¿Mascotas en clase? Un aula no es lugar para hámsters, insectos o pájaros

Se llama Bolita, es una hámster rusa de más de dos años (provecta edad) y es la mascota de la clase. Toda su vida ha transcurrido en un aula, con su consecuente griterío esporádico, y pasando por diversas casas de niños en vacaciones y en los fines de semana. Periplos voluntarios, a nadie se obliga, pero siempre hay candidatos.

En otras clases hay bichos palos o agapornis. No es el único colegio en el que esto sucede. Seres vivos en una esquina, aumentando la ratio pero dando poca guerra.

¿Os parece buena idea?

Puede venderse como una manera de trabajar la responsabilidad en los niños, cierto, pero yo no estoy nada de acuerdo y así lo planteé en la reunión del primer trimestre.

¿De verdad no se puede aprender esa responsabilidad de otra manera?
A mí me parece más importante transmitir a nuestros hijos el respeto por la vida, por el otro.

Lo primero que hay que plantearse antes de dar la bienvenida a un animal a nuestro hogar (o colegio o empresa) es su bienestar. ¿Estará en las condiciones óptimas? ¿Podemos hacernos cargo de él para siempre y en todo momento? Si no es así, mejor no tenerlo. Vivir en una clase y dando tumbos por distintas casas no es pensar en lo mejor para el pobre bicho.

Yo lo tengo claro: mascotas vivas en los colegios, mejor que no. También porque lo que se puede acabar enseñando a los niños es que nuestro capricho, nuestros deseos, están por encima de cualquier consideración hacia el animal. Un mensaje muy peligroso, más en una España repleta de abandonos.

Para entender la responsabilidad que supone un animal, para acercar los animales domésticos a las aulas, nada mejor que invitar a algún voluntario de un centro de protección animal a dar una charla en el colegio sobre la realidad existente en este país, con perreras y protectoras llenas, decenas de miles de gatos en la calle con una esperanza de vida irrisoria y muchas más pequeñas mascotas abocadas a vidas cortas llenas de sufrimiento por la falta de conocimientos.

Tener un animal de compañía no es obligatorio. Resistirse a los impulsos poco reflexionados sí debería serlo.

‘Cosas que no hacen los mayores’, un cuento para reírnos juntos de las deseables imperfecciones mutuas

En los últimos días han llegado a mis manos varios cuentos de la editorial Nube Ocho. Dos de ellos han llamado especialmente mi atención y he querido traerlos a este blog.

Uno es Federico y sus familias. En él, el gato Federico es el hilo conductor para mostrarnos que la felicidad es posible en todo tipo de familias, para normalizar vivir solo con papá o papá, con dos papás o con los abuelos.

Y el cuento de Mili Hernández llega en mi formato favorito para los más peques, resistente, cuadrado y manejable.


Pero mi cuento preferido entre las novedades de esta editorial es otro, para niños a partir de unos tres años. Se llama Cosas que no hacen los mayores de Davide Culi y Benjamin Chad.

Madres, padres, abuelos y abuelas somos imperfectos, inconsecuentes, inconstantes y demasiadas veces malos ejemplos. Es imposible ser perfectos, tampoco es deseable. Lo que sí convendría es que fuéramos conscientes de todo ese cúmulo de realidades.

Este libro nos lo recuerda, nos pone en nuestro sitio de una manera muy divertida.

No deberíamos exigir a nuestros hijos en demasía ni caer en el postureo parental. Os aseguro que los niños son perfectamente conscientes de que a veces decimos palabrotas, nos enfurruñamos, hacemos travesuras, trampas, echamos las culpas a otros, nos portamos mal en definitiva.

Es un cuento delicioso para reírnos juntos, para relativizar.

También para tomar nota de que los niños nos observan, de que les enseñamos con nuestros actos más que que con nuestros discursos y que en aquello que sí es realmente importante deberíamos ponernos las pilas para ser buenos ejemplos.

Pocos recursos y demasiados fármacos, la salud mental infantil en el sistema sanitario español

Hoy es el Día Mundial de la Salud Mental, otro de esos días instaurados para concienciar, para dar a conocer, para abrirse paso en la apretada agencia de los medios.

La salud mental, esa gran olvidada en distintos sentidos. Cuando tenemos una dolencia física, aunque sea liviana, lo habitual es que acudamos corriendo al médico. Si lo que nos aqueja es la tristeza, el miedo, la ansiedad, la angustia, la rabia, la incapacidad para encontrar motivos ser feliz, es menos frecuente ir en busca de ayuda profesional.

Y lo malo es que, aunque vayamos, no siempre es fácil encontrarla.

Tabúes, prejuicios, falta de recursos, de información… los problemas son muchos pese a que también lo son las personas que necesitan ayuda. Nadie está libre de verse así, nadie es tan fuerte como para ser irrompible.

Tampoco los niños.

Por eso, Aldeas Infantiles SOS aprovecha este día para reclamar de forma urgente las siguientes seis medidas:

  • Incremento de los presupuestos destinados a salud mental.
  • Prevención e intervención temprana, reduciendo el tiempo que transcurre entre los primeros síntomas y el primer contacto terapéutico.
  • Coordinación permanente entre los equipos de atención primaria y los de salud mental.
  • Incorporación de la especialidad de Psiquiatría Infantil.
  • Equipos especializados en el diagnóstico y el tratamiento de los efectos derivados del maltrato en la infancia.
  • Campañas de sensibilización para informar y combatir el estigma social que recae sobre estas enfermedades.

Y así explica la problemática existente:

“La prevención y la detección de los factores de riesgo que puedan desencadenar ciertas enfermedades mentales, así como la intervención temprana para evitar que estas se agudicen es fundamental durante los primeros años de vida”, explica Pedro Puig, presidente de Aldeas Infantiles SOS.

Sin embargo, según señala la organización, los especialistas de primer nivel, generalmente pediatras, no pueden hacer frente a la demanda desbordante por falta de recursos. Asimismo, cuando se llega al segundo nivel, el de las unidades de salud mental, estas reciben a pacientes de todas las edades, sin especialización, por lo que tampoco cuentan con el tiempo, el espacio físico adaptado o la formación necesaria para atenderles adecuadamente.

Esto provoca que las escasas unidades de salud mental para niños y adolescentes estén colapsadas o queden reservadas para casos de especial complejidad, por lo que no se cubren las necesidades existentes. El resultado es una excesiva prescripción farmacológica. Si el sistema sanitario no cuenta con los especialistas necesarios para realizar una adecuada y continuada intervención clínica, se optará, casi en exclusiva, por tratamientos focalizados en los psicofármacos, sin otra intervención psicoterapéutica, dando así una falsa percepción de intervención.

La ansiedad y la depresión son las enfermedades mentales más comunes en España, seguidas de otras como el trastorno bipolar, la esquizofrenia o algunas otras formas de psicosis. Además, entre los jóvenes de 15 a 29 años, el suicidio es la principal causa de muerte por detrás de los accidentes de tráfico.

Los niños privados del cuidado parental, los más vulnerables

Una de cada cuatro personas sufrirá una enfermedad mental a lo largo de su vida, una cifra que aumenta si nos centramos en los colectivos más vulnerables. Así, de los casi 48.000 niños y niñas que crecen en el sistema de protección en España, es decir, privados del cuidado parental, la mitad de ellos (el 48,7%) está recibiendo algún tipo de tratamiento de salud mental.

GTRES

¿Te has interesado por aquello que apasiona a tus hijos?

Puede ser un youtuber determinado, una serie, un tipo de libros, de videojuegos, de música o un deporte. Pueden ser muchas cosas las que roben el corazón a nuestros hijos, las que ocupen su tiempo y sus conversaciones.

¿Te has asomado a ellas? No me refiero a supervisar a ver si son apropiadas, a echar una ojeada para saber qué son, aunque también tenga sentido o sea incluso necesario. Hablo de genuinamente interesarte, de probar a leer ese libro, a escuchar esas canciones, sentarte junto a tu hijo a jugar o a ver ese deporte o película. Hablo de hacerlo sin prejuicios, dispuesto a dejarte sorprender.

Por supuesto puede ser que no te guste, que incluso descubras que te horroriza. Pero lo has intentado. Lo aborrecerás con conocimiento de causa. También puede ser que te sorprendas encontrando algo interesante, que merece la pena.

Suceda lo que suceda, lo más probable es que tu hijo agradezca que te intereses por aquello que a él o ella le interesa. Implica que te estás interesando por ellos. Es otra manera de decirles que les quieres.

Nos gusta compartir nuestras aficiones; nos gusta poder hablar de aquello que nos apasiona con los demás; nos gusta, sobre todo cuando somos niños y adolescentes, que las personas a las que queremos valoren lo que hacemos.

“Ojalá hubiera tenido una madre como tú”. Hace poco me lo volvieron a decir. En los últimos tres años lo he escuchado media docena de veces por parte de chicos muy jóvenes, en la adolescencia. Lo he escuchado en redes sociales y en persona cuando han descubierto mi falta de acercamiento sin ideas preconcebidas y desde el respeto por aquello que les apasionaba, ya fueran mangas o rol (que a mí también me encantan), o k-pop (que he descubierto que no es lo mío).

En realidad no me querían como madre, claro que no querrían cambiarme por las suyas. Es un absurdo. Lo que de verdad me estaban diciendo es “ojalá mi madre mostrase interés por esto que tanto me gusta”, “ojalá mi madre entendiese lo que es esto que tanto me apasiona y a lo que dedicó tanto tiempo”, “ojalá mi madre no despreciara mis aficiones”, “ojalá pudiera hablar de todo esto con ella”. Sobra decir que es aplicable también a padres.

Expresan un deseo de acercamiento. Un deseo legítimo.

Este pasado fin de semana escuchaba a dos parejas de padres quejarse de cómo sus hijos adolescentes se han convertido casi en extraños de la noche a la mañana. Que se habían distanciado muchísimo, que no querían nada con ellos. Esa toma de distancia a esa edad es comprensible, es biológica, pero siempre podemos intentar tener puentes.

Los vínculos entre padres e hijos no son irrompibles, se pueden resquebrajar; que te interese (al menos de entrada) lo mismo que a ellos, puede que incluso encontrar aficiones en común, es una buena manera de fortalecerlos.

Sin forzar, sin mentir, sin paternalismo, sin objetivos ocultos, sin garantía de éxito.

¿Te interesarás por aquello que apasiona a tus hijos?

(GTRES)

El sexo es un derecho fundamental, también para las personas con discapacidad intelectual

La sexualidad forma parte intrínseca de los seres humanos, de todos los seres humanos. También de aquellos con discapacidad.

No sé si es culpa de la ficción que vemos, del culto imperante a lo joven y bello, pero pareciera que el sexo no es propio de determinados colectivos, como las personas mayores o con discapacidad. Es un error que parte del desconocimiento y de los prejuicios, también de la infantilización de personas con discapacidad intelectual o física, sobre todo en el caso de los primeros.

Un adulto o un adolescente con down, parálisis cerebral, x frágil, daño cerebral adquirido o autismo no son niños eternos, por mucho que sean dependientes. Son adultos y adolescentes con todo el derecho a vivir una sexualidad plena.

Una sexualidad, eso sí, eso siempre, respetuosa con el prójimo. Exactamente igual que debe ser así con cualquier otra persona. Vivimos en sociedad y hay que aprender a no protagonizar avances indeseados.

Las personas con discapacidad intelectual han pertenecido a una de las minorías a las que re le ha negado toda posibilidad de satisfacer sus necesidades afectivas y sexuales. Sin embargo, desde la 6ptica de la normalización e integration como principios básicos desde los que plantear la educación y forma de vida en nuestra sociedad de las personas con discapacidad intelectual, es necesario trabajar el tema de la sexualidad y relaciones interpersonales, ya que es un derecho que dichas personas tienen y del que nadie debe privarles.

Es un fragmento extraído del artículo académico Afectividad y sexualidad en personas con discapacidad intelectual, una propuesta de trabajo, recogido por Plena Inclusión.

(GTRES)

Es noticia estos días la decisión de una jueza británica de no impedir que un hombre de 36 años con autismo y que jamás a cometido un delito pueda tener relaciones sexuales, algo que se le estaba impidiendo con unas medidas restrictivas sobre las que no han facilitado información.

No es que quisiera tenerlas con alguien en concreto, por lo que ha trascendido lo que tiene es un interés general en tener una compañera sexual. El problema es que no parece tener capacidad para discernir cuando una aproximación es consentida. Un psicólogo clínico asegura en un informe que existe un “riesgo moderado” de que cometa un delito contra una mujer.

Es difícil juzgar un caso del que se tienen tan pocos detalles, pero me da la impresión de que lo que necesita ese hombre es supervisión y trabajo para entender cómo es una relación consentida y respetuosa. Tal vez mucho trabajo, no digo que no. Pero la solución demasiado fácil de coartar su libertad por lo que pueda llegar a hacer antes incluso de que haya hecho nada parece discutible.

Ese hombre necesita que le enseñen, el tiempo que haga falta y de la manera que le resulte más efectiva, más que le prohíban. Obviamente no puede permitirse, no ya que cometa un delito, sino que incomode a nadie en este sentido. Pero como bien dice la jueza “la sexualidad es un derecho fundamental”.

Es también muy fácil decir a un adolescente con discapacidad al que se descubre por primera vez tocándose que eso no se hace, es muy sencillo gritar un no, castigar o amenazar. Fácil, pero no correcto. El sexo es algo natural y hay que procurar mostrarles cómo gestionar sus necesidades, su curiosidad, con la ayuda de especialistas en sexualidad y discapacidad si es necesario. Los hay.

Mi hijo, que tiene autismo, ha cumplido este verano trece años y en cualquier momento nos encontraremos con ese reto. Espero que seamos capaces de afrontarlo como él y los demás se merecen.

Precisamente el miércoles 16 de octubre a las 18, Federación Autismo Madrid organiza el taller El papel de las familias en la educación sexual de los hijos y las hijas con TEA, conducido por Carlos Lombao Pardo, psicopedagogo y maestro en pedagogía terapéutica, y Mª Teresa Huelin, psicóloga.

En este taller vamos a sentar las bases para apoyar a las personas con TEA y a sus familias, en un tema que lleva pendiente muchos años y que siempre ha preocupado, el de la sexualidad de las personas con TEA. Un tema que ya es hora de ponerlo encima de la mesa, con el fin de dar una mayor calidad de vida y una vivencia integral de la vivencia de todas las personas. Este taller se centrará en teoría y en dar herramientas adaptadas a las peculiaridades específicas de estas personas.

La entrada es gratuita. Solo hay que inscribirse aquí.

Doce mangas recomendables para adolescentes, que invitan a reflexionar y debatir

Una buena amiga, bibliotecaria, cuentacuentos y organizadora de clubes de lectura para niños y jóvenes entre otras muchas virtudes a la que podéis encontrar en redes como @trastadasdemama, me ha pedido que le recomiende unos cuantos mangas para chavales de instituto.

Mi respuesta para ella viene en forma de post, por si a alguno de vosotros le apetece acercarse a estas historias, que también pueden aportar mucho a los adultos, o acercárselas a algún adolescente que tenga al lado.

Leer cómics es leer. Leer mangas es leer. Leer es una aventura maravillosa y necesaria.

He recopilado doce que siento que puedo recomendar y que recogen cuestiones como la depresión y el suicidio, el acoso escolar, la discapacidad, el afán de superación, el despertar al sexo o la tolerancia. Como en todas las listas, probablemente habrá aficionados a este tipo de lectura que echen en falta algún título. Están invitados a sugerirlo en los comentarios.

Lo cierto es que hay muchos mangas de calidad, con historias sobre las que se puede reflexionar, aprender y debatir, que ayudan a pensar. Y aunque los chavales de bachillerato dudo que se asusten fácil, todos ellos son bastante comedidos.

Aquellos que vean el manga bajo el prejuicio de la violencia, el sexo o el dibujo de escasa calidad, ya pueden ir sacudiéndoselos de encima, así como hacen los perros con la lluvia. Hay todo tipo de géneros en el manga, que piensan en todo tipo de gustos y demografías, con unos artistas detrás capaces de dotar de personalidad y múltiples expresiones a sus protagonistas con un minimalismo de trazos envidiable.


He pasado por bastantes mangas con componente romántico que se desarrollan en el instituto. Pues creo que Aao no Flag de kaito (IVREA) es la mejor de todas las que se está editando en este momento junto a Nuestra salvaje juventud, una serie abierta que va por los seis tomos.

El dibujo, de gran personalidad, igual salta del sentido del humor más caricaturizado a un realismo detallado que transmite perfectamente las emociones de los personajes. Y hay muchas emociones en juego en las vidas de estos chicos de instituto, que escapan de los estereotipos y de los caminos trillados. El tímido protagonista que es hilo conductor no es lo que parece; la aparentemente guapa y tonta de la clase; el deportista guaperas o la amiga distante y enigmática de la chica que es como un ratoncillo silencioso en clase.

La historia también se mueve entre la cotidianidad, el humor y las reflexiones de unos jóvenes que están empezando a tomar las riendas de su vida. Merece repetir en España el éxito de Japón.

Nuestra salvaje juventud de Mari Okada, Nao Emoto (Milky Way) es otra serie abierta que merece especial atención. Sus protagonistas son un grupo de chicas de instituto que forman parte del club de lectura y que, en su mayoría, tienen una inocencia impropia de su edad, pero también la curiosidad por adentrarse en ese territorio inexplorado que es el sexo y las relaciones sentimentales.

Llama la atención la candidez del dibujo, que choca con una aproximación realista y valiente de la historia. Sin ser soez en ningún momento, muestra los primeros encuentros de estas chicas con la masturbación, con el porno, con el descubrimiento de que alguien te gusta o tú puedes gustarle a alguien y lo difícil que es gestionar todo ese barullo emocional.

El éxito en Japón ha sido enorme y hay una serie de animación en marcha. En España tenemos disponibles los cuatro primeros tomos.

Orange de Ichigo Takano (Tomodomo) es casi un clásico. El manga tiene casi ocho años de vida y la serie de animación va para cinco. Se trata de una serie cerrada de cinco tomos a la que se le añadió un sexto volumen que muestra la perspectiva de otro de los personajes, el más querido por los lectores. También hay serie de animación.

Resulta una lectura interesante porque aborda el suicidio con una premisa fantástica. Muy resumido, la protagonista recibe cartas de su yo adulto que le advierte de que uno de sus amigos se acabará quitando la vida. A partir de ese momento su empeño es evitarlo a toda costa.

Es un manga con un elevado componente romántico que pone en valor la amistad, las segundas oportunidades, el valor que tiene la vida. También es un manga que a un lector adulto le puede resultar demasiado edulcorado, al igual que lo es su dibujo.

Como me contaba la editora Alina Scchasnovich hace unos tres años, “Es la que más recomiendo al público adolescente porque te motiva a vivir el día a día y ser buena persona. Me gustaría que fuera algo que leyesen las generaciones que están por vivir.

De A Silent Voice de Yoshitoke Oima (Milky Way) ya hablé largo y tendido en este mismo blog cuando se estrenó el largometraje inspirado en el manga.

El protagonista es acosador y víctima a la vez. Comienza acosando a los doce años a una niña que llega nueva a su clase con discapacidad auditiva. Pero ese pequeño matón acabará siendo más tarde el acosado. La historia recoge su viaje de redención, de aprender a pensar en los demás, a perdonar a otros y a perdonarse a uno mismo, de entender cómo se construye la amistad.

Me gusta A silent voice porque muestra una realidad complicada, con muchas facetas, en la que vemos retratadas distintas actitudes de alumnos, profesores, padres, amigos o hermanos. Vemos a esa niña que retrasa la clase, esa profesora joven que intenta lograr su inclusión con más entusiasmo que resolución y recursos, ese otro maestro que lo único que quiere es que no le compliquen demasiado la vida, esos niños que miran a otro lado, esos otros que se suman a las bromas de mal gusto…

Imprescindible.

Los dioses mienten y Mi amigo capricornio son dos tomos únicos editados también por Milky Way que pueden ser una buena aproximación al manga para aquellos que no quieran meterse en series más largas, así de entrada.

El primero comienza con un preadolescente deportista que se encuentra un cachorro de gato herido y abandonado. Escucha sus maullidos pidiendo auxilio y, en lugar de mirar a otro lado y seguir su camino, decide complicarse la vida y rescatarlo. Ese cachorro propiciará uno de esos encuentros que marca para toda la vida, en el que el chico comprenderá que hay pobreza a su alrededor, que hay niños como él teniendo que vivir realidades muy difíciles.

También acabará convirtiéndose en un maestro de vida, “porque un gato que ha perdido un pata, corre con las tres que le quedan. No es algo que resulte triste en absoluto”.

Del segundo ya os hablé también en mi blog. Trata también del acoso escolar con una premisa fantástica. Un viento mágico sopla noticias del futuro al protagonista. Un chico que tendrá que  querrá evitar un suceso terrible y que se encontrará un misterio a resolver, porque no todo es ni mucho menos lo que parece en este libro francamente recomendable que puede abrir la puerta a una buena charla.

Puede ser una buena herramienta para que nuestros chicos reflexionen sobre el bullying, sobre si el papel que desean ocupar es el de meros observadores cuando vean a un compañero abusar de otro. La única pega, tal vez, es un malvado demasiado oscuro, sin complejidades.

Welcome to the ballroom es otra serie abierta que está editando Milky Way. Una que invita a sacudirse prejuicios también con los bailes de salón, que son un deporte de competición muy exigente. Aquí no hay que aprender a jugar en equipo, tampoco a esforzase en solitario hay que aprender a compenetrarse con una pareja.

En ese deporte se inicia el protagonista, un chico sin metas, sin nada que le haga destacar, y al que adentrare en este mucho le imbuye de confianza, le enseña a saber pisar mejor en todos los sentidos, a esforzare en entender a los otros, a ser valiente y superarse, obviando sus debilidades e incluso convirtiéndolas en fortalezas.

Las historias de adolescentes que comienzan un deporte son un clásico del manga con género propio. Elijo a esta como representante por lo fresca que resulta, lo maravilloso de su dibujo y lo bonito que es ver crecer a Tatara Kun en todos los sentidos.

Sombras sobre Shimanami de Yuhki Kamatani (Tomodomo) es una serie cerrada de cuatro tomos que es absolutamente maravillosa. Su artista es sobresaliente y la historia y su elenco de personajes no lo son menos.

Aunque el protagonista es un chico que no sabe muy bien cómo gestionar el hecho de que es homosexual y se ha enamorado de un compañero, es en realidad una obra muy coral, en la que aparecen distintas personas dentro del colectivo LGTBi unidas por una casa que es refugio, que es hogar para todas ellas.

En este libro aparece mi relación favorita entre dos chicas de los mangas que he leído, pero también hay un anciano gay, un personaje transexual y otro que no parece querer explicarse ni identificarse con ninguna etiqueta.

Kamatani tiene otra serie cerrada, publicada en la misma editorial, que también es una delicia apta para adolescentes. Se llama Shonen Note y sigue a varios chicos que forman parte del coro de su escuela. ¿He dicho ya que su dibujo es extraordinario?

Con Sombras sobre Shimanami inauguro la parte final del post, en el que todos los libros incluyen relaciones homosexuales y la dificultad de entenderse, de encarar lo que uno es en la adolescencia. Resulta interesante que sea el manga el tipo de lectura que tenga en estos momentos más títulos románticos, bonitos, positivos, que ayudan a la autoaceptación y a la tolerancia de nuestros chicos.

Ya os conté hace dos años que nuestros adolescentes deberían crecer con historias como Puedo ir el sol, de Yuki Fumino (Milky Way).

Narra cómo el impulsivo y noble (y siempre hambriento) Taichii rescata del aislamiento a Kohëi; un aislamiento nacido de una doble dificultad: su discapacidad auditiva y la atracción que desarrolla hacia Taichii, que accidentalmente acepta convertirse en su (pésimo) anotador, que es como llaman a los voluntarios que toman apuntes para los alumnos sordos o con problemas de audición.

Kohëi tendrá que aprender a aceptarse de dos maneras diferentes. Por un lado respecto al hecho de que se ha enamorado de una persona de tu mismo sexo y no cree que sea posible que ese amor sea correspondido. Con avances torpes, decisiones equivocadas, nervios, inseguridades, miedo al rechazo… Todo repleto de situaciones creíbles, todo perfectamente realista.

Hay un tercer volumen publicado que, a falta de ver cómo avanza en un cuarto que aún no ha llegado a España, me parece prescindible. Con los dos primeros se dispone de una historia preciosa y cerrada.

Traigo dos tomos únicos de temática Boys’ Love por lo mismo que antes, porque puede ser que haya quien quiera aproximarse a estas lecturas sin invertir en varios tomos.

Tanto Algo entre nosotros de Hagi como You are in the blue summer de Nagisa Furuya (ambas de Milky Way) son historias cercanas, bonitas, románticas, que cuentan ese empezar a andar siendo diferente.

La primera es tierna, con sus toques de humor. Todo comienza cuando chico resulta intrigado por las lágrimas del otro. ¿Por qué estará llorando?. Pero si me obligaran a elegir, tal vez me quedaría con la segunda, tanto por dibujo como por historia. En ella que entre dos amigos que se llevan estupendamente, compartiendo su afición por el cine, surge una declaración de amor.  ¿Qué hacer si tu mejor amigo te dice que le gustas? Está muy bien llevado.

Termino con  Given, serie abierta de Natsu Kizu (Milky Way) que está teniendo un gran éxito internacional y cuenta también con serie de animación. Un grupo de música, con dos universitarios y dos chicos de instituto, que son muy distintos, que tienen circunstancias muy distintas, a los que une el amor por la música, la amistad y algo más.

La autora salta de las risas a lo dramático con una facilidad pasmosa y logra construir personajes complejos y diferenciados a los que sigues página a página deseando que avancen por la vida con bien, entendiendo lo que les motiva.

Que sea la última de la lista no significa absolutamente nada.

Mi hija tiene apenas diez años, pero en breve comenzaré a ofrecerle estas historias. Igual que se las he estado regalando a otros adolescentes de mi entorno.

Encierran horas de lectura llenas de emociones y aprendizajes.

No todo aquello sobre niños con discapacidad que asoma a redes sociales debería ser noticia en los medios

Es una noticia recogida en medios estadounidenses que se ha reproducido en medios de todo el mundo. Muchos de los titulares son así: “Un niño de cinco años con autismo, declarado delincuente sexual por besar en la cara a un compañero”. Llamativo, que invita tanto al clic como a la indignación.

El problema es que cuando indagas a ver qué hay detrás encuentras a una madre muy enfadada porque la profesora le dijo: “tienes que hablar con él sobre los límites”. Según la madre, la profesora acusó a su hijo de actividades sexuales cuando lo único que había hecho era dar un abrazo a un niño y un beso en la mejilla a otro.

Lo contaba la abuela del niño, ni siquiera la madre, en un post privado de Facebook, en el que sacaba un tanto los pies del tiesto diciendo que iba a quedar en el registro del niño de por vida que era un delincuente sexual.

Por solo por un abrazo y un beso en la mejilla entre niños de cinco años, parece obvio que ningún colegio dice ni mú. Ni mucho menos un niño en edad preescolar queda registrado como delincuente sexual. Sería de locos.

Que no digo yo que la familia no tenga parte, incluso una gran parte de razón, en que el obrar de la escuela ha sido poco apropiado, que no entienden cómo es y lo que necesita un niño con autismo. Es, por desgracia, demasiado frecuente que así sea.

El niño está ahora en un centro de educación especial y tanto el colegio como el departamento al que correspondería gestionar estos conflictos (Department of Child Services, DCS) no han hecho declaraciones.

La colleja aquí viene para los medios de comunicación
, que somos los que realmente no conocemos los límites, o los hemos olvidado. Nosotros sí que necesitaríamos que algún profe que nos llamará al orden y nos recordara las líneas infranqueables que hay que trazar.

En un modo tradicional de hacer las cosas, si esa abuela hubiera hecho una llamada o escrito a un periódico contando lo mismo que en su muro de facebook; antes de publicar nada el periodista habría querido hablar con la madre para contrastarlo y con el colegio. Si solo tuviera un testimonio que parece poco verosímil sin pruebas que lo apuntalasen, lo descartaría como noticia.

Y recuerdo que la abuela en este caso no contactó con ningún medio buscando que les sirviera de altavoz, lo publicó en su muro privado.

Padres, abuelos y tíos tenemos derecho a tener berrinches, a desahogarnos en nuestras redes sociales, sin que eso se acabe convirtiendo en una noticia internacional.

Los medios que estamos en Internet necesitamos tráfico, necesitamos que mucha gente los lea, tener muchas visitas para sobrevivir. Hay formas legítimas de buscarlo y otras que no.

Como las noticias de niños con autismo o con otro tipo de discapacidad que ven sus derechos pisoteados generan con frecuencia ese tráfico, acabamos elevando a noticia lo que en realidad no lo es, lo que no pasa de un conflicto privado, tal vez una justa reivindicación, pero que no tiene entidad suficiente para asomar a nuestras portadas salvo que primemos las visitas por encima del periodismo.

Y no puede ser así.

Un ruido excesivo, una marea constante, puede hacer la gente se acostumbre
y pierda la justa indignación que sí debería tener ante las injusticias. Puede hacer que aquello que sí merecería aparecer en portada de los medios y remover conciencias para hacer avanzar a la sociedad ya no tenga fuerza suficiente.

La misma reflexión es aplicable también a ese tipo de contenido positivos, emocionantes, que implican a niños o personas con discapacidad.

Pueden tener una celebridad inesperada e indeseada. Aunque alguien comparta algo en redes, puede ser que lo haga sin valorar el alcance que eso puede llegar a tener.

La primera gran rebelión de los niños ha resultado ser verde, justa y necesaria

La rebelión de los niños ha resultado ser verde. Rebelión, sí. Revolución también, sí así lo queréis. Pacífica siempre, en cualquier caso. Jamás hubo en el mundo, en toda su historia, una movilización tan internacional y multitudinaria impulsada por jóvenes, en su mayoría menores de edad, así que niños.

Me hacen sentir orgullo. ¿A vosotros no? Lo que nos exigen a los adultos es justo y necesario. Lo exigen amparándose en la ciencia, buscando en los científicos y en las ONGs sus aliados, sirviendo de enérgico altavoz a lo que estas instituciones llevan años diciendo.

El cambio climático es una realidad, en once años no habrá vuelta atrás pero ahora aún estamos a tiempo de adoptar las medidas necesarias para preservar este planeta. Es el momento de tomárselo en serio, de apartar intereses espúreos y arremangarse. No podemos perder más tiempo.

Lo exigen escépticos y enfadados. Ahí tenéis la justa ira de Greta Thunberg, el rostro de dieciséis años visible de este movimiento que para todos los viernes para protestar. La mecha que prendió Fridays for Future. Y su capacidad de contagio es grande, ya hay también Teachers for Future y Parents for Future.

Nos dicen nuestros jóvenes que los adultos les hemos fallado. Tienen razón. Imposible negar la mayor. Han fallado los gestores en quienes depositamos nuestros votos. Pero esto no es culpa solo de los políticos. Rsulta demasiado fácil decir que poco podemos hacer nosotros y echarnos a dormir. Si nuestros bisnietos no tienen un planeta amigable en el que vivir, si la polución, la escasez de recursos y los desastres naturales imperan, allá ellos. Nosotros no vamos a verlo. Fácil y cómodo. Egoísta y corto de miras también.

(EFE/EPA/FAZRY ISMAIL)


Podemos reciclar; podemos reducir el consumo de carne, que además redundará en nuestra Salud; podemos ahorrar agua y energía; podemos buscar formas de movernos poco contaminantes siempre que sea posible; podemos reducir nuestras comprar, sobre todo de ropa. Producir ropa requiere muchísima energía, es difícilmente reciclable y con demasiada frecuencia lo que adquirimos no responde a la necesidad ni se va a usar tanto como para que justifique su adquisición. Podemos limitar al mínimo el uso de plásticos desechables.

Podemos, sobre todo, explicar en nuestro entorno la necesidad de obrar así y servirles de ejemplo.

Esta semana tuve el placer de hablar con Patricia Ramos, una española de 19 años, estudiante de música, que ha ido acompañada por Plan Internacional a Nueva York, a la cumbre de la ONU que ha sido pionera en invitar a quinientos jóvenes activistas. De todo el mundo. Patricia mee hablaba precisamente de la importancia de transmitir estos mensajes a nuestros amigos y familiares. Muchos pocos pueden hacer un mucho.

Podemos también secundar mañana, viernes, la tercera huelga mundial por el clima, que protesta públicamente ante la falta de acción de los gobiernos frente a la crisis climática.

La primera fue en marzo y la secundaron un millón y medio de personas; la segunda el viernes pasado como antesala a la semana por el clima, seguida por unos cuatro millones; la tercera será el colofón y esperemos que ese número se supere, pero sobre todo que cale y se extienda el mensaje.

Es preciso hacer caso a nuestros niños. Sumémonos a su rebelión.

(Radhika Chalasani/UNICEF)

‘Perro apestoso’, los cuentos del animal más feo, bueno y tontaina han llegado a España

Perro apestoso es un tontaina encantador. Huele a sardinas, jamás le elegirían para protagonizar un anuncio de papel higiénico, pero tiene un corazón puro y generoso. Vive con Gatochato, que es mucho más listo, junto a un cubo de basura.

Perro apestoso es también una serie de diez cuentos de gran éxito en Francia, obra de Colas Gutman y Marc Boutavant. Ya había sido traducido a veinte idiomas y Justo ahora sus dos primeros tomos acaban de aterrizar en España cortesía de Blackie Books, una editorial que trae títulos realmente interesantes, tanto para adultos como para el público infantil.

Este perro que no pierde el buen humor, la ingenuidad y la esperanza en cualquier circunstancia es, efectivamente, un tipo interesante. Un protagonista con los mimbres necesarios como para perdurar en el recuerdo de los niños que se adentren entre sus páginas, tanto por su esencia como por la manera en que ha sido ilustrado.

Niños que empiezan a leer solos, también niños más pequeños a los que sus padres les lean las aventuras de este perro sin dueño.

Perro apestoso es un tanto surrealista y muy divertido. El sentido del humor es una constante.

Pero a veces, también en la vida de un perro apestoso, pasan cosas bonitas e inesperadas: de repente un cachorro de labrador con el pelo suave como la seda se acerca y le dice:

– Si he conseguido que me gusten los niños también puedo conseguir que me gusten los perros roñosos. – Y se pone a su lado.

Y además de divertir, enseña. Aunque divertir no es poco, debe ser lo primero para poder aprender.

Enseña, como es obvio, a no dar importancia al aspecto físico, a conocer el interior de aquel que tenemos enfrente. También a poner en valor la bondad y el optimismo, que son dos cualidades demasiado infravaloradas con frecuencia e injustamente.

En este universo los perros van al colegio, hablan con los seres humanos, manejan herramientas e incumplen las leyes más lógicas si la historia lo pide.

Solo le pondría una pequeña pega. Cuando el encantador perro apestoso va al colegio en el segundo tomo, los perros que le rodean responden a todos los estereotipos de las razas caninas. Ya no hay contrastes. Solo el labrador del fragmento anterior es reseñable.

Los caniches son pijos y estirados por dentro y por fuera. El pitbull es el macarra del patio, lo que estigmatiza aún más a estas razas, que bastante tienen encima ya. Demasiado obvio, demasiado fácil, un poco decepcionante.

Habrá que ver cómo avanzan las aventuras de este precioso feo perro feliz.

Hace falta más inversión en el sistema educativo y menos en la celebración de elecciones

Esta misma mañana venía escuchando en la radio que la media de edad de los profesores españoles, 44 años, es superior a la europea, que el 36% de los docentes tiene 50 años o más y que el descenso en el número de profesores jóvenes desde la crisis es notable. Son datos recientes de la OCDE.

Lo oía pensando que la edad de los maestros no me parece un gran problema desde el punto de vista de los niños. Desde el estructural ya puede ser otra cosa. Dos de los mejores maestros que ha tenido mi hija han sido profesores que estaban al borde de la jubilación.

Ser un buen docente no tiene que ver con la edad, tiene que ver con aspectos como la vocación, con la implicación, con el conocimiento, con la empatía. La veteranía puede ser causa de desmotivación y desactualización en algunas personas, pero también puede ser un grado.

La peor maestra que ha tenido mi hija fue precisamente una de las más jóvenes. Casualidad, ya lo sé. Pero ejemplifica lo que defiendo. Por suerte apenas duró tres meses en el centro. Y ahí llegamos a lo que me parece el verdadero problema en la enseñanza pública de este país si ponemos el foco en el profesorado: la elevada tasa de interinidad y lo ajustado de las plantillas.

Eso sí es preocupante de cara a la calidad de la enseñanza.

No me entendáis mal. Hay interinos maravillosos, que se esfuerzan en hacerlo lo mejor que saben, pero es difícil teniendo en cuenta que son introducidos en distintos centros, con distintos modos, que aterrizan en clases por tres meses, por seis, por periodos que no les permiten trabajar en condiciones, con todo el curso en mente, conocer a los niños y ganarse su confianza.

Mi hija tiene diez años y raro es el año que ha tenido el mismo tutor todo el curso. Jamás ha pasado por eso de tener la misma persona de referencia dos años seguidos. Embarazos, jubilaciones, enfermedades… se cubren con esa suerte de paracaidistas de la enseñanza que son los interinos.

Y eso cuando se cubren a tiempo, porque no es raro que durante un par de semanas no haya tutor, a la espera del interino que la administración quiera adjudicar.

Como las plantillas están ajustadas al mínimo, la atención de esos cursos desiertos de maestro es un encaje de bolillos difícilmente satisfactorio. La capacidad de maniobra ante eventualidades de los centros es extremadamente limitada. Y las ratios son demasiado elevadas, cuando reducirlas es una medida que todo el mundo sabe efectiva y que no s lleva a cabo por falta de voluntad política.


Se nos llena la boca hablando de la importancia de la educación, diciendo que los niños son el futuro, lo más valioso de una sociedad. Pero a la hora de la verdad tenemos los colegios manga por hombro en demasiados aspectos. Otro, por ejemplo, es la atención al alumnado con necesidades especiales.

Luego las propuestas y peleas políticas vienen de la mano de la asignatura de religión, de si pedir permiso a los padres para recibir charlas sobre sexualidad y tolerancia o de las lenguas oficiales.

Estamos esperando un plan de choque efectivo de verdad, uno que reduzca ratios e interinidad y amplíe plantillas. No hace falta inventar la pólvora, hace falta invertir más en la educación y menos en la celebración de elecciones.

(GTRES)