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El caos de los coles

“No va mal el arranque de los coles pese a la Covid”, escucho a políticos y tertulianos, que ven como un éxito la vuelta a las aulas más extraña que nadie recuerde me atrevería a decir que desde el fin de la Guerra Civil.

Hombre, no está siendo una apocalipsis vírica que haya obligado a cerrar colegios a cientos. Si nos permitimos las generalizaciones, los maestros y el personal no docente de los centros están aprobando en el manejo como buenamente pueden de la situación pese a las muchas dificultades (hace poco fue su día, ánimo para todos ellos), y los niños están teniendo un comportamiento digno de aplauso.

En ese sentido es cierto que no va mal, pero a veces me pregunto si esas declaraciones las profieren adultos que tienen que bregar con la escolarización de sus hijos, con los grupos de whatsapp del cole, las circulares informativas de los centros y los mocos y toses infantiles.

Los coles siguen abiertos, prestando su doble servicio de educar niños y permitir a sus adultos que trabajen, pero también hay un caos en los coles formado por una legión de pequeños caos personales que están gestionando las familias como mejor pueden.

Solo en mi entorno, que no es tan extenso, la jornada continua ha sido fuente de todo tipo de problemas, como que no se ponga sin permitir votar a los padres, o que se vote y se decida casi in extremis obligando a nuevos bailes para conciliar. El comedor es otro escenario de guerra, porque no caben todos los niños, porque muchos se han quedado fuera por sorteo o por el orden de solicitud. Los cambios de horarios y lugares para entregar y recoger a los niños suponen aprender un nuevo juego de malabares para conciliar, sobre todo cuando tienes a un hermano en un ciclo y a otro en otro saliendo casi simultáneamente por puertas opuestas. Extraescolares que no se hacen, o se hacen ‘aburbujando’ niños y dejando a muchos fuera, obligando a recoger a los niños cuando a ti aún te quedan dos horas currando. La adaptación de los colegios para aligerar las aulas y mantener distancias se ha traducido en algunos casos en clases montadas en lugares poco apropiados, como un gimnasio dividido por colchonetas o un espacio cedido en alguna instalación municipal fuera del centro. Clases que se dan con las ventanas abiertas de par en par por aquello de la necesaria ventilación, que a ver cómo se sostiene cuando arrecie el invierno, y niños que se resfrían. Sobre decir que a ver quién manda un niño al cole con un poco de mocos y toses, aunque esté como una rosa.

Y no entremos ya en el caos de las cuarentenas y de las pruebas PCR. Las pruebas que no mandan, las que mandan y no llegan, las que mandan y tardan tanto que no tenía sentido mandarlas, con los profesores quejándose de que no reciben instrucciones sanitarias claras, que no les cogen el teléfono siquiera. Y tu vecina del 3ºA te cuenta que como su hijo pequeño estuvo con un positivo tenía que guardar cuarentena pero el mayor podía seguir acudiendo al cole; pero a tu compañera de trabajo le dejaron a los hermanos también cuarentenados. Y tu prima solo tuvo al niño una semana sin salir, pero a ti te lo enclaustraron dos… De nuevo, a ver cómo concilias con semejante berenjenal.

No va mal el arranque de los coles este curso pese a la Covid.  Eso dicen…

(Eduardo Sanz Nieto/EP)

Una vuelta al cole llena de miedo e incertidumbre

La semana próxima Jaime volverá al colegio. Los centros de Educación Especial en la Comunidad de Madrid, igual que los ciclos de Infantil y Primero, Segundo y Tercero de Primaria, pisarán de nuevo las aulas de las que fueron vetados en marzo el 8 de septiembre.

En su caso, su colegio es pequeño, con menos de medio centenar de niños y ratios de cinco alumnos por clase, minúsculas comparadas con las de su hermana que el 17 de septiembre comenzará Sexto de Primaria. Quiero creer esos números reducidos rebajan el riesgo de contraer la enfermedad, pero lo cierto es que el virus puede estar en cualquier parte. Y no creáis que todos los colegios de Educación Especial son pequeños, hay centros muy grandes y poblados. Eso sin contar que también hay niños como él incluidos en colegios ordinarios.

Quedan pocos días y sobran las incógnitas. Jaime no tolera llevar mascarilla, no entiende de distancias sociales, no se le puede explicar que no puede tocar todo lo que le venga en gana. Tiene catorce años, pero igual que muchos de los niños que se incorporaron esta semana a las escuelas infantiles, no sabe lo que es el covid, no tiene ni idea de que existe un virus que tiene al mundo en jaque.

Muchos de sus compañeros están en la misma situación. No me cabe duda trabajarán todas esas medidas de seguridad y la comprensión de la situación en el cole, para que en mayor o menor medida puedan ir aplicándolas y entendiendo lo que pasa según su capacidad; pero es una realidad que muchos seguirán sin poder cumplirlas, lo que supone un factor de riesgo añadido. Y eso se traduce en más temor de cara a la vuelta al cole más atípica que se recuerda, sin noticias del peso de la mochila o el coste de los libros de texto.

Los sanitarios no son los únicos retos de muchos alumnos de Educación Especial. Interrumpieron sus clases de forma abrupta hace siete semanas, una mayoría sin comprender en absoluto o bien el motivo. Ahora tendrán que volver tras haber pasado por confinamientos y restricciones, con sus rutinas patas arriba, y tampoco será fácil explicarles y que acepten ese retorno.

Alumnos, padres y docentes tenemos muchos retos por delante que afrontar con asertividad.

Y a los padres y docentes, da igual el ciclo o las circunstancias de nuestros niños, nos toca este curso ser especialmente responsables. Y también cruzar los dedos, no vamos a engañarnos.

Estamos mandando a nuestros hijos aleccionados, cargados de geles y mascarillas, pero con una piedra en el estómago.

¡Qué difícil es gestionar el miedo y la incertidumbre!

Lo que dice la última guía del Ministerio sobre la próxima vuelta al colegio en Educación Especial

Esta vez sí, la guía de 26 páginas del Ministerio de Educación y FP con las medidas para mantener a raya la COVID-19 el próximo curso, una contempla a los alumnos de Educación Especial. En las páginas 17 y 18, y equiparándolos con Educación Infantil de 0 a 3 años, explica el reto al que se enfrentarán centros, profesionales, familias y alumnos en septiembre.

Una guía que, por cierto, desdice algunos puntos de prevención adelantados por el ministerio hace quince días. Teniendo en cuenta lo que queda hasta septiembre, ya veremos lo que nos espera en la vuelta al cole más atípica y llena de incertidumbres que se recuerda.

Pero lo que tenemos a día de hoy es esta guía, ¿qué es lo que dice respecto a la Educación Especial? Os dejo al final el texto íntegro, pero os resumo que están exentos de mascarilla, como era de esperar; que en las interacciones con los educadores ellos también podrán llevarla y que hay que ventilar y  limpiar mucho a todo y a todos.

No han descubierto la pólvora precisamente. La pelota queda en el tejado de cada centro, que tendrá que sacar el máximo partido a sus instalaciones (un aseo por cada uno o dos grupos, cuando son grupos de cuatro a seis niños, es imposible en la mayoría) y en los profesionales que trabajan con estos niños y jóvenes. Profesionales cuya carga de trabajo, voluntad, implicación y flexibilidad suelen ser sobresalientes y que espero que hagan acopio de energía este verano para afrontar la incertidumbre y los retos que nos esperan a todos.

También a las familias y a los alumnos, que suelen estar apegados a unas rutinas que en muchos casos serán difíciles de mantener y verán alteradas, que afrontarán un retorno al colegio tras muchos meses en casa, con sus terapias y actividades extraescolares también interrumpidas. Una vuelta al colegio que puede ser especialmente complicada de gestionar, sobre todo teniendo en cuenta la limitada capacidad de comprensión de una mayoría.

Mi hijo con autismo, sin ir más lejos, siempre comienza en septiembre alterado, con más conductas disruptivas nacidas de la poca motivación por volver al trabajo. Este año no me extrañaría que este comportamiento arreciase.

El inicio del próximo curso puede que sea muy higiénico, pero además va a ser muy movidito en muchos sentidos.

(JORGE PARÍS)

Limitación de contactos

– Se organizará la entrada y salida de manera que un miembro del personal acompañará a cada alumno/a su aula de referencia, si no es autónomo para ir solo.
– Se asignará un aseo por cada 1-2 grupos, si es posible. Si no, se intensificará la limpieza y desinfección.
– Cuando se vayan a producir desplazamientos por el centro educativo, se contará con un horario y organización que posibiliten que los grupos no coincidan a la vez en los desplazamientos.

Medidas de prevención personal
– Se recomienda intensificar la higiene de manos (con agua y jabón) asegurando los siguientes momentos: al llegar al centro educativo, tras estornudar o sonarse, al cambiar de espacio o de actividad, antes y después de comer, después de ir al baño y siempre que haya suciedad visible.
– Se recomienda evitar la utilización de gel hidroalcohólico en niños/as que se meten las manos frecuentemente en la boca. Tener precaución de no dejarlo accesible sin supervisión.
– Es importante consolar a los niños y niñas y puede ser frecuente la necesidad de tenerlos en brazos o tener una interacción cercana con ellos para su adecuada atención. Cuando se les coge en brazos o es necesaria una interacción estrecha la persona cuidadora podrá llevar mascarilla higiénica.
– No se recomienda el uso de mascarilla en el centro educativo ni para menores de tres años (contraindicado en menores de 2 años por riesgo de asfixia) ni en personas con discapacidad o con situación de dependencia que les impida ser autónomas para quitarse la mascarilla o personas que presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su uso adecuado.
– En el caso de los trabajadores, se recomienda llevar el pelo recogido y evitar el uso de anillos, pulseras y colgantes.
– En la medida de lo posible utilizar ropa de trabajo que se lave a diario a alta temperatura.
– El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales evaluará el riesgo de exposición de determinadas actividades más allá de las presentes en este documento.

Limpieza y ventilación del centro
– Se utilizarán objetos y juguetes que se puedan limpiar o desinfectar de manera sencilla.
– Si se utilizan peluches o juguetes de tela, se deben poder lavar a alta temperatura.
– Dado que la ventilación es una de las medidas más eficaces para minimizar la transmisión, y que se recomienda ventilar frecuentemente, se tendrá una especial precaución en estos grupos de alumnos para evitar accidentes.

Atención temprana, mucho que reivindicar

El día de hoy está dedicado a la atención temprana, esa herramienta imprescindible para el correcto desarrollo de muchos niños, para que alcancen su máximo potencial.

Una herramienta roma, herrumbrosa en algunos puntos y con un mango gastado, más semejante a un barato cuchillo de cocina mermado por los años y el uso que a un reluciente y eficaz escalpelo. Una situación imperdonable, nuestros niños merecen lo mejor, o al menos lo bueno, pero eso no es lo que se están encontrando con frecuencia.

A finales de enero os contaba aquí mismo la recogida de firmas de Ana, madre de la pequeña Vega, exigiendo una atención temprana de calidad, gratuita y sin esperas. No es la primera vez, ni la segunda, ni será la última que la reivindicación de una atención temprana accesible asome a este blog.

Una herramienta a la que espero que saque filo el reciente proyecto de Ley de Protección Integral a la Infancia y a la Adolescencia frente a la Violencia impulsado por el Gobierno. Es un texto que recoge la universalidad y el carácter integral de la atención temprana desde el nacimiento hasta los seis años de edad con una perspectiva sociosanitaria.

La música suena bien, habrá que vigilar cómo es el baile; cómo toma tierra y lo recursos que efectivamente se le dedican.

Una reivindicación que dejo hoy bajo los términos de la Plataforma por la Atención Temprana.

Hoy, martes 16 de junio de 2020, se celebra el Día de la Atención Temprana 2020. La atención temprana es fundamental para la salud de cientos de miles de niños: cuando existe una situación de riesgo o se produce de hecho una alteración en el desarrollo, intervenir precozmente durante la primera infancia es necesario para poder optimizar las posibilidades de desarrollo de ese menor. La atención temprana es la primera inversión que los poderes públicos han de realizar en fomento de la autonomía y equidad.

Sin embargo, miles de niñas, niños y sus familias en este país siguen sin tener acceso al conjunto de intervenciones sanitarias, educativas y sociales que componen esta atención, especialmente a las intervenciones terapéuticas que se prestan por los profesionales de los centros de desarrollo infantil: fisioterapia, logopedia, psicoterapia y otras. Miles de menores que, después de soportar diferentes trámites burocráticos, engrosan listas de espera interminables para poder acceder a los recursos de las redes públicas. La situación entre comunidades autónomas es de total inequidad, abundando la situación de déficit de recursos, falta de transparencia y escasa sensibilidad de las administraciones autonómicas a este problema. Ni siquiera existe un dato oficial agregado estatal que permita cuantificar los recursos existentes, pero seguro que está muy lejos a las necesidades existentes, que se estiman deberían cubrir al 10% de la población menor de seis años, unos 250.000 niños y niñas en toda España.

La Plataforma por la Atención Temprana quiere aprovechar este día para exigir una vez más una legislación específica estatal que consagre y desarrolle el contenido mínimo de este derecho, y que armonice las distintas regulaciones autonómicas, garantizando una atención al desarrollo pública, universal, gratuita y de calidad, que comience de forma precoz y que comprenda toda la infancia de los menores con alteraciones del desarrollo.  En este sentido, además de a los distintos responsables autonómicos, hacemos una llamada pública al Gobierno  para que avance con celeridad en los compromisos adquiridos con nuestra organización en las reuniones mantenidas con los titulares de los Ministerios de Sanidad y la Vicepresidencia Segunda del Gobierno y refrendados en el pacto de Gobierno: [punto 2.2.10] “desarrollar un sistema de atención temprana que implique el reconocimiento y garantía de un derecho subjetivo a la atención temprana integral, universal, gratuita y pública y sin discriminaciones en virtud del lugar de residencia”.

El Gobierno parece haber olvidado a la Educación Especial en su plan de medidas de prevención e higiene para los centros educativos

Este jueves el ministerios de Sanidad y Educación y FP expondrán a las comunidades autónomas en la Conferencia Sectorial de Educación un documento con las medidas de prevención e higiene para los centros educativos para tener “una estrategia consensuada” con la que “ofrecer un entorno seguro y saludable al alumnado y personal”.

Perfecto, estoy deseando ver qué sale de esa reunión y, sobre todo, todas las medidas expuestas en ese documento. Ya os contaba ayer que todos los padres y el personal docente vivimos con la incertidumbre de qué se encontrarán nuestros hijos en septiembre, cuando la vuelta al cole tenga que ser una realidad. Pero ya adelanto que me ha preocupado no encontrar mención a la Educación Especial en la una nota de prensa que acaban de enviar y en la que resumen algunas de las medidas a adoptar.

Habla de la gestión de los posibles casos, de cómo debe ser la limpieza y ventilación (“durante al menos cinco minutos al inicio de la jornada, al finalizar y entre clases” y “manteniendo las ventanas abiertas el mayor tiempo posible”) y especifica además que:

En la educación infantil,hasta el 4.º curso de Educación Primaria incluido, se ha definido que se podrán establecer grupos estables de alumnado, idealmente con 15 alumnos/as (máximo 20), que pueden socializar sin mantener la distancia interpersonal de forma estricta, ya que es un grupo de convivencia estable. Esto posibilitará además el rastreo de contactos rápido y sencillo en el supuesto de que se diera algún caso.

Por su parte, en 5.º y 6.º de Educación Primaria, Educación Secundaria y Bachillerato los espacios se reorganizarán de forma que se cuente con una separación de al menos 1,5 metros entre las mesas. Se priorizará asimismo, en la medida de lo posible, la utilización de los espacios al aire libre para la realización de las actividades educativas y de ocio, en lugar de los cerrados.

Apartado importante tienen las medidas de prevención personal, como son la higiene de manos frecuente y meticulosa, evitar tocarse la nariz, ojos y boca o usar pañuelos desechables. Respecto a la mascarilla en educación infantil no es obligatoria y en Primaria, de 1.º a 4.º, tampoco será necesario su uso si se está con el grupo estable de convivencia. Si se sale del mismo se deberá llevar puesta cuando no se pueda mantener la distancia de 1,5 metros. Para los alumnos que cursen a partir de 5.º de Primaria el uso de mascarilla será obligatorio cuando no se pueda mantener una distancia interpersonal de 1,5 metros pero no cuando se esté sentado en el pupitre.

Vale… ¿Y qué pasa con la Educación Especial? Entiendo que no tendrán que usar mascarilla, igual que los niños de educación infantil, dado que ya están exentos de usarla en otras circunstancias. Tal vez sea deducible la distancia social, como hasta 4ª de Primaria, no tendrá que mantenerse si se trata de “un grupo de convivencia estable”. Claro que eso puede implicar un reto fuera de las aulas, en patios, comedores u otro tipo de actividades, que parece que tendrán que organizarse escalonadamente para evitar que coincidan, porque si coinciden no entenderán que deben mantenerse a un metro y medio de los demás. ¿Y qué pasa con la distancia respecto a los profesionales del centro?

Hay muchas preguntas sin respuesta, no solo esas que expongo. No solo en Especial, también en cualquier ciclo. Pero es que la Educación Especial, insisto, ni siquiera se menciona. Y no me parece una ausencia casual. En mayo dábamos la noticia de que los directores de centros de Educación Especial públicos, concertados y privados estaban se oponían a reabrir por la imposibilidad de cumplir las medidas de seguridad; argumentaban que los alumnos son población de riesgo y que es imposible evitar el contacto directo.

“No nos consideramos capaces de garantizar que se cumplan las medidas de seguridad que continúan en vigor en dicha fase, como son el uso de protección individual, el lavado de manos, el uso del codo o de pañuelos de papel para estornudar o toser, etc. por parte de nuestro alumnado”. En cuanto al distanciamiento social “es imposible llevarlo a cabo, los alumnos no lo entienden y no pueden cumplirlo”. Y tampoco por parte de los profesionales, ya que “en muchas ocasiones hay que acercarse a ellos, tocarles, limpiarles, llevarles de la mano, etc”. “Muchas de las patologías que presentan nuestros alumnos, cursan con dificultades y/o compromiso respiratorio, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo y pronóstico en caso de ser infectados”. “No sabemos qué soluciones se pueden encontrar para estos problemas, pero desde luego, que el alumnado venga a los centros contraviene totalmente las medidas de seguridad necesarias, tanto laborales como de salud”

Muy semejante a lo que sucede con los niños más pequeños, que van a escuelas infantiles (guarderías, otro tema candente y pendiente), pero a una edad de escolarización obligatoria.

Hablamos de 37.000 alumnos para los que también hay que pensar en cómo obrar teniendo muy presentes sus características.

Espero sinceramente que mañana no sean obviados.

(JORGE PARÍS)

La vuelta al cole, asignatura suspensa hasta septiembre

Vuelven los coles. Cómo y de qué manera es algo que depende de la fase y del ciclo, que no es lo mismo Primaria que Bachillerato, depende incluso de las circunstancias específicas de nuestros hijos Y de si viven en una ciudad por varios millones o en una aldea, pero la cosa es que vuelven.

Vuelven a abrir sus puertas los coles, con más o menos abundancia de mascarillas y geles hidroalcohólicos y justo antes de que el calendario escolar obligue a cerrarlas de nuevo hasta septiembre.

La duda es si volverán los niños a los coles en esta apertura preveraniega y precipitada, aparentemente nacida más por la necesidad de tener dónde guardar a los niños mientras se retorna al trabajo tras el ERTE o el trabajo en casa que por sus necesidades educativas.

Lo cierto es que están volviendo pocos, muy pocos. Da igual la comunidad autónoma, la afluencia es mínima.

Y es lógico.

Por un lado está el miedo. El miedo a que las medidas de seguridad no sean suficientes, a que no haya bastante vigilancia para que se cumplan, a que el virus dichoso entre en casa, alcance incluso a los abuelos ahora que habíamos podido verles de cerca de nuevo, aunque sea sin besos y abrazos.

Miedo, y pena también, a que vuelvan a un entorno en el que no pueden jugar libremente con sus amigos que es lo que más querrían y necesitarían. Miedo especialmente si los niños son muy pequeños o están en los frecuentemente olvidados colegios de educación especial, es decir si parece difícil que comprendan las instrucciones a seguir para mantener la distancia y la higiene debida,

Por otro lado están las fechas. ¿Llevar a los niños al colegio para dos semanas? Pues va a ser que no. Si ya hemos pasado lo peor, si ya hemos aguantado con ellos en casa tres meses, si lo que necesitaría ahora, en todo caso, serían campamentos de verano. Y vuelta al miedo al pensar en esos campamentos, de actividades deportivas, de piscina, de patios de colegio reconvertidos en lugares de ocio.

Hay adultos que, perdido el trabajo, prefieren cuidarles en casa. Hay adultos, madres sobre todo, renunciando a trabajar para atenderlos.

(JORGE PARÍS)

Salvo que la necesidad obligue, la verdadera vuelta al colegio será en septiembre, una vuelta al cole en la que los medios tendremos mucho más que contar que los típicos reportajes del peso de las mochilas, el precio de los libros de texto o los centros que aún están en obras. Una vuelta al colegio llena de incertidumbres. Una vuelta al cole que va a ser un reto en demasiados sentidos.

Las familias no sabemos cómo será, qué se encontrarán nuestros hijos pase el estío y el nuevo curso llame a la puerta. No sabemos nada. Ni cómo serán los periodos de adaptación para los niños que empiezan en Infantil, ni si volverá a haber reuniones presenciales para informar a los padres en grupo, funciones escolares o excursiones, ni cómo se distribuirán los espacios y las manos o se impartirán las materias.

No lo sabemos las familias, pero es que tampoco lo tiene claro el personal docente.  Lo peor, que tampoco tenemos la certeza de que lo sepan los responsables de gestionar cómo salir con bien de este embrollo del que somos todos primerizos.

Esta crisis sanitaria está siendo todo un máster en gestión de la incertidumbre, en aprender a vivir sin mirar demasiado al futuro, sorteando los obstáculos que nos salen al paso como mejor podemos.

Sin olvidar, aunque sea una asignatura suspensa hasta septiembre, que la educación (que no el guardar niños por muy necesario que resulte) es un derecho fundamental de la infancia.

No está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones

Queda poco para la Navidad. Es el final del primer trimestre. Época de exámenes y de recoger notas para miles de estudiantes. También de recibir los últimos datos del informe PISA, que no es perfecto como no lo es ninguna evaluación, y que evalúa la calidad de nuestro sistema educativo.

Pues hemos cateado. O si queremos expresarlo de una manera más apropiada, España necesita mejorar, porque estamos yendo a peor. Sobre todo en matemáticas y ciencias, materias en las que no logramos superar esa brecha entre niños y niñas en estas materias.

Además aumentan las repeticiones en Primaria, descienden las titulaciones en Secundaria y las diferencias entre las distintas Comunidades Autónomas claman al cielo

El Ministerio de Educación y FP destaca en su comunicado de reacción que España es uno de los países con mejor clima escolar y bienestar de los estudiantes (el 86,5% se siente integrado y el 81% hacen amigos con facilidad en el cole) y que tenemos unos índices de acoso escolar por debajo de la media de la OCDE.

Y oye, muy bien. No seré yo la que reste importancia al hecho de sentirse a gusto en clase. Pero no está el patio (escolar) como para no reconocer los problemas y encararlos, buscando soluciones.

Comisiones Obreras echa la culpa a “los efectos negativos y perversos de la LOMCE”, la ley orgánica de tiempos de crisis del Partido Popular que lleva siete años en vigor. Y tampoco seré yo quién defienda esa ley.

Madrid, que ha salido especialmente perjudicada y dónde ahora impera el PP que impulsó la Lomce, critica a los examinadores. “Es que la profesora me tiene manía mamá”, “es que el profe no planteó bien las preguntas papá”. Y cierto es que las pruebas de comprensión lectora no se han publicado por las anomalías detectadas, pero digo lo mismo que al ministerio: menos escurrir el bulto y más asunción de la situación y ganas de cambiarla.

En general, las reacciones de la clase política van más dirigidas a barrer para casa, atacando o defendiendo en busca de rédito, que en perseguir de manera proactiva y positiva maneras de mejorar.

Como siempre.

Es preciso un pacto educativo en el que todos nuestros políticos colaboren para primar a nuestros niños y jóvenes por encima de cualquier otra consideración; por encima, por supuesto, del uso de la educación como arma política con la que lograr votos y repercusión mediática.

La religión, el bilingüismo, la enseñanza del castellano, los conciertos, la libre elección de centro o la segregación por sexos se enroscan y desenredan sobre el camino a seguir para mejorar nuestro sistema educativo, impidiendo su avance. Son temas relevantes por supuesto, pero hay que dejar de emplearlos como cuchillos y poner el foco en reducir las ratios, en revertir recortes, en formar adecuadamente al profesorado y dejarles el aire que necesitan para hacer su trabajo, en incentivar metodologías cuya efectividad está probada o en no mantener itinerarios rígidos que elegir demasiado pronto.

Es preciso para ello formar un gobierno primero, claro. Otra tarea pendiente para este final del primer trimestre.

Llamadme pesimista si queréis, pero igual que a mis 43 años ya no creo en los Reyes Magos, tampoco tengo ninguna esperanza en nuestros gobernantes para apartar sus luchas de poder y dar la importancia que merece a la educación.

(GTRESONLINE)

El informe íntegro:

¿Mascotas en clase? Un aula no es lugar para hámsters, insectos o pájaros

Se llama Bolita, es una hámster rusa de más de dos años (provecta edad) y es la mascota de la clase. Toda su vida ha transcurrido en un aula, con su consecuente griterío esporádico, y pasando por diversas casas de niños en vacaciones y en los fines de semana. Periplos voluntarios, a nadie se obliga, pero siempre hay candidatos.

En otras clases hay bichos palos o agapornis. No es el único colegio en el que esto sucede. Seres vivos en una esquina, aumentando la ratio pero dando poca guerra.

¿Os parece buena idea?

Puede venderse como una manera de trabajar la responsabilidad en los niños, cierto, pero yo no estoy nada de acuerdo y así lo planteé en la reunión del primer trimestre.

¿De verdad no se puede aprender esa responsabilidad de otra manera?
A mí me parece más importante transmitir a nuestros hijos el respeto por la vida, por el otro.

Lo primero que hay que plantearse antes de dar la bienvenida a un animal a nuestro hogar (o colegio o empresa) es su bienestar. ¿Estará en las condiciones óptimas? ¿Podemos hacernos cargo de él para siempre y en todo momento? Si no es así, mejor no tenerlo. Vivir en una clase y dando tumbos por distintas casas no es pensar en lo mejor para el pobre bicho.

Yo lo tengo claro: mascotas vivas en los colegios, mejor que no. También porque lo que se puede acabar enseñando a los niños es que nuestro capricho, nuestros deseos, están por encima de cualquier consideración hacia el animal. Un mensaje muy peligroso, más en una España repleta de abandonos.

Para entender la responsabilidad que supone un animal, para acercar los animales domésticos a las aulas, nada mejor que invitar a algún voluntario de un centro de protección animal a dar una charla en el colegio sobre la realidad existente en este país, con perreras y protectoras llenas, decenas de miles de gatos en la calle con una esperanza de vida irrisoria y muchas más pequeñas mascotas abocadas a vidas cortas llenas de sufrimiento por la falta de conocimientos.

Tener un animal de compañía no es obligatorio. Resistirse a los impulsos poco reflexionados sí debería serlo.

Hace falta más inversión en el sistema educativo y menos en la celebración de elecciones

Esta misma mañana venía escuchando en la radio que la media de edad de los profesores españoles, 44 años, es superior a la europea, que el 36% de los docentes tiene 50 años o más y que el descenso en el número de profesores jóvenes desde la crisis es notable. Son datos recientes de la OCDE.

Lo oía pensando que la edad de los maestros no me parece un gran problema desde el punto de vista de los niños. Desde el estructural ya puede ser otra cosa. Dos de los mejores maestros que ha tenido mi hija han sido profesores que estaban al borde de la jubilación.

Ser un buen docente no tiene que ver con la edad, tiene que ver con aspectos como la vocación, con la implicación, con el conocimiento, con la empatía. La veteranía puede ser causa de desmotivación y desactualización en algunas personas, pero también puede ser un grado.

La peor maestra que ha tenido mi hija fue precisamente una de las más jóvenes. Casualidad, ya lo sé. Pero ejemplifica lo que defiendo. Por suerte apenas duró tres meses en el centro. Y ahí llegamos a lo que me parece el verdadero problema en la enseñanza pública de este país si ponemos el foco en el profesorado: la elevada tasa de interinidad y lo ajustado de las plantillas.

Eso sí es preocupante de cara a la calidad de la enseñanza.

No me entendáis mal. Hay interinos maravillosos, que se esfuerzan en hacerlo lo mejor que saben, pero es difícil teniendo en cuenta que son introducidos en distintos centros, con distintos modos, que aterrizan en clases por tres meses, por seis, por periodos que no les permiten trabajar en condiciones, con todo el curso en mente, conocer a los niños y ganarse su confianza.

Mi hija tiene diez años y raro es el año que ha tenido el mismo tutor todo el curso. Jamás ha pasado por eso de tener la misma persona de referencia dos años seguidos. Embarazos, jubilaciones, enfermedades… se cubren con esa suerte de paracaidistas de la enseñanza que son los interinos.

Y eso cuando se cubren a tiempo, porque no es raro que durante un par de semanas no haya tutor, a la espera del interino que la administración quiera adjudicar.

Como las plantillas están ajustadas al mínimo, la atención de esos cursos desiertos de maestro es un encaje de bolillos difícilmente satisfactorio. La capacidad de maniobra ante eventualidades de los centros es extremadamente limitada. Y las ratios son demasiado elevadas, cuando reducirlas es una medida que todo el mundo sabe efectiva y que no s lleva a cabo por falta de voluntad política.


Se nos llena la boca hablando de la importancia de la educación, diciendo que los niños son el futuro, lo más valioso de una sociedad. Pero a la hora de la verdad tenemos los colegios manga por hombro en demasiados aspectos. Otro, por ejemplo, es la atención al alumnado con necesidades especiales.

Luego las propuestas y peleas políticas vienen de la mano de la asignatura de religión, de si pedir permiso a los padres para recibir charlas sobre sexualidad y tolerancia o de las lenguas oficiales.

Estamos esperando un plan de choque efectivo de verdad, uno que reduzca ratios e interinidad y amplíe plantillas. No hace falta inventar la pólvora, hace falta invertir más en la educación y menos en la celebración de elecciones.

(GTRES)

La política e intereses aledaños deberían quedar al margen de los libros de texto

Muy hartos tienen que estar los editores de libros de texto de cómo las comunidades autónomas gestionan sus competencias educativas queriendo meter mano al contenido que llega a nuestros hijos. Tienen que estar muy hartos, porque el director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), Antonio María Ávila, se ha quedado a gusto soltando todas las barbaridades que les piden desde las consejerías y denunciando que “los políticos presionan y además utilizan mecanismos bastardos para que los libros digan lo que ellos quieren y no lo que la ciencia dice”.

Ahí es nada. Un buen mazazo verbal dirigido a los que se supone servidores públicos. Pero de impacto relativo, porque a pocos les (nos) sorprende que estén obrando así.

Algunos de los ejemplos que facilitó: resulta que en Cataluña quieren que no se hable de los Reyes Católicos y que se aluda a una “corona catalanoaragonesa” que jamás aparece en ningún documento de la Edad Media.; e Valencia quieren censurar a Fernando Lázaro Carreter, escritor que llegó a ser director de la RAE, porque dijo que el valenciano era un dialecto del Catalán; en las Islas Canarias no quieren que aparezcan los ríos.

Lo piden en reuniones de viva voz, asegura Ávila, porque no se atreven a ponerlo por escrito.

Todo eso se traduce en 450 normas autonómicas y 51.528 libros diferentes. Un carajal de cuidado.

José Moyano, presidente de la Asociación Nacional de Libros de Enseñanza (Anele), quiere un “currículo homogéneo de sentido común”. Y no parece en absoluto una petición descabellada dado lo que cuentan.

¿Deberían los libros de texto ser iguales en toda España? Pues sinceramente, no veo inconveniente. No voy a pedir el retorno de las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas, pero en demasiados casos deberían ejercerlas con más sentido común y ánimo de acordar soluciones comunes a todo el territorio.

¿Ponerse de acuerdo pensando en lo mejor para la población y no en lo mejor para las instituciones autonómicas y sus represenantes? Ya. Soy consciente de lo imposible de esta petición.

Los libros de texto no deberían ser instrumentos para aleccionar a futuras generaciones, para reescribir la historia, para defender estrategias o impulsar conceptos nacionalistas mal entendidos. Los libros de texto son, o deberían ser, instrumentos para que nuestros hijos afiancen conocimientos que les sean útiles en un futuro, conocimientos ciertos y relevantes.

No debería ser demasiado pedir que en la elaboración de los libros de texto participen técnicos, expertos bien preparados, y que la política e intereses aledaños queden al margen.

Aunque al final tal vez lo deseable va a ser que los libros de texto apenas existan en los primeros ciclos y no se sigan al pie de la letra, sino de manera flexible, en los siguientes.

Los niños de Infantil no los necesitan y los de Primaria en corta medida si el centro educativo apuesta por otros sistemas como el trabajo por proyectos o la elaboración de materiales propios y otras estrategias educativas. En cursos posteriores pueden ser solo una guía que seguir de manera flexible en manos de un profesorado al que queremos bien formado, motivado e intencionado.

Por pedir…

(GTRES)