‘Saboteur’, ‘Hombres Lobo de Castronegro’ y ‘Secret Voldemort’, tres juegos de roles ocultos divertidos, fáciles y para multitudes

No son ninguna novedad, ni mucho menos. Son juegos de mesa (de cartas) veteranos (al menos los dos primeros, el tercero tiene sus particularidades) que si resisten en las estanterías de las tiendas especializadas es por algo. Son fáciles de entender, rápidos de jugar, baratos, abultan poco y las risas con ellos están aseguradas.

Tienen además en común que todos son juegos de roles ocultos, muy sociales y abiertos a la interpretación. La carta que te reparten indica quien eres, tal vez un hambriento hombre lobo, tal vez un minero boicoteador, tal vez un nazi (o un mortífago, en la versión que nosotros jugamos de Secret Hitler, que es Secret Voldemort).

Los hemos puesto a prueba con niños de unos siete u ocho años, abuelos y personas completamente ajenas al universo de los juegos de mesa, y siempre funcionan.

Me atrevo a decir que los dos primeros son imprescindibles en hogares en los que se reúnan muchos dispuestos a pasarlo bien juntos un rato ante una mesa. También si nos vamos de vacaciones en amplia compañía. Y el tercero es más que recomendable también.

Hombres Lobo de Castro Negro es una sencilla baraja de cartas, para el que hay ampliaciones, y que podemos adaptar a nuestro gusto con un buen puñado de personajes. Requiere al menos ocho jugadores (admite hasta 18) y un narrador, que indica cuando llega la noche y toca cerrar los ojos para permitir a los hombres lobo salir de cacería (o a Cupido para unir corazones, o a la la vidente o la bruja para intentar contrarrestar a los malvados), haciendo avanzar el juego. De día todo el pueblo debe ponerse de acuerdo para linchar a un sospechoso de ser hombre lobo, con el voto doble de un alcalde elegido democráticamente. Ganan los lobos si al menos uno de ellos queda en pie tras haber devorado a todos los aldeanos. Pierden si caen derrotados. Si jugamos con Cupido, que no es obligatorio, también pueden ganar los enamorados que designe si son ellos los que quedan en pie, aunque sean un aldeano y un licántropo.

A los hombres lobos los edita en España Asmodee y cuesta unos diez euros. Fue diseñado por Dimitry Davidoff, Philippe des Pallières y Hervé Marly e ilustrado por Alexios. Reconozco que lo único que me gusta poco del juego son precisamente las ilustraciones. Cosa de gustos. Y así como truquillo, con una baraja convencional o papelitos se puede también jugar, aunque siempre es de recibo comprar el juego si probamos y nos gusta.

Saboteur es otro clásico familiar. Otra baraja de cartas que, al contrario que con los hombres lobo, sí que habrá que desplegar sobre la mesa. Permite de tres a diez jugadores, cuyo objetivo será construir túneles poniendo cartas hasta llegar a la pepita de oro si son buenos enanitos mineros. Si son saboteadores su objetivo es boicotear sus esfuerzos colocándoles galerías truncadas y propiciando derrumbes. Las cartas que rompen y arreglan picos, luces y carros servirán de armas a ambos bandos. El problema, y lo divertido, es que no siempre está claro quién está en qué bando.

La idea es jugar tres partidas y gana el jugador que acumule más pepitas. Los saboteadores, por ser siempre menos, es fácil que obtengan más oro al ganar una ronda.

Este juego, un éxito mundial incontestable con continuaciones del belga Frederic Moyersoen, tiene un precio similar. Se puede encontrar por unos diez u once euros.

Vamos por último con Secret Hitler, aunque ya os comenté que en nuestra casa es la adaptación Secret Voldemort porque preferimos tirar del universo de Harry Potter. Cuesta el doble que los dos anteriores, cuesta algo más encontrarlo (aunque internet todo lo puede) y recuerda más al primero de ellos.

Permite de cinco a diez jugadores y divide a todos ellos en dos grupos secretos, que en la versión original, ambientada en la Alemania de los años 30, son liberales y fascistas (más de los primeros que de los segundos, entre los que se encuentra Hitler al que deben encumbrar como líder).

Los creadores de este juego, nacido de Kickstarter, son Mike Boxleiter (fan como yo de Band of brothers, la serie de Spielberg de la Segunda Guerra Mundial), Max Temkin y Tommy Maranges.

Es una pena que el éxito internacional que tuvo no se replicara en España. El juego lo merece.

Su versión Harry Potter, más apto para ser un juego familiar, requiere tirar de manualidades (también pueden llevarse a cabo en familia). Aquí podéis echar un ojo a cómo es:

Los niños prefieren a los hombres sin barba

Por mucho que se puedan poner de moda (a todo esto: ¿habrá pasado ya la moda?), por atractivas que puedan resultar a muchos adolescentes o adultos, parece que a los niños, eso de las barbas, no les va en absoluto.

No es solo una impresión personal, aunque podría. He visto a bastantes bebés y niños pequeños extrañados ante el sonriente rostro barbado de un extraño o tras escucharles quejarse de que aquello rasca, pica y es raro. Claro que eran hijos de padres dados al afeitado y podría ser la falta de costumbre.

En la australiana universidad de Queensland se han puesto a estudiar el tema en serio y pusieron a prueba las barbas con 470 niños; niños que tenían desde nueve meses hasta trece años. Desconozco si tenían padres, abuelos o tíos barbudos.

A todos ellos les mostraron distintas series con parejas de fotos, en cada pareja se veía al mismo hombre con barba y recién afeitado. Las preguntas que hicieron a los niños fueron: “¿Qué hombre parece más fuerte? ¿Cuál parece mayor? ¿A cuál se le ve mejor? ” ‘Which man looks stronger?’ ‘Which man looks older?’ ‘Which man looks best?'”.

Pues incluso los niños más peques asociaron las barbas a mayor fortaleza y edad (que lo sepáis, la barba os hace parecer más viejos, al menos ante los niños). Pero ante cuál era mejor, la respuesta era abrumadora hacia los lampiños.

Con apenas un año y nueve meses ya les desagradan pero es que la cosa no mejora. Con trece años les gustan aun menos, aseguran los autores del estudio.

Ahora que ya lo sabéis, lo de tirar de cuchilla o maquinilla de afeitar si tenéis niños o trabajáis con ellos, es cosa vuestra.

Aunque como dice Álex, con toda la razón:

“Los campamentos, mayoritariamente, no están preparados para tener niños con discapacidad”

Mi hijo, que tiene autismo y está severamente afectado, va a un campamento urbano durante todo el mes de julio. El mismo desde hace muchos años, organizado por el equipo de ocio y respiro familiar del colegio especial, especializado en niños con TEA, al que acudía hasta hace cuatro años.

Está allí de 8 de la mañana a 16 de la tarde, va a la piscina, y es feliz. No habla, pero lo sabemos porque cada año, cuando se ve por primera vez en la puerta, entra encantado. Y cada día se sucede de la misma manera. Para él es una fiesta.

Es un campamento al que solo van niños como él, gestionado por profesionales formados y empáticos. No es barato, en absoluto, pero no nos planteamos no llevarle. No solo porque para conciliar es inevitable (no podemos dejarles solo en casa o al cuidado de otras personas), también porque es beneficioso para él, que se ejercita y estimula, y porque le gusta.

Muchos niños como mi hijo, en mi entorno, acuden a campamentos similares. No todos. Otros se quedan en casa, con cuidadores o familiares. Algunos tienen localizados otros campamentos que también están especializados en personas con discapacidad, una mayoría prolongaciones del colegio. Conozco un caso en concreto, de una niña adolescente, que va a uno de una asociación en el que todos sus compañeros son adultos. No pasa nada, está bien atendida, feliz.

Campamentos más caros, para los que hay menos plazas, no necesariamente cerca de casa, especializados, en los que todos sus participantes tienen discapacidad.

El problema viene cuando una familia con un niño con discapacidad quiere que su hijo acuda a otro tipo de campamento, uno en el que esté incluido, al que tal vez vaya su hermano o su primo, que puede que responda a los intereses del niño.

Hay todo un universo de campamentos así en los que te la juegas, dependes de las personas con las que te encuentres, de los ratios que manejen, de la pura suerte.

Es un universo complejo al que nos asoma hoy mi compañera Lorena Gamarra con un reportaje que quiero recomendaros desde aquí: Niños con discapacidad en los campamentos de verano: “No te dejan ser, te dejan estar”.

Ha hablado con niños, con familias, con expertos. La declaración que titula este post es de uno de ellos. No os lo perdáis.

Ya a principios de mes hablé de este mismo tema, porque se están sucediendo las noticias de niños con discapacidad que se encuentran con problemas en distintos tipos de campamento que trascienden a los medios.

Entonces os contaba que los niños con dificultades especiales, las que sean, tienen todo el derecho a integrarse en todo tipo de campamentos que les motiven o beneficien. Es algo que les puede beneficiar de muchas maneras. También es bueno para los demás niños, para que sean conscientes de la sociedad diversa en la que vivimos. Es una relación que puede ser muy enriquecedora para ambas partes, si los adultos la sabemos gestionar.

Necesitamos muchos más campamentos que apuesten por la inclusión, que abran sus puertas a otras realidades, que sean valientes y les dediquen plazas y recursos. Lo necesitamos imperiosamente y en muchos sentidos.

Pero un campamento jamás debería asumir la responsabilidad de atender a uno de estos niños si no tienen la seguridad de poder manejarlo bien. No es un reto que puedan tomarse a la ligera. Si no tienen la seguridad de poder hacerlo es mejor que lo expongan desde el primer momento.

No se puede ser valiente a secas, hay que serlo respaldado por la capacidad y el conocimiento. No se puede jugar a la prueba y el error con los niños.

Así, tal vez, evitemos un sufrimiento innecesario a muchos niños.

Libertad para los abuelos

Hoy es el día de los abuelos. ¡Qué haríamos sin ellos! Nos sacan las castañas del fuego a los padres más o menos recientes de muchas maneras. La baja natalidad de este país estaría aún más por los suelos de no ser por su apoyo, que se manifiesta de diferentes maneras.

Son un sostén imprescindible. Eso a veces se traduce en que, por mucho que quieran a sus hijos y nietos, puedan estar cansados, quemados, estresados, incluso crear disensiones en la pareja. Pueden estarlo puntualmente o de forma constante. Con demasiada frecuencia sacrifican sus últimos años sin poder pasar tanto tiempo como querrían tranquilamente, a su ritmo, tal vez en sus pueblo o en la playa.

En muchos hogares sería imposible salir adelante sin ellos. Poco se puede decir en ese caso, salvo lo importante que es valorar y agradecer su ayuda.

Pero este año he decidido pedir la liberación de los abuelos injustamente cautivos, porque hay otros casos en lo que que esa dedicación al cuidado de los nietos podría ser menor. Hay hogares en los que se podrían encontrar alternativas para que los abuelos no vean como una carga. Hay padres que, si quisieran, podrían dar con soluciones que aliviasen la responsabilidad constante de cuidar de los nietos. Tal vez no podrían cambiar de coche, de móvil o de bolso tan a menudo, pero la felicidad y el descanso, la salud y la felicidad de nuestros mayores vale más que todo eso.

Hay padres con mucha caradura. A sabiendas en unos casos y por no haberse parado a pensarlo en otros.

Abuelos, exigid vuestra libertad si estáis en esa situación. Sé que no es fácil, que pensar en protestar, en plantarse y protestar os cuesta, que darse cuenta de que vuestros hijos tal vez estén abusando un poco o un mucho de vostoros no es sencillo de ver y de afrontarlo.

Y dejáos liberar. También sé bien que muchos de vosotros queréis ayudar tanto, tanto, que os ofrecéis antes de que se os pida nada. Sé que amáis a vuestros hijos y a vuestros nietos, que sentirse necesario es muy positivo. Pero hasta un límite. No lleguéis a esa situación extrema, sed un poquito egoístas y pensad también en vosotros mismos.

Tras una vida entera trabajando, tras un futuro que implique tal vez más cuidados o problemas de salud que os impidan volar, merecen no tener esas obligaciones o que se minimicen en lo posible.

Decidnos no, nunca es tarde para que sigáis educándonos, poniéndonos en nuestros sitio, aunque tengamos treinta, cuarenta o cincuenta años.

(GTRES)

Mitos y realidades sobre la crianza y el embarazo

GTRES


Existen numerosos mitos en torno al embarazo y la crianza de nuestros hijos. Poco a poco se van diluyendo, pero demasiados aún persisten. Igual que también hay realidades que cuesta creer.

¿Sabrías distinguir aquello que es cierto de lo que es completamente falso? Ponte a prueba con este trivial.

Y así de paso también podrás repasar esos mitos que aún perdura, y que quién sabe de dónde salieron.

¿Los niños mimados son adultos débiles? ¿Nos encontramos ante una generación blandita?

Hay columnas de opinión, hay libros, hay corrillos, hay una corriente que asegura que estamos criando una generación de niños mimados, que lo que obtendremos serán adultos débiles, incapaces de enfrentarse a los retos que traiga la vida.

Generalizaciones que no se sostienen en más evidencia que la observación de lo que uno tiene a su alrededor, una observación llena de sesgos.

Igual que las mías, lo reconozco.

No sé qué opináis vosotros, pero lo que yo veo me dice que estamos intentando criar a nuestros niños con más amor, más respeto, teniéndoles más en cuenta que nunca. Y me niego a creer que eso sea algo malo.

El amor da alas al tiempo que ofrece un suelo firme. No lo digo yo, hay una legión de expertos que afirman que ese sentirse querido y respaldado crea adultos más seguros de sí mismos, con más capacidad para ser felices.

Por supuesto, lo nuevos tiempos entrañan nuevos retos, suponen también que cometamos nuevos errores. Nos podemos pasar de frenada, por supuesto que sí, y acabar haciendo más mal que bien.

Sí que creo que existe eso que se llama “padres helicópteros” o “hiperpaternidad”. En todo en esta vida está la aspiracional justa medida aristotélica tan difícil de alcanzar y excesos por los extremos. La lógica dicta a cualquiera que convertirse en una mezcla entre mayordomos, guardaespaldas y fans ciegos a sus defectos (al estilo Justin Bieber) de nuestros hijos puede acabar teniendo consecuencias negativas.

¿Hasta dónde mimar? ¿Dónde está el punto en el que nos estamos excediendo? Esto no es como preparar un bizcocho, no hay medidas exactas. Además, para individuo, cada familia tiene sus particularidades. Pero también parece lógico que resulte más sano excederse en el amor y en los cuidados que en la falta de atenciones y el desapego.

No sé vosotros, pero yo prefiero pecar por exceso que por defecto

Eso no quita que sea consciente de que hay que arropar, pero también incentivar que sean independientes, que sepan manejarse por la vida, que valoren lo que cuesta ganar un sueldo, que hay que respetar a los demás tanto como nosotros les respetamos.

No hay nada tan complejo como criar a un hijo. Y en nada tan complejo es tan sencillo poner el piloto automático y dejar que la vida nos conduzca dónde le dé la gana.

No creo que nos enfrentemos a una generación blandita. Cada generación es distinta a la previa, sobre todo en estás últimas décadas tan aceleradas. Distinta no significa ni mejor ni peor.

Existe cierta tendencia a dejarse llevar por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No es verdad. Como bien dice la divulgadora Nieves Concostrina, cualquier tiempo pasado fue anterior. Sin más. 

(GTRES)

 

 

¿Qué harías si el sueño de tu hijo fuera ser jugador profesional de eSports?

Ayer mismo fue noticia en este periódico que unos padres habían decidido sacar a su hijo del colegio para que se centre en cumplir su sueño, ser jugador profesional de eSports. No es que vaya a dejar de formarse, tendrá tutores y seguirá aprendiendo, pero no a la manera convencional. Calcula que podrá ganar entre 100.000 y 150.000 dólares este año compitiendo.

(CREATIVE COMMONS/ MAXIME_FORT / FLICKR)

“¿Están locos esos padres?” me preguntaba una buena amiga que tiene trato directo con chavales de instituto por su formación.

No necesariamente. Es algo que con los deportes no electrónicos sucede mucho pero no parece llamar la atención. El chaval o la chavala despuntan, tienen que ir a competiciones, y aunque se intente seguir con los estudios, el foco está puesto en el deporte.

Eso no sale en las noticias, pero es que los eSports son algo tan nuevo, hay tanto prejuicio aún con los videojuegos, que destaca. Pero viene a ser lo mismo.

De hecho, a diario hay demasiados chicos y chicas que dejan de estudiar, queriendo o no, para currar de camareros, en el campo, en oficios diversos o directamente para ayudar en las tareas de casa o no hacer nada. El abandono escolar temprano es un verdadero problema en este país y uno de los deberes urgentes y pendientes del gobierno, del que sea que acabemos teniendo.

Si uno de mis hijos despuntara en los eSports hasta ese punto, o brillase bailando, jugando al fútbol, al tenis o al ajedrez, procuraría que combinase ambos mundos, que siguiera formándose, pero tal vez me vería haciendo algo similar a lo de esos padres estadounidenses. ¡Quién sabe! Hay que verse en ello.

Es bueno tener sueños y perseguirlos y creo que es nuestro deber como padres ayudarles en ese empeño, pero es bueno también ser conscientes de que solo logran brillar unos pocos, muy pocos, y es también nuestra responsabilidad guiarles para que no se vean huérfanos de futuro si ese sueño no llega a cumplirse.

Me contaba mi amiga que hay muchos chavales en los institutos españoles que ven cómo una nueva profesión ser jugadores profesionales, instagramers o youtubers. Es lógico, están creciendo con referentes que se ganan la vida así. Lo que les tendría que quedar claro es lo complicado que es y que no pueden descuidar su formación, porque ellos no son como ese chico que ya está ganando dinerales con dieciséis años y ha dado pie a este post. Tampoco como Messi o Ronaldo, que esto es en gran medida extrapolaba al fútbol.

Me habla de adolescentes, de incluso doce años, saltándose clases, llegando privados de sueño, haciendo que sus padres se gasten dinerales en equipos informáticos. Sinceramente no creo que ahí estén en culpa los chicos, sino sus padres.

Debemos conducir bien esas pasiones, porque pueden abrirles muchas puertas en un futuro. No hablo ya de vivir siendo youtube o jugador (¿por qué no? ¿qué habría de malo si es lo que desean?), sino de que les facilite lograr un empleo relacionado con la tecnología que les es afín y les gusta (otra amiga apuntaba que en una conferencia le contaron que la mayoría de nuestros hijos tendrán profesiones que aún no existen) o simplemente tener una afición que les ayude a ser felices en su día a día.

Conducir bien es combinar, es no descuidar que tengan una base de conocimientos sólida, criterio y sentido crítico.

Eso es algo que no solo aporta el acudir al instituto o a la universidad, es algo que se logra leyendo, mostrando interés por la cultura, la ciencia, por estar informado de lo que pasa en el mundo en el que vivimos, desarrollando un sano escepticismo, aprendiendo a tener criterio y a moverse por la vida con sensatez.

Y esa pelota está sobre todo en el tejado de las familias. ¿Cómo lograrlo? Pues como casi siempre, dando ejemplo.

Dos equipos se enfrentan en el torneo oficial del videojuego de acción ‘Rainbow Six Siege’.
Firma: Andre Pichette / EFE

A los activistas LGTBi que van a dar charlas a los colegios

Yo también querría saber quiénes sois todos. Tengo la suerte de tener como amigo a alguno de vosotros,  pero de verdad que me gustaría conoceros a todos.

Me encantaría conoceros para poder daros un buen apretón de manos con el que agradecer que dediquéis lo más valioso que tenemos, el tiempo, a transmitir a nuestros niños la necesidad de abrir los ojos a un mundo que es diverso.

Necesitamos que crezcan sabiendo que amar a otra persona, sea quién sea esa otra persona, no es nada malo, nada que haya que esconder, nada raro. Necesitamos que crezcan queriéndose como son, felices, sin frustraciones.

Necesitamos erradicar del todo la infelicidad, el acoso, la vergüenza por no seguir los caminos que la tradición, la religión o simplemente la estrechez de miras han decidido imponernos.

Os necesitamos en las escuelas, haciéndoles ver a nuestros niños que el mundo es de muchos colores, que todos somos distintos y merecemos respeto.

Eso no es aleccionar, eso no es inculcar ideologías, eso es enseñar, eso es transmitir sabiduría y contribuir a que haya un poco más de bondad en este mundo. 

Necesitamos, nuestros niños necesitan, que os sintáis bienvenidos, que sigáis acudiendo. Por desgracia no todos ellos crecen en entornos en los que la empatía impere.

Sé que no vais a recular, que no habrá ningún paso atrás. Sois valientes, lo tengo claro. No os ha quedado más remedio que aprender a serlo. No dudo que no permitiréis que os desanime o atemorice cualquier burdo intento McCarthyano por ocultar el arcoíris apelando al miedo.

Probablemente esta sencilla carta de una madre de dos hijos no resulte necesaria para animaros a que sigáis adelante, pero quería haceros llegar mi apoyo.

Y no solo el mío. Somos legión los padres que pensamos así, que os queremos a nuestro lado, ayudándonos a apuntalar un futuro mejor para todos. Os lo aseguro.

Ni un paso atrás. Por nuestros niños.

(GTRES)

‘Carla no es Carla, sino Carlos’, un cuento para educar sin etiquetas

Hace mucho que conozco a Alba Alonso Feijoo, tanto que no recuerdo exáctamente desde cuándo ni cómo di con esta profesional de la educación que se bate el cobre, desde las redes sociales y el duro suelo, para que cale ese lema que muestra siempre visible: Educar sin etiquetas.

Esta maestra gallega lleva mucho tiempo defendiendo el derecho de los niños a ser quiénes son, a crecer libres y propios, a que tengan una infancia feliz y plena, con el proyecto RealKiddys. Desde hace años está denunciando los imperativos de género, esos que constriñen a muchos de nuestros hijos de manera casi imperceptible impidiéndoles soñar sin ataduras.

Os recomiendo que la sigáis si es que no lo hacéis ya, la podréis encontrar como RealKiddys en las distintas redes sociales. Sus reflexiones, sus hallazgos, son siempre interesantes.

Su último proyecto también lo es. Es un libro, un cuento nacido por crowdfunding y centrado en la infancia trans, en esos niños que, aún teniéndolo más fácil cada año que pasa, siguen encontrando demasiados escollos e incomprensión en su camino.

‘Carla no es Carla, sino Carlos’ es un pequeño intento por allanar ese recorrido hacia la edad adulta, por hacer comprender la necesidad de respetar lo que sienten y quiénes se sienten. Así lo explica Alba:

Yo que nunca fui de rosa y mira tú por dónde en mi último cuento infantil este tono domina sobre todos los demás. Y respecto a los colores y tonalidades sigue habiendo gente que no comprende el porqué de usar tonos rosas y azules. El porqué de seguir transmitiendo un mundo sexista y binario cuando Realkiddys lucha contra todo ello desde sus inicios.

Efectivamente, en ‘Carla no es Carla, sino Carlos’ se juega con un mundo azul de niños y un mundo rosa de niñas. Pero lejos de estar de acuerdo con ello lo que hacemos en este cuento es simplemente representar una realidad muy común en el mundo transexual infantil.

Cierto es que la realidad transexual, al igual que cualquier otra realidad, es diversa y no hay una única y correcta manera de ser transexual. Pero los niños y niñas trans quieren encajar tanto en lo que la sociedad les vende como “correcto” para ser niños o niñas, que tienden a caer en los estereotipos de género muy a menudo.

Probablemente en el mundo no-binario o de niñes estos tintes tan rosa/azul no tengan cabida alguna (o sí, ya he dicho que todo es más diverso de lo que creemos, y considerar que por ser no-binario tienes que ir de verde o naranja vuelves a caer en los estereotipos). Lo ideal sería que lográsemos romper con los estereotipos en todos los campos del género: ni todas las lesbianas llevan el pelo corto, piercing y son masculinas, ni todos los gays tienen pluma, ni todas las rubias son tontas, ni todas las personas trans deciden operarse…

Como ves no hay un único camino en la vida, sino millones de ellos.

¿Por qué entonces conformarnos con la opción A o la B cuando el alfabeto tiene tantas letras?
Y cuando además descubras que las combinaciones son infinitas aún te alegrarás más.

Pensado para niños muy pequeños, yo creo que a partir de unos cuatro o cinco años, es un libro breve, de dibujos y mensajes sencillos, que vira del rosa intenso e impuesto al arcoíris de la aceptación.

Como buen cuento, tiene un final feliz
. A Carla todos la acaban aceptando, empezando por los maestros y terminando por sus padres, a los que les cuesta más asimilar que ahora su hija es hijo, es Carlos.

No es así en todos los casos. Carlos es Carlos y él se encuentra más comprensión entre los docentes que entre su familia o sus iguales, salvo una amiga especialmente empática. No es el caso particular de Carla/Carlos lo más importante, sino el mensaje de aceptación, de normalidad, de amor incondicional.

La autora ha contado que tuvo niños como Carlos a su cargo, y reconoce que no siempre supo darles la respuesta que necesitaban, que merecían:

Sonia fue alumna mía cuando mi andadura en la escuela pública comenzaba. Trabajo como maestra de inglés en infantil y primaria y Sonia tenía aquel curso tan solo 4 años. En mi clase de inglés y a esas edades trabajo mucho por commands: “stand up, sit down, turn off the light, look at me, run, fly…”. Y en aquella época además solía dividirlo por sexos: “Girls come here, boys sit down, girls swim, boys stand up”.

Sonia siempre se “confundía” en estos juegos. A pesar de ser una niña (o eso pensaba yo) solo seguía aquellos “commands” que ordenaba a los niños que hicieran. “Mal, Sonia, mal. You are a girl!!!” Pero Sonia hacía oídos sordos a mis palabras. No fue hasta años más tarde que descubrí qué significaba ser trans y me pregunto si Sonia sigue llamándose igual o es ahora Pedro, Manuel o Antonio. Tal vez tenga el mismo cuerpo o tal vez no. Tal vez solo quería ser como su padre (tenía pasión por él) o tal vez no. Pero desde luego mi forma de actuar con ella (o él) no fue nada correcta.

También quiero que conozcas a Laura (nombre ficticio). Laura se identifica muy a menudo con un niño. Su expresión de género (pelo corto, chándal, deportivas…) es totalmente masculina. Esto no debería llamar mi atención en un principio, pero es que en clase de “Arts and Crafts” Sonia dibujo a un niño cuando toca hacer autorretratos. Y si nos agrupamos por grupos heterogéneos ella se cuenta a sí misma como un niño.

Pero afortunadamente yo sé hoy mucho más que cuando le di clase a Sonia. Por eso dejo que Laura exprese su identidad de género como ella quiera. He hablado con su tutora y el claustro al respecto para que todas y todos estemos atentos ante cualquier nuevo indicio. Ahora tengo claro que lo realmente importante es que Laura pueda sentirse libre para expresar su género como quiera, sea solo durante un tiempo o para siempre. Y de momento afortunadamente así es.

Apenas quedan un centenar de ejemplares de este cuento, que se pueden adquirir por 15 euros en la web de la autora. También en su versión gallega, ‘Uxía non é Uxía, senón Uxío’.

Necesitamos muchos más campamentos de verano que apuesten por la inclusión

¿Qué hacéis con los niños en verano cuando no hay colegio? Me lo preguntaba una amiga, que aún no es madre, echando un vistazo al calendario escolar de Madrid para el curso que viene, que se hizo público hace pocas semanas.

Le expliqué lo obvio, que cuando ambos progenitores trabajan, las tres opciones más frecuentes pasan por dejar a los niños al cuidado de los abuelos, mandarlos al pueblo (si es que tenemos de eso) y tirar de campamentos. También está la posibilidad de tirar de cuidadores remunerados o agrupar primos bajo el cuidado de esa persona de la familia que no trabaja.

Campamentos los hay de todo tipo. Campamentos urbanos y en el campo; de cinco o seis horas por la mañana o que incluyen pernoctarían; dedicados a actividades deportivas, robótica, idiomas…; carísimos y subvencionados, etc.

Mi hija suele irse a Asturias una o dos semanas con los abuelos y luego va a campamentos en Madrid, pero pasa las tardes en casa.

Con su hermano, que tiene autismo, la cosa se complica y se encarece. Jaime lleva años acudiendo de ocho de la mañana a cuatro de la tarde al que organiza un colegio especial madrileño en el que van a la piscina casi a diario. Nadar es lo que más le gusta y siempre va feliz. Nosotros nos quedamos tranquilos sabiendo que está pasándolo bien en manos cualificadas. El coste es muy superior al del campamento medio para niños sin discapacidad, pero merece la pena.

 

Jaime está severamente afectado y ni nos planteamos que vaya a un campamento convencional, al que acuden mayoritariamente niños sin problemas.

Por dulce y fácil que sea un niño con una necesidad de atención especial, requiere que haya profesionales a su cuidado que no solo estén bien preparados, sino que tengan una sensibilidad y empatía acordes. Eso y también capacidad para atenderlos, y por capacidad me refiero a tiempo y recursos.

Mi hija de diez años, sin autismo, puede estar junto a otros veinticuatro compañeros en clase con un solo maestro. Mi hijo está en clases en las que son cuatro o cinco personas.

Entre medias hay un mundo, pero siempre será preciso contar con más atención, más manos.

Los niños con dificultades especiales, las que sean, tienen todo el derecho a integrarse en todo tipo de campamentos que les motiven o beneficien. Es algo que les puede beneficiar de muchas maneras. También es bueno para los demás niños, para que sean conscientes de la sociedad diversa en la que vivimos. Es una relación que puede ser muy enriquecedora para ambas partes, si los adultos la sabemos gestionar.

Necesitamos muchos más campamentos que apuesten por la inclusión, que abran sus puertas a otras realidades, que sean valientes y les dediquen plazas y recursos. Lo necesitamos imperiosamente y en muchos sentidos.

Pero un campamento jamás debería asumir la responsabilidad de atender a uno de estos niños si no tienen la seguridad de poder manejarlo bien. No es un reto que puedan tomarse a la ligera. Si no tienen la seguridad de poder hacerlo es mejor que lo expongan desde el primer momento.

No se puede ser valiente a secas, hay que serlo respaldado por la capacidad y el conocimiento. No se puede jugar a la prueba y el error con los niños.

Así, tal vez, evitemos un sufrimiento innecesario a muchos niños y noticias como estas: