No todos los niños son capaces de recibir educación a distancia

Hay niños para los que las clases telemáticas no son una opción, y no me refiero a aquellos que no tienen equipos informáticos o conexión, me refiero a otros de los que se ha hablado mucho menos: niños para los que conectarse y aprender a través de una pantalla es algo inviable, da igual la plataforma que se emplee.

Jaime, mi hijo, es uno de esos niños. Tiene autismo, discapacidad intelectual y acude a un centro especial, especializado en TEA. Si no hay asistencia al colegio, si no hay presenciales, para él es como estar de vacaciones, es imposible que avance en los objetivos del curso.

No es culpa de sus profesores, dispuestos a echar una mano, a proponer tareas (las que los padres seamos capaces y podamos llevar a cabo), a solucionar problemáticas que puedan surgir. Simplemente, no tiene capacidad suficiente para trabajar en remoto, ni siquiera con ayuda.

No es el caso de todos los niños de Especial. Los hay con más capacidades y mejor preparados para las clases telemáticas. Pero una mayoría no pueden, sencillamente no es posible que accedan a ese derecho fundamental que es la educación si no acuden a los centros.


Pienso en los niños de la etapa de Infantil, los más pequeños, y me da la impresión de que pueden encontrarse con dificultades semejantes. Para ellos la interacción directa es imprescindible.

Puede que no pase gran cosa por una semana perdida, más allá de la conciliación personal y laboral de sus padres o tutores que en muchos casos puede suponer un drama, aunque ese podría ser otro tema. Pero el miedo que esta relativamente breve interrupción de las clases por el temporal de nieve suscita, es que nos veamos de nuevo confinados más tiempo por la Covid rampante.

En ese caso nos veríamos como la primavera pasada, con un largo periodo de tiempo apenas aprovechado, cargado de problemáticas, con ese derecho a la educación en coma temporal. Y no sé cómo podría subsanarse, porque no es cuestión de invertir en plataformas, sino de entender que la educación presencial es, para muchos de nuestros niños, insustituible.

Ojalá nuestros gestores, en sus futuras decisiones, no olviden tener sus necesidades presentes.

(EP/ARCHIVO)

Gracias a los profesores y padres que están picando y paleando nieve para hacer accesibles y transitables los colegios

Me hubiera gustado tener un arranque de curso escolar tranquilo tras las vacaciones de Navidad. Imaginaba que no lo sería por el aumento de casos de Covid-19 tras las celebraciones navideñas. Y ahí tenemos esa realidad que muchos augurábamos estallándonos en la cara, con la incidencia disparada, al igual que la presión hospitalaria, y el medidas más restrictivas, incluso confinamientos estrictos, sobre la mesa. Lo que no esperaba es que el inicio de las clases también se viera en solfa por Filomena, por la nevada del siglo que ha dejado gran parte de España trasmutada en Noruega.

Los colegios en la Comunidad de Madrid tendrían que reabrir sus puertas el próximo lunes (*actualización, se ha retrasado al miércoles*), pero nuestros gobernantes ya nos están avanzando que va a ser difícil que sea así en todos. Nada que padres y profesores no supiéramos. Los grupos de whatsapp bullen estos días con imágenes de los accesos y el interior de los colegios que, por ser normalmente espacios abiertos y poco o nada transitados estos días, asemejan la estepa siberiana.

Hay colegios por todas las regiones de España afectadas por el temporal que están contratando por su cuenta y riesgo operarios, excavadoras y quitanieves, sobre todo los centros concertados y privados. Y los hay que están diciendo a los padres que escriban al ayuntamiento reclamando la limpieza y seguridad que corresponde para poder iniciar las clases. Pero incluso en muchos de esos, sigue solicitándose ese trabajo colaborativo de docentes y padres.


Contrarreloj, en multitud de colegios son los mismos profesores (y conserjes, directores…) los que se han arremangado y puesto a picar y palear nieve y hielo, con la ayuda de los padres que podían y querían echar una mano.

Eugenio García, director del Colegio Cardenal Xavierre-FESD de Zaragoza, quita la nieve y el hielo que cubre el patio de recreo. (EFE/Javier Cebollada)

Están abriendo caminos para los niños, que precisamente como son niños querrán jugar sobre el manto blanco que sin duda aún permanecerá en muchos puntos la semana que viene y es probable que unos cuantos acaben en la enfermería. Están dedicando un tiempo y un esfuerzo que se les agradece y aplaude desde esos mismos grupos de Whastapp. Porque, la verdad, es de agradecer y aplaudir que se arremanguen de esa manera.


Pero al tiempo que nos caldea el corazón su esfuerzo, es legítimo preguntarse si deben los padres y profesores asumir esa responsabilidad que compete a las administraciones públicas de hacer accesibles y transitables los colegios.

Por un lado, como me decía una madre cuyo colegio ha solicitado esa ayuda al AMPA, se puede considerar que es nuestro deber social ayudar, si está en nuestra mano, pensando sobre todo en los niños, su derecho a la educación y siendo conscientes de que las administraciones públicas están desbordadas, pero es posible que se creen tensiones o distinciones entre los que ayudaron y los que no, ¿y qué pasa si se hacen daño en el proceso?.

Por otro, como me decía una profe, deslomarse haciendo algo así es ya pecar de tontos. Si no se pueden abrir el lunes, pues tendrán que abrirse cuando los responsables de limpiarlo lo tengan preparado.

Porque no hablamos solo de limpiar. Hay colegios en los que han caído árboles, o corren peligro de caer; en los que los techos se han visto dañados o podrían dañarse; en los que las tuberías se han congelado, la calefacción o la red eléctrica no funciona. Ayer mismo hablaban de 370 incidencias detectadas.

Daños en un colegio de Madrid ocasionados por ‘Filomena’ (EP)

Es viernes y demasiados no sabemos aún cuándo nuestros hijos podrán ir al colegio. O si nosotros podremos llevarles (abrigados como esquimales, para contrarrestar la conjunción de los protocolos anticovid y la ola de frío).


Estamos viviendo un máster en gestión de la incertidumbre que nunca jamás hubiéramos imaginado.

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La capa de Jaime

Érase un bebé, un niño, un adolescente. Tirando a tranquilo, también a perezoso; con pelo de surfista y sonrisa de Han Solo. Comilón y dormilón; ajeno a los animales que le rodean por casa y amante de la música.

Érase una vez Jaime bebé, diminuto y redondo, aferrándose a un aspito con sus manos pequeñitas.

Érase una vez Jaime niño, pedaleando hacia atrás en su primera bicicleta con ruedines sin importarle el no avanzar.

Érase una vez Jaime, de anchas espaldas y músculos poderosos, al que no le importaba llegar a ser tan alto como la luna pese a tenerla cada vez más cerca.

Y érase innumerables veces rostros que, cuando miran a Jaime, no lo ven.

No vieron al Jaime bebé. No vieron a Jaime crecer hasta convertirse en un muchacho más alto que su madre. Solo ven la capa que lleva siempre a cuestas. Solo son capaces de distinguir la discapacidad, que creen que lo define, que lo envuelve y oculta a sus ojos.

Les pasa igual con Javier, al que le cuesta mirarte y le vuelven loco los perros. Con Clara, a la que le fascina el golpear de la lluvia en la ventana y no sabe parar quieta. Con Alicia, que es paciente y no para hasta lograr lo que quiere. Con Pedro, que adora los trenes y siempre quiere estar al aire libre.

Los miran y no ven más que las capas que los cubren. Capas a veces tan pesadas que necesitan mucha ayuda para poder avanzar con ellas. Capas en otras ocasiones livianas, apenas perceptibles en muchas situaciones.

Capas que ocultan el hecho de que todos ellos son seres maravillosos, únicos. Como tú, como yo.

Capas que se pueden volver invisibles, para no eclipsar a las personas que las llevan, a poco que el que mira quiera que así sea.

Jaime, Javier, Clara, Alicia o Pedro no son su discapacidad. No merecen que les miremos y no les veamos como son.

(GTRES)

Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

Padres valientes, padres de niños con diabetes

(FEDE)

Los conozco bien. Son padres que recibieron el diagnóstico de Diabetes tipo 1 de sus niños, lo que más querían en el mundo, cuando tenían incluso meses. Son padres que lloraron, se secaron las lágrimas, se arremangaron, se formaron, cometieron errores, aprendieron de ellos y se arrogaron la enorme responsabilidad de la salud presente y futura de sus hijos.

Son padres que tuvieron que hacer un máster acelerado en diabetología sabiendo que todos los días tendrían que tomar varias decisiones al día trascendentales para que sus hijos crecieran sanos.

Son padres que apartan los miedos, avanzan paso a paso y miran al futuro con esperanza en los avances médicos.

Son padres que aprendieron a hacer diluciones de insulina con precisión de alquimistas; a inmovilizar a sus hijos para pincharlos con una jeringuilla, para ponerles la bomba de insulina o el sensor (¡bendita tecnología!), haciendo oídos sordos a sus llantos y llorando por dentro; que tuvieron que imponer muchos noes y restricciones con todo el dolor de su corazón.

Son padres que viven contando cuántos hidratos tiene una merienda de bocadillo de queso y mandarina, o una comida de macarrones con tomate y un plátano de postre, para saber cuánta insulina poner a sus hijos.

Son padres que claman porque haya enfermeras en los colegios, por encontrarse con maestros que les ayuden

Son padres transmutados en el páncreas de sus hijos, que han tenido en muchos casos que priorizar a su familia sobre su carrera profesional, cuando no renunciar completamente a ella.

Son padres guardianes, que siempre están pendientes, que de noche vigilan prescindiendo del sueño.

Son padres vampiros, que calientan los deditos de sus niños para que fluya la sangre antes de pincharlos y asegurarse de que todo va bien.

Son padres que bromean cuando ven series sobre apocalipsis zombis con que el primer sitio al que tendrían que salir corriendo a proveerse es a una farmacia.

Son padres maestros, que enseñan lo aprendido a sus hijos, según se hacen mayores; que inculcan en ellos la responsabilidad de cuidarse; que explican también todo lo necesario a los abuelos, tíos o hermanos mayores que también quieren y pueden echar una mano.

Son padres valientes de niños valientes, que necesitan de toda la ayuda y el ánimo que podamos darles.

Noviembre es el mes de la concienciación de la diabetes, tanto de la tipo 1 como de la 2, cuyo día mundial tiene lugar el día 14.

‘Solo palabras’, un cuento para entender que ni el bien ni la felicidad son posible sin respeto por los demás

Las palabras son mucho más que solo palabras. Evocan conceptos e incluso colores, describen realidades, nos ayudan a entender el mundo y a relacionarnos. Las palabras son, además, las protagonistas del último cuento escrito por María José Rodríguez e ilustrado por Marta Chicote cuya premisa es: “Las palabras tienen el poder de influir en el corazón ¿Qué pasa cuando una se pierde?”.

El libro, en proceso de autoedición en Verkami y recomendado para niños a partir de siete años, se llama Solo palabras y puede aspira a ayudar a construir un mundo más tolerante y empático, en el que ser respetuoso con los demás para poder avanzar juntos. Unos valores que permanecen activos en muchas personas, pero que otras tantas parecen haber olvidado, contribuyendo a hacer de la sociedad un lugar más sombrío.


María José, este es tu sexto cuento, pero tal vez al mismo tiempo es el primero, ¿verdad? Cuéntanos cómo surgió.
M.J.R. Sí, efectivamente. Este cuento es probablemente el primero que escribí para niños. La idea surgió porque mi esposo y entonces novio quiso que participáramos en un concurso de cuentos. Trabajamos juntos un boceto inicial, jugando con las palabras; poco a poco comenzó a adquirir profundidad y perfilamos lo que fue la base de la historia. No ganamos, pero a mí me gustaba muchísimo el proyecto y sobre todo el potencial que tenía para transmitir. A partir de esa base comencé a desarrollar y pulir la historia y a explorar qué era lo que estaba buscando decir realmente. Y por supuesto tuve que buscar un ilustrador que me gustara, y Marta fue mi elección. Es muy perfeccionista y profesional en su trabajo, y sabía que iba a darle personalidad y dulzura a los personajes a partes iguales.

Todos tus cuentos tienen mensajes de tolerancia y respeto, pero en este tal vez sea el que lo dice de manera más obvia. ¿Es lo más importante que quieres transmitir a los niños?
M.J.R.  Es uno de ellos. La búsqueda de Respeto es, además de un objetivo en sí, una excusa para mostrar las “palabras importantes” (o algunas de ellas al menos). Esas palabras que son las necesarias para ser realmente feliz. Y, por supuesto, unas influyen en las otras de manera que no se tiene pleno alcance a unas sin la existencia de las otras. ¿Podría existir Amor sin Respeto? ¿Comprensión sin Respeto? ¿Verdad sin Valor? ¿Compasión sin Amor?. El Respeto está en la base de muchas palabras importantes. ¿Y cómo le explico esto a los niños? ¿Cómo podrían llegar a entenderlo sin palabras técnicas o conceptos abstractos? Dando personalidad a esos conceptos: ahora son personajes que sienten, tienen un problema y viven una aventura emocionante y llena de significado. Pero hay otros elementos fundamentales en la narración: los obstáculos, que son precisamente los que dan pleno significado a nuestras heroínas. En ellos los niños pueden ver cómo funcionan las palabras importantes, si se usan con el corazón. Entre los obstáculos, el más peligroso es sin duda El Bosque de las Palabras Huecas y las Frases Sin Sentido, también conocido como el Bosque de las Mentiras, el Engaño y la Traición. También tenemos el Páramo de los Signos de Puntuación, que representa el miedo, el Muro de la Ignorancia, el Río de la Indiferencia y, por supuesto, la Casa del Olvido.

¿Marta, cómo ha sido el proceso de creación del cuento junto a María José?
M.C. Ha sido bastante cómodo. Algo que me parece muy importante es que ambos autores nos demos libertad para expresarnos, cada uno en nuestra parte y con lo que sabemos: ella con los textos y yo con las ilustraciones. Así es como salen los proyectos bien hechos, si hay sintonía entre ambos autores. Aparte, ambas hemos también sido abiertas para dejarnos aconsejar por la otra: MariJose ha opinado y me ha aconsejado en algunas ilustraciones para mejorarlas de la misma manera que yo la he aconsejado cuando había algún texto que creía que también podía quedar mejor de otro modo. Así todo el proceso es algo muy enriquecedor y el resultado, sin duda, va a ser mucho mejor. Cuando haces un trabajo de coautoría tiene que haber muy buena disposición por parte de ambos autores porque el resultado no va a ser el trabajo de uno ni el trabajo del otro solamente sino la unión del trabajo de los dos.

¿Qué es lo que quieres que transmitan tus ilustraciones?
M.C. Pues es muy difícil para mi responder a esta pregunta… No tengo una intención clara de que quiera que transmitan algo en especial. Sí que necesito que expresen lo que en cada momento busco que transmitan: a veces paz, a veces enfado, a veces ternura, a veces quieres reivindicar algo… lo que sí quiero, lo que sí que es interesante, es que “funcionen”. Pero en general simplemente dibujo como siento en cada momento e imagino que luego a cada persona que la vea le transmitirá algo diferente porque luego cada persona es un mundo. Quizás, aunque suene egoísta, cuando trabajo lo que necesito es que me llene a mi, que yo crea que funciona. Soy muy crítica conmigo misma y necesito quedarme yo contenta con lo que he hecho. Que luego mis ilustraciones transmitan algo a la gente y gusten, ya es la magia de este trabajo y un plus que da muchísima satisfacción y hace que todo el esfuerzo merezca la pena.

¿A partir de qué edad lo recomendaríais?
M.J.R.  Lo recomendaría a partir de los 7 años, la edad de la razón. Pero el cuento crece a medida que crece el lector: los más pequeños disfrutarán y entenderán la aventura e intuirán los significados. A medida que crezcan el cuento ganará en profundidad y los significados se harán más evidentes. Para los adultos los significados serán mucho más profundos y se percatarán de que son temas de rabiosa actualidad.

¿Por qué las palabras son mucho más que simples palabras?
M.J.R.  De nuevo es un juego de palabras. No son “solo palabras” por que las palabras tienen un peso específico. Por un lado, no se pueden decir y pretender que no tienen efecto. Si dices algo con rabia, esa rabia puede herir al otro de forma que no se cierre la herida, y la relación con esa persona habrá cambiado. De la misma forma algo dicho con cariño puede cerrar heridas o predisponer hacia la comprensión. Por otro lado, cuando se abusa de las palabras sin decirlas con el corazón, su significado muere. Y las palabras vacías también hacen daño, quizás no tan evidente, pero es un daño real. Se nos puede llenar la boca pidiendo Respeto para nosotros y nuestras opiniones, pero si ese Respeto que pedimos no lo pedimos con educación, con respeto, estamos matando vilmente el significado de esa palabra. Es más, estamos engañando sin pudor a nuestros interlocutores, porque estamos usando el Respeto como excusa para lanzar nuestro odio a los demás. La convertimos en una palabra hueca y a nosotros en unos mentirosos. El significado de cada palabra depende en realidad de las verdaderas intenciones del que habla. Por eso el Bosque de las Palabras Huecas y las Frases Sin Sentido es tan peligroso: porque atrae a las buenas personas con esas palabras para usar a esas personas para exactamente lo contrario. Son palabras con el aspecto de las palabras importantes pero con unas intenciones oscuras. Cuidado con ellas. No nos dejemos engañar.

¿Cuáles serían tus palabras favoritas de este cuento?
M.J.R. Como podréis imaginar, una de ellas es Respeto, porque está en la base de muchas otras. Es la base de Amor y de Comprensión, por ejemplo. Es una de las palabras importantes y más en estos días, en los que parece que lo único importante es mi opinión y mis opciones, y las de los demás están equivocadas. Si no se ama con respeto, no se comprende con respeto, no se sabe compadecer con respeto, no se actúa con respeto o no se busca la verdad con respeto… no estarás amando de verdad, no estarás siendo realmente comprensivo, no podrás ponerte plenamente en el lugar del otro, no actuarás correctamente y no encontrarás la verdad que buscas (sino la que quieras encontrar). Y otra es Comprensión, por un doble motivo: por el saber y por el sentir. Cuando me aceptaron en mi primer laboratorio me hice grabar en un anillo de plata una frase dicha por un científico “Trato de Comprender”, que me gustaba por su doble significado. Soy científica y se me nota, me gusta comprender cómo funciona la vida y el universo. Y también estoy convencida de que el tratar de comprender al otro – sus motivaciones, su historia, sus opiniones- es el vehículo para que nos llevemos mejor a pesar de nuestras diferencias. No todo es “comprensible” por supuesto, pero nos sorprenderíamos de lo razonables que podríamos llegar a ser si escucháramos a los demás intentando comprenderles.

¿Alguna ilustración preferida? ¿Alguna que costara especialmente?
M.C. Sí, desde luego. Siempre hay ilustraciones que, como quien dice, salen solas y otras que se atascan y cuestan muchísimo. No sé la razón de esto, la verdad, pero da mucha rabia (risas). Una ilustración que salió a la primera y que me gusta mucho es la que representa a varias palabras cruzando el río sobre los hombros de Amor una encima de otra. Salieron solos los colores, la gama, la composición… es como si fuese fluyendo según la hacía. Apenas me hizo falta un boceto y ¡listo! En cambio, alguna otra se ha hecho de rogar bastante. Unas cuantas las tuve que repetir porque no me llenaban. La del muro, por ejemplo, la hice como me salió en ese momento, pero nunca me gustó. Y por más pruebas y bocetos que hice, no daba con lo que quería. Así que, la dejé como estaba porque no terminaba de dar con ella. Estuvo años de la manera en que la dejé hasta que, un buen día, y también porque me animó MariJose, la cambié y por fin, salió sola. Se ve que simplemente tenía que reposar. Al final una enorme mancha blanca cruzando la doble página representa al muro que divide, según nos dice el texto, dos paisajes diferentes y esto lo representé con una gama de colores muy diferente en cada uno de los paisajes: uno con colores fríos y otro con colores cálidos. Al final el resultado me gustó mucho. Pero me costó ¡vaya si me costó!

Me llama la atención que el cuento está dominado por colores muy fríos, al menos eso me parece a mí, ¿a qué responde?
M.C.  No creo que el cuento en general esté dominado por colores fríos (risas). Algunas ilustraciones sí son predominantemente azules, por ejemplo la ilustración de cubierta o la de la partida de las palabras, pero otras muchas no. En cualquier caso, no he tenido en mente darle una intencionalidad de colores fríos por alguna causa en especial. Cada ilustración me pedía, según el pasaje que quería representar, un tipo de tonalidad de acuerdo a lo que he querido expresar o hacer sentir con cada una. Cierto es que determinadas ilustraciones, si quiero representar según qué cosas, me piden colores más fríos o más cálidos. Pero, como digo, no he tenido preconcebida una intencionalidad de dotar de colores fríos al cuento.

Imagino que es complicado dotar de aspecto a las distintas palabras. ¿En qué te inspiraste para presentárnoslas de esta manera que, en ocasiones, a mí me da un aire al universo de Ghibli?
M.C. ¡Puf…! ¡Me resultó dificilísimo! El proceso de creación de personajes me llevó mucho tiempo y muchísimas hojas de bocetos y pruebas. Por increíble que parezca -quizás viendo que el resultado son unos personajes a simple vista muy, muy sencillos- llegar a ellos me costó un triunfo. Según leemos el texto, los personajes -que son palabras- parecen personas: hablan, sienten, se expresan, viajan y hacen todo como nosotros… Pero representarlos como personas me parecía como una opción fácil y muy evidente. No quería que fuesen personas, no son personas, son palabras ¿cómo las iba a representar? Otra opción fácil que me surgió en seguida era representarlas como animales. Éstos en todo el imaginario colectivo tradicional han representado siempre, en fábulas, cuentos e historias a los sentimientos, estados de ánimo, valores etc. que representan las palabras del cuento. Pero me seguía pareciendo una opción muy fácil y recurrente. Tanto en diseño como en ilustración, no puedes recurrir a la primera idea que te viene a la cabeza, Así que, tras muchas vueltas, decidí que tenían que ser antropomorfas, tener algunos rasgos que expresen los sentimientos o ideas que representa cada una de ellas y así es como llegué a ellas. Y sí… soy amante del universo Ghibli. Tengo especial predilección por El viaje de Chihiro y es evidente que uno de mis personajes favoritos, que me cautivó desde el primer momento, fue el Sincara. Creo que es evidente su peso en mi trabajo y ha sido una inspiración muy fuerte en él. Es un personaje antropomorfo, que se expresa de una manera muy especial, y te atrae e inquieta a la vez. Es maravilloso y me alegra muchísimo que haya podido quedar algo de él en mis personajes.

María José, eres una veterana de la autoedición, ¿qué te aporta esta manera de publicar?
M.J.R. En primer lugar independencia, puedo publicar lo que quiera sin que una editorial decida por mí si es correcto o está de moda. Se puede oír mi voz sin que tenga que depender de que otros decidan si merece la pena ser escuchada o no. Las editoriales hacen un gran trabajo publicando contenido de calidad, pero no tienen la capacidad de publicar todo el contenido de calidad que existe actualmente. Hay muchos autores de autopublicación que procuran que sus proyectos tengan una altísima calidad tanto en el texto como en la ilustración, pero no a todos se les puede dar salida desde las editoriales. Por otro lado la cercanía y el trato directo con los lectores es mucho mayor que publicando a través de una editorial. Literalmente son los lectores los que consiguen que un libro se publique y se suelen implicar directamente en conseguir que salga adelante. Esa sensación de apoyo y ese entusiasmo del lector no tienen precio, y desde luego son maravillosos para controlar la típica inseguridad del escritor!. Por eso pienso que el sentido de la responsabilidad hacia los lectores por parte de un autor autopublicado ha de ser incluso mayor de lo habitual: por esa implicación personal del lector, que no debería ser defraudada, y por una razón práctica: porque no hay filtros que te avisen de que algo puede ser mejorado o no está bien hecho, al no haber una editorial detrás. Tienes que saber respetar a tu lector y ofrecerle tu historia de la mejor manera posible, por tanto tienes que estar atento a todo lo que puedas mejorar.

¿Algún nuevo cuento en marcha del que quieras contarnos algo?
M.J.R. Hay dos proyectos en marcha, aunque no sé para cuándo estarán listos. Uno de ellos habla de la belleza que nos rodea y a la que deberíamos prestar más atención. Es además una historia de diferencias que se superan para conseguir un objetivo más elevado. La está ilustrando de nuevo Fernando Cascales, el ilustrador de Un Amigo Diferente. Y el segundo proyecto es un cuento más divertido, más ligero, aunque habla de lo que es verdaderamente importante en la educación de los niños y a quienes debemos estar agradecidos por el peso que tienen en esa educación. Pero está contado desde la perspectiva inocente y entusiasta de los niños, con un tono desenfadado con el que estoy muy ilusionada, la verdad. Lo está ilustrando Ruth Handayani, es la primera vez con esta ilustradora pero me están gustando mucho los bocetos que está haciendo para el cuento.

 

“Los parques infantiles han sido el primer espacio donde hemos sufrido una verdadera discriminación con nuestro hijo“

Los parques infantiles están siendo protagonistas de muchas noticias estos meses por si se abren o se cierran, por si se permite que los niños jueguen en ellos o si se clausuran para intentar frenar la Covid, frente a muchos hacen la justa reflexión de si tiene sentido que los niños se queden sin estos espacios de ocio mientras siguen abiertas las terrazas para disfrute de los adultos.

Los parques infantiles son importantes. Lo son, sobre todo, en las grandes urbes. Los niños necesitan salir, hacer ejercicio, explorar el entorno, jugar y socializar al aire libre con una libertad vigilada, con seguridad. Y en nuestras ciudades no abundan los espacios así.

Son importantes para todos los niños, también los niños con discapacidad, motórica, sensorial o intelectual, para los que con demasiada frecuencia estos entornos no son accesibles.

(EUROPA PRESS)

El pasado viernes Cermi publicó en su boletín semanal un estudio  que precisamente aborda esta problemática, la accesibilidad de los parques para los niños pero también para los adultos con discapacidad que los acompañan. Hablamos de un total de 3,8 millones de personas en España, un 8,5% de la población, que deben ser tenidos en cuenta también en estos espacios, que como bien dice el presidente de CERMI Comunidad de Madrid, Óscar Moral “son un espacio muy interesante de socialización de todos, en ese primer momento de la vida en el que los niños mantienen su mente libre de prejuicios”.

Sandra Pereira, arquitecta que colabora con distintos colectivos relacionados con la discapacidad y autora del estudio, hace en su presentación una afirmación demoledora: “Los parques infantiles han sido el primer espacio donde hemos sufrido una verdadera discriminación con nuestro hijo. Ver cómo juegan los demás niños y no poder participar porque no se ha tenido en cuenta sus necesidades, puede implicar unos efectos psicológicos y emocionales muy negativos“.

Una adaptación que, según el estudio, no tiene que traducirse en un gato mayor, basca con “diseñar desde el principio con inteligencia” para asegurar los  puntos que se deben asegurar, destacando por ejemplo la necesidad de que esté delimitado para que los niños no se puedan escapar o desorientar; que facilite juegos con esperiencias sensoriales; también cooperativas y que animen al juego simbólico. El estudio incluye además un test con casi 30 preguntas al final para poder dilucidar la accesibilidad de un parque.

Ojalá siempre que se encarase la construcción o reforma de un parque infantil se tuviera en cuenta todo lo que Sandra Pereira apunta.  El juego es un derecho de todos.

‘Érase una vez’, un libro nacido del doble reto de hacer una ilustración y un microcuento cada día durante un año


‘Erase una vez, 365 ilustraciones que fueron cuentos’ es un libro nacido de un reto; es un cuento que son cientos; una agenda en la que ver, leer y soñar de la mano de las acuarelas de Esther Voltà y las breves historias con las que la cuentacuentos Patricia del Castillo las arropa. Es también un compendio de esfuerzos e ilusiones en momentos difíciles y un logro conseguido y aún creciendo en Verkami al que podemos sumarnos.

He querido traerlo para que lo conozcáis, para que comprobéis que no todo lo que nos ha traído 2020 es entre regular y malo y que desafiarnos a nosotros mismos, embarcarnos en nuevos proyectos, nos puede ayudar a alcanzar logros que ni imaginábamos, y nadie mejor para presentarlo que sus creadoras, Esther y Patricia. Os dejo con ellas.

Este es un cuento que nace de un reto, hacer una ilustración cada día. ¿Esther, por qué embarcarse en elaborar una ilustración al día? ¿Dónde encontrabas la inspiración?
En el mes de junio de 2018 conocí la historia de un ilustrador, David Litchfield, quien el 1 de julio de 2010 tomó una decisión, hacer un dibujo al día durante un año y mostrarlos al mundo a través de Internet, 365 Drawing Challenge se llamaba el reto. David, que hasta el momento se había dedicado a otra cosa, quiso hacer un cambio de rumbo en su vida, dedicándose a lo que realmente le apasionaba, la ilustración. Ocho años más tarde, el 1 de julio de 2018 me puse ese mismo reto, realizar una ilustración al día y publicarla en las redes sin saltarme ni un solo día durante un año, con este reto quería probarme a mi misma, probar mi constancia y fuerza de voluntad, y obligarme a reservar cada día una parte de mi tiempo para hacer algo creativo, aunque me dedico a la venta de productos ilustrados a veces me paso el día haciendo facturas, preparando pedidos y termina el día con la sensación de que no he creado nada… así me obligué a crear un poquito cada día, y en una técnica bastante desconocida para mí en ese momento, la acuarela

¿Patricia, por qué te sumas a escribir textos para cada ilustración? ¿Cómo nació esa necesidad?
Descubrí las ilustraciones de Esther por casualidad y al verlas sentí que esos personajes no estaban completos. Necesitaban tener una historia detrás, un pequeño cuento, que nos narrase algo más de ellos. Cada día era un reto porque no sabía con qué nos sorprendería Esther. Una vez que publicaba el dibujo lo miraba durante un momento y buscaba dentro mí lo que me gustaría que me contase y así surgían las pequeñas píldoras de cuento.

 ¿Hubo algún momento en el que el reto estuviera a punto de tambalearse? ¿Alguna anécdota?
Esther.
 Sí hubo días complicados, recuerdo uno en el que me encontraba fatal, tenía fiebre y estaba medio agonizando en el sofá diciéndole a mi marido: “¡El reto!, ¡Tengo que hacer el reto!”. Y él me respondía: “No pasa nada si un día no lo haces, descansa”. Pero vaya si lo hice, cuantos más días llevaba con el reto, más fuerte era mi compromiso conmigo misma para no fallar. Otro día estábamos de viaje con la familia y estábamos en una misma habitación los cuatro, recuerdo que llegó la hora de dormir de las peques y apagamos las luces para no molestar y yo sin tener mi ilustración del día, así que encendí la linterna del móvil y empecé a dibujar.
Patricia. Uf, yo tuve épocas de mucho trabajo en los colegios y algunas historias se atragantaron y fueron con retraso pero siempre tuve claro que quería acabarlo.

¿Cuándo y cómo ese reto compartido empezó a tomar forma de proyecto de libro?
Esther.
 Cuando Patricia empezó a escribir los microcuentos me enamoré de ellos pero no sabía si ella seguiría escribiendo esos textos o era algo temporal, esperé un par de semanas y al ver que sus historias eran constantes  contacté con ella y le dije que yo veía claro que de esto se podría hacer un libro, su reacción fue muy bonita y se ilusionó tanto como yo.
Patricia. Cuándo Esther me propuso terminar el reto e intentar convertirlo en libro no lo dudé ni un momento, me lancé a la piscina. Me pareció una idea fantástica desde el primer minuto.

No es un cuento convencional, a mi modo de ver son píldoras poéticas que invitan a la reflexión. ¿Cómo lo describiríais vosotras?
Son bocaditos de cuento que cada uno interpretará, dependiendo su edad y su momento de vida. Son pequeñas historias que invitan a ser tejidas por cada lector. Píldoras poéticas nos parece una definición perfecta.

¿Qué tipo de lector tenéis en mente?
Esther.
Yo siempre digo que es un libro para todas las edades, hay tanta variedad de textos y de temas que quizás en algunos un niño lo interpretará de una forma y un adulto le encontrará otro sentido, pero todos lo disfrutarán.

¿Cómo aconsejáis acercarse a este libro? ¿Tal vez disfrutando una ilustración con su texto al día?
Esther.
 Una forma divertida puede ser elegir cada día una ilustración con su texto al azar. Si no quieres que se te pase ninguna y las empiezas a leer ordenadas te aseguro que hay tantas que cuando termines de leerlas, si empiezas de nuevo, te volverán a sorprender. A mí me ha pasado, revisando ilustraciones y textos yo misma me sorprendo viendo ilustraciones de las que ya ni me acordaba y releyendo textos y volviéndome a emocionar.
Patricia. Hay tantas posibilidades como lectores. Habrá quién lo lea de salto en salto, otros lentamente deleitándose en los detalles, otros lo leerán día a día, o incluso estarán los que lo lean de una sola sentada. Todas son absolutamente válidas.

¿Hay alguna enseñanza en el libro o es tal vez en exclusiva un recorrido disfrutable por el arte?
El único fin de este libro es el de poder disfrutar de la literatura sin ninguna otra pretensión. Es un libro para degustar día a día. Un libro que invita a soñar y a perdernos entre las palabras e ilustraciones para dejar volar nuestra imaginación.

¿Hay alguna ilustración/texto que sea especial para vosotras?
Esther.
 Hay muchas ilustraciones muy especiales que siguen significando mucho para mí. Hay una luna llena con una niña y un gato encima; cuando la hice pensé “esta va a ser la protagonista de mi primer álbum ilustrado, una niña que vive en la luna” y en octubre de 2019 se publicó NONA, de Carambuco Ediciones, mi primer cuento. Otras ilustraciones las hice en función del estado emocional en el que me encontraba ese día. Sin duda la ilustración de caperucita es una de las más especiales para mí, por eso la elegí como portada del libro, esa ilustración y muchas otras con referencias de cuentos clásicos las convertí después en productos ilustrados que comercializo con mi marca.
Patricia. Hay muchas ilustraciones que tienen un gran significado para mí, las que muestran libros o la de la pizpireta Pippi. Pero si tuviera que elegir una sería la del hada.

Catorce ventanas abiertas a la diversidad del autismo

Entre abril y junio, entre el confinamiento y empezar a recuperar cierta normalidad que nunca fue tal, la asociación Autismo de Madrid estuvo recogiendo historias de personas con TEA y, sobre todo, de sus seres queridos, por la IX edición de su certamen de relatos Cuéntame el autismo. Relatos cuyo nexo en común era ‘Desde mi ventana’ y que nos ayudan a entender cómo ha sido, cómo está siendo, el tránsito por esta pandemia que tiene al mundo en jaque para las personas con autismo y sus familias.

Hoy se ha conocido el relato ganador, el poético El buscador de polvo de estrellas de María Elena del Río, madre de un niño con autismo de 7 años al que la arena le relaja, pero como los parques estaban cerrados, tuvieron que idear la manera de llevarle el brillo de la arena a casa.  Os dejo un pequeño fragmento:

Para que entiendas un poco sobre polvo de estrellas, coge un puñado de arena y déjala escapar de entre tus dedos. Aprende a escuchar su sonido al caer, al escaparse de tus manos, y trata de deleitarte con la relación del sonido-movimiento en cada grano caído; mira su resplandor pues refleja a las estrellas en sus innumerables cristales. A veces brilla como una piedra preciosa, y a veces es sólo opaca, pero con colores únicos en cada porción de arena que cae de tus manos, de tus dedos

Todos los relatos se han convertido en un libro para el que me pidieron escribir un prólogo que titulé  y quiero compartir con vosotros  hoy, invitándoos a leerlo para entender mejor la diversidad del autismo atisbando por catorce ventanas azules.

El libro que tienes en las manos es un recorrido multicolor, marcado por la pandemia que ha sacudido todo el mundo, que es el perfecto reflejo caleidoscópico de la variedad y complejidad de este trastorno. Las catorce vivencias que te aguardan ponen de manifiesto que la persona está antes que las etiquetas, que todos construimos nuestros propios universos y todos ellos son valiosos, algo que no deberíamos olvidar jamás.

A lo largo de sus páginas conocerás a Samanta, Javi, Petra, David, Ángel, Alicia, Ayla o Santi. También a sus familias: madres, padres, hermanos, hermanas y abuelos. Te identificarás con su forma de afrontar el confinamiento. Compartirás sus reflexiones, sus problemáticas, miedos y descubrimientos. Sobre todo comprenderás que el nexo que nos une es la búsqueda de la felicidad bajo cualquier circunstancia; una felicidad que aguarda en los pequeños detalles, en la capacidad de pararse, respirar hondo y apreciar lo que tenemos.

Así deberías afrontar también la lectura de este libro, sin prisa por terminarlo, poniéndote en la piel de aquellos que han hecho el esfuerzo de abrir sus ventanas, de dejarnos entrar en sus vidas. De esa manera podrás saborear lo distinto que es en todos los sentidos, humanos y literarios, cada hogar y cada corazón al que nos han permitido asomarnos.

Si lo haces así encontrarás textos escritos con la poesía propia de un buscador de polvo de estrellas, con la honestidad de un diario abierto bajo la luz de un faro, con la precisión de un registro de llamadas que van y vienen, con una primera persona desplazada y con el añorado sabor ‘proustiano’ de las magdalenas de los abuelos.

Solo la carencia absoluta de empatía impedirá que toda suerte de emociones germine durante su lectura.

El coronavirus lo trastocó todo. Igual que el autismo se cuela a sacudir nuestros cimientos, pero también a convertirse en maestro de resiliencia, en un aliado para entender aquello que realmente importa, que estamos aquí para aguantar a lomos del imprevisible dragón azul y disfrutar del vuelo.
Y si siete veces nos caemos, ocho nos levantaremos.

GTRES

“Necesito un mundo que se haga cargo de mi forma diferente de hablar” #SoloTartamudeo

Es causa de acoso escolar, de risas ajenas, de motes impuestos (Cacarlos), de insultos, de incomprensión y malentendidos (“no estés nervioso”, “tú tranquilo”), que arrastra prejuicios y estereotipos infundados (“será que es un poco lento”, “no podrá ser profesor”…), de discursos interrumpidos porque hacemos callar o porque terminamos por ellos.

Hablo del tartamudeo.

Hoy, 22 de octubre, es el Día internacional de la tartamudez. Y hoy os traigo una campaña de la Fundación Española de la Tartamudez que ojalá alcance toda la difusión que merece, porque ayuda a entender todo por lo que pasan las personas que tartamudean y lo importante que es que la sociedad cambie y limpie la percepción que tiene sobre ellos, una percepción con frecuencia injusta.

En el vídeo hay dos niños, Alejandro y Rocío; también una maestra, María Vigueras; y la veteranía de José Vicente Carretero. Por favor, escuchad lo que tienen que deciros. Un mensaje que es a la vez un recorrido vital y de aceptación que ojalá cale y que podría resumirse en el lema de la campaña de concienciación: “Cuando tartamudeo, solo tartamudeo”, acompañado del hashtag #SoloTartamudeo.

Alejandro:

Querido diario: a veces no me salen las palabras. Pensaba que le pasaba a todo el mundo, la verdad. Pero alrededor mío siempre veo alguna cara rara y alguna risita cuando hablo. Si hubiera un ‘entrenador de palabras’ me encantaría ir. Se lo voy a decir a mis padres a ver si ellos saben algo, porque cuando sea científico y tenga que dar discursos, no quiero que me pase esto.

Rocío:

Necesito un mundo que se haga cargo de mi forma diferente de hablar y un altavoz para gritar. Si tartamudeo no es porque esté nerviosa. Si tartamudeo, no pongas en duda mis capacidades. Si tartamudeo, no es culpa mía. Si tartamudeo, no me cortes las frases. Si tartamudeo, solo tartamudeo.


María:

Con 20 años, de tartamudez, uno no se muere, más bien se convive. Deja huella, marca y moldea la personalidad. No eres tú, eres lo que ella te deja ser. Durante muchos años he ocupado el último lugar de la fila. Hoy dusfruto ocupando el primero, el de maestra. Y ya no odio escucharme, ya no me esfuerzo por no tartamudear, pero necesitaría que a ti tampoco te molestara, porque tu mirada crítica aumenta mi dificultad. En cuanto a mi trabajo, tranquilos, lo puedo desempeñar con la misma eficiencia que tú.

José Vicente:

Ya no busco tu aceptación, ya no necesito tu aceptación. Al fin soy libre de mi mochila y de tus prejuicios.Y he llegado hasta aquí, después de admirar el valor de mis palabras y de elminar el deseo de cambiarlas. Esto me llega cuarenta años tarde, pero me sirve sin con ello entiendes que cuando tartamudeo, solo tartamudeo.

¿Eres la misma persona tras convertirte en madre o en padre?

Lo sé, es una de esas preguntas que no tienen respuesta. Pero también es una de esas preguntas que, al hacértela, te invita a reflexionar, a intentar conocerte. Suele pasar que la persona sobre la que menos pensamos es precisamente la nuestra. Las cuestiones sin contestación clara no son estériles.

Lo planteé en redes hace un par de semanas. ¿Eres la misma persona tras convertirte en madre o en padre? Lo hice tras charlar con una amiga embarazada de su primer hijo, tras hacerlo con un amigo padre reciente. Somos los mismos, por supuesto, pero al mismo tiempo ya en el embarazo vas descubriendo que tener un niño es como si te reprogramaran. Evolucionas de una manera imposible de comprender hasta que no lo vives. De una manera que además es diferente para cada uno, que para eso somos individuos únicos.

Desde mi punto de vista el mayor cambio, una vez ha pasado el nacimiento y algo de tiempo para asimilarlo, creo que es darte cuenta de que no eres dueña de tu tiempo, que lo que haces y cuándo lo haces depende de cómo y dónde está tu hijo, es casi como tener conciencia de dos cuerpos. Si tu hijo no está contigo, sabes con quién está y donde, haciendo qué, en cada momento. En la mayoría de los casos esa sensación termina con la adolescencia de tus hijos, en el mío probablemente será así toda la vida, dado que Jaime es y será siempre altamente dependiente.

Yo sería una persona completamente diferente si hubiera escogido la senda de no ser madre. Sé que todo en la vida nos transforma, lo que estudiemos, qué parejas tengamos, en qué trabajemos, los golpes que te dé la vida… pero de verdad creo que nada tanto como la maternidad.

Si estáis a punto de descubrirlo, bienvenidos al viaje más sorprendente. Con todos sus vaivenes, dudas, limitaciones y malos ratos, si se afronta de la manera correcta aporta tanto que lo compensa todo, en todas sus etapas. Relajaos, si podéis, y disfrutad de todas ellas.

(GTRES)

@Psic_Jazz
No. Soy más fuerte, más creativa y descubrí miedos que ni creí que existían pero sin duda soy más feliz 😉

@Criando247
La maternidad me revolucionó y sigue haciéndolo. Sumado a ello, tener un niño atípico me ha convertido en activista, luchadora y ha impulsado mi creatividad. Me fuerza a revisarme continuamente, a cambiar la mirada, a ser más empática y solidaria; a aprender sin descanso.

@mercheborja
Yo creo que la misma persona sí. Mi vida es totalmente diferente y mis prioridades son muy distintas, pero en esencia -mis valores, creencias, las cosas que me gustan…- no han ambiado. A lo mejor tengo un poco de mala leche que antes no tenía, pero por lo demás….

@_Alazne_
Yo siempre digo que a todxs se nos va un pco la pinza sobre todo al principio. Cambias muchísimo y muy rápido.

@haddhar
No. Soy más más sensible, sobre todo a los dramas familiares. He desarrollado mucha paciencia, constancia y me he vuelto más pragmático y aprovecho mejor el tiempo. También soy menos divertido y creativo, más predecible y conservador, y más gruñón.

@TweetAna2
Si que cambias. Incluso antes de dar a luz. Yo intento ser mejor cada día para poder enseñar con el ejemplo, mis prioridades han cambiado y das mucha menos importancia a cosas que igual antes te preocupaban. Una parte de ti sigue siendo igual claro. En mi caso creo que soy mejor.

@GrettelGreene
Básicamente soy la misma de siempre, pero veo la vida de una manera completamente distinta y eso me ha hecho descubrir aspectos de mí, que desconocía

@PatriciaVeraG
Soy 90 por ciento distinta. Algo queda. El cambio ha ido a mejor, en mi opinión.

@VidasPixeladas
Toda experiencia te cambia un poco, un trabajo, una amistad, tener hijos, enfermar, etc. Nunca he sido la misma persona que ayer y no voy a ser la misma persona mañana, lo contrario me preocuparía, significa que no avanzo, no aprendo, no pienso. Soy la misma persona evolucionada.

@Metamorflosis
Yo creo que todo lo significativo te cambia (lo positivo y lo negativo también)… la esencia está pero uno va mutando…

@alfonsin
Eres la misma persona, lo que te cambia es la vida y el orden de las prioridades Cara sonriente con boca abierta y sudor frío

@josrame
Yo no me acuerdo, solo sé que desde los 20 años pienso en todo lo que hago, porque no estoy sola y mis actos y sus consecuencias las pueden pagar mis hijos, incluidos mis malísimas épocas de depresión y ganas de desaparecer, eran ellos los que me hacían no dar un último paso Rostro ofreciendo un abrazo

@madre_de_2
No, pero tampoco era la misma persona con 25 que con 20. Las experiencias vitales nos cambian. Si no me hubiera cambiado la maternidad me habrían cambiado otras vivencias. Quién sabe si para mejor o para peor Mujer encogiendo los hombros Yo creo que la maternidad me ha cambiado a mejor.

@justiammyself
Creo que si. Tener hijos me ha reafirmado en mis valores, en lo que le pido a la vida. No he cambiado mi forma de ser, quizas tengo mas paciencia. Eso do estoy mas cansada y a nivel mental mas lenta y mis hobbies estan en penultimo lugar. Asik modo de vida si forma de ser no

@mamaymas
Ni de coña. A veces me da una mezcla de ansiedad y lástima el haberme perdido tanto a mí misma, pero he ganado mucho a cambio. Según el día lo llevo mejor o menos mejor Cara guiñando un ojo

@elisabethmssz
No, no eres la misma persona, porque tus prioridades cambian radicalmente y tu mundo ya no gira entorno a ti o tu pareja, sino en q gira entorno a esa personita que depende de ti enteramente…

@mami_meeple
Sí. Salvo cosas. O sea que no. Se puede ser la misma persona a los 44 años que a los 29? Madurar te hace una persona distinta? O eres la misma pero más madura? Ains… qué bonitos interrogantes.

@TreceBicis
No no lo soy. Ahora me dan respeto cosas que antes no y me fijo en cosas que antes no, no todo yo ha cambido pero si parte de mis intereses y eso me hace distinto. Además ahora duermo mucho menos con los cual soy más irascible

@ulisesolg
·Eres diferente, es como una versión nueva. Que definitivamente te hace ver TODO diferente

@neferlp
La esencia está ahí, pero intento mejorar aspectos día tras día para ser un buen ejemplo. He cambiado cosas que nunca pensé que podría cambiar. Los hijos tienen el poder de demostrarte que nada es imposible, si le echas un par, especialmente si lo haces por ellos! Bíceps flexionado