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‘Cachito’, un cuento que habla del amor de su autor por sus dos hijos y de la necesidad de visibilizar la discapacidad infantil

Mike Bonales es dibujante, ilustrador y autor de cómics. Es conocido sobre todo por Conejo Frustrado y Polo Sur. También es padre reciente de dos niños. El mayor se llama Iván y el pequeño Óscar, que tiene discapacidad.

Cachito es el cuento que Mike ha creado por amor a ambos. Un regalo para sus hijos, para entender y entenderse, que es un regalo también para todos, por lo que va a hacer para visibilizar la discapacidad infantil y porque este cuento es también un abrazo para todos aquellos que hayan pasado por la experiencia de tener un hijo, un nieto, un sobrino o un hermano que ha empezado su vida peleando, igual que el pequeño Óscar.

Mike lanzó hace apenas un par de semanas este cuento en Verkami y el éxito ha sido arrollador. A los pocos días había logrado su objetivo inicial y sigue sumando mecenas. Hace varios años que numerosos proyectos, como Cachito, que rebosan calidad naciendo mediante estos sistemas de crowdfunding o micromecenazgo.

¿Por qué has decidido publicarlo mediante crowdfunding?
Porque se trataba de un proyecto muy personal. Quería tener la libertad de crear una obra totalmente mía, de mi familia. Es complicado, a priori, encontrar una editorial que publique una obra tan personal y concreta.

El protagonista de tu cuento es Óscar. ¿Cómo es tu hijo? ¿Cómo es el óscar del cuento?
Cuando escribí el cuento, Óscar tenía un año. Ahora tiene dos, y ha avanzado en muchos aspectos. En el cuento hablo del esfuerzo que tiene que hacer para superar obstáculos que para los demás son sencillos. Hoy está superando nuevos obstáculos, pero la idea sigue
siendo la misma.

¿Cuál es el objetivo del cuento? ¿Qué te gustaría que los mecenas se llevaran al leerlo o leérselo a sus hijos?
Escribí el cuento pensando en mis hijos. Primero, para que Iván, mi hijo mayor, entendiera mejor qué le ocurre a su hermano, por qué se comporta de esa manera, por qué le prestamos tanta atención y por qué va a terapia, al hospital con frecuencia, etc… Segundo, para que cuando Óscar sea más mayor, entienda por qué a él le cuesta más que a otros niños hacer ciertas tareas. Y tercero, para que muchos padres y madres comprendan que, aunque caigas, puedes volver a levantarte y ver la belleza en lugares que pensabas que eran oscuros y aterradores.

Te he escuchado decir que es un cuento pensado para que el hermano mayor de Óscar entienda lo que le pasa a su hermano. ¿Cómo es su relación?
Digamos que es una relación complicada. Iván siente celos de Óscar, como cualquier hermano mayor, pero además tiene que lidiar con un niño que actúa de una forma diferente a otros niños. Muchas veces no sabe cómo actuar con él porque la comunicación es difícil.

Menuda mochila llevan los padres en el cuento… 🙂
¡Jajajaja! Sí, es a propósito. La mochila que llevan simboliza las responsabilidades, compromisos, preocupaciones y problemas que tenemos en nuestra vida diaria. La mayoría de las veces esa mochila lleva más peso del necesario. Lleva cosas que no son tan importantes.

Los médicos son magos y las enfermeras hadas. ¿Por qué esa ambientación fantástica?
Porque no quería hacer un cuento de hospitales, quirófanos, salas de espera… Quería hacer una aventura, una historia que guste a todos los niños y padres que lo lean, pero que mantenga el mensaje que quiero dar. El mago es el cirujano, las hadas son enfermeras, fisioterapeutas, psicólogas… todos los profesionales que trabajan con Óscar y que consiguen avances increíbles, casi mágicos.

Has dicho que habrá más cuentos. ¿Tienes alguna idea ya en mente?
Tengo más ideas, pero sobre temas más genéricos. He leído muchos cuentos a mis hijos y creo que puedo aportar algo divertido y original.

La Navidad no está tan lejos, si tuvieras que hacer una carta a los Reyes Magos con tus tres deseos para los niños con discapacidad, ¿cuáles serían?
Atención temprana y terapias cubiertas por la seguridad social el tiempo que sea necesario. Más apoyo en los colegios para que los niños puedan integrarse con otros niños sin discapacidad. Y mucha más visibilidad y concienciación: que la diversidad se convierta en la norma, no en la excepción.

¿Y para tu hijo?
Que siga aprendiendo, que mejore en su comunicación y que no vuelva a tener más crisis epilépticas.

La discapacidad infantil es más común de lo que parece, pero al mismo tiempo muy desconocida. ¿Por qué? ¿Tal vez preferimos mirar a otro lado? ¿Tal vez es demasiado diversa?
Porque no se le da visibilidad. Cuando te encuentras en esta situación descubres que hay muchos, muchísimos casos similares al tuyo. Por eso creo que es importante la integración en colegios (siempre en los casos que sea viable), para que se normalice la convivencia con personas con diversidad funcional. Eso sí, me parece que es imprescindible que, tal y como está la situación hoy en día con respecto a la integración, se mantengan los colegios de educación especial, porque es muchos casos son mucho mejores para el niño que los colegios tradicionales. Tenemos que tender siempre a la integración, pero cerrar los centros de educación especial sería, a día de hoy, un grave error.

¿Nos estamos pasando de frenada con tanto libro sobre mujeres excepcionales?

La pasada semana llegó a mis manos un libro de esos que llama la atención, editado con mimo y bellamente ilustrado. Se titula Ellas cuentan, cincuenta mujeres y niñas que cambiaron el mundo y es obra de Katherine Halligan y Sarah Walsh.

Muy bonito, sí. Solo se podría poner un par de peros. Uno es su gran formato, que hace que sea más vistoso, más ‘regalable’, pero que tal vez sea demasiado porque lo hace menos manejable para los niños. Otro es que embellece en exceso las historias de las cincuenta mujeres que recoge. Por ejemplo, cuando narra la vida de Juana de Arco parece un cuento de hadas. No hay oscuros, solo claros. No pido que se sea cruento, pero sí más sincero. Una hagiografía aporta menos que un relato real. Los niños, los que tienen edad para acercarse a estos libros, tienen capacidad para entenderlo y resulta más enriquecedor. Este segundo inconveniente no es exclusivo de este libro sobre mujeres excepcionales en concreto.

Y tal vez otro. Que llega cuando llevamos ya varios años recibiendo propuestas editoriales con distintas aproximaciones pero que pivotan todas precisamente en ese darnos a conocer a mujeres que aportaron o aportan valor a esta sociedad.

Son muchos, tantos que hace pensar si es realmente preciso disponer de más. Como recurso pedagógico no lo parece, como estrategia comercial tal vez sí tenga sentido.

Son valiosos y necesarios. Pero son muchos. Probablemente demasiados. Hemos pasado de la nada a la abundancia en muy poco tiempo.


Y hay otra reflexión engarzada.

No creo ser sospechosa de regatear con el feminismo o no apoyar la visibilización de las mujeres, lo importante de poner en valor tantos y tantos nombres desconocidos o escondidos, pero hay que saber hacerlo bien.

Cuando llegó a mis manos este libro recordé a dos amigas, dos madres estupendas, sensibles, defensoras de los derechos de la mujer y de poner en valor y en conocimiento de sus hijos los nombres que estos volúmenes albergan.

Una de ellas me contaba no hace mucho que su hijo más pequeño le soltó en una ocasión: “Como los niños lo hacemos todo mal…”. Algo antes la otra, madre de dos varones, me había contado una experiencia similar de uno de sus hijos, que siendo chico sentía que le vendían a los hombres como los malos de la película.

Si poniendo en valor a las mujeres, si rescatándolas como merecen, hay niños que sienten que encerramos en la oscuridad a los hombres o los hacemos los villanos de la historia, es que lo estamos haciendo mal.

Tal vez nos estamos pasando de frenada no solo en la sobreabundancia de títulos sobre mujeres, también (y me preocupa más) en cómo les estamos dando protagonismo.

No puede ser que leamos cinco veces sobre Malala o Clara Campoamor y que no lo hagamos nunca sobre Turing o Darwin. Puede que no sea fácil, pero visibilizar a las mujeres no nos puede hacer perder la labor de tantos hombres que fue buena y valiosa para la sociedad y que transmitimos un mensaje sesgado o acentuemos la existencia de dos bandos enfrentados.

Bien sé que este riesgo solo viene dado en las familias más concienciadas, en las que menos lo necesitan. Hay muchas otras en las que este exceso no se aprecia, muchos hogares en los que estos libros sobre mujeres no han entrado por desconocimiento o a conciencia.

Pero es un riesgo real que tener presente y combatir. ¿No creéis?

‘Clara y las sombras’, un canto a la empatía, a esquivar prejuicios, un cuento que emociona

Clara y las sombras es un cuento extraordinario. Cuesta decir que sea el mejor que ha publicado su autora hasta la fecha, porque todas las obras de María José Rodríguez (Galgui,Un amigo Diferente, Elefante y Miguel y Chiquitina) tienen un gran valor de una u otra manera.

Cuesta decirlo pero me siento inclinada a hacerlo, porque creo que es el más poético en fondo y forma. También es el que más capacidad tiene de conmover a lo largo de un recorrido cristalino, en el que no sobra ni falta nada y te envuelven como en un abrazo las preciosas ilustraciones de Clara Luna Rodríguez, en las que el azul es una constante.

Es imposible no emocionarse acompañando página a página a la pequeña Clara, que es capaz de ver en las sombras de las personas lo que realmente encierra su corazón.

Hay personas que no son lo que parecen, personas que son más de lo que parecen, personas que encierran un valor insospechado, que aportan o pueden aportar mucho más de lo que resulta obvio a simple vista.

Los hay malvados, por supuesto. Clara también puede ver la oscuridad de algunas sombras, que son las menos.

Las más son las otras, las que deberíamos aprender a mirar sin prejuicios.

Porque Clara y las sombras va de eso, de entender que no se puede juzgar a vuelapluma, que todos los seres humanos son poliédricos y valiosos.

Y va también de que podemos ser como soñemos.


Podéis encontrar Clara y las sombras en Verkami acompañado de un montón de recompensas. Sin más, os dejo con una breve entrevista a su autora, María José Rodríguez, una mujer que es científica, maestra, madre y solidaria.

¿De dónde nació el deseo de crear Clara y las sombras?
De que me molestaba que me clasificaran a mí o a personas queridas en un grupo u otro sólo por una característica. No me gustan las generalidades, me parecen tremendamente injustas. Y lo he visto hacer con niños: “Éste sólo va a llegar a segurata”. ¿Te puedes imaginar el efecto que puede tener que una madre o una profesora le diga a su hijo de nueve años esto?

Hay gente que generaliza sin querer, sin mala fe, por costumbre. Clara y las sombras está escrito para intentar que esa costumbre no se asiente desde la infancia.

Hay gente que generaliza a sabiendas y que no quieren ni oír hablar de las cualidades que puede tener el otro, aunque opine diferente a ti. Esa actitud no mejora la convivencia ni el acercamiento entre nosotros, y te hace perderte personas que podrían perfectamente contribuir a tu felicidad, aunque no opinéis lo mismo o no creáis en lo mismo. Ojalá Clara y las sombras les dé un motivo para reflexionar.

¿Qué es lo que querías transmitir con este cuento?
Que las personas somos mucho más de lo que vemos por fuera, y que en la mayoría de los casos merece la pena conocer a las personas más en profundidad. Y que los niños no deben dejarse nunca clasificar, deben protestar alto y claro si alguien lo intenta y deben saber que tienen el potencial para ser lo que quieran, y que pueden ser varias cosas a la vez.

¿Cuánto tiempo ha llevado el proceso de creación?
La idea me llegó de repente, la encontré bonita y la apunté. Cuando por fin pude ponerme a trabajar en ella, tardé unas tres semanas en escribir el primer borrador, que luego pulí algo más, poco a poco. Le pasé el texto a Clara y ella fue haciendo ilustraciones compaginándolas con sus otros encargos. Creo que fueron en total unos dos años.

¿Se llama Clara por su ilustradora?
No, la protagonista se llama Clara en contraposición a la idea de “sombras”, y por su capacidad de “aclarar” lo que esas sombras tienen que decir, de sacar a la luz aquello que estaba escondido. Si hay espacio para un pequeño detalle curioso, creo que ese cuento reapareció el momento oportuno, de haber intentado sacarlo antes quizás no habría tenido tanto sentido. Lo digo porque escribí el primer boceto antes de conocer a Clara. Así que la idea permaneció en un cajón varios años, apuntada en una hoja de papel minúscula, hasta que reencontré aquella hoja de papel pequeñísima y arrugada de casualidad. Para entonces Clara y yo ya habíamos editado Chiquitina, y decidí que era el momento de tratar de hacer esa idea realidad y que debía ser Clara su ilustradora. Porque las ilustraciones de Clara me gustaban muchísimo, porque trabajábamos muy bien juntas y porque me hacía gracia que se llamara igual que la protagonista. (risas) Además creo que lo que trata de contar Clara y las Sombras es ahora muy necesario, más de lo que era hace unos años.

Cuéntame un poco cómo trabajáis juntas, cómo os coordinais.
Pues es bastante sencillo: hablamos por teléfono, por mail y por whatsapp. Yo le dejo total libertad creativa, ella escucha mis ideas sobre algunas ilustraciones en las que quiero que haya alguna idea o elemento concreto, y hace bocetos. Me manda esos bocetos por mail y hablamos sobre ellos. Generalmente no hay mucho cambio, porque Clara le da una profundidad especial a las ilustraciones que enriquece el texto y a mí me encanta y me sorprende. Nos reunimos en persona pocas veces. Nos entendemos muy bien y no nos hace falta reunirnos mucho.

Me consta que algunas personas que aparecen en sus páginas existen, ¿es así con todas?
No todas las personas o animales que aparecen son reales, pero sí representan a personas con las que me he cruzado en un momento u otro. Es decir, que yo no hablo en teoría, sino que sé de lo que estoy hablando. No soy muy extrovertida y no soy de las que inician una conversación primero. Prefiero callarme y observar antes de decidir si quiero relajarme y abrirme a otra persona o no. Así que en realidad intento hacer como Clara: intento leer en las sombras de los demás. Eso me ha ayudado a descubrir gente extraordinaria, estén de acuerdo conmigo en temas importantes para mí o no.

¿Tienes algún otro proyecto en marcha?
Sí, y queremos que salga el año que viene. Se titula Sólo Palabras. La ilustradora es Marta Chicote y este cuento está creciendo con nosotras desde hace varios años, así que será un cuento vivo y muy especial. Hemos vividos muchas cosas con este cuento a nuestro lado, como nexo de unión. Y además es el primer cuento que escribí, ¡el primero de todos!, y la idea original no es sólo mía, sino también de mi esposo, Rafael Fortún. Una de las primeras cosas que hicimos al empezar a salir fue presentarnos a un concurso de cuentos escribiendo juntos el primer borrador de Sólo Palabras. Y tengo muchas ganas de hacerlo realidad por fin

Los lectores y autores de literatura infantil y juvenil merecen todo el respeto

Es una constante que las reflexiones del escritor, maestro y dramaturgo Nando López son muy necesarias. Sobre educación, sobre igualdad y sobre cultura es una de esas personas a las que si no se las puede llamar referentes, desde luego deberían serlo.

Este viernes me encontré con otro de esos valiosos hilos suyos, que me tocó especialmente, porque habla de literatura infantil y literatura juvenil (yo misma soy autora de una novela juvenil, Mastín y la chica del galgo) y tiene toda la razón.

Se la desprecia, se la considera de segunda, un asunto menor. ¿Un escritor de infantil o juvenil premio Cervantes? ¡Pero qué nos estás contando! Para eso creamos un Cervantes Chico como mucho. Y no estoy segura de que más allá de nuestras fronteras el panorama sea mejor. A fin de cuentas, si es en los premios prestigiosos en los que hay que fijarse, tampoco hay ningún Nobel en estos géneros. Está el ‘pequeño Nobel’ o premio Hans Christian Andersen. Como la literatura infantil y juvenil no fuese exactamente literatura, sino otra cosa para la que hay que crear sus propios galardones.

(GTRES)

He hablado y entrevistado a un buen puñado de escritores de infantil y juvenil durante todos estos años (23 como periodista, 13 con este blog). Es un tema que ha salido de forma recurrente con ellos. Con frecuencia, sobre todo si es una entrevista formal, manifestaban su contrariedad elegantemente.

Por ejemplo hace no mucho Roberto Santiago, autor de entre otros libros de la saga Futbolísimos que ha acercado a muchísimos niños a la lectura en los últimos años. En la entrevista me decía:

A veces la literatura infantil se considera literatura de segunda. Estos prejuicios son absurdos y solo hablan mal de aquella persona que emite ese tipo de juicios. Si hoy en día se publicara, por ejemplo, La isla del tesoro, que es una de las mejores novelas jamás escritas en la historia, estoy seguro de que se publicaría en una colección de literatura juvenil.

O algo antes, Gemma Lienas, otra escritora prolífica de juvenil, en una charla para este mismo blog:

La literatura juvenil como algo de segunda fila es propio de nuestro país, en otros no pasa. En Estados Unidos, Inglaterra o Alemania no es así. Pero en España es cierto que es la Cenicienta. Tal vez porque es un fenómeno relativamente joven. Me parece tonto que los haya que tengan ese desprecio por la literatura juvenil. La literatura es buena o mala, independientemente del género. Los escritores que solo escriben para adultos olvidan que hay que crear lectores.

Es un malestar, un desprecio, que por cotidiano hace que estemos acostumbrados. Aunque no debería ser así, deberíamos reclamar su calidad y espacio.

Termino con la reflexión de Nando López en forma de hilo, que es extrapolable a determinados géneros como la fantasía, la ciencia ficción, el terror, los mangas o los cómics. También se los mira equivocadamente con desprecio. Tengo una amiga experta en incentivar la lectura en niños y adolescentes que me contaba cómo el profesorado reniega de que sus alumnos solo lean cómics o esos libros de Blue Jeans o cosas así. Sobre todo en el Instituto, cierto es que en Primaria me cuenta que es otra cosa, que la mirada de los maestros es más abierta y flexible.

‘Cosas que no hacen los mayores’, un cuento para reírnos juntos de las deseables imperfecciones mutuas

En los últimos días han llegado a mis manos varios cuentos de la editorial Nube Ocho. Dos de ellos han llamado especialmente mi atención y he querido traerlos a este blog.

Uno es Federico y sus familias. En él, el gato Federico es el hilo conductor para mostrarnos que la felicidad es posible en todo tipo de familias, para normalizar vivir solo con papá o papá, con dos papás o con los abuelos.

Y el cuento de Mili Hernández llega en mi formato favorito para los más peques, resistente, cuadrado y manejable.


Pero mi cuento preferido entre las novedades de esta editorial es otro, para niños a partir de unos tres años. Se llama Cosas que no hacen los mayores de Davide Culi y Benjamin Chad.

Madres, padres, abuelos y abuelas somos imperfectos, inconsecuentes, inconstantes y demasiadas veces malos ejemplos. Es imposible ser perfectos, tampoco es deseable. Lo que sí convendría es que fuéramos conscientes de todo ese cúmulo de realidades.

Este libro nos lo recuerda, nos pone en nuestro sitio de una manera muy divertida.

No deberíamos exigir a nuestros hijos en demasía ni caer en el postureo parental. Os aseguro que los niños son perfectamente conscientes de que a veces decimos palabrotas, nos enfurruñamos, hacemos travesuras, trampas, echamos las culpas a otros, nos portamos mal en definitiva.

Es un cuento delicioso para reírnos juntos, para relativizar.

También para tomar nota de que los niños nos observan, de que les enseñamos con nuestros actos más que que con nuestros discursos y que en aquello que sí es realmente importante deberíamos ponernos las pilas para ser buenos ejemplos.

Doce mangas recomendables para adolescentes, que invitan a reflexionar y debatir

Una buena amiga, bibliotecaria, cuentacuentos y organizadora de clubes de lectura para niños y jóvenes entre otras muchas virtudes a la que podéis encontrar en redes como @trastadasdemama, me ha pedido que le recomiende unos cuantos mangas para chavales de instituto.

Mi respuesta para ella viene en forma de post, por si a alguno de vosotros le apetece acercarse a estas historias, que también pueden aportar mucho a los adultos, o acercárselas a algún adolescente que tenga al lado.

Leer cómics es leer. Leer mangas es leer. Leer es una aventura maravillosa y necesaria.

He recopilado doce que siento que puedo recomendar y que recogen cuestiones como la depresión y el suicidio, el acoso escolar, la discapacidad, el afán de superación, el despertar al sexo o la tolerancia. Como en todas las listas, probablemente habrá aficionados a este tipo de lectura que echen en falta algún título. Están invitados a sugerirlo en los comentarios.

Lo cierto es que hay muchos mangas de calidad, con historias sobre las que se puede reflexionar, aprender y debatir, que ayudan a pensar. Y aunque los chavales de bachillerato dudo que se asusten fácil, todos ellos son bastante comedidos.

Aquellos que vean el manga bajo el prejuicio de la violencia, el sexo o el dibujo de escasa calidad, ya pueden ir sacudiéndoselos de encima, así como hacen los perros con la lluvia. Hay todo tipo de géneros en el manga, que piensan en todo tipo de gustos y demografías, con unos artistas detrás capaces de dotar de personalidad y múltiples expresiones a sus protagonistas con un minimalismo de trazos envidiable.


He pasado por bastantes mangas con componente romántico que se desarrollan en el instituto. Pues creo que Aao no Flag de kaito (IVREA) es la mejor de todas las que se está editando en este momento junto a Nuestra salvaje juventud, una serie abierta que va por los seis tomos.

El dibujo, de gran personalidad, igual salta del sentido del humor más caricaturizado a un realismo detallado que transmite perfectamente las emociones de los personajes. Y hay muchas emociones en juego en las vidas de estos chicos de instituto, que escapan de los estereotipos y de los caminos trillados. El tímido protagonista que es hilo conductor no es lo que parece; la aparentemente guapa y tonta de la clase; el deportista guaperas o la amiga distante y enigmática de la chica que es como un ratoncillo silencioso en clase.

La historia también se mueve entre la cotidianidad, el humor y las reflexiones de unos jóvenes que están empezando a tomar las riendas de su vida. Merece repetir en España el éxito de Japón.

Nuestra salvaje juventud de Mari Okada, Nao Emoto (Milky Way) es otra serie abierta que merece especial atención. Sus protagonistas son un grupo de chicas de instituto que forman parte del club de lectura y que, en su mayoría, tienen una inocencia impropia de su edad, pero también la curiosidad por adentrarse en ese territorio inexplorado que es el sexo y las relaciones sentimentales.

Llama la atención la candidez del dibujo, que choca con una aproximación realista y valiente de la historia. Sin ser soez en ningún momento, muestra los primeros encuentros de estas chicas con la masturbación, con el porno, con el descubrimiento de que alguien te gusta o tú puedes gustarle a alguien y lo difícil que es gestionar todo ese barullo emocional.

El éxito en Japón ha sido enorme y hay una serie de animación en marcha. En España tenemos disponibles los cuatro primeros tomos.

Orange de Ichigo Takano (Tomodomo) es casi un clásico. El manga tiene casi ocho años de vida y la serie de animación va para cinco. Se trata de una serie cerrada de cinco tomos a la que se le añadió un sexto volumen que muestra la perspectiva de otro de los personajes, el más querido por los lectores. También hay serie de animación.

Resulta una lectura interesante porque aborda el suicidio con una premisa fantástica. Muy resumido, la protagonista recibe cartas de su yo adulto que le advierte de que uno de sus amigos se acabará quitando la vida. A partir de ese momento su empeño es evitarlo a toda costa.

Es un manga con un elevado componente romántico que pone en valor la amistad, las segundas oportunidades, el valor que tiene la vida. También es un manga que a un lector adulto le puede resultar demasiado edulcorado, al igual que lo es su dibujo.

Como me contaba la editora Alina Scchasnovich hace unos tres años, “Es la que más recomiendo al público adolescente porque te motiva a vivir el día a día y ser buena persona. Me gustaría que fuera algo que leyesen las generaciones que están por vivir.

De A Silent Voice de Yoshitoke Oima (Milky Way) ya hablé largo y tendido en este mismo blog cuando se estrenó el largometraje inspirado en el manga.

El protagonista es acosador y víctima a la vez. Comienza acosando a los doce años a una niña que llega nueva a su clase con discapacidad auditiva. Pero ese pequeño matón acabará siendo más tarde el acosado. La historia recoge su viaje de redención, de aprender a pensar en los demás, a perdonar a otros y a perdonarse a uno mismo, de entender cómo se construye la amistad.

Me gusta A silent voice porque muestra una realidad complicada, con muchas facetas, en la que vemos retratadas distintas actitudes de alumnos, profesores, padres, amigos o hermanos. Vemos a esa niña que retrasa la clase, esa profesora joven que intenta lograr su inclusión con más entusiasmo que resolución y recursos, ese otro maestro que lo único que quiere es que no le compliquen demasiado la vida, esos niños que miran a otro lado, esos otros que se suman a las bromas de mal gusto…

Imprescindible.

Los dioses mienten y Mi amigo capricornio son dos tomos únicos editados también por Milky Way que pueden ser una buena aproximación al manga para aquellos que no quieran meterse en series más largas, así de entrada.

El primero comienza con un preadolescente deportista que se encuentra un cachorro de gato herido y abandonado. Escucha sus maullidos pidiendo auxilio y, en lugar de mirar a otro lado y seguir su camino, decide complicarse la vida y rescatarlo. Ese cachorro propiciará uno de esos encuentros que marca para toda la vida, en el que el chico comprenderá que hay pobreza a su alrededor, que hay niños como él teniendo que vivir realidades muy difíciles.

También acabará convirtiéndose en un maestro de vida, “porque un gato que ha perdido un pata, corre con las tres que le quedan. No es algo que resulte triste en absoluto”.

Del segundo ya os hablé también en mi blog. Trata también del acoso escolar con una premisa fantástica. Un viento mágico sopla noticias del futuro al protagonista. Un chico que tendrá que  querrá evitar un suceso terrible y que se encontrará un misterio a resolver, porque no todo es ni mucho menos lo que parece en este libro francamente recomendable que puede abrir la puerta a una buena charla.

Puede ser una buena herramienta para que nuestros chicos reflexionen sobre el bullying, sobre si el papel que desean ocupar es el de meros observadores cuando vean a un compañero abusar de otro. La única pega, tal vez, es un malvado demasiado oscuro, sin complejidades.

Welcome to the ballroom es otra serie abierta que está editando Milky Way. Una que invita a sacudirse prejuicios también con los bailes de salón, que son un deporte de competición muy exigente. Aquí no hay que aprender a jugar en equipo, tampoco a esforzase en solitario hay que aprender a compenetrarse con una pareja.

En ese deporte se inicia el protagonista, un chico sin metas, sin nada que le haga destacar, y al que adentrare en este mucho le imbuye de confianza, le enseña a saber pisar mejor en todos los sentidos, a esforzare en entender a los otros, a ser valiente y superarse, obviando sus debilidades e incluso convirtiéndolas en fortalezas.

Las historias de adolescentes que comienzan un deporte son un clásico del manga con género propio. Elijo a esta como representante por lo fresca que resulta, lo maravilloso de su dibujo y lo bonito que es ver crecer a Tatara Kun en todos los sentidos.

Sombras sobre Shimanami de Yuhki Kamatani (Tomodomo) es una serie cerrada de cuatro tomos que es absolutamente maravillosa. Su artista es sobresaliente y la historia y su elenco de personajes no lo son menos.

Aunque el protagonista es un chico que no sabe muy bien cómo gestionar el hecho de que es homosexual y se ha enamorado de un compañero, es en realidad una obra muy coral, en la que aparecen distintas personas dentro del colectivo LGTBi unidas por una casa que es refugio, que es hogar para todas ellas.

En este libro aparece mi relación favorita entre dos chicas de los mangas que he leído, pero también hay un anciano gay, un personaje transexual y otro que no parece querer explicarse ni identificarse con ninguna etiqueta.

Kamatani tiene otra serie cerrada, publicada en la misma editorial, que también es una delicia apta para adolescentes. Se llama Shonen Note y sigue a varios chicos que forman parte del coro de su escuela. ¿He dicho ya que su dibujo es extraordinario?

Con Sombras sobre Shimanami inauguro la parte final del post, en el que todos los libros incluyen relaciones homosexuales y la dificultad de entenderse, de encarar lo que uno es en la adolescencia. Resulta interesante que sea el manga el tipo de lectura que tenga en estos momentos más títulos románticos, bonitos, positivos, que ayudan a la autoaceptación y a la tolerancia de nuestros chicos.

Ya os conté hace dos años que nuestros adolescentes deberían crecer con historias como Puedo ir el sol, de Yuki Fumino (Milky Way).

Narra cómo el impulsivo y noble (y siempre hambriento) Taichii rescata del aislamiento a Kohëi; un aislamiento nacido de una doble dificultad: su discapacidad auditiva y la atracción que desarrolla hacia Taichii, que accidentalmente acepta convertirse en su (pésimo) anotador, que es como llaman a los voluntarios que toman apuntes para los alumnos sordos o con problemas de audición.

Kohëi tendrá que aprender a aceptarse de dos maneras diferentes. Por un lado respecto al hecho de que se ha enamorado de una persona de tu mismo sexo y no cree que sea posible que ese amor sea correspondido. Con avances torpes, decisiones equivocadas, nervios, inseguridades, miedo al rechazo… Todo repleto de situaciones creíbles, todo perfectamente realista.

Hay un tercer volumen publicado que, a falta de ver cómo avanza en un cuarto que aún no ha llegado a España, me parece prescindible. Con los dos primeros se dispone de una historia preciosa y cerrada.

Traigo dos tomos únicos de temática Boys’ Love por lo mismo que antes, porque puede ser que haya quien quiera aproximarse a estas lecturas sin invertir en varios tomos.

Tanto Algo entre nosotros de Hagi como You are in the blue summer de Nagisa Furuya (ambas de Milky Way) son historias cercanas, bonitas, románticas, que cuentan ese empezar a andar siendo diferente.

La primera es tierna, con sus toques de humor. Todo comienza cuando chico resulta intrigado por las lágrimas del otro. ¿Por qué estará llorando?. Pero si me obligaran a elegir, tal vez me quedaría con la segunda, tanto por dibujo como por historia. En ella que entre dos amigos que se llevan estupendamente, compartiendo su afición por el cine, surge una declaración de amor.  ¿Qué hacer si tu mejor amigo te dice que le gustas? Está muy bien llevado.

Termino con  Given, serie abierta de Natsu Kizu (Milky Way) que está teniendo un gran éxito internacional y cuenta también con serie de animación. Un grupo de música, con dos universitarios y dos chicos de instituto, que son muy distintos, que tienen circunstancias muy distintas, a los que une el amor por la música, la amistad y algo más.

La autora salta de las risas a lo dramático con una facilidad pasmosa y logra construir personajes complejos y diferenciados a los que sigues página a página deseando que avancen por la vida con bien, entendiendo lo que les motiva.

Que sea la última de la lista no significa absolutamente nada.

Mi hija tiene apenas diez años, pero en breve comenzaré a ofrecerle estas historias. Igual que se las he estado regalando a otros adolescentes de mi entorno.

Encierran horas de lectura llenas de emociones y aprendizajes.

‘Perro apestoso’, los cuentos del animal más feo, bueno y tontaina han llegado a España

Perro apestoso es un tontaina encantador. Huele a sardinas, jamás le elegirían para protagonizar un anuncio de papel higiénico, pero tiene un corazón puro y generoso. Vive con Gatochato, que es mucho más listo, junto a un cubo de basura.

Perro apestoso es también una serie de diez cuentos de gran éxito en Francia, obra de Colas Gutman y Marc Boutavant. Ya había sido traducido a veinte idiomas y Justo ahora sus dos primeros tomos acaban de aterrizar en España cortesía de Blackie Books, una editorial que trae títulos realmente interesantes, tanto para adultos como para el público infantil.

Este perro que no pierde el buen humor, la ingenuidad y la esperanza en cualquier circunstancia es, efectivamente, un tipo interesante. Un protagonista con los mimbres necesarios como para perdurar en el recuerdo de los niños que se adentren entre sus páginas, tanto por su esencia como por la manera en que ha sido ilustrado.

Niños que empiezan a leer solos, también niños más pequeños a los que sus padres les lean las aventuras de este perro sin dueño.

Perro apestoso es un tanto surrealista y muy divertido. El sentido del humor es una constante.

Pero a veces, también en la vida de un perro apestoso, pasan cosas bonitas e inesperadas: de repente un cachorro de labrador con el pelo suave como la seda se acerca y le dice:

– Si he conseguido que me gusten los niños también puedo conseguir que me gusten los perros roñosos. – Y se pone a su lado.

Y además de divertir, enseña. Aunque divertir no es poco, debe ser lo primero para poder aprender.

Enseña, como es obvio, a no dar importancia al aspecto físico, a conocer el interior de aquel que tenemos enfrente. También a poner en valor la bondad y el optimismo, que son dos cualidades demasiado infravaloradas con frecuencia e injustamente.

En este universo los perros van al colegio, hablan con los seres humanos, manejan herramientas e incumplen las leyes más lógicas si la historia lo pide.

Solo le pondría una pequeña pega. Cuando el encantador perro apestoso va al colegio en el segundo tomo, los perros que le rodean responden a todos los estereotipos de las razas caninas. Ya no hay contrastes. Solo el labrador del fragmento anterior es reseñable.

Los caniches son pijos y estirados por dentro y por fuera. El pitbull es el macarra del patio, lo que estigmatiza aún más a estas razas, que bastante tienen encima ya. Demasiado obvio, demasiado fácil, un poco decepcionante.

Habrá que ver cómo avanzan las aventuras de este precioso feo perro feliz.

‘Carla no es Carla, sino Carlos’, un cuento para educar sin etiquetas

Hace mucho que conozco a Alba Alonso Feijoo, tanto que no recuerdo exáctamente desde cuándo ni cómo di con esta profesional de la educación que se bate el cobre, desde las redes sociales y el duro suelo, para que cale ese lema que muestra siempre visible: Educar sin etiquetas.

Esta maestra gallega lleva mucho tiempo defendiendo el derecho de los niños a ser quiénes son, a crecer libres y propios, a que tengan una infancia feliz y plena, con el proyecto RealKiddys. Desde hace años está denunciando los imperativos de género, esos que constriñen a muchos de nuestros hijos de manera casi imperceptible impidiéndoles soñar sin ataduras.

Os recomiendo que la sigáis si es que no lo hacéis ya, la podréis encontrar como RealKiddys en las distintas redes sociales. Sus reflexiones, sus hallazgos, son siempre interesantes.

Su último proyecto también lo es. Es un libro, un cuento nacido por crowdfunding y centrado en la infancia trans, en esos niños que, aún teniéndolo más fácil cada año que pasa, siguen encontrando demasiados escollos e incomprensión en su camino.

‘Carla no es Carla, sino Carlos’ es un pequeño intento por allanar ese recorrido hacia la edad adulta, por hacer comprender la necesidad de respetar lo que sienten y quiénes se sienten. Así lo explica Alba:

Yo que nunca fui de rosa y mira tú por dónde en mi último cuento infantil este tono domina sobre todos los demás. Y respecto a los colores y tonalidades sigue habiendo gente que no comprende el porqué de usar tonos rosas y azules. El porqué de seguir transmitiendo un mundo sexista y binario cuando Realkiddys lucha contra todo ello desde sus inicios.

Efectivamente, en ‘Carla no es Carla, sino Carlos’ se juega con un mundo azul de niños y un mundo rosa de niñas. Pero lejos de estar de acuerdo con ello lo que hacemos en este cuento es simplemente representar una realidad muy común en el mundo transexual infantil.

Cierto es que la realidad transexual, al igual que cualquier otra realidad, es diversa y no hay una única y correcta manera de ser transexual. Pero los niños y niñas trans quieren encajar tanto en lo que la sociedad les vende como “correcto” para ser niños o niñas, que tienden a caer en los estereotipos de género muy a menudo.

Probablemente en el mundo no-binario o de niñes estos tintes tan rosa/azul no tengan cabida alguna (o sí, ya he dicho que todo es más diverso de lo que creemos, y considerar que por ser no-binario tienes que ir de verde o naranja vuelves a caer en los estereotipos). Lo ideal sería que lográsemos romper con los estereotipos en todos los campos del género: ni todas las lesbianas llevan el pelo corto, piercing y son masculinas, ni todos los gays tienen pluma, ni todas las rubias son tontas, ni todas las personas trans deciden operarse…

Como ves no hay un único camino en la vida, sino millones de ellos.

¿Por qué entonces conformarnos con la opción A o la B cuando el alfabeto tiene tantas letras?
Y cuando además descubras que las combinaciones son infinitas aún te alegrarás más.

Pensado para niños muy pequeños, yo creo que a partir de unos cuatro o cinco años, es un libro breve, de dibujos y mensajes sencillos, que vira del rosa intenso e impuesto al arcoíris de la aceptación.

Como buen cuento, tiene un final feliz
. A Carla todos la acaban aceptando, empezando por los maestros y terminando por sus padres, a los que les cuesta más asimilar que ahora su hija es hijo, es Carlos.

No es así en todos los casos. Carlos es Carlos y él se encuentra más comprensión entre los docentes que entre su familia o sus iguales, salvo una amiga especialmente empática. No es el caso particular de Carla/Carlos lo más importante, sino el mensaje de aceptación, de normalidad, de amor incondicional.

La autora ha contado que tuvo niños como Carlos a su cargo, y reconoce que no siempre supo darles la respuesta que necesitaban, que merecían:

Sonia fue alumna mía cuando mi andadura en la escuela pública comenzaba. Trabajo como maestra de inglés en infantil y primaria y Sonia tenía aquel curso tan solo 4 años. En mi clase de inglés y a esas edades trabajo mucho por commands: “stand up, sit down, turn off the light, look at me, run, fly…”. Y en aquella época además solía dividirlo por sexos: “Girls come here, boys sit down, girls swim, boys stand up”.

Sonia siempre se “confundía” en estos juegos. A pesar de ser una niña (o eso pensaba yo) solo seguía aquellos “commands” que ordenaba a los niños que hicieran. “Mal, Sonia, mal. You are a girl!!!” Pero Sonia hacía oídos sordos a mis palabras. No fue hasta años más tarde que descubrí qué significaba ser trans y me pregunto si Sonia sigue llamándose igual o es ahora Pedro, Manuel o Antonio. Tal vez tenga el mismo cuerpo o tal vez no. Tal vez solo quería ser como su padre (tenía pasión por él) o tal vez no. Pero desde luego mi forma de actuar con ella (o él) no fue nada correcta.

También quiero que conozcas a Laura (nombre ficticio). Laura se identifica muy a menudo con un niño. Su expresión de género (pelo corto, chándal, deportivas…) es totalmente masculina. Esto no debería llamar mi atención en un principio, pero es que en clase de “Arts and Crafts” Sonia dibujo a un niño cuando toca hacer autorretratos. Y si nos agrupamos por grupos heterogéneos ella se cuenta a sí misma como un niño.

Pero afortunadamente yo sé hoy mucho más que cuando le di clase a Sonia. Por eso dejo que Laura exprese su identidad de género como ella quiera. He hablado con su tutora y el claustro al respecto para que todas y todos estemos atentos ante cualquier nuevo indicio. Ahora tengo claro que lo realmente importante es que Laura pueda sentirse libre para expresar su género como quiera, sea solo durante un tiempo o para siempre. Y de momento afortunadamente así es.

Apenas quedan un centenar de ejemplares de este cuento, que se pueden adquirir por 15 euros en la web de la autora. También en su versión gallega, ‘Uxía non é Uxía, senón Uxío’.

‘El principito’ ya está disponible en lectura fácil, pero necesitamos más libros adaptados

Necesitamos más libros en lectura fácil, necesitamos más cuentos y novelas adaptados ahora que la sociedad personas que por tener discapacidad intelectual o problemas cognitivos asociados, por ejemplo, a una demencia, puedan disfrutar de esos contenidos y al mismo tiempo ejercitar sus capacidades.

Esta semana fue noticia que Fundación Once ha adaptado un clásico delicioso, El principito, a lectura fácil.

No solo lo ha adaptado, también lo ofrece de manera gratuita desde su biblioteca a todos los interesados.

Esta fundación recuerda que también dispone de de otros títulos para personas con problemas de comprensión lectora como 21 Cuentos de los hermanos Grimm o La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca.

Es de agradecer el esfuerzo de fundaciones como La Once y también de iniciativas privadas como la de la editorial SM, que también está haciendo el esfuerzo de adaptar parte de su colección Barco de Vapor.

Pero títulos así debería haber muchos más y por impulso institucional, público, no únicamente por iniciativas privadas. El acceso a la cultura es un derecho universal, pero que queda muy limitado para un porcentaje demasiado amplio de la población.

Como os contaba cuando entrevisté a la editora de SM, los textos adaptados a lectura fácil son imprescindibles para muchas personas que tienen dificultades lectoras transitorias o permanentes. Tienen que seguir las directrices Internacionales de la IFLA (International Federation of Library Associations and Institutions) y de Inclusion Europe en cuanto al lenguaje, el contenido y la forma y ser validados para contar con el logo LF. En Lecturafacil.net y en la web de PlenaInclusion hay más información sobre la lectura fácil.

Las aventuras Txano y Óscar, dos mellizos capaces de atrapar a los niños entre las páginas de un libro

No hace que conocimos a Txano y Óscar, dos mellizos muy distintos salvo en su espíritu aventurero. Probablemente fue porque se alojan en libros autoeditados, esos cuya distribución es más ingeniosa que masiva.

Tuvimos la suerte de saber de su existencia el mes pasado en la feria Literania. Allí me topé con Julio Santos, su autor, y me quedé con las ganas de hacer lo propio con Patricia Pérez, la ilustradora que tan bien trabajo ha hecho plasmando a los amigos y la familia de estos dos hermanos, en la que también hay una hermanita adoptada en China y un perro, Maxi. Los animales son nuestra familia y Txano y Óscar lo tienen más que claro.

Compré los dos primeros, porque hay nada menos que cinco volúmenes ya publicados (todos ellos de 130 páginas), y los llevé a casa como regalo para Julia. Han sido todo un éxito. Elena la sirena de Ona Carbonell quedó momentáneamente aparcada en la mesilla para ceder puesto a estos dos libros infantiles, que beben del espíritu de Los Cinco pero lo modernizan y acercan a nuestra cultura.

Muchos libros infantiles recuerdan a esos cinco niños con perro de nuestra infancia, empezando por el superéxito patrio de Los futbolísimos, que era el libro que casi todos los niños que escuché entrevistados por la radio este pasado fin de semana estaban adquiriendo en la Feria del Libro de Madrid. Y el mismo Roberto Santiago me reconocía en una entrevista este invierno que no hubiese escrito esos libros de no ser un voraz lector de Enid Blyton de niños.No sé si Julio Santos, informático de profesión, también los disfrutaba de niño y reconoce esa influencia.

No es que sea importante. Es normal que una pandilla de niños que resuelven misterios apoyándose en la amistad recuerden esos clásicos, lo que importa es elaborar personajes carismáticos, escribir con frescura, ser original en el desarrollo y atraer a los niños, lograr ese rapto del que os hablaba ayer mismo.

Txano y Óscar primero entran por los ojos, porque son incuestionablemente unos libros es muy bonitos. Se nota que se los ha engendrado con cariño. Pero al adéntrarte en ellos descubres que no es solo fachada. Están narrados con tino, con mucho sentido del humor, las dosis necesarias de misterio y la intención de transmitir valores, porque es imposible no hacerlo cuando los lectores van a ser niños de entre seis o siete y doce años.

A partir del tercer título Txano y Óscar se ponen muy viajeros. En El dragón de Jade viajan hasta China a resolver misterios; en El secreto de los dogón llegan hasta Malí y en El conjuro escarlata la protagonista, en lugar de la maleta, es la magia.


Por cierto los dos primeros títulos, Txano y Óscar y la piedra verde y Operación sabueso, está disponible para su lectura online de manera totalmente gratuita. Podéis entrar en la web y descargarlo para comprobar si a vuestros hijos les puede encajar, o incluso para dárselo directamente a ellos a leer desde un dispositivo digital y que así conozca a estos hermanos aventureros.