¿Por qué no es buena idea odiar el autismo?

En mi penúltimo post expuse una opinión muy personal, muy controvertida y también honesta. Una opinión que sé bien que comparte más gente, pero que era solo mía. Es lo que siento, sin reprimirlo ni engañarme a mi misma.

Ha sido controvertida en todos los sentidos, con gente de acuerdo, gente en contra, gente que apoyaba o disentía con matices. Gente con frecuencia con TEA, que me alegra que se hagan oír con fuerza, incluso en la disensión. Entre esa gente con autismo y mi hijo media un abismo, todo hay que decirlo.

Pese a que no siempre ha sido un debate constructivo, para mí sí que ha sido enriquecedor. Me ha hecho reflexionar mucho y replantearme un buen puñado de cosas.

Ojalá esos debates pudieran ser ante un café y una sonrisa. Dos herramientas que siempre ayudan al acercamiento de posturas.

Quiero dejar claro que ningún caso quería pedir la eugenesia de las personas con autismo, como algunos han interpretando (tal vez demasiado literalmente, probablemente por mi incapacidad de expresar con precisión quirúrgica lo que siento). Jamás querría que con mi escrito se estigmatizase aún más a las personas con autismo, algo que llegó combatiendo una década de la mejor manera que he sabido. Por supuesto, nada más lejos de mi intención que herir a otros.

No voy a retirar lo dicho a corazón abierto y aún siento, aunque tal vez hoy no lo escribiría exactamente igual, pero sí que quiero compartir algunas un par de lecturas y un vídeo que creo que pueden dar otros puntos de vista distintos al mío.

Tal vez no tan distintos, porque en el fondo creo que hay más encuentro que desencuentro. Todos estamos en contra de las dificultades y el sufrimiento al que se enfrentan las personas con autismo y sus familias.

Son dos textos y un breve vídeo muy recomendables que explican los motivos por los que puede no ser buena idea odiar el autismo.

No comparto todo lo que dicen por completo, habría aspectos que matizaría, que ampliaría, que discutiría. Siempre con espíritu de entendimiento. Pero creo que merece mucho la pena dedicarles unos minutos.

Aportan, os lo aseguro.

Cómo ser un buen alisado de personas autistas, por @asperevolution.

¿Cuál es la mejor de las adaptaciones a acción real que ha hecho Disney de sus clásicos?

Hace apenas un par de semanas que Disney estrenó la versión que Tim Burton ha hecho de Dumbo. Una película con más virtudes estéticas que de fondo a mi parecer, que concluye con el mensaje explícito de la necesidad de proscribir a los animales salvajes en los circos, por que eso de los viajes constantes y tener que actuar en público, no es cosa para ellos. Y toda la razón, la verdad.

También hemos podido ver recientemente nuevos avances de Aladdin y de El rey león, las siguientes historias clásicas en revisarse que veremos en los cines.

Hay más remakes en marcha. Mulán llegará las próximas navidades de la mano de Niki Caro (En tierra de hombres); La sirenita, que parece que será un musical en el que participarán Alan Menken y Lin-Manuel Miranda; Cruella de Vil, que sí, que ya se podría considerar adaptada, pero lo será de nuevo con Emma Stone como la malvada amante de las pieles en su juventud; Campanilla, con Reese Whiterspoon; La dama y el vagabundo; Lilo y Stich; Peter Pan, que también tiene adaptaciones a aburrir pero tendría otra de la mano de David Lowery; El jorobado de Notre Dame, Merlín el encantador; Pinocho

Desde luego, material para remakes tienen de sobra. Ya veremos si todas las posibles adaptaciones de las que se está hablando se acaban culminando y de qué modo. Mientras sigan siendo rentables, nada hace pensar que no vayan a encararlas.

TEPHEN TILLEY/DISNEY ENTERPRISES

Ya hemos tenido la oportunidad de ver un buen puñado de adaptaciones de esta línea estratégica de la compañía. Desde Alicia en el país de las maravillas, también de Tim Burton, hace nueve años y la que podríamos considerar pionera en estas adaptaciones, hasta El aprendiz de brujo (de la que pocos se acuerdan) , Maléfica, Cenicienta, La bella y la bestia, El libro de la selva, Peter y el dragón, Christopher Robin (Winnie the pooh) y Mary Poppins.

¿Cuál creéis que ha sido la mejor hasta la fecha?

¿Desearías erradicar el autismo?

Sucedió en Twitter. Una persona a la que sigo preguntó, empleando una encuesta, lo siguiente: “si pudierais pedir SOLO tres deseos sin ningún tipo de trampa para que fueran más, ¿los pediríais para vosotros o para mejorar el mundo?”. Había cuatro posibles respuestas: los tres para mí, los tres para el mundo, dos para mí y uno para el mundo, todos para otra persona.

Yo lo tuve claro al instante. “Al pedirlos para el mundo serían también para mí. Adiós cáncer, adiós autismo, adiós alzhéimer”, contesté.

Esa contestación desató un debate que a mí particularmente me suena a viejo, que he presenciado en foros previos a la llegada de redes sociales en los que padres de personas con autismo no eran capaces de ponerse de acuerdo sobre si querrían la erradicación del autismo como condición.

Entiendo perfectamente a aquellos que aseguraban entonces -y siguen haciéndolo ahora- que no querrían que desapareciera el autismo porque es una condición intrínseca de la persona, que quererles y aceptarles como son implica también aceptar su autismo. Lo entiendo porque tienen toda la razón. El autismo es eso, es como son, es algo indiscutible. Y respeto por completo su opinión.

Aún así, yo preferiría que algo como el autismo no existiera y que lo que nos quedaran fueran individuos libres de él.

Normalmente, según mi experiencia en aquellos foros, lo que no querían decir adiós al autismo eran los familiares de las personas menos afectadas, de aquellas en lo más alto del espectro autista, para los que era menos limitante.

A día de hoy me alegra que al debate se sumen personas con TEA, defendiéndose y no queriendo ‘curas’. Ellos son los verdaderos protagonistas del debate y su opinión debe tener más peso que la de cualquier otro. Y si cura va entre cuernos es porque nunca sobra recordar que el autismo no es una enfermedad. Es imprescindible que se expresen, les escuchemos y su voz tenga especial valor.

El problema es que mi hijo, y otros muchos como él, no pueden expresar lo que desean en este sentido. No tienen esa capacidad de hacerse oír. El autismo se la ha arrebatado. Yo tengo que hablar por mi hijo, porque él no puede. Igual que tengo que lavarle los dientes, llevarle al baño o ayudarle a alimentarse.

El autismo suele venir asociado a discapacidad intelectual y, a veces, a otras comorbilidades que entrañan mucho sufrimiento a muchas personas con TEA y a sus familias.

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Una de las cosas que más me desesperan, con diferencia, es el tema de ausencia de control de #esfínteres. Tiene muchísimas implicaciones en su/nuestra vida diaria. Ya no solo por el tema pañal, ropa que se cae, sábanas a mitad de noche, hacerlo en la bañera… Momentos como los de hoy en los que aparece con manos y cara llenos de cacotas, y todo su alrededor perdido… Estas conductas, me enfadan, y me irritan, y me entristecen. Y él no tiene la culpa. Es lo que es. 11 años. Y ni un solo indicio de querer-poder dejar el pañal. Agotador A veces lo pide tocando el pañal y eso es esperanza para mi. Otras no se entera. Maduración. No nos queda otra. Pero la desesperación es una constante y no podemos hacer como si no existiera. #Autismosevero #discapacidadintelectualsevera

Una publicación compartida de Vanesa Pérez Padilla (@ydeverdadtienestres) el

Mi hijo no es de los que sufre, tampoco nosotros. Somos una familia feliz y Jaime el que más. Hay aceptación.


Pero no voy a romantizar algo que entraña tantas limitaciones y una discapacidad que lo hace tan dependiente y para toda su vida.

Pero mi hijo necesita ayuda constante para todo. Para asearse, para vestirse, para caminar con seguridad por la calle. En ese debate en twitter me decían que probablemente lo que necesitaría es, no cambiar a mi hijo, sino lograr una accesibilidad perfecta, que hubiera suficientes apoyos tecnológicos y personales como para tener una total inclusión.

Por supuesto que eso es algo también deseable y, probablemente, mucho más realista aunque se vea lejano. Algo que hay que perseguir, por lo que estamos trabajando.

Pero puestos a soñar, insisto en que seguiría queriendo ese adiós al autismo.

Al desear ese adiós, deseo lo que muchos que investigan: lograr identificarlo y contrarrestarlo. Eso es también lo que se busca con las terapias, minimizar sus efectos y limitaciones, hasta la mínima expresión si es posible.

Terminó con un fragmento de un texto que publique en este mismo blog hace unos años:

Además, ese modo de pensar y defender a las personas con autismo, loando las bondades que otorga esa condición, me parece que pone la etiqueta por delante de la persona, que es algo que muchos queremos evitar.

Jaime es un niño al que le gusta trepar, cariñoso, de risa fácil, con muy buen carácter, flexible, loco por trepar y escalar, al que le encantan las galletas de chocolate y ocasionalmente hacer travesuras para llamar nuestra atención. Y además tiene un trastorno del desarrollo que le dificulta muchísimo comunicarse, que le ha robado el juego y la imitación como vías de aprendizaje y le hará dependiente toda su vida.

Y como Jaime están Antonio, Andrés, Marina, Miguel Ángel… Cada uno con su propia personalidad, gustos y aficiones. Y todos ellos con autismo, pero con diferentes manifestaciones del autismo que les limitan en mayor o menor medida.

Sus maestros, sus terapeutas, sus padres… luchamos día a día para reducir los efectos del autismo en ellos, para que sean más autónomos y tengan mejores recursos para moverse por el mundo.

No, no es ninguna bendición. No hay ventajas que yo sea capaz de ver.

Habrá quien me diga que ese sentimiento indica que no he completado el proceso de aceptación. No lo creo la verdad. Es simplemente no querer mentirme a mí misma.

¿Es mejor evitar que los niños lean cuentos tóxicos o enseñarles a leer con criterio?

Mi hija ya tiene diez años, lee muchos mangas y libros para su edad, y los cuentos infantiles, aunque cercanos en el tiempo y la memoria, le quedan ya lejos.

Mi hija conoce Caperucita Roja, Los tres Cerditos o Hansel y Gretel. Los conoce, pero no la han marcado. Y los conoce más porque sus abuelos eran los que decidían contarle, en la mejor tradición oral de la que proceden esas historias, que por habérselos leído.

Los cuentos infantiles que más ha disfrutado, que los adultos preferíamos leerle y que conservamos con cariño en casa son otros: Las ciudades de colores, ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde!, Galgui, El cazo de lorenzo, Sí, somos raros o ¡Qué fastidio ser princesa!. Libros que, sin duda alguna, son mucho mejores.

Creo que es de ley conocer las andanzas de Caperucita y el lobo y otros cuentos clásicos, en sus diferentes variantes, porque son referencias culturales que vamos a encontrar con frecuencia a lo largo de nuestra vida, de forma evidente o subterránea. Eso no significa necesariamente que haya que leerlas.

(GTRES)

Esas historias, tanto a mi hija como al resto de niños que veo en mi entorno, no les han calado, les han resbalado. Al menos hablando de libros, distinto sería tal vez si nos fijásemos en las películas. Pero incluso gustándoles, no creo sinceramente que vayan a definir como serán sus relaciones con los demás o su percepción de ellos mismos. Hay muchos otros estímulos y herramientas a nuestro alcance para contrarrestar esos posibles efectos perniciosos.

Hace ya más de dos años que os contaba, a cuenta de las princesas Disney, que hay que entender que Blancanieves, Cenicienta y Aurora son hijas de su tiempo (y que los niños son perfectamente capaces de entenderlo).

Esta semana ha sido noticia y también polémica que un centro educativo de la Generalitat de Catalunya ha decidido retirar 200 cuentos de su biblioteca infantil, entre ellos cuentos clásicos como el de Caperucita, por sus patrones sexistas, por ser tóxicos.

No digo que no haya cuentos que no proceda eliminar. Con frecuencia se publican para niños productos de tan baja calidad que da vergüenza.


Pero, lo siento, no me gusta eso de prohibir libros erigiéndose como autoridad moral.

Vale que no es ningún drama que hayan desaparecido de esa biblioteca escolar infantil. No hay que poner a nadie en la picota por esa decisión que seguro es bienintencionada, pero yo me alineo con aquellos que consideran que lo que hay que hacer es enseñar a pensar, a identificar aquello que pertenece a otra época o es inaceptable, antes que borrar el rastro sin más de dos centenares de libros.

Esos libros pueden ser unos estupendos instrumentos educativos. Mejor que crear un castillo a salvo de todo riesgo, una burbuja que es imposible que sea perfecta por mucho que lo intentemos, es armar a nuestros niños a tener criterio.

Las doce demandas de las personas con autismo de cara a las próximas Elecciones Generales

Ya ha arrancado la campaña electoral, andamos entre carteles y programas. Y también arrecian las voces que recuerda aquellas tareas que es necesario afrontar. Una de ellas ha sido la de la Confederación Autismo España.

Pese a que hay unas 450.000 con trastorno del espectro del autismo (TEA) en España, parece obvio que la solución a muchas de las problemáticas a las que se enfrenta este colectivo y sus familias no va a estar entre las prioridades de los partidos, no se mencionará en los debates ni protagonizará grandes titulares en los medios.

No lo harán aunque aunque esas demandas beneficien potencialmente a muchas otras personas con otras enfermedades o trastornos, porque querer, por ejemplo, una atención temprana de calidad para todos los niños que lo necesiten abarca mucho más que a los niños con TEA.

(GTRES)


Son propuestas que esta confederación ha hecho llegar a todos los grupos políticos estatales, para que las incorporen en sus respectivos programas electorales.

Tengo pendiente revisar despacio todos los programas electorales para contaros de qué manera recogen los principales partidos respecto a asuntos como la dependencia, la atención temprana o la educación especial.

Pero antes de eso os dejo con los compromisos que Autismo España pide a los partidos para “dar respuesta a los retos diarios a los que se enfrentan las personas con autismo y sus familias en nuestro país”, dado que muchas “ven sus derechos vulnerados en una sociedad que no garantiza de manera efectiva su inclusión social”.

Desde Autismo España pedimos que los representantes políticos que resulten elegidos en las próximas elecciones generales se comprometan a:

  1. 1. Aprobar el Plan de Acción de la Estrategia Española en TEA, con los recursos necesarios para el desarrollo de las actuaciones y el presupuesto asociado a las mismas, tal como se recoge en el punto 5.2 de dicha estrategia.
  2. 2. Poner en marcha un órgano específico de investigación y formación en TEA, destinado a promover el conocimiento, desarrollo e innovación en TEA, centralizando y coordinando en red, la generación y transferencia de conocimiento acerca del trastorno, con la participación continua y activa del tejido asociativo en su planificación y gestión.
  3. 3. Elaborar una Estrategia que garantice la detección precoz en las personas con discapacidad en general, y de manera específica en las personas con TEA, en los diferentes contextos (educativo, sanitario y social), y en todo el territorio español, así como el acceso a una valoración diagnóstica especializada realizada por un equipo interdisciplinar, gratuita y en el menor tiempo posible, en todas las etapas de la vida.
  4. 4. Garantizar el acceso a una atención temprana desde el nacimiento hasta los seis años de edad de todo niño o niña con TEA, riesgo o sospecha de presentarlo, así como los apoyos para el desarrollo infantil hasta los 12 años, a través de una atención interdisciplinar, especifica y basada en la evidencia.
  5. 5. Garantizar una Red variada, suficiente y especializada de servicios, recursos y centros educativos en todos los territorios, que dispongan de los medios necesarios para facilitar una educación de calidad, individualizada y centrada en la diversidad y necesidades de cada persona con TEA, manteniendo, flexibilizando e innovando en las modalidades de escolarización de manera que maximicen el éxito educativo, el desarrollo personal y la inclusión social, garantizando el derecho a la libre elección de la modalidad de escolarización por parte de los padres o los representantes legales, o al propio alumno/a si éste es mayor de edad.
  6. 6. Poner en marcha medidas que favorezcan el acceso de la persona con TEA al empleo y a la vida independiente, fomentando la modalidad de empleo con apoyo y promoviendo la modificación de la normativa correspondiente (Ley 43/2006, Real Decreto 870/2007 y Real Decreto Legislativo 5/2015)
  7. 7. Implementar apoyos adecuados y específicos para las personas con TEA en proceso de envejecimiento y medidas que favorezcan la permanencia de la persona con TEA en su entorno de residencia después de los 65 años o que faciliten la elección de la misma.
  8. 8. Tener en cuenta las especificidades de las personas con TEA a la hora de aplicar la variable de discapacidad en la normativa aprobada, conforme a los criterios diagnósticos vigentes (DSM 5 y CIE 11).
  9. 9. Asegurar la atención integral y específica a la salud de las personas que forman parte de este colectivo, a través de la creación de Unidades especializadas de atención y protocolos específicos de intervención, que contemple la coordinación de los equipos multidisciplinares.
  10. 10. Promover la accesibilidad universal de la información, contextos, bienes y servicios, considerando especialmente medidas y recursos de accesibilidad cognitiva, tales como lectura fácil, apoyos visuales, sistemas pictográficos o diseño de entornos.
  11. 11. Facilitar ayudas y apoyos especializados a las familias de las personas con TEA, de manera que disfruten de una calidad de vida satisfactoria a través del desarrollo de programas integrales y especializados de apoyo
  12. 12. Impulsar la formación de los profesionales vinculados a sectores clave para las personas con TEA y sus familias, tales como educación, sanidad, servicios sociales, justicia o seguridad.

¿Has usado a los policías o guardias civiles para meter miedo a tus hijos?

Paso otra vez justo ayer, con un trío de adultos que tenía cuatro niños de unos cuatro a siete años jugando a su alrededor.

– ¡Baja de ahí y ven Pablo! ¡Cómo no te bajes, ya verás, va a venir la policía y te va a encerrar! – dijo una de las dos mujeres a un niño que andaba encaramándose en una pieza de mobiliario urbano.
– Y aunque no se baje, que últimamente están que encierran a cualquiera por cualquier cosa. Hay que tener un cuidado por ellos – añadió el único hombre, más para hacer un chascarrillo entre mayores que para los niños, aunque estuvieran oyéndolo.

Y digo que paso otra vez porque no es raro encontrarse con esa ‘policifobia’ a poco que uno esté atento, una inquina por los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado que siempre me parece injusta y equivocada, pero que me chirría especialmente cuando está dirigida a los niños o al alcance de sus oídos.

Siempre recuerdo en esos casos a esos policías y guardias civiles que acuden a los colegios con la sonrisa mejor puesta que el uniforme, que abren sus coches y ofrecen sus motos a los niños y desarrollan distintos tipos de programa pensando en la infancia.

Policía Local de Torremolinos enseñando a un grupo de alumnos sobre convivencia y civismo.

Me acuerdo de las veces que he solicitado la ayuda de algún agente de estos cuerpos, con o sin mis hijos de la mano, y de la amabilidad con la que me han atendido. También de los esfuerzos que hacen desde sus redes sociales por evitar que sigamos metiéndoles el miedo a los niños con ellos.

Pero sobre todo me pregunto a quién dirán esos padres que se dirijan sus hijos si se pierden siendo pequeños, si les roban o agreden cuando sean más mayores.

Agentes de la Policía Local visitan a niños en el Hospital Juan Ramón Jiménez.


Yo lo tengo claro, desde que podía caminar y alejarse he transmitido a mi hija que en caso de necesidad, debe buscar un uniforme. Y también la he enseñado a distinguirlos. Cuando hemos viajado a otras ciudades de España o por Europa la he hecho fijarse en cómo vestía allí la policía local.

No tengo la menor duda de que acudiendo a uno de ellos es cómo estará más segura, mejor atendida. Y ella no les tiene miedo, porque no se lo hemos transmitido.

Policía Municipal de Madrid forma a niños contra el ‘bullying’.

Por supuesto que hay individuos dentro de las fuerzas policiales o la guardia civil que son unos indeseables, por supuesto que los hay mediocres o desmotivados llevando a cabo su cometido. Como en todos los oficios; también en el mío, también en el tuyo.

Eso no quita que estén ahí para protegernos y ayudarnos y que la gran mayoría se lo tome muy en serio cuando estamos en situación de necesidad.

Transmitir a nuestros niños el temor a policías o guardias, que los adultos estemos cargados de prejuicios ante ellos, me parece muy poco inteligente.

Departamento de Delitos Telemáticos de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil.

¿Quién teme al lobo feroz de la adolescencia de sus hijos?

Todo comenzó con este texto de la psicóloga María Jesús Campos en su recomendable blog.

Os recomiendo su lectura completa, pero os dejo, para hacer boca, un fragmento de su arranque.

Ese cambio de etapa que a los padres y madres, en un porcentaje significativo, les suele dar vértigo por diversos motivos (lo que escuchan, leen, ven en menores cercanos…).

Y ojo, una de las cosas que digo en las charlas que doy sobre este tema es que no hay que tener miedo desproporcionado ni dramatizar (porque a veces se va de las manos), hay que informarse, buscar ayuda si nos encontramos perdidos o desbordados e ir afrontando las situaciones. Anticipar cómo se va a vivir en la casa, dando por hecho conductas y conflictos, sin haber llegado el momento, hace que se genere una predisposición y unas actuaciones que pueden no corresponder con la realidad.

Al tuit de la psicóloga contestó María González (@mariagsanguino en twitter): “Igual deberíamos respetarlos un poco más, ella (su hija) me dice que a veces habláis de nosotros como si no estuviéramos presentes, nos criticáis y es algo muy extendido. Es el sentimiento de muchos adolescentes”.

Y creo que ambas tienen tanta razón, que merecía la pena traer aquí la reflexión.

Es cierto, parece que sea pandemia entre la gran mayoría de los padres temer a la adolescencia de nuestros hijos. Desde que aún van en pañales nos escuchan bromear sobre el terror que nos produce esa etapa, sobre lo mala que es la adolescencia, sobre los peligros que trae y lo egoístas que se hacen, sobre las broncas que tendremos, sobre las pocas ganas que tenemos de que llegue.

¡Qué viene el lobo! ¡Qué viene el lobo!

Y lo peor es que esos comentarios los hacemos delante de nuestros hijos.

No lo dirán, no lo racionalizarán, pero puede ir calándoles el hecho de que en la adolescencia les querremos menos o que, al menos, sus padres los veremos como algo ajeno y molesto. Crecerán sintiéndose una bomba de nitroglicerina con temporizador, porque así lo asumen sus progenitores. Sintiéndose, en cierta medida, traicionados por nosotros. Es fácil acabar estallando; es fácil acabar, como poco, sintiéndose algo cabreados.

También a nosotros nos va calando que será una etapa difícil, que nuestros hijos se alejaran, que nos darán problemas, que cualquier otra fase de la infancia es mejor,que se convertirán en extraños, que perderemos a nuestros queridos niños, cuando no tiene porqué ser así.

Estamos pavimentando el camino a una profecía autocumplida.

También tener un recién nacido es una situación desconocida, que asociamos con llantos, falta de sueño, un reto vital respecto a horarios, planes… pero se recibe con expectación y alegría. Leemos todo tipo de libros y nos preparamos felices para lo que venga.

¿Por qué no hacer lo mismo con la adolescencia? ¿Por qué temer a nuestros propios hijos? ¿Porque tanto miedo a verles crecer cuando es lo natural? ¿Por qué no afrontarlo como un reto que puede traer de la mano momentos divertidos, una evolución del amor que les tenemos?

A fin de cuentas nosotros también fuimos adolescentes. Y hay todo tipo de adolescencias, tantas como personas.

Cuando hablamos de la adolescencia con temor estamos olvidando o minimizando el hecho de que nuestros hijos son, todos ellos, individuos diferentes.

Me acuerdo de adolescentes a los que he visto entrenar o arbitrar a niños más pequeños que ellos en diferentes deportes con cariño y consideración, incluso aunque implique madrugar los fines de semana. Recuerdo las colas de adolescentes ante determinadas casetas de la feria del libro. Tengo presentes también a los que he visto haciendo voluntariados o viniendo al periódico interesados en el periodismo, porque ya están haciendo planes de futuro.

Pienso en esa etapa de encontrarse a sí mismos, de empezar a hacerse adultos, del descubrimiento del amor y del sexo, de tropezar y levantarse, y me resulta hasta tierno.

Nuestra función será otra, será la de ser la red de seguridad de mis pequeños trapecistas. Estar preparados para lo venga, sin malos augurios, dejándoles volar cada vez más lejos. Y bien está que así sea.

No sé vosotros, pero yo me niego a temer al lobo feroz de la adolescencia de mis hijos.

(GTRES)

¿Alguien sabe cómo ser argumentativa sin causar un lío mental a un adolescente?

“Si te sirve, para tu blog”, me dijo una amiga la pasada semana. “Claro que me encaja, es un ejemplo estupendo de cómo habéis conseguido al final negociar”, contesté.

Así que hoy el texto que os traigo no es mío, es de ella, que tiene una parejita, igual que yo, de edades similares a los míos pero a la inversa. Es decir, la niña es la mayor, totalmente adentrada ya en la adolescencia. Una adolescencia que yo conoceré de la mano de mi hija pequeña en poco tiempo, porque a Jaime su autismo nos la está regateando de momento.

Escribir sana y ordena pensamientos, a muchos nos sirve para pisar el mundo con más equilibrio y menos gasto en psicólogo. Siempre es un ejercicio para digerir lo que nos pasa altamente recomendable. Igual que leer vivencias ajenas puestas en negro sobre blanco.

Al turrón. ¿Alguien sabe cómo ser argumentativa sin causar un lío mental a un adolescente? Porque nosotros, el padre y la madre de G. y E. no. Últimamente vamos de bronca en bronca y tiro porque me toca con los dos. Ella de 13, él de 11. Es que creemos que hay que explicárselo todo, pero entonces ellos creen que tienen que rebatirlo todo, y al final el desasosiego es tal que acabas recurriendo al “porque lo digo yo”.

Así acabó anoche la conversación. “Porque tienes trece años y si estudias francés o no en tercero de la ESO lo decidimos nosotros”.

Ella, que está abrumada porque le han metido el miedo con el salto de segundo a tercero, había planeado con sus amigas ir en bloque a una asignatura de esas que llamábamos en el pleistoceno ‘marías’ (que ya podríamos haberlas llamado ‘pepes’, menos  machista sería).

Pero con sus padres se ha topado.

La menor alega –parece que está ante el Tribunal Supremo– que si el profesor de francés de segundo le ha desmotivado, que no le gusta esta asignatura y que no va a tener tiempo para dedicárselo en condiciones con lo difícil que es tercero. Y, además, aporta como prueba a su favor la octavilla del instituto con sus recomendaciones para elegir optativas: las que te gusten, empieza diciendo.

Merde! pensamos nosotros. El instituto público de la zona, al que asiste por cercanía, no es excesivamente exigente, y una clase de francés (dos horas en semana) le puede aportar un idioma que le será más util a futuro, pensamos. Además, ella nunca ha mostrado excesivo interés por el estudio de la música ni de los instrumentos musicales, más allá de la app Tik Tok, de OT y, últimamente en efecto bucle, Rosalía.

Pero, en medio del agrío debate se cuela el verdadero quid de la cuestión: ¿Quién decide qué deben estudian los hijos y desde cuándo? Un máster en psicopedagogía es lo que echamos en falta en ese sofá en ese salón en ese momento.

Varios llantos, argumentos cruzados y algún desplante después, un típex sobre la asignatura de música y una cruz en francés de tercero, terminan con todos, todos, hechos polvo. Padre, madre e hija. que encima se queda sin móvil unas cuantas horas por una salida de tiesto en su reacción a nuestra decisión sobre cómo guiar sus estudios de la mejor manera.

El compromiso final es que en tercero dará francés también (como en primero y en segundo). Y que ella podrá elegir las extraescolares que desee realizar, Y que los lunes, la madre, o sea yo, sacará una hora cada tarde para jugar y repasar francés con la hija.

Y así cada día. Mon dieu.

(GTRES)

A los padres que quieren que alguien cure la homosexualidad de sus hijos

Estos días es noticia que aún hoy, bien entrando ya el siglo XXI y en una España que aparece en muchas guías turísticas como un destino gayfriendly, hay todavía gente pretendiendo curar la homosexualidad, pretendiendo ser capaces de devolver al recto camino de la heterosexualidad a nuestros jóvenes.

No es algo que me sorprenda. Tengo una amiga que es sexóloga y orientadora escolar que ya me había hablado hace un par de años de la existencia de estos timadores sin escrúpulos, que pretenden ser capaces de programar el amor y el deseo sexual del otro.

Gente que se mueve en un prisma de homofobia, intolerancia, estafa, incapacidad para sentir empatía y preceptos mal entendidos. Gente en la que anida la maldad porque les da igual el daño, tal vez indeleble, que puedan causar a otra persona.

Pero no es a ellos a los que va este texto. Es a los padres que llevan a sus hijos de la mano a estos lugares a los que quiero dirigirme. Muchos de los pobres chicos y chicas que acaban en manos de estos desaprensivos son jóvenes e incluso menores a los que sus padres han llevado allí.

¿Cómo pudisteis?

Ojalá los padres empecemos a entender de una maldita vez que nuestros hijos no son nuestra posesión, que no hay que depositar en ellos más expectativas que que sean felices y pisen este mundo sin dañar al otro.

No son nuestros, somos los guardianes de su bienestar. Nuestro mayor éxito como padres es que crezcan fieles a sí mismos, queriéndose como son por dentro y por fuera. Ayudarles en ese cometido implica entender que vivirán su propia vida, tomarán sus decisiones y amarán a otros. Que ese amor esté dirigido a personas del mismo sexo o el contrario debería ser para nosotros algo irrelevante.

Ser gay, ser bisexual o ser lesbiana no es una enfermedad, no es algo que se pueda curar. Es algo tan obvio que resulta hasta absurdo tener que ponerlo en negro sobre blanco. Pretender que alguien los cure de ser como son es el mejor camino para hacerlos infelices. ¿Qué padre que ama a su hijo querría eso?

No os equivoquéis, si descubrir que a vuestro hijo le gustan los chicos o a vuestra hija las chicas os duele, os provoca rechazo, os hace creer que le hará infeliz y hay que luchar contra ello, los que necesitáis ir a un terapeuta para cambiar sois vosotros.

Y ese tipo de terapias sí que existen dentro de la legalidad, son éticas y eficaces.

(GTRES)

Termino con un fragmento de la nota de prensa que la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) envió este miércoles, denunciando que las terapias LGTBIfóbicas como las realizadas por el Obispado de Alcalá quedarían impunes en las Comunidades Autónomas en las que aún no existe legislación específica para proteger los derechos de las personas LGTBI.

Según la Federación, las prácticas ejercidas en Alcalá han podido ser denunciadas por diversas entidades como FACUA, Más Madrid, COGAM o Arcópoli porque violan el artículo 70 de la Ley de Protección Integral contra la LGTBIfobia de la Comunidad de Madrid, aprobada en 2016. Sin embargo, la presidenta de la FELGTB, Uge Sangil, alerta de que “nos encontramos sin herramientas para hacer efectiva la denuncia ante la Fiscalía General del Estado al no tener una legislación estatal que condene este tipo de acciones”.

En este sentido, la presidenta explica que, de igual modo, la ausencia de una legislación estatal que dé respuesta a las necesidades específicas del colectivo, como es el caso de tener que hacer frente a este tipo de amenazas, deja desprotegidas a las personas residentes en Comunidades Autónomas como La Rioja, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Canarias o Castilla–La Mancha, donde aún no existen legislaciones autonómicas para proteger los derechos LGTBI.

Sangil alerta de que “hay personas que, debido a la terrible presión o al rechazo que reciben por parte de su entorno más cercano, son susceptibles de acabar siendo víctimas este tipo de prácticas que, tal y como el Consejo General de la Psicología de España y otros expertos han denunciado, son muy peligrosas ya que pueden generar ansiedad, depresión o incluso pensamientos suicidas”. Así, la presidenta defiende que “no podemos dejar desprotegidas a posibles víctimas de estas mal llamadas terapias que destruyen la autoestima de quien las recibe y pueden generar profundas consecuencias en su salud mental”.

La FELGTB recuerda que, tal y como dictan numerosos estudios clínicos, la Organización Mundial de la Salud y la American Psychological Assotiation (APA), entre otros, la homosexualidad no es una enfermedad y, por tanto, solo se puede condenar y perseguir este tipo de prácticas que atentan contra la dignidad y la integridad de las personas.

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“Jaime es mi hermano. Jaime tiene autismo”

Ayer, dos de abril, fue el día designado para visibilizar el autismo y para concienciar al mundo sobre lo que es y sobre lo que no es, para entender y desterrar mitos.

Ayer todos salimos en casa vestidos de azul. Julia preparó la noche anterior la ropa que llevaría al colegio, y la estrella de su atuendo era la camiseta que conseguimos en la última carrera por el autismo, otro evento al que acude toda la familia y muchos amigos.

También se llevó un lazo azul que, tras hablar con su tutora, se colocó en clase. En el colegio de Jaime, un colegio específico para niños con TEA, nos habían entregado dos para atar en la verja del colegio a su llegada. Decidimos que Jaime llevaría uno y su hermana otro para hacer el autismo presente en su aula ordinaria.

Cuando Julia regresó del colegio, sin lazo y con su camiseta azul, tenía la tarea de escribir una redacción, así que se metió en su cuadro y se puso de forma espontánea a describir a su hermano y hablar del autismo, de que era el día mundial y de la carrera del domingo.

¿Me la como o me la meriendo?, pregunté al contarlo en redes sociales. Me emociona la sensibilidad de mi hija, lo natural y positiva que es su relación con Jaime, ese hermano mayor que no habla pero le pide cosquillas. Me emociona pero a estas alturas, a sus diez años, no me sorprende lo más mínimo.

Se ha hablado y escrito mucho sobre los hermanos de la sociedad personas con TEA, sobre los retos que supone y cómo afrontarlos. Siempre he creído que el mejor consejo, el más importante, es no olvidar que cada individuo, con o sin autismo, es único, igual que es única cada familia, y no hay fórmulas mágicas más allá de respetar esas individualidades.