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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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‘Elefante y Miguel’, un cuento para aprender a querer bien, a respetar la felicidad ajena (y contrario a los circos con animales)

Un precioso cuento ha nacido de un post que apareció publicado en este blog. Un post que a su vez nació de otro hermoso cuento. Un juego de muñecas rusas literario y con el propósito de contribuir a hacer de este mundo un lugar un poquito más justo para todos, también para los animales.

El post lo publiqué en diciembre de 2015, se titulaba Carta de una madre al colegio de su hijo por organizar una excursión a un circo con animales y empezaba así:

Ayer estuve con María José Rodríguez en la presentación de Galguiel precioso cuento que ha hecho junto al ilustrador Andrés Arcos que recoge la historia de un perro abandonado. Me contó que el curso pasado organizaron en el colegio de sus hijos una excursión a un circo en el que había animales (elefantes, grandes felinos…). “¡Anda que no habrá opciones de salidas con niños: museos, jardines, otro tipo de espectáculos!”, convinimos ambas.

María José hizo algo me parece especialmente meritorio: escribió una carta al claustro de profesores explicando porqué su hijo no acudiría a esa excursión con la intención de que se replantearan en el futuro repetir salidas semejantes.

Estoy completamente de acuerdo con su postura. Mis hijos tampoco hubieran ido. Circos sí. Circos con animales, rotundamente no. Ni Julia ni Jaime pisarán un sitio así, mientras de mí dependa. Es un tipo de maltrato animal que insensibiliza. Y es especialmente sangrante porque va dirigido eminentemente a un público infantil, un público en el que cultivar la empatía y sensibilidad hacia otros seres vivos, que no los perciban como un objeto que nos tiene que ser útil o entretenernos, sino como un ser vivo con derechos.

Elefante y Miguel, heredero de aquella idea, pronto será realidad porque ha iniciado hoy mismo su andadura en Verkami y no tengo duda de que logrará su objetivo, conseguirá enamorar a suficientes mecenas como para ver la luz y convertirse en el cuento favorito de muchos niños. Niños que ojalá cuando sean adultos vivan en un mundo en el que los circos ya no utilizan a animales salvajes de una manera tan cruel.

Yo creo que sí, que así será, que cuando esos niños que se emocionen leyendo las aventuras de Miguel y de Elefante sean padres y lean este cuento a sus hijos, dentro de dos o tres décadas, tendrán que explicar a una audiencia incrédula que hubo un tiempo no tan lejano en el que cogían tigres y elefantes, los hacían vivir en instalaciones inadecuadas, viajar sin descanso y hacer payasadas hasta que eran descartados si dejaban de ser útiles o rentables.

Pero el cuento seguirá teniendo vigencia, porque atesora la enseñanza de que hay que querer bien. A los animales, pero también a nuestros iguales. Querer bien no implica poseer, dominar, utilizar, tener cerca. Querer bien es un acto de generosidad que busca la felicidad de aquel que amamos. Y así, también, encontramos nuestra propia felicidad.

El cuento es además una maravilla estética, luminosa y atrayente. Su ilustrador, Andrés Arcos, ya creó un inolvidable galgo con cara de lápiz en su anterior colaboración con la escritora y ha vuelto a repetir la proeza con Elefante, que es tiene una personalidad arrolladora.

María José Rodríguez ha tenido la amabilidad, en plena vorágine del lanzamiento de un crowdfunding, de responder un par de preguntas sobre su último libro:

 ¿Qué pretendes conseguir con este cuento?
En primer lugar que los niños entiendan que querer a un animal significa querer hacerle feliz. No solo quererle en el sentido de poseer, de tenerle cerca. Sino quererle en el sentido de hacerle feliz. Es el lema de nuestro cuento: Te quiero feliz. Y ese deseo de hacerle feliz implica satisfacer sus necesidades, que a veces pueden chocar con nuestros propios deseos.

Y para que los niños entiendan esto, primero tienen que ponerse en el lugar de ese animal que está pasándolo mal en un circo, en un zoo, en un chenil, en una jaula… con Elefante y Miguel buscamos que los niños reflexionen sobre qué sentirían ellos en su lugar, en un espacio reducido del que nunca salen, lejos de sus familias. Con esto a los niños les basta para entenderlo, para empatizar con esos animales. Si los niños entienden esto, entenderán que no está bien encerrar a un animal para nuestra diversión o beneficio, ni en un circo, ni en un zoo ni en cualquier otro lugar que no sea su hábitat natural. Y ojalá que, con estos niños, desaparezcan circos, zoos y todos aquellos lugares en los que los animales sufren.

Queremos que los niños miren a los animales a los ojos y comprendan todo lo que son: seres vivos con su carácter, sus preferencias, sus necesidades, su dignidad.

¿Qué te impulsó a convertir tu reclamación en un cuento?
La segunda vez que la tuve que poner, Diego ya era más mayor y entendía mejor las razones por las que nosotros no encontrábamos correcto que fuera a la excursión del colegio a un circo con animales. Él no quería ver animales tristes haciendo tonterías y comprendía que eso estaba mal. Miguel era más pequeño y entendía peor los conceptos, pero tenía claro que a él mismo tampoco le gustaría estar todo el día metido en una habitación y salir sólo para hacer reír a los demás. Después de esa explicación, Miguel jamás ha sentido ni siquiera curiosidad por un circo con animales. Pero tras la excursión, a la que habían ido sus amiguitos y él no, Diego vino a casa diciendo que no entendía porqué sus amigos sí habían ido y encima les había gustado. Que porqué sus padres eran malos y permitían que sus hijos fueran al circo a ver animales tristes. Y que porqué sus amigos decían que esos animales no parecían tristes. Yo tenía clara la respuesta: sus padres y sus amigos no eran malos, simplemente no habían pensado en ello, no habían pensado en cómo habían llegado esos animales allí ni si allí estaban alegres o tristes. Y entonces me quedó clarísimo que para explicárselo bien, no sólo a él y a Miguel, sino a los demás niños y a los padres que nunca habían pensado en eso, había que hacerlo con un cuento. Un cuento que les permitiera reflexionar y entenderlo.

Tras esto decidí que tenía que explicarles a los niños por qué no era correcto ir a circos con animales si amabas a los animales. ¿Y cómo mejor que con un cuento?. Un cuento que les haría pensar antes de opinar.

Y una vez dí con el texto que me gustó (y que me llevó varias versiones… prometo contar algún día dónde surgió la inspiración para el texto definitivo, ¡esa es una buena historia!), necesitaba un ilustrador, y lo tuve muy claro: quería a Andrés Arcos, el ilustrador de Galgui, por supuesto, ¡que afortunadamente se sintió entusiasmado con el proyecto y dijo que sí!. Podréis disfrutar de unas ilustraciones maravillosas, llenas de significado, de expresividad, de color, de vida… Vuelvo a sentirme afortunada de que Andrés esté implicado en hacer este sueño realidad. Las palabras se me quedan cortas, pero podréis entenderme en cuanto tengáis el cuento en vuestras manos y veáis su trabajo.

Y si a Galgui le ayuda un niño llamado Diego (como nuestro hijo mayor, ¡casualidades de la vida!), a Elefante le ayuda un niño llamado Miguel (¡Anda, como nuestro hijo pequeño!, ¡más casualidades!). Y lo que tienen en común ambos niños (aparte de llamarse como nuestros hijos, ¡jeje!) es que ambos deciden actuar, deciden implicarse activamente en buscar el bienestar de sus amigos animales. Porque los quieren felices. Ojalá se nos dé tan bien educar a nuestros hijos en la realidad como soñamos hacerlo en la ficción.

Podéis apoyar el proyecto y disponer de mucha más información sobre cómo es y qué lo motiva desde la web Verkami, yo ya lo he hecho.

Es, además, una iniciativa solidaria: “Si conseguimos más dinero del mínimo que necesitamos para editar el libro, lo invertiremos en la edición y en los mecenas, en pagar parte de nuestro trabajo y en hacer donaciones a cada una de las ocho protectoras asociadas al proyecto, al igual que hicimos con Galgui, que son: Animales Con Un Nuevo Rumbo, Galgos112, El Refugio Escuela Sofía de Sevilla, Arca de Noé de Córdoba, La Madriguera, Doganzo, Animales Rioja y ANAA”.

 

#TodosSomosCientíficos, un libro para inculcar en los niños el amor por la ciencia y luchar contra el cáncer infantil

Todos somos científicos es un libro que nace de la solidaridad, un proyecto precioso que merece todo el apoyo que podamos darle y por varios motivos.

Os voy a hablar primero del más obvio. Ya por su título se puede deducir el objetivo de su lectura: fomentar la vocación científica en los niños, el amor por explorar nuestro mundo de forma empírica para hacer de él un lugar mejor.

María José Rodríguez, que además de investigadora es escritora de cuentos infantiles e ilustradora, explica así cómo es el libro:

Es un libro de experimentos para hacer en familia, para niños y con las explicaciones sobre la ciencia que hay detrás del experimento también pensadas para que las entiendan los niños. Además es algo especial, pues cada capítulo tiene una introducción narrativa, una pequeña historia para enganchar a los niños y enseñarles que están interaccionando continuamente con la ciencia y la naturaleza, que la ciencia forma parte de nuestra vida diaria y es sorprendente y divertida.

Yo he escrito la parte narrativa y he asesorado en la organización del libro, la maquetación, los experimentos a plasmar y en que el lenguaje y las explicaciones fueran adecuadas para los niños. Y el resto del libro: experimentos, las explicaciones, las fotos, las anécdotas curiosas, la maquetación y las ilustraciones, las han hecho los voluntarios de Fundación Telefónica con el asesoramiento de Apadrina La Ciencia.

Además cada capítulo está supervisado por un científico del CSIC y de la Universidad, que es otro de los valores añadidos del libro.

 

Os hable de dos razones por las que apoyar este libro. La otra, probablemente la primera en importancia, es que es un libro solidario con una asociación que lucha activamente contra el cáncer infantil: APU, Asociación Pablo Ugarte. Poco conocida, su aportación a la investigación es notable; sostiene nada menos que 21 proyectos de investigación para acabar con ese monstruo que sí existe, que sí que nos acecha y a todos nos ha herido de alguna manera, más o menos profunda, un monstruo contra el que es preciso armarse y luchar.

Os lo he dicho en el pasado y lo repito. La guerra contra el cáncer la vamos a ganar. No sé cómo, ni cuando, ni de qué manera, pero lo lograremos. Acabará derrotado porque lo que sí sé es que cuando tantos hombres se empeñan con tanta fuerza en algo siempre lo acaban consiguiendo. Hemos demostrado con creces a lo largo de la historia que somos implacables, para bien y para mal.

Y los científicos son nuestra fuerza de asalto.

Todos somos científicos es un reto solidario, además de un libro. Os dejo de nuevo que os lo explique María José:

La idea es que si logramos recaudar con este libro 12.500 euros, Telefónica donará el doble de lo recaudado a la APU (25.000 euros) en la segunda parte del reto, con lo que la APU podría conseguir 37.500 euros que invertiría íntegramente en investigaciones contra el cáncer infantil.

Reto aparte, todo lo que venda (estará disponible desde Amazon) irá destinado a ese fin, así que Ojalá tenga muchas ediciones.

Su elaboración ha sido completamente solidaria, hay mucho tiempo, mucho esfuerzo y mucha ilusión de muchas personas que han arrimado el hombro por una buena causa. Y eso merece también tenerse en cuenta.

Es loable que gente sin experiencia en ilustración, maquetación, etc. haya hecho un libro tan bonito y en tan poco tiempo (empezamos el proyecto a finales de mayo). Y todos hemos trabajado gratis y no vamos a cobrar un duro: el libro vale 9,99 euros y todo el importe íntegro irá a la APU, a investigación contra el cáncer infantil, y, por ende, a aumentar la esperanza de niños y padres que sufren este tipo de enfermedad.

 

Este libro, este sueño de mejorar un poco el mundo y que devuelve la fe en el hombre, se presenta este próximo lunes, 2 de octubre, a las 19 en la sede que Fundación Telefónica tiene en la Gran Vía madrileña.

Allí podréis ver ver las investigaciones que la APU tiene en marcha y conocer a algunos de los investigadores, parte del equipo de Fundación Telefónica y de Apadrina La Ciencia. Yo también estaré por allí.

Os esperamos, con niños por supuesto. La entrada es libre pero conviene solicitar entradas en Ticketea.

Tenéis más información sobre el libro, cómo comprarlo y su presentación, en su página de facebook.

‘Retrón’ de Raúl Gay, un recomendable ejercicio de empatía en forma de libro

Hace algunos años que conozco a Raúl Gay, y lo cierto es que lo que nos unió fue la discapacidad; más concretamente la visión que tenemos sobre la discapacidad, que es positiva pero también realista, que huye de considerar como ángeles o superhéroes a los retrones, el término que él usa y da título a su libro, y aún así aspira a la felicidad.

También nos unió el periodismo, él es colega y si no hubiera ejercido este oficio durante dos años en un blog en El Diario, De retrones y hombres, junto a Pablo Echenique, probablemente no hubiera dado con él, con su sentido común y con esa visión de la discapacidad que compartimos. Yo como madre de un niño de diez años con autismo y un alto grado de afectación, él de primera mano por haber nacido con el síndrome de (el pirata) Roberts, una enfermedad rara que le supuso nacer sin brazos, con unas manos diferentes pero más operativas de lo que pudiera parecer, y unas piernas sin rodillas ni tobillos que le sostienen brevemente y le permiten alcanzar una vertical de metro veinte gracias a unas ortesis y una decena de operaciones (¡ay el olor de la anestesia!, el reverso tenebroso de la magdalena de Proust).

Por lo demás, Raúl Gay es un tipo normal. Tan normal como lo pueda ser cualquiera (nadie es normal, todos somos normales, ya sabéis). Tan normal que alberga sus contradicciones y sabe que tiene que bregar con ellas y mirarlas de frente (nadie es consecuente en todo). Un treintañero recién casado, esperando su primer hijo, gran conversador, buen lector y con ganas de ser feliz.

Tras algunos correos, conversaciones en redes sociales y colaborar escribiendo y leyéndonos, le conocí un día soleado en Madrid, paseamos y charlamos por El Retiro y le dejé entrando a un concierto que le cambiaría la vida, para bien.

Ahora que he podido (bendito verano) leer su libro he encontrado esa misma perspectiva que nos unió hace ya unos cuantos años merced a su blog. Una visión que antepone al ser humano a la discapacidad que tenga. Pedro, Marta, Laura, Raul, Carlos, María o Jaime tendrán autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, síndrome de Rett, focomelia, una retinopatía severa o X-frágil (el universo de la discapacidad es enormemente variado y complejo), pero ante todo son Pedro, Marta, Laura, Raúl, Carlos, María o Jaime, con su personalidad, sus gustos, sus deseos y circunstancias. Podrán ser buenas o malas personas. Y esas circunstancias tal vez sean mas determinantes que la propia discapacidad.

Contar con recursos económicos y con una red familiar (los amigos también son familia) supone la noche y el día para una persona con discapacidad, sea la que sea. El dinero no da la felicidad, pero ayuda. Si eres un retrón más aún, porque no tenerlo puede conducirte a una vida de encierro domiciliario, de peor calidad de vida, de perdida de potencial, de peor estado de salud, de demasiadas renuncias innecesarias. Y esa es una reivindicación presente en todo el libro.

Os traslado una pregunta que Raúl Gay hace desde su libro. Si os dieran a elegir entre ir en silla de ruedas en España o ser bípedo en Somalia, ¿qué elegiríais?.

Raúl lo tiene claro. Yo también. Igual que tenemos claro que si la pregunta fuera: ¿eliminarías esa discapacidad que te afecta a ti o a los tuyos si pudieras? La respuesta sería que por supuesto.

Y no tendría que ver con no aceptarse, sino con ese realismo objetivo que os comentaba al principio y que salpica el libro.

El mismo realismo objetivo que rechaza esa engañifa potencialmente peligrosa de que querer es poder.

Yo, que no tengo la experiencia de tener una discapacidad sino de tener un hijo con autismo, no he podido evitar leerlo teniendo muy presentes a los padres del autor. Están en un segundo plano, pero aparecen con frecuencia: llevando en brazos a su hijo hasta el mar, soportando y aprendiendo a ignorar las miradas marcianas, peleando para conseguir la escolarización más adecuada para su hijo pese a la oposición de un animal de bellota con forma de director de colegio, fabricando un atril para que pudiera leer y escribir en el pupitre, tal vez equivocándose al elegir alguna terapia… Los imagino también recibiendo diagnósticos, inmersos en papeleos, peleando con la administración, superando el sentimiento de culpa…

Probablemente haya más en común entre mi camino y el de los padres de Raúl Gay que entre Raúl y mi hijo. Ya lo decía arriba y se recoge en Retrón, la discapacidad es un universo tremendamente diverso.

Un universo de seres humanos que no es ajeno al sexo. En Retrón de habla de eso, igual que de muchos otros asuntos (intervenciones, asistentes personales, miedos varios…) que dejan de manifiesto la valentía y la sinceridad de su autor. No hay paños calientes al adentrarnos en el recorrido vital de Raúl Gay, y se agradece.

El libro que ha escrito Raúl Gay no es un canto a la esperanza o la alegría de vivir, no es un lugar en el que buscar ejemplo o inspiración (aunque tal vez se encuentre, por mucho que Raúl haya huido de la autoayuda), Retrón (Next Door Publishers) es un ejercicio de cordura por parte de su autor, un juego recomendable para cualquiera de ponerse en pellejo ajeno (entrenar la empatía siempre es buena idea) y ampliar nuestra visión del mundo.

‘El diario Down’, la bitácora del arranque de la paternidad de Francisco Rodríguez Criado

Ha sido en verano, cuando los días son largos y las obligaciones cortas, que he podido al fin leer El diario Down, del escritor extremeño Francisco Rodríguez Criado.

Un libro de pocas páginas, de lectura rápida y poso duradero, alumbrado con Ediciones Tolstoieski como comadrona (también primeriza).

Un viaje por el descubrimiento de la paternidad de Rodríguez Criado. Una paternidad primeriza con las dificultades añadidas que entraña un diagnóstico de síndrome de Down, escrito en primera persona, con sinceridad y sentido del humor, y presentado en un orden cronológico caprichoso.

Una historia de cómo un padre escritor aprendió a amar a su hijo que interesará a todos los que se atrevan con ella, porque todos podríamos estar ahí.

Un libro muy azul, el color que simboliza el autismo que tiene mi hijo.

De hecho hay un capítulo dedicado acertadamente al autismo.

Un libro sobre un bebé dorado, igual que lo es el mío. Mi niño de oro hilado. Dos niños dorados y distintos.

Más allá de las casualidades cromáticas, he encontrado muchos puntos en coincidencia entre mi persona y mis circunstancias y el relato de Rodríguez Criado, que recoge la asunción de esa realidad inesperada que rompe la foto de familia que había formado en su mente.

Algunas serán comunes a cualquiera que tenga un hijo con discapacidad, sea por el motivo que sea: la asimilación del diagnóstico, los sentimientos de culpa, la despedida del hijo imaginado y la bienvenida y aceptación del real, los papeleos, las pruebas médicas, el agotamiento físico y mental, sentirse chófer casi más que padre, el poco tacto en algunas personas, incluso esos asuntos que ligan lo empático y lo lingüístico respecto a cómo llamamos o llaman otros aquello que tiene nuestro niño.

Otros aspectos son más particulares, pero me llama la atención compartirlos con el autor: tener dos perras y que una de ellas haya pasado por la ansiedad por separación, encontrar la felicidad de forma inesperada bajo la lluvia, valorar que esa felicidad es el fin último y está con frecuencia vinculada a las pequeñas cosas, a momentos sueltos, el vínculo (en mi caso materno) con Extremadura, un niño de oro nacido de un padre de pelo zaino… pero sobre todo el hecho de que escribir sea terapéutico.

Rodríguez Criado escribía este diario que luego ha compartido para asimilarlo todo mejor, para curarse. Yo también escribí un blog oculto a buscadores desde el arranque del diagnóstico que me ayudó de la misma manera, igual que escribir este blog o mis libros. Ya os he contado en el pasado que escribir es para mí una necesidad por múltiples motivos, uno es sanarme.

Coincido también con él en que su libro, como el mío, nos ha ayudado sobre todo a nosotros, pero que los lanzamos al mundo deseando que puedan servir de compañía, de cierto consuelo, a otros.

Y hay diferencias, claro que sí.

Recordaba al leerlo a una de las psicólogas que nos dio el diagnóstico de autismo de Jaime cuando tenía más de dos años diciendo que el autismo era algo muy complejo, que ella hubiera preferido un Down. Y eso que mi hijo con autismo es fuerte y sano como un roble y que el Down está asociado a muchos problemas de salud que tienen su reflejo en el libro, en forma de intervención a corazón abierto y numerosas visitas a distintos médicos.

No vale comparar. Es un error caer en aquello de si la discapacidad de tu hijo es mejor o peor que la del mío, en si es preferible. Igual que caer en comparaciones respecto al grado de afectación y manifestaciones de un mismo diagnóstico en diferentes niños. Una línea de pensamiento necia y tóxica.

También es verdad que, aunque no es un libro para saber del síndrome de Down,  leyéndolo veía también lo diferente que es el autismo del down. Un ejemplo, nosotros estamos huérfanos de médicos, una vez nuestros hijos superan la batería inicial de pruebas de descarte.

Pero tal vez el aspecto más distinto venga vinculado a las grandes esperanzas (grandes expectativas) que el autor tenía depositadas en su hijo. Cómo aprendió a reprogramar todo aquello ocupa parte importante del libro. Quería un gran guerrero y acabó dándose cuenta de que lo tenía. La palabra guerrero se repite mucho, un sustantivo que yo no creo haber aplicado jamás a Jaime.

Siempre cuento, porque es verdad, que una de las cosas que más me ayudó a sobrellevar el diagnóstico fue leer un texto que había escrito estando embarazada en el que me decía que lo único que le pedía a mi hijo es que fuera feliz y buena gente. Volver a mis palabras me hizo ver que aquello seguía siendo perfectamente posible para mi hijo con autismo y que yo tenía que ser consecuente con lo que había expresado.

Probablemente este tema de las expectativas reprogramadas que para mí no supuso una piedra entre el camino esté vinculado al hecho de que yo, al contrario que Francisco (padre) nunca me creí destinada a grandes cosas. A menos que por gran cosa se entienda la búsqueda y el hallazgo de la felicidad, que bien podría considerarse como tal si se mira bien.

Similitudes y diferencias. Todo aquello que miramos encierra lo uno y lo otro. Y podemos elegir con qué nos quedamos, de qué manera preferimos fijar la mirada.

Podemos elegir cuando leemos un libro como El diario Down o si vemos a una persona con down (o autismo) cruzarse en nuestro camino, tal vez en nuestras vidas para siempre.

La saga de libros infantiles ‘Futbolísimos’ será película, el rodaje ya está en marcha

Si hay una saga de libros que triunfe entre los niños españoles que arrancan a leer solo es, con la venia de Geronimo Stilton, la de Los Futbolísimos.

Estos libros que aúnan fútbol y misterios por resolver, una versión moderna de Los Cinco o Los Hollister en modo patrio-futbolero, no han pasado por mi casa dado el nulo interés de mi hija en cualquier asunto que implique el balompié, pero me consta su éxito entre muchos de sus amigos.

Ahí van unos números enormes cuando hablamos de libros: más de 1.250.000 ejemplares vendidos de esta colección, pensada para niños a partir de ocho años. Un éxito fulgurante si pensamos que el primer volumen llegó a las librerías hace apenas cuatro años.

Su autor es Roberto Santiago (también director de cine y guionista), al que conocí el pasado año en la entrega de premios SM (ganó con otro libro infantil, Los Protectores) y que tiene el indudable y enorme mérito de haber hecho disfrutar a miles de niños con la lectura. Cruzo los dedos porque ese gozo arraigue y dé frutos.

El ilustrador, que acertó de pleno al dar luz y color a la pandilla, es Enrique Lorenzo.

Pues bien, aprovechando las vacaciones de verano, ya ha arrancado el rodaje de la película basada en estos libros. Terminará el 2 de septiembre, justo a tiempo de que su elenco infantil reanude el cole.

(@CARLOS MARTÍN)

La dirige Miguel Ángel Lamata (Nuestros amantes, Tensión sexual no resuelta, Isi/Disi: Alto Voltaje, Una de zombis) y adaptará el primer libro, El misterio de los árbitros dormidos.

Espero sinceramente que sea una película entretenida y de buena factura. Es muy difícil hacer buenas películas infantiles más allá de la animación, y las últimas experiencias de adaptaciones españolas no han sido precisamente memorables. Aún recuerdo el desaguisado que hicieron con Manolito Gafotas. Leed los libros del niño de Carabanchel, pero no veáis la película si podéis evitarlo.

La productora explica que han hecho pruebas a unos 5.000 niños para dar con la pandilla perfecta que encarnará a Pakete, el protagonista, Helena (con hache), Toni, Camuñas, Marilyn, Angustias, Anita, Ocho y Tomeo. Los niños actores que se pondrán en sus botas serán Julio Bohigas, Milene Mayer, Marcos Milara, Iker Castiñeira, Martina Cabrera, Roberto Rodríguez, Samantha Jaramillo, Pablo Isabel y Daniel Crego.

También forman parte del reparto Joaquín Carmen Ruiz, Antonio Pagudo, Norma Ruiz, Jorge y Toni Acosta.

De momento, solo tenemos de la película  la imagen que ilustra este post.

Toda la suerte del mundo en la aventura.

Doce cuentos que meter en la maleta rumbo a la playa


En casa hemos leído muchos cuentos. Los seguimos leyendo, aunque cada vez más es otro tipo de lecturas las que se abren camino: cómics, mangas, libros para primeros lectores, Harry Potter, clásicos como Charlie y la fábrica de chocolate o La historia interminable, mis viejos libros en los que elegir tu propia aventura… Se notan los ocho años y medio que tiene ya Julia.

Pero los cuentos son una lectura que procuraremos no abandonar. Los hay que son auténticas obras de arte, que hacen reflexionar y emocionan también a los adultos, que son un acierto siempre.

He estado revisando los cuentos que nos han enamorado en los últimos años y he decidido recopilar aquí una selección con nuestros favoritos, nuestros imprescindibles. Cuentos que bien pueden acompañarnos en la maleta a la playa y que son un estupendo regalo para cualquier niño pequeño. Y no, no está El pollo Pepe, que nunca llamó la atención de mi hija, o títulos meritorios pero que están hasta en la sopa como A qué sabe la luna.

Vamos con ellos.


‘Las ciudades de colores’. Fue uno de los primeros cuentos que atrapó a Julia junto a ‘Sí, somos raros’. Lo leímos y releímos muchas noches. Y creo que a mí me gusta tanto como a ella. La gente que se ha acercado a él por recomendación mía, también ha quedado cautivada por la calidad de sus textos, su mensaje y lo bellamente que está ilustrado.

Su autora es María Bautista, con Raquel Blázquez como ilustradora. Otra cosa que me encanta de este cuento es que no hay una gran editorial detrás, es un proyecto joven, de calidad, llevado a cabo por personas con muy buenas ideas y mucha creatividad que se han embarcado en Cuento a la vista. No dejéis de visitar su web.


Todos los besos
, que forma parte de una serie en la que hay otros títulos igualmente recomendables como Todos los papás o Todos los bebés. Son cuentos aptos para bebés, unos cuentos que mi santo y yo nos aprendimos y aún recordamos: “el bebé león, es un campeón. El bebé avestruz, del sol ama su luz”.

Jaime destrozó de tanto verlos pese a ser considerablemente resistentes. No importa, no creo que haya mejor destino para un libro de bebé que caer en el campo de batalla de animar a la lectura, mucho mejor que permanecer intacto y olvidado en una estantería. De Bisinski – Sonders y editado por Corimbo.

‘Sí, somos raros’ fue el primer cuento que Julia se aprendió de memoria. De otra editorial a la que conviene seguir de cerca, Siete Leguas (suyo es también, por ejemplo, el fantástico ‘El señor Nimbo y la máquina de nubes’. De Javier Olariaga y Antonio Amago, es un canto a la integración y a la aceptación de las diferencias, a crecer sin complejos. Muy imaginativo y lleno de sentido del humor.

Trata de niños que son diferentes, ya sea porque están imantados y atraen todos los objetos metálicos, les crece el pelo a toda velocidad, una nube les persigue por todas partes o al gritar son capaces de derribar edificios. Eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, necesitan una pesada bicicleta de madera o usar cubiertos de plástico, tienen que llevar la melena en una mochila, están siempre mojados o no les dejan cantar o gritar gol en el cole. Pero siempre al final aprenden a aceptarse y a encontrar ventajas en sus rarezas. Siempre, salvo en el caso de Ramón Chaparrón, que logra deshacerse de la nubecilla en cuanto sus padres y los médicos se dejan de pruebas y le hacen caso.

El cazo de Lorenzo. Un clásico de Isabelle Carriere. Una fantástica bonita metáfora de la situación de los niños con discapacidad intelectual y/o social y de cómo lograr su inclusión. El cazo que Lorenzo arrastra siempre va a seguir ahí, pero podemos ayudar a que sea más llevadero, a que le frene menos. En nuestra mano, en la de todos está lograrlo.

Editado por la Editorial Juventud, es asombroso lo alto que vuela con un texto y un dibujo tan sencillo. Es un libro recomendado por numerosas asociaciones de personas con autismo, aunque es aplicable a muchas otras circunstancias. Imprescindible se mire por dónde se mire. Yo sigo emocionándome cada vez que lo leo.

‘Gran Lobo Salvaje’. El primer cuento que yo leí solita de un tirón. El primero con el que Julia lloró, que al emociona de verdad. Leímos mi viejo volumen, pero es un título que se sigue reeditando y es fácil de encontrar. Está escrito por Rene Escudie con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo, y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

El pequeño Tritus es abandonado y durante cuatro días seguimos las andanzas del cachorro, que en cada capítulo va encontrando diferentes perros con diferentes historias: el viejo perro que le adopta, el cocker mimado que quiere ver mundo, un perrazo que fue la mano derecha de un pastor y sobrevive asilvestrado, otra perrilla mestiza que viaja con él, la bóxer perdida enamorada de sus dueños y loca por volver con ellos y el perro guardián encadenado.

‘Fuera de aquí horrible monstruo verde’ es un buen cuento para perder el miedo a los monstruos. Un cuento además de esos que se leen con mucho teatro. En él vemos aparecer rasgo a rasgo a un monstruo que el niño hará desaparecer a grito pelado, “¡No me asustas!”, pasando páginas hasta llegar al final: “¡Y no vuelvas más hasta que lo diga yo!”. Es decir, lo que hace es animar a los pequeños a aprender a decir no, a enfrentarse y a alejar aquello que no les gusta.

Un libro muy divertido, con mucha personalidad. De esos que no se olvidan. De Ed Emberly, publicado por la editorial Océano.

‘Si yo fuera un león’. Es un libro resistente, de esos ideales para ver distintos tipos de animales y jugar a imitar los sonidos que hacen. La gran novedad es que viene con dos asas a los lados que permiten abrirlo por completo, introducir el rostro en el hueco que correspondería a la cara del animal y jugar a que nosotros somos ese sapo, ese pajarito o ese gato.

Un cuento fantástico para niños muy pequeños, por su formato, los colores llamativos y, sobre todo, la interactividad que permite con los niños. Altamente recomendable si hay hermanos mayores, a partir de cinco años, que puedan leérselo introduciendo el rostro en el cuento. La autora es Isabel Pin y lo publica la editorial Lóguez.

‘La vaca gordita’ es un cuento sobre la importancia de querernos bien, obra de David Paloma (historia) y Francesc Rovira (ilustraciones) para la editorial Combel. La vaca gordita, que solo era un pelín más gordita que las demás, comienza a verse las patas gordas, la barriga gorda y deja de comer hasta convertirse en algo que ya no parece una vaca. Por suerte se da cuenta y vuelve a comer para volver a convertirse en una vaca feliz y saludable.

Os lo he resumido mucho y quitado la magia de los textos cuidados pensando en los niños y las ilustraciones, pero en este mundo en el que es ametrallante la obsesión por la imagen que tenemos, asociada constantemente a la delgadez y cada vez desde edades más tempranas, es muy importante transmitir a nuestros hijos que se quieran bien, que se gusten, que cuando se miren al espejo aprendan a amar lo que ven. Lograrlo sería un gran triunfo como padres. Y ‘La vaca gordita’ puede poner un granito de arena. Y granito a granito…

‘¡Yotsuba!’ es uno de nuestros últimos descubrimientos. La serie manga de Kiyohiko Azuma es una delicia para adultos y una lectura maravillosa para niños a partir de seis o siete años. Completamente blanco y sobradamente popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. Pero lo más importante es que se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje.

Debe su nombre a su pequeña y carismática protagonista, una niñita que arranca la historia mudándose a una nueva casa y que, por motivos desconocidos, no sabe casi nada del mundo moderno. Yotsuba es, la niña del pelo verde, es una aliada fantástica para mostrar a nuestros hijos el placer que existe en la lectura, facilitado por el formato cómic. En España la publica Norma Editorial y cada tomo cuesta ocho euros.

‘Canción del pirata’ de Espronceda. Ediciones Idampa, proclamando desde la portada que a los grandes escritores hay que empezar a leerlos desde pequeños, tiene este poema en formato de cuento, bellamente ilustrado por Silvia Alberdi. Es una delicia no sólo para los niños, es uno de esos cuentos que los adultos también observamos cómo pequeñas joyas.

Además de desvelarnos poco a poco una poesía que todos los niños son capaces de entender y disfrutar a poco que expliquemos unos pocos términos, enriqueciendo así su vocabulario, muestra distintos tipos de letra, lo que resulta muy útil en esa edad en la que están empezando a leer y a descubrir que las mismas letras pueden aparecer representadas de formas muy diversas. También incluye al final varias curiosidades históricas sobre los piratas y al inicio una brevísima biografía de José de Espronceda.

‘Un mensaje para Luna’, de Virginia Kroll. Las ilustraciones de Zuzanna Celej son una maravilla y la historia también para crear concienciar medioambiental. Tortuga verde llevará a Luna, una niña con la que es fácil que se identifiquen los pequeños lectores, por todo el mundo, mostrándonos los retos a los que se enfrenta nuestro planeta y que por culpa del hombre muchos animales están en peligro.

Es un cuento que busca la empatía y que se apoya en la esperanza, en que tenemos que movilizarnos, para lograr que esta realidad cambie. Editado por Cuento de luz, una joven editorial infantil madrileña había sido la primera editorial europea y la tercera del mundo en recibir el certificado B Corporation por su labor social y medioambiental.

‘Mujeres’ es un proyecto de la ilustradora Isabel Ruiz Ruiz que vio la luz gracias al sistema de crowdfunding de Verkami y que ya tiene una segunda parte. No es realmente un cuento, es un álbum ilustrado de calidad en el que a un lado vemos las maravillosas y cargadas de personalidad ilustraciones de Isabel, a modo de retrato de cada mujer (Concepción Arenal, María Montessori, Hedy Lamarr, Virginia Woolf, Marie Curie, Clara Campoamor o Frida Kahlo, entre otras muchas), y al otro encontramos una cita significativa y una breve explicación sobre la vida y logros de esa mujer en concreto.

Una lectura, no para hacer del tirón, sino para disfrutar a sorbos a lo largo del tiempo. Y pese a ser un instrumento fantástico con niños (ojo, no solo con niñas, con niños en general), no es únicamente recomendable para niños, muchos adultos disfrutarán de esta recopilación.

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Dejad que los niños se acerquen a Harry Potter

El primer libro de la saga de Harry Potter llegó a las librerías un día como hoy de hace 20 años. El 26 de junio de 1997 el joven mago y sus amigos dieron sus primeros pasos para convertirse en iconos de la cultura popular, al nivel en el imaginario colectivo moderno de Luke SkyWalker, Han Solo y Leia. También tres, también una chica entre ellos y también un romance por medio y elementos que se podrían considerar mágicos.

No imaginaba J.K. Rowling, a la que sigo en Twitter porque derrocha inteligencia, sensibilidad y sentido común, la que iba a liar a nivel mundial con esos niños nacidos de su imaginación de madre reciente británica. Igual que George Lucas no soñó con el éxito que tendría Star Wars, ni mi querido Tolkien o el inigualable Stan Lee con sus creaciones. Los padres no conocemos de antemano hasta dónde llegaran nuestros vástagos, ningún tipo de vástago.

Para leer en español el primer libro, uno de los más vendidos de la historia (y seguramente más leído que otros que se han vendido más), hubo que esperar casi dos años. Fue en 1998 cuando se editó traducido Harry Potter y la piedra filosofal. A mis manos llegó en agosto por recomendación de un amigo, gran lector. Por aquel entonces yo tenía 22 años. No fui de esa generación que creció al mismo tiempo que el mago, aunque hubiera sido bonito.

– Léelo, que está muy bien.
– Pero si es un libro para niños…

Le hice caso y lo leí. Lo devoré de una sentada, porque, efectivamente, por temática y estilo es un libro infantil; el más infantil de una saga cuyos personajes y forma de narrar fueron oscureciéndose, volviéndose complejos según crecían, según crecíamos sus lectores enganchados a una historia aparentemente simple, a unos protagonistas carismáticos pese a ser poco revolucionarios, a un mundo que parecía inspirado en cierto modo en las novelitas de internados ingleses tipo Torres de Malory que heredé de niña de manos de mis primas mayores (y que, por cierto, han vuelto a reeditarse) e incluso un poco a Los cinco, pero en tres y con búho en lugar de perro.

Voldemort, Hagrid, Private Drive, Draco Malfoy, Dumbledore, Hogwarts, el autobús noctámbulo, Fawkes, Luna Lovegood, el callejón Diagon, Hedwig, Olivander, Neville Longbotton… Probablemente el gran mérito de J.K. Rowling fuera idear un mundo y unos seres que lo poblaban con recovecos, detallados, con personalidad. No teníamos tres héroes sobre un fondo gris interactuando con figuras fantasmales. Todo era rico, casi masticable.

Y se quedaba grabado.

Resulta curioso que las críticas fueran mayoritariamente muy positivas para los primeros libros, sobre todo para el primero. Según su éxito se disparó, proliferaron las reseñas negativas, las que tachaban la escritura de Rowling de poco pulida, de comercial, de producto de consumo, de tener agujeros e incongruencias.

Para mí, que no considero que sean libros perfectos ni mucho menos, pesa más que la posible falta de excelencia literaria lo mucho que la escritora ha hecho por afianzar el amor por la lectura entre niños y jóvenes. Según una encuesta elaborada en 2006 por Kids and Family Reading Report y Scholastic, el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años que no había leído nunca nada antes por placer, siguió leyendo y disfrutando al hacerlo.

Acabo de cambiar de idea. Probablemente el mayor mérito de J.K. Rowling sea haber creado un pequeño ejército de lectores.

Las películas llegaron antes de que fuera madre. La primera en 2001. Las vi con el que ahora es el padre de mis hijos religiosamente según iban llegando a los cines. Y las volvería a ver hace casi tres años con mi hija, que quedó hechizada por la misma magia, tanto que su séptimo cumpleaños estuvo centrado en el mundo de Potter.

Las películas también han creado lectores. Hace dos años, cuando Julia tenía seis, leímos el primero de los libros por la noche, en su cama. Capítulo a capítulo en voz alta. Yo, redescubriéndolo como un libro infantil que sigue siendo recomendable. Mi hija descubriendo que su imaginación unida a la de un escritor supera cualquier experiencia cinematográfica, por buena que sea.

Leed Harry Potter y la piedra filosofal. Leedlo con vuestros hijos. Regalad este libro a los niños. Dejad la puerta abierta a su magia, para que cuaje el amor por los libros, por soñar acunado por palabras ajenas.

‘#Vástagos ¿Cómo convertirlos en personas?’, un libro de relatos en el que está presente el autismo


Cuando a comienzos de curso me llegó la propuesta de escribir un relato inspirado en la maternidad para este libro que acaba de salir a la venta, ni me lo pensé. ¡Claro que quería participar!

Primero porque mi texto iba a estar estupendamente arropado por los de otras escritoras como Carmen Agustín (Valencia), Lía Álvarez (Salinas), Deborah García (A Coruña), Catalina González (Alicante), la que fue mi compañera de ‘bloguerías’ en 20minutos Clara Grima (Sevilla), María José Mas (Tarragona), Helena Matute (Bilbao), Angélica Pérez (Barcelona) y Ana Ribera (Madrid).

Por cierto, a falta de saber si yo me ubico más en Madrid o en Gijón, veo que geográficamente hay una pluralidad que ni el Senado…

Y todos nuestros relatos vienen acompañados de las ilustraciones de Mónica Lalanda (Valladolid), que ha creado una ilustración para cada uno de los relatos. Nunca habían ilustrado nada mío y, oye, hace ilusión.

Volvamos al lío. Es decir, al libro. En mi relato me planteé un reto. Habría maternidad, por supuesto, pero también habría autismo, protección animal y un elemento fantástico o de ciencia ficción. La cuadratura de un círculo autoimpuesto. Y sé que queda fatal que lo diga la autora, pero estoy encantada con el resultado.

En su nuevo libro Vástagos la editorial Next Door Publishers decide hablar sin tapujos de la maternidad. Lo hace a través de diez relatos de ficción escritos por diez mujeres. Diez historias en las que afloran el miedo, la impaciencia y la desazón, sentimientos que junto con el amor y la prudencia convierten a la maternidad en un estado real y complejo. Cada relato aporta una visión diferente de lo que conlleva tener un hijo y contribuye a romper el estereotipo.

El libro cuesta 15 euros y pronto estará disponible en muchos más puntos de venta, pero de momento está disponible desde la tienda de jotDown y en Amazon. También en versión digital. Estáis a tiempo de convertirlo en vuestro regalo del Día de la Madre.

Antonio Machado y Rubén Darío hechos cuentos para el Día del Libro

(GTRES)

No os engaño, me  hubiera gustado traer la recomendación de estos dos libros el pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, pero el Día del Libro es otra ocasión fantástica para hablar de Era un niño que soñaba y Margarita, está linda la mar.

Sí, Rubén Darío y Antonio Machado nada menos, adaptados para disfrute de nuestros niños. Estos dos álbumes forman  parte de una colección poesía ilustrada que tiene Bruño, cada uno se centra en un solo poema que se despliega a lo largo de sus páginas acompañado de ilustraciones.

“Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar…”, cuenta con ilustraciones de Marta F. Balmaseda. Las ilustraciones de Rosa María Curtó acompañan a “Era un niño que soñaba un caballo de cartón…”

Si me leéis ya sabéis que soy una gran defensora de buscar la poesía para nuestros niños, de jugar con ella, recuperarla, crearla…. Todos los libros, todas las letras hacen volar, pero tengo la íntima convicción de que con ningún texto lo hacemos tan alto como la buena poesía.

Y como el Día de Libro es un día para hacer recomendaciones de lecturas que merezcan la pena y yo ya he cumplido, os voy que pedir que vosotros también lo hagáis.

¿Qué libros infantiles nos aconsejáis?

 


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‘El niño (con autismo) que quería construir su mundo’, y el padre que lo necesitaba desesperadamente

Cuando el libro de Keith Stuart llegó a la redacción era casi inevitable que acabara sobre mi mesa.

En El niño que quería construir su mundo (Alianza Literaria) el protagonista es el padre de un niño con autismo que encuentra la manera de conectar con él gracias a Minecraft, uno de los videojuegos que más éxito ha tenido en los últimos años.

Era inevitable que acabara sobre mi mesa y que yo me sumergiera en la historia creada por Stuart, redactor jefe de videojuegos en The Guardian que también tiene un hijo con autismo y que ha novelado su experiencia en primera persona pero cogiendo distancia.

Tengo ciertos aspectos en común con el autor que me resultaba imposible obviar mientras avanzaba por sus primeros capítulos. Durante un tiempo parte de mi trabajo consistió en escribir sobre videojuegos. También los defiendo y veo como una forma de entretenimiento que puede ser muy positiva y como una expresión artística. Tengo un hijo con autismo de una edad similar. Y he escrito una novela que arranca con un padre de un niño con discapacidad que ve su matrimonio resquebrajarse.

Pero mi hijo se parece muy poco al suyo. Sam está en lo más alto del espectro autista. El diagnóstico llegó muy tarde en su caso. Es capaz, con dificultades, de hacer amigos. Se expresa perfectamente, aunque con peculiaridades. Sueña con ser arquitecto. Es muy rígido en determinados aspectos, tiene problemas de comportamiento, socialización y para manejarse en ambientes bulliciosos, desestructurados. Me encuentro con frecuencia que los protagonistas con autismo de las novelas suelen parecerse a Sam más que a mi hijo, que no habla, al que no podemos soltar la mano por la calle, que siempre será dependiente, que es feliz, que es flexible…

Jaime se parece a Sam tan poco (tanto en su carácter como en la manera en la que se manifiesta el autismo en él) como probablemente mi trabajo escribiendo sobre videojuegos se diferencia del suyo. O como mi novela, terminada y aún sin publicar, con El niño que quería construir su mundo, que más que la historia de niño con autismo de alto funcionamiento es la de un hombre en la treintena tocando fondo para luego empezar a levantarse, y que encuentra un nexo de unión con su hijo, al que teme y del que huye, gracias a Minecraft.
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