Nuestros niños no pueden esperar más, es necesaria ya una atención temprana que dé respuesta a sus necesidades

Hablé con Ana antes de las navidades. Hablamos de una desafortunada realidad que conocemos bien porque nos ha tocado vivirla en carne propia, ella ahora por su hija de tres años con encefalopatía epiléptica y yo desde hace más de una década por mi hijo con autismo.

Esa realidad es que no se está dando respuesta desde las administraciones públicas a las necesidades de los niños con discapacidad. En este país podemos estar orgullosos y sacar pecho por la respuesta médica que se facilita en general a los niños, da igual la enfermedad que tengan, desde cáncer a diabetes. Pero si hablamos de estimulación temprana, de terapias, de fisioterapia, la respuesta a esas necesidades es infame, además de muy distinta según el punto del mapa en el que te encuentres.

Es la norma que haya retrasos injustificables a la hora de recibir esas intervenciones, a una edad en la que muy poco tiempo marca una gran diferencia. Se empieza tarde y se termina pronto, entrar en educación especial o simplemente superar la etapa de educación infantil implica perderlas, como si las necesidades de atención desaparecieran. También que los profesionales que las imparten vayan con la lengua fuera, sin tiempo para seguir formándose, sin posibilidad de especializarse o dedicar toda la atención que querrían a los niños que les han adjudicado.

Una mala respuesta pública que se traduce en que los padres acaban acudiendo a terapias privadas, con el coste económico que supone y, sobre todo, la desigualdad que genera entre aquellos que pueden costearlas y los que no, o los que no las tienen disponibles en su zona. Se traduce también en que haya caraduras aprovechándose de la desesperación de esos padres con abordajes inútiles o, directamente, lesivos para la salud de los niños.

El acuerdo de gobierno entre PSOE y Podemos incluye en su punto 2.2.10:

Desarrollaremos un sistema de atención temprana que implique el reconocimiento y garantía de un derecho subjetivo a la atención temprana integral, universal, gratuita y pública y sin discriminaciones en virtud del lugar de residencia.

Es imposible saber en qué quedará esa declaración de intenciones, pero el simple hecho de que exista supone el reconocimiento a la existencia de un problema que es una herida sangrante en el costado de nuestra infancia.

Ana acaba de abrir una petición de firmas en OsOigo, la plataforma de Cruz Roja, con la que quiere hacerse escuchar por los representantes públicos de la Asamblea de Madrid. Una lucha por su hija pero también por el resto de niños afectados.

Me llamo Ana, vivimos en Alcalá de Henares y mi hija Vega, de 3 añitos, tiene una enfermedad neurológica llamada encefalopatía epiléptica.

Los que estamos cerca de ella queremos que crezca alegre y feliz como cualquier niño de su edad. Le encanta ir a la escuela aunque le cuesta relacionarse con los amigos pero tanto en el colegio como en las terapias la están enseñando. Pasito a pasito y muy despacito vamos avanzando.

Todo comenzó la madrugada del 4 de marzo de 2019, Vega tosía mucho, no respiraba y entro en parada cardiorespiratoria. Comenzaron las pruebas médicas (electroencefalogramas, medicación, ingresos de larga duración, etc), se lo pueden imaginar.

Nos dirigimos a ustedes políticos de la Asamblea de Madrid por que mi hija necesita un logopeda y una terapia cognitiva que desde el mes de agosto se nos ha concedido pero todavía no nos han dado una plaza, ¿por que nos conceden las terapias y luego no hay plazas? Es algo que no tiene ni pies ni cabeza.

Hasta ahora nos hemos tenido que pagar por nuestra cuenta las terapias, pero no podemos más.

Os pedimos, por favor, políticos de la Asamblea de Madrid que nos ayuden y que Vega, como cualquier otro niña o niño pueda recibir sus terapias de logopeda y estimulación cognitiva que por ley ha de recibir.

Vega tiene derecho a recibir sus terapias que por ley tiene y no pararemos hasta que lo consigamos.

 

El pin parental que no deja ver el bosque

El pin parental aborda un problema “que no existe”, según docentes y sindicatos: “Nunca ha habido quejas de las familias”. Así se titula un tema que publicó ayer mi compañera Lolita Belenguer y que pone en evidencia cómo obviamos debatir lo realmente importante para mejorar el sistema educativo.

Entendedme. No es que no sea importante frenar que se establezca un mecanismo que pueda impedir que hijos reciban toda la educación necesaria para crecer como personas que entienden y aceptan la diversidad existente en la sociedad y para afrontar su sexualidad y la ajena con información y respeto. Por supuesto que lo es. Pero el pin parental se ha traducido un debate magnificado que eclipsa otros muchos, más productivos, que sí que están afectando el día a día de millones de niños y adolescentes.

Podríamos hablar de las elevadas ratios que hay en las aulas; de cómo los niños con necesidades especiales, del tipo que sean, no están siendo bien atendidos; de unos currículos muy mejorables; de cómo frenar las altas tasas de abandono escolar; de mejorar unos itinerarios que los chavales tienen que elegir muy pronto; de cómo optimizar la formación de los docentes y si hay que impulsar un sistema que evalúe su cometido; de si los proyectos de bilingüismo están siendo eficaces, etc.

Podríamos estar debatiendo apasionados temas así, podríamos tener a los políticos pugnando por adoptar medidas realmente eficaces para que en los próximos informes PISA nuestro país salga mejor parado.

Pero no. Son temas con los que no se alcanza fácilmente el punto de bullición, asuntos más técnicos y complejos que no enfrentan . Divide y vencerás parece el mantra de muchos gobernantes, cuando en una materia tan delicada como la educación debería ser construye, acuerda y aprenderán.

Por eso me temo que en la reforma educativa que afronta el nuevo gobierno para tumbar la Lomce de Wert y de la que pronto seremos espectadores seguiremos encallados en asuntos como los pines parentales, la enseñanza de la religión o de las lenguas cooficiales.

Por eso no avanzaremos, o lo haremos muy despacio y más gracias a los docentes que a nuestros gobernantes.

(GTRES)

Somos los guardianes de nuestros hijos, no sus propietarios


Mis hijos no son míos.
Mis hijos son suyos, de ellos, individuos plenos. Los niños no son personas de segunda división como muchos parecen creer, son personas sin más, que además gozan de una especial protección.

Mis hijos no son míos igual que yo no soy de ellos, ni de mi marido o de mis padres. Yo soy mía, con obligaciones para los míos y con la sociedad de la que formo parte. Eso por supuesto.

Yo, en todo caso, soy la guardiana de mis hijos, soy la responsable de procurar su bienestar. Mi cometido es custodiarlos para que vivan en una sociedad de la que forman parte y que establece muchas reglas del juego.

Mis hijos no son míos para ponerles el nombre que me dé la gana si menoscaba su dignidad. Mis hijos no son míos para decidir tenerlos sin papeles, al margen del Estado. Tampoco lo son para educarlos en casa; el homeschooling que está permitido en otros países, no tiene cabida en el nuestro. Mis hijos no son míos para educarles a golpes, por mucho que una infame legión aún defienda el tortazo a tiempo. Mis hijos no son míos para negarles tratamientos médicos, y si los legisladores hubieran imaginado que en el futuro próximo existiría algo como el movimiento antivacunas tampoco podría impedir que se las pusieran. Mis hijos no son míos para sacarlos del país como me plazca o impedir a otros adultos de referencia que los vean.

También soy la guardiana del resto de niños. Si encontrase un niño perdido en la calle, no podría dejarlo ahí a su suerte. Si tuviera conocimiento de un niño en mi entorno que está siendo abusado o maltratado, mi obligación sería denunciar para protegerlo.

Todos somos los guardianes de nuestros niños.

Nuestros niños no son propiedad de nadie.

‘Klaus’ es una joya animada que reivindica la bondad y merece ser vista en cualquier momento del año

Esta semana vi Klaus, la película de animación española de Netflix nominada a los Oscar, junto a mi hija. A buenas horas me diréis. A quince de enero, con la Navidad casi olvidada. Tenéis razón, pero es que en las pocas ocasiones que pudimos sentarnos en familia a ver una película durante las fiestas, Julia se había negado repetidamente a adentrarse en esta historia. Nunca le apetecía. Tal vez es que con casi once años se sentía mayor para este tipo de películas de animación y navideñas.

Un gran error. Si era por ese tipo de prejuicios, desde luego ayer los mandamos a hacer puñetas. Tampoco esta semana posterior a los festejos le apetecía demasiado, pero en cuanto la historia arrancó nos mantuvo a ambas cautivadas hasta el final.

Con un arranque que, como bien apunta mi compañero Miguel Romero en la crítica que hizo en Cinemanía recuerda a Pesadilla antes de Navidad, rebosa sentido del humor, tiene una estética propia y hermosa, un guion inteligente y un ritmo que no decae en ningún momento.

La primera vez que escuché hablar de ella fue durante una entrevista hace algo más de un año con Melissa Cobbs, vicepresidenta de Netflix y responsable de la programación infantil y familiar. La directiva me destacó este título entre sus predilectos: “es un reconocido y respetado animador, un gran contador de historias con su propia imaginería que ha reunido ideas sobre cómo empezó esa tradición y está creando una forma innovadora de aportar magia a la película, de animación tradicional”.

Pero no he venido a traer otra reseña estas alturas. A título particular, me ha gustado especialmente la reivindicación que hace de la bondad. Una virtud demasiadas veces menospreciada, confundida con blandura o estultez.

El espíritu tras la película casa por completo con una reflexión que ya compartí en este blog hace seis años:

La bondad, como la empatía o la amabilidad apenas se aprecian en este mundo lleno de conflictos con motivaciones espurias.

Cuando vas por la vida procurando ser bondadoso, te encuentras que muchos confunden eso con estulticia. Te toman por bobo, no parece una virtud que te haga brillar o avanzar. Incluso los que dicen apreciar la bondad en primer lugar luego en el día a día quedan deslumbrados y admiran otras características como la ambición, el estilo, la competitividad, el conocimiento intelectual, el encanto, la delgadez… Ninguna tan importante, alguna completamente innecesaria para una vida plena.

Si vas además intentando ser feliz, reconociendo que estás avanzando por ese camino con éxito, más motivos tendrán muchos para considerarte bobo de nuevo. Con la que está cayendo en el mundo, con los políticos robando, con tus desgracias personales, con mis desgracias personales. Si vas tranquilamente contento por la vida es que debe faltarte un tornillo o que eres un simple.

Va a ser que no. Tener éxito en ser feliz en esta vida es algo que cuesta más o menos trabajo en función de cada cual (hay quien lo tiene más fácil de serie, es cierto), pero que lleva su aprendizaje y su esfuerzo, que va ligado a la aceptación de lo que uno tiene, a querernos como somos, a no compararse con lo demás, a no frustrarse deseando lo inalcanzable, a no querer sentirnos bien a costa de los demás, a mantener toda la vida algunas características ligadas a la infancia como la curiosidad, la capacidad de sorpresa y el gusto por el juego, a aprender identificar y apartar a las personas tóxicas y rodearse de otras que también busquen la bondad en los demás, a cultivar unos valores y no venderlos ni siquiera a buen precio…

Va a ser además que la búsqueda de la verdadera felicidad está ligada a la bondad. Y va siendo hora de reivindicar a ambas.

La obra de Sergio Pablos, un nombre a recordar y un cineasta a seguir que espero que logre soporte a sus proyectos, apoya esa reivindicación y además es una película deliciosa y atípica. Una joya que merece la pena verse en cualquier momento del año.

La carta en la que explicaremos la verdad tras los Reyes Magos a nuestra hija de diez años

Esta es la carta que entregaremos a mi hija, este mismo mes, para confirmarle lo que ya sospecha. Una carta breve, directa, porque creo que es lo más indicado:

Ya has vivido tu décima navidad, por lo que ha llegado el momento de que dejes de ser espectadora de la magia de los Reyes Magos y te conviertas en parte de ella.

Ya eres lo suficientemente mayor para que te contemos lo que hay tras la ilusión más grande, la mejor organizada, la que más felicidad trae. Ha llegado el momento porque seguro que, en el fondo, ya sabes lo que te vamos a contar. Estamos convencidos de que no te va a sorprender saber la verdad.

La verdad es que todos estos años celebrando los reyes magos simbolizan el amor que te tenemos y las ganas de demostrártelo con regalos e ilusión.

La verdad es que durante estos diez años los reyes magos hemos sido nosotros, los mayores que te queremos. Hemos sido papá y mamá, los abuelos, los tíos, Carlos y Sara, Flor y Miguel y Encarni.

Ese amor no cambia en lo más mínimo aunque ahora sepas la verdad. Tampoco la fiesta; seguirá habiendo regalos e ilusión. Lo único que cambia es que ahora estás en el lado de los mayores, en el de los que tenemos que mantener esa magia viva para los más pequeños. Contamos contigo. Tus primas pequeñas, el resto de niños que aún sueñan con los Reyes Magos, necesitan que te conviertas en nuestra aliada.

Y aunque ahora estés en el otro lado, no vas a dejar de disfrutar. Es muy bonito y es también divertido. Ya lo verás.

GTRES

Julia, cuya llegada os anuncié en este mismo blog, tiene diez años y ha llegado el momento de afrontar lo que llevo ya rumiando un tiempo. Ya el año pasado, antes de las navidades, os contaba por aquí que estaba dudando si hacerlo. Al final decidimos esperar un año y ya no hay dudas. Tenemos la certeza de que es el momento.

Creemos que es más recomendable contarlo que dejar que se mueva en la incertidumbre, en el no atreverse a confesar que ya lo sabe o que algún renuncio suyo o ajeno descubra de mejor o peor manera el pastel. Si nosotros la metimos en esta creencia, es también nuestra obligación decírselo. Y hacerlo de la mejor manera posible, no a vuelapluma. Por eso nos iremos a cenar juntos comida japonesa, que le encanta, y haremos de la entrega de la carta un momento especial y positivo.

Hace apenas siete días publicamos en 20minutos un tema titulado: Cómo y cuándo decirles la verdad a nuestros hijos sobre los Reyes Magos. En él, hablando con expertos, se concluía que convenía contarlo cuando tienen entre 7 y 11 años, dependiendo de cada caso y de la madurez del niño. Recomendaban no hacerlo justo en Navidad y hablan de la opción de la carta, asumiendo que cada niño y cada familia es distinto y que los padres deben reflexionar sobre cómo afrontarlo mejor en cada caso.

Ya os contaré qué tal se nos da a nosotros.

¿Cuáles son los peores regalos que puede recibir un niño?

A poco que se haga esa pregunta, una de las respuestas que encontraremos será que las armas de juguete.

Ayer hablaba con una amiga, también madre y a la que aprecio y cuyas opiniones valoro, que asegura que jamás regalaría un arma un niño. Si es para pelear, nunca.

Pero, ¿qué es un arma de juguete?. Está claro que una pistola o un revólver, al estilo clásico o en plan Nerf. Pero también lo es el sable luz de un jedi, una varita mágica de las de Harry Potter o el arco de Robin Hood o Mérida.

Todos son instrumentos que se usan para pelear. Potencialmente letales, al menos en las películas.

Y también hay armas intangibles en los videojuegos. Hay combates divertidísimos en juegos para todos los públicos.

Mas que una prohibición tajante en este caso yo miraría el espíritu con el que están jugando.

No veo lo que hay de malo en que unos niños mantengan un duelo de magos en su imaginación, en que se sientan Hermione o Rey enfrentándote al malvado mortífago o soldado imperial para salvar al mundo.

Igual que no había nada de malo cuando yo jugaba de niña a abatir a los cuatreros que robaban el ganado sobre mi bicicleta Orbea amarilla y azul convertida en un munstang con una pistola de juguete en la mano. O con un palo que imaginaba pistola, igual que ahora un niño podría imaginarlo sable luz. Simplemente las referencias culturales son otras.

Pensar que un niño que juega a pelear con una espada, una varita o incluso una pistola, va a desarrollar de adulto el gusto por las armas de verdad, va a despreciar la vida ajena o justificar la vía violenta, me parece por completo equivocado.

¿Cuál es el peor juguete para un niño? Para mi hija, por ejemplo, una muñeca, porque nunca ha tenido el menor interés en jugar con ellas. Para uno de sus mejores amigos un disfraz, le horrorizaría. Y para mis sobrinas las armas de juguete, porque nunca querrían jugar a algo violento. En su caso sí que sería de lo peor que podrían recibir.

Los bebés son frágiles, no los zarandees ni jugando y mucho menos porque hayas perdido la paciencia

Ya hace muchos años os hablé en este blog de los zarandeadores de bebés. Personas a las que les gusta jugar con los niños con bastante intensidad, lanzándolos al aire, zarandeándolos, muchas veces para gozo y disfrute también de los niños.  Normalmente, todo bien. Nada que objetar.

No siempre es así. He visto a bastantes niños a los que no les hacía la menor gracia, sobre todo tratándose de desconocidos. Y muchas veces los zarandeadores insisten, pese a las protestas de niños y padres. No les cabe en la cabeza que no encuentren sus zarandeos divertidísimos.

Entonces os contaba que no se les nota a simple vista. Normalmente hombres, con frecuencia no se destapan como tal hasta que no les pones un bebé o un niño pequeño delante. También que cada zarandeador tiene su propio estilo. Los hay que practican el lanzamiento hacia arriba, otros que los sacuden al hombro, los hay que han desarrollado intrincados sistemas para hacerles dar volteretas y giros sobre sí mismos.

El problema es cuando lo hacen con bebés demasiado pequeños, de meses.

Desde que os hablé de este tema, hace una década, he visto pasar por la portada de mi periódico distintas noticias de muertes o bebés en estado grave por zarandeos, a veces festivos, a veces por pérdida de nervios o ganas de agredir. También se les zarandea cuando la paciencia nos abandona, cuando nos convertimos en monstruos.

El último caso ha sucedido ayer mismo, con un bebé hospitalizado en estado crítico en Barcelona por las lesiones cerebrales que le han causado sus padres, que están ahora en libertad con cargos.

En urgencias, tras algunas pruebas, determinaron que había sufrido microinfartos cerebrales después de que fuera sacudido con violencia, en lo que se conoce como el síndrome del bebé sacudido. Un síndrome del que hoy escribe mi compañera Khadija Bousmaha.  

Sacudir a un bebé, aunque sea por unos breves momentos, puede provocarle daño cerebral irreversible. Muchos de los niños afectados por el síndrome del bebé sacudido mueren.

Las complicaciones que recoge Mayo Clinic que más se manifiestan son: pérdida de la visión parcial o total, retrasos en el desarrollo, problemas de aprendizaje o de conducta, discapacidad intelectual, trastornos convulsivos y parálisis cerebral infantil.

La conclusión es sencilla y está en el titular. Los bebés son frágiles, no los zarandees ni jugando y mucho menos porque hayas perdido la paciencia.

bebé

(GTRES)

No os burléis de los niños de San Ildefonso por favor

Os lo he pedido más veces, no es ni mucho menos el primer año en el que traigo este tema a este blog, pero es que cada 22 de diciembre sucede lo mismo. Unos niños asoman, con toda su ilusión, a cantar números arrojando suerte en forma de euros a aquellos que han comprado lotería de Navidad. Y las redes sociales se convierten en un vertedero de improperios, risas, burlas e incluso ataques racistas hacia ellos.

Son niños que se pueden equivocar, que pueden tener voces o un aspecto que nos llame la atención. Da absolutamente igual. No son presentadores profesionales ni modelos. Son niños y merecen todo el respeto mientras llevan a cabo su función.

Ojalá que aquellos que son crueles con ellos en Twitter, o en voz alta en el bar, su salón o la redacción de un periódico, que lo mismo da, se lo piensen dos veces y cierren la boca o los dedos.

Y los demás, tampoco les riamos las gracias.

¿Qué les parecerían esos improperios, algunos directamente denunciables, si estuvieran dirigidos a sus hijos, a uno de sus sobrinos, a uno de los niños que conocen y aprecian?.

Pues los niños de San Ildefonso son los niños de alguien. Lo que no deberían ser en ningún caso es el blanco fácil de burlas aún más fáciles, algo que parece el deporte nacional la mañana del 22 de diciembre para muchos.

(EFE/Ballesteros)

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Es preciso regular cuanto antes la situación de los niños youtubers, por su propio bien y por el de los demás

No soy sospechosa de mirar a los youtubers con prejuicios. Disfruto un puñado de ellos, que me parecen divulgadores fantásticos, con una capacidad comunicativa ejemplar y un desempeño profesional. He aprendido mucho gracias a algunos, de música o matemáticas por ejemplo. También me he divertido con esos mismos, mientras aprendía, o con otros.

Es un oficio nuevo, una nueva oportunidad para explorar nuevas vías para comunicarnos, y hay mucha gente, también muchos maestros o científicos, empleándolo bien si se sabe encontrarlos.

Tiene sus peligros claro. Gente que no reflexiona sobre los riesgos que entraña mostrar según qué cosas, que antepone el interés a la ética o difunde mensajes funestos.

(GTRES)


Una de las malas prácticas más obvias es el camuflaje de la publicidad en forma de contenido; que esos youtubers recomienden el consumo de ciertos productos por el dinero o las prebendas recibidas sin advertir de que nos encontramos ante publicidad, obviando los fallos o la poca calidad que puedan tener, ignorando que a la gente le cuesta mucho ganar dinero y animarles a gastarlo en algo que no lo vale camina entre la irresponsabilidad y la maldad nacida del egoísmo.

Otra, que suele sumarse a la anterior, es el uso de niños. Hay youtubers infantiles que, desde muy pequeños, exponen su vida y dedican muchas horas a elaborar y publicar este tipos de vídeos protagonizados por productos e impulsados normalmente por sus padres. Vídeos que, además, tienen como destinatarios a otros niños. Los productos que los niños piden en sus cartas a los Reyes Magos salen ya más de Youtube que del catálogo de El Corte Inglés o Toy’s R Us.

Hace ya año y medio que quise hacer un reportaje, que no un post de opinión, sobre este tema. Tengo guardada la información y unos cuantos contactos para poder llevarlo a cabo en algún momento.

Me preocupan mucho esos niños. Sé bien lo mucho que cuesta producir vídeos para YouTube con regularidad. Es mucho trabajo. Veo el tiempo libre que queda a mis hijos tras colegio, deberes, deportes, alguna extraescolar, algún compromiso o decorar el árbol de Navidad, y sé que no sería bastante. ¿Se pierden esos niños ir a robótica o al cumpleaños de sus amigos porque hay que grabar el vídeo que cierta marca de juguetes quiere antes de la Navidad? ¿Tienen que fingir alborozo ante la cámara que sostienen sus padres pese a no tener ganas o estar con un poco de fiebre porque no queda más remedio?.

Mucho me temo que así es en ciertos casos, en los más profesionalizados. Y sí, ya sé que hay niños rebajando en musicales, en series de televisión o compitiendo a alto nivel. Pero esos niños cuentan con regulaciones específicas pensadas para protegerles. Los niños youtubers se encuentran en una situación de desregulación preocupante.

En otro orden de cosas… ¿quién cotiza y cuánto por ese trabajo? ¿Qué será de esos ‘niños influencers’ en su transición a la vida adulta?

No soy la única preocupada ni muchísimo menos. En octubre Save the Children y Javier Urra (ex defensor del menor de la Comunidad de Madrid) denunciaron el canal de Las Ratitas, gestionado por los padres de las menores y con dieciocho millones de suscriptores, por “instrumentalización de los niños”, con vídeos sobre ir a la disco o maquillarse que “reproducen estereotipos de género”.

Me preocupan también los niños que los ven y acaban normalizando esa realidad y viendo cómo germinan en ellos el deseo por conseguir cosas como puerta de entrada a la felicidad. Mi hija no los ve, no le interesan. Pero si los quisiera ver la disuadiría de ello y orientaría a otros canales más enriquecedores explicándole lo que puede estar fomentando con sus visionados. También le explicaría, por supuesto, que poca diferencia hay entre ver esos vídeos y ver publicidad de juguetes en la televisión convencional y que no se crea a pies juntillas nada de lo que allí se expone.

Desafortunadamente aún no he podido encarar el reportaje, necesario aún en mi medio de comunicación y en otros. Es en parte función de los medios alertar de esta realidad para que se tomen medidas.

Y no solo de los medios. Ayer escuchaba en la Ser que un grupo de investigadores españoles, liderado por Esther Martínez Pastor, profesora de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC), se ha embarcado en un estudio que lleva por título: El negocio de los canales de los niños youtubers. Y sus preocupaciones y conclusiones coinciden con las mías.

“Son vídeos guionizados y suponen muchas horas a la semana. Hay niños que graban tres video semanales y otros incluso más, con el trabajo que eso supone porque hay que preparar los diálogos, siempre hay tomas falsas e, incluso, hay veces en las que no graban en casa sino que van unas cinco o seis horas semanales a una agencia para hacer las grabaciones”. La actual ley del espectáculo “es bastante antigua y no se ajusta a la realidad que hoy tenemos”.

Ya en septiembre de 2018, los mismos profesores de la Universidad Rey Juan Carlos junto a la organización iab, presentaron una Guía legal para niños influencers en el que exponían que no puede haber publicidad engañosa, encubierta, que hay que explicar en el vídeo claramente según la Comisión Federal de Comercio (FTC) cuando el producto sea un anuncio pagado o enviado por las empresas con fines promocionales. Reflexionaban también sobre derechos de imagen, contratos, la prohibición existente de emplazamiento de productos en programas infantiles o la protección de datos, que al interactuar los youtubers infantiles con los niños que les ven o al poner en marcha sorteos o concursos suele incumplirse.

Os recomiendo su lectura si el tema os interesa. Igual que os recomiendo Niños y publicidad. Guía rápida de derechos y obligaciones para anunciantes y publicistas, elaborado por la Universidad Complutense de Madrid y la Catedra TMFK Comunicación y Marketing por la infancia y la adolescencia, que recoge lo siguiente:

No está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones

Queda poco para la Navidad. Es el final del primer trimestre. Época de exámenes y de recoger notas para miles de estudiantes. También de recibir los últimos datos del informe PISA, que no es perfecto como no lo es ninguna evaluación, y que evalúa la calidad de nuestro sistema educativo.

Pues hemos cateado. O si queremos expresarlo de una manera más apropiada, España necesita mejorar, porque estamos yendo a peor. Sobre todo en matemáticas y ciencias, materias en las que no logramos superar esa brecha entre niños y niñas en estas materias.

Además aumentan las repeticiones en Primaria, descienden las titulaciones en Secundaria y las diferencias entre las distintas Comunidades Autónomas claman al cielo

El Ministerio de Educación y FP destaca en su comunicado de reacción que España es uno de los países con mejor clima escolar y bienestar de los estudiantes (el 86,5% se siente integrado y el 81% hacen amigos con facilidad en el cole) y que tenemos unos índices de acoso escolar por debajo de la media de la OCDE.

Y oye, muy bien. No seré yo la que reste importancia al hecho de sentirse a gusto en clase. Pero no está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones.

Comisiones Obreras echa la culpa a “los efectos negativos y perversos de la LOMCE”, la ley orgánica de tiempos de crisis del Partido Popular que lleva siete años en vigor. Y tampoco seré yo quién defienda esa ley.

Madrid, que ha salido especialmente perjudicada y dónde ahora impera el PP que impulsó la Lomce, critica a los examinadores. “Es que la profesora me tiene manía mamá”, “es que el profe no planteó bien las preguntas papá”. Y cierto es que las pruebas de comprensión lectora no se han publicado por las anomalías detectadas, pero digo lo mismo que al ministerio: menos escurrir el bulto y más asunción de la situación y ganas de cambiarla.

En general, las reacciones de la clase política van más dirigidas a barrer para casa, atacando o defendiendo en busca de rédito, que en perseguir de manera proactiva y positiva maneras de mejorar.

Como siempre.

Es preciso un pacto educativo en el que todos nuestros políticos colaboren para primar a nuestros niños y jóvenes por encima de cualquier otra consideración; por encima, por supuesto, del uso de la educación como arma política con la que lograr votos y repercusión mediática.

La religión, el bilingüismo, la enseñanza del castellano, los conciertos, la libre elección de centro o la segregación por sexos se enroscan y desenredan sobre el camino a seguir para mejorar nuestro sistema educativo, impidiendo su avance. Son temas relevantes por supuesto, pero hay que dejar de emplearlos como cuchillos y poner el foco en reducir las ratios, en revertir recortes, en formar adecuadamente al profesorado y dejarles el aire que necesitan para hacer su trabajo, en incentivar metodologías cuya efectividad está probada o en no mantener itinerarios rígidos que elegir demasiado pronto.

Es preciso para ello formar un gobierno primero, claro. Otra tarea pendiente para este final del primer trimestre.

Llamadme pesimista si queréis, pero igual que a mis 43 años ya no creo en los Reyes Magos, tampoco tengo ninguna esperanza en nuestros gobernantes para apartar sus luchas de poder y dar la importancia que merece a la educación.

(GTRESONLINE)

El informe íntegro: