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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

‘Retrón’ de Raúl Gay, un recomendable ejercicio de empatía en forma de libro

Hace algunos años que conozco a Raúl Gay, y lo cierto es que lo que nos unió fue la discapacidad; más concretamente la visión que tenemos sobre la discapacidad, que es positiva pero también realista, que huye de considerar como ángeles o superhéroes a los retrones, el término que él usa y da título a su libro, y aún así aspira a la felicidad.

También nos unió el periodismo, él es colega y si no hubiera ejercido este oficio durante dos años en un blog en El Diario, De retrones y hombres, junto a Pablo Echenique, probablemente no hubiera dado con él, con su sentido común y con esa visión de la discapacidad que compartimos. Yo como madre de un niño de diez años con autismo y un alto grado de afectación, él de primera mano por haber nacido a causa del síndrome de (el pirata) Roberts, una enfermedad rara que le supuso nacer sin brazos, con unas manos diferentes pero más operativas de lo que pudiera parecer, y unas piernas sin rodillas ni tobillos que le sostienen brevemente y le permiten alcanzar una vertical de metro veinte gracias a unas ortesis y una decena de operaciones (¡ay el olor de la anestesia!, el reverso tenebroso de la magdalena de Proust).

Por lo demás, Raúl Gay es un tipo normal. Tan normal como lo pueda ser cualquiera (nadie es normal, todos somos normales, ya sabéis). Tan normal que alberga sus contradicciones y sabe que tiene que bregar con ellas y mirarlas de frente (nadie es consecuente Emma todo). Un treintañero recién casado, esperando su primer hijo, gran conversador, buen lector y con ganas de ser feliz.

Tras algunos correos, conversaciones en redes sociales y colaborar escribiendo y leyéndonos, le conocí un día soleado en Madrid, paseamos y charlamos por El Retiro y le dejé entrando a un concierto que le cambiaría la vida, para bien.

Ahora que he podido (bendito verano) leer su libro he encontrado esa misma perspectiva que nos unió hace ya unos cuantos años merced a su blog. Una visión que antepone al ser humano a la discapacidad que tenga. Pedro, Marta, Laura, Raul, Carlos, María o Jaime tendrán autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, síndrome de Rett, focomelia, una retinopatía severa o X-frágil (el universo de la discapacidad es enormemente variado y complejo), pero ante todo son Pedro, Marta, Laura, Raúl, Carlos, María o Jaime, con su personalidad, sus gustos, sus deseos y circunstancias. Podrán ser buenas o malas personas. Y esas circunstancias tal vez sean mas determinantes que la propia discapacidad.

Contar con recursos económicos y con una red familiar (los amigos también son familia) supone la noche y el día para una persona con discapacidad, sea la que sea. El dinero o da la felicidad, pero ayuda. Si eres un retrón más aún, porque no tenerlo puede conducirte a una vida de encierro domiciliario, de peor calidad de vida, de perdida de potencial, de peor estado de salud, de demasiadas renuncias innecesarias. Y esa es una reivindicación presente en todo el libro.

Os traslado una pregunta que Raúl Gay hace desde su libro. Si os dieran a elegir entre ir en silla de ruedas en España o ser bípedo en Somalia, ¿qué elegiríais?.

Raúl lo tiene claro. Yo también. Igual que tenemos claro que si la pregunta fuera: ¿eliminarías esa discapacidad que te afecta a ti o a los tuyos si pudieras? La respuesta sería que por supuesto.

Y no tendría que ver con no aceptarse, sino con ese realismo objetivo que os comentaba al principio y que salpica el libro.

El mismo realismo objetivo que rechaza esa engañifa potencialmente peligrosa de que querer es poder.

Yo, que no tengo la experiencia de tener una discapacidad sino de tener un hijo con autismo, no he podido evitar leerlo teniendo muy presentes a los padres del autor. Están en un segundo plano, pero aparecen con frecuencia: llevando en brazos a su hijo hasta el mar, soportando y aprendiendo a ignorar las miradas marcianas, peleando para conseguir la escolarización más adecuada para su hijo pese a la oposición de un animal de bellota con forma de director de colegio, fabricando un atril para que pudiera leer y escribir en el pupitre, tal vez equivocándose al elegir alguna terapia… Los imagino también recibiendo diagnósticos, inmersos en papeleos, peleando con la administración, superando el sentimiento de culpa…

Probablemente haya más en común entre mi camino y el de los padres de Raúl Gay que entre Raúl y mi hijo. Ya lo decía arriba y se recoge en Retrón, la discapacidad es un universo tremendamente diverso.

Un universo de seres humanos que no es ajeno al sexo. En Retrón de habla de eso, igual que de muchos otros asuntos (intervenciones, asistentes personales, miedos varios…) que dejan de manifiesto la valentía y la sinceridad de su autor. No hay paños calientes al adentrarnos en el recorrido vital de Raúl Gay, y se agradece.

El libro que ha escrito Raúl Gay no es un canto a la esperanza o la alegría de vivir, no es un lugar en el que buscar ejemplo o inspiración (aunque tal vez se encuentre, por mucho que Raúl haya huido de la autoayuda), Retrón (Next Door Publishers) es un ejercicio de cordura por parte de su autor, un juego recomendable para cualquiera de ponerse en pellejo ajeno (entrenar la empatía siempre es buena idea) y ampliar nuestra visión del mundo.

“¿Cuántos perros han salido de la caja?”

Marina, de siete años, tiene razón. Efectivamente, es imposible saberlo. De hecho, si te paras a pensarlo es poco probable que esos perros entrasen en una caja tan pequeña.

Si no te paras a pensarlo tanto, si vas con el piloto automático, es muy probable que contestases que cuatro. Es lo más obvio. Y un buen ejemplo de que lo que parece evidente no tiene que ser lo acertado.

Además, cuatro es lo que los autores del ejercicio buscaban como respuesta.

Hasta que dieron con el pensamiento versátil de Marina, una amiga de mi hija que es más lista que el hambre (créedme, esta niña tiene los dobles y triples pensamientos de Yaya Ceravieja y Tiffany Dolorido).

Si fuera un examen debería puntuar doble, pero eso dependería mucho de en qué manos cayese. Habría maestros que, también con el piloto automático, lo marcarían como incorrecto y punto. Otros, los peores, tacharían de listilla, sabelotodo o marisabidilla a la niña. Esos simplemente se retratarían a ellos mismos como unos zoquetes. Son puyas que se vuelven contra los que las lanzan, insultos del tipo bumerán.

Unas cuantas personas me han preguntado por la reacción del profesor tras la respuesta de Marina. En este caso concreto no había maestros por medio. La foto la hizo su madre (gracias desde aquí por dejarme usarla), que sabe apreciar el buen ojo de su niña.

Por suerte cada vez hay más maestros que sí entienden que esas percepciones de los niños, que esos destellos de pensamiento crítico hay que mimarlos y no podarlos. Para comprobarlo basta con ver el eco que ha tenido entre muchos docentes esta imagen desde que la compartí hace un par de días en mis redes sociales.

No es fácil ser un buen maestro, es un oficio que requiere sensibilidad, formación constante, no bajar la guardia, flexibilidad, paciencia, empatía, modestia… y probablemente ese mismo modo de pensar que Marina que permite salirse del carril establecido.

Por eso hay que agradecer y mucho a todos aquellos docentes que intentan hacerlo mejor.

Y tampoco es fácil elaborar ejercicios y evaluaciones para los niños. También en eso se está intentando mejorar y también es de agradecer todo esfuerzo en ese sentido.

Para terminar os pregunto de nuevo: ¿cuántos perros creéis que han salido de la caja?

Yo creo que ninguno. Si fueran gatos sería otro cantar 😉

“¿Mamá, qué es un atentado?”

“¿Mamá, qué es un atentado?”. Ante esa pregunta nos encontramos ayer, ante unos ojos grandes y oscuros que en sus ocho años de vida no conciben mayor malvado que Lord Voldemort y que querían saber porqué sus padres luchábamos contra la mala cobertura en una casita perdida entre prados bretones para saber qué demonios estaba pasando en Barcelona (y luego en Cambrils), con la impotencia y el dolor en juego de nuevo.

Unos ojos oscuros que merecen una respuesta. Una respuesta difícil. Explicar de dónde vienen los niños es tan sencillo en comparación…

¿Cómo explicar el horror a un niño? No es la primera vez que  lo pregunto desde este blog. Sé que hay una legión de niños que no necesitan saberlo, que lo han visto, que lo han vivido. No es el caso de nuestra hija. Una gran suerte. Somos conscientes de ser muy afortunados.

No nos atrevíamos a poner los informativos franceses por miedo a las imágenes que pudieran ofrecer. Imágenes difíciles de sortear cuando te quieres informar por internet, igual que es difícil regatear la insensibilidad de tantos que aprovechan el terror para hacer chistes o barrer parar sus respectivas casas. Y ahí seguían esos ojos oscuros, intrigados por lo que había sacudido así a sus padres.

Hay personas malvadas en el mundo, tú ya sabes eso. Pues algunas deciden matar gente inocente, toda la que puedan. Eso es lo que ha pasado. Han atropellado a mucha gente que andaba tranquilamente por una calle en Barcelona”.

Es una simplificación terrible, lo sé, pero no se me ocurría otra manera de contarlo.

Por esas mismas Ramblas, hace menos de dos años, iba con ella de la mano. Solo el hecho de recordarlo me resquebraja.

A ella Barcelona le recuerda a uno de sus mejores amigos del colegio, cuya madre es de allí y que acuden con frecuencia. “No te preocupes, Héctor y sus padres estaban estos días en Tarrasa. Están bien“. “¿Emma también?”, pregunta ella por la hermana pequeña de su amigo, a la que yo no he mencionado. “Sí, ella también”.

Pero decenas de otros muy semejantes a ellos, a nosotros, no lo están. No están bien. Hablo de las víctimas y heridos, de sus seres queridos, de los testigos traumatizados por lo que han vivido, de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado movilizadas.

Estaba temiendo otra pregunta tras mi pobre respuesta: “¿Por qué lo hacen?”. Ya llegó hace pocos meses, tras el atentado de Londres. Entonces solo se me ocurrió responder: “porque están equivocados”. Exactamente lo mismo que respondí en otoño de 2015, tras el atentado en París.

Son demasiadas ya las veces que una niña de apenas ocho años quiere saber lo que es un atentado, lo que es el terrorismo, en estos últimos años.

¿Hasta dónde salvaguardar? ¿Hasta dónde proteger? ¿Hasta qué punto dejar que los años pasen y la vida sea la maestra?

¿Cómo explicar el horror a un niño?. ¿Cómo explicarle el sinsentido cuando casi ni yo misma lo entiendo?.

Hay que enseñar a los niños a llevarse solo sus recuerdos y dejar únicamente sus huellas en el campo

La primera vez que supe de la existencia de la moda de apilar piedras, la última tontuna vandálica de moda tras aquella que llenó los puentes de candados, aunque fueran patrimonio protegido, fue gracias a César Javier Palacios, autor del blog de La crónica verde, en la columna Deja de hacer el idiota con las piedras, que os recomiendo leer entera, pero de la que os dejo un fragmento que deja bien claro la razón por la que es una idiotez.

Para empezar estamos desvirtuando y banalizando el paisaje, aquel que precisamente buscamos por su belleza, pero al que luego perturbamos gravemente con los dichosos montoncitos. En segundo lugar, removiendo el terreno y levantando piedras alteramos el hábitat de infinidad de especies animales (insectos, caracoles, reptiles, pequeños mamíferos) y raros vegetales que encuentran su refugio en las piedras que de modo natural se distribuyen por el territorio y a los que, directamente, estamos dejando sin hogar con este tipo de prácticas inadecuadas. En tercer lugar, con los amontonamientos desnudamos un suelo que queda desprotegido, abandonado a la erosión del agua y el viento, cada vez más estéril. Una cuarta razón serían los problemas de seguridad que estos inestables montículos pueden ocasionar, desde accidentes de los senderistas hasta viandantes perdidos entre esos bosques pétreos donde se confunden fácilmente los caminos. Y por si todo ello fuera poco, muchas veces destruimos sin saberlo un valioso patrimonio arqueológico o etnográfico, porque esas piedras pueden ser restos de estructuras habitacionales romanas, celtíberas, e incluso bifaces prehistóricos.

Estos días he podido ver esta turistada absurda en toda su gloria en la reserva ornitológica bretona de Cap Frehel.

Todo estaba lleno de montoncitos de piedras.

Un comportamiento heredero de herir la corteza de los árboles o de pintar o raspar muros para dejar nuestro nombre y fecha, algún corazón o cualquier chorrada vandálica similar. También paisano de llevarse fragmentos del lugar que visitamos se recuerdo, cuyas peores representaciones serían las de arrancar fragmentos de estalactitas o estalagmitas o capturar y desubicar seres vivos. Y primo cercano de alimentar a los animales que vemos (silvestres, domésticos o salvajes encarcelados) con lo primero que se nos pasa por la cabeza.

Comportamientos incívicos que me ponen de mala leche. Comportamientos que dañan el entorno, que no tienen justificación y que hacen que se nos acote el espacio a visitar a todos, también a los cívicos.

Hace ya mucho que Julia sabe que no se arrancan las flores en nuestros paseos por el campo, da igual lo comunes que sean (o que nos parezcan). Esas flores silvestres morirán pronto en nuestras manos, no servirán de refugio y alimento, no completarán su ciclo. Era algo que su abuela materna animaba a hacer por desconocimiento y con toda la buena intención, pero que no debe ser.

Puede ser muy bonito, cuando eres madre reciente, recibir un ramito de flores del camino de manos de nuestros hijos pequeños, pero es más bonito enseñarles a respetar la vida, el paisaje, para que los que vengan detrás lo encuentren igual que ellos.

Educar a los niños, enseñar a nuestros hijos que lo único que se debe dejar en el campo son nuestros pasos y lo único que nos debemos llevar son los recuerdos y las fotografías, como también leí hace tiempo a César Javier Palacios, es la única vacuna que conozco para luchar contra esas modas que llegan de apilar rocas para subir a instagram una foto con un hahstag que nos procure unos cuantos corazones digitales. Como borreguitos.

Cada vez somos más los que lo intentamos. Los que os miraremos con reprobación mientras os hacéis una foto sin ningún valor junto a vuestra torre de piedras.

Un selfie merecedor de una buena multa y una aún mayor regañina materna. La pena es que ni las fuerzas de la autoridad ni las madres podamos estar en todas partes.

‘El diario Down’, la bitácora del arranque de la paternidad de Francisco Rodríguez Criado

Ha sido en verano, cuando los días son largos y las obligaciones cortas, que he podido al fin leer El diario Down, del escritor extremeño Francisco Rodríguez Criado.

Un libro de pocas páginas, de lectura rápida y poso duradero, alumbrado con Ediciones Tolstoieski como comadrona (también primeriza).

Un viaje por el descubrimiento de la paternidad de Rodríguez Criado. Una paternidad primeriza con las dificultades añadidas que entraña un diagnóstico de síndrome de Down, escrito en primera persona, con sinceridad y sentido del humor, y presentado en un orden cronológico caprichoso.

Una historia de cómo un padre escritor aprendió a amar a su hijo que interesará a todos los que se atrevan con ella, porque todos podríamos estar ahí.

Un libro muy azul, el color que simboliza el autismo que tiene mi hijo.

De hecho hay un capítulo dedicado acertadamente al autismo.

Un libro sobre un bebé dorado, igual que lo es el mío. Mi niño de oro hilado. Dos niños dorados y distintos.

Más allá de las casualidades cromáticas, he encontrado muchos puntos en coincidencia entre mi persona y mis circunstancias y el relato de Rodríguez Criado, que recoge la asunción de esa realidad inesperada que rompe la foto de familia que había formado en su mente.

Algunas serán comunes a cualquiera que tenga un hijo con discapacidad, sea por el motivo que sea: la asimilación del diagnóstico, los sentimientos de culpa, la despedida del hijo imaginado y la bienvenida y aceptación del real, los papeleos, las pruebas médicas, el agotamiento físico y mental, sentirse chófer casi más que padre, el poco tacto en algunas personas, incluso esos asuntos que ligan lo empático y lo lingüístico respecto a cómo llamamos o llaman otros aquello que tiene nuestro niño.

Otros aspectos son más particulares, pero me llama la atención compartirlos con el autor: tener dos perras y que una de ellas haya pasado por la ansiedad por separación, encontrar la felicidad de forma inesperada bajo la lluvia, valorar que esa felicidad es el fin último y está con frecuencia vinculada a las pequeñas cosas, a momentos sueltos, el vínculo (en mi caso materno) con Extremadura, un niño de oro nacido de un padre de pelo zaino… pero sobre todo el hecho de que escribir sea terapéutico.

Rodríguez Criado escribía este diario que luego ha compartido para asimilarlo todo mejor, para curarse. Yo también escribí un blog oculto a buscadores desde el arranque del diagnóstico que me ayudó de la misma manera, igual que escribir este blog o mis libros. Ya os he contado en el pasado que escribir es para mí una necesidad por múltiples motivos, uno es sanarme.

Coincido también con él en que su libro, como el mío, nos ha ayudado sobre todo a nosotros, pero que los lanzamos al mundo deseando que puedan servir de compañía, de cierto consuelo, a otros.

Y hay diferencias, claro que sí.

Recordaba al leerlo a una de las psicólogas que nos dio el diagnóstico de autismo de Jaime cuando tenía más de dos años diciendo que el autismo era algo muy complejo, que ella hubiera preferido un Down. Y eso que mi hijo con autismo es fuerte y sano como un roble y que el Down está asociado a muchos problemas de salud que tienen su reflejo en el libro, en forma de intervención a corazón abierto y numerosas visitas a distintos médicos.

No vale comparar. Es un error caer en aquello de si la discapacidad de tu hijo es mejor o peor que la del mío, en si es preferible. Igual que caer en comparaciones respecto al grado de afectación y manifestaciones de un mismo diagnóstico en diferentes niños. Una línea de pensamiento necia y tóxica.

También es verdad que, aunque no es un libro para saber del síndrome de Down,  leyéndolo veía también lo diferente que es el autismo del down. Un ejemplo, nosotros estamos huérfanos de médicos, una vez nuestros hijos superan la batería inicial de pruebas de descarte.

Pero tal vez el aspecto más distinto venga vinculado a las grandes esperanzas (grandes expectativas) que el autor tenía depositadas en su hijo. Cómo aprendió a reprogramar todo aquello ocupa parte importante del libro. Quería un gran guerrero y acabó dándose cuenta de que lo tenía. La palabra guerrero se repite mucho, un sustantivo que yo no creo haber aplicado jamás a Jaime.

Siempre cuento, porque es verdad, que una de las cosas que más me ayudó a sobrellevar el diagnóstico fue leer un texto que había escrito estando embarazada en el que me decía que lo único que le pedía a mi hijo es que fuera feliz y buena gente. Volver a mis palabras me hizo ver que aquello seguía siendo perfectamente posible para mi hijo con autismo y que yo tenía que ser consecuente con lo que había expresado.

Probablemente este tema de las expectativas reprogramadas que para mí no supuso una piedra entre el camino esté vinculado al hecho de que yo, al contrario que Francisco (padre) nunca me creí destinada a grandes cosas. A menos que por gran cosa se entienda la búsqueda y el hallazgo de la felicidad, que bien podría considerarse como tal si se mira bien.

Similitudes y diferencias. Todo aquello que miramos encierra lo uno y lo otro. Y podemos elegir con qué nos quedamos, de qué manera preferimos fijar la mirada.

Podemos elegir cuando leemos un libro como El diario Down o si vemos a una persona con down (o autismo) cruzarse en nuestro camino, tal vez en nuestras vidas para siempre.

‘El viaje extraordinario’, el desembarco de Julio Verne en Futuroscope

Julio Verne es uno de mis escritores de ciencia ficción favoritos. Lo es por el componente de aventura de todos sus libros, por su carácter de pionero, porque sus escritos son aptos para todas las edades y capaces de avivar el amor a la lectura en cualquiera. También porque me gusta la ciencia ficción que tiene componentes plausibles, que sueña y adelanta lo que la ciencia traerá. En eso Verne fue el precursor de muchos otros que juntamos letras a su sombra.

Es una pena que la lectura de sus obras se esté perdiendo
. Esa es al menos la impresión que me da. Aquellos de nuestros abuelos que eran ávidos lectores de niños, conocían bastante bien a Verne. Los que ahora somos padres y leíamos mucho, también. Los niños de hoy juraría que no. Al menos en España. Y no creo que sea por las muchas películas que han adaptado sus libros con mayor o menor fortuna. La verdad es que no tengo claro el motivo, aunque puedo imaginar unos cuantos, y destaca el exceso de distinto tipo de oferta de entretenimiento más moderna. Tomo nota para procurar que Julia conozca las maravillas de su tocayo del siglo XIX.

Teniendo eso en cuenta es de agradecer que Futuroscope haya decidido recurrir a Verne para su última atracción, inaugurada esta temporada, y no a cualquier franquicia de éxito entre la chavalería.

Tenían muchos libros de Julio Verne con viajes asombrosos para inspirarse, al fondo del mar, al centro de la tierra, a la luna… pero han optado por sus cinco semanas en globo.

A lo largo de la cola exterior nos recuerdan lo visionario que fue el escritor, todo aquello que imaginó y luego fue verdad, desde satélites a submarinos pasando por teléfonos con imagen incorporada.

La zona de espera interior se divide en tres partes y ya es parte de la diversión en si misma
. Una primera en la que conviene no perder detalle, bellamente decorada con multitud de referencias. En la segunda el comandante de la nave y una científica que ha participado en su creación nos dan la bienvenida en un vídeo en francés (subtitulado en español afortunadamente, un idioma que no abunda en el parque). La tercera es un vehículo de la embarque que nos traslada por un Futuroscope del futuro y alternativo cuyos edificios son puertas a los mundos de Verne.

Y luego ya las normas de seguridad y el viaje, que se trata de un vuelo dulce, sobrevolando India (precioso atardecer sobre el Taj Mahal), Egipto, una megalópolis del futuro, el Himalaya… la sensación es de flotar, de volar realmente en globo, viendo el mundo desplegarse a tus pies y notando el viento a la contra en el rostro.

Los adjetivos propicios para describir la experiencia son bonita, agradable, suave… Se disfruta sin necesidad de brusquedad, sin una silla o un vehículo de traqueteo poco confortable, que ya tienen bastante de eso en otras atracciones del parque francés.

La única pega es que sabe a poco. “Es muy chulo, con dos o tres destinos más sería una súper atracción”, fue el comentario de Julia al terminar y tener que abandonar la gran sala en la que tiene lugar. Tal vez también que hay más de Verne en las zonas de espera que en la atracción, que moderniza tal vez demasiado ese viaje en globo perdiendo el encanto del futurismo decimonónico por el camino.


Respecto a todo Futuroscope, que está en su 30 aniversario, me remito a lo que conté aquí hace tiempo. En la base se mantiene, aunque es cierto que ha habido otras novedades: una remodelación de la zona infantil con zona de construcción que equipa a los niños con casco y todo y otra para jugar con canalizaciones de agua, un nuevo espectáculo de Ice Age u otro en el que quince drones bailan en formación. ¡Ah! Y el espectáculo nocturno es ahora otro, La Forge aux Etoiles, y Julia y yo coincidimos en que peor que el anterior, que era más poético, alegre y comprensible, más del gusto infantil.

Es un parque en pulso constante contra el avance de los tiempos. Un parque sin montañas rusas en el que indudablemente se puede pasar una o dos jornadas memorables. Un parque en el que con frecuencia se echará en falta la comprensión del francés por mucho que haya cacharros traductores (que suelen acabar restando espacio en la mochila) y la amabilidad manifiesta de sus trabajadores.

Un parque, en definitiva, que no merece para la mayoría y por sí solo el viaje desde España. No tiene precisamente un aeropuerto al pie. La buena noticia es que la región sí que merece una visita, o varias. Poitiers y sus alrededores, desde Nantes a Burdeos incluso, es hermosa, un destino tranquilo, variado en su oferta de ocio y alojamientos, accesible en coche desde España, con una gastronomía apetecible y asequible. Y dentro de esa visita, Futuroscope sí que es una parada recomendable, sobre todo si hay niños.

Consejos para las madrastras (y padrastros) que no quieren ser las malas del cuento

Muchos cuentos infantiles y las películas que llegaron detrás hicieron un flaco favor a las madrastras. Cargaron una palabra relacionada con la maternidad de tan mal fario que no es raro que aquellas mujeres que lo son, huyan del término.

Hace ya tiempo que una de esas modernas madrastras, que se encontró siendo madre de una preadolescente por amor a un hombre y que ha puesto todo su mejor empeño en hacer bien las cosas con su hijastra, me decía que tenía que escribir al respecto, que hay que reivindicar que las madrastras pueden ser las buenas del cuento.

Claro que sí. El amor no está vinculado necesariamente a la sangre. Y lo normal es que si una mujer quiere a un hombre, también ame a los hijos que él tuvo.

Algo aplicable lógicamente también a la inversa. Los padrastros, que no tienen malvados tan icónicos en la cultura popular como las madrastras que yo recuerde, también pueden ser los buenos del cuento. Suelen serlo de hecho.

Hace cosa de un mes me encontré con un reportaje en BT.com en el que habían hablado con cinco madrastras pidiéndoles consejo para llevar a buen puerto la relación con sus hijastros.

Os lo dejo enlazado para que podáis leerlo entero, pero como está en inglés os hago un resumen rápido de sus recomendaciones, pasadas por mi propio filtro.

Si os encontráis en esa misma situación, cualquier consejo será también bienvenido.

Vamos allá:

  • No intentes  convertirte en su mejor amiga.  Unas hablan de que son figuras de autoridad asimilarse a una tía, que la gente les confunde con madre e hijo por la calle y. O les sacan de su error, pero colegas, mejor que no.
  • No quieras reemplazar a la madre que perdió. Su madre existe o existió (y en ese segundo caso debe seguir haciéndolo en su memoria). Tú eres otra cosa, por mucho que le demuestres todo el amor del mundo y quisieras ser su madre biologica.
  • Si su madre sigue ahí porque te has convertido en madrastra tras una separación, intenta tener una relación cordial con ella. No hace falta ser amigas del alma, ni mucho menos, pero sí ser civilizados y flexibles.
  • En línea con lo anterior es buena idea hacer frente común. Hay reglas, normas, costumbres, castigos, recompensas… que conviene mantener equiparables en ambos hogares.
  • No te rindas. La relación con los niños puede ser difícil, sobre todo al principio. Recuerda que ellos no han elegido tenerte como madrastra (o padrastro) y pueden traer una mochila complicada de cargar. Paciencia. Por lo mismo, ve despacio.
  • Si las cosas se ponen difíciles, tener una red personal de amigos, sean padres o no, con los que compartir retos y preocupaciones puede ser de gran ayuda. En este tema de ser madrastra (o padrastro) como en cualquier otro de la vida de hecho.
  • Y también elemental: divertíos, pasadlo bien. Así se construye toda relación, buscando puntos de encuentro, compartiendo buenos momentos, mirando la vida con buen humor.

Todas llenas de sentido común. ‪en cualquier caso se tratan de realidades únicas, a veces complejas y diversas. Pero el reto de vivir feliz consiste en gran medida en hacer las cosas fáciles.

‘Love Letter’, un juego de mesa que apenas abulta, ideal para jugar en familia

Cuando se va de viaje de agradecen los juegos de mesa rápidos y que ocupan poco que podamos jugar en familia, con nuestros hijos. No sólo por la posibilidad de jugarlos durante el viaje, en trayectos y tiempos de espera de aeropuertos o estaciones, también para que ocupen poco en la maleta y poder disfrutar de ellos en destino.

Los juegos de mesa basados en cartas suelen cumplir esos criterios. Ya hace tiempo os recomendé Virus, un juego de creación española que ha triunfado almas por donde lo he llevado o regalado. Hoy os traigo uno similar: Love Letter de Seijo Kanai.

No es ninguna novedad, vio la luz hace ya un lustro, pero este verano ha triunfado con Julia.

Es un juego muy ágil y bien pensado. Y barato, se puede encontrar por ocho euros.

Con un mínimo de dos jugadores y un máximo de cuatro, la edad oficial recomendada es a partir de 10 años, pero la opinión generalizada de los foros de jugones es que funciona bien a partir de ocho años, algo que puedo corroborar. Julia, con ocho años, lo ha pillado al vuelo. Y las partidas con nosotros están igualadas gracias a que la suerte tiene un papel importante. Y mi impresión particular es que con uno o dos años menos, si el niño tiene tablas y sabe concentrarse y quedarse quieto la media hora que puede durar como mucho una partida, también puede gustarle.

Consta únicamente de una baraja bastante liviana, las instrucciones y unos pequeños cubos rojos para marcar los puntos. Todo ello en una bolsita que cabe en cualquier sitio.

Es fantástico para trabajar la atención, la concentración. También para calcular probabilidades y elaborar pequeñas estrategias a corto.

El objetivo es ganar las suficientes rondas para acumular cinco cubos (o cartas de amor entregadas a la princesa Annette). El primero en lograrlo, gana. Para lograrlo es necesario evitar que eliminen a nuestra princesa, si es que nos ha tocado a nosotros.

La mecánica  es muy sencilla. Se tiene siempre una carta en la mano, que representa a uno de los ocho distintos personajes con facultades diferentes. En nuestro turno robamos una nueva carta y elegimos cuál de las dos cartas jugar.

Y si la temática de la nobleza y el servicio enviando cartas de amor a la princesa (probablemente ese argumento sea lo más flojo del juego) no nos entusiasma, siempre se pueden elaborar versiones caseras (Harry Potter, Superhéroes de Marvel, Pokémons, El señor de los anillos…) inspiradas en el universo que más nos guste basadas en la mecánica del juego. Nosotros haremos alguna con toda seguridad.

Todo hay que decirlo, también hay versiones modificadas y oficiales a partir del juego original.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

En noviembre llegará a los cines una nueva película de Pokemon

No sea un gran estreno, uno de esos que copan salas de cine de toda España y a los que cuesta esquivar, pero sí que habrá oportunidad de ver a Ash y a Pikachu en pantalla grande el cinco y seis de noviembre.

Un estreno limitado de la nueva película de dibujos basada en el universo de lo pokemons, que reinicia la saga, que muestra cómo Ash (el niño que viste de rojo y azul y siempre va con gorra, para los despistados), se encuentra con Pikachu y comienzan sus aventuras.

Un reboot que imagino que se explica por el reciente éxito de Pokemon Go, el juego de móviles que copó titulares hace casi exactamente un año y que no está tan desaparecido como muchos puedan creer. Y tal vez engarce con los recientes lanzamientos para la consola portátil de Nintendo Pokemon XY y, más recientemente, Pokemon Sol y Luna.

Yo iré a verla con Julia con toda seguridad. Sin esperar una película que compita en la categoría de animación de los Oscar este año, ni mucho menos. Solo para pasar un buen rato viendo en pantalla grande lo que ya conocemos de sobra.

Los pokemons son como las embarazadas. Cuando esperas a un bebé no dejas de ver barrigas semejantes en otras mujeres. Cuando tienes un pequeño fan de los pokemons en casa te das cuenta de que están por todas partes. En cromos, series, libros, juegos, galletas de chocolate…

Por si hay más padres de esos pequeños fans de los pokemons (que son legión) por ahí, os dejo con la información que están facilitando al respecto:

La película Pokémon ¡Te elijo a ti! es una historia sobre los orígenes del primer encuentro de Ash y Pikachu, así como sus aventuras mientras buscan al Pokémon legendario Ho-Oh. Durante su travesía, el icónico par se encuentra con caras conocidas y con personajes nuevos, como los Entrenadores Verónica y Samuel, e incluso se cruza con un nuevo y misterioso Pokémon singular, Marshadow.

“Al ser una película sobre los orígenes, es la perfecta manera para que las nuevas generaciones de fans de Pokémon experimenten los comienzos de la amistad entre Ash y Pikachu, y ofrece a los fans de siempre una nueva y emocionante forma de ver el inicio de sus épicas aventuras”, declaró Colin Palmer, vicepresidente de Marketing de The Pokémon Company International.

La película Pokémon ¡Te elijo a ti! se mostrará en cines solo durante dos días, el domingo 5 de noviembre y el lunes 6 de noviembre de 2017, en determinados mercados internacionales.

Más información sobre las ubicaciones de los cines participantes, las fechas de venta de entradas y los detalles del evento estará disponible próximamente en www.FathomEvents.com. Los padres y los fans pueden visitar ahora el sitio web para apuntarse y recibir actualizaciones y detalles sobre el nuevo estreno cinematográfico limitado.

Las guerras de la lactancia

No escribo ya apenas de lactancia materna. Muy poco. En los últimos dos años solo recuerdo haber escrito algo al respecto durante la primera semana de agosto, que está dedicada precisamente a la lactancia. De hecho este año ni siquiera pensaba hacerlo.

En el pasado hable mucho de lactancia, muchísimo. Mis dos hijos tomaron el pecho hasta pasados los dos años y eso se tradujo en que fui madre lactante durante un lustro entero, que se dice pronto.

No sabía nada de la lactancia materna antes de tener a mis hijos, para mí fue un descubrimiento sobre el que leí mucho y sentí mucho y que quise compartir con los demás desde este blog. Siempre desde el respeto, sin pretender obligar a nadie a seguir un camino en concreto.

Las premisas eran muy sencillas:

  • La lactancia materna es nutricionalmente y para la salud de madre e hijo la mejor opción, sin duda, pero sin que eso signifique que la artificial sea mala.
  • La lactancia materna para mí fue una experiencia maravillosa, pero ninguna mujer es mejor o peor madre por haber  dado pecho o biberón. No tiene nada que ver.
  • La lactancia materna es algo natural, que debe verse con la misma naturalidad que cuando se alimenta con un biberón y no deben ponerse trabas a la alimentación de un bebé al pecho.
  • Defender la lactancia materna no implica atacar a aquellas mujeres que hayan optado o se hayan visto obligadas a usar lactancia artificial.

A priori debería ser un tema bastante blanco, poco dado a la afrenta. No obstante, jamás hubo contenidos tan polémicos como los de la lactancia, jamás hubo tantas discusiones y tan agrias, nunca tanta gente se sintió atacada, ofendida o incómoda. Con insultos en todas las direcciones.

Incomprensible.

Para mí son polémicas lejanas. Mi blog, que pronto cumplirá una década, va evolucionando al ritmo que camina mi vida. La maternidad es cambiante, incluso creciente. Ahora los temas que me ocupan son otros.

Han pasado muchos años de todas aquellas discusiones y tal vez por eso me sigue llamando la atención que siga siendo un tema tan sensible, que no se supere, que haya tanta sensibilidad a flor de piel, que los insultos, la incomprensión y la falta de empatía afloren con cada nuevo contenido al respecto, que los prejuicios nublen la comprensión lectora.

Lo he seguido observando todos estos años. La última vez ayer mismo, cuando Boticaria García, que además de farmacéutica es nutricionista, escribió al respecto.

¿Llegará el año en el que logremos superar las guerras de la lactancia?


(GTRES)
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