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A todos esos padres

A esos padres que querrían haber podido estar más tiempo con sus hijos cuando eran recién nacidos, pero a los quince días o antes tuvieron que reincorporarse al trabajo dejando el corazón en casa.

A esos padres que han peleado reducciones de jornada, excedencias o incluso el mero hecho de disfrutar el permiso de paternidad que les correspondía.

A esos padres que nunca creyeron que acabarían poniendo la foto de sus hijos, cuando los tuvieran, de fondo de pantalla. Y ahí están, con los morros llenos de chocolate bajo los iconos de las apps. Para comérselos, con cobertura y todo.

A esos padres que aplauden a rabiar en las funciones escolares y también a los que se las pierden y tienen que conformarse con verlas en el vídeo que otros les mandan. Incluso lo enseñan orgullosos a algún compañero de trabajo.

A esos padres a los que un diagnóstico de autismo, de diabetes, de síndrome de Down, cáncer o parálisis cerebral no los postró en la negación o el negativismo y luchan de forma constructiva y sensata por sus hijos.

A esos padres que nunca soñaron con aprender a hacer purés de verduras y ahora incluso disfrutan con ello.

A esos padres que se dejaron las cervicales aupando a sus hijos pequeños para que vieran pasar a los reyes magos, a las princesas Disney o tuvieran las nubes mas cerca de sus pequeñas cabezas.

A esos padres que han empujado el columpio y han lanzado por los aires hasta quedarse sin brazos.

A esos padres que se comen a besos a sus hijos y no dejan de repetirles “te quieros” y a los que les cuesta un mundo esas demostraciones de afecto pero no por ello les quieren menos.

A esos padres que jamás aprendieron a poner los endemoniados bodies cruzados o hacer trenzas en condiciones, pero al menos lo intentaron.

A esos padres que conservan sus libros infantiles como oro en paño, esperando el día que puedan ofrecérselos a sus hijos.

A esos padres que tienen las canciones de baby shark, huevi, vámonos en bici, Purón o para dormir a un elefante incrustadas en el cerebro.

A esos padres que quieren que pediatras y maestros también se dirijan a ellos en consultas y reuniones.

A esos padres que cargaron con el carrito del niño hasta lo alto de la torre, del castillo o del pueblito en cuesta aquel verano con cuarenta grados a la sombra.

A esos padres que perdieron a sus hijos y darían su vida sin dudarlo por recuperarlos.

A esos padres que han desafiado las piscinas y los mares más fríos para reír en el agua junto a sus niños.

A esos padres que no pueden resistirse a comprar camisetas y vestidos infantiles de AC/DC, El señor de los anillos, StarWars o Led Zeppelin a sus vástagos.

A esos padres que intentan comprender el lío de recomendaciones vacunales de la Asociación Española de Pediatría para que su hijo no se pierda una.

A esos padres que negocian en el trabajo poder ir a las jornadas de puertas abiertas y elegir un buen cole.

A esos padres que saben que el bienestar de sus hijos es más importante que cualquier rencilla, que el fin del amor, que el rencor que duele.

A esos padres que paladean imaginariamente pastelillos de barro, pizzas de plastelina y tartas de arena.

A esos padres que supieron entender que cómo les educaron a ellos no es ahora la mejor manera y se guardaron los cachetes en su pasado.

A esos padres que, cuando se equivocan, saben darse cuenta y pedir perdón.

A esos padres que construyeron un fuerte comanche, arreglan muñecas rotas, ponen pilas y recogen las piezas de Lego que han disfrutado junto a sus hijos.

A esos padres que dominan el arte de camuflar el apiretal y el dalsy.

A esos padres que empiezan a sentir complejo de taxista por andar llevando a sus niños de una extraescolar a otra.

A esos padres que dejaron volar cuando llegó el momento, sin dejar de ser viento bajo las alas de sus niños eternos.

A esos padres que no conciben ya no serlo.

A todos esos padres perfectamente imperfectos; a los que están y los que ya partieron. A todos esos que se merecen nuestro amor y reconocimiento, no solo un día sino todos los del año.

Feliz día del buen padre.

 

Imagen de la serie de animación ‘Sweetness and lightning’.

Una madre desesperada pide desde Change unidades especializadas para tratar la anorexia y la bulimia en Andalucía

Hoy solo soy el altavoz de una petición que me han hecho llegar por Twitter. La petición de Patricia Cervera desde Change solicitando nuestra firma para poder llegar al presidente de la Junta de Andalucía.

Tiene una solicitud legítima, que en Andalucía haya unidades especializadas para tratar trastornos de la alimentación como la anorexia y la bulimia que se suelen manifestar siendo muy niños.

La puso en marcha hace dos semanas y ya tiene más de doce mil firmas.

Patricia cuenta que no las hay. En ninguna en la ocho provincias andaluzas. En otras Comunidades Autónomas, por ejemplo en Madrid, sí. Hay desigualdades generadas por la transferencia de competencias que son sangrantes.

Os animo a firmar y difundir (el hashtag es #tratemoslaanorexia) esta llamada de auxilio de una madre desesperada, con la que os dejo:

Las personas que sufren anorexia, bulimia o cualquier otro trastorno alimenticio, niñas adolescentes, en su mayoría, debido a la ausencia de tratamientos adecuados de la enfermedad, siguen padeciendo el abandono del sistema público de salud, en algunas Comunidades Autónomas, como es el caso de Andalucía, dando lugar a la cronificación de la enfermedad con resultados irreversibles: grave deterioro tanto físico como mental, llegando incluso a la propia muerte, bien por suicidio, bien por fallos en órganos vitales.

Y, no afecta sólo a la salud de la persona enferma, es toda la familia la que se encuentra completamente agotada y destrozada. Estos “enfermos” desatendidos por nuestro sistema sanitario son (o pueden ser) nuestras niñas y niños, nuestros jóvenes; a quiénes se les niega el derecho a la vida, un derecho fundamental de todo ser humano.

Necesitan un tratamiento real y no “parches”, que no son más que una falsa apariencia de que “algo se hace”: así no se va a solucionar este GRAVE PROBLEMA.

(CHANGE)


Soy madre de una hija con anorexia desde los 13 años; ahora va a cumplir 21. Todos estos años las opciones de tratamiento han sido consultas ambulatorias, esporádicas, en salud mental, primero en unidades infanto-juveniles y, posteriormente, en unidades de salud mental de adultos.

Sólo y, exclusivamente, ante mi insistencia, se le ingresaba en el hospital, cuando estaba muy grave. Son batallas continuas para que la atiendan; la otra opción es dejarla morir en casa, lentamente.

No solo tienes que lidiar con la grave enfermedad de tu hija sino que además tienes que estar continuamente batallando con el propio sistema sanitario que debe proteger nuestra salud y nuestra vida.

Esta situación me ha generado un importante deterioro en mi salud y afectado a mi otro hijo. Somos una familia monoparental y mis ingresos son los únicos que entran en casa. Me he tenido que endeudar para intentar ayudar a mi hija, acudiendo a especialistas privados, porque la SANIDAD PÚBLICA no garantizaba ningún tratamiento real a mi hija.

Por desgracia, incluso yendo a profesionales privados (lo que no ha podido ser con la frecuencia necesaria por falta de medios económicos, ya que requiere un tratamiento intensivo) no funciona, porque en los casos más graves, necesitan hospitalización y atención profesional las 24 horas del día.

HACEN FALTA UNIDADES ESPECIALIZADAS EN TRASTORNOS DE LA CONDUCTA ALIMENTARIA ¡YA!. Es la única solución real para poder ayudar a estas personas que tienen toda una vida por delante.

Estas unidades ya existen en otras Comunidades Autónomas (en Castilla- La Mancha hay dos unidades para cinco provincias. En Andalucía hay ¡CERO para OCHO PROVINCIAS!. ES UNA VERGÜENZA ¡POR FAVOR! ¿Cómo pueden los políticos darle la espalda a esta realidad tan cruel?.

El Sistema Sanitario Andaluz está dejando que estas pacientes se mueran en sus casas. Lo único que existe es una pantomima. Sólo las familias que tienen mayor capacidad económica pueden acudir a centros privados “especializados”.

La enfermedad, que se ha cronificado por la desatención de nuestro sistema sanitario, tiene dos vías: poder asumir los más de 2.000 euros mensuales, que cuesta un tratamiento en un hospital de día (ineficaz para los casos más graves, ya que las noches, fines de semana, festivos, incluso puentes vuelven a casa y sirve de muy poco o nada) o dejar a estas jóvenes que se consuman poco a poco hasta su desaparición silenciosa: nadie se va a enterar; sólo una familia completamente rota por el dolor y el abandono de su hija por quienes podían y debían haber prestado la asistencia necesaria.

¡¡SON NUESTRAS NIÑAS Y NIÑOS!! ¿CÓMO SE LES PUEDE ABANDONAR DE ESA MANERA?

La docencia es una profesión de mujeres, mientras los alumnos son niños

Este martes el Ministerio de Educación y Formación Profesional, dada la cercanía del Día Internacional de la Mujer, ha facilitado una serie de datos sobre la presencia de la mujer en la profesión docente  que corresponden al curso 2016-2017 y están extraídos del informe Igualdad en cifras.

Y los dados son buenos, claro. Sobre todo si te quedas con el  número total que dice que el 66,5% de todo el profesorado es mujer. Una mayoría notable que es fácil explicarse. El oficio de maestra es uno de los primeros que las mujeres pudieron ejercer. La razón es obvia, suponía lidiar con niños y los niños eran (son aún para demasiados) cosa de mujeres. Tal vez por eso el oficio de enseñar deja de ser femenino cuando miramos a la universidad, a la que ya atienden adultos.

Esa media del 66,5% tiene trampa. Ya sabéis lo que dicen de las medias, que si tú te comes un pollo entero y yo me quedo escuchando el sonar de mis tripas, sobre el papel ambos nos hemos comido medio pollo.

Si bajamos un poco más al detalle, y debemos hacerlo, nos encontramos con que en Educación Infantil el 96,7% del profesorado es mujer. ¡El 96,7%!. Apenas hay hombres con nuestros niños de hasta seis años. Y lo malo es que muchos quieren que siga así porque no se fían de tener a hombres junto a niños pequeños. En este blog he preguntado en el pasado a los lectores si querrían a un hombre cuidando a sus hijos  y demasiadas respuestas se negaban, no se fiaban de ellos. Conozco algún que otro maestro en Infantil magnífico que ha tenido que luchar contra mucho prejuicio.

Víctor Giménez Bertomeu es Sociólogo y profesor del Departamento de Trabajo Social en la Universidad de Alicante y explica que “en principio, el hecho de ser hombre no es un impedimento para hacerse un hueco en el mundo de la educación infantil, pero sí“. “Un varón que tenga especial interés por los niños puede ser en principio sospechoso, porque en una sociedad que todavía tiene un carácter patriarcal esto está fuera de la norma, y lo que no se ajusta a la norma suele levantar sospechas. Si un hombre quiere cuidar y educar menores se cree que hay algo oculto porque se sale de lo común, y muchas veces se tiende a pensar que detrás hay un interés sexual o de otro tipo”, añade el sociólogo.

Como ya dije entonces, pesa sobre los hombres una sombra de sospecha permanente que va siendo siglo de erradicar. Debería sobrar decir que no es cierto que todos los hombres solo tengan el sexo en la cabeza y sean incapaces de retener sus bajos instintos, igual que no es verdad que las mujeres tengan menor deseo sexual que ellos. Esas ideas preconcebidas y herederas de los tiempos del miedo al embarazo, a la pérdida del honor, son del todo absurdas.

Sigamos con el tema.

Si miramos en cambio a la educación universitaria, apenas el 41,3% son mujeres. Una minoría aún más flagrantes si se observan los puestos de mando, los rectores y decanos de las facultades.  Lo dicho, a la universidad van adultos y se enseñan cosas más serias (ejem), así que las mujeres pasan a ser minoría pese a haber más universitarias que universitarios, pese a que el abandono escolar femenino es menor que el masculino.

En Educación Especial, esa educación a la que acude mi hijo mayor con autismo, el porcentaje de mujeres es del 81,7%.

(GTRES)

Pasa lo mismo con los puestos de dirección. En enseñanzas no universitarias, el 65% de los puestos de dirección los ocupan mujeres, 15 puntos porcentuales más que hace 10 años lo que se traduce en un saludable avance. Pero si miramos los puestos de dirección en centros de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachillerato y Formación Profesional la cosa se reduce bastante: 38,4%, 47,4% y 51,4%  respectivamente. De nuevo las mujeres enseñando (o dirigiendo) a los más pequeños.

En la universidad el panorama es desolador. Solo cuatro de los cincuenta campus públicos y siete de los veintiséis privados contaban con mujeres (datos de marzo de 2018).

Para terminar os dejo lo expuesto en gráficos, para que tengáis la foto completa y podáis extraer vuestras propias conclusiones, empezando por el que muestra el porcentaje y distribución del profesorado por sexo y tipo de enseñanza:

Porcentaje de mujeres en los equipos directivos de los centros de enseñanzas de régimen general no universitarias por tipo de centro y cargo:

Profesorado de enseñanzas no universitarias por sexo y edad.

Profesorado no universitario por sexo y tipo de centro:

 

 

Un par de gráficos sobre las enseñanzas universitarias:

Distribución del profesorado en universidades públicas por rama de conocimiento:

 

Evolución del profesorado de educación universitaria.

Los padres no deberíamos dejar que maravillas como ‘Cantando bajo la lluvia’ desaparezcan para nuestros hijos

Antes, en muchos, casos, veíamos esas obras de arte porque no había otra. Solo había un par de canales. Si querrías tele, te tragabas lo que había. Y lo que había, hay que dar gracias por ello, eran con frecuencia maravillas como La diligencia, Rebeca, El largo y cálido verano, Cantando bajo la lluvia, Capitanes intrépidos, La reina de África, La ventana indiscreta, Vacaciones en aroma, Mogambo, La fiera de mi niña, La gata sobre el tejado de zinc, Lo que el viento se llevó, Ben-hur, Historias de Filadelfia, ¡Qué bello es vivir! o Desayuno con diamantes.

Seguro que los que me leéis teniendo más de 40 años habéis visto muchas, si no todas. Podría seguir largo rato acumulando títulos. Son películas que me marcaron, historias que recuerdo con cariño y que he visto de nuevo siempre que he tenido la oportunidad. Solo con mencionarlas me apetece visionarlas de nuevo.

Una de ellas es Cantando bajo la lluvia, sin duda entre mis diez títulos favoritos de todos los tiempos. Tierna, inteligente y divertida. Una lección además sobre la historia del cine envuelta en la historia del cine misma. Han pasado por ella casi 70 años sin que haya perdido un ápice de frescura. La vi con mi hija cuando tenía unos siete años y la disfruto, seguro que la volveremos a ver en un futuro.

Un regalo para todo el mundo de Stanley Donen, que se rodeó de un talento excepcional, empezando por un Gene Kelly perfecto y terminando por el que apretaba la serie bombillas. Donen, que ha muerto dejando un legado artístico de un valor extraordinario, porque también fueron suyas joyas como Siete novias para siete hermanos o Charada.

Sería una enorme lástima que películas así quedaran en el olvido de la mayoría de la mano de un exceso de oferta audiovisual que empaña la historia cinéfila. Todo debería ser compatible. Lo nuevo y lo mejor de lo de antaño.

Creo que es nuestra responsabilidad como padres presentarles esas películas. Cuando veamos que procede, las que procedan. No hay que forzar, no hay que pretender que todo guste, pero al menos debemos ofrecer aquello que sabemos que merece la pena, que emociona, hace reflexionar y disfrutar. Y que forma parte ya de la cultura universal.

Que accedan a esa cultura gracias a nosotros, también es educar.

Decir o no a los demás que tu hijo tiene síndrome de Asperger (o que lo tienes tú)

En el pasado ya he escrito del asperger, tanto otros 18 de febrero como en días sin significación especial. Os he contado que las personas con asperger no están enfermas, no son todos genios ni son agresivos (y no son Sheldon Cooper), cedí la palabra a un joven con asperger que quiso agradecer a sus maestros su apoyo, he intentado aclarar algunos mitos del síndrome de Asperger en la celebración de su día internacional de 2013, os he contado cómo obraría ante una persona con Asperger y recomendado ‘Luis el maquinista’, un cuento para entender este síndrome y también os hablé de ‘El rastro brillante del caracol’, una novela juvenil cuyo héroe protagonista tiene asperger (y que sirve para estar en guardia ante pederastas), y del libro ‘Mírame a los ojos. Mi vida con síndrome de Asperger’ de John Elder Robison, que afirmó algo que dirían muchas personas con este trastorno: “No quiero ser un genio, un rarito ni algo que exhibir”.

Hoy, 18 de febrero, voy a hacerlo de nuevo.

El síndrome de Asperger es muy frecuente, más de lo que parece. Afecta a entre tres y cinco personas de cada mil. No solo niños, también adultos. Y no solo varones, también mujeres. Personas distintas, individuos únicos con diferentes personalidades y gustos. Voy a insistir de nuevo en que desterremos la imagen de Sheldon Cooper (o, más recientemente, de The Good Doctor o Atípico).

Con frecuencia es invisible. En no pocas ocasiones incluso para la persona que lo tiene, al que cuando se le da al fin una explicación de lo que le sucede, se le suele liberar y hacer más feliz. En muchas es invisible para los demás. No decimos lo que nos pasa o lo que les pasa a nuestros hijos. ¿Cómo hacerlo? ¿Sabré hacer entender algo tan complejo, algo que tal vez no entienda del todo ni yo? ¿Y si decirlo se traduce en tener un estigma de por vida, en que te miren y te traten distinto? No queremos etiquetas que luego serán imposibles de quitar, que tal vez te afecten negativamente. Tal vez sea mejor pasar por ser un tanto especiales y ya está. Es imposible no temer al acoso escolar, a que acabe aislado, peligros reales y demasiado frecuentes para las personas con asperger ante los que es complicado saber de antemano cuál es el mejor paso a dar.

Completamente comprensible. Igualmente respetable.

Mi hijo tiene autismo, pero en mi caso decirlo es casi obligado. Está muy afectado y es obvio que le pasa algo. No sé qué haría si lo que tuviera fuera un asperger que no le impide hablar, cursar los estudios que le corresponden y participar en todas nuestras actividades familiares. Puede que solo lo dijera en nuestro círculo más íntimo hasta que alcanzara la edad en la que él decidiera qué hacer. Imposible saberlo.

No obstante, quiero creer que contaría con naturalidad lo que le pasa a mi hijo. No me refiero a ir dando explicaciones por delante al primero que pasa, pero sí a una mayoría de los que se relacionan con él. Quiero creer que no lo escondería, que hablaría de manera positiva de su condición intentando así divulgar sobre este trastorno sobre el que hay tantas ideas preconcebidas y equivocadas. Prejuicios que como más eficazmente se combaten es así, siendo visible, normalizando, explicando, peleando para que se mire a la persona antes que al diagnóstico y que se conozcan las necesidades y reivindicaciones del colectivo y de sus individuos.

Tal vez me equivocase, tal vez obrando así le procurase infelicidad. Pero ya lo he dicho en el pasado respecto al autismo y creo que es extrapolable al asperger: difícilmente se va a poder reivindicar nada si no se nos ve, si seguimos siendo invisibles. Creo que la visibilización es necesaria, por los demás, pero también por uno mismo. ¿Cómo va a ser uno feliz fingiendo ser quién no es, esforzándose por dar una imagen que no se corresponde con la realidad?

También me repito si os digo que entiendo que es algo muy delicado y no seré yo la que diga lo que otros deben hacer. No es un camino fácil, no está bien iluminado y es un proceso muy personal, que cada cual debe decidir cómo y cuándo recorrer.

¿Qué habéis hecho vosotros? ¿Qué haríais vosotros?

(GTRES)

¿Cómo no cuidar a los que quieres?

¿Cómo no cuidar a los que quieres? Hay que hacerlo. Por obligación y, sobre todo, por amor. Hay que hacerlo y a veces también hay que pagar y supervisar para que lo hagan otros.

En España se hace más que se paga y lo hacen sobre todo las mujeres, las que tienen ya cierta edad. A sus espaldas cargan con la responsabilidad de nuestros niños, ancianos, enfermos y familiares con discapacidad. Las educaron para ello. Muchas no salieron a un mundo laboral remunerado o lo hicieron por poco tiempo. Sus familias las necesitaban y ellas se dieron, se siguen dando.

Cuidan asumiendo muchos costes personales. Cuidar no es gratis, aunque con frecuencia lo sea. Pero que sea ellas las que cuiden no es algo sostenible por imposición demográfica.

Cuidar también debe ser y (menos mal) va siendo cada vez más asunto de hombres y jóvenes. Universitarios que dan de cenar a sus abuelos. Abuelos que llevan a sus nietos de una extra escolar a otra. Hombres y mujeres en la edad de entregarse a su trabajo que a lo que se entregan es al bienestar de los que tienen por arriba y por abajo.

Cuidar es responsabilidad de todos y debe serlo cada vez más.

Y necesitamos que el Estado también lo asuma como una prioridad, aunque no lo haga por amor.

(GTRES)

Carta a mi hija de nueve años, por la muerte de nuestra perra

Has llorado mucho. Lo sé. Lloraste hace varias semanas, cuando viste que los fuerzas comenzaban a fallarle. “Es que Troya está muy mayor y pronto se va a morir”, me dijiste cuando te pregunté que pasaba. Tienes ya nueve años y no te quise mentir. No digo que no haya mentiras que puedan consolar, pero suele ser mejor encarar la realidad, llorar y reunir de nuevo fuerzas para seguir caminando. “Es verdad, pero de momento está aquí con nosotros, disfruta de ella y no lo pienses demasiado”.

Hace dos fines de semanas, cuando decidió que su cuerpo ya estaba demasiado gastado, que quería dar por finalizada su historia con nosotros y dejó de comer, volviste a llorar en varias ocasiones. Lloraste al ver que ya apenas era capaz de levantarse. Lo hiciste desconsoladamente la noche previa a que viniera el veterinario, cuando te dije que el lunes la ayudaríamos a partir. Esa mañana fuiste al colegio, tras despedirte de ella, entre lágrimas.

Llorar es bueno, llorar sana. No te guardes las lágrimas cuando quieran salir. Las lágrimas nos ayudan a limpiar nuestro dolor, a conciliar el sueño y seguir adelante.

Han pasado exactamente dos semanas y ya no lloras, pero sé que aun te duele. Procuro no recordártela, pero tú te acuerdas.

No te he consolado hablándote de un cielo de los perros. Tampoco aquí quise mentirte. Te he repetido la verdad. Todos vamos a morir, nadie escapa a la muerte. Esa sí que es una verdad incuestionable. Si todos tenemos que irnos, no hay mejor manera de que suceda que tras una vida larga y buena y rodeados del cariño de los nuestros. Siendo así, incluso es motivo para alegrarse si lo piensas bien, Troya tuvo una vida muy larga, diecinueve años son muchos en un perro. Se marchó cuando ella quiso, sin dolores y acompañada. Ha tenido mucha suerte.

Te he recordado que quienes queremos compartir nuestra vida con animales tenemos que estar dispuestos a pasar este peaje cada cierto tiempo. Ellos viven menos que nosotros. Por mucho que duela el final, todos los buenos ratos anteriores nos compensan.

Sé que me has entendido. Sé que ha calado. Sé que has aprendido. Ojalá pudiera evitarte todo tipo de dolor, ojalá tuviera en mi mano procurarte un camino en el que únicamente existiera la felicidad.

No es posible y, si te soy sincera, tampoco creo que sea deseable.

Atesórala en tu corazón, que no hay mejor lugar para ella. Crece sin olvidarla como sé que lo harás. Y sigue amando sin miedo a la pérdida, porque el miedo jamás debe marcar nuestro camino.

Jaime en tuits para despedir el año

Hay en potencia infinidad de maneras de despedir el año cuando tienes un blog. Los balances y los nuevos propósitos en distintos formatos es lo más habitual. En mi caso, este año, he decidido recoger una serie de tuits, aunque ya veréis que la cronología es aleatoria y poco equilibrada.

En todos ellos mi hijo Jaime, que tiene autismo y un elevado grado de dependencia, es el protagonista. Lo hago porque se lo merece, porque le quiero y porque me gustaría que así le conocierais un poco mejor y cuando os encontréis ante vosotros a una persona con autismo o con discapacidad recordéis que merece la pena conocerlos, que cada de uno de ellos es único y que compartir nuestra vida con una persona así no es (o no tiene por qué ser) recorrer un valle de lágrimas ni mucho menos.

Feliz año nuevo lleno de descubrimientos.

Prefiero que nuestros chavales escuchen k-pop a reggaeton, ¿y vosotros?

Hoy el pop coreano, el k-pop, es protagonista de una página en la edición impresa de 20minutos y de dos temas en la versión online que ha elaborado mi compañera Inés López.


Hace ya bastante que llevo percibiendo la creciente presencia de esta música entre los jóvenes españoles. A poco que despliegues la antena, puedes encontrarla en las redes sociales, en eventos, en tendencias estéticas de nuestros adolescentes, en el cine, cada vez mas en los medios de comunicación.

El grupo de K-Pop GOT7

Cuando los que ya somos mayores hablamos de la música que los chavales escuchan hoy día, solemos generalizar invocando al reggaeton, como si nuestros chicos no cantaran y bailaran otros ritmos. Y lo hacen. Los hay que le dan a los cantautores españoles, los que bucean en lo que sonaba en décadas anteriores y también en este pop coreano de cuidadas y espectaculares coreografías. La diversidad es mayor de lo que pensamos.

Y oye, si tengo que elegir entre que mis hijos oigan, cuando sean algo más mayores, el k-pop o el reggaeton, os aseguro que prefiero el pop coreano, pero de aquí hasta Seúl.

Recuerdo hace unos días a otra compañera publicando este tuit:

¿Quién es Bad Bunny? Me pregunté. Y para explicármelo me pasaron este vídeo:

No agunté ni treinta segundos antes de cerrarlo.

Que vale, que el reggaeton (o el trap) es mucho más que el sambenito que le persigue de objetivizar a la mujer, de letras machistas, de aportar poco o nada. Pero es un sambenito que se han ganado a pulso. Casi todo lo que yo veo va en esa línea, poco he encontrado salvable, como Calle 13 que es realmente otra historia.

En el k-pop veo mucho color, mucho baile, mucha postproducción y nada lesivo. Probando a ver algunos vídeos, me he descubierto a mí misma fascinada viendo esas coreografías imposibles y esa música diseñada con precisión matemática. Un tipo de música en la que no veo hipersexualización o el uso de la mujer como un objeto y que cuenta además con un mensaje de tolerancia a la diversidad magnífico. Qué cada cual ame a quién quiera y se sienta cómo desee, más allá de etiquetas y géneros.

Si el reggaeton perpetúa y magnifica los peores roles de género con demasiada frecuencia, el k-pop diluye estos límites como en una acuarela.

No sé qué opinaréis vosotros, pero yo lo tengo claro. Igual que sé que la música que sigues con adoración cuando eres adolescente te cala hasta el tuétano.


Aunque soy bien consciente de que va a dar igual lo que yo prefiera. Y bien está que así sea.

Tengo claro que mis padres hubieran preferido que escuchase otra música cuando con catorce años yo pedía insistentemente que sonara la cassette de Madonna o Roxette en el coche rumbo a Asturias o con dieciocho años iba con el walkman a todas partes con Green day, Offspring, Nirvana o PUSA.

#GirlsGonna, distintas actividades y un taller gratuitos para acercar a las niñas a la tecnología

Este lunes hemos publicado una entrevista con Cristina Aranda, que entre muchas otras cosas es cofundadora de Mujeres Tech, la unión de personas con talento quieran ver más mujeres en el sector digital, porque hay una brecha de género indudable en el sector de la ciencia y la tecnología, vinculado a los estereotipos de género, que es vital combatir.

(GTRES)

Os recomiendo leer la entrevista y también fichar esta web para poder participar en sus distintas actividades. Yo pretendo acercarme a uno de sus talleres con Julia en cuanto haya y pueda. Pero de lo que quería hablar hoy es de una nueva iniciativa que Mujeres Tech lanzó el pasado 10 de diciembre.Se llama #GirlsGonna y merece la pena que si tenemos niños cerca, ya sea porque somos padres, entregados tíos o profesores, le echemos un vistazo a fondo.

En #girlsgonna queremos vencer los prejuicios de género asociados a la tecnología y demostrar que no existen profesiones de “chicas” ni profesiones de “chicos”. Para ello en esta plataforma descubrirás qué es la ciencia, explorarás las matemáticas, aprenderás qué es la ingeniería, disfrutarás de la tecnología y crearás tu propio arte. Todo ello a través de las tecnologías creativas. Para que expreses tus ideas, desarrolles tus habilidades y seas dueña de tu conocimiento.

El lanzamiento de la iniciativa #girlsgonna, que combina el expertise de everis en el ámbito STEAM con la experiencia de MTech en educación en tecnología con perspectiva de género; incluye por primera vez un toolkit dirigido a padres, madres, tutores y tutoras que estén interesados en entender cómo afectan sus sesgos inconscientes y prejuicios de género en el despertar de aspiraciones científico-técnicas en las niñas. Asimismo, se trabajará junto con la comunidad educativa para que los profesores y profesoras conozcan los recursos disponibles en la plataforma online y puedan introducir, a través de las tecnologías creativas, la historia de mujeres relevantes en el ámbito de la ciencia y la tecnología.

“Los sesgos y prejuicios de género asociados a la tecnología y al sector digital son la principal causa de la brecha digital de género. Queremos ir al origen del problema ayudando a las personas adultas a tomar conciencia del impacto que tienen nuestros prejuicios y sesgos de género en las niñas y niños. Tenemos que ayudar a las niñas y a los niños a que sean capaces de expresar sus ideas con libertad y desarrollar todas sus habilidades y potencial. No debemos ponerles límites a través de nuestros prejuicios”, afirma Sara Alvarellos, líder del área de Innovación de everis.

“En la actualidad hay más de 900.000 puestos de trabajo en el mundo STEAM y solo el 20% está cubierto por mujeres, por lo que entre todos y todas debemos de trabajar para romper la brecha de género que existe en este sector”, explica Cristina Aranda, presidenta de la asociación Mtech.

¿Qué vamos a encontrar ahí?.  Por una parte, el material para organizar tu propio taller, simplemente solicitándolo con un formulario en el que solo hay que dar un correo electrónico y un nombre para recibir un toolkit que incluye:

  • Los prejuicios de género más extendidos en el mundo de la tecnología y cómo combatirlos.
  • La guía completa para realizar un taller #girlsgonna con tecnologías creativas centrado en la figura de Margaret Hamilton.
  • Check list de cosas que hacer antes de realizar un evento.
  • Recopilación de bibliografía y recursos para profundizar y trabajar la perspectiva de género en el ámbito formal y no formal.
  • Recursos creativos para personalizar tus eventos #girlsgonna: plantilla PPT, pósters para el evento, imágenes para redes sociales…

También distintas actividades:

  • Tu aventura interactiva. Crea tu propia aventura, elige qué les va a suceder a tus protagonistas y qué final tendrá la historia, a partir de 11 años.
  • Pon a bailar a tu mascota. En esta actividad vamos a elegir a nuestra mascota preferida y le enseñaremos a bailar cuando escuche sonidos del exterior, a través del micrófono. A partir de ocho años.
  • Tu almacén de sonidos. ¿Eres una persona que pone su propia banda sonora a todo lo que hace? ¿Te caracterizas por que todas tus acciones y las de tus amigas y amigos van acompañadas de sonidos creados por ti? A partir de 11 años.
  • Robot Artista. Picasso, Van Gogh o Frida Kahlo crearon grandes obras de arte y hoy son unas celebridades en el mundo de la pintura pero, ¿conoces algún robot que pinte cuadros? En esta actividad crearás tu propio robot artista. A partir de ocho años.
  • Equipa tu laboratorio. Se ha creado una plaga de virus en el laboratorio pero no tenemos los elementos necesarios para acabar con ella. Diseña en scratch un videojuego con el que terminar con la plaga. A partir de 8 años.
  • Tu nombre en 3D.Fabrica tu nombre en 3D con Tinkercad y úsalo donde quieras. Podrás crear un adorno para poner en la estantería de tu habitación y ¡hasta en tu mochila. A partir de 8 años.