer.

¿Sabrías distinguir aquello que es cierto de lo que es completamente falso? Ponte a prueba con este trivial.

Y así de paso también podrás repasar esos mitos que aún perdura, y que quién sabe de dónde salieron.