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Las trabajadoras del hogar, las que nos cuidan, merecen los mismos derechos que el resto de trabajadores

Son mayoritariamente mujeres. Más de la mitad no han nacido en España. El 32% vive bajo el umbral de la pobreza. Y son muchas, más de 550.000 trabajadoras, el 5% del total de mujeres empleadas en nuestro país según el extenso informe Esenciales y sin derechos que Oxfam Intermón ha hecho público hoy con motivo del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Otro dato más: un sorprendente 28% de las trabajadoras del hogar de toda la Unión Europea están en nuestro país.

(Pablo Tosco / Oxfam Intermón)

Son mujeres como María, gallega de 54 años que cuenta cómo la Covid-19 ha agravado su situación: “Yo ahora estoy sin trabajo y pregunto en mi entorno: todos los trabajos son sin seguro, sin contrato, incluso en el cuidado de niños y niñas. Si quieres, bien y si no, te dicen: pues mira, hay muchas mujeres así”.

Cuidan a nuestros hijos, a nuestros mayores, a nuestros dependientes. Es decir, dejamos en sus manos a aquellos que más queremos. Gracias a ellas muchas mujeres podemos desarrollar una carrera profesional. Ellas son los cimientos sobre los que se levantan esos referentes que no nos cansamos de decir que son imprescindibles para que nuestras hijas vuelen tan alto como deseen y en la dirección que quieran.

Toda construcción debería asentarse en unas bases firmes. Ni hombres ni mujeres deberían crecer personal y profesionalmente a costa de que otros vivan en una situación de injusticia, de subsistencia o de malos tratos. Y la realidad a día de hoy es que estas mujeres, incluso en el mejor de los casos, no cuentan con derechos laborales tan básicos como el desempleo. La legislación parece haber sido escrita pensando más en el empleador que en ellas, que están en una mayor situación de vulnerabilidad. Una situación que no es deseable que se prolongue. Como cuenta Jessica Guzmán, chilena de 53 años que ha trabajado 15 como interna, “la sociedad debe entender que hay una gran deuda con nosotras. Aunque tengamos necesidad, no somos esclavas, somos trabajadoras y pedimos los mismos derechos”.


“El sistema de dependencia descansa sobre un colchón de trabajadoras baratas”, denuncia el informe de Oxfam. Y no puede seguir siendo así. Es cierto que a nivel individual, si necesitamos a estas trabajadoras, podemos hacer mucho: pagar salarios dignos, cumplir la ley existente o tener  con ellas el mismo trato que desearíamos que tuvieran con nosotros. Pero no es suficiente. 

Tener equiparación total de derechos y deberes con el resto de trabajadores. Ese es el objetivo. Y es una petición justa. Los merecen. Los necesitan. Se los debemos. Liliana Marcos, responsable de políticas públicas de la ONG, recuerda que “hace ya casi una década que se planteó equiparar los derechos y obligaciones de las trabajadoras del hogar al resto de asalariadas y que, cada vez que se ha acercado el plazo legal para su integración plena en el Régimen General de la Seguridad Social, se ha pospuesto esta medida”. El motivo está más que claro: “Se mantiene sine die a un amplio colectivo de mujeres en la precariedad para que su labor sea asequible para el resto de la población. No es coherente con una sociedad que se dice comprometida con la igualdad de género”.

Magaly Rivera: “Me gustaría para el futuro, para las que vienen, la eliminación de la jornada laboral de 24 horas, de la jornada esclava, que tengamos una jornada de 8 horas, las que están regularizadas y las internas. Al menos que se respeten sus descansos, fines de semana y su vida propia”

Jessica Guzmán: “¿Qué me preocupa? ¿Qué mierda voy a hacer a los 60 años? ¿Regresar a mi país después de tantos años? No tengo nada. Aquí tampoco tengo nada. Aquí sola, vieja y con una pensión pobre”.

María: “Al principio tuve un trabajo en que cobraba 5 euros la hora con seguro; ¡sin seguro era menos! Lo cogí, no me quedaba otra. La gente que no te asegura es para que luego, al echarte, no puedas reclamar nada, no tengas derechos. ¿Qué me gustaría? Tener derecho a paro”.

Gladys: “Estuve 13 años interna, 13 años nefastos. Dormía en un sofá, sin habitación propia, 24 horas atendiendo a la señora… 13 años que supusieron un desequilibrio emocional y psicológico, porque yo de ahí salí loca. Fui a pedir ayuda a las hijas, y me dijeron que no son una ONG. Nosotras las trabajadoras del hogar tenemos problemas psicológicos: esto
no lo recoge ningún artículo de salud laboral, no se nos reconoce como enfermedad”.

Ana María: ” ¿Qué pasa cuando enfermas? Yo ni siquiera conocía dónde era el ambulatorio. La consulta es en Zestoa, pero vivo en Urretxu. Con 2 horas libres de 16h a 18h, no da tiempo a ir y volver en bus, y no me dan permiso. No pude ir al médico”.

 

Por último, quiero traer aquí un fragmento de un texto que escribí hace exactamente diez años. La lucha por lograr que se valore su trabajo y tengan los mismos derechos que cualquier trabajador es larga. Y ha habido avances, pero mínimos, claramente insuficientes.

“La liberación de unas mujeres se produce a costa de la opresión de otras”. Esa cita del libro Sirviendo a la clase media de Gregson y Lowe la leí en la primera novela de mi compañera María Fernanda Ampuero, Lo que aprendí en la peluquería. No pude evitar pensar en la razón que tenía.

Yo soy una mujer trabajadora. Y puedo serlo gracias a otra mujer trabajadora. Todas las mañanas, hasta que yo regreso a casa a la hora de comer y desde que me incorporé de nuevo al trabajo cuando Jaime casi tenía seis meses, mis hijos están en las excelentes manos de Flor. Flor es ecuatoriana, como Mafer. Es muy inteligente, cariñosa y una buena amiga. La conozco desde hace doce años. Tiene apenas un par de años más que yo y ha pasado por varios tragos francamente duros. Tuvo que dejar su país y a su familia siguiendo a su marido a este país buscando con todo el derecho un futuro mejor, se vio obligada a separarse de sus hijas cuanto eran pequeñas (no puedo ni imaginar lo duro que tuvo que ser) y a trabajar en lo que salía.

Si hubiera nacido en otro lugar o con otras circunstancias su vida habría sido y sería muy distinta. Pese a toda su buena cabeza no tuvo oportunidad de estudiar y encontrar una profesión cualificada, algo que ella se está esforzando por ofrecer a sus hijas. Ahora no está oprimida ni mucho menos. No podría mirarme a mi misma al espejo por las mañanas si así fuera. Hoy en este post quiero acordarme y agradecer a todas las flores que nos permiten a muchas madres recientes compaginar nuestra profesión con la maternidad, igual que en otras ocasiones quise acordarme y agradecer por lo mismo a los abuelos.

Hoy en este post quiero acordarme y agradecer a todas las flores que nos permiten a muchas madres recientes compaginar nuestra profesión con la maternidad, igual que en otras ocasiones quise acordarme y agradecer por lo mismo a los abuelos. Todas esas mujeres que cuidan a nuestros niños mientras nosotras trabajamos. Mujeres que en algunos casos tienen a sus propios hijos lejos. Y por último me sumo a una justa reinvidicación por regularizar la situación de las empleadas del hogar ya que se rigen por una normativa laboral vigente que data de los años 70 y es completamente favorable al empleador. Por ejemplo, no tienen derecho a paro, vacaciones, derecho a contrato… En 2007 el gobierno prometió que antes de que acabara su legislatura lo solventaría. Aún estamos esperando.

Vacunas para los terapeutas

Justo hace una semana subí una foto en la que esperaba con Jaime esperando para entrar a su sesión de todos los martes de integración sensorial, una terapia que le encanta, mantenemos desde hace varios años y le viene fenomenal.

Por suerte acude a un colegio de Educación Especial, especializado en autismo, en el que saben cómo trabajar con él y estimularle, porque desde que la Covid-19 irrumpiera en nuestras vidas con la fuerza de un tsunami, es la única terapia que sigue recibiendo.

Lo que más lamento es que ya no pueda ir la piscina, a la que acudía dos veces por semana y que disfruta mucho. Jaime es un niño de agua, feliz cuando está ese elemento. Pero nadar se vio interrumpido hace casi un año por la pandemia y no ha podido volver a retomarlo. E incluso la terapia de integración sensorial ha tenido una continuidad relativa entre coronavirus, cierres perimetrales, confinamientos autoimpuestos y Filomena.

Demasiados niños y adultos con discapacidad, con necesidades especiales, están viendo comprometido el alcanzar todo su todo su potencial por culpa de la actual situación, a la que ojalá nos esforzásemos todos por poner remedio.

También es verdad que hay muchos otros que han podido retomarlas, en gran medida gracias al empeño de los profesionales que las imparten, que se han arremangado, se han puesto las pilas (y las mascarillas) y hecho de tripas corazón, para poder seguir ofertándolas.

A mi parecer, todas esas personas que se dedican a este tipo de intervenciones (psicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas…) deberían ser vacunados de forma prioritaria.

Cuando hacía esta reflexión en redes sociales, pedía otras experiencias respecto a estas intervenciones, tan necesarias. Os comparto algunas:

ydeverdadtienestres. Rodri está ahora mismo sin nada más allá del cole. Una pena

zwu1978.  excepto la piscina sigue con todo.

Cris. Mi hijo no ha podido seguir con la de habilidades sociales ,que tanta falta me hace y tan bien me hacía…

unamamaarquitecta. La emperatriz va a integración sensorial los jueves a una sesión de 50 minutos y las sesiones de estimulación que hacía en otro centro las hacemos on-line porque son más de “trabajar jugando”, esas son miércoles y viernes..La natación también queremos retomarla cuando vuelva todo a la normalidad..

yolanblue. Sigue sus terapias con normalidad. Psicóloga y logopeda. Deporte este año hemos descubierto el atletismo

consultamgh. Alonso no está recibiendo ninguna… también la piscina es lo que más echa de menos del mundo

Miriam. Erika tiene terapia ocupacional y fisio en la asociación. Ha dado un bajón tremendo en todo, especialmente en movilidad y lenguaje. También echa mucho de menos la piscina

dahadi2017. Nosotros seguimos con terapia pero todas las interrupciones que hemos tenido están pasando factura. Mucho ánimo!

Mercedes. Justo hoy he estado hablando con una amiga que también tiene un niño con autismo de los problemas de comportamiento que tiene mi hijo últimamente y me ha recomendado la integración sensorial ;-). Creo que la probaremos… Nosotros, salvo la piscina, que no tenemos desde marzo, seguimos en atención temprana tres días a la semana. Los meses que estuvimos sin terapia, y el mes y pico que hemos estado ahora entre la navidad, la nieve y una cuarentena lo hemos notado muchísimo para mal. A veces parece que se estancan, que las terapias no son todo lo efectivas que deberían… y luego llega una pandemia y te das cuenta de lo necesarias que son…

jessypebel. Nosotros empezamos con las terapias justo después del confinamiento y por suerte de momento las tiene todas tanto por privado como la sesión de la Junta,y que duren!!

Maripaz. Igual que mi Jaime.. lo que más lamentamos su piscina adaptada. Mantenemos las terapias de Logopeda…Talleres cognitivos..y audición y lenguaje. También teníamos Multideporte..pero ahora ya no.

Rosa. Nosotros seguimos también solamente con al terapia de integración sensorial. Aquí pararon solo al principio en el confinamiento total, luego se ha considerado actividad de primera necesidad. La piscina, también interrumpida. Logopedia en el cole, desde Marzo a final de curso nada. Se retomó el primer trimestre de este curso, pero el CREDA la dio de alta en Navidad

patriciacanavate. En Andalucía solo se interrumpieron las terapias durante el confinamiento domiciliario de Marzo, pero después han continuado con normalidad. Con sus medidas de seguridad por supuesto pero siguen yendo a logopedia y psicología.

see_o_lee. Mi niño me lo han diagnosticado con TEA (por privado) en Irlanda. No lo ha visto un solo profesional por publico, no me lo han querido ni pesar ni medir porque no están pasando consulta. Me llegó una carta de intervención temprana diciendo que la lista de espera es de 3 años. Lo poquito que hemos hecho con el fueron 3 sesiones de speech therapy y unas cuantas de ABA por privado … y yo, su mamá, me hice un curso de sensory play y me lo monté en casa porque está claro que las personas con discapacidad quedaron completamente olvidadas aquí …

Sara. terapias por web. excepto piscina, claro. Van bien. Dejadez total desde centro escolar ni palabras por mail de acompañamiento. Lo mas frio el silencio de sus profesionales de aula tea. No enviaron un email o llamada de cortesía o interés por su alumno desde marzo . El vacío por su parte , resulta francamente muy duro. Muestra un total desinterés y afecto.

Carolina. Al final este aislamiento por la covid es un obstáculo para seguir avanzando con todo lo que se ha trabajado con ellos

Anna. Aquí somos de agua. La piscina municipal – cerrada. Nos queda el mar i el surf…però el postoperatorio no le permite aun jugar con las olas. Así que…ni esto ni nada mas

Liliana. Mi hijo 1ero tenia terapia en casa lenguaje y ocupacional luego de varios meses empezo de manera presencial fisica, lenguaje y ocupacional en el centro pero solo duro un mes ya que se molesto tanto salir a las terapias qe retrocedió mucho y la calle y sus ruidos lo afectan demasiado…ahora estamos nuevamente en cuarentena por la 2da ola y tiene solo terapia fisica en casa y esta feliz denuevo… parece qe se acostumbró a no ir tan lejos de casa.

Ana María. A mi por suerte sigue teniedo audicion y lenguaje, y reeducacion conductual, la piscina es lo que ha dejado de ir, pero esperemos que pase la pandemia y pueda volver.

“Necesito un mundo que se haga cargo de mi forma diferente de hablar” #SoloTartamudeo

Es causa de acoso escolar, de risas ajenas, de motes impuestos (Cacarlos), de insultos, de incomprensión y malentendidos (“no estés nervioso”, “tú tranquilo”), que arrastra prejuicios y estereotipos infundados (“será que es un poco lento”, “no podrá ser profesor”…), de discursos interrumpidos porque hacemos callar o porque terminamos por ellos.

Hablo del tartamudeo.

Hoy, 22 de octubre, es el Día internacional de la tartamudez. Y hoy os traigo una campaña de la Fundación Española de la Tartamudez que ojalá alcance toda la difusión que merece, porque ayuda a entender todo por lo que pasan las personas que tartamudean y lo importante que es que la sociedad cambie y limpie la percepción que tiene sobre ellos, una percepción con frecuencia injusta.

En el vídeo hay dos niños, Alejandro y Rocío; también una maestra, María Vigueras; y la veteranía de José Vicente Carretero. Por favor, escuchad lo que tienen que deciros. Un mensaje que es a la vez un recorrido vital y de aceptación que ojalá cale y que podría resumirse en el lema de la campaña de concienciación: “Cuando tartamudeo, solo tartamudeo”, acompañado del hashtag #SoloTartamudeo.

Alejandro:

Querido diario: a veces no me salen las palabras. Pensaba que le pasaba a todo el mundo, la verdad. Pero alrededor mío siempre veo alguna cara rara y alguna risita cuando hablo. Si hubiera un ‘entrenador de palabras’ me encantaría ir. Se lo voy a decir a mis padres a ver si ellos saben algo, porque cuando sea científico y tenga que dar discursos, no quiero que me pase esto.

Rocío:

Necesito un mundo que se haga cargo de mi forma diferente de hablar y un altavoz para gritar. Si tartamudeo no es porque esté nerviosa. Si tartamudeo, no pongas en duda mis capacidades. Si tartamudeo, no es culpa mía. Si tartamudeo, no me cortes las frases. Si tartamudeo, solo tartamudeo.


María:

Con 20 años, de tartamudez, uno no se muere, más bien se convive. Deja huella, marca y moldea la personalidad. No eres tú, eres lo que ella te deja ser. Durante muchos años he ocupado el último lugar de la fila. Hoy dusfruto ocupando el primero, el de maestra. Y ya no odio escucharme, ya no me esfuerzo por no tartamudear, pero necesitaría que a ti tampoco te molestara, porque tu mirada crítica aumenta mi dificultad. En cuanto a mi trabajo, tranquilos, lo puedo desempeñar con la misma eficiencia que tú.

José Vicente:

Ya no busco tu aceptación, ya no necesito tu aceptación. Al fin soy libre de mi mochila y de tus prejuicios.Y he llegado hasta aquí, después de admirar el valor de mis palabras y de elminar el deseo de cambiarlas. Esto me llega cuarenta años tarde, pero me sirve sin con ello entiendes que cuando tartamudeo, solo tartamudeo.

Hola cole, adiós abuelos

Madrid anuncia “medidas drásticas” y “confinamientos selectivos” por la Covid. Es una de las grandes noticias del día y  no es algo que extrañe a nadie; de hecho somos muchos los que ya habíamos adoptado nuestras propias “medidas drásticas”, moviéndonos mucho menos de lo que las restricciones permiten.

No se les ve o se les ve poco, pero son legión los mayores y personas de riesgo que solo se están moviendo el mínimo imprescindible. Para comprar, ir al médico y estirar las piernas mínimamente a las horas y en los sitios más solitarios. También los jóvenes y adultos sanos y responsables que no han vuelto a ir por el centro de la ciudad, a pisar sus garitos preferidos o a quedar de fiesta, aunque sea íntima, desde marzo. Y la vuelta al cole ha traído de la mano que muchos padres hayamos interrumpido el contacto con los abuelos, por doloroso o complicado que resulte.

Nosotros somos de esos. Desde que Jaime empezó sus clases el pasado martes no hemos vuelto a ver a nuestros mayores. Tampoco a otros amigos y familiares. Por mucho que nos echemos de menos, por mucho que nos gustase encontrarnos, hemos preferido prevenir y esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos, en qué resultaba tanta vuelta presencial al trabajo tras las vacaciones y el retorno a las aulas.

Somos muchos. Sin buscarlos he encontrado numerosos padres que han adoptado medidas similares, que no ven a los abuelos, que no quedan para que los primos jueguen, que no van a terrazas, cuyos planes con niños son cine en casa, paseos al aire libre o juegos de mesa.

También hay muchos que no pueden evitarlo, que necesitan a los abuelos, para los que la tribu sigue siendo imprescindible. Pero los cuidan y se cuidan todo lo que pueden.

Hay miedo, claro que hay miedo. Los récords de contagios se suceden, las Unidades de Cuidados Intensivos se llenan, los muertos están en ascensoUna mayoría se cuida tanto como sabe o es capaz, pero también los hay que lo hacen de manera negligente o no lo hacen en absoluto, convirtiéndose en un peligro para los demás. El domingo, detrás de mi coche, iba una furgoneta cuyo copiloto llevaba en brazos a un bebé de pocos meses sin ningún sistema de sujeción. Personas que no siguen normas tan básicas de seguridad, dudo mucho que entiendan la necesidad de protegernos entre todos ante la Covid.

No sabemos como se desarrollarán los acontecimientos, qué va a suceder, cuantas semanas irán presencialmente los niños al colegio, el número de semanas que no veremos a los abuelos…

Seguimos desde marzo matriculados en un máster para gestionar la incertidumbre al que nunca nos hubiéramos apuntado voluntariamente y que es imposible saber cuándo terminará y de qué manera.

Ánimo, cuidado y paciencia.

Jesús Hellín/EP

 

Malasmadres pide firmas para regular con urgencia las bajas y el teletrabajo para cuidar a nuestros niños

Ahora sí, ahora no, ahora sí de nuevo, luego nada está claro. Esta semana hemos sido testigos de un vaivén de declaraciones por parte de nuestros gobernantes sobre si habrá y cómo serán las bajas de los padres cuyos hijos estén enfermos o tengan que llevar a cabo cuarentenas preventivas. Un baile que no inspira precisamente confianza en nuestros gestores. La ministra de Trabajo Yolanda Díaz ha asegurado que estas bajas existirán, pero su puesta en marcha y regulación requieren ahora “celeridad”, como indica Laura Baena, fundadora del Club de Malasmadres, cuya lucha por la conciliación es manifiesta desde sus inicios que se intensificó con la llegada de la pandemia, que trajo de la mano la campaña Esto no es conciliar.

“Después de 6 meses exigiendo medidas de conciliación urgentes, seguimos sin respuesta por parte del Gobierno. Las familias estamos abandonadas y necesitamos soluciones y un compromiso activo para no tener que renunciar. ¿Qué vamos a hacer cuando nos manden a los niñas y niñas a casa o tengan síntomas compatibles con covid-19, dejar el trabajo?“, apunta Laura.

(EUROPA PRESS)

Por eso precisamente este club y la Asociación Yo No Renuncio han lanzado hoy mismo una campaña de recogida de firmas que apoyen su petición de cuatro medidas para encarar esta vuelta al cole marcada por el coronavirus, entre las que destaca la exigencia de una “regulación urgente de la incapacidad temporal (IT) o bajas para las madres y padres de menores que se encuentran en cuarentena por contacto con un caso positivo de Covid-19”, extensible a autónomos.

No puede quedar a la arbitrariedad del médico de Atención Primaria el hecho de tratar al progenitor como caso sospechoso a su vez y así otorgar la IT. Los criterios han de estar unificados. En el caso de que el menor sea positivo, la IT es clara dado que toda la familia está obligada a mantener cuarentena. En el caso de menores sospechosos por un positivo en el centro, el tratamiento para los progenitores ha de ser el mismo, mientras esta situación de excepcionalidad y pandemia sigan vigentes”, explica la abogada de familia Emi de Sousa.

Las otras tres medidas son:

  • Teletrabajo por imperativo legal (como excepción, dada la actual situación de emergencia), en los casos en que sea posible, cuando las circunstancias familiares del trabajador o trabajadora así lo exijan. No existen fundamentos razonables para denegarlo por parte de la empresa porque la situación que dio lugar a su implantación no ha cambiado sustancialmente, y desde luego, puede empeorar con la vuelta al cole. Aunque no es la situación ideal para ninguna familia, el teletrabajo ha permitido a muchas mujeres no renunciar a su trabajo ni solicitar una reducción de jornada sin sueldo. Por eso, Malasmadres considera que esta modalidad laboral debe ser de obligado mantenimiento por parte de la empresa si las circunstancias personales del trabajador o trabajadora lo exigen así, como, por ejemplo, el cuidado de menores o mayores a su cargo.
  • Facilitar la adaptación de jornada y su reducción sin pérdida salarial, siendo el Estado quien asuma la diferencia. Cuando el teletrabajo no fuera posible, el/a trabajador/a tendrá opción a adaptar su jornada laboral lo máximo posible, siendo de obligado cumplimiento para la empresa el respeto a este derecho sin tener que acudir a la vía judicial.
  • Ayuda económica a los cuidados para las madres y padres que trabajan fuera del hogar (también autónomos/as), cuando ni el teletrabajo ni la adaptación o reducción de jornada sean posibles. Malasmadres pide una ayuda o subsidio para estas familias que por cualquier circunstancia han de cuidar. Por ejemplo, menores con patologías previas que de ninguna manera pueden acudir a clase. Esta ayuda de carácter económico es distinta del IMV (Ingreso Mínimo Vital) ya que va destinada a aquellas familias que aún trabajando, no tienen solvencia suficiente para costear los gastos de un cuidador, o para los padres o madres que deciden renunciar a su trabajo para permanecer al cuidado de su hijo.

Podéis acceder al manifiesto completo tras este enlace y firmarlo, si estáis de acuerdo, tras este otro.

Lo que dice la última guía del Ministerio sobre la próxima vuelta al colegio en Educación Especial

Esta vez sí, la guía de 26 páginas del Ministerio de Educación y FP con las medidas para mantener a raya la COVID-19 el próximo curso, una contempla a los alumnos de Educación Especial. En las páginas 17 y 18, y equiparándolos con Educación Infantil de 0 a 3 años, explica el reto al que se enfrentarán centros, profesionales, familias y alumnos en septiembre.

Una guía que, por cierto, desdice algunos puntos de prevención adelantados por el ministerio hace quince días. Teniendo en cuenta lo que queda hasta septiembre, ya veremos lo que nos espera en la vuelta al cole más atípica y llena de incertidumbres que se recuerda.

Pero lo que tenemos a día de hoy es esta guía, ¿qué es lo que dice respecto a la Educación Especial? Os dejo al final el texto íntegro, pero os resumo que están exentos de mascarilla, como era de esperar; que en las interacciones con los educadores ellos también podrán llevarla y que hay que ventilar y  limpiar mucho a todo y a todos.

No han descubierto la pólvora precisamente. La pelota queda en el tejado de cada centro, que tendrá que sacar el máximo partido a sus instalaciones (un aseo por cada uno o dos grupos, cuando son grupos de cuatro a seis niños, es imposible en la mayoría) y en los profesionales que trabajan con estos niños y jóvenes. Profesionales cuya carga de trabajo, voluntad, implicación y flexibilidad suelen ser sobresalientes y que espero que hagan acopio de energía este verano para afrontar la incertidumbre y los retos que nos esperan a todos.

También a las familias y a los alumnos, que suelen estar apegados a unas rutinas que en muchos casos serán difíciles de mantener y verán alteradas, que afrontarán un retorno al colegio tras muchos meses en casa, con sus terapias y actividades extraescolares también interrumpidas. Una vuelta al colegio que puede ser especialmente complicada de gestionar, sobre todo teniendo en cuenta la limitada capacidad de comprensión de una mayoría.

Mi hijo con autismo, sin ir más lejos, siempre comienza en septiembre alterado, con más conductas disruptivas nacidas de la poca motivación por volver al trabajo. Este año no me extrañaría que este comportamiento arreciase.

El inicio del próximo curso puede que sea muy higiénico, pero además va a ser muy movidito en muchos sentidos.

(JORGE PARÍS)

Limitación de contactos

– Se organizará la entrada y salida de manera que un miembro del personal acompañará a cada alumno/a su aula de referencia, si no es autónomo para ir solo.
– Se asignará un aseo por cada 1-2 grupos, si es posible. Si no, se intensificará la limpieza y desinfección.
– Cuando se vayan a producir desplazamientos por el centro educativo, se contará con un horario y organización que posibiliten que los grupos no coincidan a la vez en los desplazamientos.

Medidas de prevención personal
– Se recomienda intensificar la higiene de manos (con agua y jabón) asegurando los siguientes momentos: al llegar al centro educativo, tras estornudar o sonarse, al cambiar de espacio o de actividad, antes y después de comer, después de ir al baño y siempre que haya suciedad visible.
– Se recomienda evitar la utilización de gel hidroalcohólico en niños/as que se meten las manos frecuentemente en la boca. Tener precaución de no dejarlo accesible sin supervisión.
– Es importante consolar a los niños y niñas y puede ser frecuente la necesidad de tenerlos en brazos o tener una interacción cercana con ellos para su adecuada atención. Cuando se les coge en brazos o es necesaria una interacción estrecha la persona cuidadora podrá llevar mascarilla higiénica.
– No se recomienda el uso de mascarilla en el centro educativo ni para menores de tres años (contraindicado en menores de 2 años por riesgo de asfixia) ni en personas con discapacidad o con situación de dependencia que les impida ser autónomas para quitarse la mascarilla o personas que presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su uso adecuado.
– En el caso de los trabajadores, se recomienda llevar el pelo recogido y evitar el uso de anillos, pulseras y colgantes.
– En la medida de lo posible utilizar ropa de trabajo que se lave a diario a alta temperatura.
– El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales evaluará el riesgo de exposición de determinadas actividades más allá de las presentes en este documento.

Limpieza y ventilación del centro
– Se utilizarán objetos y juguetes que se puedan limpiar o desinfectar de manera sencilla.
– Si se utilizan peluches o juguetes de tela, se deben poder lavar a alta temperatura.
– Dado que la ventilación es una de las medidas más eficaces para minimizar la transmisión, y que se recomienda ventilar frecuentemente, se tendrá una especial precaución en estos grupos de alumnos para evitar accidentes.

Atención temprana, mucho que reivindicar

El día de hoy está dedicado a la atención temprana, esa herramienta imprescindible para el correcto desarrollo de muchos niños, para que alcancen su máximo potencial.

Una herramienta roma, herrumbrosa en algunos puntos y con un mango gastado, más semejante a un barato cuchillo de cocina mermado por los años y el uso que a un reluciente y eficaz escalpelo. Una situación imperdonable, nuestros niños merecen lo mejor, o al menos lo bueno, pero eso no es lo que se están encontrando con frecuencia.

A finales de enero os contaba aquí mismo la recogida de firmas de Ana, madre de la pequeña Vega, exigiendo una atención temprana de calidad, gratuita y sin esperas. No es la primera vez, ni la segunda, ni será la última que la reivindicación de una atención temprana accesible asome a este blog.

Una herramienta a la que espero que saque filo el reciente proyecto de Ley de Protección Integral a la Infancia y a la Adolescencia frente a la Violencia impulsado por el Gobierno. Es un texto que recoge la universalidad y el carácter integral de la atención temprana desde el nacimiento hasta los seis años de edad con una perspectiva sociosanitaria.

La música suena bien, habrá que vigilar cómo es el baile; cómo toma tierra y lo recursos que efectivamente se le dedican.

Una reivindicación que dejo hoy bajo los términos de la Plataforma por la Atención Temprana.

Hoy, martes 16 de junio de 2020, se celebra el Día de la Atención Temprana 2020. La atención temprana es fundamental para la salud de cientos de miles de niños: cuando existe una situación de riesgo o se produce de hecho una alteración en el desarrollo, intervenir precozmente durante la primera infancia es necesario para poder optimizar las posibilidades de desarrollo de ese menor. La atención temprana es la primera inversión que los poderes públicos han de realizar en fomento de la autonomía y equidad.

Sin embargo, miles de niñas, niños y sus familias en este país siguen sin tener acceso al conjunto de intervenciones sanitarias, educativas y sociales que componen esta atención, especialmente a las intervenciones terapéuticas que se prestan por los profesionales de los centros de desarrollo infantil: fisioterapia, logopedia, psicoterapia y otras. Miles de menores que, después de soportar diferentes trámites burocráticos, engrosan listas de espera interminables para poder acceder a los recursos de las redes públicas. La situación entre comunidades autónomas es de total inequidad, abundando la situación de déficit de recursos, falta de transparencia y escasa sensibilidad de las administraciones autonómicas a este problema. Ni siquiera existe un dato oficial agregado estatal que permita cuantificar los recursos existentes, pero seguro que está muy lejos a las necesidades existentes, que se estiman deberían cubrir al 10% de la población menor de seis años, unos 250.000 niños y niñas en toda España.

La Plataforma por la Atención Temprana quiere aprovechar este día para exigir una vez más una legislación específica estatal que consagre y desarrolle el contenido mínimo de este derecho, y que armonice las distintas regulaciones autonómicas, garantizando una atención al desarrollo pública, universal, gratuita y de calidad, que comience de forma precoz y que comprenda toda la infancia de los menores con alteraciones del desarrollo.  En este sentido, además de a los distintos responsables autonómicos, hacemos una llamada pública al Gobierno  para que avance con celeridad en los compromisos adquiridos con nuestra organización en las reuniones mantenidas con los titulares de los Ministerios de Sanidad y la Vicepresidencia Segunda del Gobierno y refrendados en el pacto de Gobierno: [punto 2.2.10] “desarrollar un sistema de atención temprana que implique el reconocimiento y garantía de un derecho subjetivo a la atención temprana integral, universal, gratuita y pública y sin discriminaciones en virtud del lugar de residencia”.

Por qué voy a proponer a mi hija de 11 años que veamos juntas ‘Lo que el viento se llevó’

Voy a ser una madre rebelde, o reaccionaria no lo tengo del todo claro, y voy a proponer a mi hija de once años que veamos juntas Lo que el viento se llevó. Nos va a llevar un tiempito, que yo creo que hay series en Netflix más cortas. Lo mismo tenemos que dedicarle tres días, aunque yo me recuerdo a mí misma a su edad luchando contra el sueño para ver aquel culebrón sureño en el que no paraban de pasar cosas. Algo que repetí varias veces además en años siguientes.

Era una película que me encantaba, aunque
no me acabase de caer bien la hermosa (y vanidosa) Escarlata O’Hara, por mucho que admirase su capacidad para salir a delante; que no entienda a Melania, en exceso bondadosa y aparentemente simple; que no empatice demasiado ni con el estirado Ashley o el canalla de Rhett. Es posible que le pase como a mí, también lo es que no le guste en absoluto. A saber, pero habrá que darle la oportunidad de decidir qué le parece.


Viéndola juntas puedo explicarle que Mammy, la esclava negra de Escarlata, es un estereotipo andante y que existió algo execrable llamado esclavismo, que millones de personas de raza negra fueron arrancadas de sus hogares y tratadas peor que al ganado por una errónea concepción supremacista del hombre blanco. De hecho puedo explicarle que el esclavismo sigue existiendo, aunque de formas distintas. Puede servirnos de excusa para hablar de la Guerra de Secesión que dividió Estados Unidos en norte y sur, una división que aún puede percibirse, y del limitado papel de la mujer en el pasado.

‘Lo que el viento se llevó’ puede aportarnos mucho más que su mero disfrute. También en su edición impresa.


Igual que tantos otros títulos inolvidables.

Creo que es nuestra responsabilidad como padres darles a conocer esas películas. Cuando veamos que procede, sin forzar, sin pretender que todo guste; pero al menos debemos ofrecer aquello que sabemos que merece la pena, que emociona, hace reflexionar y disfrutar, y que forma parte ya de la cultura universal.

Que accedan a esa cultura gracias a nosotros, también es educar.

Sería una enorme lástima que clásicos de la talla de Lo que el viento se llevó, Cantando bajo la lluvia, Centauros del desierto, La ventana indiscreta o La gata sobre el tejado de zinc (que cada cual ponga en esa enumeración sus favoritos) quedaran en el olvido de las nuevas generaciones.

Sobre todo si ese olvido viene de la mano de guardianes de la moral que no entienden que esas películas son hijas de su tiempo.

Lo que el viento se llevó se estrenó hace ocho décadas, cuando en España estábamos enfangados en una Guerra Civil. Es historia del cine y una obra de arte. No podemos juzgarla con nuestros ojos de hoy día, igual que no podemos hacerlo con Casablanca, Historias de Filadelfia, Rebeca o La diligencia. Bastante bien han envejecido todas ellas, teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado desde su creación.

Esos clásicos pueden ser unos estupendos instrumentos educativos. Mejor que crear un castillo a salvo de todo riesgo, una burbuja que es imposible que sea perfecta por mucho que lo intentemos, es enseñar a nuestros niños a tener criterio.

El Gobierno parece haber olvidado a la Educación Especial en su plan de medidas de prevención e higiene para los centros educativos

Este jueves el ministerios de Sanidad y Educación y FP expondrán a las comunidades autónomas en la Conferencia Sectorial de Educación un documento con las medidas de prevención e higiene para los centros educativos para tener “una estrategia consensuada” con la que “ofrecer un entorno seguro y saludable al alumnado y personal”.

Perfecto, estoy deseando ver qué sale de esa reunión y, sobre todo, todas las medidas expuestas en ese documento. Ya os contaba ayer que todos los padres y el personal docente vivimos con la incertidumbre de qué se encontrarán nuestros hijos en septiembre, cuando la vuelta al cole tenga que ser una realidad. Pero ya adelanto que me ha preocupado no encontrar mención a la Educación Especial en la una nota de prensa que acaban de enviar y en la que resumen algunas de las medidas a adoptar.

Habla de la gestión de los posibles casos, de cómo debe ser la limpieza y ventilación (“durante al menos cinco minutos al inicio de la jornada, al finalizar y entre clases” y “manteniendo las ventanas abiertas el mayor tiempo posible”) y especifica además que:

En la educación infantil,hasta el 4.º curso de Educación Primaria incluido, se ha definido que se podrán establecer grupos estables de alumnado, idealmente con 15 alumnos/as (máximo 20), que pueden socializar sin mantener la distancia interpersonal de forma estricta, ya que es un grupo de convivencia estable. Esto posibilitará además el rastreo de contactos rápido y sencillo en el supuesto de que se diera algún caso.

Por su parte, en 5.º y 6.º de Educación Primaria, Educación Secundaria y Bachillerato los espacios se reorganizarán de forma que se cuente con una separación de al menos 1,5 metros entre las mesas. Se priorizará asimismo, en la medida de lo posible, la utilización de los espacios al aire libre para la realización de las actividades educativas y de ocio, en lugar de los cerrados.

Apartado importante tienen las medidas de prevención personal, como son la higiene de manos frecuente y meticulosa, evitar tocarse la nariz, ojos y boca o usar pañuelos desechables. Respecto a la mascarilla en educación infantil no es obligatoria y en Primaria, de 1.º a 4.º, tampoco será necesario su uso si se está con el grupo estable de convivencia. Si se sale del mismo se deberá llevar puesta cuando no se pueda mantener la distancia de 1,5 metros. Para los alumnos que cursen a partir de 5.º de Primaria el uso de mascarilla será obligatorio cuando no se pueda mantener una distancia interpersonal de 1,5 metros pero no cuando se esté sentado en el pupitre.

Vale… ¿Y qué pasa con la Educación Especial? Entiendo que no tendrán que usar mascarilla, igual que los niños de educación infantil, dado que ya están exentos de usarla en otras circunstancias. Tal vez sea deducible la distancia social, como hasta 4ª de Primaria, no tendrá que mantenerse si se trata de “un grupo de convivencia estable”. Claro que eso puede implicar un reto fuera de las aulas, en patios, comedores u otro tipo de actividades, que parece que tendrán que organizarse escalonadamente para evitar que coincidan, porque si coinciden no entenderán que deben mantenerse a un metro y medio de los demás. ¿Y qué pasa con la distancia respecto a los profesionales del centro?

Hay muchas preguntas sin respuesta, no solo esas que expongo. No solo en Especial, también en cualquier ciclo. Pero es que la Educación Especial, insisto, ni siquiera se menciona. Y no me parece una ausencia casual. En mayo dábamos la noticia de que los directores de centros de Educación Especial públicos, concertados y privados estaban se oponían a reabrir por la imposibilidad de cumplir las medidas de seguridad; argumentaban que los alumnos son población de riesgo y que es imposible evitar el contacto directo.

“No nos consideramos capaces de garantizar que se cumplan las medidas de seguridad que continúan en vigor en dicha fase, como son el uso de protección individual, el lavado de manos, el uso del codo o de pañuelos de papel para estornudar o toser, etc. por parte de nuestro alumnado”. En cuanto al distanciamiento social “es imposible llevarlo a cabo, los alumnos no lo entienden y no pueden cumplirlo”. Y tampoco por parte de los profesionales, ya que “en muchas ocasiones hay que acercarse a ellos, tocarles, limpiarles, llevarles de la mano, etc”. “Muchas de las patologías que presentan nuestros alumnos, cursan con dificultades y/o compromiso respiratorio, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo y pronóstico en caso de ser infectados”. “No sabemos qué soluciones se pueden encontrar para estos problemas, pero desde luego, que el alumnado venga a los centros contraviene totalmente las medidas de seguridad necesarias, tanto laborales como de salud”

Muy semejante a lo que sucede con los niños más pequeños, que van a escuelas infantiles (guarderías, otro tema candente y pendiente), pero a una edad de escolarización obligatoria.

Hablamos de 37.000 alumnos para los que también hay que pensar en cómo obrar teniendo muy presentes sus características.

Espero sinceramente que mañana no sean obviados.

(JORGE PARÍS)

La vuelta al cole, asignatura suspensa hasta septiembre

Vuelven los coles. Cómo y de qué manera es algo que depende de la fase y del ciclo, que no es lo mismo Primaria que Bachillerato, depende incluso de las circunstancias específicas de nuestros hijos Y de si viven en una ciudad por varios millones o en una aldea, pero la cosa es que vuelven.

Vuelven a abrir sus puertas los coles, con más o menos abundancia de mascarillas y geles hidroalcohólicos y justo antes de que el calendario escolar obligue a cerrarlas de nuevo hasta septiembre.

La duda es si volverán los niños a los coles en esta apertura preveraniega y precipitada, aparentemente nacida más por la necesidad de tener dónde guardar a los niños mientras se retorna al trabajo tras el ERTE o el trabajo en casa que por sus necesidades educativas.

Lo cierto es que están volviendo pocos, muy pocos. Da igual la comunidad autónoma, la afluencia es mínima.

Y es lógico.

Por un lado está el miedo. El miedo a que las medidas de seguridad no sean suficientes, a que no haya bastante vigilancia para que se cumplan, a que el virus dichoso entre en casa, alcance incluso a los abuelos ahora que habíamos podido verles de cerca de nuevo, aunque sea sin besos y abrazos.

Miedo, y pena también, a que vuelvan a un entorno en el que no pueden jugar libremente con sus amigos que es lo que más querrían y necesitarían. Miedo especialmente si los niños son muy pequeños o están en los frecuentemente olvidados colegios de educación especial, es decir si parece difícil que comprendan las instrucciones a seguir para mantener la distancia y la higiene debida,

Por otro lado están las fechas. ¿Llevar a los niños al colegio para dos semanas? Pues va a ser que no. Si ya hemos pasado lo peor, si ya hemos aguantado con ellos en casa tres meses, si lo que necesitaría ahora, en todo caso, serían campamentos de verano. Y vuelta al miedo al pensar en esos campamentos, de actividades deportivas, de piscina, de patios de colegio reconvertidos en lugares de ocio.

Hay adultos que, perdido el trabajo, prefieren cuidarles en casa. Hay adultos, madres sobre todo, renunciando a trabajar para atenderlos.

(JORGE PARÍS)

Salvo que la necesidad obligue, la verdadera vuelta al colegio será en septiembre, una vuelta al cole en la que los medios tendremos mucho más que contar que los típicos reportajes del peso de las mochilas, el precio de los libros de texto o los centros que aún están en obras. Una vuelta al colegio llena de incertidumbres. Una vuelta al cole que va a ser un reto en demasiados sentidos.

Las familias no sabemos cómo será, qué se encontrarán nuestros hijos pase el estío y el nuevo curso llame a la puerta. No sabemos nada. Ni cómo serán los periodos de adaptación para los niños que empiezan en Infantil, ni si volverá a haber reuniones presenciales para informar a los padres en grupo, funciones escolares o excursiones, ni cómo se distribuirán los espacios y las manos o se impartirán las materias.

No lo sabemos las familias, pero es que tampoco lo tiene claro el personal docente.  Lo peor, que tampoco tenemos la certeza de que lo sepan los responsables de gestionar cómo salir con bien de este embrollo del que somos todos primerizos.

Esta crisis sanitaria está siendo todo un máster en gestión de la incertidumbre, en aprender a vivir sin mirar demasiado al futuro, sorteando los obstáculos que nos salen al paso como mejor podemos.

Sin olvidar, aunque sea una asignatura suspensa hasta septiembre, que la educación (que no el guardar niños por muy necesario que resulte) es un derecho fundamental de la infancia.