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La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

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“Ser diferente” y no explicarlo a los compañeros de clase y a sus padres casi siempre es un error

(GTRES)

Voy a empezar recomendando desde aquí otro blog de maternidad, el de Marisa, conocida como MadresEstresadas y a la que podéis encontrar muy activa en redes sociales. Un blog veterano de la que es la decana de las madres blogueras, porque sus hijos ya son jóvenes adultos y ha recorrido mucho más camino que todas las demás.

Hace ya unos cuantos meses que escribió un post que quería compartir por aquí porque creo que nos puede ayudar a reflexionar. Se titula Ser diferente y recoge dos experiencias de dos niños, neurotípicos, con compañeros de clase que no lo eran. Uno de siete años y otro de quince.

Os resumo todo, aunque os animo a leer las conversaciones completas en el post de Marisa. El niño de Primaria tenía un compañero que no atendía en clase, que tenía comportamientos distintivos como romper hojas, levantarse para tirarlas, no atender… la profesora nunca le regañaba. En una ocasión empezó a darse cabezazos contra la puerta rompiendo el cristal y acabando en el hospital. El niño estuvo allí varios cursos sin aprobar jamás nada hasta que desapareció.

Y ahora la del chico de tercero la ESO. En este caso había un chaval que tocaba el culo a las chicas, que se le olvidan los tortazos que recibe y repite, que tenía comportamientos que habrían supuesto una expulsión para cualquier otro compañero. A este chico jamás le castigaban, sus compañeros tenían asumido que “es que es tonto”. Punto. Nadie les había explicado nada sobre él o sus dificultades y descartaban que los profesores lo hicieran aún preguntando.

Marisa terminaba con la siguiente reflexión:

No soy quien para juzgar, y menos con los datos que tengo, pero si fuesen mis hijos los que me cuentan algo así, iría a hablar con los tutores.

Tampoco sé dónde empieza el derecho de los compañeros a saber qué le pasa al “problemático” y dónde acaba el derecho de Pepito y de Toni a que nadie sepa lo que les ocurre.

No me preocupa que haya niños diferentes, en absoluto, lo que sí me preocupa es que los niños no entiendan que esos compañeros lo son y que se les trata de otra forma, y que a lo mejor sabiendo que son diferentes, pueden evitar situaciones como estas.

Me parece una reflexión acertada, que nos debería hacer pensar mucho a las familias de chavales con discapacidad y a los profesionales de la educación.

No queremos estigmatizar. No queremos que sea desde el principio el señalado por diferente, aunque lo sea (y no me vale eso de que todos somos diferentes, que es cierto pero no aplica a esto). Tampoco queremos interrogatorios en la puerta del cole. Nos da miedo que la etiqueta diagnóstica, muchas veces sujeta a cambios, con frecuencia aún no del todo asumida por las familias, eclipse al niño. Miedo no solo a que eclipse, sino a que induzca al acoso escolar. Es un miedo comprensible, pero en la vida, en general, actuar movido por miedos no suele ser recomendable. El temor no es un buen consejero.

Yo creo que, salvo escasísimas excepciones, el resto de alumnos y sus familias deben saber lo que les pasa a esos compañeros. Se les debe explicar, adaptado a lo que son capaces de entender, las dificultades a las que se enfrenta ese niño que comparte tantas horas con ellos, lo que le pasa, para que pongan en valor sus logros, sepan interpretar mejor lo que dicen o hacen en ocasiones en las que chirría.

De hecho estoy convencida que hablar claro, ir con la verdad por delante, facilita que todos esos miedos no se materialicen.

A veces es incluso al propio niño no se le ha explicado su diagnóstico, algo que hay que afrontar cuanto antes mejor. También adaptado, por supuesto, a su edad y capacidad de comprensión.

Siempre recuerdo el caso de un adulto, que descubrió ya en la cuarentena que tenia síndrome de Asperger. Aquello fue para el una liberación. El diagnóstico le ayudó a entenderse a sí mismo, que lo que le pasaba era “normal” desde la perspectiva del diagnóstico. Más tarde, contarlo en su entorno de trabajo, ayudó a que sus compañeros también le entendieran, a que todo fuera más fácil. Dejó de ser el borde y raro. Todo tenía una explicación.

Sé que es un tema complejo. Es difícil hacer generalizaciones y hay que ver los detalles cada caso, tras cada chico con necesidades educativas especiales incrustados en un aula ordinaria, pero en general ocultar la verdad casi siempre es un error. Y casi siempre es lo que se hace. Incluso en centros en los que los profesionales no consideran al niño un marrón que les ha caído en clase (que aún se da demasiado), incluso en esos colegios que quieren hacer las cosas bien. En gran medida porque la decisión de los padres pesa mucho, con lógica. En parte también por falta de formación específica del profesorado de ordinaria.

A la inclusión se llega mediante la comprensión. No se puede comprender lo que no se explica. Esos niños que contaba Marisa no estaban incluidos, estaban incrustados.

Quiero terminar con un detalle muy importante. Es un error asociar a los alumnos con distintos tipos de necesidades especiales con los problemas de conducta o comportamientos disruptivos en clase. No siempre es así ni mucho menos. Podrá haberlos o no, como con alumnos neurotípicos.

(GTRES)

¿Qué normas, impuestas o por decisión propia, tienen los profesores al vestirse para ir a dar clases?

La pasada semana lancé en redes sociales esta cuestión: “Profes, me haríais un favor contestando. ¿Tenéis normas, impuestas por otros o autoimpuestas, sobre cómo vestir? ¿Cuáles son, si es que las tenéis? ¿Qué no procede llevar al dar clase?”.

Una pregunta que venía por la polémica reciente de prohibir vaqueros ajustados y hombros al aire (resumiéndolo mucho) en algunos colegios católicos por aquello de la femineidad y no excitar a la muchachada adolescente, los mismos centros que ponían a las niñas a hacer ganchillo por cierto.

Pero dejando las polémicas de lado, me pareció interesante saber si esas normas de vestimenta existían, igual que creo legítimo preguntarse si los profesores deben seguir algunas normas con su atuendo me parece legítimo, por mucho que sea como mucho un aspecto más que secundario, incluso irrelevante, de su labor.

Por eso mi pregunta en redes, a la que tuvieron la amabilidad de contestar numerosos docentes. Leerles invita a reflexionar y por eso he traído aquí sus respuestas de como afrontan algo que depende de muchos factores: el centro en el que imparten clase, su concepción de la enseñanza, su relación personal como la vestimenta (los hay para los que es un medio de expresión personal fundamental y los que les da igual lo que ponerse) y que no es lo mismo acudir a cantar y sentarse en asambleas en el suelo con niños de Infantil que a enseñar al Revolución Industrial a adolescentes.

Imagen de la preciosa película de Makoto Shinkai ‘el jardín de las palabras’.

¿Qué me he encontrado? Algo que era de imaginar, que en los centros de enseñanza públicos hay una libertad que no se encuentra en los concertados y privados, que indican o sugieren ciertos códigos, aunque no siempre es así.

@albarealkiddys. En la actualidad ninguna norma. Aunque sí las tuve en el pasado en un colegio religioso.

@de_infantil. Yo trabajo en un colegio religioso y las normas nunca se nombran pero están tan presentes que pesan en el aire…

@ClaudiaWatson. Cuando estuve trabajando de profesora de inglés extraescolar en un colegio católico me pidieron que no volviera a llevar camiseta de tirantes por ir “muy descocada”.

@proferachel. En mi centro (IES), público, no. Pero hice entrevistas en concertados en los que sí me pidieron que fuese “elegante y recatada” y donde no se podían llevar vaqueros.

@JessicaTG16. Actualmente no, pero estuve trabajando en dos privados donde los vaqueros de color vaquero (podían ser de otro color e incluso leggins color vaquero 🤷🏻‍♀️) estaban prohibidos porque según la dirección “los vaqueros cuidan vacas, los profesores educan personas”.

@Aidixy. Cuando yo trabajaba en el cole (público), he vestido siempre como he querido, y nunca he tenido un problema. Otra amiga, en otro privado, muestra piercings, tattoos, vaqueros rotos, y no tiene problema tampoco.

@laBebedePucca. Ahora intento ir cómoda y correcta,’. Trabajo en pública con 6 y 7 años. Como uniforme de mamá en el parque (más o menos). En un concertado las compañeras me recomendaron no ir corta o en tirantes estrechos. Era escuela de monjas. Lo hicieron con buena intención.

También que en las autorregulaciones de los maestros, independientemente del tipo de centro en el que estén, bastantes hablan de no distraer con la vestimenta y de vigilar mucho los mensajes que puedan mostrar sus camisetas.

@carlotingham. Aplicando el sentido común. Normalmente vaqueros y camisa. Evitar todo lo llamativo y los mensajes. Que se fijen en lo que digo y no en lo que llevo.

@nataliacastrov4. Yo suelo vestir ropa poco llamativa, más que nada porque son muchas horas de clase y cualquier excusa es buena para distraerse.

Alba: En escuelas infantiles sí que hay códigos de vestimenta por seguridad (no llevar uñas pintadas, pendientes, maquillaje…) pero en las escuelas de primaria no, al menos en las públicas. Otra cosa es lo que cada uno decida. Yo no llevo camisetas con mensajes no políticos ni religiosos, por ejemplo.

@manuparadas. Para nada. Mientras no contengan mensajes obscenos, sexistas, racista… que aunque no lo parezca los hay y ellos ni se dan cuenta.

@yopispico. Soy profe de inglés en secundaria. Para salir me gusta llevar pitillos, pero para clase mejor vaquero, por comodidad más que nada. Arriba camisetas (sin mensajes sobre sexo y/o uso de alcohol) o jerseys cuando hace frío, y de calzado sí que me pongo lo que quiero (Converse, etc). Ah, y en mi centro del año pasado pude llevar pantalón corto las últimas semanas, cuando la ola de calor. Espero que en el de este año también me lo permitan, porque si no lo voy a pasar un poquito fatal…

La conveniencia de usar tirantes y pantalones cortos parece ser lo que más diferencias suscita:

@Shamarmat. Yo llevo tirantes en verano, con más de 38 grados desde mayo y las clases sin acondicionar, son hornos. No considero los tirantes como ropa de playa, pero lógicamente, es una percepción mía. Mis compañeras tb los llevan, en vestidos, camisetas… vamos, que es algo normal

@daniel_durantes. En mi centro por ejemplo, no nos recomiendan llevar bermudas. Es lo único que me disgusta porque en verano me aso vivo.

@Pedrocen2012. No tengo normas externas, pero me autoimpongo no llevar pantalones cortos aunque haga calor, por ejemplo.

@PiliPopLite. Los tirantes no me importan en absoluto. Cuando en el concertado nos dijeron que no los usáramos, que mejor camisetas sin mangas no entendí nada. Siempre creí que era por el escote, pero hay camisetas de tirantes sin escote, así que ¿por qué no los tirantes?

@elviragarlop. No vaqueros demasiado rotos. En verano no usar camisetas que mostraran la ropa interior (mujeres), no bermudas (hombres)… produjo más risas que otra cosa. La gente iba normalmente vestida. Nunca me llamaron la atención por mis vaqueros rotos ni por usar pantalón corto.

@ladetecno. Yo como la mayoría: sentido común y saber donde vas. No vas de Nochevieja pero tampoco a hacer treking😉. En mi insti (público) no hay normas para profes y algunos van con bermudas por ejemplo, a mí personalmente no me parece dar buena imagen.

@Aidixy. Una amiga mía, en su cole privado ni puede llevar: mangas sisas, vaqueros, pantalones cortos y no recuerdo si sandalias. En Málaga a 35 en junio, lo pasa que te cagas

@JuanitoLibritos. Yo voy muy informal: vaqueros y camiseta. Soy MUY caluroso y vivo en Andalucía, por lo que llevo bermudas varios meses del curso. Por esto me llamaron una vez públicamente la atención en un insti público. También alguna compañera me ha soltado alguna indirecta. Lo que yo nunca llevaría serían camisetas sin mangas o chanclas/sandalias. No por motivos estilísticos o morales (allá cada uno con algo tan subjetivo como eso), sino por un aspecto meramente higiénico.

@nace1mama. No entiendo lo de las bermudas, me dejas a cuadros. Es indecoroso que enseñéis vuestras piernas? 😂 estas cosas me hacen explotar el cerebro

@JuanitoLibritos. ¿Verdad? Pues más o menos en esos términos lo comenté yo en el claustro en el que se me llamo la atención delante de setenta compañeros/as. Lo peor es que el argumento era “la respetabilidad” y asegurar que “si trabajáramos en la privada no iríamos así”.

Los escotes y enseñar mucha pierna también suelen estar autocensurados apelando al sentido común. Por comodidad, pero también por evitar distracciones en épocas hormonalmente efervescentes (aunque como dice mi santo, “en la etapa de ser hormonas con patas ni el jersey amplio y de cuello vuelto evita los pensamientos impuros”).

Anita: No hay ninguno. Yo voy como quiero y mi única autocensura es no enseñar demasiada cacha en verano, que los adolescentes yatusabeh cómo son.

@mamen_blrb. No me imponen normas pero me las impongo yo. Ni faldas ni pantalones excesivamente cortas y tampoco me pongo escotes excesivamente grandes. Creo que es lo normal para ir al trabajo.

@ElviraGarlop. Uso sentido común. Soy de informática y me agacho mucho por encima de los hombros de los alumnos por lo que aún gustándome los escotes no los uso en clase, es incómodo. Estuve en un insti donde sí había “sugerencias” sobre cómo vestir.

@profeAnaBio Yo me auto-impongo no llevar grandes escotes que dejen ver canalillo al agacharme. Me siento incómoda por miradas fijas. Las minifaldas también me hacen despistarme en el discurso por lo mismo. La comodidad en todos los sentidos va primero

Y precisamente la comodidad es lo que más sale a la palestra. El objetivo principal de casi todos.

@meri_violin. Mi norma para trabajar en el cole es ir cómoda. Pantalón vaquero y camiseta. Más que nada porque doy música: tengo que cantar, bailar y tocar instrumentos. Paso calor y me muevo mucho. De otra manera sería imposible. Es cuestión de lógica. Voy a trabajar, no de pasarela.

@maestradepueblo. No tengo normas impuestas por otros ni autocensura propia. Ropa cómoda que te permita igual subirte a una silla que sentarte en el suelo, pero es la misma ropa que utilizo fuera del cole.

@Shamarmat. Nadie me impone nada. Mi ciclo es Infantil, y mi ropa diaria es casi un uniforme de comodidad: vaqueros y jersey en invierno con foulards y en verano mucho vestido largo y amplio o pantalón con camiseta. Me tiro al suelo con ellos y debe darme libertad. Y aunque son peques, tocamos el tema de la ropa como carta de presentación, pero sin roles ni patrones establecidos, tan solo el de la limpieza claro! pero que pueden combinar lo que quieran, que no hay ropa de niños o niñas y que vestirse es divertido!

@PiliPopLite. Yo doy clases en IES. No suelo llevar tacones (por comodidad) y tampoco minifaldas, escotes o pantalones demasiado cortos, también por comodidad (no me siento cómoda). Pero no me parece mal que otras profesoras vistan con esas prendas. Cada uno en su estilo y como quiera.

@comouncomino. En los 3 últimos coles nadie me dijo cómo vestir. Yo personalmente procuro usar ropa y calzado cómodo, y evito los escotes, minifaldas y shorts, porque en clase no paro quieta y paso de enseñar chicha (no me siento cómoda). Y tirantes solo si en clase se alcanzan los 30º.

@latelyleti. Ropa cómoda. No llevo camisetas con mensajes o ideológicas porque ya en general no me gustan, casi nunca las llevo. Nunca me han dicho nada (y lo hicieron, pasé tanto que no me acuerdo). Lo que no me gusta es taconazos de aguja porque tenemos movilidades reducidas y no es seguro.

@Nuria2584. Yo trabajo en una escuela infantil y la única norma es que vayamos cómodas, el resto es parte de la personalidad de cada una y así lo defienden nuestras jefas.

Los hay además, que me parece genial, que aprovechan incluso la indumentaria para enseñar, en todos los sentidos del término. Para transmitir que no hay que juzgar por las apariencias, que lo importante no es lo que llevemos. Incluso para lanzar un mensaje conservacionista en algún caso.

El primero de los comentarios que aparecen me parecen (opinión personal) digno de aplauso cerrado.

@mellado_barneto. Vaqueros rotos, camis de grupos (soy de música), deportivas, pelo blanco y un brazo y media espalda tatuada. Debemos ser un modelo de conducta, valores y entre otras cosas enseñarles que la ropa y/o tattoo no te hace mejor ni peor. Nunca nadie me ha dicho nada, al contrario.

@David_CCSS. Trabajo en IES públicos y creo que sería una aberración imponer una manera de vestir. Al trabajar con adolescentes somos modelos y no veo correcto usar la ropa como símbolo distintivo socioeconómico o ideológico. Intento no usar marcas visibles, en la medida de lo posible. Esta semana he ido por primera vez tres días con la misma ropa (L,M y X y cambiando ropa interior y camiseta debajo de camisa, la higiene lo primero 😉 para mandar un mensaje de que no hace falta cambiarse todos los días de ropa, economizando recursos para ahorrar agua.

@sonpa70. A mí no me imponen nada pero soy consciente que soy un ejemplo para los alumnos. Además debe primar también la comodidad ya que a menudo me siento con ellos en el suelo. Actualmente soy maestra de alumnos con 12 años y sigo sentándome con ellos en el suelo o hago clases en el patio. Con nuestro ejemplo debemos enseñar que la ropa es parte de nuestra marca personal y que explica muchas cosas de nosotros

@MarimerryMerry. Cómoda yo lo primero y siempre limpia. Me encanta cuando ponéis que somos ejemplo. Por eso creo que nuestra puntualidad, bien hacer, empatía , responsabilidad …deben trascender nuestro estilismo y relegarlo a un 2º plano. Be you, be kind and nobody will care about your clothes

Lo que llevamos encima nos define, y bien está que así sea.

Me dio por pensar a leer a todos, que probablemente lo de la ropa es algo que solo podría quitarme el sueño (y tampoco tanto, simplemente meditarlo más) en los primeros días de clase. Como en casi cualquier oficio.

¿Qué ropa te pondrías en tu primer día de clase si fueras maestro? Yo optaría por ir plana, cómoda, con vaqueros probablemente y alguna camisa o camiseta, y si hace frío con jerséis. Y probablemente con mi bolso de Ataque a los titanes o cualquier otro distintivo friki o relacionado con la defensa de los derechos de los animales.

Y algo en ese sentido me encontré:

@mara_arpa. Soy interina de la pública. Al principio del curso en un centro nuevo suelo ir “neutra” (vaqueros, camiseta lisa y playeros) para ver de que pie cojean alumnos y compañeros. A los pocos días en todos ya llevo mis camisetas frikis y heavys. Nunca he tenido problema. Sobre todo los primeros años, algunos compañeros me aconsejaban que fuera vestida mas formal para que los alumnos, al verme joven y pequeñita, no se me subieran a las barbas. Creo que mi estilo personal me ha ayudado a que me respeten mas que una camisa.

@finding_patri. En mi primer año de prácticas desde la propia facultad recomendaron quitar piercings y tatuajes, y si era centro concertado o privado cuellos cerrados y pantalón siempre.

@Hlena_Padilla Espero que la manera de vestir nunca sea un problema. Creo que tanto mi ropa como la de mis compañeros profesores no hace más que recalcar el mundo variado y plural en el que vivimos. El respeto en la vida es la clave de todo

Gracias de verdad a todos los que habéis participado en este debate, que sigue abierto. Aquí os dejo otras aportaciones:

@Elena_kings. En mi colegio hay que ir formal sin enseñar chicha y los hombres con corbata (vivo en Inglaterra). Yo visto zapatos siempre y nada loco -vestidos llamativos ni cosas raras – ¿por qué? Porque los alumnos llevan uniforme y zapatos, así que por respeto a ellos. No es tan difícil.

@DemEle5. Debo llevar pantalones tipo chinos y camisa.
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¿Jornada continua o partida en los colegios? ¿Qué es lo que prefieres?

Es un tema polémico que hoy es noticia de portada en 20minutos de Madrid, ya que el 52% de los centros de la región ya la aplican. Reconozco que me ha sorprendido leer que perjudica a miles de padres. Imagino que sí. Pero también perjudica a miles de padres (y de niños), la partida. De hecho en mi entorno lo que se oye es un clamor mayoritario por la jornada continua: los que la tienen están encantados y los que no la desearíamos.

Yo siempre he dicho que la jornada partida, con los cuatro paseos de ida y vuelta al cole, prácticamente te obligan a dejar a los niños en el comedor. Pues dan un dato que refrenda lo que yo siempre he dicho, que la discontinua te obliga a tirar de comedor: el 72% de los estudiantes con jornada partida la usa frente al 38,5% de los que tienen continua. Es decir, que obliga a muchas familias a pagar por un comedor que realmente no necesitan. Y yo soy de las que cree que si se puede comer en casa a las 14, mejor.

Lo de los cuatro paseos de ida y vuelta de entre diez o quince minutos cansa a los niños (al menos a los míoas), cansa a los padres y por hace que no te dé tiempo apenas a hacer nada, te parte el día. Y los niños por la tarde sestean cuando son pequeños o tienen actividades livianas, porque después de comer la atención baja. Yo recuerdo perfectamente como una liberación cuando pasé de adolescente de la jornada partida del colegio de monjas a la continua del instituto. Los días cundían más, tenía más tiempo para estudiar y para ocio.

Por otro lado. Para los padres que trabajan la hora de salida, si los dejan a comedor, es la misma tanto si la jornada es continua como si no. La diferencia es que esas dos horas de comida y patio las tienen de 12:30 a 14:30 y luego clase de nuevo de 14:30 a 16:00, o que las tengan de 14:00 a 16:00. Y para los padres que no lleguen a tiempo de recogerles a las 16 las extraescolares son necesarias da igual la jornada que tengan. Es más, para los niños cuyos padres o abuelos puedan recogerles a las 14, supone tener mucho más tiempo a su disposición para jugar, descansar, estudiar…

En definitiva, que entiendo que haya padres que deseen jornada partida, pero yo me declaro abiertamente defensora de la continua.  Yo he sugerido por escrito al colegio de Julia que la adopte. Ojalá la tuviera. No tengo la menor duda.

Cada cual con sus circunstancias prefiere una u otra, es lógico. Nunca llueve a gusto de todos, ya sabéis… pero por lo que deberíamos luchar es por horarios más racionales en el trabajo, que nos permitan conciliar de verdad y no andar haciendo malabarismos.

Os he preguntado también en mi página de Facebook esta mañana y de los dieciseis comentarios solo uno pide la partida. Os dejo algunos:

– Continua. Nosotros hemos tenido partida y sin duda preferimos comer tranquilos sin el agobio d tener q salir corriendo. Si no me equivoco los niños cuyos padres trabajan se quedan en el comedor y salen a la misma hora, haya continua o partida

– Sin duda continua pero con la opcion de comedor y luego extraescolares para q si los padres tienen trBajos dificiles de compaginar al menos puedan seguir saliendo a horas compatibles con los padres. Mi hija es de partida y volver a las 3 da mucha pereza.

– Yo tengo continua y como alumna padecí la partida. Paso las tardes enteras con mis hijas, así que estoy contentísima.

– Continua sin duda…los niños (y yo) después de comer como que nos entra modorrilla…me imagino a los mayores dando mates a las 3 de la tarde….pa morirse.

– El primer años de cole de Alciia con un barrigón de nueve meses sufrí el periplo de la jornada partida con una niña de ters años y después con un bebé recién nacido…horrible. Acabé por no llevarla por las tardes, menos mal que ahora es continua.

– Nosotros comenzamos mañana la jornada continua, hasta ahora la hemos tenido partida, y creo que el cambio es a mejor, sin duda alguna.

– Continua, mañana empieza jornada partida (guardería) y cambia horarios de siesta y demas…y todo el dia en el camino, un ratito por la mañana y un ratito por la tarde a mi casi no me da tiempo a nada, asi que prefiero continua.

  ¿Y vosotros qué opináis? ¿Os quedáis con la jornada continua o con la partida?

 

Cuando la elección de un colegio que nos guste para nuestros hijos es imposible

El plazo para solicitar centro educativo en los ciclos de Infantil, Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid arrancó este jueves. Lo explican divinamente mis compañeros Octavio Fraile y Mario Toledo en la noticia: La matriculación de alumnos arranca en Madrid entre quejas y temor por el área única educativa.

Un trámite rutinario que se repite cada año para cientos de miles de padres de alumnos, pero que este curso (2013/14) se presenta con temores y quejas debido al “caos organizativo” que puede generar la implantación del área única educativa y la falta de tiempo con la que han contado los distintos centros escolares para prepararse para el cambio.

Tras el enlace tenéis la noticia completa, yo os dejo aquí un párrafo y todos mis buenos deseos para que podáis lograr el centro educativo que deseáis para vuestros hijos.

Es muy importante sentirse a gusto con la elección de colegio que hemos hecho, que su sistema educativo nos cuadre, que el tutor también, que nuestros niños se sientan allí a gusto. El colegio en el que crezcan marcará mucho a nuestros pequeños. Tanto que no es raro que se produzcan cambios de centro, incluso a mitad de curso, precisamente por no querer que nuestros hijos se formen en un colegio en concreto, que tal vez para otros niños y padres sea estupendo, pero que en nuestro caso no.

Lo que no es tan conocido es que hay una gran minoría de niños cuyos padres no pueden hacer esa elección. Hay muchos niños para los que es imprescindible contar con un enfermero o enfermera en el centro educativo. Son niños que padecen todo tipo de problemas de salud: desde enfermedades crónicas como la diabetes que requiere del uso de una bomba de insulina, de controles de glucosa periódicos y ciertos conocimientos para atenderles hasta niños que se recuperan de un cáncer, que están en diálisis, a la espera de un transplante o a los que les han quedado secuelas de un accidente.

Muchos de esos niños ni siquiera pueden ir a un colegio en su municipio. Al ver la lista con los colegios de la Comunidad de Madrid con enfermero o enfermera una amiga comentaba: “En Ciempozuelos no hay ninguno”. No solo es el caso de Ciempozuelos. Aquí tenéis la lista. Hay 111 colegios, contando públicos, concertados privados y Primaria y Secundaria. Pensad que hay más de 3.000 centros educativos en todo Madrid. Es decir, los niños de Madrid que necesiten esa atención especial solo pueden elegir entre un 3,5% del total de centros educativos. Limitado no, limitadísimo.

Y no conozco la situación de los niños que vivan en Soria, Ciudad Real o Badajoz (me encantaría que me lo contaráis si lo sabéis), pero teniendo en cuenta lo que sé del autismo, es probable que aún tengamos que dar gracias en Madrid.

Un familiar mío, muy querido, está en esa situación. Hace dos días escribía en una red social lo siguiente:

Es injusto por dos partes. Primero porque al no haber enfermera en todos los colegios me veo obligado a meter a mi hijo en un colegio que no sería el que yo eligiría si no tuviese diabetes porque es el que tiene enfermera. El segundo caso es que mi hijo ya esté estudiando en un cole que me gusta y debuta con diabetes, en el cole que no tiene enfermera no se hacen cargo y me tengo que buscar la vida.

Para terminar os dejo con un texto de la Plataforma de Asociaciones de Enfermos Crónicos en Edad Escolar:

Acostumbrados como estamos desde hace décadas a bregar con el mismo problema (el de la falta de atención escolar a los niños con necesidades especiales no discapacitantes) esperamos por el bien de todos, que estos nuevos criterios de baremación no perjudiquen a aquellas familias que por recomendación médica o por falta de recursos, necesitan matricular a sus hijos cerca de su domicilio o lugar de trabajo.

Con motivo de la apertura del plazo de matriculación ordinaria este jueves día 25 de abril, publicamos AQUÍ el listado actualizado de los centro de enseñanza que disponen de enfermera.

Para dimensionar la tarea que aún nos queda por delante compárese el tamaño del listado con los más de 3.000 centros educativos que hay en la Comunidad de Madrid, la mitad de los cuales son de titularidad pública.

Nuestra primera pregunta a la Consejería de Educación es si los niños de 3 años que iniciarán el segundo ciclo de educación infantil este año podrán hacerlo en el centro elegido por sus padres.

La segunda pregunta es si los niños que sean diagnosticados en los próximos meses tendrán todas las garantías para continuar en su colegio sin trabas o serán invitados a matricularse en otro colegio como nos cuentan algunas de nuestras familias.

¿Qué se quieren? Soluciones que en esta época de crisis sabemos que es difícil que lleguen: más enfermeros, enfermeros que roten por los colegios, que los colegios se responsabilicen de los niños en los casos en los que con una pequeña formación puedan mantenerlos en su centro, al menos disposición para estudiar una solución que no implique matricular al niño en un colegio que no te gusta, que está en otra ciudad o que un familiar (normalmente la madre) tenga que dejar de trabajar hacer de enfermera de su hija en el colegio.

Ayudadnos a difundir lo que sucede por favor, para que al menos se sepa.

Una niña de dos años con diabetes jugando con un glucómetro junto a un perro de asistencia.

Una niña de dos años con diabetes jugando con un glucómetro junto a un perro de asistencia.

¿Cómo celebran vuestros hijos sus cumpleaños en el cole?

8545199892_96dbf63b6c_zEl sábado fue el cumpleaños de Julia. ¿Recordáis cuando os la presenté por primera vez en este mismo blog? Pues el bebé de casi cuatro kilos tiene ya cuatro años. Toda una niña pequeña que ha estado todo el fin de semana de celebración.

El sábado fuimos a comer a casa de su abuela, eligió la tarta más pomposa de nata y fresa que había en la pastelería. De la noche del sábado al domingo tuvo una noche de fiesta de pijamas, la primera, con una amiguita de casi tres años y un amigo que va camino de los cinco. Lo dieron todo, se durmieron a las doce de la noche jugando y a las ocho de la mañana estaban en pie listos para comer tortitas.   El domingo comimos con sus otros abuelos, de nuevo con tarta de nata y fresas, y por la tarde lo celebramos en el parque de bolas, por primera vez con amiguitos del cole.

Es decir,dos días enteros de fiesta. Agotador para pequeños y grandes, pero estupendo en todos los sentidos. Y no acaba ahí la cosa. Hoy ha ido al colegio con dos bolsas grandes de gusanitos, de la marca que le han dicho que lleve apta para niños con celiaquía. Siempre lo mismo, para que no haya diferencias entre unos niños y otros. Y en una cantidad que hace que todos los prueben pero que no se llenen. Las chuches, prohibidas.  Le pondrán una corona y cuando llegue a casa, en un ratito, me contará qué tal lo ha pasado.

Es curioso las diferentes maneras que tienen en cada colegio de celebrar los cumpleaños. En el de Julia además celebran todos juntos los cumpleaños del trimestre tres veces al año, una buena manera de tener una fiesta conjunta y de que los niños que cumplen años en agosto, como Jaime sin ir más lejos, también tengan su momento. Sinceramente, me parece un buen sistema.

Pero por lo que estoy oyendo las costumbres varían muchísimo en los diferentes colegios, escuelas infantiles y guarderías.

En algunos sitios aún se hace como cuando yo era pequeña, que llevábamos caramelos y el cumpleañero los repartía. En otros, sobre todo guardes, me consta que se permite que los niños lleven un regalito a su elección para sus compis.

¿Cómo es en en el caso de vuestros hijos?

 

 

Esas sorpresitas que nos traen nuestros hijos del colegio

manualidades-ramo-flores-dia de la madreNo hay nada tan rico o tan bonito como lo que nos hacen nuestros hijos. Mi padre aún conserva un tarro para guardar lápices y bolis que le hice cuando debía tener 5 años con un tarro cerámico de yogur. Tiene dibujados un caracol, un árbol y una casa, los tres igual de grandes, aún no dominaba las escalas realistas.

Hoy Julia, como cada jueves, tiene talleres en el cole. Y ya sé que tendré una sorpresa cuando llegue a casa. Y sé que me encantará, y lo hará sinceramente. Me entusiarmará y se me notará sin tener que fingir.

El jueves pasado tuvo taller de cocina, que le chifla. Cuando llegué a casa me esperaba medio sandwich hecho con todo el amor del mundo en la encimera. “Mamá, lo he hecho para ti”. Y yo, feliz, me puse a comerlo. Al tercer mordisco noté algo demasiado crujiente. Al cuarto mordisco se repitió el fenómeno crocanti. Mi santo, que había llegado antes que yo, se había comido la otra mitad y me vio va y me dice sonriendo de oreja a oreja: “a mí me ha dicho que se le había caído un poquito al suelo”.

Ese día tuve doble sorpresa.

En fin… el resto fue a la basura, cuando ella no miraba e inmediatamente tapado con otras cosas por si acaso.

Es una pena que para el día del padre y de la madre en el colegio de Julia no nos preparen sorpresas. No lo hacen pensando en aquellos niños que no tienen un papá o una mamá a los que dárselo. En el cole de Jaime sí lo hacen. Yo lo hacía de pequeña y recuerdo que me encantaba preparar en clase esos regalitos para mis padres. Digo yo que no sería tan difícil ni traumático decirles a esos niños que no tienen papá o mamá que, en su caso, el regalito es para su abuelo, su tía o su hermanito. ¿No os parece?

¿Qué estamos haciendo mal?

Los alumnos españoles de 9 años no llegan a la media de la OCDE ni de la UE se titula una noticia de ayer, martes, que cita a un informe elaborado por la International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA), en 48 y 63 países, según las pruebas PIRLS (Lectura) y TIMSS (Matemáticas y Ciencias) de 2011. Es parecido al famoso informe PISA, pero con niños más pequeños: nueve añitos.

En Matemáticas, España ha obtenido 482 puntos y, por tanto, se sitúa por debajo del promedio de los 63 países de 500 puntos, e inferior también de la media de la OCDE (522) y de la UE (519). Los resultados más elevados los han logrado Hong Kong-China (602), Irlanda del Norte (562) o la comunidad flamenca de Bélgica (549). La proporción de alumnos rezagados en España en matemáticas es del 13% frente al 7% de la OCDE. La proporción de alumnos excelentes en nuestro país es del 1% por el 5% de la OCDE.

En Ciencias, España obtiene 505 puntos, por encima de la media internacional de 500 puntos, pero por debajo de la OCDE (523) y la UE (521). España tiene un 8% de alumnos rezagados en Ciencias frente al 6% de la OCDE. La proporción de estudiantes excelentes en nuestro país es del 4%, mientras que en la OCDE es del 7%. Ciencias es la materia en la que menos alejada está España tanto de alumnos rezagados y excelentes con respecto a la OCDE.

Y una vez ofrecido un resumen de los datos, os dejo algunas perlas interesantes que se desprenden del informe:

  • España tiene un 19% de alumnos que no muestran interés en clase, una cifra que casi duplica a la media internacional, que se sitúa en el 10%.
  • En la media de los países participantes en PIRLS-Lectura hay un 9% de alumnos en centros con muy elevado énfasis en el éxito académico frente al 3% de España.
  • España es uno de los países donde menos diferencias existen entre colegios.
  • Los centros privados y concertados obtienen resultados superiores a los públicos, no porque sean mejores, sino porque sus estudiantes proceden de entornos socio-económicos más favorecidos.

 

¿Qué estamos haciendo mal? Porque está claro que estamos haciendo algo rematadamente mal. Probablemente estamos errando en varias cosas, que los problemas complejos no tienen soluciones fáciles. Pero el informe apunta a una causa con la que me parece que dan en el clavo: a nuestros alumnos no les interesan las clases. Por ser más concreto, dos de cada diez niños van al cole sin interés, sin ilusión, sin ganas de aprender. Y hablamos de niños de 9 años, no de adolescentes en lo que yo llamo “la fase anticontra”.

Y la culpa no es de los niños. Los primeros responsables de ese desinterés somos sus adultos de referencia: maestros y padres. También la administración pública y sus vaivenes y política del puño cerrado, está claro, pero creo que los profesores y, sobre todo, los padres, podemos hacer mucho, tenemos en nuestra mano lograr que la situación mejore para nuestros niños.

A los primeros me encantaría preguntarles qué creen que se puede hacer para evitar ese desinterés de los niños, para volver a entusiasmarles, a lograr que les guste ir a clase para aprender, socializar y divertirse. Sé que cuando uno está embarcado en una guerra contra esos gigantes que son molinos, sufriendo ajustes y recortes de todo tipo, ninguneado… es fácil acabar desmotivado en su trabajo. Pero cuando ese trabajo es la enseñanza, esa desmotivación la pagan los alumnos. No es fácil evitarlo, pero hay que intentarlo. Y luego hay otro mal común a todos los puestos de trabajo, que también afecta a los maestros: caer en la rutina, en el piñón fijo, en no reciclarse, en perder la ilusión. Cuando yo estudié no existía una marea verde, pero sí muchos profesores acomodados y/o desencantados con su labor.

Pero no quiero cargar las tintas con los profes. Los padres tenemos muchas pelotas botando en nuestro tejado. Ayer comentaba en twitter con mi compañero @hectormgarrido que durante varias generaciones los padres somos los culpables de haber trasmitido a los chavales un interés meramente utilitarista del estudio. Ha calado en nuestra sociedad, por desgracia, que estudiar solo sirve para conseguir un trabajo más cómodo o mejor pagado. Y no es así. Estudiar, aprender, leer, querer saber cómo funcionan las cosas sirve para ser personas mejores, más interesantes, con más andamiaje interno para moverse por el mundo y ser felices. Los padres podemos hacer mucho por transmitir a nuestros hijos el interés por saber, por descubrir, por investigar, por conocer, por ser críticos y tener siempre una pregunta preparada. Claro que es difícil transmitir lo que no se siente. El primer paso es recuperar nosotros ese interés.

También es importante no desacreditar desde casa la labor de los maestros. Si tenemos la mala suerte de que a nuestro hijo le haya tocado en suerte un mal profesional, claro que hay que tomar medidas, pero sin atacar a toda una profesión. Si padres y profesores vamos en la misma dirección, todo será mucho más fácil.

En el título del post preguntaba qué estamos haciendo mal. Os he contado lo que yo creo. ¿Qué opináis vosotros? ¿En qué nos estamos equivocando? ¿Qué podemos hacer como padres recientes?

El día del maestro más verde de todos

Hoy es el día del maestro. Por algún motivo que desconozco, y no sé si seré la única, yo identifico con esa palabra a los profesionales que atienden y enseñan a los niños más pequeños. Cuando los niños crecen, mi cerebro invoca otra: profesor. Me resulta difícil utilizar con ellos de forma espontánea la palabra tutor, que es la que parece que ahora prefieren. En cualquier caso, denominaciones aparte, es un buen día para recordar a aquellos que acompañan a nuestros hijos en sus primeros pasos escolarizados.

Creo que tenemos mejores maestros que nunca. Sé que siempre los hubo buenos y que siempre los habrá malos, pero de verdad estoy convencida de que tenemos mucha suerte con los hombres y mujeres que atienden a nuestros pequeños, que la gran mayoría están mucho mejor preparados y tienen más vocación que los que nos atendieron a nosotros.

Que tengamos los mejores maestros que nunca ha habido en España no significa que no puedan, que no deban, mejorar. Pero para eso hace falta que estén motivados, que se les apoye. Pero eso no es lo que está pasando precisamente en esta España de recortes.

Mis hijos tienen suerte. Jaime ha tenido distintos maestros, que en su caso son también estimuladores. Este curso, en su nuevo colegio, tiene a Fran, un chico joven, preparado, entusiasta y cariñoso. Entra feliz en el colegio todos los días. Julia está descubriendo en su primer año de cole a su primer adulto de referencia ajeno a la familia. Su profesora se llama Ana, también es muy joven, y ese nombre suena muchas veces en mi casa a diario. “Ana nos cuida mucho” “¿Jugamos al colegio y a que tú eres Ana?” “Ana es rubia” “Ana nos está enseñando la canción de una castañera”, “Ana se llama Ana, como la tía Ana”. Se nota que la adora y eso es muy buena señal.

Esos maestros, o tutores, o profesores, o como queráis llamarlos, se están enfrentando ahora a recortes sin precedentes. Los centros públicos tienen el presupuesto menguado, el ratio de alumnos (con necesidades especiales y sin ellas) aumentado, menos apoyos, menos manos y cada vez más padres que no pueden pagar mensualidades, extraescolares, libros de texto, cooperativas.

¿Cómo no dejarme llevar por la ‘marea verde’ en un día como hoy, en un post como el de hoy?

Además, como bien sabe Julia, que a todo el que se descuida le pregunta por sus colores favoritos, el verde es el color que más me gusta.

Integración, una utopía por la que merece la pena luchar

La integración, bien hecha, beneficia enormemente tanto a los niños con discapacidad como a los niños que no la tienen. Está demostrado con creces. El problema es que en nuestro país la integración de los niños y jóvenes con discapacidad en el sistema educativo no está funcionando como debería. Deja mucho que desear y cualquier padre de un niño con discapacidad o profesional de la educación con un mínimo conocimiento al respecto podrá corroborarlo.

En el mejor de los casos hay planes preciosos que se ponen en práctica sin apenas medios, medios que siguen recortándose a causa de la crisis. Hay educadores dejándose la piel por lograr que niños con una discapacidad estén felices y aprendiendo en sus clases que apenas disponen de apoyos y recursos. Son mayoría (y puedo hablar por experiencia) los padres que ven con buenos ojos esta diversidad en las aulas y los niños que asumen con naturalidad que alguno de sus compañeros sea diferente. Pero también es verdad que hay padres que no quieren que sus hijos “normales” tengan un niño de integración en clase o profesionales de la enseñanza que ven como un marrón e intentan quitarse de encima a estos niños.

La alternativa a la integración es la exclusión, el gueto de la discapacidad. El camino alternativo a la integración es tener a tu hijo en un centro especial, con niños con diferentes tipos de discapacidad, o específico, especializado en una discapacidad concreta. Centros muchos de ellos fantásticos sí, pero que deberían ser el plan B siempre.

Normalmente todos los niños, cuando son pequeñitos, siempre entran en integración. Según van cumpliendo años, su evolución se estanca, las enseñanzas se complican y sus compañeros pierden la inocencia y se malean, la mayoría de esos niños van descolgándose antes o después del sistema educativo integrador. Con Jaime ha sucedido en el paso a Primaria, ya os lo conté en su momento. Los hay que aguantan mucho más, pero pocos superan la jungla que es el instituto. De los que salen del instituto, muchos lo hacen muy machacados, teniendo ellos y sus familias que haber peleado el triple de lo que es lógico.

¿Eso significa que debamos cargarnos la integración, dejarla solo para los poquitos más capaces? No. Hay que insistir, pelear por ella, lograr que el sistema educativo pueda incluir y no excluir a todos los niños. Pero hay días como hoy, tal vez por lo mucho que llueve, que siento que es un planteamiento demasiado utópico, que nos queremos engañar a nosotros mismos, y que para tener la integración del “quiero y no puedo” es mejor no tener ninguna y ahorrar sufrimientos a los niños y sus familias.

En cualquier caso, lo que no puede hacerse jamás es atacar la integración de un modo tan simplista, erróneo, carente de conocimientos (habla de dos o) y falto de sensibilidad como la columnista de La Razón en Murcia Idoia Arbillaga en la pieza (por llamarla de alguna manera) que publicó el pasado 25 de septiembre.

Leer algo así es todo un revulsivo para perseguir sueños imposibles.

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Nunca me conformaré con un simple “bien” ante la pregunta “¿qué tal el cole?”

Esta es la tercera semana que Julia va al cole, la segunda sin periodo de adaptación. Lo que os voy a contar puede que os parezca tonto, pero para mi santo y para mí es una maravilla, una experiencia nueva que nos encanta: cuando vuelve del cole nos cuenta lo que ha hecho, si ha dibujado, si se ha comido entera la manzana, si tiene una amiga que se llama Cristina… Ayer por la noche nos cantó enteras tres nuevas canciones que ya se ha aprendido.

“Eso es lo normal”, diréis. Pues no. En nuestro caso no lo es. Jaime lleva tres años acudiendo al colegio y jamás ha podido contarnos nada. Toda la información sobre lo que sucede durante las horas que pasa ahí dentro la sacamos del cuaderno viajero que escriben sus profesores, de lo que sus profesores nos cuentan de viva voz o de observar si entra y sale contento del centro.

“Sí, ya, pero es que Jaime tiene autismo y no habla”, podríais aducir.   Cierto, pero también es verdad que hay niños sin autismo que no explican lo que hacen en el colegio. Y hay otra variante, la de los niños a los que siempre les va “bien” en el cole. Yo era de esas. Tendría que preguntar a mi madre cómo lo recuerda ella, pero yo me recuerdo como una niña que cuando escuchaba de padres o abuelos la pregunta “¿Qué tal el cole?” siempre contaba lo que querían oír, lo que les tenía felices y contentos, porque yo amaba a mis padres y abuelos y por tanto les quería felices y contentos.

Era un error, ahora lo sé. Del colegio hay que contar lo bueno y lo malo, lo bueno para disfrutarlo juntos y lo malo para ponerle remedio o, al menos, encontrar comprensión y apoyo. Y os aseguro que voy a trabajar para que mi hija me pueda contar todo, para que entienda que me interesa lo que le pase mientras esté en el cole y que puede contar conmigo, que no son mundos independientes. Obviamente, según se haga mayor, necesitará también reservarse muchas cosas. Es sano y lógico, pero que lo haga por los motivos correctos.

De momento seguiré disfrutando de las canciones y pequeñas actividades que me vaya contando. Y nunca me conformaré con un simple bien.