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Pasar más tiempo ante una pantalla no se traduce necesariamente en hacer menos ejercicio físico

Estoy leyendo los resultados preliminares del Estudio PASOS (Physical Activity, Sedentarism and Obesity in Spanish Youth) de la Fundación Gasol.

Los datos que arroja, obtenidos de más de 3.000 niños de centros educativos de toda España, los tenéis en esta noticia perfectamente explicados, pero os resumo las tres conclusiones más obvias:

  • Casi el 65% de los niños y adolescentes españoles (entre 8 y 16 años) no llega al mínimo de 60 minutos diarios recomendados  de actividad física moderada o vigorosa.
  • Casi el 80% exceden en fin de semana y el 54% entre semana las dos horas diarias máximas recomendadas por la OMS ante las pantallas (teles, móviles, tablets, ordenador y consolas).
  • Casi el 35% de los niños adolescentes presentan sobrepeso u obesidad.

Más tiempo del debido dedicado a las pantallas y poco tiempo dedicado al deporte, a jugar, a moverse. Y, además, más kilos. No sorprende demasiado.

(GTRES)

Pero no se puede saltar precipitadamente a la conclusión de que las pantallas son causa de que hagan menos ejercicio y, por tanto, engorden más de lo saludable, como en esta gráfica:

Correlación no implica causalidad. Es un básico al leer cualquier estudio y mi compañero Javier Yanes lo explicaba maravillosamente en este post de su blog Ciencias Mixtas:

De hecho, si miramos los datos diferenciados por género, los que más actividad física hacen son los varones. Las niñas y, sobre todo, las adolescentes, se mueven bastante menos. Una constante que se repite desde hace años en todos los estudios que miran la actividad de los menores.

Por otro lado, los que más tiempo pasan ante pantallas son los niños y, sobre todo, los adolescentes.

Es decir:

  •  Los chicos adolescentes son los que más tiempo pasan ante las pantallas, más que las chicas (y que los niños y niñas más pequeños). Y son los que más ejercicio hacen.
  • Las chicas adolescentes son las que menos actividad física tienen, menos que los chicos (y que los niños y niñas más pequeños). También pasan menos tiempo ante las pantallas.

A lo mejor es que la obesidad de los chavales no la podemos achacar entonces únicamente (o por encima de todo lo demás) a consolas, móviles y demás. Lo digo sabiendo que también es una correlación y sin discutir la recomendación de la OMS de que haya un máximo de dos horas al día, ojo, pero también preocupada porque esas tres conclusiones del estudio hiladas (más obesidad, más pantallas, menos actividad física), deriven en demonizar injustamente móviles, tabletas, televisión o videojuegos. Lo nuevo, claro. Como siempre.

El sobrepeso y la obesidad tiene un origen multifactorial complejo.

También me preocupa que se asocie que sedentarismo es igual a pantallas. No es cierto. Leer libros, dibujar (que por cierto, pueden estar leyendo o dibujando en sus tablets), hablar sentaditos del chico o la chica que te gusta o de la última jornada de liga o estar en la academia de inglés, aprender guitarra o cualquier otra extraescolar, o jugar al Catán o al rol también son actividades sedentarias (y no necesariamente nocivas, sino incluso enriquecedoras, igual que pueden serlo las pantallas).

Hay que contrarrestar el sedentarismo al que nuestro mundo moderno nos empuja a todas las edades, cierto. Hay que controlar el tiempo que nuestros hijos pasan ante las pantallas. Por supuesto que sí. Pero tal vez dónde más habría que poner el foco es en la alimentación . Esa variable tan importante que protagonizó el informe global de la ONU en julio no se menciona en el estudio PASOS.

Y en la nuestra. La mejor manera de educar es dando ejemplo. Comiendo, bebiendo, haciendo ejercicio y limitando también nuestra exposición a las pantallas.

“Los campamentos, mayoritariamente, no están preparados para tener niños con discapacidad”

Mi hijo, que tiene autismo y está severamente afectado, va a un campamento urbano durante todo el mes de julio. El mismo desde hace muchos años, organizado por el equipo de ocio y respiro familiar del colegio especial, especializado en niños con TEA, al que acudía hasta hace cuatro años.

Está allí de 8 de la mañana a 16 de la tarde, va a la piscina, y es feliz. No habla, pero lo sabemos porque cada año, cuando se ve por primera vez en la puerta, entra encantado. Y cada día se sucede de la misma manera. Para él es una fiesta.

Es un campamento al que solo van niños como él, gestionado por profesionales formados y empáticos. No es barato, en absoluto, pero no nos planteamos no llevarle. No solo porque para conciliar es inevitable (no podemos dejarles solo en casa o al cuidado de otras personas), también porque es beneficioso para él, que se ejercita y estimula, y porque le gusta.

Muchos niños como mi hijo, en mi entorno, acuden a campamentos similares. No todos. Otros se quedan en casa, con cuidadores o familiares. Algunos tienen localizados otros campamentos que también están especializados en personas con discapacidad, una mayoría prolongaciones del colegio. Conozco un caso en concreto, de una niña adolescente, que va a uno de una asociación en el que todos sus compañeros son adultos. No pasa nada, está bien atendida, feliz.

Campamentos más caros, para los que hay menos plazas, no necesariamente cerca de casa, especializados, en los que todos sus participantes tienen discapacidad.

El problema viene cuando una familia con un niño con discapacidad quiere que su hijo acuda a otro tipo de campamento, uno en el que esté incluido, al que tal vez vaya su hermano o su primo, que puede que responda a los intereses del niño.

Hay todo un universo de campamentos así en los que te la juegas, dependes de las personas con las que te encuentres, de los ratios que manejen, de la pura suerte.

Es un universo complejo al que nos asoma hoy mi compañera Lorena Gamarra con un reportaje que quiero recomendaros desde aquí: Niños con discapacidad en los campamentos de verano: “No te dejan ser, te dejan estar”.

Ha hablado con niños, con familias, con expertos. La declaración que titula este post es de uno de ellos. No os lo perdáis.

Ya a principios de mes hablé de este mismo tema, porque se están sucediendo las noticias de niños con discapacidad que se encuentran con problemas en distintos tipos de campamento que trascienden a los medios.

Entonces os contaba que los niños con dificultades especiales, las que sean, tienen todo el derecho a integrarse en todo tipo de campamentos que les motiven o beneficien. Es algo que les puede beneficiar de muchas maneras. También es bueno para los demás niños, para que sean conscientes de la sociedad diversa en la que vivimos. Es una relación que puede ser muy enriquecedora para ambas partes, si los adultos la sabemos gestionar.

Necesitamos muchos más campamentos que apuesten por la inclusión, que abran sus puertas a otras realidades, que sean valientes y les dediquen plazas y recursos. Lo necesitamos imperiosamente y en muchos sentidos.

Pero un campamento jamás debería asumir la responsabilidad de atender a uno de estos niños si no tienen la seguridad de poder manejarlo bien. No es un reto que puedan tomarse a la ligera. Si no tienen la seguridad de poder hacerlo es mejor que lo expongan desde el primer momento.

No se puede ser valiente a secas, hay que serlo respaldado por la capacidad y el conocimiento. No se puede jugar a la prueba y el error con los niños.

Así, tal vez, evitemos un sufrimiento innecesario a muchos niños.

¿Qué harías si el sueño de tu hijo fuera ser jugador profesional de eSports?

Ayer mismo fue noticia en este periódico que unos padres habían decidido sacar a su hijo del colegio para que se centre en cumplir su sueño, ser jugador profesional de eSports. No es que vaya a dejar de formarse, tendrá tutores y seguirá aprendiendo, pero no a la manera convencional. Calcula que podrá ganar entre 100.000 y 150.000 dólares este año compitiendo.

(CREATIVE COMMONS/ MAXIME_FORT / FLICKR)

“¿Están locos esos padres?” me preguntaba una buena amiga que tiene trato directo con chavales de instituto por su formación.

No necesariamente. Es algo que con los deportes no electrónicos sucede mucho pero no parece llamar la atención. El chaval o la chavala despuntan, tienen que ir a competiciones, y aunque se intente seguir con los estudios, el foco está puesto en el deporte.

Eso no sale en las noticias, pero es que los eSports son algo tan nuevo, hay tanto prejuicio aún con los videojuegos, que destaca. Pero viene a ser lo mismo.

De hecho, a diario hay demasiados chicos y chicas que dejan de estudiar, queriendo o no, para currar de camareros, en el campo, en oficios diversos o directamente para ayudar en las tareas de casa o no hacer nada. El abandono escolar temprano es un verdadero problema en este país y uno de los deberes urgentes y pendientes del gobierno, del que sea que acabemos teniendo.

Si uno de mis hijos despuntara en los eSports hasta ese punto, o brillase bailando, jugando al fútbol, al tenis o al ajedrez, procuraría que combinase ambos mundos, que siguiera formándose, pero tal vez me vería haciendo algo similar a lo de esos padres estadounidenses. ¡Quién sabe! Hay que verse en ello.

Es bueno tener sueños y perseguirlos y creo que es nuestro deber como padres ayudarles en ese empeño, pero es bueno también ser conscientes de que solo logran brillar unos pocos, muy pocos, y es también nuestra responsabilidad guiarles para que no se vean huérfanos de futuro si ese sueño no llega a cumplirse.

Me contaba mi amiga que hay muchos chavales en los institutos españoles que ven cómo una nueva profesión ser jugadores profesionales, instagramers o youtubers. Es lógico, están creciendo con referentes que se ganan la vida así. Lo que les tendría que quedar claro es lo complicado que es y que no pueden descuidar su formación, porque ellos no son como ese chico que ya está ganando dinerales con dieciséis años y ha dado pie a este post. Tampoco como Messi o Ronaldo, que esto es en gran medida extrapolaba al fútbol.

Me habla de adolescentes, de incluso doce años, saltándose clases, llegando privados de sueño, haciendo que sus padres se gasten dinerales en equipos informáticos. Sinceramente no creo que ahí estén en culpa los chicos, sino sus padres.

Debemos conducir bien esas pasiones, porque pueden abrirles muchas puertas en un futuro. No hablo ya de vivir siendo youtube o jugador (¿por qué no? ¿qué habría de malo si es lo que desean?), sino de que les facilite lograr un empleo relacionado con la tecnología que les es afín y les gusta (otra amiga apuntaba que en una conferencia le contaron que la mayoría de nuestros hijos tendrán profesiones que aún no existen) o simplemente tener una afición que les ayude a ser felices en su día a día.

Conducir bien es combinar, es no descuidar que tengan una base de conocimientos sólida, criterio y sentido crítico.

Eso es algo que no solo aporta el acudir al instituto o a la universidad, es algo que se logra leyendo, mostrando interés por la cultura, la ciencia, por estar informado de lo que pasa en el mundo en el que vivimos, desarrollando un sano escepticismo, aprendiendo a tener criterio y a moverse por la vida con sensatez.

Y esa pelota está sobre todo en el tejado de las familias. ¿Cómo lograrlo? Pues como casi siempre, dando ejemplo.

Dos equipos se enfrentan en el torneo oficial del videojuego de acción ‘Rainbow Six Siege’.
Firma: Andre Pichette / EFE

A los activistas LGTBi que van a dar charlas a los colegios

Yo también querría saber quiénes sois todos. Tengo la suerte de tener como amigo a alguno de vosotros,  pero de verdad que me gustaría conoceros a todos.

Me encantaría conoceros para poder daros un buen apretón de manos con el que agradecer que dediquéis lo más valioso que tenemos, el tiempo, a transmitir a nuestros niños la necesidad de abrir los ojos a un mundo que es diverso.

Necesitamos que crezcan sabiendo que amar a otra persona, sea quién sea esa otra persona, no es nada malo, nada que haya que esconder, nada raro. Necesitamos que crezcan queriéndose como son, felices, sin frustraciones.

Necesitamos erradicar del todo la infelicidad, el acoso, la vergüenza por no seguir los caminos que la tradición, la religión o simplemente la estrechez de miras han decidido imponernos.

Os necesitamos en las escuelas, haciéndoles ver a nuestros niños que el mundo es de muchos colores, que todos somos distintos y merecemos respeto.

Eso no es aleccionar, eso no es inculcar ideologías, eso es enseñar, eso es transmitir sabiduría y contribuir a que haya un poco más de bondad en este mundo. 

Necesitamos, nuestros niños necesitan, que os sintáis bienvenidos, que sigáis acudiendo. Por desgracia no todos ellos crecen en entornos en los que la empatía impere.

Sé que no vais a recular, que no habrá ningún paso atrás. Sois valientes, lo tengo claro. No os ha quedado más remedio que aprender a serlo. No dudo que no permitiréis que os desanime o atemorice cualquier burdo intento McCarthyano por ocultar el arcoíris apelando al miedo.

Probablemente esta sencilla carta de una madre de dos hijos no resulte necesaria para animaros a que sigáis adelante, pero quería haceros llegar mi apoyo.

Y no solo el mío. Somos legión los padres que pensamos así, que os queremos a nuestro lado, ayudándonos a apuntalar un futuro mejor para todos. Os lo aseguro.

Ni un paso atrás. Por nuestros niños.

(GTRES)

Necesitamos muchos más campamentos de verano que apuesten por la inclusión

¿Qué hacéis con los niños en verano cuando no hay colegio? Me lo preguntaba una amiga, que aún no es madre, echando un vistazo al calendario escolar de Madrid para el curso que viene, que se hizo público hace pocas semanas.

Le expliqué lo obvio, que cuando ambos progenitores trabajan, las tres opciones más frecuentes pasan por dejar a los niños al cuidado de los abuelos, mandarlos al pueblo (si es que tenemos de eso) y tirar de campamentos. También está la posibilidad de tirar de cuidadores remunerados o agrupar primos bajo el cuidado de esa persona de la familia que no trabaja.

Campamentos los hay de todo tipo. Campamentos urbanos y en el campo; de cinco o seis horas por la mañana o que incluyen pernoctarían; dedicados a actividades deportivas, robótica, idiomas…; carísimos y subvencionados, etc.

Mi hija suele irse a Asturias una o dos semanas con los abuelos y luego va a campamentos en Madrid, pero pasa las tardes en casa.

Con su hermano, que tiene autismo, la cosa se complica y se encarece. Jaime lleva años acudiendo de ocho de la mañana a cuatro de la tarde al que organiza un colegio especial madrileño en el que van a la piscina casi a diario. Nadar es lo que más le gusta y siempre va feliz. Nosotros nos quedamos tranquilos sabiendo que está pasándolo bien en manos cualificadas. El coste es muy superior al del campamento medio para niños sin discapacidad, pero merece la pena.

 

Jaime está severamente afectado y ni nos planteamos que vaya a un campamento convencional, al que acuden mayoritariamente niños sin problemas.

Por dulce y fácil que sea un niño con una necesidad de atención especial, requiere que haya profesionales a su cuidado que no solo estén bien preparados, sino que tengan una sensibilidad y empatía acordes. Eso y también capacidad para atenderlos, y por capacidad me refiero a tiempo y recursos.

Mi hija de diez años, sin autismo, puede estar junto a otros veinticuatro compañeros en clase con un solo maestro. Mi hijo está en clases en las que son cuatro o cinco personas.

Entre medias hay un mundo, pero siempre será preciso contar con más atención, más manos.

Los niños con dificultades especiales, las que sean, tienen todo el derecho a integrarse en todo tipo de campamentos que les motiven o beneficien. Es algo que les puede beneficiar de muchas maneras. También es bueno para los demás niños, para que sean conscientes de la sociedad diversa en la que vivimos. Es una relación que puede ser muy enriquecedora para ambas partes, si los adultos la sabemos gestionar.

Necesitamos muchos más campamentos que apuesten por la inclusión, que abran sus puertas a otras realidades, que sean valientes y les dediquen plazas y recursos. Lo necesitamos imperiosamente y en muchos sentidos.

Pero un campamento jamás debería asumir la responsabilidad de atender a uno de estos niños si no tienen la seguridad de poder manejarlo bien. No es un reto que puedan tomarse a la ligera. Si no tienen la seguridad de poder hacerlo es mejor que lo expongan desde el primer momento.

No se puede ser valiente a secas, hay que serlo respaldado por la capacidad y el conocimiento. No se puede jugar a la prueba y el error con los niños.

Así, tal vez, evitemos un sufrimiento innecesario a muchos niños y noticias como estas:

Nuestros hijos necesitan que les construyamos un mundo sin prejuicios

Quiero a mis niños creciendo libres y felices.

Los quiero amando y siendo amados. Viviendo vidas plenas en las que la bondad sea su norte.

Los quiero ellas y ellos.

Los quiero sintiendo sin corazas, sin moldes a los que ajustarse.

Los quiero cayendo y sabiendo levantarse.

Los quiero como quiera que sean. Suyos, dueños de su destino hasta el punto que puedan. Los quiero siempre orgullosos de querer a otros de igual manera. Sin miedos, iguales.

Si es amando bien, si es siendo bienamado, da igual a quién.

Por eso celebro que haya un día del orgullo, un día para reivindicar el querer ser libre de amar de esa manera.

Nuestros hijos necesitan que les construyamos un mundo sin prejuicios.

Cómo proteger a los bebés y niños pequeños de la ola de calor

Que sí, que no somos finlandeses es, ya lo sé; que hemos sobrevivido sin problemas muchos veranos en Extremadura o la meseta castellana sin aire acondicionado; que es cierto que tanto calor es un rollo que aplatana, pero tampoco es para tanto teniendo un poco de cuidado.

Cierto, sí, pero también es verdad que una ola de calor entraña riesgos, para todos, pero especialmente para los niños pequeños que regulan peor su temperatura, en los que los golpes de calor pueden darse antes y con peores consecuencias.

GTRES

Las recomendaciones de los expertos, como la Asociación Española de Pediatría o nutricionistas como Boticaria García o Julio Basulto, son de sentido común, pero no viene mal recordarlas.

Es fundamental que estén bien hidratados. Si el bebé está con lactancia materna exclusiva no hay que introducir agua, basta con aumentar las tomas. Si son más mayores, lo mejor es el agua. Los zumos y refrescos nunca son recomendables, así que su consumo puede ser inexistente o muy ocasional. La horchata, que tan rica está y tan propia es de estas fechas, tiene mucho azúcar.

Además de hidratarse bebiendo agua, los alimentos también pueden ayudarnos. Es época de ensaladas (también de legumbres, su consumo no debería interrumpirse por el calor), gazpachos y sopas frías.

Y la fruta es nuestra gran aliada. Melón, sandía, nectarinas, melocotones… el verano trae de la mano mucha fruta muy rica, siempre mejor opción que los helados.

Para que se consuma más y mejor, aquí un sencillo truco del maestro Basulto.

Por supuesto, hay que evitar en lo posible estar a la intemperie a las horas de más calor. Eso vale también si estamos en la playa o en la piscina de vacaciones. De hecho con bebés y niños pequeños hay que extremar las precauciones en esas sesiones de arena (o azulejo o hierba) y agua. Siempre hay que procurarse un buen protector solar, que prodigar con antelación, generosidad y repetición, y una mejor sombra; eso de jugar a ser lagartijas tostándose no es recomendable ni para los pequeños ni para los mayores. Se siente.

De la imprescindible vigilancia de los niños junto al agua ya os hablé ayer.

El uso de ropa que proteja del sol (así será si no se transparenta la mano bajo el tejido), gorras y gafas de sol también vienen bien. Y las gafas infantiles, que sean de las buenas mejor que de las bonitas. Aquí da las razones Boticaria García:

Por último un truco de cosecha propia, aunque no exclusivo, es el uso de botellas de agua termal para refrescarlos. Es una bruma suave y refrescante que igual ayuda a conciliar el sueño por la noche que a aguantar el tipo de día. Una botella tiene muchos usos, a nosotros un par de ellas nos aguantan todo el verano.

Por cierto, voy en coche escuchando como las escuelas infantiles de los ayuntamientos madrileños sí que tienen climatización en las aulas, pero no es así en las guarderías de la Comunidad de Madrid, muchas de las cuales no tienen aire acondicionado pese a tener niños muchas horas dentro hasta el 31 de julio.

Por lo visto la única respuesta que reciben es una serie de recomendaciones como las que he traído hoy aquí.

Me consta que muchos colegios públicos en los que hay niños de campamento urbano están igual.

Aquellos que no facilitan esa climatización deberían pasar todo el verano en sus oficinas sin aire acondicionado y bebiendo mucha agua, a ver qué opinan. Cierto que las recomendaciones para afrontar el calor son útiles, pero la climatización también.

Supervisión constante y cercana es la manera de evitar otro año con casi cincuenta menores ahogados

Se sucede, con la llegada del verano y el calor, el goteo de esas noticias terribles que nos cuentan ahogamientos, muchos de ellos protagonizados por niños pequeños. Hasta el 14 de junio según Ahogamiento.com ya se habían producido siete muertes de menores, cinco de menos de seis años. A día de hoy ya son más. El año pasado fueron casi cincuenta.

(Ahogamientos.com)

 

Cada una de ellas duele e impulsa la necesidad de recordar que no hay que quitarles el ojo de encima a nuestros peques si hay agua cerca.

No podemos dejar a niños pequeños al cuidado de otros niños algo más mayores, por responsables que nos parezcan.

No podemos confiar en los sistemas de flotación, por estupendo que sea ese chaleco de natación de su talla exacta que acabamos de comprar o ese flotador con arneses.

No deberíamos creer tampoco que esas piscinitas infantiles, que apenas permiten uno o dos palmos de agua, no entrañan riesgos.

No podemos ponernos al pie de la piscina con el móvil y el libro y solo mirar cuando se nos ocurre. Eso no es vigilar. Un niño puede ahogarse en apenas quince segundos. Y suelen ahogarse en silencio.

Debería sobrar tener que decir que no podemos vigilar bien si estamos bajo los efectos de las drogas o el alcohol.

No podemos auxiliar bien a un niño si estamos demasiado lejos. El Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones No Intencionadas en la Infancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP) entienden como “vigilancia adecuada” cuando “la distancia al menor es inferior a la longitud del brazo del cuidador, es decir, tenerlos al alcance”.

No podemos tener piscinas, albercas o ríos accesibles a los niños cuando están jugando por ahí y fiarnos de que no se aproximarán. Las cercas cerradas con llave (como es obligado en Francia desde 2003), las lonas que cubren a conciencia las piscinas, son nuestras aliadas.

No delegues toda esa responsabilidad en el socorrista. Es una ayuda pero no sustituye y responsabilidad como padre.

No podemos fiarnos de lo bien que sabe nadar ya nuestro hijo. Tampoco debemos eludir una charla en la que hacerle ver los riesgos que tiene el agua.

Somos los guardianes de nuestros hijos. Siempre con nosotros, siempre vigilantes, con el agua inaccesible cuando no podemos estar ojo avizor.

En torno al 30% de los ahogamientos de niños se producen sin supervisión de un adulto.

GTRES

Nuestros hijos verán pornografía

Nuestros hijos ven pornografía. Y si no la ven aún, acabarán expuestos a ella con toda seguridad.

Hasta ahí no hay nada que nos sorprenda. Lo tenemos incluso asumido, sabemos que la curiosidad es inevitable y que si nosotros atisbábamos revistas, cómics o películas más o menos encendidas, ellos lo tienen mucho más fácil con el ubicuo e inevitable Internet. Puede que incluso hayamos practicado la charla que les daremos cuando llegue el momento, que no deben creerse lo que vean, que el sexo no es así, que hay que tener cuidado.

Cuando llegue el momento. Esa es la clave. El problema es que el momento llega antes incluso de que sus cuerpos estén preparados para el sexo, cuando la adolescencia y sus revuelos aún quedan lejos.

El porno se materializa ante ellos incluso cuando no lo están buscando, cuando ni saben lo que es. Lo hace, según un estudio de la Universitat de las Illes Balears, cuando apenas tienen ocho años.

Los padres no ganamos para sustos. Ni para libros y cursos de expertos que nos enseñen a gestionar el acceso y uso de nuestros niños a la tecnología, que saben de nuestro miedo. El miedo vende y crecen como las setas, algunas deliciosas y otras difíciles de digerir.

¿Cómo hablar de porno con un niño de ocho años por si acaso se lo encuentra cuando le dejamos a solas con nuestro móvil o su tablet? Tal vez el problema sea ese, el dejarles a solas creyendo que se moveran por un redil controlado, cuando no hay un universo más abierto que Internet.

Tal vez habrá que adelantar la charla adaptándola a su edad y sin entrar en detalles, aunque eso nos parezca apuntalar el fin de la inocencia de la infancia.

Tal vez debamos ponernos las pilas y conocer en profundidad todas las herramientas tecnológicas que emplean.

Tal vez habrá que limitar los tiempos de uso y dejar de emplear a Internet como niñera de una vez por todas.

(GTRES)

Para poder conversar con nuestros hijos sobre estos temas, Pilar Conde, directora técnica en Clínicas Origen, asegura que “es necesario que ambos progenitores muestren una actitud abierta“, porque si no acabará buscando para resolver sus inquietudes a aquella persona en la que “noten que sus respuestas son más francas y menos evasivas”.

Conde insiste en que lo más importante “es que el sexo como tema de conversación se integre en el entorno familiar como algo natural y normalizado, de manera, que podamos ir resolviendo dudas a medida que crecen”.

Cuesta, ya lo sé, no es fácil, pero es imprescindible, porque como indica la experta, “si no hemos hablado de sexo con los hijos desde que ellos mismos comienzan a preguntar, va a ser muy difícil que en plena adolescencia se quieran sentar a abordar estos o cualquier asunto relativo al sexo con nosotros”.

Termino con los puntos esenciales que Pilar Conde recomienda que debemos explicar a nuestros hijos a medida que van creciendo:

  • Que significa el sexo en las relaciones, tanto en las románticas como las puramente sexuales.
  • Entender que en el sexo siempre tiene que haber consentimiento y respeto.
  • Deben saber que el porno no refleja las relaciones sexuales reales, por lo que no hay que ajustar las expectativas respecto a lo que va a suceder en las relaciones.
  • Conocer que cada persona somos diferentes en el sexo, por lo que es importante comunicarse desde el principio con nuestras parejas sexuales.
  • Hay que expresar lo que nos gustaría, y escucha lo que le gustaría a la otra persona. Y en función negociar hasta donde están dispuestas las dos partes.

Uno de los mayores miedos que los padres podemos tener

El posible maltrato a un menor con autismo en un centro escolar, destapado por dispositivos ocultos de grabación puestos ahí por sus padres, vuelve a las portadas de los medios.

Respondía una amiga en twitter y tiene toda la razón, que es uno de los grandes miedos que los padres podemos tener. Y ni siquiera creo que sea un miedo oculto, es un miedo manifestado, del que apenas hablamos en todo caso porque no procede, porque sirve de poco.

Precisamente el primer post de este blog, publicado en noviembre de 2007, se titulaba ser madre es vivir con miedo y en él contaba que uno de los peores descubrimientos de la maternidad era encontrarte viviendo con miedo a que le pase algo.

Aun no sabía que mi hijo tendría autismo y sería incapaz de hablar conmigo, de hacerme saber si algo le duele, si le han hecho sufrir, si han abusado de él.

Siempre tienes el temor latente de que tus hijos se vean envueltos en alguna situación lesiva, el acoso escolar o el abuso sexual son los lobos que más tememos, y que no te lo cuenten, que no te permitan ayudarles al aferrarse al silencio.

Si tus hijos tienen dificultades añadidas para comunicarse, por el autismo o por cualquier otro tipo de circunstancias o discapacidad, el riesgo aumenta y tu miedo también. Tampoco puedes explicarles lo que deben hacer en esos casos, que no crean a aquellos monstruos que aseguren que sus padres se enfadarán con ellos si lo cuentan, que es un secreto entre los dos como sí podemos hacer con otros niños, como yo he explicado a mi hija.

Mi hijo y los que son como él están más indefensos si se topan con uno de esos seres de alma oscura, gente sin escrúpulos que pueden desde reírse de ellos hasta someterlos a prácticas sexuales no consentidas sabedores de que no pueden hablar para denunciarles. Aquí ni siquiera vale lo de “tu palabra contra la mía”. Y los monstruos lo saben.

Si te paras a pensarlo, no da miedo sino terror. Dependes completamente de que la suerte no te ponga mala gente en tu camino.

Y de tu capacidad para vigilar a tu hijo, para observar lo que le pasa, lo que manifiesta sin palabras.

Mandar a un niño con micrófonos camuflados a un colegio puede ser discutible, pero pocas otras opciones tenemos si albergamos sospechas y nuestro hijo no puede ayudarnos ni a despejarlas ni a confirmarlas.

Es mejor vivir con certezas y poder tomas decisiones para combatirlas que vivir con miedos fundados y no confirmados.

(GTRES)