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¿Cuánto más tendremos que esperar para que vacunen a los varones contra el Virus del Papiloma Humano?

Hace poco tocaron vacunas en casa. No las del Covid-19, que por mucho que nos ocupen y preocupen más que ninguna otra, no son las únicas necesarias. Julia ha cumplido doce años y salió de la revisión propia de su edad con dos inyecciones en un brazo y una en el otro. Y aprovecho para meter cuña de responsabilidad cívica antes de continuar: no os saltéis revisiones y vacunas de nuestros niños por favor. No lo hagáis por mucha pandemia y desinformación que haya, que si las vacunas de la Covid-19 son un lío, las de los niños no se quedan atrás. Es un bosque en el que resulta fácil perderse y conviene confiar en que el profesional de la salud que nos atiende.

Una de esas tres banderillas que le pusieron a mi hija era la que combate el virus del papiloma humano. Un virus que en las niñas puede desembocar en una enfermedad potencialmente mortal. En España se diagnostican unos 2.000 casos de cáncer de cuello uterino por año que se traducen entre 700 y 800 muertes. Por eso a ellas las vacunan, pero no a ellos que son en la mayoría de los casos los transmisores (aunque también pueden desarrollar verrugas genitales y cáncer). Si queréis saber más sobre el Virus del Papiloma Humano o VPH, podéis leer esta entrada en el muy recomendable blog de mis compañeros Dos pediatras en casa del pasado 4 de marzo, que fue el día internacional de esta enfermedad. Y en ese mismo post reivindicaban lo yo también querría, lo que distintas organizaciones médicas como al Asociación Española de Pediatría, piden.

A día de hoy, en España esta vacuna se administra de forma financiada por las comunidades autónomas a las niñas al cumplir los 12 años. Sin embargo, no debería ponerse el foco solo en las mujeres, ya que son los varones la principal vía de contagio de las mujeres, además de que no es despreciable la incidencia de verrugas genitales o de diversos tipos de cáncer que ellos pueden sufrir, sobre todo de pene y de ano (estos últimos más frecuentes en el caso de hombres que practican sexo con hombres). Creemos que no hace falta decir que la vacunación en los varones parece cuanto menos útil a la hora de evitar contagios, tanto en los propios hombres como en las mujeres, y por tanto debería ser una prioridad vacunar tanto a las mujeres como a los varones.

A Jaime, que tiene ahora catorce años, no se la puse. Con un autismo severo y una discapacidad intelectual también importante, no existe ninguna posibilidad de que tenga relaciones sexuales consentidas con otra persona. No va a ser transmisor del virus, lo que no quiere decir que no tenga derecho a disfrutar de su sexualidad y, para estar preparados, ya he asistido a un par de seminarios sobre el tema. Pero lo cierto es que, a día de hoy, es feliz escuchando a los chicos de Cantajuego y jugando al cucutrás.

Pero si Jaime no hubiera tenido autismo, si hubiera sido un chaval de catorce años neurotípico, os aseguro que, por responsabilidad hacia él y también por responsabilidad social, habría pagado la vacuna del papiloma humano para que se la pusieran en nuestro centro de salud.

Si un chaval tiene entre 9 y doce años, hay que poner dos dosis. Si son mayores la recomendación puede subir a tres dosis. Aún quedándonos solo con dos, estamos hablando de que cada dosis de Cervarix cuesta algo más de 120 euros , la de Gardasil unos 155 y Gardasil 9, la que más cepas cubre, unos 172 euros. Sobre la diferencia entre ellas, pido ya desde aquí a Gonzalo y Elena, Dos pediatras en casa, un post explicándolas. Pero volviendo a lo que a mí me ocupa, la cuestión es que la inmunización de un niño oscila entre los 240 y los 344 euros. Imaginad aquellas familias con más de un hijo varón que quieran vacunarles. Muchas, directamente no podrán. De nuevo estamos creando diferencias en algo tan sensible como la salud en función de si puedes y quieres pagar, o no.

No puede ser que si hay una enfermedad que afecta a todos, hombres y mujeres, y tenemos a nuestro alcance vacunas para combatirla, solo se incluya en esa estrategia a las mujeres. Es una reivindicación vieja ya, pero mientras en España no se decidan a incluirla en el calendario vacunal para todos, niños y niñas, habrá que seguir exigiéndolo. Muchos países de nuestro entorno, como Francia, Alemania, Reino Unido, Italia o Bélgica ya han dado ese paso. ¿Cuánto más tendremos que esperar?    

 

(Angelo Esslinger / Pixabay)

 

Un día para visibilizar la diversidad y las reivindicaciones de las personas con autismo

Hoy es el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo. Un día para llenar las redes sociales de imágenes, vídeos y textos que muestren la diversidad de este trastorno; para contar lo necesario que es ver al individuo antes que al trastorno; para reivindicar un diagnóstico pronto, una atención temprana sin esperas, terapias adecuadas y de calidad, recursos en la escolarización y una estrategia efectiva de inserción laboral.

Enseñemos, divulguemos, exijamos. Debemos hacernos ver. Lo que no se ve, no existe, y es demasiado fácil que el Trastorno del Espectro Autista (TEA) pase desapercibido a menos que te toque de cerca.

Iluminemos este 2 de abril de azul el mundo
y que el resplandor permanezca todo el año.

Desde 20minutos hemos preparado distintos contenidos para visibilizar a las personas con autismo y aquello que reclaman:

Conciliación y corresponsabilidad tienen que ir de la mano

He hablado mucho de conciliar, he reflexionado mucho sobre la conciliación. La conciliación que no es solo una reivindicación vinculada a tener otros (niños, mayores o personas con discapacidad) a los que cuidar, pero que se hace especialmente patente en esas circunstancias. La conciliación, cuyo fomento puede llegar a ser motor de impulso económico. La conciliación, ante la que surgen numerosas barreras mentales y estructurales.

(GTRES)

Todos lo hemos hecho especialmente, imagino, a lo largo del último año. También ayer mismo, que fue el día de la conciliación, escuché el término en numerosas ocasiones, sobre todo en tono reivindicativo y de la mano de Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, que acudió a la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados para poner de nuevo sobre la mesa la necesidad de contar con un Pacto de Estado por la conciliación, consensuado por partidos, empresas, sindicatos y familias, “con medidas concretas para acabar con la desigualdad a la que se enfrentan miles de mujeres madres, destapadas especialmente desde que estalló la pandemia”.

En definitiva, hemos hablado, reflexionado y reivindicado mucho sobre conciliación. Lo seguimos haciendo. Pero al menos yo no me había paseado por la RAE para ver cómo describe a este verbo tan difícil de conjugar en todos los sentidos. Me he encontrado con que la segunda acepción, “hacer compatibles dos o más cosas”, y me atrevería que es la que solemos tener presente cuando abordamos esta problemática, que ha alcanzado una nueva dimensión durante la gestión de la pandemia de Covid-19. Pero hay otra, la primera, que reza así: “Poner de acuerdo a dos o más personas o cosas”.

Me gusta más porque evoca otro término clave en la consecución, no solo de la conciliación, sino de la construcción de una sociedad mejor para todos a muchos niveles, que es la corresponsabilidad. Con la única acepción en la RAE de “responsabilidad compartida”, estoy convencida de que va a ser la piedra de toque que transforme la realidad, haciéndola más justa e igualitaria. Y soy optimista, tengo fe en que se irá alcanzando. Tengo los suficientes años como para haber visto un tiempo en el que este término era inexistente en cualquier conversación, en el que los hombres que se equiparaban en los cuidados a sus parejas, eran de una rareza casi mitológica. Incluso aunque deseasen corresponsabilizarse, chocaban con sistemas que no lo contemplaban, con una sociedad en la que la incomprensión era la moneda de cambio. Hoy día estamos estrenando unos permisos de paternidad igualitarios, una vieja reivindicación que ya podemos celebrar y va a suponer un auténtico cambio de paradigma; también estamos viendo florecer una forma creciente de entender a quién corresponde, criar, ayudar a crecer y cuidar.

Y la corresponsabilidad no solo hace referencia a los hombres, a nuestros compañeros, también involucra a las empresas, a las instituciones. Por suerte, en ese plano también se están viendo avances. Es cierto que el camino por delante es largo, con trabas, pavimentado en angustia y oportunidades perdidas. Pero es visible que avanzamos a poco que miremos.

Así tal vez logremos alcanzar la tercera acepción del verbo, “granjear un ánimo o un sentimiento determinados”, sintiéndonos a gusto, felices manejando los diferentes ámbitos de nuestra vida, aspirando a la realización y la aceptación, en lugar de a la frustración por no llegar a todo.

(GTRES)

Felicidades a los padres que entienden que cuidar también es cosa suya

Felicidades a los padres que se involucran, que entienden que criar, que cuidar, también es cosa suya. También a aquellos que lo hicieron hace años o décadas. Que nadie crea que eso que ahora se llama “nuevas paternidades” no tuvo representantes en todas las generaciones previas.

Felicidades a los padres que van a llevar a los niños al colegio, que los recogen adolescentes tras las fiestas, que se sientan con ellos a estudiar Historia o Matemáticas.

Felicidades a los padres que saben que dar ejemplo es la mejor manera de enseñar.

Felicidades a los padres que están adentrándose con ilusión, con ganas, en la paternidad en pandemia, sin participar en el proceso del embarazo y del parto como querrían.

Felicidades a los padres tienen bajo control las expectativas que depositan en sus hijos, que saben que solo les pueden pedir que sean felices y buenas personas.

Felicidades a los padres que se equivocan, que no quieren ser perfectos. No hace falta que lo sean.

Felicidades a los padres que están ahí, con los que siempre se puede contar cuando se les necesita.

Felicidades a los padres, ya abuelos, que criaron con amor a sus hijos, que sostienen, que ayudan, y que llevan un año aguantándose las ganas de abrazar a sus nietos, que incluso no han podido siquiera verlos de cerca en todo este tiempo.

PD. Felicidades especialmente a ti, porque sin tenerte a mi lado tal vez no hubiera tenido hijos. Tú tenías claro que los querías, yo dudaba tanto que, al lado de otro sin vocación de padre, tal vez solo hubiera tenido perros y gatos. Quisiste, quise, y eso me convirtió en la persona que soy ahora e hizo que nacieran dos seres humanos únicos, valiosos e irrepetibles sin los que soy incapaz de concebir el mundo. Gracias porque todos estos años hemos avanzado igualando el paso, corresponsabilizándonos y haciendo equipo sin fisuras.

No era un número más

No era un número más entre los muchos muertos notificados a diario por Covid. Era mi tío Eduardo. Hoy nos ha dejado, tras muchas semanas en la UCI, en las que cada día que estaba un poquito mejor nos agarrábamos a la esperanza y los días que los médicos no daban buenas noticias queríamos creer que estaban equivocados.

No era un número más. Era un hombre de risa fácil, que disfrutaba del buen vino, la buena comida y la buena compañía, cuya voz profunda resonaba con cantares asturianos. Siempre te recordaré en aquellas interminables sobremesas familiares, compitiendo a canciones con mi abuelo.

No era un número más. Era un hombre con curiosidad, que coleccionaba ediciones de El Quijote, que pintaba (mi mejor retrato siempre será en el que me dibujaste de niña), al que le gustaban la zarzuela y los perros, mis perros, pero era lo suficientemente coherente como para no tenerlos porque sabía la dedicación que exigían.

Retrato de mi tío estudiando, cuando era joven.

No era un número más. Era un hombre guapo a sus muchos años, que parecían menos. Cuando de niña miraba su foto de bodas, tanto él como mi tía Begoña me parecían tan deslumbrantes como estrellas de cine.

No era un número más. Era un hombre loco de amor por mi tía, por sus hijas, por sus nietos, por los suyos, demasiados de los cuales nos veremos obligados a despedirle como mejor sepamos en la distancia. Yo escribiendo ahora, que es lo que siempre me ayuda a curarme.

No era un número más. Era Eduardo, el discutidor, el divertido, generoso y amable.

Me cuesta mucho hablar de él en pasado, la herida está abierta y sangra.

Hasta ayer aún me decía a mí misma que este verano volveríamos a jugar a las cartas, volvería a verte con un orujo de hierbas en la mano disfrutando de la vida, que es algo que siempre se te dio bien.

Este verano, cuando esa herida haya cauterizado, te prometo que volveré al prao y beberé ese orujo a tu salud; yo que nunca lo probaba por mucho que me insistieras.

Te prometo que siempre vivirás dentro de nosotros.

El cáncer y las palabras

Luchar, pelear, vencer… Llevo muchos años en este blog usando esos términos cuando he querido hablar del cáncer. Del cáncer y los niños con demasiada frecuencia, dos sustantivos que jamás deberíamos ver juntos. Del cáncer en general, que no respeta a nada ni a nadie. No creo que haya un solo ser humano pisando este planeta que no haya sufrido por el cáncer, por haberlo tenido, por haber visto sufrir a alguien que amaba por su culpa.

Ganar al cáncer, combatirlo, derrotarlo. Hace ya tiempo que no uso esos términos. Es cierto que hay que enfrentarse al cáncer. No deja de ser verdad que esta otra vieja pandemia tiene algo de guerra, de incesantes batallas en las que la ciencia es la esperanza de la victoria. Pero no quiero usar términos bélicos, no quiero que parezca que los que se han ido perdieron, no lo consiguieron, fueron vencidos, se rindieron.

Nos lo piden los más afectados. También los trabajan a diario por su cura. Los pacientes de cáncer no son culpables de nada, no podemos hacer que se sientan responsables de no superar la enfermedad.

El cáncer infantil es la primera causa de muerte por enfermedad de 1 a 14 años, aunque apenas suponga un 2% del cáncer de adultos. El cáncer infantil se llevó la vida de Lucía, una amiga y compañera de mi hija, el verano de 2018, cuando apenas tenía nueve años.  Ni Lucía ni ninguno de los niños o adultos que han muerto por cáncer fueron derrotados. En absoluto. Ya no están con nosotros y siempre los recordaremos, que es algo muy distinto.

Muchos de los enfermos de cáncer tampoco quieren ser tratados de héroes, luchadores o campeones. Simplemente manejan lo mejor que pueden la enfermedad, quieren sobrevivir como cualquiera que se viera en su situación. Lo que nos están pidiendo es normalizar en lo posible la manera en la que hablamos del cáncer, evitar eufemismos, también grandilocuencias. Es una enfermedad, que puede ser muy grave, sí. Ya está.

Stan Goldberg, especialista en comunicación y profesor emérito de trastornos de la comunicación en la Universidad Estatal de San Francisco, tuvo cáncer a los 57 años y escribió un libro titulado Loving, Supporting, and Caring for the Cancer Patient (Amar, apoyar y cuidar al paciente con cáncer) en el que hacía varias recomendaciones sobre qué no decir a una persona con cáncer. Hay más, pero creo que las más importantes se podrían resumir en:

  • No destacar los cambios físicos que puede estar experimentando.
  • No sugerir que sus hábitos le han conducido a tener cáncer.
  • No forzarle a mantener una actitud positiva.
  • No hablarle de productos o tratamientos no refrendados por la ciencia.
  • No indagar sobre el pronóstico ni compartir otras experiencias de enfermos de cáncer que conocemos.

Hablar con naturalidad, ofrecer nuestro apoyo, mostrar un interés sano, reconocer que no sabemos qué decir cuando es así sería la actitud correcta.

Son recomendaciones extrapolables a las personas más cercanas a ese enfermo y afectadas por tanto también en mayor medida por el cáncer.  A los padres de niños con cáncer.

Poco a poco y entre todos…

(GTRES)

Gracias a los profesores y padres que están picando y paleando nieve para hacer accesibles y transitables los colegios

Me hubiera gustado tener un arranque de curso escolar tranquilo tras las vacaciones de Navidad. Imaginaba que no lo sería por el aumento de casos de Covid-19 tras las celebraciones navideñas. Y ahí tenemos esa realidad que muchos augurábamos estallándonos en la cara, con la incidencia disparada, al igual que la presión hospitalaria, y el medidas más restrictivas, incluso confinamientos estrictos, sobre la mesa. Lo que no esperaba es que el inicio de las clases también se viera en solfa por Filomena, por la nevada del siglo que ha dejado gran parte de España trasmutada en Noruega.

Los colegios en la Comunidad de Madrid tendrían que reabrir sus puertas el próximo lunes (*actualización, se ha retrasado al miércoles*), pero nuestros gobernantes ya nos están avanzando que va a ser difícil que sea así en todos. Nada que padres y profesores no supiéramos. Los grupos de whatsapp bullen estos días con imágenes de los accesos y el interior de los colegios que, por ser normalmente espacios abiertos y poco o nada transitados estos días, asemejan la estepa siberiana.

Hay colegios por todas las regiones de España afectadas por el temporal que están contratando por su cuenta y riesgo operarios, excavadoras y quitanieves, sobre todo los centros concertados y privados. Y los hay que están diciendo a los padres que escriban al ayuntamiento reclamando la limpieza y seguridad que corresponde para poder iniciar las clases. Pero incluso en muchos de esos, sigue solicitándose ese trabajo colaborativo de docentes y padres.


Contrarreloj, en multitud de colegios son los mismos profesores (y conserjes, directores…) los que se han arremangado y puesto a picar y palear nieve y hielo, con la ayuda de los padres que podían y querían echar una mano.

Eugenio García, director del Colegio Cardenal Xavierre-FESD de Zaragoza, quita la nieve y el hielo que cubre el patio de recreo. (EFE/Javier Cebollada)

Están abriendo caminos para los niños, que precisamente como son niños querrán jugar sobre el manto blanco que sin duda aún permanecerá en muchos puntos la semana que viene y es probable que unos cuantos acaben en la enfermería. Están dedicando un tiempo y un esfuerzo que se les agradece y aplaude desde esos mismos grupos de Whastapp. Porque, la verdad, es de agradecer y aplaudir que se arremanguen de esa manera.


Pero al tiempo que nos caldea el corazón su esfuerzo, es legítimo preguntarse si deben los padres y profesores asumir esa responsabilidad que compete a las administraciones públicas de hacer accesibles y transitables los colegios.

Por un lado, como me decía una madre cuyo colegio ha solicitado esa ayuda al AMPA, se puede considerar que es nuestro deber social ayudar, si está en nuestra mano, pensando sobre todo en los niños, su derecho a la educación y siendo conscientes de que las administraciones públicas están desbordadas, pero es posible que se creen tensiones o distinciones entre los que ayudaron y los que no, ¿y qué pasa si se hacen daño en el proceso?.

Por otro, como me decía una profe, deslomarse haciendo algo así es ya pecar de tontos. Si no se pueden abrir el lunes, pues tendrán que abrirse cuando los responsables de limpiarlo lo tengan preparado.

Porque no hablamos solo de limpiar. Hay colegios en los que han caído árboles, o corren peligro de caer; en los que los techos se han visto dañados o podrían dañarse; en los que las tuberías se han congelado, la calefacción o la red eléctrica no funciona. Ayer mismo hablaban de 370 incidencias detectadas.

Daños en un colegio de Madrid ocasionados por ‘Filomena’ (EP)

Es viernes y demasiados no sabemos aún cuándo nuestros hijos podrán ir al colegio. O si nosotros podremos llevarles (abrigados como esquimales, para contrarrestar la conjunción de los protocolos anticovid y la ola de frío).


Estamos viviendo un máster en gestión de la incertidumbre que nunca jamás hubiéramos imaginado.

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La capa de Jaime

Érase un bebé, un niño, un adolescente. Tirando a tranquilo, también a perezoso; con pelo de surfista y sonrisa de Han Solo. Comilón y dormilón; ajeno a los animales que le rodean por casa y amante de la música.

Érase una vez Jaime bebé, diminuto y redondo, aferrándose a un aspito con sus manos pequeñitas.

Érase una vez Jaime niño, pedaleando hacia atrás en su primera bicicleta con ruedines sin importarle el no avanzar.

Érase una vez Jaime, de anchas espaldas y músculos poderosos, al que no le importaba llegar a ser tan alto como la luna pese a tenerla cada vez más cerca.

Y érase innumerables veces rostros que, cuando miran a Jaime, no lo ven.

No vieron al Jaime bebé. No vieron a Jaime crecer hasta convertirse en un muchacho más alto que su madre. Solo ven la capa que lleva siempre a cuestas. Solo son capaces de distinguir la discapacidad, que creen que lo define, que lo envuelve y oculta a sus ojos.

Les pasa igual con Javier, al que le cuesta mirarte y le vuelven loco los perros. Con Clara, a la que le fascina el golpear de la lluvia en la ventana y no sabe parar quieta. Con Alicia, que es paciente y no para hasta lograr lo que quiere. Con Pedro, que adora los trenes y siempre quiere estar al aire libre.

Los miran y no ven más que las capas que los cubren. Capas a veces tan pesadas que necesitan mucha ayuda para poder avanzar con ellas. Capas en otras ocasiones livianas, apenas perceptibles en muchas situaciones.

Capas que ocultan el hecho de que todos ellos son seres maravillosos, únicos. Como tú, como yo.

Capas que se pueden volver invisibles, para no eclipsar a las personas que las llevan, a poco que el que mira quiera que así sea.

Jaime, Javier, Clara, Alicia o Pedro no son su discapacidad. No merecen que les miremos y no les veamos como son.

(GTRES)

Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

“Los parques infantiles han sido el primer espacio donde hemos sufrido una verdadera discriminación con nuestro hijo“

Los parques infantiles están siendo protagonistas de muchas noticias estos meses por si se abren o se cierran, por si se permite que los niños jueguen en ellos o si se clausuran para intentar frenar la Covid, frente a muchos hacen la justa reflexión de si tiene sentido que los niños se queden sin estos espacios de ocio mientras siguen abiertas las terrazas para disfrute de los adultos.

Los parques infantiles son importantes. Lo son, sobre todo, en las grandes urbes. Los niños necesitan salir, hacer ejercicio, explorar el entorno, jugar y socializar al aire libre con una libertad vigilada, con seguridad. Y en nuestras ciudades no abundan los espacios así.

Son importantes para todos los niños, también los niños con discapacidad, motórica, sensorial o intelectual, para los que con demasiada frecuencia estos entornos no son accesibles.

(EUROPA PRESS)

El pasado viernes Cermi publicó en su boletín semanal un estudio  que precisamente aborda esta problemática, la accesibilidad de los parques para los niños pero también para los adultos con discapacidad que los acompañan. Hablamos de un total de 3,8 millones de personas en España, un 8,5% de la población, que deben ser tenidos en cuenta también en estos espacios, que como bien dice el presidente de CERMI Comunidad de Madrid, Óscar Moral “son un espacio muy interesante de socialización de todos, en ese primer momento de la vida en el que los niños mantienen su mente libre de prejuicios”.

Sandra Pereira, arquitecta que colabora con distintos colectivos relacionados con la discapacidad y autora del estudio, hace en su presentación una afirmación demoledora: “Los parques infantiles han sido el primer espacio donde hemos sufrido una verdadera discriminación con nuestro hijo. Ver cómo juegan los demás niños y no poder participar porque no se ha tenido en cuenta sus necesidades, puede implicar unos efectos psicológicos y emocionales muy negativos“.

Una adaptación que, según el estudio, no tiene que traducirse en un gato mayor, basca con “diseñar desde el principio con inteligencia” para asegurar los  puntos que se deben asegurar, destacando por ejemplo la necesidad de que esté delimitado para que los niños no se puedan escapar o desorientar; que facilite juegos con esperiencias sensoriales; también cooperativas y que animen al juego simbólico. El estudio incluye además un test con casi 30 preguntas al final para poder dilucidar la accesibilidad de un parque.

Ojalá siempre que se encarase la construcción o reforma de un parque infantil se tuviera en cuenta todo lo que Sandra Pereira apunta.  El juego es un derecho de todos.

¿Eres la misma persona tras convertirte en madre o en padre?

Lo sé, es una de esas preguntas que no tienen respuesta. Pero también es una de esas preguntas que, al hacértela, te invita a reflexionar, a intentar conocerte. Suele pasar que la persona sobre la que menos pensamos es precisamente la nuestra. Las cuestiones sin contestación clara no son estériles.

Lo planteé en redes hace un par de semanas. ¿Eres la misma persona tras convertirte en madre o en padre? Lo hice tras charlar con una amiga embarazada de su primer hijo, tras hacerlo con un amigo padre reciente. Somos los mismos, por supuesto, pero al mismo tiempo ya en el embarazo vas descubriendo que tener un niño es como si te reprogramaran. Evolucionas de una manera imposible de comprender hasta que no lo vives. De una manera que además es diferente para cada uno, que para eso somos individuos únicos.

Desde mi punto de vista el mayor cambio, una vez ha pasado el nacimiento y algo de tiempo para asimilarlo, creo que es darte cuenta de que no eres dueña de tu tiempo, que lo que haces y cuándo lo haces depende de cómo y dónde está tu hijo, es casi como tener conciencia de dos cuerpos. Si tu hijo no está contigo, sabes con quién está y donde, haciendo qué, en cada momento. En la mayoría de los casos esa sensación termina con la adolescencia de tus hijos, en el mío probablemente será así toda la vida, dado que Jaime es y será siempre altamente dependiente.

Yo sería una persona completamente diferente si hubiera escogido la senda de no ser madre. Sé que todo en la vida nos transforma, lo que estudiemos, qué parejas tengamos, en qué trabajemos, los golpes que te dé la vida… pero de verdad creo que nada tanto como la maternidad.

Si estáis a punto de descubrirlo, bienvenidos al viaje más sorprendente. Con todos sus vaivenes, dudas, limitaciones y malos ratos, si se afronta de la manera correcta aporta tanto que lo compensa todo, en todas sus etapas. Relajaos, si podéis, y disfrutad de todas ellas.

(GTRES)

@Psic_Jazz
No. Soy más fuerte, más creativa y descubrí miedos que ni creí que existían pero sin duda soy más feliz 😉

@Criando247
La maternidad me revolucionó y sigue haciéndolo. Sumado a ello, tener un niño atípico me ha convertido en activista, luchadora y ha impulsado mi creatividad. Me fuerza a revisarme continuamente, a cambiar la mirada, a ser más empática y solidaria; a aprender sin descanso.

@mercheborja
Yo creo que la misma persona sí. Mi vida es totalmente diferente y mis prioridades son muy distintas, pero en esencia -mis valores, creencias, las cosas que me gustan…- no han ambiado. A lo mejor tengo un poco de mala leche que antes no tenía, pero por lo demás….

@_Alazne_
Yo siempre digo que a todxs se nos va un pco la pinza sobre todo al principio. Cambias muchísimo y muy rápido.

@haddhar
No. Soy más más sensible, sobre todo a los dramas familiares. He desarrollado mucha paciencia, constancia y me he vuelto más pragmático y aprovecho mejor el tiempo. También soy menos divertido y creativo, más predecible y conservador, y más gruñón.

@TweetAna2
Si que cambias. Incluso antes de dar a luz. Yo intento ser mejor cada día para poder enseñar con el ejemplo, mis prioridades han cambiado y das mucha menos importancia a cosas que igual antes te preocupaban. Una parte de ti sigue siendo igual claro. En mi caso creo que soy mejor.

@GrettelGreene
Básicamente soy la misma de siempre, pero veo la vida de una manera completamente distinta y eso me ha hecho descubrir aspectos de mí, que desconocía

@PatriciaVeraG
Soy 90 por ciento distinta. Algo queda. El cambio ha ido a mejor, en mi opinión.

@VidasPixeladas
Toda experiencia te cambia un poco, un trabajo, una amistad, tener hijos, enfermar, etc. Nunca he sido la misma persona que ayer y no voy a ser la misma persona mañana, lo contrario me preocuparía, significa que no avanzo, no aprendo, no pienso. Soy la misma persona evolucionada.

@Metamorflosis
Yo creo que todo lo significativo te cambia (lo positivo y lo negativo también)… la esencia está pero uno va mutando…

@alfonsin
Eres la misma persona, lo que te cambia es la vida y el orden de las prioridades Cara sonriente con boca abierta y sudor frío

@josrame
Yo no me acuerdo, solo sé que desde los 20 años pienso en todo lo que hago, porque no estoy sola y mis actos y sus consecuencias las pueden pagar mis hijos, incluidos mis malísimas épocas de depresión y ganas de desaparecer, eran ellos los que me hacían no dar un último paso Rostro ofreciendo un abrazo

@madre_de_2
No, pero tampoco era la misma persona con 25 que con 20. Las experiencias vitales nos cambian. Si no me hubiera cambiado la maternidad me habrían cambiado otras vivencias. Quién sabe si para mejor o para peor Mujer encogiendo los hombros Yo creo que la maternidad me ha cambiado a mejor.

@justiammyself
Creo que si. Tener hijos me ha reafirmado en mis valores, en lo que le pido a la vida. No he cambiado mi forma de ser, quizas tengo mas paciencia. Eso do estoy mas cansada y a nivel mental mas lenta y mis hobbies estan en penultimo lugar. Asik modo de vida si forma de ser no

@mamaymas
Ni de coña. A veces me da una mezcla de ansiedad y lástima el haberme perdido tanto a mí misma, pero he ganado mucho a cambio. Según el día lo llevo mejor o menos mejor Cara guiñando un ojo

@elisabethmssz
No, no eres la misma persona, porque tus prioridades cambian radicalmente y tu mundo ya no gira entorno a ti o tu pareja, sino en q gira entorno a esa personita que depende de ti enteramente…

@mami_meeple
Sí. Salvo cosas. O sea que no. Se puede ser la misma persona a los 44 años que a los 29? Madurar te hace una persona distinta? O eres la misma pero más madura? Ains… qué bonitos interrogantes.

@TreceBicis
No no lo soy. Ahora me dan respeto cosas que antes no y me fijo en cosas que antes no, no todo yo ha cambido pero si parte de mis intereses y eso me hace distinto. Además ahora duermo mucho menos con los cual soy más irascible

@ulisesolg
·Eres diferente, es como una versión nueva. Que definitivamente te hace ver TODO diferente

@neferlp
La esencia está ahí, pero intento mejorar aspectos día tras día para ser un buen ejemplo. He cambiado cosas que nunca pensé que podría cambiar. Los hijos tienen el poder de demostrarte que nada es imposible, si le echas un par, especialmente si lo haces por ellos! Bíceps flexionado