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La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

A los niños les encanta jugar con cartones y Nintendo Labo lo lleva a un nuevo nivel

Era 2013 cuando os hablaba desde este mismo blog de lo que puede dar de sí una caja de cartón con un niño, para jugar en familia.

imageAyer mi santo estuvo un buen rato pegándose con un mueble (ganó, menos mal). Y el mueble venía en una caja bastante grande que nos proporcionó varias horas de juego.

Según vio la caja vacía a su disposición, a Julia se le iluminó la mirada y salió corriendo por sus pinturas. “¿Quieres que hagamos un robot?” pregunté, pero ella tenía las ideas claras. “No, hazme un rectángulo así y así mamá”. Como podéis ver tenía en la cabeza crear una tele con mando a distancia y todo. Yo cambiaba de canal y pasaba de presentar las noticias a convertirse en un dibujo animado.

Las caretas también fueron idea suya.

Ya sé que es un tópico aquello de que para los niños la caja es mejor entretenimiento que lo que hay dentro, pero es que muchas veces los tópicos vienen asentados en muchas verdades.

Y también es cierto que con frecuencia nos complicamos demasiado la vida a la hora de jugar con ellos. Como con tantas otras cosas. Deberíamos aspirar a hacer fácil lo difícil y no al contrario.

No es la única vez que hemos jugado con cartones, decorándolos, convirtiéndolos en lo que la imaginación dictase, disfrutando luego del juego simbólico que propician.

Un paseo por el parque, recoger unas hojas secas. Llevarlas a casa e idear qué hacer con ellas mientras jugamos a que ha sido otoño dentro de la habitación. Encontrar una vieja caja de cartón, desmontarla, sacar las pinturas de dedos, romper en trocitos una esponja de baño, mancharse y crear.

El cartón es un material childfriendly, si me permitís tirar del inglés. Tanto que incluso hemos tenido un recomendable programa infantil llamado Panda y la cabaña de cartón. En su primer episodio enseñaban a hacer una caña de pescar.

Pues bien, este fin de semana sé a ciencia cierta que tocará de nuevo divertirnos con cartones. Pero en esta ocasión lo haremos de una manera especial, más tecnológica, gracias al ingenio y la valentía de Nintendo que ha apostado por lanzar Nintendo Labo, un producto que va más allá del clásico videojuego y que tiene un potencial que solo se vislumbra una vez has podido trastear con él. Porque la verdad es que el mayor handicap de este nuevo producto es hacerse entender bien, algo que se logra fácilmente en cuanto se prueba un poquito.

Sale a la venta en España este viernes en dos packs (pioneros de otros que irán llegando) con la Nintendo Switch. Un kit variado que es el que Julia ha ahorrado para comprar este viernes en el que se incluye un antenauta (un pequeño vehículo teledirigido con visión nocturna), una caña de pescar, una casita con una peculiar mascota con la que afrontar minijuegos, un manillar de motos con el que echar carreras y un piano.

Pensados para un montaje en familia (sus creadores tienen en mente sobre todo a familias con niños de entre 6 y 12 años), el antenauta es el más fácil, apenas lleva quince minutos. El resto oscila entre una y dos horas. Montarlos es divertido (el tutorial de la consola es de diez, ojalá vinieran así de explicados los muebles de IKEA), pero jugar con ellos lo es aun más tras acoplar en ellos mandos y consola.

Yo los pude probar y mi hija me preguntó cuál era mi favorito. Es difícil decirlo. Pese a que los juegos de conducción no suelen ser lo mío, este es muy divertido, al usar el manillar y la inclinación del cuerpo como en una moto de verdad. Permite además crear tu propio circuito escaneando  imágenes. La pesca, un tipo de juegos que triunfa en Japón y aquí no acaba de afianzarse, está también muy lograda y engancha. El bicho de la casita es muy simpático. Y el piano es sin duda el que tiene más potencial, eso único inconveniente que le veo es que conviene saber algo de música para sacarle todo el partido. ¿Cuántas horas de juego procurarán? Habrá que verlo…

A modo de crítica constructiva, es una pena que se monte en familia para luego jugar individualmente o por turnos (ahora pesco yo, ahora pescas tú). Estaría bien poder pescar juntos, en el mismo lago o competir echando una carrera por el circuito que nos hayamos inventado. Solo el antenauta viene para montarse por duplicado y así poder perseguirse, hacer una yincana o una lucha de sumo, siempre que tengamos mandos suficientes para ello.

El otro kit (Toy Con los llama Nintendo) permite convertirse tras bastantes horas de montaje en un robot con el que sentirse una mezcla de Godzilla y Optimus Prime. Realmente divertido. Puedes volar abriendo los brazos, convertirte en un vehículo que rueda si te agachas, moverte inclinándote, dar puñetazos… Pese a que sólo vislumbré una demo en la que destruir una ciudad y no el juego completo, la sensación al moverse frente a la pantalla es fantástica, el sonido del cartón chocando casa perfectamente con el juego, en el que podrían convivir dos robots, si es que nos juntamos con otro amigo con una Switch y este Toy Con. No pude probarlo en pareja pero me da la impresión de que va a ser necesario bastante espacio.

Pero es que además de montar los juguetes de cartón, dotarles de vida tecnológica y jugar con ellos, también permite crear (programar) nuestras propias funciones. Todo lo que se nos ocurra con cartones, cuerdas, gomas y cinta reflectante  se puede hacer. Os dejo el vídeo del canal oficial, en el que Nintendo va subiendo propuestas, que muestra la creación de una guitarra. Estoy segura de que pronto habrá una legión de tipos ingeniosos ideando qué hacer con este juguete. Nosotros también lo intentaremos, de hecho nos estamos planteando seriamente guardar las cajas limpias de pizza a domicilio para ‘hackearlas’ convenientemente.

Jugando con los Toy Con de Nintendo Labo se entiende lo que cuestan los mandos de Switch (“¡Cerca de ochenta euros solo por un mando! ¡Están locos!” es algo que he oído cerca). Tras verlos en acción comprendes el valor de la tecnología que encierran.

Pasa saber más os animo a leer un reportaje estupendo que ha escrito mi compañero Daniel González y que ha salido publicado también en la edición impresa. Os dejo además el vídeo que hizo junto a Guillermo Fernández, las fotos son de Jorge París:

¿Es resistente? Creo que es la primera pregunta que nos hacemos los padres, que no es precisamente barato el chisme y solo viene (salvo en el caso del antenauta) un único artefacto de cartón. Sí. Sorprendentemente la impresión que da, una vez superada la lógica prudencia inicial, es que aguanta lo que le echen, mientras lo que le echen no sea agua. En cualquier caso las piezas más delicadas, las que más sufren, vienen por duplicado. Y nada impide a priori reparar cualquier desperfecto con maña y cartones. En la web de Nintendo habrá plantillas y piezas de repuesto.

El almacenaje es otro cantar. Se conservan montados y, por tanto, abultan. Necesitan cierto espacio libre de riesgos para conservarlos. El juego trae consejos para guardarlos con bien.

Por último, una reflexión. Llama la atención para bien la falta de complejos de Nintendo a la hora de vincularse con los juguetes. Ha habido tradicionalmente una corriente entre muchas empresas y un amplio sector de los aficionados a los videojuegos por alejarse conscientemente del concepto de juguete. Es lógico porque ha habido demasiada persecución, prejuicios y malos entendidos por parte de aquellos a los que lo nuevo asusta e identificaban los videojuegos como algo para menores de edad, por mucho que mayoritariamente sean cosa de adultos.

Nunca ha sido el caso de Nintendo, que siempre ha tenido a bien recordar su origen como empresa que fabricaba cartas y juguetes. Los amiibos, de hecho, son juguetes. Y es señal de madurez en la industria y entre los ‘jugones’ sacudirse complejos de encima.

¿Cuáles fueron vuestros libros favoritos cuando erais niños y adolescentes? ¿Los conserváis para vuestros hijos?

Este es un texto que nace de la resaca del Día del libro. Nace porque ayer me preguntaron por mi libro favorito. Una pregunta imposible. Hay tantos que es injusto destacar solo uno.

No obstante, pensando sobre el concepto de libro favorito, pronto descarté los títulos descubiertos en la edad adulta y dejé de lado a genios como Cormac McCarthy o Robert Graves, porque creo que el libro favorito de verdad, el que te roba el corazón y el sueño, se da en la pasión lectora de la infancia y la adolescencia. Sobre todo de la segunda etapa, la de la rebeldía, la del buscarse, la de apreciar cualquier espejo que te ayude a interpretarte, te sirva de refugio o te dé alas. Todo eso que pueden hacer tan bien los libros.

Una edad en la que en los centros educativos aún se empeñan en obligar a la lectura de La Celestina o El Quijote, generando precisamente rechazo por las letras en la edad en la que lo que debería fomentarse es el enamoramiento por los libros, por cualquier libro, dejando que los chicos elijan sus lecturas. Más hoy día que hay tanta competencia en lo que a dedicar el tiempo de ocio se refiere. El verbo leer no admite imperativos, y estoy convencida de que Miguel de Cervantes o Fernando de Rojas estarían de acuerdo.

Yo leí todos los libros a los que me obligaron. La mayoría pasaron por mí sin pena ni gloria. Solo al releer algunos de ellos, ya adulta, descubrí sus méritos. Y fue así pese a ser una niña que leía sin parar.

Pero leía sin parar libros infantiles y novelas juveniles. Historias que me atrapaban antes de caer, también adolescente, en otros títulos tradicionalmente considerados para adultos. Libros que conservo como un tesoro para mi hija cuando crezca, para los niños de mi familia. Sin obligaciones, sin expectativas, serán simplemente un ofrecimiento.

No guardo ningún juguete de cuando era niña, pero mis libros son mi tesoro. Libros que llevan demasiado tiempo sin ser leídos. Tentada me siento de volver a abrirlos yo misma para sumergirme de nuevo entre sus páginas. Libros infantiles y novelas juveniles, géneros que demasiados sujetos estirados consideran erróneamente de segunda división.

No sé si vosotros conserváis los libros con los que comenzasteis a disfrutar de la lectura, no sé si tendréis fácil comprarlos en caso contrario. Estos son muchos de los que me acompañaron a mí. No todos. No están ahí, por ejemplo, las colecciones de Elige tu propia aventura. Tampoco los cómics.

Los comparto porque tal vez despierten en vosotros algún buen recuerdo, incluso el impulso de abrir un libro o de regalárselo a un niño.


Una delicia llena de humor que rebosa amor por la naturaleza

Hay un buen puñado de libros de perros y lobos.

Y también de caballos.

Una de mis colecciones favoritas, ambientada en la conquista el Oeste.

¿Cuánto sabes sobre los hábitos de lectura de niños y adolescentes en España?

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(GTRES)

En enero del presente año la Secretaría de Estado de Cultura presentó el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros 2017 elaborado por la Federación de Gremios de Editores de España. Os confieso que querría haber escrito un post al respecto, pero cuando quise ya era tarde, ya había dejado de ser noticia.

Hoy, 23 de abril, Día del Libro. me ha parecido oportuno recuperarlo para hacer un trivial y que podamos jugar y comprobar cómo está el patio lector de nuestros menores. ¿Os animáis? Lo mismo os lleváis alguna sorpresa.

Por cierto, no dejéis de leer los diez libros infantiles y juveniles que recomienda hoy desde su blog mi compañera, la librera bloguera Regina ExLibris.

Sobre la inclusión en los colegios y los colegios especiales

La inclusión es lo deseable, lo que yo querría, lo que cualquiera en su sano juicio pediría. Una inclusión bien hecha que permitiera a los padres elegir un colegio cercano, al que también puedan acudir los hermanos de ese niño con autismo, con Down, con parálisis cerebral… con lo que eso facilitaría la intendencia familiar. La inclusión que pone los recursos y las manos que hacen falta allí donde hay un niño con necesidades.

La inclusión bien hecha está muy lejos de estar teniendo lugar. Salvo en las pocas excepciones en las que coinciden niños con unas características que el centro educativo puede gestionar y voluntad por parte de los profesionales del centro, la inclusión es una entelequia. Los dictámenes tardan. Apenas hay plazas para la demanda existente. Las ratios suben claramente o de manera camuflada. Demasiados docentes consideran al niño con autismo, Down o parálisis cerebral que llega a su clase más un marrón que alguien en quien volcarse. Incluso los profesores mejor predispuestos carecen de las suficientes ayudas, formación actualizada y tiempo. Con frecuencia los niños en modalidad inclusiva no son estimulados y enseñados como necesitan, no tienen un plan individualizado con objetivos claros. Lo que suele suceder es que acaben siendo ‘invitados’ a irse a la vía especial antes o después.

Hay que seguir peleando por una mejor inclusión. No debemos dejar de exigir que todo (y es un todo muy grande) vaya mejorando. Y son exigencias que hay que dirigir más a la Administración que a la comunidad educativa. Ahí está la raíz del problema, en la falta de voluntad política para dedicar recursos y cambiar viejas inercias. En otoño de 2015 el gobierno aprobó una Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) que tenía como uno de sus pilares garantizar una inclusión escolar carente de presupuesto y que, por tanto, se ha quedado en un canto al sol. Algo que ya sabíamos entonces.

Tras leer el documento con detalle, lo que cualquier lector concluye rápidamente es la inexistencia de partidas económicas, ni siquiera una mención. Es más, hay una traslación clara de responsabilidades hacia las Comunidades Autónomas, quedando el Gobierno Central como mero cómplice ideológico del asunto. Primer dilema. Porque el texto malo no es, es más, algunos de sus apartados son bastante buenos. Pero como plan estratégico obvian decir cómo pretenden llevarlo a cabo, por tanto en vez de plan estratégico no deja de ser una estupenda declaración de intenciones, o de reconocimiento de carencias.

Los colegios especiales son necesarios. Dado que no existe esa inclusión de verdad, decente, que no depende de que el niño tenga un nivel manejable para el centro con el mínimo esfuerzo, es imprescindible contar con los centros de educación especial. Sin ellos estamos perdidos. De hecho, a día de hoy, es fácil que sea el mejor lugar para muchos de nuestros niños, el que mejor les atienda, enseñe y en el que más felices estén.

(GTRES)

Para muchos padres acudir a la vía especial es visto como una derrota, como una manera de excluir de la sociedad a su hijo, es condenarle a vivir al margen o es un motivo de tristeza, como tirar la toalla, más expectativas rotas. Entiendo esas reacciones pero es preciso reconducirlas. Nadie dice que un niño no pueda regresar de la vía especial a la ordinaria. De hecho, sucede. Pese a casos como el del colegio especial público de Getafe, en esos colegios hay muchos buenos profesionales trabajando con empeño y cariño por sus niños. Es en los colegios especiales dónde yo he visto a los maestros más entregados y vinculados con sus alumnos.

Además de colegios especiales públicos, a los que acuden niños con todo tipo de discapacidad, dentro de la vía especial también hay colegios específicos concertados y privados, centros normalmente especializados en autismo, en Down o parálisis cerebral. Los tradicionales conceptos, ideologías y prejuicios relacionados con la enseñanza pública, privada y concertada en vía ordinaria no son extrapolables en este caso. La mayoría de los centros específicos especiales son pequeños, muchos fueron formados por padres que se vieron huérfanos de respuestas educativas decentes, son con frecuencia asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro que cumplen una función social, que intentan dar respuesta a una necesidad no cubierta para muchas familias. Son pocos, no los hay por toda España, no merecen estar en el punto de mira de los que luchan legítimamente por una enseñanza pública de calidad.

Los niños que están en Educación Especial o que están en algún tipo de modalidad inclusiva en Ordinaria son tan poco importantes para la Administración que ni siquiera hay datos fidedignos sobre ellos. Hace unos tres años quise elaborar un reportaje sobre el tema y solo logré saber que en el curso 2011/2012 había 33.447 niños escolarizados en España en Educación especial, en 479 colegios. Y son datos que no son ajustados a la realidad. Habría que ir una a una por cada Consejería de Educación de España solicitando la información. Lo intenté y resultó imposible. Además, la delegación de competencias hace que haya situaciones de escolarización difícilmente comparables y faltan todos los que están en colegios ‘normales’, en vía especial o inclusiva. Es más, me consta que el INE recoge datos pormenorizados de todos los centros de educación especial, pero esos datos luego no se procesan de ningún modo ni los pueden, por tanto, facilitar a un periodista que los pida. Simplemente los recogen y ahí se quedan.

Ya lo decía el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Ignacio Campoy hace cuatro años, en un estudio que presentó Unicef sobre la situación de los niños y las niñas con discapacidad en España.

La lamentable escasez de estadísticas es, precisamente, una de las observaciones que el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad le hizo a España. (…) La necesidad de realizar más estudios y más específicos sobre cada uno de los problemas que afectan a los niños y niñas con discapacidad es absolutamente necesario, primero para ser conscientes de cada problema, de su especificidad, y después para que se comprenda que hay que dar una urgente y adecuada solución y se sepa cómo hacerlo.

La entrada al colegio de educación especial específico para niños con autismo Aucavi sur. (ELENA BUENAVISTA)

En un colegio de educación especial público madrileño a un niño con autismo: “¿Te echamos agua por encima?” “Me da miedo. ¡No me pises!”

Hoy iba a escribir de otro tema, de uno completamente distinto que tendrá que esperar. Cuando acudía en coche a la redacción escuché una noticia en la Cadena Ser que me revolvió por dentro: tres trabajadoras de un colegio de educación público de Getafe, la tutora del niño, una profesora de apoyo y una auxiliar de enfermería, han sido imputadas por malos tratos a un niño con autismo.

Un niño cuyo comportamiento cambió tanto que sus padres decidieron mandarle al colegio con un dispositivo de grabación oculto. Se trata del Colegio Santiago Ramón y Cajal. Y el audio que me revolvió por dentro fue el siguiente:

“¿Te bloqueo?” “Suéltame. Voy a estar fenomenal”. “¿Vamos al médico? Y te van a pinchar en el culo?” “¿Te echamos agua por encima?”. “Me da miedo. ¡No me pises!”. “¡Qué le aguante tu tía a éste!” “¿Le vas a contar a mamá también que no trabajas?”.

No puedes amenazar a un niño con ir al médico. Se escucha claramente en la grabación, y meter miedo con algo así es absolutamente anti pedagógico. Lo que hay que hacer es lo contrario en todo caso, normalizar el hecho de ir, practicar exploraciones ficticias, acostumbrarles a las batas blancas para facilitar las visitas a centros de salud y hospitales.

No te puedes reír de un niño que lo está pasando mal. Con o sin discapacidad, me da igual. Un niño sufriendo no es motivo de risas y bromas en ningún caso.

No puedes aprovecharte del hecho de que el niño tenga problemas de comunicación, de que no se exprese con facilidad, para que no trasciendan prácticas que tienes que saber que no son las adecuadas, porque eres un profesional formado.

Todo el mundo está sujeto a perder la paciencia, a derrapar en alguna ocasión, a errar y darse cuenta de que has metido la pata. A los padres también nos pasa. Los padres también sabemos que hay ratios exageradas, pocos recursos, muchas exigencias… Pero no se puede ser cruel. No puedes desarrollar un corazón de piedra cuando tu trabajo consiste en cuidar y enseñar a niños. Con o sin discapacidad, neurotípicos o no.

Si a mí me retorció por dentro escuchar esa grabación, no quiero ni imaginar el dolor de los adultos que aman a ese niño con autismo cuando se encontraron con ella. Espero sinceramente que la administración educativa y las autoridades implicadas a partir de este momento investiguen a conciencia y depuren responsabilidades.

Cuando enviamos a nuestros hijos al colegio, confiamos en que los profesionales con los que se encuentren actúen con bondad, con empatía. Estamos dejando en sus manos lo que más queremos. En el caso de los niños más pequeños, de los niños con algún trastorno, enfermedad, discapacidad… cuya indefensión y necesidades son mayores, contar con maestros sensibles y preparados es vital.

(GTRES)

Quiero terminar con un texto de hace algunos años en el que reivindicaba la labor de los buenos profesionales que trabajan en Educación Especial. Son muchos, se enfrentan a demasiados retos, no reciben apenas reconocimiento y sí con frecuencia las zancadillas de algunos padres que orientamos equivocadamente nuestras expectativas, problemáticas o necesidades. Las familias, unidas a la falta de recursos, estamos quemando a buenos profesionales cuando es al Administración a la que deberíamos dirigir nuestras quejas.

A esos buenos profesionales hay que mimarlos. A aquellos que no tienen la sensibilidad necesaria para trabajar con niños, hay que apartarlos de los centros educativos.

En las manos de los docentes dejamos lo que mas amamos, necesitamos profesionales capaces, sensibles, flexibles, que no se acomoden y entiendan la importancia de su labor. Y ellos necesitan consideración, respeto y medios para hacer su trabajo.

No, no todos son buenos profesionales. Los hay maravillosos y execrables, como en cualquier oficio. Y también hay una gran mayoría que procura hacer bien su trabajo, que pone interés y ganas, que no brillo, y que pueden equivocarse como cualquiera.

La mayoría, cuando oye hablar de algo como el día de los docentes, piensa en esos maestros de infantil o primaria, abriendo el mundo a niños pequeños; en los profesores de secundaria que procuran transmitir conocimientos y, sobre todo, el interés por adquirirlos; tal vez también en los profesores universitarios.

No son en los que primero pienso yo. Los docentes que tengo en mente son Ana, Ruth, Fran, María, Merche… y sus alumnos son niños como mi hijo, como Jaime. Niños con autismo, con parálisis cerebral, con síndrome de Down, con X-frágil… a los que hay que ayudar a ser lo mas autónomos y felices posible en un mundo aun poco adaptado a la diversidad. Docentes que con frecuencia por poco dinero y con mucho trabajo tienen que ser aún más flexibles, capaces y sensibles para adaptarse a alumnos que son únicos, con retos y necesidades diferentes.

Niños a los que enseñar a asearse, a regular su conducta, a comunicarse por los medios que sea, a alcanzar todo el potencial que encierran para encararse a esa sociedad a la que tanto le cuesta aceptar la diferencia.

Maestros que no se puede permitir los escrúpulos, la rigidez o que les fallen las fuerzas (tanto las físicas como las internas), que desarrollan su labor en colegios especiales, específicos, ordinarios, en centros de atención temprana, incluso acudiendo a las casas de sus alumnos. Maestros que, igual que muchos padres, se enfrentan al “no sé cómo lo haces” cuando cuentan a qué se dedican, a días complicados, a problemas inesperados.

En el curso 2011/2012 había 33.447 niños escolarizados en España en educación especial, en 479 colegios. Son muchos mas en realidad, ya que ahí no se cuentan los que acuden con apoyos a centros ordinarios.

Niños en los que nadie piensa cuando se habla en los medios de comunicación de la vuelta al cole, nos inundan de publicidad para conseguir nuevo material escolar o nos mandan los catálogos de juguetes para la Navidad. Niños de los que pocos se acuerdan atendidos por maestros que pocos recuerdan.

Merece la pena revisitar con nuestros hijos muchas viejas películas del oeste

Nací en el 76, así que fui niña en los ochenta. En esa época, como bien sabréis muchos de los que me estáis leyendo, estábamos a años luz de tener la oferta audiovisual de la que nuestros hijos disponen ahora. Había dos canales públicos y todos veíamos más o menos lo mismo, lo que explica la nostalgia multitudinaria de las series y programas de hace tres décadas, algo que nuestros hijos difícilmente experimentarán cuando pasen de los cuarenta.

Entre aquella escasa oferta a nuestra disposición se encontraban las películas de vaqueros. Recuerdo perfectamente que, durante muchos años, era tradición ver el wéstern que programaban los fines de semana por la tarde, tras el telediario y los dibujos animados, en plena hora de la siesta.

No siempre eran películas del oeste, también había bélicas como Los cañones de Navarone. Y las del oeste no las emitían únicamente a esas horas, ya lo sé. Pero yo las identifico sobre todo a esa hora y me recuerdo viéndolas junto a mi abuelo, que sigue a nuestro lado, ya nonagenario.

Crecí amando esas historias. Las buenas claro, que son muchas. Bien sé que también hay en ese género, como en todos, muchas cintas malas y regulares.

Hablaba con mi compañero David Yagüe, autor del blog de novela histórica XX Siglos con el que comparto el amor nacido en la infancia por los westerns, que probablemente no seamos tan rara avis cómo pueda parecer. Tiene que haber muchos más niños por ahí que crecieron disfrutando lo que mi abuelo llamaba ‘vaqueradas’.

‘Río rojo’ (1948)

Por aquellos recuerdos tengo la íntima convicción de que muchas viejas películas del oeste, son país para niños.

Tendría que volver a verlas de nuevo, siendo ya madre, para saber hasta qué punto su ritmo, sus guiones, sus personajes son del gusto de los niños de ahora, son convenientes en estos tiempos modernos en los que vigilamos con más cuidado lo que presentamos a la infancia. Hay unas cuantas que he seguido viendo de adulta, pero otras permanecen en la niebla del disfrute pasado.

Hay muchos wésterns demasiado violentos, complejos o que han quedado tan anticuados que no tiene sentido recuperarlos. Pero también los hay aptos, asumiendo que son productos culturales hijos de su tiempo y que yo creo que los niños son capaces de manejar eso. Y estamos en una época prolífica en contenidos, pero en el que no nos llegan tantos que sean de calidad y y se puedan disfrutar en familia. Casi todo suele ser demasiado infantil o demasiado adulto.

Con mi hija de momento solo he visto una: Horizontes de grandeza de William Wyler. Y sé bien que esa sí es recomendable para niños a partir de unos ocho o diez años. Solo sus casi tres horas pueden suponer un problema, pero si no nos empeñamos en verla de una sentada no tiene que ser ningún problema. En ella Gregory Peck es un marinero del este en tierra que se niega a usar la violencia, que lleva el calor por dentro sin importar lo que piensen los demás, y que convierte esa actitud en el camino a seguir para prosperar. Junto a él Jean Simmons como una maestra empeñada en conservar su independencia, una mujer fuerte que se niega a vivir a la sombra de un hombre solo porque aquella sociedad lo exija.

‘Horizontes de grandeza’ (1958)

Hablando con David Yagüe, sin tener que pensar apenas, enseguida nos vinieron a la mente títulos que nos gustaría revisar en familia, con nuestros niños como Los tres padrinos, un cuento de navidad versionado con cowboys; ese otro alegato pacifista que era Flecha rota Con James Stewart, la película en la que yo pensé tras ver Avatar; la divertidísima Las colinas de las batallas del Whisky; el camino contra la adversidad de Caravana de mujeres

‘La diligencia’ (1939)

Hay más. Algunas que pueden ver niños de ocho años, otras a partir de diez o doce. No sé cuáles recomendaríais vosotros, pero a nosotros no paraban de ocurrírsenos títulos: El dorado, El álamo, La diligencia, Río Bravo, La leyenda de la ciudad sin nombre, Los profesionales, Soldado azul (esa ya en la adolescencia), Valor de Ley, Pequeño gran hombre, Río Rojo

Sería una pena que todas esas buenas historias se perdieran.

‘Caravana de mujeres’ (1951)

Para terminar, aquí tenéis una lista con las mejores películas de vaqueros en las que aparecen muchos otros títulos: Centauros del desierto, La conquista del Oeste, winchester 73, Cimarrón

¿A quién le preocupa que mañana sea lunes?

‪Desde los dieciocho años. Tenemos más de cuarenta. Dos niños, el no parar diario, tareas constantes… y que aún haya raptos en los que le miras y se te detiene un instante el corazón. En los que las manos y las miradas vuelan.

Miras y ves en él, casi superpuestos, al capitán adolescente del equipo de baloncesto, al universitario despreocupado, al treintañero siempre soñando con subirse a un avión y al padre que repasa multiplicaciones. Un juego de muñecas rusas de carne y recuerdos que aún no ha terminado de formarse. Un amor de verdad, cotidiano y real. Una suerte infinita.

¿A quién puede preocuparle así que mañana sea lunes? Creo que lo único que debería preocuparnos es olvidar cómo mirar; no practicar el parar y ser conscientes de aquellos, de aquello, que realmente importa.‬

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos

Más de diez años de blog dan para mucho. También para hablar varias veces de besos.

Os he contado el momento en el que Jaime, con siete años y autismo, entregó espontáneamente su primer beso, mi niño de oro que entrega felizmente besos en la mejilla diciendo “puá” en cuanto se le piden. Os he hablado de cómo a mi hija no le gusta dar besos, como a muchos niños, y de la insistencia injustificada de muchos adultos por recibir esos besos infantiles, aunque sean obligados y a desgana y por tanto no valgan nada. Por eso también os hablé de que no deberíamos enseñar a los niños a aceptar las peticiones de besos y caricias de los adultos en contra de lo que sienten o les apetece.

He recordado la primera vez que intuyes la magia que puede encerrar un beso. También esos besos fugaces que sentimos el impulso de dar a nuestros bebés y niños pequeños, un momento de rapto, un impulso, una ráfaga de amor punzante. No poder evitarlo. Acercar el rostro a la cabecita de tu hijo, a su mano, a su carita y depositar un beso tierno, suave.

Os he explicado que no beso a mis hijos en los labios, porque no nace de mí. Pero que hacerlo si es con agrado y amor por ambas partes no debería incomodar a nadie. Igual que tampoco hay nada de malo en que los adultos se besen delante de los niños. Mostrarse amor con un beso y con  naturalidad es una forma de que nuestros hijos vean ante sí una relación normal de pareja. Y a los niños les da mucha seguridad ver a sus padres queriéndose.

Me dicen que este viernes, 13 de abril, es el día internacional del beso. Un día en el que os he resumido todo lo que os he ido contando respecto a besarse a lo largo de una década pidiéndoos que veáis los besos siempre como como una muestra de cariño que no hay que esconder; un precioso regalo por parte de un niño si nace de él darlo, y algo vacío si se fuerza o se exige.

Mejor para cualquier niño recibir demostraciones de amor que crecer en un entorno en el que no hay besos, no hay abrazos, no hay “te quieros”, en el que siempre es un invierno emocional.

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos. Ojalá todo lo que vieran los niños de los adultos fueran gestos de amor.

FOTOS: (GTRES)

Que pediatras o maestros se dirijan a las madres y obvien a los padres, es micromachismo

No es nada nuevo. Me he encontrado con relativa frecuencia la misma queja en padres recientes desde hace años. Cuando acuden a una reunión o charla en un terreno eminentemente infantil, de crianza,se sienten ninguneados. Si las madres están presentes, los profesionales se dirigen (consciente e inconscientemente) a ellas y ellos son, en gran medida ignorados. A veces incluso sobrevuela la impresión de que su opinión en estos temas vale menos, que sus aportaciones tienen menos peso, sobre todo cuando chocan con las de las madres.

Pueden ser revisiones con el pediatra, tutorías con maestros, visitas a guarderías, apuntes cotidianos de los educadores infantiles a las puertas del centro, cursos de preparación al parto, corrillo de recomendaciones de abuelas, vacunaciones con personal de enfermería… Hay muchos escenarios posibles y podría apostar a que todos hemos sido testigos de ese obviar a los padres, de ese llamar a la pluralidad en femenino.

Es tan frecuente, son tantos, que podrían embarcarse perfectamente en su particular ‘me too’ de la paternidad.  

Lo recordaba hace poco tras el tuit de Raul Gay, padre reciente y combativo en el buen sentido:

Lo llama micromachismos y estoy de acuerdo.

Cierto es que aún hoy, en todos esos momentos y lugares, la presencia femenina es mayoritaria. Un buen lugar para hacer un ejercicio estadístico son las reuniones en las que los centros escolares convocan a padres y tutores de toda la clase. Siempre hay una mayoría (más o menos abrumadora) de mujeres. Pero ese es otro tema. Y no es excusa.

Afortunadamente cada vez más padres se implican activamente, por igual o en mayor medida incluso, en la crianza de sus hijos. Cada vez son más los que entienden lo que significa la corresponsabilidad. 

Y no merecen ser pagados de semejante manera.

Imagen de los protagonistas del delicioso manga ‘Padre e hijo’.

 

Elegir colegio cuando tu hijo tiene autismo, entre la pesadilla y la entelequia

Elegir colegio para nuestros hijos. No es una decisión baladí, dado que va a marcar el futuro de nuestros hijos en muchos sentidos. Siempre es difícil, siempre hay dudas. O al menos lo lógico es que los padres y tutores que debemos afrontar esa elección nos lo tomemos en serio y las tengamos.

En el caso de los niños con TEA
, la elección de centro escolar es especialmente una pesadilla. Pocos centros entre los que elegir; diagnósticos iniciales que coinciden precisamente con el inicio de la vida escolar del niño; dictámenes de escolarización que se retrasan o con los que no estamos de acuerdo; centros que nos gustan y no tienen plazas, o que están muy lejos y carecen de ruta; varios cambios de modalidad educativa y de centro escolar en pocos años obligados por las circunstancias…

Probablemente uno de los aspectos más difíciles de tener un hijo con autismo sea precisamente afrontar de la menor manera su escolarización. Si ya es complejo con un niño que no tiene ningún tipo de problema, si hablamos de uno con autismo, las dificultades se multiplican. Os invito a preguntar a cualquier padre de un niño con autismo escolarizado y podréis comprobarlo.

No se está dando una respuesta adecuada a las necesidades de escolarización de nuestros niños. Es un hecho del que estos testimonios dejan constancia.

(ELENA BUENAVISTA)

 

Isabel. Iván estuvo escolarizado en centro ordinario con apoyos los 2 primeros años del ciclo infantil, su afectación sobre todo a nivel cognitivo cada vez era más evidentes y por ende sus necesidades de apoyo. Coincidió con los grandes recortes de la crisis y a parte de reducir los apoyos aumentaron el número de alumnos en su aula, así que decidimos buscar un centro o aula específico. En Guadalajara en aquella época no existía ninguna de las dos opciones, así que optamos por buscar centro en Madrid (otra comunidad autónoma) todo muy complicado en trámites. Finalmente conseguimos plaza en el centro de ARAYA, a 50 km de casa, en el que sigue escolarizado actualmente.

Creo importante comentar que Iván aún no habla ni escribe, pero aún así llevan ya 4 años denegándonos la beca de logopedia del MEC (será que entienden que un niño que no habla no necesita apoyos extra…).

Bueno, yendo al grano, la asociación APANAG de Guadalajara, con mucho esfuerzo ha conseguido construir un centro que de servicio a los chicos con TEA de Guadalajara y alrededores. Este año ha empezado a funcionar un aula con resultados bastantes positivos en lo que respecta a los chavales y sus familias. Pues bien, este año se ha solicitado el concierto educativo con la consejería de Educación para esa y 3 aulas más, y resulta que publicado el concierto solo conceden la ya existente EBO1 y una TVA (transición a vida adulta), con lo que nosotros que nos correspondería EBO2 nos quedamos fuera del colegio y tendríamos que seguir llevando a Iván a 50 km de casa. Pero lo grave es que hay niños en ese aula EBO1 que por edad deberían saltar a EBO2, como no existe esa opción porque no conciertan ese aula, ¿qué pasa con ese niño? ¿Se queda fuera del sistema? Buscamos una solución chapucera…(para variar). Y así está la escolarización de chicos con TEA en Guadalajara 😓.

Lo mejor es la causa por la que desestiman la concesión del aula EBO2 del colegio de APANAG, “no satisface necesidades de escolarización”…. ¿perdón? Si hubiese más aulas TEA (solo existe una y funciona muy regular por lo que cuentan) o colegios específicos por la zona, aún lo entendería; es más, si los apoyos ofrecidos en los centros ordinarios fueran adecuados y suficientes.

Nosotros afortunadamente tenemos plaza en ARAYA y a no ser que ocurra algo que permita abrir ese aula EBO2 seguiremos yendo a Madrid todos los días (gasto y palizón, afortunadamente equilibrados con un equipo docente de lo mejor y en el que Iván y nosotros nos sentimos como en casa).

Yenny. Tienes toda la razón si ya con una educación ordinaria cuesta, más aún con nuestros niños, primero el famoso dictamen, que sí o sí es un colegio de educación especial con tan solo tres años que ya sabemos los padres que tienen muchos años para ello, y como nuestra lucha es un entorno normalizado pues nos negamos a este tipo de instituciones donde hay muchos diagnósticos y en muchos casos podría implicar un retraso en lo ha logrado, finalmente al no aceptarlo, buscar un cole con un aula arco iris/cometa/cyl con el nombre que se le dé en cada colegio un aula TEA que debe tener 5 niños de edades semejantes mínimo con dos profesionales , su maestra especialista ( comunicación y lenguaje , comportamiento , etc) una integradora social que les dé el apoyo necesario en patio , comedor etc… Hay aulas que incluso tienen más de 5 niños lo que es un caos porque no se les da la atención a cada uno según su demanda , y hay coles que ni asoman con tenerlo porque no hay presupuesto , niños sí pero presupuesto no (burocracia), luego de encontrar cole todo los que conlleva personal directivo, maestros, compañeros, entorno, y, por supuesto, la forma de trabajar en el aula, teniendo en cuenta que muchas veces el problema no está en la forma de aprender sino la manera de enseñar, lógicamente a esto se le suma que nuestros hijos se sientan involucrados y queridos, ya que el cariño y el respeto forman parte de ese sin fin de características

Goldonxa. Hace falta más formación por parte de los profesionales, tanto del centro en general como los especialistas del aula. Así los padres no nos sentiríamos unos incomprendidos cuando vamos a las reuniones y parece que le hablamos en chino. Hace falta un mayor número de recursos tanto a nivel de aula como en aquellos momentos como puede ser comedor, patio… Hace falta una mayor comunicación entre escuela y familia.

Joana. Mi hijo es ásperger y va por su tercer colegio. Los cambios fueron antes de tener un diagnóstico pero ya se le veía especial.

Mirella. Yo te puedo hablar sobre nuestra situación. 6 años y medio, diagnosticado en su cumple de 6 años (ásperger), ya estaba desde hace dos años en un colegio privado y ahora, en abril, en 1º de primaria, fue “invitado” a buscar un otro colegio. Oí de la directoria general que esté colegio no es inclusivo, ni lo intenta en serlo. Es muy triste… y ahora no lo sé donde vamos a ponerlo!

Sara. Pues el de mi peque se enorgullece de ser integrador. Y creo que ellos desde sus conocimientos , así lo intentan. La realidad es que una asociación vio dentro la clase a los chicos y me dijo sin paños calientes que nuestro niño era “la mascota” de la clase. En este centro que tienen su PT y AL siguen su modelo. La asociación no esta autorizada a trabajar en él. ¿Qué podemos hacer los padres? ¿sufrir un poco más? ¿No pueden entre todos coordinarse y respetar su trabajo sin aplastarnos. En lugar de despreciarse mutuamente, ¿las terapias y cole no tendrían que complementarse?.

Rescri-Exl. En nuestro caso falta de personal en el colegio. Aunque hay PT, AL y educadoras no hay el mínimo legal por número de alumnos TEA y eso afecta en la disminución de horas con especialista o de integración en aula ordinaria. Lo peor, que como hay otros coles en peor situación parece que no tenemos derecho a quejarnos.

Delfy Mara. Escogimos centro de educación especial público en contra del dictamen que decía ordinario con diagnóstico oficial. Allí tenía un gran equipo e instalaciones adecuadas que avanzó tanto que al tercer año nos recomendaron aula Cyl en cole ordinario. Tres cursos después fueron desapareciendo sus necesidades de apoyo y adaptaciones y desde entonces está totalmente en inclusión cursando secundaria en instituto público y ya nos dicen que lo ven perfectamente llegar donde el quiera. Estoy convencida que si hubiera empezado en ordinaria hoy estaría al revés en educación especial.