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El autismo y los juegos de mesa

Este verano, como todos, nos llevamos varios juegos de mesa en la maleta. Que las cajas de estos juegos sean con frecuencia exageradas supone un problema de espacio cuando hay que ubicar bastantes en casa, pero en los viajes no viene mal. En una misma caja, si se organizan bien, pueden caber varios.

Uno de los juegos que nos llevamos fue el Carcassone, uno de los imprescindibles en cualquier ludoteca familiar. Una tarde tranquila estábamos jugando los tres habituales, mi santo, mi hija de ocho años y yo, cuando Jaime, que tiene once años y autismo, se acercó a la mesa interesadísimo en colocar losetas. No nos importó que nos descuajaringase caminos, castillos y abadías. Los tres nos miramos sorprendidos y encantados de que mostrase interés en unirse a nosotros colocando losetas, daba igual cómo cayeran.

Hemos tenido muchas jornadas de juego de mesa y jamás Jaime había querido participar. Aquello fue un destello que tenemos que intentar repetir en casa, sin forzarle, esperando que espontáneamente desee estar de nuevo unos pocos minutos participando con nosotros en la construcción de mundos medievales.

He recordado todo aquello al transcribir algunos fragmentos de la conversación que tuve sobre juegos de mesa con Núria Guzmán, psicóloga con un máster en Neuropsicología y Educación.

Nuria lleva desde 2012 trabajando con los juegos de mesa en la asociación Afim 21, que se creó “para dar respuesta a niños y adolescentes con necesidades educativas, con problemas emocionales o con muy pocas habilidades sociales”. El éxito fue rápido y claro y podéis leer más al respecto en Los juegos de mesa llegan a las aulas, para aprender divirtiéndose.

Durante la larga charla que mantuvimos para la elaboración de ese reportaje, además de quedarme clara su pasión por enseñar a los niños entendiendo cómo funciona su cerebro, que no se aprende sin recompensa, que es preciso el disfrute para fijar las enseñanzas, que hay que descartar el adiestramiento finalista… también me contó que está trabajando con juegos de mesa y chavales con autismo, un campo que coincido con ella en que habría que explorar más.

Aquí tenéis lo que me contó.

Niños con síndrome de Asperger, autismo de alto funcionamiento y juegos de mesa

En muchas asociaciones se trabaja exclusivamente con el colectivo y eso no permite incluirlos luego en sociedad. Si los niños con asperger tienen dificultades para hacer inferencias con el lenguaje, si tienen un lenguaje muy literal, si lo que quieres es desarrollar sus habilidades sociales, la pragmática del lenguaje o la prosodia, no puedes juntarlos con niños con las mismas dificultades. Tienes que trabajarlo en grupos heterogéneos. Hay muy pocas actividades inclusivas porque… ¿quién se presta a ello?

Nosotros tenemos niños con asperger, pero en ese mismo grupo hay niños que no tienen nada. En un grupo de diez niños hay dos o tres con asperger. ¿Cómo trabajamos? Si vemos que es necesario explicarlo, porque son niños con signos muy marcados que pueden provocar rechazo, hablamos con las familias para que nos den permiso para explicar a los niños lo que pasa, lo que tiene ese niño. En primer lugar para que lo comprendan, que nos parece esencial. No vamos a etiquetar a ese niño, pero sí explicar que “este niño hace eso por este motivo”. Y con que una vez al grupo se lo digas, ya lo comprenden. Sencillamente.

Son muy rígidos. Si dicen “a este juego no quiero jugar porque no me gusta”, le hacemos ver que “no te gusta, pero céntrate en cómo juegan los demás o en como fulanito disfruta tanto”. O le decimos “tu objetivo no va a ser ganar, sino aliarte con ese otro niño”. Dirigimos un poquito.

En Avalon, la resistencia hay identidades ocultas y se necesita habilidad para engañar. La primera vez que juegan les cuesta mucho. Les preguntan directamente “¿Tú eres espía?” y responden “Sí, No”. Pero primero te dicen el sí y se descubren. Pero quieren ganar y hay un potencial muy grande para trabajar la competencia social. Se fijan en lo que los demás están diciendo, imitan lo que hacen los demás.

También trabajas aspectos emocionales. En otro muy sencillito me encontré con un niño de 9 años que me decía “yo no puedo jugar a esto porque no sé engañar, soy asperger”. Lo tenía completamente asumido, le habían puesto límites, le habían metido en la cabeza que no podía hacer eso. Le dije “ya verás como sí puedes engañar”. Jugó, ganó la partida y se fue con el sentimiento de que era bueno.

Dime que juego no sirve para un niño con asperger. Incluso Catan que hay que establecer complicidades e intentar fastidiar al otro al mismo tiempo nos vale. También usamos mucho juego de rol que es muy potente, porque ahí puedes hacer lo que quieras.

También el autismo de alto funcionamiento lo tenemos integrado en los talleres normales.  Igual que con el síndrome de Asperger, van con niños de todo tipo. Uno está en un grupo en el que también está mi hija. Les explicas, le diriges un poco, y ya está.

Cuando el autismo es más severo

Con niños con autismo más afectados es diferente. Tuvimos una experiencia piloto en un colegio que aprobó que entrásemos a trabajar con niños con autismo. Fue hace un año con tres niños de unos diez años a doce años. Estábamos dos e incluso tres personas.

Aquí tienes que adaptarte al niño, no el niño a la actividad. Tienes que conocer al niño, sus intereses, y eso no es cosa de un día ni de tres, es una labor más larga.  A veces es una pasada, porque ha habido mucha comunicación, otras veces no tanto. Infirmamos mucho a los padres, hay que decir la verdad y reconocer si ese día ha ido fatal. El año siguiente los vamos a grabar para observar y sacar luego más detalle. Es mucho más lento, pero es muy interesante.

Son talleres en los que estamos experimentando. Realmente en psicología no se debe experimentar, tienes que seguir las directrices que te marcan los estudios, lo que se sabe que funciona. Yo no estoy tanto de acuerdo con esa filosofía. En un taller informal, en una actividad extraescolar, puedes experimentar tanto como quieras, lo único que tienes que tener en cuenta es que el niño tiene que sentirse tranquilo, a gusto, cómodo. Y luego le sacas el juego y ves su reacción. Tienes que observar mucho. Hay que explicar el juego con normas diferentes. Por ejemplo, hemos jugado al Dino Race. No incorporamos todas las reglas, pero el simple hecho de que pongan el tablero y avancen con el dinosaurio porque han sacado una carta y respeten el turno, ya es comunicación.

Hemos usado juegos donde hay piezas, que tengan que hacer composiciones, como el Chromino que es un dominó de colores. No hace falta explicar reglas, ellos hacen sus propios patrones, que muchas veces pueden ser válidos.

Creo que debería fomentarse desde que son muy pequeños.

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‘Catch the moon’, para jugar en familia a alcanzar la luna

Hay juegos de mesa que requieren media hora de explicación, arrancar una partida de prueba y terminar al menos una en serio para pillar la mecánica, para comprender un poco de la estrategia que conviene o apetece seguir.

Hay juegos que ocupan casi toda la mesa del comedor cuando se despliegan, a los que hay que dedicar como poco una hora (es probable que más).

Muchos de esos juegos son aptos para jugar con niños, en familia, incluso sin adaptar las reglas, pero ese requisito de tiempo, espacio y atención pueden limitar las posibilidades de echar partidas, puede hacer torcer el gesto a los menos aficionados a este tipo de diversión.

No es el caso de Catch the moon, que es uno de esos otros juegos que se explican en un pispás, que no ocupan mucho ni en su caja no desplegados y cuyas partidas son rápidas (unos quince minutos, puede que menos) y te dejan ganas de más. Un juego en el que niños y adultos pueden hacerlo igual de bien.

Y además es muy bonito. Me consta que no soy la única que, al verlo, piensa en El Principito. También, tal vez, en ese cuento superventas que juraría que todos los niños conocen: ¿A qué sabe la luna?. Pero sobre todo recuerdo a este precioso corto de Pixar, que os recomiendo ver antes de jugar:

Hay que llegar a la luna, para barrerla de estrellas.

Teniendo claro el objetivo, cómo intentar alcanzarlo  es sencillo: tenemos dos escaleras verticales que inician el ascenso, un dado que nos indicará que debemos hacer, unas lágrimas que marcarán nuestros derrumbes y un montón de escaleras con distintas formas.

El dado indica si tenemos que colocar la escalera apoyada solo en una escalera de las que ya están puestas, en dos de ellas o de tal manera que acabe lo más arriba del todo.  Y siempre hay que hacerlo con una mano.

Al que se le caiga el universo inverosímil de escaleras, le toca una lágrima, porque “la luna espera ansiosa vuestra llegada, pero es muy sensible y derramará una lágrima al más mínimo contratiempo en vuestra escalada”. Y esas lágrimas son las que nos hacen perder.

Sí, ya lo sé, así contado también recuerda al juguete de Tozudo y a todos sus herederos, pero además de ser mucho más estético, de generar construcciones de cuento, es muy ágil y funciona muy bien.

El juego de Fabien Riffaud y Juan Rodríguez, con Emmanuel Malin en la parte artística, ha sido editado por Asmodee y tiene un precio recomendado de 24,99 euros. Admite hasta seis jugadores y está recomendado a partir de seis años.

Es una opción estupenda de juego de mesa ligero con el que trabajar la visión espacial divirtiéndose, un juego que puede estar muy bien para introducir en este ocio de mesa a los niños y adultos con menos paciencia o capacidad de concentración, algo que también vamos a mejorar jugando a alcanzar la luna.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

‘Love Letter’, un juego de mesa que apenas abulta, ideal para jugar en familia

Cuando se va de viaje de agradecen los juegos de mesa rápidos y que ocupan poco que podamos jugar en familia, con nuestros hijos. No sólo por la posibilidad de jugarlos durante el viaje, en trayectos y tiempos de espera de aeropuertos o estaciones, también para que ocupen poco en la maleta y poder disfrutar de ellos en destino.

Los juegos de mesa basados en cartas suelen cumplir esos criterios. Ya hace tiempo os recomendé Virus, un juego de creación española que ha triunfado almas por donde lo he llevado o regalado. Hoy os traigo uno similar: Love Letter de Seijo Kanai.

No es ninguna novedad, vio la luz hace ya un lustro, pero este verano ha triunfado con Julia.

Es un juego muy ágil y bien pensado. Y barato, se puede encontrar por ocho euros.

Con un mínimo de dos jugadores y un máximo de cuatro, la edad oficial recomendada es a partir de 10 años, pero la opinión generalizada de los foros de jugones es que funciona bien a partir de ocho años, algo que puedo corroborar. Julia, con ocho años, lo ha pillado al vuelo. Y las partidas con nosotros están igualadas gracias a que la suerte tiene un papel importante. Y mi impresión particular es que con uno o dos años menos, si el niño tiene tablas y sabe concentrarse y quedarse quieto la media hora que puede durar como mucho una partida, también puede gustarle.

Consta únicamente de una baraja bastante liviana, las instrucciones y unos pequeños cubos rojos para marcar los puntos. Todo ello en una bolsita que cabe en cualquier sitio.

Es fantástico para trabajar la atención, la concentración. También para calcular probabilidades y elaborar pequeñas estrategias a corto.

El objetivo es ganar las suficientes rondas para acumular cinco cubos (o cartas de amor entregadas a la princesa Annette). El primero en lograrlo, gana. Para lograrlo es necesario evitar que eliminen a nuestra princesa, si es que nos ha tocado a nosotros.

La mecánica  es muy sencilla. Se tiene siempre una carta en la mano, que representa a uno de los ocho distintos personajes con facultades diferentes. En nuestro turno robamos una nueva carta y elegimos cuál de las dos cartas jugar.

Y si la temática de la nobleza y el servicio enviando cartas de amor a la princesa (probablemente ese argumento sea lo más flojo del juego) no nos entusiasma, siempre se pueden elaborar versiones caseras (Harry Potter, Superhéroes de Marvel, Pokémons, El señor de los anillos…) inspiradas en el universo que más nos guste basadas en la mecánica del juego. Nosotros haremos alguna con toda seguridad.

Todo hay que decirlo, también hay versiones modificadas y oficiales a partir del juego original.

Otros juegos de mesa para pasarlo bien en familia:

Hay que compartir y aprovechar los intereses de los niños, no podarlos

Jaime tiene muy pocos intereses. Es algo común en los niños con autismo y uno de nuestros caballos de batalla. Le interesa la comida, la música, tocar sus tambores, muy pocos juguetes y los álbumes de fotos. Eso dentro de casa. También disfruta en los columpios y nada le hace tan feliz como estar dentro del agua. Si algún 22 de diciembre tuviéramos suerte (difícil con la poca lotería que compramos) nos mudaríamos sin dudarlo a una casa con piscina para que fuera aún más feliz.

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Cuantos más intereses tenga un niño como mi hijo, mejor. Más elementos motivadores tendríamos para trabajar con él, para estimularle en la comunicación y en el juego. Los pocos que tiene, los exprimimos. Tanto en casa como los profesionales que le tratan en el colegio o en las terapias externas a las que acude (integración sensorial y piscina). De hecho, cada vez que ha cambiado de colegio, profesor o terapia, siempre hemos rellenado cuestionarios o dedicado gran parte del tiempo a hablar de sus intereses, de lo que le gusta.

Hay niños con autismo cuyo desarrollo está por delante del de mi hijo y también es algo a explotar por los profesionales inteligentes que los tratan. Si a ese niño le vuelven loco los dinosaurios, las matrículas de los coches, Pocoyo o los planetas, tanto que podría llamarse obsesión porque no quiere ni mirar otras cosas, la solución no es podar ese interés, sino utilizarlo. Buscar canciones, libros, actividades, juegos… relacionados con lo que sea que les motive.

Cuando tienes un hijo con un trastorno del desarrollo o/y con discapacidad me parece inevitable que eso influya en cómo educas a tus otros hijos, como ves la maternidad, como la sientes. Aunque de eso ya hablaremos más en profundidad y mas despacio otro día. También es inevitable que lo que aprendes para estimularlo lo apliques con ellos.
Al menos eso me ha pasado a mí.

Igual que Julia empleaba signos para pedir galleta o pan cuando era un bebé de menos de un año y signábamos con Jaime, que tenía entre dos y tres, sin parar, nos resulta natural fijarnos en sus intereses para aprovecharnos de ellos.

Y no hablo de castigar privándole de ello si no se porta como deseamos ni de premiarla con ellos. En absoluto.
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Juguetes diferentes para niños (no solo) con discapacidad

Jaime tiene diez años y sigue sin entender la magia de los Reyes Magos, esa que disfrutamos con frecuencia más los padres que los niños. Pero eso es lo de menos, se trata de un par de días al año en el que contrasta su asunción de que es un día como cualquier otro comparado con la ilusión de su hermana o sus primas. A él ni siquiera le gusta abrir los paquetes a su nombre.

Lo de más es que se trata de un niño con muy pocos intereses, algo habitual cuando se tiene autismo. Los juguetes no llaman su atención, le gustan los juegos motores con nosotros, la música, columpiarse, la piscina… Poco más. Y tener pocos intereses dificulta el aprendizaje. Como le gusta tener cosas en las manos con forma alargada, las serpientes de goma son habituales en su carta a los Reyes. También tambores y bongos. Lo demás son pijamas, zapatos… Cosas útiles. Sobre todo los primeros años intentamos distintos juguetes que creíamos que le encajarían sin éxito, recorríamos las jugueterías de los pasillos rosas, de las zonas de puzzles y muñecos de acción, con poco rédito.

Lo de que los juguetes no llamen la atención y en Reyes le regalen un abrigo o un albornoz para ir con el cole a la piscina y se quede tan contento (es decir, igual que estaba) puede parecer un chollo para muchos padres agobiados por él aluvión de juguetes y peticiones más o menos imposibles de estas fechas.

Ojalá yo tuviera a Jaime pidiéndoselo todo del catálogo de turno y a mí planeando el siguiente reciclaje de juguetes.

En fin… Bien sé después de tantos años que los ‘ojalás’ no llevan a ningún sitio. O sí que llevan mejor dicho, pero a ninguno bueno.
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¿Cuántos juguetes debería recibir un niño al año? ¿Y en Reyes?

(Jorge París)

(Jorge París)

El suplemento económico de 20minutos Mi Bolsillo publicó este jueves una entrevista muy interesante con José Antonio Pastor, Presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), juguetero de tercera generación y, desde hace casi un año, al frente de la patronal de jugueteros de Europa . Resulta interesante sobre todo para aquellos que somos padres y vamos a diario recogiendo juguetes por casa, aunque ya os aviso que al señor Pastor le asoma demasiado la patita a la hora de defender de los intereses de su sector: ampliar el consumo a todo el año, defender que los niños deberían recibir mas juguetes, la pullita al entretenimiento digital…

A mí me ha chirriado especialmente en este momento.

¿Diría que persiste el sexismo en los juguetes?
No. Hay sexismo en el comportamiento de los adultos y por tanto en el reflejo que los niños tienen de ellos y a su vez en el juego, pero los productos no son sexistas de por sí. Los juguetes son los que son, los niños eligen a qué jugar. La comunicación es otra cosa y en esto sí se ha avanzado, pero tampoco se le puede pedir a un sector industrial que vaya por delante de la sociedad y que haga campañas de educación, para eso están los ministerios. Nosotros tenemos que ser todo lo socialmente sensibles que podamos, claro, pero sin llegar a hacer campañas educativas y que al final no vendas nada y tengas que cerrar, cada uno tiene que hacer su papel.

Claro que aún hay juguetes que por su concepción, publicidad o embalaje son sexistas.

(Jorge París)

Esta imagen es de la presentación en la que se hizo la entrevista. (Jorge París)

Y claro que existe la responsabilidad social de las empresas, es algo cada vez más compañías que intentan llevar a cabo, cada vez más tienen fundaciones e incluso se embarcan en programas de voluntariado corporativo. Puede que no haya obligación, pero lo que resulta interesante deducir de su respuesta es que no parece haber voluntad de contribuir a un mundo mejor. En plata, que pasan de dedicar recursos para hacerlo.

(Jorge París)

(Jorge París)

No obstante, no es de eso de lo que yo quería hablar, sino de este momento de la entrevista realizada por mi compañera Verónica Vicente, después de que lamentará la estacionalidad de las ventas de juguetes en España, que los niños solo reciban ocho juguetes al año y concentrados en Navidad y mencionara que en el Reino Unido los niños obtienen cuarenta de media.

¿Pero 40 juguetes al año para un niño no le parece excesivo?
¿Para 365 días al año? me parece poco, de hecho. Lo que me parece una animalada es que los ocho se entreguen en un solo día.

A mí lo de que un niño reciba cuarenta juguetes repartidos a lo largo de todo el año sí que me parece una barbaridad. Estamos hablando de casi 3,5 juguetes al mes. No creo que haya niño capaz de sacar partido a tanto cacharro. No sé qué opináis vosotros, pero yo me inclino más por el número de ocho al año que por el de cuatro decenas. Conozco bastantes padres, entre los que me encuentro, que pese a intentar limitar el número de juguetes que entran en casa, vemos un exceso que los niños son incapaces de manejar.

Claro que los niños necesitan jugar, por supuesto que es algo imprescindible en su desarrollo, pero el juego no está necesariamente vinculado a los juguetes. De hecho, según mi experiencia, el mejor juguete para nuestros hijos somos nosotros.

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‘Potion Explosion’, el ‘Candy Crush’ hecho juego de mesa para trabajar la atención con los niños

Hace tiempo que no os recomiendo juegos de mesa, tengo que ponerme las pilas que la Navidad está a la vuelta de la esquina y estos juegos son una buena opción de entretenimiento que además tienen muchos beneficios. Además, mi santo ha venido el mes pasado de Essen (Alemania), la feria más importante de juegos de mesa del mundo, cargado con unas cuantas cajas de las que merece la pena hablar.

imageHoy os voy a recomendar Potion Explosion, un juego de dos a cuatro personas que distribuye Edge en España, que en casa jugamos bastante y que tiene como una de sus principales virtudes que pueden jugar niños y adultos en igualdad de condiciones pero que también es entretenido solo para adultos.

Se recomienda para niños a partir de ocho años, pero por mi experiencia a partir de los seis pueden jugar perfectamente, siempre que sean niños capaces de permanecer media hora sentados y atentos. De hecho la atención es precisamente lo que se puede trabajar con ellos gracias a este juego. Y hemos comprobado que niños de entre seis y ocho años también pueden jugar solos sin necesidad de “un mayor” controlando la mecánica. Ya os he contado alguna vez que no acabo de entender cómo adjudican las edades mínimas en las cajas.

Es decir, que es un juego fácil y las partidas son rápidas, sobre todo si se juega a poner un temporizador para acelerar las jugadas que, como dice mi hija, “no hay que pensarlo tanto, que no es el ajedrez”. Efectivamente, no es uno de esos juegos que requieran de elaboradas estrategias, se explica y domina rápidamente y la suerte tiene mucho que ver en su desarrollo.

¿En qué consiste? Pues en elaborar pociones. Hay un dispensador con varias hileras de canicas de cuatro colores. Cada jugador elige dos pociones, botellitas que te exigen diferentes ingredientes/canicas con distintas puntuaciones. Cada vez que completemos una poción la reservaremos y podremos usarlas cuando las necesitemos. Tienen diferentes efectos: coger dos canicas juntas de distinto color, convertir las canicas de nuestro almacén en el color que deseemos, repetir el efecto de una poción ya usada… Cuando se logra elaborar cinco pociones distintas o tres iguales, cogemos una ficha de cuatro puntos, si se acaban esas fichas de bonificación, se acaba la partida. El que sume más puntos, gana.

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¿Cómo es Pokemon Go para niños pequeños?

juliaProbablemente la mayoría estéis muy hartos de oír hablar de Pokemon Go, llevamos gran parte del verano bombardeados a contenidos sobre el tema, cuando no rodeados de jugadores con mayor o menor grado de implicación. Por eso mi intención inicial de escribir al respecto, impulsada en parte porque algunos me han preguntado sobre si lo veía apto, incluso recomendable para niños pequeños, se entibió.

Al final he decidido publicar este post por si a alguien le resulta interesante mi impresión de este juego respecto a su uso por parte de niños como mi hija. La perspectiva de una madre que hace ya muchos años, cuando era una periodista veinteañera, escribía de ocio electrónico, que jugó bastante (también a las primeras entregas de Pokemon en GameBoy Advance) y que no tiene prejuicios respecto a los videojuegos como forma de ocio.

Lo instalé en julio en mi móvil. No lo hice porque Julia lo hubiera pedido, fue una cuestión de interés informativo mío, también de simple curiosidad. A Julia le gustó desde el principio, despertando su interés por ver los dibujos inspirados en estos bichos de Nintendo. Aunque sin enganches, durante tres semanas en agosto ni lo olió. Y el resto del tiempo es un entretenimiento más entre muchos otros.

* Vamos con las ventajas que he encontrado…

La primera y más importante es que anima a caminar, a pasear. Jamás ha sido tan fácil salir con Julia a recorrer todo tipo de parajes. El paseo por el paseo no suele interesar a los niños de su edad, pero este verano he visto a muchos de cacería de la mano de sus padres. Los pokemons aparecen cuando recorres distintos lugares. Lo que en los videojuegos clásicos de Pokemon consistía en patear digitalmente los mundos que se te mostraban en pocos pixeles, ahora es el mundo real. Cuanto más se varíen zonas y lugares, más variedad de pokemons podremos cazar. Y no sólo se camina para encontrar pokemons que cazar, también sirve para eclosionar huevos de los que saldrán pokemons-sorpresa en plan huevo Kinder y para encontrar pokeparadas en las que conseguir objetos y gimnasios en los que batirse en duelos sin sangre ni muertos. Invita incluso a hacer turismo y nos descubre rincones de nuestras ciudades a los que no habíamos prestado atención, con el juego hemos descubierto el nombre de esculturas que estábamos hartos de ver, placas con información histórica o, sobre todo, ejemplos de arte urbano.

Vinculado a lo que os comentaba de los gimnasios, es un juego completamente blanco. No hay muertos, ni sangre. Las peleas son lo más suaves que se pueda imaginar. Tampoco hay violencia verbal, desigualdad hacia la mujer o sexo. En ese sentido no hay el menor miedo. Los protagonistas son unos animalitos muy cucos que encuentras o salen de huevos aparentemente por generación espontánea completamente asexuados salvo en un par de casos, que para lo que les sirve…

No entraña dificultad, sino perseverancia. Adultos, adolescentes y niños están igualados. Al menos por la edad, por qué hay muchos motivos de desigualdad que explico abajo.

Anima a leer a esos niños que se están empezando a hacerlo. No solo los contenidos del juego, que te describe pokemons y sus características, también buscando contenidos relacionados. Julia estuvo este verano leyendo de principio a fin una guía impresa sobre Pokemon Go que compramos junto a la playa y en tiempo récord. También las hay muy completas en Internet. Hace muy poco hemos instalado en un simulador una de las versiones vetustas, Pokemon Rojo Fuego, con la que os aseguro que hay que leer bastante.

En cierto sentido es como la colección de cromos de todo la vida, con la que se ejercita la memoria, pero más barata. De hecho completamente gratis si no pagamos por los objetos del juego. Está el inconveniente, eso sí, de no poder intercambiar pokemons, que es parte fundamental en cualquier colección de cromos. No obstante parece que los desarrolladores están trabajando para solventarlo.

No hay chat ni los peligros que conlleva. El juego invita a hablar con otros niños que también lo estén jugando y comparar los pokemons que se tienen, pero en la vida real. Primos, amigos… No hay opción de contactar con desconocidos y hablar con ellos como en juegos tipo Clash of Clans. Los desconocidos con los que puedas acabar hablando serán otros jugadores que encuentres a tu lado en pokeparadas o gimnasios. Con mi hija eso no entraña riesgos porque nunca está sola en la calle.

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Los mejores juguetes de 2016 según los premios de la industria juguetera (y mi opinión al respecto)

La tarde del miércoles estuve en la entrega del equivalente a los Goya de los juguetes. ¿Cómo funcionan estos premios que distinguen los mejores juguetes del año 2016, únicos galardones de nuestro país que reconocen a esta categoría de productos? Pues participan las empresas que forman parte de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, cada una propone los juguetes que considera mejores, con más posibilidades para ganar, en las diferentes categorías. Un jurado independiente compuesto por expertos en pedagogía, psicología, distribución, educación, diseño, medios de comunicación y asociaciones de usuarios, decide los ganadores salvo en un caso, en el que el juguete ganador lo designa una votación popular.

Respecto a los trece mejores juguetes de 2016, (once en diferentes categorías de juego, el mejor valorado por el público, que no entiendo y más abajo veréis mis razones, y el mejor juguete elegido por la distribución), os voy a destacar los que más llamaron mi atención, pero aquí tenéis el listado completo con opción a que vosotros votéis, a ver cuál de esos trece productos acaba siendo el que más votos cosecha entre los lectores de 20minutos.

Los pude ver y toquetear, y con algunos me quedé con las ganas de jugar, como con Simon Air de Hasbro, revisión del clásico Simon que tenían mis primas mayores y me encantaba, o Ido 3D vertical delux design studio de Giochi Preziosi. Tengo un amigo con un bolígrafo 3D así que a Julia le fascinó cuando lo vio, a falta de comprobar su durabilidad y resistencia, tiene una pinta fantástica.

Otro juguete que me llamó la atención pero reservo mi opinión definitiva a poder probarlo en casa con la infantería es Skitbot Animation Studio de Goliath Games, que viene equipado con cromas verdes y azules para que los niños creen sus escenas de acción desde una app gratuita. La idea mola.

En juguetes conectados ganó Zowi, del que ya os hablé (muy bien) en su día. Smart Anatomy de Diset, fue el mejor juguete electrónico de aprendizaje y también me gustaría probarlo para comprobar si han logrado hacer ameno y divertido el aprendizaje del cuerpo humano y sus sistemas y funciones.

Skip It de Bizak me trasladó a mi infancia. ¡Es mi vieja boti bota! Juguete de moda cuando tenía más o menos la edad de Julia. Me encantaba el 1, 2, 3 de Mayra Gómez Kemp y me encantaba avanzar por la calle saltando con Botilde en el tobillo pese a que mis padres me lo prohibieran por ser un peligro público. La tuve hasta que la destrocé y no me la repusieron.

Hubo otros premiados de cuyos méritos no dudo, pero que, como iba buscando originalidad, me impactaron poco. Por ejemplo el premio a mejor juguete para la primera infancia, que era un andador, o el vehículo de gran tamaño que no dudo que sea fantástico pero que (cuando llevan motor y se limitan a tener al niño sentado y ocupar espacio) nunca han sido santo de mi devoción.

Incomprensible para mí el ganador en la categoría al más votado por el público, a menos que toda Córdoba se lanzara como loca a votar junto a todos los fans de Antonio José (ganador La voz 2015), que apoya a la muñeca con una canción. Se trata de una muñeca llamada Patia inspirada en los patios cordobeses que viene con un sobre de semillas de geranios y que jamás he visto en ninguna juguetería ni de la que había oído hablar.

Pero más incomprensible todavía es la imagen que ilustra la trasera de la caja en un producto infantil. ¿En qué demonios estaban pensando? Lo único bueno de la foto es que así ni te fijas casi en que la muñequita va pintada como una puerta.

Como os decía antes, aquí los tenéis todos y podéis votar los que más os gusten.

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Las ventajas de los juegos de mesa para los niños, también en vacaciones

imageCuando nos vamos de vacaciones, aunque sea por todo un mes y llevemos el coche hasta los topes, siempre hay espacio para meter unos cuantos juegos de mesa.

Este año no ha sido una excepción y mi santo ha estado condensando en tres cajas ocho juegos (sí, hay tanto aire en las cajas como en las bolsas de patatas fritas) cinco de ellos para jugar con Julia, todos muy recomendables. Son:

    • Virus, del que os hablé hace un tiempo y que sigue siendo uno de los favoritos de Julia. De hecho está entusiasmando a todos los niños de más de cinco años con los que lo probamos. Además, al ser un mazo de cartas ocupa muy poquito.
    • Camel Up. Una de las últimas adquisiciones. Realmente divertido, es una carrera de camellos con tendencia a encaramarse unos encima de los otros en el que hay que apostar tanto al perdedor como al ganador. Los dados se tiran accionando una pirámide, que es algo que chifla a todos los niños.
    • O zoo le mío. En el que tenemos que pujar por losetas que incluyen distintos tipos de animales para que nuestro zoo sea más espectacular que el de nuestros contrincantes y así atraer más visitantes.
    • Carcassone en su vertiente prehistórica. Vamos poniendo losetas y colocando nuestros cazadores, cabañas de pesca, pescadores y leñadores entre mamuts, tigres dientes de sable y construcciones neolíticas para sumar puntos. Una variante muy divertida de un juego clásico.
    • Dungeon Raiders. Otro juego de cartas en el que convertirnos en magos, caballeros, ladrones o exploradores que tienen que recorrer unas mazmorras en las que se encontraran tesoros, trampas y monstruos de todo tipo.

Sé que a veces da pereza esto de los juegos de mesa, que es a los adultos a los que toca aprenderse las reglas (y a veces adaptarlas) montarlos y, con frecuencia, animar a que se jueguen en familia. Pero es un mínimo esfuerzo que merece la pena. Es un tiempo disfrutado en familia, en el que todos nos divertimos y, con frecuencia, estamos igualados. Sin contar con que es una estupenda gimnasia para nuestro cerebro.

Hay todo un universo de entretenimiento a nuestro alcance, hasta que no te adentras en este mundo no te das cuenta de lo amplio que es, de la enorme oferta existente, que va muchísimo más allá de los típicos Stratego, Trivial o Pictionary que todo el mundo conoce o de juguetes camuflados de juegos de mesa que se anuncian sin parar de cara a Navidad y que son poco mas que un timo.

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Os dejo para terminar con parte de un texto del Observatorio del Juego Infantil, que promueve la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ) en el que se habla precisamente de las ventajas de los juegos de mesa.

Los juegos de mesa estimulan la participación, priman el disfrute del proceso frente a los resultados, contribuyen al desarrollo físico, cognitivo y social, y favorecen la comprensión de las reglas y normas deportivas. Éstas son algunas de las ventajas de los juegos de mesa que destacan expertos del juego infantil a nivel mundial como el español José Luis Linaza, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid.

En los juegos de mesa se reproduce el juego predeportivo para que el niño solucione mentalmente lo que realiza físicamente cuando juega. Por ello, los juegos de mesa, al igual que los deportivos, fomentan la salud psicológica. El tablero reproduce la cancha de juego de manera que se vinculan diferentes componentes del universo intelectual como la inteligencia motriz, las nociones espaciales, las capacidades táctico-estratégicas o los procesos de las jugadas.

Los juegos de mesa también fomentan: la concentración, el desarrollo cognitivo, la capacidad de asociación y agilidad mental, la aceptación de las reglas, la resolución de problemas, las habilidades sociales, la participación, la constancia, el juego en equipo y la autonomía.

Otro de los beneficios de los juegos de mesa que señala Linaza es que evitan la didcriminación infantil: “si bien con los juegos deportivos adquirimos habilidades físicas que a la larga podemos utilizar, los juegos de mesa ofrecen las mismas oportunidades a todos los jugadores independientemente de su nivel de habilidad lo que evita la discriminación infantil. Son útiles porque son un modelo en miniatura de competir y de aplicar habilidades”. Además, los juegos de mesa aportan una mayor comprensión y una mayor eficiencia táctica, lo que permite encauzar al niño a una mayor participación en los juegos motores.

En España algunas escuelas como los C.P. “Cavite”, “Blasco Ibáñez” y “Ballester Fandos” de Valencia, o el IES “Ausiás March” de Manises, ya utilizan los juegos de mesa como material curricular de la asignatura de Educación Física, en el último ciclo de Primaria y Secundaria.

Según José Luis Linaza los juegos de tablero promueven la comprensión de las reglas mentales a una edad muy temprana “pero no es hasta las edades de entre 5 y 6 años, cuando los niños están capacitados para comprender las reglas del juego. Antes, los niños juegan de modo simbólico y por imitación”.

Por cierto, hay algo que también dicen estos expertos con lo que no estoy de acuerdo. Ellos hablan de que los niños deben jugar con sus iguales, no con adultos que tendemos a dejarles ganar. Hay suficientes juegos como para elegir aquellos en los que las tornas queden igualadas.

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