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La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

Sobre la inclusión en los colegios y los colegios especiales

La inclusión es lo deseable, lo que yo querría, lo que cualquiera en su sano juicio pediría. Una inclusión bien hecha que permitiera a los padres elegir un colegio cercano, al que también puedan acudir los hermanos de ese niño con autismo, con Down, con parálisis cerebral… con lo que eso facilitaría la intendencia familiar. La inclusión que pone los recursos y las manos que hacen falta allí donde hay un niño con necesidades.

La inclusión bien hecha está muy lejos de estar teniendo lugar. Salvo en las pocas excepciones en las que coinciden niños con unas características que el centro educativo puede gestionar y voluntad por parte de los profesionales del centro, la inclusión es una entelequia. Los dictámenes tardan. Apenas hay plazas para la demanda existente. Las ratios suben claramente o de manera camuflada. Demasiados docentes consideran al niño con autismo, Down o parálisis cerebral que llega a su clase más un marrón que alguien en quien volcarse. Incluso los profesores mejor predispuestos carecen de las suficientes ayudas, formación actualizada y tiempo. Con frecuencia los niños en modalidad inclusiva no son estimulados y enseñados como necesitan, no tienen un plan individualizado con objetivos claros. Lo que suele suceder es que acaben siendo ‘invitados’ a irse a la vía especial antes o después.

Hay que seguir peleando por una mejor inclusión. No debemos dejar de exigir que todo (y es un todo muy grande) vaya mejorando. Y son exigencias que hay que dirigir más a la Administración que a la comunidad educativa. Ahí está la raíz del problema, en la falta de voluntad política para dedicar recursos y cambiar viejas inercias. En otoño de 2015 el gobierno aprobó una Estrategia Española en Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) que tenía como uno de sus pilares garantizar una inclusión escolar carente de presupuesto y que, por tanto, se ha quedado en un canto al sol. Algo que ya sabíamos entonces.

Tras leer el documento con detalle, lo que cualquier lector concluye rápidamente es la inexistencia de partidas económicas, ni siquiera una mención. Es más, hay una traslación clara de responsabilidades hacia las Comunidades Autónomas, quedando el Gobierno Central como mero cómplice ideológico del asunto. Primer dilema. Porque el texto malo no es, es más, algunos de sus apartados son bastante buenos. Pero como plan estratégico obvian decir cómo pretenden llevarlo a cabo, por tanto en vez de plan estratégico no deja de ser una estupenda declaración de intenciones, o de reconocimiento de carencias.

Los colegios especiales son necesarios. Dado que no existe esa inclusión de verdad, decente, que no depende de que el niño tenga un nivel manejable para el centro con el mínimo esfuerzo, es imprescindible contar con los centros de educación especial. Sin ellos estamos perdidos. De hecho, a día de hoy, es fácil que sea el mejor lugar para muchos de nuestros niños, el que mejor les atienda, enseñe y en el que más felices estén.

(GTRES)

Para muchos padres acudir a la vía especial es visto como una derrota, como una manera de excluir de la sociedad a su hijo, es condenarle a vivir al margen o es un motivo de tristeza, como tirar la toalla, más expectativas rotas. Entiendo esas reacciones pero es preciso reconducirlas. Nadie dice que un niño no pueda regresar de la vía especial a la ordinaria. De hecho, sucede. Pese a casos como el del colegio especial público de Getafe, en esos colegios hay muchos buenos profesionales trabajando con empeño y cariño por sus niños. Es en los colegios especiales dónde yo he visto a los maestros más entregados y vinculados con sus alumnos.

Además de colegios especiales públicos, a los que acuden niños con todo tipo de discapacidad, dentro de la vía especial también hay colegios específicos concertados y privados, centros normalmente especializados en autismo, en Down o parálisis cerebral. Los tradicionales conceptos, ideologías y prejuicios relacionados con la enseñanza pública, privada y concertada en vía ordinaria no son extrapolables en este caso. La mayoría de los centros específicos especiales son pequeños, muchos fueron formados por padres que se vieron huérfanos de respuestas educativas decentes, son con frecuencia asociaciones y fundaciones sin ánimo de lucro que cumplen una función social, que intentan dar respuesta a una necesidad no cubierta para muchas familias. Son pocos, no los hay por toda España, no merecen estar en el punto de mira de los que luchan legítimamente por una enseñanza pública de calidad.

Los niños que están en Educación Especial o que están en algún tipo de modalidad inclusiva en Ordinaria son tan poco importantes para la Administración que ni siquiera hay datos fidedignos sobre ellos. Hace unos tres años quise elaborar un reportaje sobre el tema y solo logré saber que en el curso 2011/2012 había 33.447 niños escolarizados en España en Educación especial, en 479 colegios. Y son datos que no son ajustados a la realidad. Habría que ir una a una por cada Consejería de Educación de España solicitando la información. Lo intenté y resultó imposible. Además, la delegación de competencias hace que haya situaciones de escolarización difícilmente comparables y faltan todos los que están en colegios ‘normales’, en vía especial o inclusiva. Es más, me consta que el INE recoge datos pormenorizados de todos los centros de educación especial, pero esos datos luego no se procesan de ningún modo ni los pueden, por tanto, facilitar a un periodista que los pida. Simplemente los recogen y ahí se quedan.

Ya lo decía el profesor de la Universidad Carlos III de Madrid Ignacio Campoy hace cuatro años, en un estudio que presentó Unicef sobre la situación de los niños y las niñas con discapacidad en España.

La lamentable escasez de estadísticas es, precisamente, una de las observaciones que el Comité de los Derechos de las Personas con Discapacidad le hizo a España. (…) La necesidad de realizar más estudios y más específicos sobre cada uno de los problemas que afectan a los niños y niñas con discapacidad es absolutamente necesario, primero para ser conscientes de cada problema, de su especificidad, y después para que se comprenda que hay que dar una urgente y adecuada solución y se sepa cómo hacerlo.

La entrada al colegio de educación especial específico para niños con autismo Aucavi sur. (ELENA BUENAVISTA)

En un colegio de educación especial público madrileño a un niño con autismo: “¿Te echamos agua por encima?” “Me da miedo. ¡No me pises!”

Hoy iba a escribir de otro tema, de uno completamente distinto que tendrá que esperar. Cuando acudía en coche a la redacción escuché una noticia en la Cadena Ser que me revolvió por dentro: tres trabajadoras de un colegio de educación público de Getafe, la tutora del niño, una profesora de apoyo y una auxiliar de enfermería, han sido imputadas por malos tratos a un niño con autismo.

Un niño cuyo comportamiento cambió tanto que sus padres decidieron mandarle al colegio con un dispositivo de grabación oculto. Se trata del Colegio Santiago Ramón y Cajal. Y el audio que me revolvió por dentro fue el siguiente:

“¿Te bloqueo?” “Suéltame. Voy a estar fenomenal”. “¿Vamos al médico? Y te van a pinchar en el culo?” “¿Te echamos agua por encima?”. “Me da miedo. ¡No me pises!”. “¡Qué le aguante tu tía a éste!” “¿Le vas a contar a mamá también que no trabajas?”.

No puedes amenazar a un niño con ir al médico. Se escucha claramente en la grabación, y meter miedo con algo así es absolutamente anti pedagógico. Lo que hay que hacer es lo contrario en todo caso, normalizar el hecho de ir, practicar exploraciones ficticias, acostumbrarles a las batas blancas para facilitar las visitas a centros de salud y hospitales.

No te puedes reír de un niño que lo está pasando mal. Con o sin discapacidad, me da igual. Un niño sufriendo no es motivo de risas y bromas en ningún caso.

No puedes aprovecharte del hecho de que el niño tenga problemas de comunicación, de que no se exprese con facilidad, para que no trasciendan prácticas que tienes que saber que no son las adecuadas, porque eres un profesional formado.

Todo el mundo está sujeto a perder la paciencia, a derrapar en alguna ocasión, a errar y darse cuenta de que has metido la pata. A los padres también nos pasa. Los padres también sabemos que hay ratios exageradas, pocos recursos, muchas exigencias… Pero no se puede ser cruel. No puedes desarrollar un corazón de piedra cuando tu trabajo consiste en cuidar y enseñar a niños. Con o sin discapacidad, neurotípicos o no.

Si a mí me retorció por dentro escuchar esa grabación, no quiero ni imaginar el dolor de los adultos que aman a ese niño con autismo cuando se encontraron con ella. Espero sinceramente que la administración educativa y las autoridades implicadas a partir de este momento investiguen a conciencia y depuren responsabilidades.

Cuando enviamos a nuestros hijos al colegio, confiamos en que los profesionales con los que se encuentren actúen con bondad, con empatía. Estamos dejando en sus manos lo que más queremos. En el caso de los niños más pequeños, de los niños con algún trastorno, enfermedad, discapacidad… cuya indefensión y necesidades son mayores, contar con maestros sensibles y preparados es vital.

(GTRES)

Quiero terminar con un texto de hace algunos años en el que reivindicaba la labor de los buenos profesionales que trabajan en Educación Especial. Son muchos, se enfrentan a demasiados retos, no reciben apenas reconocimiento y sí con frecuencia las zancadillas de algunos padres que orientamos equivocadamente nuestras expectativas, problemáticas o necesidades. Las familias, unidas a la falta de recursos, estamos quemando a buenos profesionales cuando es al Administración a la que deberíamos dirigir nuestras quejas.

A esos buenos profesionales hay que mimarlos. A aquellos que no tienen la sensibilidad necesaria para trabajar con niños, hay que apartarlos de los centros educativos.

En las manos de los docentes dejamos lo que mas amamos, necesitamos profesionales capaces, sensibles, flexibles, que no se acomoden y entiendan la importancia de su labor. Y ellos necesitan consideración, respeto y medios para hacer su trabajo.

No, no todos son buenos profesionales. Los hay maravillosos y execrables, como en cualquier oficio. Y también hay una gran mayoría que procura hacer bien su trabajo, que pone interés y ganas, que no brillo, y que pueden equivocarse como cualquiera.

La mayoría, cuando oye hablar de algo como el día de los docentes, piensa en esos maestros de infantil o primaria, abriendo el mundo a niños pequeños; en los profesores de secundaria que procuran transmitir conocimientos y, sobre todo, el interés por adquirirlos; tal vez también en los profesores universitarios.

No son en los que primero pienso yo. Los docentes que tengo en mente son Ana, Ruth, Fran, María, Merche… y sus alumnos son niños como mi hijo, como Jaime. Niños con autismo, con parálisis cerebral, con síndrome de Down, con X-frágil… a los que hay que ayudar a ser lo mas autónomos y felices posible en un mundo aun poco adaptado a la diversidad. Docentes que con frecuencia por poco dinero y con mucho trabajo tienen que ser aún más flexibles, capaces y sensibles para adaptarse a alumnos que son únicos, con retos y necesidades diferentes.

Niños a los que enseñar a asearse, a regular su conducta, a comunicarse por los medios que sea, a alcanzar todo el potencial que encierran para encararse a esa sociedad a la que tanto le cuesta aceptar la diferencia.

Maestros que no se puede permitir los escrúpulos, la rigidez o que les fallen las fuerzas (tanto las físicas como las internas), que desarrollan su labor en colegios especiales, específicos, ordinarios, en centros de atención temprana, incluso acudiendo a las casas de sus alumnos. Maestros que, igual que muchos padres, se enfrentan al “no sé cómo lo haces” cuando cuentan a qué se dedican, a días complicados, a problemas inesperados.

En el curso 2011/2012 había 33.447 niños escolarizados en España en educación especial, en 479 colegios. Son muchos mas en realidad, ya que ahí no se cuentan los que acuden con apoyos a centros ordinarios.

Niños en los que nadie piensa cuando se habla en los medios de comunicación de la vuelta al cole, nos inundan de publicidad para conseguir nuevo material escolar o nos mandan los catálogos de juguetes para la Navidad. Niños de los que pocos se acuerdan atendidos por maestros que pocos recuerdan.

Merece la pena revisitar con nuestros hijos muchas viejas películas del oeste

Nací en el 76, así que fui niña en los ochenta. En esa época, como bien sabréis muchos de los que me estáis leyendo, estábamos a años luz de tener la oferta audiovisual de la que nuestros hijos disponen ahora. Había dos canales públicos y todos veíamos más o menos lo mismo, lo que explica la nostalgia multitudinaria de las series y programas de hace tres décadas, algo que nuestros hijos difícilmente experimentarán cuando pasen de los cuarenta.

Entre aquella escasa oferta a nuestra disposición se encontraban las películas de vaqueros. Recuerdo perfectamente que, durante muchos años, era tradición ver el wéstern que programaban los fines de semana por la tarde, tras el telediario y los dibujos animados, en plena hora de la siesta.

No siempre eran películas del oeste, también había bélicas como Los cañones de Navarone. Y las del oeste no las emitían únicamente a esas horas, ya lo sé. Pero yo las identifico sobre todo a esa hora y me recuerdo viéndolas junto a mi abuelo, que sigue a nuestro lado, ya nonagenario.

Crecí amando esas historias. Las buenas claro, que son muchas. Bien sé que también hay en ese género, como en todos, muchas cintas malas y regulares.

Hablaba con mi compañero David Yagüe, autor del blog de novela histórica XX Siglos con el que comparto el amor nacido en la infancia por los westerns, que probablemente no seamos tan rara avis cómo pueda parecer. Tiene que haber muchos más niños por ahí que crecieron disfrutando lo que mi abuelo llamaba ‘vaqueradas’.

‘Río rojo’ (1948)

Por aquellos recuerdos tengo la íntima convicción de que muchas viejas películas del oeste, son país para niños.

Tendría que volver a verlas de nuevo, siendo ya madre, para saber hasta qué punto su ritmo, sus guiones, sus personajes son del gusto de los niños de ahora, son convenientes en estos tiempos modernos en los que vigilamos con más cuidado lo que presentamos a la infancia. Hay unas cuantas que he seguido viendo de adulta, pero otras permanecen en la niebla del disfrute pasado.

Hay muchos wésterns demasiado violentos, complejos o que han quedado tan anticuados que no tiene sentido recuperarlos. Pero también los hay aptos, asumiendo que son productos culturales hijos de su tiempo y que yo creo que los niños son capaces de manejar eso. Y estamos en una época prolífica en contenidos, pero en el que no nos llegan tantos que sean de calidad y y se puedan disfrutar en familia. Casi todo suele ser demasiado infantil o demasiado adulto.

Con mi hija de momento solo he visto una: Horizontes de grandeza de William Wyler. Y sé bien que esa sí es recomendable para niños a partir de unos ocho o diez años. Solo sus casi tres horas pueden suponer un problema, pero si no nos empeñamos en verla de una sentada no tiene que ser ningún problema. En ella Gregory Peck es un marinero del este en tierra que se niega a usar la violencia, que lleva el calor por dentro sin importar lo que piensen los demás, y que convierte esa actitud en el camino a seguir para prosperar. Junto a él Jean Simmons como una maestra empeñada en conservar su independencia, una mujer fuerte que se niega a vivir a la sombra de un hombre solo porque aquella sociedad lo exija.

‘Horizontes de grandeza’ (1958)

Hablando con David Yagüe, sin tener que pensar apenas, enseguida nos vinieron a la mente títulos que nos gustaría revisar en familia, con nuestros niños como Los tres padrinos, un cuento de navidad versionado con cowboys; ese otro alegato pacifista que era Flecha rota Con James Stewart, la película en la que yo pensé tras ver Avatar; la divertidísima Las colinas de las batallas del Whisky; el camino contra la adversidad de Caravana de mujeres

‘La diligencia’ (1939)

Hay más. Algunas que pueden ver niños de ocho años, otras a partir de diez o doce. No sé cuáles recomendaríais vosotros, pero a nosotros no paraban de ocurrírsenos títulos: El dorado, El álamo, La diligencia, Río Bravo, La leyenda de la ciudad sin nombre, Los profesionales, Soldado azul (esa ya en la adolescencia), Valor de Ley, Pequeño gran hombre, Río Rojo

Sería una pena que todas esas buenas historias se perdieran.

‘Caravana de mujeres’ (1951)

Para terminar, aquí tenéis una lista con las mejores películas de vaqueros en las que aparecen muchos otros títulos: Centauros del desierto, La conquista del Oeste, winchester 73, Cimarrón

¿A quién le preocupa que mañana sea lunes?

‪Desde los dieciocho años. Tenemos más de cuarenta. Dos niños, el no parar diario, tareas constantes… y que aún haya raptos en los que le miras y se te detiene un instante el corazón. En los que las manos y las miradas vuelan.

Miras y ves en él, casi superpuestos, al capitán adolescente del equipo de baloncesto, al universitario despreocupado, al treintañero siempre soñando con subirse a un avión y al padre que repasa multiplicaciones. Un juego de muñecas rusas de carne y recuerdos que aún no ha terminado de formarse. Un amor de verdad, cotidiano y real. Una suerte infinita.

¿A quién puede preocuparle así que mañana sea lunes? Creo que lo único que debería preocuparnos es olvidar cómo mirar; no practicar el parar y ser conscientes de aquellos, de aquello, que realmente importa.‬

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos

Más de diez años de blog dan para mucho. También para hablar varias veces de besos.

Os he contado el momento en el que Jaime, con siete años y autismo, entregó espontáneamente su primer beso, mi niño de oro que entrega felizmente besos en la mejilla diciendo “puá” en cuanto se le piden. Os he hablado de cómo a mi hija no le gusta dar besos, como a muchos niños, y de la insistencia injustificada de muchos adultos por recibir esos besos infantiles, aunque sean obligados y a desgana y por tanto no valgan nada. Por eso también os hablé de que no deberíamos enseñar a los niños a aceptar las peticiones de besos y caricias de los adultos en contra de lo que sienten o les apetece.

He recordado la primera vez que intuyes la magia que puede encerrar un beso. También esos besos fugaces que sentimos el impulso de dar a nuestros bebés y niños pequeños, un momento de rapto, un impulso, una ráfaga de amor punzante. No poder evitarlo. Acercar el rostro a la cabecita de tu hijo, a su mano, a su carita y depositar un beso tierno, suave.

Os he explicado que no beso a mis hijos en los labios, porque no nace de mí. Pero que hacerlo si es con agrado y amor por ambas partes no debería incomodar a nadie. Igual que tampoco hay nada de malo en que los adultos se besen delante de los niños. Mostrarse amor con un beso y con  naturalidad es una forma de que nuestros hijos vean ante sí una relación normal de pareja. Y a los niños les da mucha seguridad ver a sus padres queriéndose.

Me dicen que este viernes, 13 de abril, es el día internacional del beso. Un día en el que os he resumido todo lo que os he ido contando respecto a besarse a lo largo de una década pidiéndoos que veáis los besos siempre como como una muestra de cariño que no hay que esconder; un precioso regalo por parte de un niño si nace de él darlo, y algo vacío si se fuerza o se exige.

Mejor para cualquier niño recibir demostraciones de amor que crecer en un entorno en el que no hay besos, no hay abrazos, no hay “te quieros”, en el que siempre es un invierno emocional.

Ojalá no hubiera niño en el mundo al que le faltasen los besos. Ojalá todo lo que vieran los niños de los adultos fueran gestos de amor.

FOTOS: (GTRES)

Que pediatras o maestros se dirijan a las madres y obvien a los padres, es micromachismo

No es nada nuevo. Me he encontrado con relativa frecuencia la misma queja en padres recientes desde hace años. Cuando acuden a una reunión o charla en un terreno eminentemente infantil, de crianza,se sienten ninguneados. Si las madres están presentes, los profesionales se dirigen (consciente e inconscientemente) a ellas y ellos son, en gran medida ignorados. A veces incluso sobrevuela la impresión de que su opinión en estos temas vale menos, que sus aportaciones tienen menos peso, sobre todo cuando chocan con las de las madres.

Pueden ser revisiones con el pediatra, tutorías con maestros, visitas a guarderías, apuntes cotidianos de los educadores infantiles a las puertas del centro, cursos de preparación al parto, corrillo de recomendaciones de abuelas, vacunaciones con personal de enfermería… Hay muchos escenarios posibles y podría apostar a que todos hemos sido testigos de ese obviar a los padres, de ese llamar a la pluralidad en femenino.

Es tan frecuente, son tantos, que podrían embarcarse perfectamente en su particular ‘me too’ de la paternidad.  

Lo recordaba hace poco tras el tuit de Raul Gay, padre reciente y combativo en el buen sentido:

Lo llama micromachismos y estoy de acuerdo.

Cierto es que aún hoy, en todos esos momentos y lugares, la presencia femenina es mayoritaria. Un buen lugar para hacer un ejercicio estadístico son las reuniones en las que los centros escolares convocan a padres y tutores de toda la clase. Siempre hay una mayoría (más o menos abrumadora) de mujeres. Pero ese es otro tema. Y no es excusa.

Afortunadamente cada vez más padres se implican activamente, por igual o en mayor medida incluso, en la crianza de sus hijos. Cada vez son más los que entienden lo que significa la corresponsabilidad. 

Y no merecen ser pagados de semejante manera.

Imagen de los protagonistas del delicioso manga ‘Padre e hijo’.

 

Elegir colegio cuando tu hijo tiene autismo, entre la pesadilla y la entelequia

Elegir colegio para nuestros hijos. No es una decisión baladí, dado que va a marcar el futuro de nuestros hijos en muchos sentidos. Siempre es difícil, siempre hay dudas. O al menos lo lógico es que los padres y tutores que debemos afrontar esa elección nos lo tomemos en serio y las tengamos.

En el caso de los niños con TEA
, la elección de centro escolar es especialmente una pesadilla. Pocos centros entre los que elegir; diagnósticos iniciales que coinciden precisamente con el inicio de la vida escolar del niño; dictámenes de escolarización que se retrasan o con los que no estamos de acuerdo; centros que nos gustan y no tienen plazas, o que están muy lejos y carecen de ruta; varios cambios de modalidad educativa y de centro escolar en pocos años obligados por las circunstancias…

Probablemente uno de los aspectos más difíciles de tener un hijo con autismo sea precisamente afrontar de la menor manera su escolarización. Si ya es complejo con un niño que no tiene ningún tipo de problema, si hablamos de uno con autismo, las dificultades se multiplican. Os invito a preguntar a cualquier padre de un niño con autismo escolarizado y podréis comprobarlo.

No se está dando una respuesta adecuada a las necesidades de escolarización de nuestros niños. Es un hecho del que estos testimonios dejan constancia.

(ELENA BUENAVISTA)

 

Isabel. Iván estuvo escolarizado en centro ordinario con apoyos los 2 primeros años del ciclo infantil, su afectación sobre todo a nivel cognitivo cada vez era más evidentes y por ende sus necesidades de apoyo. Coincidió con los grandes recortes de la crisis y a parte de reducir los apoyos aumentaron el número de alumnos en su aula, así que decidimos buscar un centro o aula específico. En Guadalajara en aquella época no existía ninguna de las dos opciones, así que optamos por buscar centro en Madrid (otra comunidad autónoma) todo muy complicado en trámites. Finalmente conseguimos plaza en el centro de ARAYA, a 50 km de casa, en el que sigue escolarizado actualmente.

Creo importante comentar que Iván aún no habla ni escribe, pero aún así llevan ya 4 años denegándonos la beca de logopedia del MEC (será que entienden que un niño que no habla no necesita apoyos extra…).

Bueno, yendo al grano, la asociación APANAG de Guadalajara, con mucho esfuerzo ha conseguido construir un centro que de servicio a los chicos con TEA de Guadalajara y alrededores. Este año ha empezado a funcionar un aula con resultados bastantes positivos en lo que respecta a los chavales y sus familias. Pues bien, este año se ha solicitado el concierto educativo con la consejería de Educación para esa y 3 aulas más, y resulta que publicado el concierto solo conceden la ya existente EBO1 y una TVA (transición a vida adulta), con lo que nosotros que nos correspondería EBO2 nos quedamos fuera del colegio y tendríamos que seguir llevando a Iván a 50 km de casa. Pero lo grave es que hay niños en ese aula EBO1 que por edad deberían saltar a EBO2, como no existe esa opción porque no conciertan ese aula, ¿qué pasa con ese niño? ¿Se queda fuera del sistema? Buscamos una solución chapucera…(para variar). Y así está la escolarización de chicos con TEA en Guadalajara 😓.

Lo mejor es la causa por la que desestiman la concesión del aula EBO2 del colegio de APANAG, “no satisface necesidades de escolarización”…. ¿perdón? Si hubiese más aulas TEA (solo existe una y funciona muy regular por lo que cuentan) o colegios específicos por la zona, aún lo entendería; es más, si los apoyos ofrecidos en los centros ordinarios fueran adecuados y suficientes.

Nosotros afortunadamente tenemos plaza en ARAYA y a no ser que ocurra algo que permita abrir ese aula EBO2 seguiremos yendo a Madrid todos los días (gasto y palizón, afortunadamente equilibrados con un equipo docente de lo mejor y en el que Iván y nosotros nos sentimos como en casa).

Yenny. Tienes toda la razón si ya con una educación ordinaria cuesta, más aún con nuestros niños, primero el famoso dictamen, que sí o sí es un colegio de educación especial con tan solo tres años que ya sabemos los padres que tienen muchos años para ello, y como nuestra lucha es un entorno normalizado pues nos negamos a este tipo de instituciones donde hay muchos diagnósticos y en muchos casos podría implicar un retraso en lo ha logrado, finalmente al no aceptarlo, buscar un cole con un aula arco iris/cometa/cyl con el nombre que se le dé en cada colegio un aula TEA que debe tener 5 niños de edades semejantes mínimo con dos profesionales , su maestra especialista ( comunicación y lenguaje , comportamiento , etc) una integradora social que les dé el apoyo necesario en patio , comedor etc… Hay aulas que incluso tienen más de 5 niños lo que es un caos porque no se les da la atención a cada uno según su demanda , y hay coles que ni asoman con tenerlo porque no hay presupuesto , niños sí pero presupuesto no (burocracia), luego de encontrar cole todo los que conlleva personal directivo, maestros, compañeros, entorno, y, por supuesto, la forma de trabajar en el aula, teniendo en cuenta que muchas veces el problema no está en la forma de aprender sino la manera de enseñar, lógicamente a esto se le suma que nuestros hijos se sientan involucrados y queridos, ya que el cariño y el respeto forman parte de ese sin fin de características

Goldonxa. Hace falta más formación por parte de los profesionales, tanto del centro en general como los especialistas del aula. Así los padres no nos sentiríamos unos incomprendidos cuando vamos a las reuniones y parece que le hablamos en chino. Hace falta un mayor número de recursos tanto a nivel de aula como en aquellos momentos como puede ser comedor, patio… Hace falta una mayor comunicación entre escuela y familia.

Joana. Mi hijo es ásperger y va por su tercer colegio. Los cambios fueron antes de tener un diagnóstico pero ya se le veía especial.

Mirella. Yo te puedo hablar sobre nuestra situación. 6 años y medio, diagnosticado en su cumple de 6 años (ásperger), ya estaba desde hace dos años en un colegio privado y ahora, en abril, en 1º de primaria, fue “invitado” a buscar un otro colegio. Oí de la directoria general que esté colegio no es inclusivo, ni lo intenta en serlo. Es muy triste… y ahora no lo sé donde vamos a ponerlo!

Sara. Pues el de mi peque se enorgullece de ser integrador. Y creo que ellos desde sus conocimientos , así lo intentan. La realidad es que una asociación vio dentro la clase a los chicos y me dijo sin paños calientes que nuestro niño era “la mascota” de la clase. En este centro que tienen su PT y AL siguen su modelo. La asociación no esta autorizada a trabajar en él. ¿Qué podemos hacer los padres? ¿sufrir un poco más? ¿No pueden entre todos coordinarse y respetar su trabajo sin aplastarnos. En lugar de despreciarse mutuamente, ¿las terapias y cole no tendrían que complementarse?.

Rescri-Exl. En nuestro caso falta de personal en el colegio. Aunque hay PT, AL y educadoras no hay el mínimo legal por número de alumnos TEA y eso afecta en la disminución de horas con especialista o de integración en aula ordinaria. Lo peor, que como hay otros coles en peor situación parece que no tenemos derecho a quejarnos.

Delfy Mara. Escogimos centro de educación especial público en contra del dictamen que decía ordinario con diagnóstico oficial. Allí tenía un gran equipo e instalaciones adecuadas que avanzó tanto que al tercer año nos recomendaron aula Cyl en cole ordinario. Tres cursos después fueron desapareciendo sus necesidades de apoyo y adaptaciones y desde entonces está totalmente en inclusión cursando secundaria en instituto público y ya nos dicen que lo ven perfectamente llegar donde el quiera. Estoy convencida que si hubiera empezado en ordinaria hoy estaría al revés en educación especial.

David Broncano, Quequé e Ignatius Farray piden disculpas por su bromas respecto a las personas con ásperger y autismo

El 2 de abril fue el Día mundial por la concienciación sobre el autismo, un día designado por la ONU para precisamente erradicar prejuicios que rodean y perjudican a las personas con TEA, falsas creencias como que son violentas, son incapaces de integrarse en sociedad, les gusta estar aislados, no empatizan… Un día para informar de manera correcta.

El 6 de abril en La Ser, en el programa La vida Moderna de David Broncano, Quequé e Ignatius Farray, se habló del autismo y del ásperger de un modo que da pábulo a esas falsas creencias. De una manera que iba mucho más allá de lo que, a mi parecer, contemplan los límites del humor, de los que tan en boga está hablar hoy en día.

Aquí tenéis el vídeo:

Aquí una pequeña transcripción que he hecho de la charla:

Quequé – Si en este programa hemos convenido que el pádel es el tenis de los discapacitados, ¿en qué lugar deja esto al bádminton?
Broncano – El bádminton es más difícil que el pádel, en mi opinión.
Ignatius – El bádminton es más difícil, pero es más gilipollas. El bádminton serían los asperger, los ‘messis’ de la vida, que te hacen una cosa bien, por ejemplo mete goles y come coños de puta madre, pero en lo demás es socialmente inútil.
Quequé – Yo te lo compro, pero yo veo más que el autismo sería el squash, por que el squash es muy de pám, púm, pám! (acompañado de gestos de dar raquetazos con violencia)
Broncano- En el squash te metes en una jaula acristalada y te reviento aquí a hostias a la pared.

Desde ese día, y han pasado cuatro, numerosas personas vinculadas con el autismo han solicitado a los presentadores que se retracten. Hay además una petición con casi 12.500 firmas en Change pidiendo unas disculpas públicas.

Es muy difícil hacer humor, aquellos que se adentran en este terreno y saben pisarlo con firmeza tienen todo mi respeto, porque requiere de una sensibilidad especial que permita distinguir de qué, hasta dónde, hasta qué punto podemos reírnos de algo o alguien y de qué manera, sin autocensurarse injustificadamente. Pero incluso los que mejor se mueven sobre esas arenas, que estoy de acuerdo en que cada vez son más movedizas, pueden meter la pata, medir mal, pasarse de frenada, dejarse llevar por el directo estando entre amigos y ofender injustificadamente.

Este es un ejemplo de ofensa injustificada en nombre del humor y además nociva. Cuando eso sucede, no debería pasar nada por pedir disculpas. Todos erramos en nuestros oficios. Todos metemos la pata alguna vez. Somos humanos.

Y, a su manera, en este caso las disculpas han llegado en el arranque del último programa, en su tono y extendidas. Y yo, a título particular, las acepto.

Broncano –  Y ahora sí. Este es otro colectivo más que se ha enfadado. Se ha enfadado otra gente. Se ha enfadado la Asociación Española de Autismo, de autistas. Vamos a ver… ¡Juan Ignacio!
Ignatius – Este papel me lo pasas a mí.
Quequé –  El autista del programa.
Ignatius – Vamos a ver, desde todo el cariño. Yo pude derrapar a lo mejor con algún comentario.
Broncano – Pudimos, pudimos.
Ignatius – Empezamos a liarnos, con el bádminton, el asperger… Bueno, las bromas.. Yo quiero simplemente aprovechar la oportunidad, señoras y señores, desde el cariño. Y no quiero que esto se pueda malinterpretar de nuevo para crear confusión y malentendidos. Con todo el apoyo y con todo el cariño (se despoja de la camiseta) ¡Todo el mundo con el asperger! ¡Todos con el autismo!.
Broncano – Ha habido un momento muy gracioso por la mañana, porque de verdad no queremos echar más leña al fuego, porque de verdad que no era la intención. Pero esta mañana, como se ha liado un montón y tal, no habíamos pensado nada y hablamos por la mañana vamos a ver cómo porque nos está llegando la de dios por todos lados. Tenéis que ver a Ignatius, porque ahora se ha puesto una camisa pero ha llegado con una camiseta blanca Levis. ¡Ojo eh! Te has gastado dinero.
Ignatius – He sacrificado una camiseta Levis. Cualquier sacrificio es poco por la visibilidad del asperger.
Broncano – Y lleva escrito por él a mano “todos con el asperger” y “todos con el autismo”, pero es que ha venido así a la Cadena Ser. Y la gente se cruzaba diciendo ¿pero qué pasa? ¿Pero dónde vas?
Ignatius – Por si la cosa se torcía, tengo este as en la manga. Para que quede bien claro el espíritu conciliador, porque creo que esa es la filosofía que hay en Moderdonia y la gente que nos escucha el programa de siempre se ha dado cuenta de eso. Porque yo puedo derrapar, pero vamos a ver, lo hemos hablado en más ocasiones; no queremos hacer una comedia descafeinada, una comedia aguada, queremos estar al límite, y mantener ese equilibrio, por eso la comedia es un arte, porque no todo vale. El equilibrio es lo bonito, pero digamos que pretendiendo llegar a ese límite, y que todos podamos disfrutarlo y tener un espíritu conciliador, a veces a lo mejor puedo derrapar y pido perdón. Pero también se supone que un cómico no es un oficio cualquiera, a lo mejor cosas cosas que dice un cómico, si las dice un político por ejemplo es intolerable. Pero se supone que alguien en la sociedad tiene que tener cierto margen para meter la pata, a lo mejor no te sale bien en ocasiones, pero otras veces sale bien y todos podemos disfrutar. Y pienso que la fuerza última de la comedia es la conciliación y no el enfrentamiento. Y creo que el espíritu de Mordedonia hemos demostrado que ha sido ese y que no queremos que haya colectivo sin ofender. (risas) Queremos ser desagradables con todo el mundo por igual y sentirnos como hermanos en el mismo barco por una ofensa que no discrimina a nadie. Gracias a todos por entender el espíritu de Mordedonia.
Quequé – Es la ofensa inclusiva.
Broncano – Es preciosa la ofensa inclusiva, es el artículo número 1 de la Constitución de Modernonia. Nos metemos con todos por igual. Podéis ya parar de mandarnos mensajes con lo bonita que es Huelva y ya sabemos que los autistas no juegan al squash, podéis parar también con eso.
Quequé – Perdona, que he aprendido mucho de todo esto. No se dice autistas, se dice personas con autismo.

Esta es la disculpa de la cadena:

La Cadena Ser pide disculpas a las personas y colectivos que se hayan sentido ofendidos por los comentarios vertidos en el programa humorístico La Vida Moderna, emitido la madrugada del pasado viernes 06 de abril. Pese a existir un debate permanente sobre los límites del humor, que podrían contextualizar este episodio, el mero hecho de que una sola persona se sienta ofendida por comentarios realizados en este programa obliga a la Cadena SER a pedir disculpas por ello.

La Cadena SER ejerce un activismo permanente en defensa de la inclusión social y la igualdad de todos los ciudadanos. Compromiso en el que se reitera.

¿En qué fijarse cuando se acude a las jornadas abiertas de un colegio?

Elegir colegio para nuestros hijos. Estamos en ello y no es una decisión fácil. Es además complicado dar consejos prácticos cuando es algo tan personal, sujeto a preferencias y a circunstancias personales y muy distintas de una familia a otra.

Hoy podéis leer un reportaje sobre este tema, en el que varios padres explican cómo afrontaron la elección de colegio. Todos ellos coinciden en la importancia de acudir a las jornadas abiertas antes de tomar esa decisión.

“Fui a todas las que pude. Creo que se capta muy bien lo que te cuentan y la manera en la que te lo cuentan… y lo que no”, destaca Paula. María coincide en la importancia de esas visitas: “me parece fundamental, me sabría muy mal mandar al niño a un colegio sin haberlo visto ni haber hablado nada con el personal del centro”.

¿Pero en qué fijarse y qué preguntar en esas jornadas que organizan todos los colegios? He preguntado a Gemma Almena, psicóloga y orientadora escolar, y aquí tenéis su respuesta, que creo que os puede resultar útil.

Es importante que los padres sean parte activa de la elección del colegio, que sientan que se identifican con el proyecto del colegio.

(GTRES)

En Educación Infantil hay que darle especial importancia a cómo organizan el periodo de acogida para los niños que entran al colegio por primera vez. Es importante que sea un colegio amable, que transmita comprensión hacia los niños más pequeños, que ponga facilidades y medios para que éstos pasen este periodo inicial de la forma más progresiva y respetuosa posible. Que den pautas a los padres sobre cómo actuar en el momento de dejarles por primera vez en clase, cómo gestionar aspectos evolutivos como el control de los esfínteres, así como aquellos emocionales: chupete, algún juguete con el que el niño/a se sienta tranquilo, etc.

Para el resto de niveles, es importante ver si hay coordinación entre el profesorado, si se respetan los saltos de ciclo de forma coherente y equilibrada: de infantil a primaria y de primaria a secundaria.

También es importante ver las medidas que se toman ante la diversidad del alumnado. Todos deseamos que nuestros hijos estén dentro de lo que se denomina “normalidad”, pero ¿qué ocurre sin el nuestro comienza a presentar barreras en el aprendizaje?, por eso debemos saber qué medidas se toman en el Centro para atender y dar respuesta a todo el alumnado.

Hay que ver las normas de organización y funcionamiento del centro (NCOF). Qué participación tienen las familias en el colegio (AMPA, COMUNIDADES DE APRENDIZAJE, CONSEJO ESCOLAR, etc). El Proyecto Educativo (líneas de trabajo en el colegio, atención a la diversidad, inclusión, número de alumnos, organización de las aulas, etc), proyectos de convivencia, proyectos de innovación educativa, etc. Si disfrutan de jornada continua o bien horario partido.

Y los recursos personales: ATE (auxiliar técnico educativo), PTSC (profesor técnico de servicios a la comunidad), DUE (diplomado universitario en enfermería) ,PT (pedagogía terapéutica), AL (audición y lenguaje). Tipos de aulas: Si tiene aula TEA o aula de Educación Especial.

En cualquier caso, no siempre nos conceden el colegio que esperábamos, si esta situación se da, es importante saber que debemos ser flexibles ya que nuestros hijos los son, los niños aprenden siempre. Toda andadura por esta vida ofrece la posibilidad del crecimiento y el aprendizaje y esa debe ser la actitud.

Sus hijos tienen por delante toda una etapa educativa que como mínimo durará de forma obligatoria hasta los 16 años, en este camino darán con profesores más o menos implicados, más o menos exigentes, más o menos de nuestro gusto, lo mismo le ocurrirá con sus compañeros de clase, sin embargo, de todo ello habrá un rodaje que les hará crecer como personas.

Para su tranquilidad, aunque los niños y niñas pasan mucho tiempo con nosotros en el colegio, es un hecho más que evidente que es en el seno familiar donde se define nuestra personalidad. Es la familia el origen y núcleo del aprendizaje de los niños y niñas.

Fotógrafos profesionales al servicio de crear recuerdos familiares, todo el sentido del mundo

Nos gusta hacer fotos, sacar el móvil e inmortalizar casi cualquier cosa para, con frecuencia, borrar sin guardar porque nos hemos quedado sin memoria en el teléfono. Paradojas modernas.

Es cierto que no todo el mundo tiene este afán francotirador, pero incluso los más reacios a disparar, cuando son padres, hacen fotos a sus hijos. Es imposible resistirse. Y de la mano de esos niños sobre expuestos a las lentes caseras, llega otro fenómeno: el de los fotógrafos profesionales que, con mayor o menor maestría, medran elaborando proyectos fotográficos con bebés, niños o toda la familia.

GTRES

Son sesiones que se convierten en regalos de doble sentido: a los padres, que tendrán así un recuerdo de calidad, y de los padres a abuelos y otros familiares. Tiene todo el sentido del mundo.

Nosotros lo hicimos, nos reunimos con nuestros cuñados y una amiga fotógrafa nos fotografió en un entorno urbano, fotos que ahora tenemos en nuestras casas y que también se pueden ver en las de los abuelos. Fotos que queremos repetir ahora que la familia ha crecido en todos los sentidos.

Me consta que hay fotógrafos que tienen más negocio con estos recuerdos familiares que con las tradicionales bodas, bautizos y comuniones de antaño. Cada vez son más los especializados en fotos de familia. Fotógrafos que también lo son del embarazo y del nacimiento, momentos que muchos también desean atesorar.

Hay maravillas artísticas y hay imágenes que horrorizan, las hay que apuestan por la naturalidad y otras que tiran de artificio. Igual que con las bodas vamos, para gustos todos los colores. A mí, por ejemplo, me horrorizan las de Anne Geddes, las que son demasiado artificiosas y convierten a los bebés en caracoles, flores, mariposas o guisantes en sus vainas tirando de Photoshop.

No me entusiasman, sin horrorizarme, las de familia formal y sonriente en extremo preparadas al estilo de las felicitaciones de Navidad de las casas reales. En la sesión que nos hicimos entonces íbamos todos de blanco y azul. A día de hoy no aceptaría la uniformidad de colores. La que haremos de nuevo apostará por la libertad y la naturalidad.

Yo prefiero que se vea a los niños relajados, como son a diario; la espontaneidad, la ternura que no es artificiosa, la complicidad capturada al descuido. Me gusta que no haya más retoques que ajustar el encuadre o los niveles. Probablemente deformación profesional. Trabajo a diario con demasiadas fotos periodísticas. Tal vez no, tal vez también las quisiera así aunque fuera contable.

Os contaré también que prefiero las que se han tomado al aire libre, en entornos naturales o urbanos, antes que en estudios. Y os confieso que tengo debilidad por el arte urbano, por los grafitis.

Cuestión de gustos. Ninguna opción es mejor que otra. Pero cualquiera de ellas es una buena opción, un buen recuerdo.

GTRES

Por último, como en muchas de esas fotos familiares hay menores reconocibles me permito recordar una reflexión que ya traje a este blog en el pasado: cuidado con el uso que padres, tíos y abuelos damos de ellas en nuestras redes sociales.

Somos la primera generación de adultos que se enfrenta a la necesidad de aprender a gestionar la exposición de nuestros menores a las redes sociales. Y es un reto complejo, por lo novedoso. Nuestros hijos no son nuestra propiedad. Somos sus guardianes. Ser responsables con sus fotos puede ayudarles en el futuro a ser ellos también conscientes de las repercusiones de compartir imágenes.