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Así son los alumnos que reciben apoyos educativos en España, ¿y ahora qué hacemos?

Este martes el Ministerio de Educación y Formación Profesional facilitó una radiografía razonablemente exhaustiva sobre el alumnado que recibe apoyo educativo como consecuencia de presentar alguna necesidad específica en enseñanzas no universitarias.

Corresponde al curso 2017/18, no al actual, y el titular que venía dado es que ha ascendido al 7,8% del total de estudiantes respecto al curso anterior, que fue del 7,1%. Un incremento difícil de valorar. No tiene porque implicar que hay más alumnos con necesidad de apoyos (lo que sería malo) sino que hay los mismos pero mejor atendidos.

En total hubo 623.268 estudiantes con estas necesidades por distintos motivos: un 35,7% lo recibieron por necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad o trastorno grave, el 5,4% por altas capacidades intelectuales, el 3,7% por integración tardía en el sistema educativo y la mayoría, un 55,2%, por otros motivos entre los que se encuentran los trastornos del aprendizaje, los del lenguaje y la comunicación, y la desventaja socioeducativa.

El 63,7% son varones, ninguna sorpresa por ahí. Lo primero que me llamó la atención al revisar el informe fue encontrarme que la comunidad autónoma en la que menos alumnos necesitan este tipo de ayuda es Madrid, en la que solo lo reciben el 4,1% del total. En el extremo superior está Navarra con el 19,7%.

¡¿Cómo?! Que alguien me lo explique por favor. ¿Cómo es posible que haya esta diferencia tan exagerada? No creo que sea porque en Navarra haya muchísimos más alumnos necesitados de ayuda. Tal vez lo que pase es que en Madrid los que hay están peor atendidos. Aunque puede que ni siquiera sea eso; dada la transferencia de competencias educativas es posible que estemos comparando peras con nueces.

Si ponemos el foco en los alumnos con necesidades educativas especiales asociadas a una discapacidad o un trastorno grave, que son 222.540, nos encontramos con que el 83,7% se encuentra integrado en clases ordinarias y apenas un 16,3% está en unidades o centros específicos.

No viene mal tener bien presentes los números, dado que el debate sobre la idoneidad de la educación especial está encima de la mesa.

También aquí hay diferencias por comunidades, aunque no tan llamativas como el porcentaje de alumnos con necesidades educativas especiales. Galicia, como yo ya sabia, es la comunidad autónoma más inclusiva. La orografía obliga.

Bajando más para ver cómo son esos alumnos con discapacidad o trastornos graves, la más abundante es la discapacidad intelectual con 65.998 alumnos (29,6%). El segundo grupo es el de los trastornos graves de la conducta/personalidad, con 51.347 (23,1%); unos chicos de cuya realidad y necesidades se habla poco. Medalla de bronce para los trastornos generalizados del desarrollo, con 41.536 (18,7%). Y ahí hay mucho alumno que podría estar en el primer grupo, hay muchas discapacidad intelectual y autismo sujeta a las variaciones en los diagnósticos con el paso del tiempo.

Los alumnos con discapacidad motora que precisan apoyo educativo especial son 13.866
(6,2%), con discapacidad auditiva el 8.869 (4,0%) y con discapacidad visual 3.598 (1,6%). Por último hay 13.294 alumnos con plurideficiencia (6,0%).

Y os quiero traer un último gráfico relevante, aunque también sorprenda poco. Uno que muestra lo complejo que es avanzar para estos alumnos en el sistema educativo. De un total de 222.687, apenas 3.883 llegan a Bachillerato. A la FP  en cualquiera de sus vertientes poco más de 11.000.

Se vislumbra el negro futuro laboral de una abrumadora mayoría, con todo lo que eso implica en términos de autonomía, autoestima, independencia, aportad a la sociedad, etc.

Vale, tenemos los números. Es interesante y necesario. ¿Y ahora qué? ¿Qué hacemos para mejorar la situación de estos niños y niñas? Echo en falta por parte del ministerio conclusiones, propuestas, una radiografía cualitativa más que cuantitativa que compare los modelos de las distintas comunidades para ver cuáles son los más apropiados y en qué y así poder proponer estrategias.

¿Qué os sugieren a vosotros todas estas cifras?

A las educadoras infantiles “les sobran los motivos para estar en la calle”

Tengo una buena amiga que es educadora infantil, que ama a los niños tiernamente, que tiene una sensibilidad extraordinaria y que está continuamente formándose para ofrecer lo mejor de ella a los pequeños a los que cuida.

Su empleo lo tienen 80.000 personas en todo el país. La mayoría, un 95%, mujeres. Cuidan lo que más queremos, nuestros bebés, nuestros hijos hasta que tienen tres años y pueden pasar a la etapa Infantil de los colegios. Y no tienen unas buenas condiciones laborales. El 90% de ellas no alcanzan a cobrar el 60% del salario medio nacional.

No sé vosotros, pero yo no quiero que mi carrera profesional se construya sobre la precariedad de otras mujeres.

Este miércoles está prevista la firma del XII Convenio Colectivo de Centros de Asistencia y Educación Infantil, un convenio que respaldan tres sindicatos (FSIE, USO y UGT), pero no CC OO, que ha convocado este martes una huelga que el resto de sindicatos no respaldan. UGT la ha calificado de “desafortunada” recordando que el nuevo convenio logrará un 5,5% de incremento salarial este año para las educadoras de escuelas privadas y FSIE ha considerado que de no firmarse el Convenio se “estaría condenando a la mayoría de las trabajadoras y trabajadores del sector a cobrar sólo el SMI”.

A río revuelto…

Imagen de archivo de una guardería infantil. (GTRES)

Mi amiga me dice que “es una huelga un poco rara” y que por lo que ella sabe se está siguiendo sobre todo en las escuelas de gestión indirecta. Las públicas se rigen por un convenio diferente y su el salario base es el doble.

Pero más allá de esta huelga en concreto, me cuenta que “sobran los motivos para estar en la calle”, tanto en las escuelas privadas como en las públicas.

Habla del escaso salario base, que no llega a los 900 euros, de cómo la formación corre a costa de las trabajadoras y cada vez hay más exigencias, como el curso de alérgenos o de inglés, que le consta que hay escuelas privadas que incluso no informan a sus empleadas de los diez días moscosos a los que tienen derecho, también del número de niños excesivo que a veces tienen que atender.

En clases mixtas, con niños de todas las edades, puedes llegar a tener a tu cuidado prácticamente exclusivo quince pequeños. En las aulas puras, propias de las escuelas más grandes, hay 8 bebes por aula, 14 bebés de entre uno y dos años y 20 de 2 y 3.

Bajar las ratios funciona en todas las etapas; mejora la calidad de los cuidados y de la enseñanza. Y la única razón para no querer aplicar números más reducidos es económica, es falta de voluntad por mejorar con una de las pocas medidas que se saben fáciles y eficaces.

(@LibertadKaiser)


Maite Herráez es educadora infantil en Madrid y forma parte de los servicios mínimos de esta jornada, comparto con vosotros su experiencia personal que refleja las peticiones por las que se ha llevado a cabo esta huelga:

Yo comencé trabajando en educación hace 19 años, mi primer trabajo fue de maestra en un colegio en el que descubrí mi verdadera vocación, aunque infantil siempre se le trate con menos valor que el resto de las etapas; todavía 3-6 tiene mejores condiciones.

Me di cuenta que la etapa donde realmente se hacen todas las conexiones neuronales y de mayor desarrollo es 0-3, y me fui a trabajar a una escuela, donde pude comprobar que, aunque es un trabajo de mayor responsabilidad por las edades tan tempranas que tienes nuestros niños, existen grandes diferencias en las profesionales dedicadas a este ciclo.

Durante estos últimos 11 años, he visto como hemos ido perdiendo cada vez más derechos, hasta el punto de sólo considerarnos carácter asistencial, tener ratios muy elevadas y no poder dedicar todo la atención a su desarrollo y exigirnos mas formación a nivel de idiomas, sin ser recompensadas por ello.

Veo como mis compañeras se llevan trabajo a casa para que todo pueda salir bien al día siguiente, qué nuevas cosas podemos innovar para trabajar nuevas metodologías y preocupaciones de nuestros niños y cómo ayudarles.

Al ser 0-3 considerado “carácter maternal” o sea un puesto realizado mayoritariamente por mujeres, nuestros sueldos son irrisorios.

Pedimos que se nos valoren a todos los niveles teniendo en cuenta la responsabilidad de tener criaturas indefensas en nuestras manos que serán el futuro de nuestra sociedad.

Termino con algunos tuits sobre lo que está pasando hoy.

“Es hora de ir buscando ‘au pair’”

A veces estás presente en una conversación que no va contigo, escuchas a los demás hablar sobre algo de lo que no sabes nada, que incluso te hace pensar aquello de “hay otros mundos, pero están en éste”.

Es fácil que a todos nos haya pasado; tal vez estén hablando de fútbol, de política o de jardinería, temas que desconocen, que no te importan, que te pillan lejos. Yo me encontré una vez así, por estas fechas, escuchando a un grupo de madres hablar de sus au pairs.

Comentaban que si a fulanita no le duran porque las pone a limpiar y una au pair no es para eso; que a una le tocó una chica que solo quería salir de marcha y luego dormir la mañana y eso no puede ser; que claro que no, porque además de dar mal ejemplo a los niños es tu responsabilidad si le pasa algo porque está en tu casa; que si das con una chica que encaje con los niños no hay mejor forma para que tus hijos aprendan otro idioma…

La conversación seguía y yo callaba. Tan obvio era que estaba solo de oyente que una de esas madres me preguntó, con mucha amabilidad, si no me había planteado nunca tener una au pair como ayuda con los niños. Añadió, probablemente recordando que habito en la periferia obrera del sur de Madrid, que apenas costaba dinero, unos 300 o 400 euros al mes.

“¿Puede dormir en la misma cama de la niña?”, pregunté obviamente en broma. “Claro que no, necesitan tener su propia habitación”. “Pues me temo que entonces tener una au pair en mi piso está descartado”, contesté.

(GTRES)



Nadie en mi entorno cercano ha tenido una au pair en casa.
Ni antes ni ahora. Nunca jamás. Sí que he tenido cerca alguna chica que se ha ido para cuidar niños y aprender idiomas, empezando por una de mis primas, con experiencias razonablemente buenas por fortuna.

Vaya por delante que me parece potencialmente un buen arreglo por las dos partes, en el que tanto la familia como la chica pueden salir beneficiados. Se aprenden idiomas, se conocen otras culturas, se tiene una ayudita con los niños, se hace turismo… Tal vez si tuviera una habitación sobrante y dinero bastante me animaría a intentarlo. ¿Quién sabe? Aunque eso de incorporar un extraño en las dinámicas familiares no me acaba de cuadrar mentalmente demasiado. Valoro mucho eso de estar en mi casa haciendo lo que me apetece, sin tener que cuidar si salgo en pelotas de la ducha al dormitorio.

Del tema au pair, además, siempre me ha llamado la atención que no parezca haber chicos. Ellos también pueden jugar con nuestros hijos, acompañar a la familia, hablar en otro idioma que aprendamos. No obstante, aparentemente no existe la figura del au pair masculino. Siempre se habla de chicas. Me da que esconde el mismo prejuicio por el que los hombres encuentran escollos para encontrar trabajos relacionados con el cuidado de los niños más pequeños; que también aquí pesa sobre ellos la sombra constante e injusta de la duda de la depredación sexual, que también son prejuicios a superar si queremos igualdad.

Preguntar si tendríais un au pair varón me da que cosecharía las mismas respuestas que cuando pregunté si tendríais un hombre como canguro. Probablemente por eso es imposible encontrar en el banco de imágenes del medio a un chico ejerciendo de canguro. Probablemente por eso también los chavales ni siquiera lo intenten sabiendo de antemano las dificultades que encontrarán. Son otros techos de cristal.

Y del tema au pair también recuerdo que, hace exactamente tres años, fue noticia que una familia irlandesa había sido condenada a indemnizar a una au pair española por explotación laboral.

El Centro de Derechos de los Inmigrantes aseguró que la sentencia judicial “envía un claro mensaje” a las familias que emplean niñeras, al tiempo que advirtió de que, “por desgracia”, este no es “un caso aislado”. “Sabemos que muchas au pairs reciben un trato mucho, mucho peor. Su trabajo es esencial para las familias, la comunidad y la economía. Esta decisión histórica, así como la compensación concedida, demuestra claramente que se valora su trabajo”, apuntó la representante legal del CRCI, Virginija Petrauskaite.

Una noticia que se tradujo en otra serie de contenidos en 20minutos en los que otras chicas contaban sus malas experiencias. Nuestro medio recibió un aluvión de testimonios.

¿Es hora de ir buscando ‘au pair’? Pues tal vez para muchas familias así sea. Ojalá siempre familias con buen corazón, capaces de ponerse en zapatos ajenos, y que han reflexionado en profundidad sobre lo que implica, más que en las posibles ventajas e inconvenientes.

(GTRES)

El Ministerio de Educación asegura que no cerrará los colegios de educación especial

El ruido ha sido mucho dentro del universo de las familias con hijos que estudian en colegio de educación especial (oculto para muchos pero más numeroso de lo que parece). Ha sido mucho y lo sigue siendo.

El miedo es que el ministerio de Isabel Celaá, pretenda cerrar los centros de educación especial. Hay muchas asociaciones, familias y trabajadores de estos colegios preocupados; bastantes interpretando subjetivamente una ley con un recorrido completamente en el aire; también tertulianos y medios de comunicación contrarios al gobierno empleando la educación especial como munición para cargar contra el Gobierno pensando ya en las próximas elecciones. Algo que me cabrea mucho sinceramente, nuestros hijos no son balas para conseguir votos a lomos de fake news.

Tanto es el ruido, que su ministerio se vio obligado a publicar hace muy pocos días una breve nota de prensa en la que simplemente desmentía que vaya a suceder algo así ya desde su rotundo titular.

Es esta:

No dice nada que no haya dicho la ministra en el pasado y varias veces. Ya en septiembre en la entrevista que le hicimos en 20minutos, y creo que fue la primera vez que lo expresó públicamente, dejó claro que “nuestro objetivo es ir reconduciendo a las personas que están en esos centros a los centros ordinarios, por vías transitorias, itinerarios, con tiempo, con perspectiva. Y obviamente eso no significa cerrar los centros de educación especial, pero sí dejar que sean para lo más perentorio. Todo el que pueda transitará a centros ordinarios, porque es bueno para los niños y niñas de Educación Especial, pero es bueno también para los que los reciben”.

Resumo, su intención es que todo aquel alumno que pueda mantenerse en la vía ordinaria, siga ahí. Una vía con más posibilidades de titulación, laborales. Que facilita la conciliación de las familias.

Da igual, las noticias malintencionadas se siguen dando incluso después de ese desmentido.

Y más allá de lo que pueda hacer o no un gobierno tan en el aire como esa ley, hay que tener en cuenta que las competencias educativas están transferidas a las Comunidades Autónomas. Ya, a día de hoy, cómo se gestiona a estos alumnos, el porcentaje que hay en centros ordinarios y en centros especiales e incluso las denominaciones que reciben cambian mucho de Valencia a Madrid o a Galicia. Cómo se meta mano a la educación especial, que se irá metiendo de un modo u otro, antes o después, va a ser algo que se gestione de diecisiete maneras distintas.

De hecho este lío ha sido en gran medida muy madrileño. Y, con algunos matices, comparto y recomiendo la lectura del texto que está tras este enlace y lo explica:

Además del ministerio, también Plena Inclusión (la asociación más grande en este país en defensa de las personas con discapacidad junto a Cermi y la Once) lanzó un comunicado el 1 de marzo al respecto, aunque no con un titular tan claro como el ministerio:

Ante las manifestaciones públicas, mensajes y videos en redes sociales sobre la educación inclusiva que están generando confrontación, alarma o división en un movimiento que debería estar más unido que nunca, Plena inclusión desea afirmar que:

Rechazamos la simplificación de una realidad compleja y diversa. Se están escuchando mensajes faltos de rigor en los que se descalifica globalmente a la comunidad educativa, se ofrece una visión apocalíptica que no responde a la realidad y se genera miedo y alarma social de forma innecesaria, especialmente entre las familias.

Alertamos sobre la difusión de una imagen que atenta contra la dignidad de las personas con discapacidad y ofrece una visión asistencialista de sus necesidades, que no solo perjudica a las organizaciones que defendemos sus derechos, sino que además nos aleja de los objetivos por los que llevamos trabajando desde hace muchos años.

Plena inclusión reitera que ahora es el momento de generar espacios de diálogo desde la serenidad, el consenso y la escucha a todas las opiniones. Hace falta, más que nunca, una mirada compartida que construya propuestas que nos unan en vez de separarnos, porque las familias se merecen un futuro de esperanza en el que confiar.


Yo no quiero el cierre de los centros especiales ni creo que vaya a suceder.
Pero reconozco que todo es susceptible de mejorar y tal vez sí que haya que plantearse cómo modificar las cosas tal y como son ahora con ese objetivo. Aunque con dotar de recursos los procedimientos ya existentes, empezando por la atención temprana o las evaluaciones iniciales de los niños que se retrasan meses y meses, ya mejoraríamos bastante. Y esto también es un resumen, tras el tuit tenéis mi opinión ampliada:

No entiendo el empeño de CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad) por querer acabar con estos centros, a los que considera discriminatorios. Ellos debieran conocer bien la realidad y margen de maniobra que hay en España y lo poco realista que una petición como la que hacen resulta. Así les pasó, que en febrero llegó una marcha hasta su puerta protestando. 

(EFE)

Dejo una entrevista de Jesús Martín, delegado del CERMI para los Derechos Humanos y la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad con Laura Otón y Amparo Latre. La podéis escuchar a partir del minuto 25 y veréis que asume que el anuncio del ministerio es más de lo que es, un discurso en el que se perciben unas ambiciones legítimas pero, insisto, nada realistas y demasiado inmovilistas. Necesitamos posturas más flexibles de los que se denominan representantes de todo el colectivo si de verdad queremos mejorar la situación.

Y es una pena que solo se presten a hablar en los medios cuando tienen el micrófono en exclusiva, pero si se plantea un debate con aquellos que defienden la inclusión se apeen del diálogo que sí pide Plena Inclusión. Para muestra, un ejemplo en forma de hilo.

Y nada mejor para terminar que este vídeo de la plataforma Inclusiva sí, Especial también, recomendable para entender la complejidad del tema aunque también habría en él cosas que matizar:

¿Cómo tener a veinticinco niños de ocho años haciendo cálculos mentales felizmente durante hora y media?

¿Como tener a veinticinco niños de ocho años haciendo cálculos mentales felizmente durante hora y media? No es preciso acudir a Finlandia para dar con propuestas innovadoras que logran esos objetivos. En el Colegio Público Miguel Hernández, ubicado en la periferia del sur de Madrid, toda la tarde del martes de una de las clases de tercero de Primaria está dedicada a trabajar en grupos interactivos.

Los niños van rotando en pequeños grupos por mesas en las que hay padres voluntarios, supervisados e instruidos por los docentes, que juegan a multiplicar, sumar y restar con barajas españolas o a medir con papel higiénico. Los materiales innovadores no pueden ser más humildes.

En una de esas mesas, riendo junto a los niños, está Iñaki, aunque su hijo ni siquiera va a esa clase. Defiende que es es una experiencia muy enriquecedora para todos, adultos e infantería, y siempre anima a las familias a que participen, si es que les resulta posible conciliarlo, que ese es otro tema. La mayoría son madres y si estas actividades se mueven a la mañana cuesta muchísimo encontrar suficientes progenitores.

Los padres no se mueven de la mesa que les ha sido adjudicada. Son los niños los que van rotando por los tres juegos posibles, uno que invita a sumar y restar para lograr sumar veinte por parejas, una guerra de multiplicaciones y otro de medidas.

Los materiales no pueden ser más sencillos: barajas de cartas, papel higiénico, reglas y fichas de parchís.

La tutora se llama María y me cuenta antes de que arranque la jornada de grupos interactivos que procura que se trate de juegos colaborativos. No quiere decir con eso que los niños no se enfrenten a otros, sino que se enfrentan siempre haciendo equipo.

Ella se centra en las matemáticas, pero me explica que en otras clases trabajann otras competencias. No hay materia que no se pueda incluir en los grupos interactivos.

Al final de la jornada dedican unos minutos a que los niños comenten cómo se ha desarrollado los juegos, qué es lo que más les ha gustado, lo que menos y a hacer propuestas de mejora, que son del tipo “que xxx no se enfade si pierde” o “tenemos que escucharnos más”.

Fui testigo de todo ello como parte de la elaboración de un reportaje publicado el pasado 20 de febrero que os invito a leer, un reportaje que no iba de los grupos interactivos, sino de la presencia de los padres en los colegios, de la colaboración entre familias y maestros.

Pero no quería dejar pasar la oportunidad de traer aquí esa experiencia que viví en primera persona. El entusiasmo de los niños era evidente mientras sumaban, restaban y multiplicaban; que todo se desarrollaba como la suavidad de un engranaje suizo también.

Alfredo Fernández, director del centro, me explicaba así estos grupos interactivos: “hay un referente adulto, que puede ser una madre, una abuela o un tío, dirigiendo, orientando y acompañando el trabajo de grupo. Y se está haciendo un trabajo curricular, que es la parte más novedosa, lo que más puede chocar. Todo coordinado y supervisado por el tutor. Con una participación total de las familias, a las que hacemos un formación previa. (…) No es mano de obra gratuita, es implicar a las familias en los procesos del cole, se da un salto cualitativo. Las familias participan de todo el proceso, programación, ejecución y evaluación y en el desarrollo de la clase. (…) No creo que sea especialmente difícil en Secundaria, conozco centros así trabajando también los grupos interactivos, pero te complica más trabajar con otros que trabajar solos”.

Si queréis más información sobre este modo de trabajar en clase, hay mucha información en Internet. En Comunidades Educativas los describen así: “Los grupos interactivos es la forma de organización del aula que da los mejores resultados en la actualidad en cuanto a la mejora del aprendizaje y la convivencia. A través de los grupos interactivos, se multiplican y diversifican las interacciones, a la vez que aumenta el tiempo de trabajo efectivo. Se caracterizan por ser una organización inclusora del alumnado en la que se cuenta con la ayuda de más personas adultas además del profesor o profesora responsable del aula. De este modo, se logra evitar la segregación y competitividad que se genera al sacar al alumnado etiquetado como “difícil” o “lento” del aula para aplicarle adaptaciones curriculares y que ha dado lugar a un aumento del fracaso escolar (especialmente del alumnado segregado) y de conflictos. Por el contrario, en los grupos interactivos se logra desarrollar, en una misma dinámica, la aceleración del aprendizaje para todo el alumnado en todas las materias, los valores, las emociones y sentimientos como la amistad“.

Como me dijo César Bona en una entrevista, “en España sobran los profesores innovadores, lo que necesitan es que les apoyemos”. Pueden ser docentes que se embarcan en proyectos bien pensados y rebajados, en grupos interactivos, en gamificar el aula, en meter en ella juegos de mesa o de rol… y ese apoyo que necesitan tiene que venir de la dirección del centro, de sus colegas, de la administración y también de las familias.

Tenemos que echar una mano si podemos, entender sus esfuerzos y también sus errores, porque todos nos podemos equivocar. Procurar, en definitiva, no contribuir a que a los buenos acaben quemados.

Sin nosotras se para el mundo. También sin los maestros.

Fotos: Elena Buenavista.

Un premio para los colegios que persiguen la inclusión, la convivencia y la sostenibilidad

Es el primer año que tiene lugar este premio ‘Mi colegio se mueve’, organizado por Fundación SM para reconocer a colegios “que desarrollen iniciativas para mejorar su entorno” y también que difundan valores responsables en tres categorías: inclusión, convivencia y sostenibilidad.

Premiará a los colegios que se mueven por la inclusión y por la igualdad de oportunidades para todos los alumnos, con independencia de sus capacidades, situación sociocultural, género u orientación sexual; a los centros que fomentan la convivencia escolar con acciones de promoción de la cultura de paz, de resolución pacífica y dialogada de los conflictos, y a los que apuestan por la sostenibilidad con acciones de fomento del cuidado de las personas, del medioambiente y de los recursos del planeta.

Se valorará el alcance del proyecto, los logros obtenidos, la implicación de los alumnos, la ilusión y la creatividad, así como el aprendizaje logrado.

Hay una dotación económica, 1.500 euros para el ganador de cada categoría y 500 para los finalistas, también habrá un premio de institución comprometida, dotado con 2.000 euros; pero más que el dinero me parece importe visibilizar que hay muchos centros trabajando activamente por lograr una sociedad mejor para todos.

Me parece una iniciativa suficientemente interesante como para ayudar en su difusión desde este blog. Me consta que hay muchos colegios trabajando en este sentido que merecen este (y otros) reconocimientos.

(GTRES)


¿Cómo se participa? Entrando antes del 30 de abril en micolegiosemueve.com informando sobre la actividad que encaja con las bases que también se pueden consultar en esa misma web. Ya hay más de 60 proyectos inscritos. El ganador se conocerá el 15 de junio.

El jurado está formado por expertos en cada una de las categorías. En la categoría de inclusión participan Pilar Pérez Esteve, docente y coach educativo; Cristóbal Ruiz Román, educador y pedagogo social, y Paula Benito Baltasar, coordinadora de programas de la Fundación SM. En la categoría de convivencia, Juanjo Vergara, especialista en innovación educativa y metodologías activas; Javier Martín Babarro, profesor de Psicología Educativa en la Universidad Complutense de Madrid, y Raquel de Diego, trabajadora social.

Roberto Ruiz Robles, coordinador del área de energía y cambio climático en el Instituto Superior de Medioambiente, y Luis Aranguren, doctor en Filosofía, especialista en Ética, escogerán a los ganadores en la categoría de sostenibilidad. Y el premio especial de comunicación lo concederán Pedro Piqueras, periodista y presentador de informativos, y Belinda Washington, periodista y actriz.

Los personajes de Disney, Pixar, Star Wars y Marvel quieren que todos los niños y adolescentes se impliquen contra el acoso escolar


Los superhéroes de Marvel, las cada vez más aguerridas princesas Disney (ojo al trailer de Frozen 2 Qué os dejo al final del texto, la película llegará en noviembre), los que siguen el camino de la Fuerza o personajes como Judy o Nick de Zootropolis, los científicos de Big Hero 6 o Woody y Buzz Lightyear (otros que tendrán pronto nueva entrega), jamás consentirían que se produjera un caso de acoso escolar ante ellos sin hacer nada para solucionar las cosas.

Serían como mínimo chivatos, un término al que hay que despojar de las connotaciones negativas que arrastra. Chivarse puede ser muy bueno, chivarse a un adulto para detener una situación de abuso es lo mejor que podemos hacer. Eso y dar nuestro apoyo, nuestra amistad y simpatía, a la persona que ha sufrido en esa situación.

El acoso escolar es una realidad demasiado frecuente que hay que abordar desde distintos frentes. Uno de ellos es involucrar a los chicos y de eso va la campaña que Disney y Grupo Mutua han lanzado este mismo miércoles.

Han firmado un acuerdo de colaboración para luchar contra el acoso escolar en España cuyo objetivo es “movilizar a los testigos del acoso escolar y a los compañeros de las víctimas para que sean capaces de reaccionar ante el acoso y frenarlo. Bajo el hashtag #ActivaTuPoder, el proyecto involucrará a personajes de Disney, Pixar, Star Wars y Marvel”.

Con este vídeo arranca la campaña:

Es un buen enfoque. Como ellos mismos recuerdan, “los últimos estudios sobre el acoso escolar, el 80% de los alumnos de 6º de Primaria, 1º y 2º de ESO consideran la movilización de los compañeros la medida más eficaz para frenar al acosador, mientras que poco más del 20% de las víctimas manifiestan que sintieron el apoyo de sus compañeros”.

Bienvenida sea toda iniciativa que contribuya a solventarlo.

No obstante, aún siendo un buen enfoque, no podemos dejar la responsabilidad de detener esta problemática, causante de tanto sufrimiento, solo en las manos de los niños y adolescentes que están en la situación de ser testigos.

Los adultos somos los que tenemos la verdaderos responsabilidad aquí. Los padres, tanto de acosados como de acosadles. También de los chavales que no son ni lo uno ni lo otro pero que deben estar alerta ante Star situaciones. Y por supuesto de todos los profesionales que trabajan en la docencia.

También nosotros deberíamos tener presente cómo actuarían Ironman, Elsa o Luke Skywalker, y nunca sería mirando hacia otro lado o quitando importancia a situaciones así.

Bajar la ratio en colegios e institutos sería una medida eficaz para mejorar la educación, ¿por qué no se hace?

Ayer mismo estuve viendo un vídeo de Jaime Altozano sobre educación. Por si no sabéis quién es Altozano, pese a lo famoso que es, os diré que se trata de un YouTuber que es un divulgador maravilloso. Os lo recomiendo encarecidamente, a vosotros y a vuestros hijos, a poco que os interese la música. Ya os conté en el pasado, a cuenta de Luzu, que en YouTube hay mucho bueno si sabe encontrarte, que demonizar en pleno a los youtubers sin conocerlos es una actitud equivocada.

En fin, volvamos al vídeo del que os hablaba. No es ninguna novedad y es muy popular, así que tal vez lo conozcáis. En él, Altozano dejó de lado su tema habitual, la música, para hablar de su experiencia educativa, muy frustrante con demasiada frecuencia, y de cómo se le ocurriría mejorar el panorama educativo actual enseñando a entender de verdad y no a creer que se entiende o grabando las clases en vídeo para que los chicos puedan verlas las veces que sea, parando si es preciso. Propuestas interesantes, todas ellas.

Reconocía en el vídeo no saber cuál es la solución para mejorar la calidad de la educación existente en este país, que probablemente las mejoras tengan que venir poco a poco. Escuchándole recordaba que en cuestión de muy pocos días conoceremos los detalles de la nueva ley educativa que prepara Isabel Celaá, la que será la octava desde 1970 (si es que llega a ser y no se queda en el papel) y también las líneas generales de esa ley que conocimos antes de las navidades y que básicamente descarta la LOMCE de Wert y retoma una LOE a la que remoza y moderniza.

He leído todas las páginas de esas líneas generales y escuchado en numerosas ocasiones a Celaá (la última vez en la comisión de educación del Congreso esta misma semana) y, salvo sorpresa mayúscula, entre todas las modificaciones que trae no se encuentra la petición más frecuente de los profesores: bajar las ratios, reducir el número de alumnos en clase.

Podemos bailar por el salón educativo dando giros y vueltas en todas las direcciones posibles. Que si menos religión o más itinerarios, que si menos repeticiones o poder pasar con una asignatura, que si evaluación del profesorado así y de los alumnos asá. Pueden ser más o menos acertadas, más o menos realistas. Pero bajar la ratio en las clases sería una solución efectiva para mejorar la calidad de la educación y no se contempla.‪

“Un mayor tamaño de las clases parece estar asociado a un porcentaje más elevado de estudiantes con problemas de comportamientos y con la necesidad de dedicar más tiempo a mantener el orden, en vez de a la enseñanza y al aprendizaje”, dice la OCDE.

Se sabe a ciencia cierta que reducir las ratios redunda positivamente en la calidad de la enseñanza. Tener menos alumnos permite una atención más personalizada, reduce el fracaso escolar (gran problemática en España) y se traduce en ciudadanos mejor formados.

Cómo os decía, los maestros no dejan de reclamar esa reducción de ratios. No solo en Infantil o Primaria, en cuyas clases no es infrecuente que haya cerca de treinta alumnos. También en Secundaria y Bachillerato, que poco se ha mejorado desde los tiempos del boom demográfico al que yo pertenezco en el que la saturación en las aulas era de vergüenza.

Recuerdo ser toda mi vida el número 42/43 de clase por apellidarme con la T. Así no puede ser. La mejor clase que recuerdo en mi etapa de instituto fue la de latín en COU, que éramos solo seis. Pudimos traducir La eneida enterita ese curso. Latín y en verso y disfrutándolo oigan. Ser tan pocos era una maravilla y nuestra maestra no se cansaba de repetirlo.

No hablo de reducir tanto las ratios. Es inviable. Pero entre 26 alumnos en primaria o 36 en Bachillerato y seis, hay mucho margen de mejora.

Y me diréis que la media que se maneja es otra, que España está en una media de 22 alumnos por clase en Primaria y 25 en Secundaria. Pero las medias incluyen escuelas rurales por ejemplo. Ya sabéis aquello de que, según la media, si yo me como un pollo entero y tú no comes nada, ambos nos hemos comido medio pollo.  ‬

Que sí, que solo bajar las ratios y pasar de todo lo demás tampoco es solución. Pero al menos hay que procurar bajarlas, leñe.

¿Por qué no se hace? ¿Por qué no se atiende a la histórica petición de los profesionales de la enseñanza? Pues está meridianamente claro. Nadie es tan ingenuo como para no saberlo. Por pasta. Reducir ratios es una solución eficaz que además es fácil de implantar, pero cuesta dinero. No apostar por una reducción de ratios, sabiendo que funcionaría, sabiendo que para hacerlo simplemente hay que abrir el grifo del presupuesto destinado a la educación, evidencia una falta de voluntad política. Mejor dicho, la voluntad de preferir dedicar ese dinero a otros menesteres.

España está siempre entre los países que menos dinero destina a Educación. En torno a un 4% del PIB. En 2017 era el 4,1%. Para los presupuestos de 2019 está previsto dedicar un 4,3%. Parco ascenso. En nuestro entorno nos codeamos con países como Rumanía, Bulgaria, Irlanda o Italia. Incluso Grecia o Eslovaquia están por delante.  Son datos de Eurostat.

En cambio Dinamarca dedica un 7%, Suecia, Bélgica o Finlandia más del 6% y Letonia y Portugal un 6%. Sí, nuestro vecino supuestamente pobre, al que se está aplaudiendo por cómo está tratando recientemente a los alumnos con necesidades especiales, está casi dos puntos por encima de nosotros en inversión.

Porque es inversión, no es gasto.

No es casual que los países con mejor puntuación según la OCDE sean los que tienen ratios más livianas y también presupuestos educativos  más altos.

¿Y ahora qué hacemos? ¿Invertimos en lo que importa?

(GTRES)

 

 

Los adolescentes no sienten que familia y docentes les estemos ayudando a moverse por Internet

Nuestros hijos emplean redes sociales y lo hacen la práctica totalidad de ellos: el 92% de los chavales entre 14 y 16 años tiene perfil propio en una o varias redes sociales. La mayoría asegura tenerlos desde hace al menos dos años, así que se confirma que es en torno a los doce años cuando se zambullen en la internet móvil.

Emplean WhatsApp para comunicarse, Instagram para compartir experiencias y YouTube y Twitter para seguir a sus ídolos. Defienden los beneficios de las redes sociales, pero también parecen conscientes de que en las redes la gente miente y las relaciones que se entablan son distintas.

Son datos de un estudio, refrendado por el Ministerio de Educación y elaborado a partir de una encuesta a 2.000 adolescentes, que ahonda en muchos más aspectos, como el tipo y número de dispositivos electrónicos que emplean, que casi todos (un 83,6%) reconoce un uso muy habitual e intensivo del móvil o que la mayoría usan sus dispositivos propios para escuchar música.

(No sé vosotros, yo echo en falta buscar contenidos subidos de tono, lo mismo está incluido en los puntos tercero y quinto. Y que aparezcan las apuestas online también me preocupa).

Pero yo voy pasar por encima de muchos de los datos que aportan y a obviar bastantes de ellos, para centrarme en una parte concreta que creo que requiere que padres y educadores hagamos un ejercicio de autocrítica sumado a un propósito de enmienda.

Nuestros adolescentes nos han dado un suspenso en la ayuda que les prestamos para navegar por Internet. La nota va del 1 al 10 y ahí nos tenéis, como mucho rozando el aprobado. Las madres y padres salen ligeramente mejor parados que los profesores, pero hay suspensos para todos.

Comparativa principales diferencias en el grado percibido de asistencia/acompañamiento de los progenitores y profesores para actividades tecnológicas. Medias en una escala del 0 (nada) a 10 (totalmente)

No perciben que les estemos apoyando y es lo que más me preocupa del estudio presentado este martes. Da igual el experto con el que hables respecto al acceso de niños y tecnología, todos coinciden en que los adultos debemos asesorar y supervisar lo que hacen en las redes, por mucho que discrepen en otros aspectos como en si hay que darles el móvil lo más tarde posible o antes, cuando aún están dispuestos a escucharnos.

Es más, el 83% de nuestros hijos también creen que tienen bastante o mucha más habilidad tecnológica que sus padres y madres y el 59,8% que sus docentes. Y probablemente tengan razón.

Tenemos que ponernos las pilas. Tenemos que conocer y estar en las redes sociales en las que ellos se mueven, observarlas con mirada de adulto no tecnófobo pero sí alerta, prudente y atenta. También estar atentos de aplicaciones populares entre ellos que aparentemente no son redes sociales pero permiten que se relacionen o entrañan riesgos potenciales, hablo de juegos como Fortnite o plataformas como Tik Tok.

No podemos dejarles solos y a merced de las corrientes que encuentren en ese mar lleno de oportunidades pero tmabien de peligros que es Internet en general y las redes sociales en particular. Nuestros propios hijos son los que nos están dando un toque de atención.

(GTRES)

Padres superhéroes, niños con poderes

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Al 80% de los docentes les gustaría trabajar más en equipo con las familias, pero… ¿cómo?

Este martes la Fundación SM y Gestionando hijos han presentado el primer estudio sobre la percepción de los educadores en torno al rol de madres y padres en la educación. Los resultados proceden de una encuesta realizada por correo electrónico a más de 450 directores y jefes de estudios de diferentes instituciones educativas de toda España entre enero y marzo de 2018. La mayoría de centros públicos (75,1%) y entorno urbano (57%).

Es un estudio que contradice de entrada esa impresión existente entre muchas familias de que muchos docentes no quieren a los padres entrometiéndose en lo que sucede en el colegio porque lo único que hacen es entorpecer, de que en muchos centros escolares prefieren que escuela y hogar sean mundos estancos para desarrollar tranquilos su trabajo.

(GTRES)

Es una impresión apoyada en hechos. Todos conocemos (o incluso hemos pasado y estamos) en centros en los que a las familias no se las invita precisamente a participar y parece que, cuanta menos guerra den, mejor. Por suerte, también vamos oyendo hablar de centros en los que es todo lo contrario e incluso cuentan con la ayuda de padres y madres (y abuelos y abuelas) en su día a día.

Volvamos al estudio, que apunta que nada menos que al 80% de los profesionales de la educación les gustaría que las familias trabajasen más en equipo con ellos.
Es más, el 96% creen que el mejor desarrollo de los alumnos viene dado cuando los centros escolares y las familias se coordinan y un 69,3% afirma que el interés de los padres en la educación de sus hijos condiciona sus resultados académicos.

Creo que nadie con dos dedos de frente pensaría otra cosa. Por supuesto, a priori cooperar siempre es preferible y redundará en beneficio de los alumnos. Ya el pasado mes de octubre, coincidiendo con el día mundial de los docentes, yo os contaba en este mismo blog que los padres deberíamos hacer equipo con los maestros.

Me faltaría saber a qué se refieren esos docentes con cooperar juntos, cuál es la letra pequeña en la que estaban pensando los encuestados cuando respondían. Tal vez para muchos docentes de los que han contestado cooperar consista únicamente en acudir a las tutorías pertinentes, apoyar las tareas que manda para hacer en casa y que las familias refrenden su autoridad, pero rechazan más aproximaciones. Tal vez también haya otros que tengan en mente padres proponiendo actividades, sumándose a ellas, echando una mano en huertos o bibliotecas escolares o incluso implicándose en talleres o grupos interactivos.

No es lo mismo y es imposible saberlo a partir de esta encuesta. Ojalá haya un segundo estudio que ahonde en ello. Ahí lo dejo como crítica constructiva.

Y hablando de críticas constructivas, el estudio trae de la mano dos manifiestos, uno dirigido a las familias y otro a los docentes, que invitan a secundar y difundir. Pero os confieso que hay una sentencia del manifiesto dirigido a los padres que me chirría en el sentido que apuntaba sobre qué se entiende por cooperar.

Fijaos en el final del punto dos: “Escucharé con atención y buena disposición lo que los profesores me digan sobre mis hijos y no les criticaré ni cuestionaré sus decisiones“.

Lo siento, pero no estoy de acuerdo. Los padres conocemos a nuestros hijos, mejor en muchos sentidos que los docentes. Descartar de entrada que podamos hacer aportaciones válidas por su bien o dar a entender que los maestros son infalibles me parece un error. Para argumentarlo voy a dejar aquí un extracto del post que os contaba que publiqué en octubre:

No me parece oportuno cerrar filas con los profesores sin cuestionar nada. Probablemente así muchos docentes tendrían las cosas más fáciles, pero lo primero es el bien del menor, no la facilidad de gestión e intendencia del alumno, la clase o el colegio.

Un profesor puede estar equivocado en sus métodos, haber hecho una mala interpretación, no tener toda la información, carecer de recursos…

Y sobra que os cuente que hay profesores buenos, malos y regulares, como en todas las profesiones. Hay personas bondadosas, mezquinas e incluso poco equilibradas. Hay docentes vocacionales, y aterrizados en un centro escolar sin más. Hay enamorados de la enseñanza y desencantados. Docentes llenos de fuerza y otros quemados.

E incluso los mejores entre ellos pueden meter en algún momento la pata.

Si los padres creemos que debemos hablar con ellos para que reconsideren alguna decisión, la manera en la que conciben a nuestro hijo o algún aspecto de cómo le enseñan, tenemos todo el derecho de hacerlo. Diría que incluso la obligación.

Siempre desde el respeto, el sentido común y la mesura.

Si creemos que debemos decir a nuestros hijos que el profesor tal vez se haya equivocado en  eso, que no le eche demasiadas cuentas a lo que le dijo o hizo, incluso que es posible que no sea el mejor maestro del mundo pero que haga lo que pueda en clase y tenga paciencia porque no durará siempre, que todos hemos tenido alguna vez un mal docente. Pues también estamos en nuestro derecho si creemos que redundará en el bienestar del niño.

No hay que desautorizar alegremente, hay que ponderar bien las consecuencias de lo que hagamos. Nunca vale es que nos escuchen gritar “tu profe es un gilipollas”.

Porque también hay muchos padres que tienen tela marinera. Hay padres sensatos y otros incapaces de razonar. Los hay buena gente, pero también mezquinos, irresponsable, incluso violentos. Los hay que cuentan hasta diez y los que se calientan a la velocidad a la que un Ferrari alcanza los 100 kilómetros por hora. Los hay que defienden a sus cachorros irracionalmente y los que saben evaluar qué hacer con calma. He dicho en el pasado que a veces las familias somos las responsables de haber quemado a excelentes profesionales. Lo he visto especialmente en Educación Especial.

E igual que los docentes, incluso los mejores también pueden errar.

Tengo claro es que lo mejor para nuestros niños es que familias y profesorado sepamos cooperar. Tenemos que saber entendernos.

Todos los demás, con la excepción del punto nueve (es poco realista pedir que nos planteemos a diario qué estamos haciendo para que la escuela de nuestros hijos sea mejor, con hacerlo una vez por trimestre ya sería mucho), me parece oportuno y podría firmarlo.

Termino con el manifiesto de los profesores. Siempre se podrían añadir cosas, más allá de añadir tal vez mantener una actitud abierta a las críticas o sugerencias que hagan los padres, estaría el seguir formándose, pero no tengo nada que objetar.

En cualquier caso sí que hay que pedir, por favor, que colaboremos juntos por el bien de nuestros niños. También es lo que ellos quieren.

Me encanta que nuestros padres y los profesores se lleven bien.

Es importante que se hablen y que se digan “esto Noelia lo ha hecho mal”.

Eso también sería el colegio ideal, que los padres se implicasen.

Porque al fin y al cabo tienen mucho que ver y mi educación también va a depender de los dos.

Me gusta que mis padres y los profesores se lleven bien porque si no para mí se me acabó el cole.

Los profesores te conocen en un aspecto diferente y los padres en otro, así que yo creo que la mejor educación sería que hicieran un trabajo conjunto.

Los que dicen estas frases, que son verdades incuestionables y deseos legítimos, son niños de entre 5 y 12 años en la segunda mitad de este vídeo: