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¿Sabes quién es ‘El pollo Pepe’?

¿Conocéis al pollo Pepe? Si la respuesta es negativa es muy probable que no hayáis tenido mucho trato con niños pequeños en los últimos diez  o quince años.

Así hablaba de él mi compañera y librera Regina ExLibris en su blog de libros:

El secreto de su éxito entre niños y adultos es simple: la historia es muy sencilla, permite interactuar con el personaje y, además, es tremendamente divertido.

Por mi parte jamás olvidaré la primera vez que me topé con El Pollo Pepe entre anaqueles, porque me cautivó desde el instante en que lo hojeé. Una amiga librera de la vieja escuela me lo descubrió. Y hace un rato he sido yo quien le ha revelado el bibliosecreto a un librero recién llegado a reginaexlibrislandia.

El pollo Pepe, que no puede ser más gordo y más amarillo, es todo un superventas. Nacido en mayo de 1997 de la mano de Ant Parker y Nick Denchfiel, tiene cuatro títulos publicados (El pollo Pepe va a la escuela, El pollo Pepe aprende a volar, El pollo Pepe quiere jugar y El pollo Pepe encuentra un huevo) y más en camino.

Por cierto, Pepe es de origen londinense y su verdadero nombre es Charlie, que así se llamaba el padre de Nick Denchfiel. Quién y por qué decidió llamarle Pepe en España es un misterio a desentrañar.

También en España, con 24 ediciones, uno de esos cuentos infantiles presente en prácticamente todas las bibliotecas escolares, que suele llegar a los hogares para que niños que son poco más que bebés pasen sus páginas, las chupen, las gasten y rompan los pops-ups. Y bien está que así sea.

Esos primeros libros, concebidos recios, son para ser disfrutados. Como todos a cualquier edad en realidad.

Son para que los padres nos tomemos muy en serio fomentar el amor por pasar páginas en nuestros niños. Para que nos sacudamos vergüenzas y prejuicios y leamos volúmenes como el pollo Pepe poniendo voces, haciendo aletear a los libros o escondiéndonos tras ellos.

Las ventajas de leer cuentos a los niños son muchas. Tantas como las de leer junto a nuestros hijos, cada uno su propio libro, cuando son algo mayores.

Me da la impresión de que es frecuente que nos entreguemos a la lectura de cuentos cuando son muy pequeños y, en cuanto son mínimamente autónomos leyendo, dejamos a nuestros hijos solos ante las letras. Hay que seguir compartiendo lecturas y momentos pasando páginas juntos.

SM va a llevar a cabo eventos por toda España para celebrar su cumpleaños. El primero será el 18 de mayo a las 11:00 horas en Madrid (Malena Experience de Chamartín). Irá Pepe y Paloma Jover, pedagoga, docente y editora de literatura infantil y juvenil, dará una charla sobre la importancia de leerle a los niños.

¿Cuál es tu favorito entre los cuentos infantiles más vendidos?

23 de abril, día del libro. También día del cuento. Todos los padres queremos que nuestros hijos lean y compramos y ponemos a su alcance cuentos, se los leemos y animamos a que pasen sus páginas solitos.

Aunque entre nuestros cuentos favoritos, aquellos que guardamos con cariño pese a que mi hija ya haya superado la edad de leerlos, confieso que no están estos superventas, los equivalentes a Los pilares de la tierra, El tiempo entre costuras o Juego de tronos En versión infantil.

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Los hay que nos han gustado mucho, como ¿A qué sabe la luna? o Sopa de calabaza , pero en casa han triunfado otros títulos como Las ciudades de colores, El cazo de Lorenzo, Galgui o Sí, somos raros.

Pero no cabe duda de que algo tienen los cuentos más vendidos si están ahí, en lo más alto, algunos desde hace tantos años.

Esta lista es para que podáis votar por vuestro favorito, también para que podáis opinar sobre los motivos por los que os gusta o no os gusta tanto alguno de ellos. Puede servir de guía a otros.

Son quince cuentos para niños muy pequeños, no para primeros lectores. De haber incluido esa segunda categoría veríais a Geronimo Stilton, El diario de Greg o Futbolísimos. Y es una lista nacida de buscar lo más vendido en distintas plataformas de venta online pero también de mi experiencia.

Leer no solo supone abrir las puertas a otros mundos, no solo es disfrute; leer nos hace mejores, más completos. Es así a todas las edades y la mejor manera de transmitir el amor a la lectura es que nosotros leamos, que nuestros hijos nos vean hacerlo. Es la recomendación en la que todos los expertos coinciden.

Antes de dejaros con la lista, comparto los motivos por los que debe haber cuentos en la vida de nuestros niños que facilita Faitbelin Quintana, directora de la Escuela Nemomarlin Arturo Soria:

  • Los cuentos fomentan la intención comunicativa, el lenguaje y la comunicación gestual en los más pequeños, ampliando el vocabulario con la repetición y aprendizaje de nuevas palabras.
  • La lectura de cuentos promueve el desarrollo de la memoria y la capacidad de comprensión del mundo que les rodea. También despiertan la curiosidad y desarrollan la atención.
  • Trabajan la inteligencia emocional, llegando a empatizar con los personajes del cuento. Los niños se sienten identificados, lo que nos permite a los educadores y padres trabajar con ellos las emociones.
  • Son propicios para crear un clima de calma y relajación, perfectos para antes de dormir.
  • Son una herramienta con un componente lúdico que permite introducir en los niños temas de transición como la llegada de un segundo hermano, el control de esfínteres o el comienzo en el colegio, entre otros.

¿Es mejor evitar que los niños lean cuentos tóxicos o enseñarles a leer con criterio?

Mi hija ya tiene diez años, lee muchos mangas y libros para su edad, y los cuentos infantiles, aunque cercanos en el tiempo y la memoria, le quedan ya lejos.

Mi hija conoce Caperucita Roja, Los tres Cerditos o Hansel y Gretel. Los conoce, pero no la han marcado. Y los conoce más porque sus abuelos eran los que decidían contarle, en la mejor tradición oral de la que proceden esas historias, que por habérselos leído.

Los cuentos infantiles que más ha disfrutado, que los adultos preferíamos leerle y que conservamos con cariño en casa son otros: Las ciudades de colores, ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde!, Galgui, El cazo de lorenzo, Sí, somos raros o ¡Qué fastidio ser princesa!. Libros que, sin duda alguna, son mucho mejores.

Creo que es de ley conocer las andanzas de Caperucita y el lobo y otros cuentos clásicos, en sus diferentes variantes, porque son referencias culturales que vamos a encontrar con frecuencia a lo largo de nuestra vida, de forma evidente o subterránea. Eso no significa necesariamente que haya que leerlas.

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Esas historias, tanto a mi hija como al resto de niños que veo en mi entorno, no les han calado, les han resbalado. Al menos hablando de libros, distinto sería tal vez si nos fijásemos en las películas. Pero incluso gustándoles, no creo sinceramente que vayan a definir como serán sus relaciones con los demás o su percepción de ellos mismos. Hay muchos otros estímulos y herramientas a nuestro alcance para contrarrestar esos posibles efectos perniciosos.

Hace ya más de dos años que os contaba, a cuenta de las princesas Disney, que hay que entender que Blancanieves, Cenicienta y Aurora son hijas de su tiempo (y que los niños son perfectamente capaces de entenderlo).

Esta semana ha sido noticia y también polémica que un centro educativo de la Generalitat de Catalunya ha decidido retirar 200 cuentos de su biblioteca infantil, entre ellos cuentos clásicos como el de Caperucita, por sus patrones sexistas, por ser tóxicos.

No digo que no haya cuentos que no proceda eliminar. Con frecuencia se publican para niños productos de tan baja calidad que da vergüenza.


Pero, lo siento, no me gusta eso de prohibir libros erigiéndose como autoridad moral.

Vale que no es ningún drama que hayan desaparecido de esa biblioteca escolar infantil. No hay que poner a nadie en la picota por esa decisión que seguro es bienintencionada, pero yo me alineo con aquellos que consideran que lo que hay que hacer es enseñar a pensar, a identificar aquello que pertenece a otra época o es inaceptable, antes que borrar el rastro sin más de dos centenares de libros.

Esos libros pueden ser unos estupendos instrumentos educativos. Mejor que crear un castillo a salvo de todo riesgo, una burbuja que es imposible que sea perfecta por mucho que lo intentemos, es armar a nuestros niños a tener criterio.

‘Pioneras. Mujeres que abrieron camino’ y otros diez libros protagonizados por mujeres para niños y niñas

Pioneras. Mujeres que abrieron camino, un libro escrito por Espido Freire e ilustrado por Helena Pérez García, es el último que ha llegado a mis manos protagonizado por mujeres que todos deberíamos conocer. Y con todos no excluyo a nadie, es una lectura interesante para niños y niñas y adultos de todas las edades.

Digo que es el último porque en los últimos años lo cierto es que ha habido muchos. De no tener prácticamente ningún título pensado para acercar a la infantería a esas mujeres relevantes que la historia ocultó con más o menos éxito, tenemos una abundancia de títulos que nos facilitan la tarea de reivindicarlas, de tenerlas como espejo que impulse nuestro vuelo.

Habrá quién hable de un boom, tanto de los libros (novelas y ensayos) feministas como de este tipo concreto de volúmenes aptos para niños que recorren biografías pretéritas y presentes. De un boom o una moda con ánimo mercantilista. No puedo negarles la razón, pero yo prefiero tener mucho dónde elegir que un erial que perpetúa la presencia de mujeres relevantes en las sombras.

Pioneras es uno de los que merece la pena. Ágil, bien pensado y bellamente ilustrado, tiene el mérito de contar con la deliciosa prosa de Espido Freire y su inteligencia y sensibilidad como timón.

Así lo describe ella Pioneras en el prólogo, mejor de lo que podría hacerlo yo:

Este libro habla de mujeres que fueron las primeras en romper un límite. Las que vivieron en el siglo XIX buscaron, sobre todo, acceder al conocimiento, que les permitieran estudiar y trabajar en lo que deseaban. Las de principios del siglo xx tuvieron como objetivo el voto y los derechos femeninos. Y el resto, cada una a su manera, demostraron un talento y un atrevimiento único.

Algunas de estas pioneras son muy conocidas, a otras las recuerdan solo en su tierra de origen, y otras han caído en el olvido; cuesta creer que en su momento algo tan cotidiano como ser médica, alcaldesa o cartera representara un escándalo para la sociedad. Leer sus historias supone aprender de la Historia y de sus errores y aciertos.

Antipáticas o encantadoras, discretas o famosas, todas ellas comparten algu- nas características: fueron perseverantes y constantes, y las movía una enorme pasión y el deseo de saber más. Eso desempeñó un papel clave para que pudieran igualarse a los varones. No es casualidad que muchas fueran maestras y que casi todas necesitaran el dominio de la palabra.

Nuestras niñas lograrán nuevas conquistas en aspectos que en estos momentos ni siquiera podemos imaginar. Y lo harán con mayor facilidad si conocen las historias de quienes lo consiguieron antes que ellas, y si les acompaña la con- fianza, el apoyo y la certeza de que podrán ser lo que deseen, encontrar lo que buscan, llegar hasta donde quieran.

Es cierto que una mayoría de sus 20 protagonistas, que conoceremos por orden cronológico, no son los mismos nombres de siempre. El mejor ejemplo es que arranca con Beatriz Galeto, latinista y primera profesora de la corte en el siglo XV, e Isabel Barreto, la primera almirante española que vivió en el siglo XVI.

Las acompañan Penélope Cruz, Martina Castells, Elena Maseras, Carmen de Burgos, Beatriz Galindo, Clara Campoamor, Matilde Montoya, Edurne Pasabán, Anita Carmona Ruiz, Josefina Vicente, Rigoberta Menchú, Frida Kahlo, Federica Montseny, Blanca Álvarez, Eulalia Guzman, Carmen Conde, Margot Duhalde y Gabriela Mistral.

Todas pisaron terreno inexplorado, todas merecen ser conocidas

Pero desde el título de este post os había prometido otros diez libros protagonizados por mujeres que se pueden leer con niños o dejar a los niños para que los lean. Vamos con ellos

Mujeres. La maravillosa ilustradora Isabel Ruiz Ruiz es la artífice de cuatro volúmenes de mujeres olvidadas, cuatro álbumes ilustrados nacidos por crowdfunding de los que ya os he hablado en este blog en el pasado. Un hermosísimo recorrido por la vida y citas de poetas, pintoras, científicas, políticas o activistas. Un regalo para los ojos.

10 niñas que se hicieron GRANDES. Un álbum de Aida Consentino e ilustraciones de Pedro Perles (Bruño) pensado para niños y niñas a partir de seis años. Recoge a diez mujeres “que han cambiado las reglas de su mundo y han hecho del nuestro uno mejor” y que lo han hecho con su esfuerzo, que el libro pone en valor. Avanzadoras, ya sabéis.

Súpermujeres, súperinventoras. En este libro Sandra Uve cuenta la historia, muy poco conocida de nada menos que 90 mujeres inventoras y científicas. Mujeres que “lograron no sólo patentar un invento, sino también conquistar su libertad física e intelectual”.

Grandes mujeres que cambiaron el mundo. Su autora, Kate Pankhurst, se centra en el espíritu aventurero de grandes nombre, muy conocidos aparentemente peor no tanto cuando se baja a tierra, como Amelia Eartheart, Marie Curie, Frida Kahlo o Coco Chanel.

Mujeres de la cultura, de Rosa Huertas. Diez relatos sobre la situación precursoras del feminismo en España. Son escritoras como Emilia Pardo Bazán o María Teresa León, pintoras como María Blanchard, activistas políticas como Clara Campoamor, investigadoras como María Moliner, periodistas como Carmen de Burgos o actrices como María Guerrero, “que debieron luchar para que su voz se escuchase”. A partir de doce años.

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2, Son cien nuevas historias de mujeres reales que cambian el mundo. El primer volumen, un éxito tremendo nacido por crowdfunding de la mano de Elena Favilli y Francesca Cavallo es de sobras conocido. Conserva el espíritu del anterior libro, con historias de mujeres contemporáneas, incluso muy jóvenes, de todos los países. En este libro tenemos, por ejemplo, a J.K. Rowling, Madonna, Chimamanda Ngozi Adichie o Carmen Amaya.

Iguales No incluye sólo mujeres, son distintos libros que se centran en dos figuras, una femenina y otra masculina, con la intención de educar en igualdad y con un nexo de unión como el coraje o la sensibilidad hacia la belleza. Uno de los libros, por ejemplo, une a Loïe Fuller (bailarina, actriz, productora y escritora) y Wilson Bentley (el fotógrafo de la nieve); otro vincula a Suzanne Rosambert (ambulanciera de guerra) con Joseph Banks (explorador y botánico).

Las chicas son de ciencias, de Irene Cívico, Sergio Parra y la ilustradora Nuria Aparicio (Montena). Es or caso acercar la ciencia a las niñas, darles referentes que les haga plantearse es camino y no descartarlo porque, a nivel inconsciente, lo identifiquen con los hombres. Este álbum ilustrado reúne 25 biografías de mujeres que con su esfuerzo allanaron el camino a las futuras ingenieras, químicas, biólogas, matemáticas, médicas, astrónomas, físicas.

Mujeres radicales del mundo Este libro presenta diversas figuras desde el 430 a. C. hasta 2016 y desde Mesopotamia hasta la Antártida, abarcando treinta y un países en todo el mundo. Es decir, aprenderemos igual de Hatshepsut (la gran reina que gobernó Egipto pacíficamente durante dos décadas) a Malala Yousafzai (la persona más joven en ganar el Premio Nobel de la Paz). ¿Otros nombres? Pues por ejemplo Poly Styrene (cantante principal de X-Ray Spex) y Liv Arnesen y Ann Bancroft (exploradoras polares y las primeras mujeres en cruzar la Antártida).

Intrépidas Recoge la historia de 25 mujeres viajeras y exploradoras de distintos momentos de la historia, que salieron a descubrir mundo rompiendo con los estereotipos de género de su época. Mujeres que quisieron conocer, aunque no siempre tuvieran éxito en sus empeños. De Cristina Pujol Buhigas con ilustraciones de Rena Ortega.

El Barco de Vapor apuesta por la lectura fácil pensando en los niños que tienen dificultades leyendo

(GTRES)

Los textos adaptados a lectura fácil son imprescindibles para muchas personas que tienen dificultades lectoras transitorias o permanentes. Tienen que seguir las directrices Internacionales de la IFLA (International Federation of Library Associations and Institutions) y de Inclusion Europe en cuanto al lenguaje, el contenido y la forma y ser validados para contar con el logo LF. En Lecturafacil.net y en la web de PlenaInclusion hay más información sobre la lectura fácil.

Hace año y medio SM lanzó sus primeros libros de El Barco de Vapor adaptados a lectura fácil, libros que conservan la historia y los valores presentados de una manera más accesibles. Una decisión empresarial que hay que agradecer, porque acerca esas historias a niños para los que disfrutar los libros convencionales es una tarea demasiado ardua, incluso imposible. A día de hoy tienen disponibles en versión adaptada los siguientes libros: El club de los raros de Jordi Sierra i Fabra, Siete reporteros y un periódico de Pilar Lozano, El robo del siglo y El país de los relojes de Ana Alonso, Cómo consolar a una ardilla de Begoña Oro, El fantasma de la casa de al lado de Iñaki R. Díaz, Pirata Plin, Pirata Plan, de Paloma Sánchez y La lista de cumpleaños de Anna Manso.

He podido hablar sobre este empeño por acercar la lectura a los niños que más dificultades tienen con Iria Torres, editora de literatura infantil y juvenil de SM y de Lectura Fácil.

¿Qué se tiene en cuenta al seleccionar los títulos que serán adaptados?
Principalmente dos criterios. Lo primero es que sean adaptables. Cualquier historia se puede convertir a lectura fácil, pero es cierto que las que tienen demasiados personajes o hay saltos en el tiempo dificultan el proceso de adaptación, porque significa cambiar mucho la historia y nuestra intención es que sea lo más parecida posible para que los niños puedan leer el mismo libro, que aunque se note la diferencia no sea demasiado grande. También que sean títulos que se empleen mucho en el aula, que sea libros populares que los profesores recomiendan habitualmente, porque nuestra intención es entrar en las aulas y que haya la sensación de que todos los niños de la clase, independientemente de su nivel o dificultades, puedan leer el mismo libro.

¿Hay algún criterio más, además de esos dos que son clave?
Como en cualquier edición siempre intentas que sean títulos que enganchen, de autores más o menos reconocidos para que tengan tirón en el mercado, que a la gente les suenen, pero sobre todo empezamos por títulos importantes en nuestro catálogo y que se pueden adaptar bien.

¿Cómo es el proceso de adaptación?
Lo primero que hacemos es contactar con autores e ilustradores. Y la verdad es que hemos tenido muchísimo éxito en ese sentido, porque ha habido una acogida muy buena por parte de todos; es muy bonito porque se han implicado mucho. En general les damos dos opciones, que ellos colaboren en el proceso de reescribir el libro, porque es de lo que se trata la adaptación. Si no pueden por cuestiones de tiempo o porque imagina, es una autor que ha muerto, hacemos directamente la adaptación; la hacen las editoras especializadas María José Sanz y María Sanromán.

Con las ilustraciones sería lo mismo, una vez tenemos el texto adaptado, los ilustradores las adaptarían con los criterios que las editoras les van marcando: pues en esta escena queremos que se entienda esa acción en concreto, que la ilustración resalte más sobre el fondo, que sea más comprensible o que no haya elementos que distraigan demasiado la atención. Ese tipo de cosas.

Y una vez está el texto que cumple con las características que marca la Unión Europea, llega la fase más importante, que es la validación. La sesión de validación, además de que es fundamental y necesaria para emplear el sello de lectura fácil, es muy útil porque nos permite ver si de verdad vamos por el buen camino y corregir los problemas que haya podido haber. Nosotros lo hacemos con niños en el colegio. La selección del grupo de entre 8 y 10 niños la hace el propio centro educativo y se organiza una sesión para valorar si están entendiendo un par de capítulos. Se hace una lectura en voz alta, luego cada uno tiene que leer una parte de lectura autónoma y se les realizan una serie de preguntas para ver si han entendido la historia, si las ilustraciones les han ayudado. Con esto corregimos un poco el texto. Por ejemplo, la primera vez a una niña que tenía dislexia le costaba seguir la lectura porque saltaba de una línea a otra. La interlínea no era suficiente y nos vino muy bien porque nos ayudó a ampliarla.

¿A quién van dirigidos estos libros?
El colectivo es muy grande, desde inmigrantes que llegan a España y no controlan la lengua, como niños con una discapacidad o niños con un problema transitorio que al final no tienen un libro que puedan leer. Y la lectura es fundamental para el desarrollo de la persona. La idea que tenemos es ayudar a los padres y a los profesores, y así también a los niños al final. Yo tengo amigos que son profesores que me cuentan que les cuesta mucho poder atender a las necesidades de todo el mundo porque la ratio es la que es y la formación que ellos tienen tampoco es la más adecuada, los medios que hay en los colegios son muy limitado al final, así que todas las herramientas que les puedas dar son bienvenidas.

¿Por qué se embarcó SM en este proyecto?
Nació por una preocupación interna que venía desde hace tiempo. El objetivo de SM es llevar la lectura a todos los niños y no estábamos en realidad cumpliendo esa misión. También hay una compañera en SM que tiene un niño con discapacidad y lo planteó: “jolín, yo tengo dos niños y uno puede leer los libros de Barco de vapor pero el otro no”. Vimos que había una solución que era la lectura fácil, que no conocíamos mucho porque la verdad es que es algo que si no tienes a alguien cerca que lo necesite no sabes lo que es. Empezamos a investigar a ver qué posibilidades había, fuimos formándonos, nos acercamos a la gente de Plena Inclusión y vimos que la mejor forma de conseguirlo era adaptando a lectura fácil los libros que teníamos en el catálogo.

¿Cómo están funcionando? ¿Hay intención de seguir sacando nuevos títulos adaptados?
La verdad es que están funcionando bien. Tanto profesores como padres nos han agradecido la labor que estamos haciendo, nos han reconocido que era cierto que hacía falta algo así porque no había mucha variedad de títulos en literatura infantil adaptados a lectura fácil, así que nuestra intención es seguir. Este año hemos sacado dos libros más. Y lo que podamos. Está todo el mundo muy ilusionado. Es un proyecto que se basa en la ilusión que le ponemos; es lo que primamos más, por encima de números o ventas. Estamos pensando más en que es algo que es importante y necesitamos hacerlo.

¿La distribución es igual?
Hacemos la misma distribución, no los tratamos de forma diferente. Son libros que funcionan mejor en colegios pero la idea es que la gente se conciencie de lo que es la lectura fácil y cuando vayan a la librería vean los dos títulos y puedan decidir cual es el que mejor se adapta a sus necesidades.

Es decir, que los interesados pueden ir a su librería y encargarlos.
Exacto. Sin ningún problema

Más allá de su venta, ¿hay alguna acción especial con alguna asociación?
De momento no. Con Plena Inclusión tuvimos una colaboración y nos revisaron los títulos que sacamos al principio, para decirnos cómo veían lo que estábamos haciendo. Teníamos muy claro que era importante ir de su mano porque son los que más saben de este tema. Si vas a hacer un libro adaptado y no cuentas con gente con discapacidad, no cuentas con gente que sepa del tema, no sirve de nada. Estamos en contacto con ellos permanentemente pero no estamos haciendo ninguna acción especializada. Tampoco queríamos que los libros estuvieran marcados por una organización y no por otra. Queríamos abrir mucho el proyecto. Sí que participamos siempre que podemos en cualquier evento que nos invitan de lectura fácil, pero de momento no tenemos ninguna acción específica.

Dada esa vocación de hacer accesible la lectura a todos los niños, ¿hay algún proyecto para acercar vuestros libros a los niños con deficiencias visuales?
De momento no. Es un tema al que también estamos dándole vueltas porque nos gustaría. Estamos viendo qué podemos hacer, pero no tenemos nada. También es cierto que en este campo La Once es la que más está trabajando y tiene un catálogo impresionante, tanto de audiolibros como de libros adaptados al braille.

¿Os consta que haya otras editoriales apostando por la lectura fácil?
Hay editoriales especializadas, pero es verdad que las grandes editoriales no están haciendo mucho al respecto. Loqueleo sacó El amor es demasiado complicado de Andrés Guerrero. Y van a sacar un segundo título este año. Está más dirigido a un público juvenil y es tipo cómic, es una alternativa también muy interesante. Nosotros porque somos una editorial de literatura infantil y llegamos hasta donde podemos llegar, pero yo creo que este tipo de cosas al final sí que contagian un poco al resto de editoriales. Ojalá el resto se animara a hacer lo mismo.

En este caso os alegraría tener competencia.
Ojalá. Yo animo a todo el mundo a que se ponga a hacer libros en lectura fácil. Sería maravilloso, la verdad.

 

¿Qué libro os marcó en vuestra adolescencia?

Os lo pregunto porque me interesa, porque seguro que las respuestas me traen recuerdos. Y oye, lo mismo así se nos ocurren libros que pedir a los Reyes Magos si tenemos algún adolescente cerca. Los libros son un regalo estupendo, por mucho que haya gente que no lo crea así.

Todo empezó con un tuit del escritor y maestro Nando López, suyo es todo el mérito.

Es cierto que es difícil elegir uno solo. La adolescencia dura varios años y hay sitio para muchos libros. En mi caso también recuerdo especialmente Dune, La rueda del tiempo, Pequeño gran Hombre, La decisión de Sophie, Holocausto, Los pilares de la tierra, los de caballos de Walter Farley, La princesa prometida, todos los de Pearl S. Buck y de Jack London, Crimen y castigo

Los guardo con cariño deseando que mi hija se adentre entre sus páginas cuando crezca y preguntándome si no debería yo zambullirme también de nuevo en ellas. Si los leyera hoy serían libros nuevos, una experiencia completamente diferente.

No estoy segura, porque leerlos de nuevo puede ser un gran goce pero también puede traer cierta decepción. Con algún título ya me ha pasado.

Y he estado disfrutando mucho leyendo los títulos que la gente recuerda como especiales en esa época de transición en la que buscamos el norte, a veces sin saberlo y en ocasiones sin éxito.

Hay nombres que se repiten. Rebeldes de Susan E. Hinton, Shiddarta y El lobo estepario de Hesse, también Tolkien, etc.

¿Cuáles son los vuestros?

Cómo comprar cuentos para nuestros niños para no encontrarnos ‘magestuosos’ caballos

La pasada semana me pasé por la oficina de Correos de mi barrio junto a mi hija. Mientras esperábamos, estuvimos cotilleando lo que tenían a la venta: cajas decoradas, productos de UNICEF y libros infantiles. Había cuentos y álbumes con pegatinas sobre distintos tipos de animales.

Esto es lo que encontramos nada más abrir el de los caballos. Un ‘magestuoso’ caballo andaluz. Mi hija, que tiene nueve años y confía en la letra impresa no se sobresaltó, pero a mí casi se me caen los ojos.

Nadie está libre de cometer una errata. Son las últimas que abandonan el barco, que decía un amigo. Pero una tan clamorosa, detectable por cualquier corrector automático y en un libro dedicado al público infantil con tan poco texto, me parece que clama especialmente al cielo.

A saber escribir se aprende leyendo. No nos engañemos, por mucho que estudiemos la asignatura de Lengua, las reglas a seguir, en gran medida cómo escribimos viene de nuestra memoria visual, de lo que hemos visto impreso. Que algo mal escrito nos chirríe cuando lo vemos es lo más habitual.

Encontrar esas majestuosas faltas de ortografía en libros destinados a los niños, que están construyendo ese radar, duele especialmente por tanto. Igual que es una pena que haya tanto cuento y álbum de calidad inexistente dirigidos a sacar pasta de la infancia.

Normalmente muy baratos, proliferan en mercadillos, casetas de numerosas ferias dedicadas al libro y supermercados. Por dos o tres euros facilitan versiones, a veces realmente malas e incluso incongruentes, de los cuentos clásicos infantiles, recopilatorios de chistes o curiosidades, álbumes con pegatinas, de animalitos como el de la imagen de este post, etc. Hay editoriales especializadas en publicar estos subproductos de usar y tirar que poco aportan.

Como dice la cuentacuentos y bloguera especialista en literatura infantil Trastadas de mamá, hay demasiados casos en los que parece que si es un libro para niños cualquier cosa vale, y no debería ser así.

Las familias deberíamos apoyar solo a las editoriales que miman sus productos, que se toman en serio la responsabilidad que supone hacer un libro dirigido a los niños, y no a empresas que sacan morralla insulsa y barata, pero sin valor, pensando solo en lucrarse.

Y eso me recuerda este viejo post con consejos para comprar cuentos. Os recuerdo parte, por si en esta época previa a las navidades os resulta útil.

También os recuerdo que los libros pueden ser regalos estupendos, que otro mal muy arraigado entre demasiados es creer que regalar un cuento es como regalar unos calcetines, que los niños solo aprecian los juguetes.

¿Cómo comprar cuentos para nuestros niños?

Es buena idea seguir las recomendaciones procedentes de los colegios, libreros de confianza y otros padres en cuyo criterio confiemos. Teniendo siempre en cuenta que hay un mundo a descubrir mucho más allá de los típicos clásicos súperventas como ¿A qué sabe la luna? O Adivina cuánto te quiero.

Algunos de los cuentos más cuidados, con más cariño creados y que más han gustado en casa, provienen del crowdfunding, no son tan populares, pero igualmente meritorios. En el blog he hablado, por ejemplo de Las ciudades de colores, Un amigo diferente, El silencioso amigo del viento, Galgui o Mujeres. Es una vía a explorar.

Hay blogs dedicados a reseñar estos productos. Yo lo hago de vez en cuando pero ahí está, por ejemplo, el blog especializado en estas lides de Trastadas de mamá, que es bibliotecaria y cuentacuentos, hace talleres de cuentos para padres y puede guiarnos, también desde sus redes sociales.

Una ventaja de los cuentos es que son breves y se les puede echar un buen vistazo antes de comprarlos en casi cualquier librería. Merece la pena hacerlo. Igual que merece la pena llevar a los niños a esas librerías que permiten que miren y decidan qué les gusta y escucharles.

Otra buena idea es fijarnos en los nombres de los autores y de las editoriales. De hecho, cuando he leído cuentos con Julia siempre empezamos viendo la portada y leyendo quien lo ha escrito y publicado. Si un autor nos encanta podemos mirar que más hay publicado en España por esa persona. Lo mismo vale para las editoriales que veamos qué sacan títulos que nos gustan y que tienen en sus webs y redes sociales sus catálogos y novedades.

Conviene desconfiar de entrada de los libros vinculados a licencias. Puede haber cuentos estupendos basados en La patrulla canina, Peppa Pig o cualquier otra serie infantil de éxito, que juegan con el factor nada desdeñable de despertar el interés de nuestros hijos de entrada por tratarse de personajes que les gustan, pero a veces se da lo de “tira de la licencia y échate a dormir”. Si la calidad del cuento no nos convence, mejor ponerles un episodio de la serie en la tele y leer otro cuento. En casa hemos leído muchos cuentos y ninguno con licencia se encuentra entre los mejores.

Las bibliotecas públicas son un gran invento infrautilizado con frecuencia. Todas tienen sección infantil y acudir allí nos permite trabajar con nuestros hijos la responsabilidad y el cuidado de los bienes ajenos.

Y para terminar, por mucho que muchos cuentos tengan un importante componente educativo, lo más importante es que nuestros niños se diviertan, que disfruten entre sus páginas. El amor a la lectura no nace de la imposición y no a todos nos gusta lo mismo. Tal vez un libro que a nosotros nos parezca maravilloso, a nuestros hijos no les llame la atención. En esos casos no merece la pena insistir.

‘Lila, la pequeña libélula’, un cuento para entender el autismo

Lila es azul y hermosa, porque es única. Tiene un ala más pequeña, pero vuela acrobática sin cesar, inquieta y nerviosa. Le gusta jugar, sentirse querida y cuidada. No es tan diferente del resto de libélulas que pueblan la charca. Pero Lila es muy preguntona, le gusta tener bien controlado lo que va a pasar, qué viene a continuación, lo que durará la diversión. Y no le gustan nada los imprevistos. En un mundo que a veces resulta difícilmente comprensible, tanto pregunta, tanto pregunta, que su madre necesita inmensas dosis de paciencia para responder constantemente lo mismo. Por eso se les ocurre emplear un cuaderno en el que todo esté plasmado.

Lila, la pequeña libélula (Editorial Pábilo – 16 euros), es un cuento bellamente ilustrado por Carolina Luzón y escrito con una poesía y sencillez acorde con las ilustraciones por David Gómez, que sabe bien lo que se trae entre manos. David es vicepresidente de la Asociación Mírame de Granada, una entidad integrada en Autismo España y tiene un hijo de 10 años con autismo. La inspiración de la inquieta Lila.

David y Carolina han logrado crear un cuento que aporta, dotado de la misma delicadeza en los textos y los dibujos como el vuelo de una libélula; un cuento que ayuda a que se comprenda mejor a muchas de las personas que tienen autismo. Conozco niños y adultos como Lila y Sergio, que bullen de vida y necesitan un mundo estructurado. No todos son así. Mi hijo, por ejemplo, se parece poco a Lila. Si Jaime fuera una criatura en el bosque en el que se encuentra la charca de Lila y su familia, sería más bien un zorrillo indolente, que disfruta escuchando el trinar de los pájaros mientras saborea uvas dulces cómodamente enroscado en su cálida madriguera y al que no le preocupa mucho que su mundo se estructure mientras se sienta querido y cuidado.

No me cansaré nunca de explicar la enorme variedad de manifestaciones existente dentro del trastorno del espectro autista. Igual que no me cansaré tampoco de insistir en que la etiqueta diagnóstica no debe eclipsar ni tratar de explicar por completo a la persona. Lila es un cuento que sumado a otros maravillosos como El cazo de lorenzo, Lucas tiene súperpoderes o Por cuatro esquinitas de nada contribuyen a entender y aceptar la diversidad.

En absoluto a modo de crítica, sino como sugerencia de mejora, creo que es un cuento que pide a gritos al final unas pocas páginas explicando qué es el autismo a modo de guía didáctica, incluso con propuestas de actividades para los niños y las familias. Sobre todo pensando en si cae en manos de personas ajenas al autismo. Pero incluso sin esa guía, su valor es innegable. Cualquier niño comprenderá que se trata de una preciosa historia que pone en valor al diferente.

Tenía pensado recomendar este cuento con una entrevista a su autor, pero no es necesario. Si queréis saber más del trasfondo tras el vuelo de la libélula azul, el color del autismo, podéis ver el vídeo de la presentación que se llevó a cabo el pasado mes de septiembre. A partir del minuto 25 podéis escuchar a David, un “enamorado de la literatura infantil”. Y luego a Carolina, impulsora de la idea, que insiste en la importancia de fijarse en los detalles del cuento.

Cuarenta años de Barco de Vapor, ¿cuál fue tu libro favorito?

Barco de Vapor fue el primer sello de literatura infantil que se lanzó en España, y eso fue hace cuarenta años. Resulta que tenemos más o menos la misma edad, yo tengo cuarenta y dos. Lo de que he crecido junto a sus libros, es literal.

No sé qué equipo de gente, dentro de SM, decidió más o menos cuando yo nacía arremangarse y crear esta colección, pero lo menos que puedo hacer es agradecérselo. Tuvieron buen tino en la selección de títulos que editaban, tanto que sus decisiones editoriales conforman la infancia de varias generaciones desde 1978.

La flota supera los cuatrocientos títulos y sigue mirando al futuro, trayendo por ejemplo algo tan importante como versiones de sus libros en lectura fácil, de lo que tengo que hablaros en profundidad en un futuro.

Confío en que sigan navegando con los niños como norte, más que el negocio puro y duro y la búsqueda de nombres de relumbrón pero que no tienen demasiada tinta en las venas. Me da la impresión de que mantener el buen rumbo y primar la buena literatura es más sencillo cuando los lectores son niños, aunque la competencia sea ahora mucho mayor que cuando El barco de vapor comenzó a navegar. Y espero que sus libros cada vez muestren más la diversidad de afectos existente, porque nuestros hijos lo necesitan.

Pero no quiero mirar al futuro, sino a nuestro pasado, porque estoy segura de que en la niñez de todos hay al menos un barco de vapor que nos marcó.

Ayer mismo dejé en mis redes sociales la misma pregunta que hoy os traigo, y recorrer las muchas respuestas recibidas es un paseo delicioso por las historias que nos acompañaron de niños: Medianoche en la luna, Los hijos del vidriero, Bibiana y su mundo, El fantasma de palacio, La cazadora de Indiana Jones, Un duende a rayas, Las aventuras de Vania el forzudo, Querida Susy, querido Paul, En el círculo del tiempo, Terror en Winnipeg, Asesinato en el Canadian Exprés, El rey de Katoren, Kiatoski y el robo de chicles, etc.

Es innegable la magia de esas primeras lecturas, que perduran en nosotros y seguro que nos marcaron. Yo me recuerdo riendo sola en el sofá con las ocurrencias de Juan Muñoz Martín en El pirata Garrapata o Fray Perico y su borrico en el sofá, un autor al se tuve la suerte d conocer y con el que tuve una charla entrañable hace tres años. También me acuerdo devorando en una terraza Gran lobo salvaje, de René Escudié. Mientras mis padres charlaban con sus amigos, yo estaba inmersa en la búsqueda del cachorro Tritus, cuyo nombre acabaría teniendo uno de mis perros.

Seguro que vosotros también tenéis recuerdos semejantes y felices. Por eso transmitir a nuestros hijos el amor por la lectura es uno de los mejores regalos que podemos hacerles. Por eso conservamos nuestros viejos cuentos y se los ofrecemos, dos infancias a bordo del mismo barco. O lamentamos haberlos perdido y buscamos las reediciones.

Por eso los editores, autores e ilustradores de Barco de Vapor, los de antaño y los actuales, se merecen que les deseemos un feliz cumpleaños. Y que cumplan muchos más.

‘Chiquitina’, un cuento con el que sembrar la felicidad en los niños

Conozco a María José Rodríguez desde hace varios años y gracias a Jugando por ellos, una iniciativa solidaria que tira de los juegos de mesa para ayudar a los animales abandonados. Algo que supone tiempo y esfuerzo a sus organizadores, entre los que ella se encuentra, sin más retorno que la satisfacción de ayudar.

María José es una persona apasionada, que aúna artes y ciencias en su persona. Es científica, trabaja por Apadrina la ciencia porque no hay causa justa que la conmueva a la que no se sume. Y también dibuja maravillosamente y escribe. Tiene ya varios cuentos publicados y os recomiendo todos ellos: Galgui, Elefante y Miguel, Un amigo diferente y Chiquitina, ilustrado por Clara Luna, que fue el primero y ahora se ha convertido también en el último. Un cuento para enseñar a los niños a quererse tal y como son.

Sus cuentos no vienen de la mano de grandes editoriales, sino por iniciativa propia y mediante crowdfunding. Os voy a confesar que precisamente por esta vía es como estoy encontrando obras más interesantes, aunque ese es un tema del que hablar otro día.

Hoy la protagonista es María José y Chiquitina, cuyo Verkami está ahora en marcha para poder llegar a tiempo en las alforjas de los Reyes Magos. Y además llegar acompañado de distintas recompensas, como estas pegatinas que resumen perfectamente el espíritu de este cuento.

Y nadie mejor para hablar de Chiquitina que su autora. Con ella os dejo:

A raíz del crowdfunding de mi cuento Chiquitina- el primer cuento que edité con dinero de mi bolsillo y del que ahora queremos sacar una segunda edición a través de micromecenazgo – Melisa me ha pedido que escriba sobre él o sobre mi decisión de autopublicar mis cuentos.

Como a Chiquitina podéis conocerla en la página de la campaña, y os invito a hacerlo, he decidido escribir sobre lo segundo.

Todo lo que queremos los padres es que nuestros hijos sean felices y hagan realidad sus sueños. Y yo escribo cuentos para aportar mi granito de arena a esos objetivos.

Suelo ser una persona eminentemente práctica, qué le vamos a hacer. Me gusta hablar de cosas importantes en mis cuentos, pero sin que estos pierdan su consistencia de cuento. Me gusta pensar que son como pequeñas varitas mágicas. Con ellas – con ellos – siembro algo pequeño y espero que crezca. Confío en que crezca. Y confío en que mis cuentos ayuden a los padres a hacer crecer aquello intangible que intentamos sembrar.

No sé exactamente cómo funcionan los cuentos, cómo dejan su huella en los niños, pero sé que funcionan porque funcionaron conmigo. Y no solo siembran sentimientos o impresiones. También siembran conexiones.

A la pregunta de por qué publico yo misma mis cuentos, la respuesta es porque me mantienen conectada con mis lectores. Y creo que esta conexión no sería tan fuerte ni tendría tantas sorpresas si hubiera una editorial de por medio: me emociona descubrir que hay gente que, sin conocerme, se implican y participan en el Verkami incluso desde el primer día, y repiten con mis otros cuentos, encontrar la campaña de Chiquitina anunciada en un periódico de mindfulness en inglés (probablemente lo más curioso que me ha pasado), recibir una foto de Indy (alter ego de Galgui) como respuesta a un sencillo tweet mío, recibir correos de padres explicándome cuánto les gustan mis cuentos a sus hijos, que alguien me cuente que Chiquitina es la imagen del perfil de un amigo suyo, que una lectora me mande un Galgui de fieltro con su escayola y todo…

Tenéis que entender que yo no soy J.K.Rowling ni vendo millonadas de libros. Y sin embargo, y a pesar de los pocos que he publicado, encuentro lazos que me unen a otras personas que ni conozco y cuyas opiniones probablemente difieran de las mías en muchos aspectos, pero eso no importa porque estamos unidos por los cuentos. Y por los niños, aquellos que deberían estar por encima de cualquier otra cuestión. Así que nos dejamos llevar por aquello que nos une y no prestamos atención a aquello que podría separarnos.

Llamadme ingenua, pero eso es lo que me gusta. Prefiero ser realmente idiota como Cortázar y maravillarme ante estas cosas tan sencillas y tan hermosas… y tan reales. En esos momentos me siento como una niña descubriendo algo nuevo. Y tengo la intención de no despertar de ser niña, tal como aconsejó Miguel Hernández, porque con mis ojos de niña y mi ingenuidad de niña consigo hacer caso omiso de aquello que lastra y desespera, y consigo seguir pensando que puedo poner una piedra sobre otra y construir así un mundo mejor.

Algo muy ingenuo, lo sé. Pero fijaos: ahí están los cuentos. Y los mensajes. Y las conexiones. Desafiando con su existencia a aquellos que dicen que esas cosas sólo pasan en las películas. Por eso sigo escribiendo cuentos, porque veo su maravilloso poder de sembrar algo importante en el corazón de los niños. Y en el mío.