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A los activistas LGTBi que van a dar charlas a los colegios

Yo también querría saber quiénes sois todos. Tengo la suerte de tener como amigo a alguno de vosotros,  pero de verdad que me gustaría conoceros a todos.

Me encantaría conoceros para poder daros un buen apretón de manos con el que agradecer que dediquéis lo más valioso que tenemos, el tiempo, a transmitir a nuestros niños la necesidad de abrir los ojos a un mundo que es diverso.

Necesitamos que crezcan sabiendo que amar a otra persona, sea quién sea esa otra persona, no es nada malo, nada que haya que esconder, nada raro. Necesitamos que crezcan queriéndose como son, felices, sin frustraciones.

Necesitamos erradicar del todo la infelicidad, el acoso, la vergüenza por no seguir los caminos que la tradición, la religión o simplemente la estrechez de miras han decidido imponernos.

Os necesitamos en las escuelas, haciéndoles ver a nuestros niños que el mundo es de muchos colores, que todos somos distintos y merecemos respeto.

Eso no es aleccionar, eso no es inculcar ideologías, eso es enseñar, eso es transmitir sabiduría y contribuir a que haya un poco más de bondad en este mundo. 

Necesitamos, nuestros niños necesitan, que os sintáis bienvenidos, que sigáis acudiendo. Por desgracia no todos ellos crecen en entornos en los que la empatía impere.

Sé que no vais a recular, que no habrá ningún paso atrás. Sois valientes, lo tengo claro. No os ha quedado más remedio que aprender a serlo. No dudo que no permitiréis que os desanime o atemorice cualquier burdo intento McCarthyano por ocultar el arcoíris apelando al miedo.

Probablemente esta sencilla carta de una madre de dos hijos no resulte necesaria para animaros a que sigáis adelante, pero quería haceros llegar mi apoyo.

Y no solo el mío. Somos legión los padres que pensamos así, que os queremos a nuestro lado, ayudándonos a apuntalar un futuro mejor para todos. Os lo aseguro.

Ni un paso atrás. Por nuestros niños.

(GTRES)

Necesitamos muchos más campamentos de verano que apuesten por la inclusión

¿Qué hacéis con los niños en verano cuando no hay colegio? Me lo preguntaba una amiga, que aún no es madre, echando un vistazo al calendario escolar de Madrid para el curso que viene, que se hizo público hace pocas semanas.

Le expliqué lo obvio, que cuando ambos progenitores trabajan, las tres opciones más frecuentes pasan por dejar a los niños al cuidado de los abuelos, mandarlos al pueblo (si es que tenemos de eso) y tirar de campamentos. También está la posibilidad de tirar de cuidadores remunerados o agrupar primos bajo el cuidado de esa persona de la familia que no trabaja.

Campamentos los hay de todo tipo. Campamentos urbanos y en el campo; de cinco o seis horas por la mañana o que incluyen pernoctarían; dedicados a actividades deportivas, robótica, idiomas…; carísimos y subvencionados, etc.

Mi hija suele irse a Asturias una o dos semanas con los abuelos y luego va a campamentos en Madrid, pero pasa las tardes en casa.

Con su hermano, que tiene autismo, la cosa se complica y se encarece. Jaime lleva años acudiendo de ocho de la mañana a cuatro de la tarde al que organiza un colegio especial madrileño en el que van a la piscina casi a diario. Nadar es lo que más le gusta y siempre va feliz. Nosotros nos quedamos tranquilos sabiendo que está pasándolo bien en manos cualificadas. El coste es muy superior al del campamento medio para niños sin discapacidad, pero merece la pena.

 

Jaime está severamente afectado y ni nos planteamos que vaya a un campamento convencional, al que acuden mayoritariamente niños sin problemas.

Por dulce y fácil que sea un niño con una necesidad de atención especial, requiere que haya profesionales a su cuidado que no solo estén bien preparados, sino que tengan una sensibilidad y empatía acordes. Eso y también capacidad para atenderlos, y por capacidad me refiero a tiempo y recursos.

Mi hija de diez años, sin autismo, puede estar junto a otros veinticuatro compañeros en clase con un solo maestro. Mi hijo está en clases en las que son cuatro o cinco personas.

Entre medias hay un mundo, pero siempre será preciso contar con más atención, más manos.

Los niños con dificultades especiales, las que sean, tienen todo el derecho a integrarse en todo tipo de campamentos que les motiven o beneficien. Es algo que les puede beneficiar de muchas maneras. También es bueno para los demás niños, para que sean conscientes de la sociedad diversa en la que vivimos. Es una relación que puede ser muy enriquecedora para ambas partes, si los adultos la sabemos gestionar.

Necesitamos muchos más campamentos que apuesten por la inclusión, que abran sus puertas a otras realidades, que sean valientes y les dediquen plazas y recursos. Lo necesitamos imperiosamente y en muchos sentidos.

Pero un campamento jamás debería asumir la responsabilidad de atender a uno de estos niños si no tienen la seguridad de poder manejarlo bien. No es un reto que puedan tomarse a la ligera. Si no tienen la seguridad de poder hacerlo es mejor que lo expongan desde el primer momento.

No se puede ser valiente a secas, hay que serlo respaldado por la capacidad y el conocimiento. No se puede jugar a la prueba y el error con los niños.

Así, tal vez, evitemos un sufrimiento innecesario a muchos niños y noticias como estas:

Nuestros hijos necesitan que les construyamos un mundo sin prejuicios

Quiero a mis niños creciendo libres y felices.

Los quiero amando y siendo amados. Viviendo vidas plenas en las que la bondad sea su norte.

Los quiero ellas y ellos.

Los quiero sintiendo sin corazas, sin moldes a los que ajustarse.

Los quiero cayendo y sabiendo levantarse.

Los quiero como quiera que sean. Suyos, dueños de su destino hasta el punto que puedan. Los quiero siempre orgullosos de querer a otros de igual manera. Sin miedos, iguales.

Si es amando bien, si es siendo bienamado, da igual a quién.

Por eso celebro que haya un día del orgullo, un día para reivindicar el querer ser libre de amar de esa manera.

Nuestros hijos necesitan que les construyamos un mundo sin prejuicios.

Cómo proteger a los bebés y niños pequeños de la ola de calor

Que sí, que no somos finlandeses es, ya lo sé; que hemos sobrevivido sin problemas muchos veranos en Extremadura o la meseta castellana sin aire acondicionado; que es cierto que tanto calor es un rollo que aplatana, pero tampoco es para tanto teniendo un poco de cuidado.

Cierto, sí, pero también es verdad que una ola de calor entraña riesgos, para todos, pero especialmente para los niños pequeños que regulan peor su temperatura, en los que los golpes de calor pueden darse antes y con peores consecuencias.

GTRES

Las recomendaciones de los expertos, como la Asociación Española de Pediatría o nutricionistas como Boticaria García o Julio Basulto, son de sentido común, pero no viene mal recordarlas.

Es fundamental que estén bien hidratados. Si el bebé está con lactancia materna exclusiva no hay que introducir agua, basta con aumentar las tomas. Si son más mayores, lo mejor es el agua. Los zumos y refrescos nunca son recomendables, así que su consumo puede ser inexistente o muy ocasional. La horchata, que tan rica está y tan propia es de estas fechas, tiene mucho azúcar.

Además de hidratarse bebiendo agua, los alimentos también pueden ayudarnos. Es época de ensaladas (también de legumbres, su consumo no debería interrumpirse por el calor), gazpachos y sopas frías.

Y la fruta es nuestra gran aliada. Melón, sandía, nectarinas, melocotones… el verano trae de la mano mucha fruta muy rica, siempre mejor opción que los helados.

Para que se consuma más y mejor, aquí un sencillo truco del maestro Basulto.

Por supuesto, hay que evitar en lo posible estar a la intemperie a las horas de más calor. Eso vale también si estamos en la playa o en la piscina de vacaciones. De hecho con bebés y niños pequeños hay que extremar las precauciones en esas sesiones de arena (o azulejo o hierba) y agua. Siempre hay que procurarse un buen protector solar, que prodigar con antelación, generosidad y repetición, y una mejor sombra; eso de jugar a ser lagartijas tostándose no es recomendable ni para los pequeños ni para los mayores. Se siente.

De la imprescindible vigilancia de los niños junto al agua ya os hablé ayer.

El uso de ropa que proteja del sol (así será si no se transparenta la mano bajo el tejido), gorras y gafas de sol también vienen bien. Y las gafas infantiles, que sean de las buenas mejor que de las bonitas. Aquí da las razones Boticaria García:

Por último un truco de cosecha propia, aunque no exclusivo, es el uso de botellas de agua termal para refrescarlos. Es una bruma suave y refrescante que igual ayuda a conciliar el sueño por la noche que a aguantar el tipo de día. Una botella tiene muchos usos, a nosotros un par de ellas nos aguantan todo el verano.

Por cierto, voy en coche escuchando como las escuelas infantiles de los ayuntamientos madrileños sí que tienen climatización en las aulas, pero no es así en las guarderías de la Comunidad de Madrid, muchas de las cuales no tienen aire acondicionado pese a tener niños muchas horas dentro hasta el 31 de julio.

Por lo visto la única respuesta que reciben es una serie de recomendaciones como las que he traído hoy aquí.

Me consta que muchos colegios públicos en los que hay niños de campamento urbano están igual.

Aquellos que no facilitan esa climatización deberían pasar todo el verano en sus oficinas sin aire acondicionado y bebiendo mucha agua, a ver qué opinan. Cierto que las recomendaciones para afrontar el calor son útiles, pero la climatización también.

Supervisión constante y cercana es la manera de evitar otro año con casi cincuenta menores ahogados

Se sucede, con la llegada del verano y el calor, el goteo de esas noticias terribles que nos cuentan ahogamientos, muchos de ellos protagonizados por niños pequeños. Hasta el 14 de junio según Ahogamiento.com ya se habían producido siete muertes de menores, cinco de menos de seis años. A día de hoy ya son más. El año pasado fueron casi cincuenta.

(Ahogamientos.com)

 

Cada una de ellas duele e impulsa la necesidad de recordar que no hay que quitarles el ojo de encima a nuestros peques si hay agua cerca.

No podemos dejar a niños pequeños al cuidado de otros niños algo más mayores, por responsables que nos parezcan.

No podemos confiar en los sistemas de flotación, por estupendo que sea ese chaleco de natación de su talla exacta que acabamos de comprar o ese flotador con arneses.

No deberíamos creer tampoco que esas piscinitas infantiles, que apenas permiten uno o dos palmos de agua, no entrañan riesgos.

No podemos ponernos al pie de la piscina con el móvil y el libro y solo mirar cuando se nos ocurre. Eso no es vigilar. Un niño puede ahogarse en apenas quince segundos. Y suelen ahogarse en silencio.

Debería sobrar tener que decir que no podemos vigilar bien si estamos bajo los efectos de las drogas o el alcohol.

No podemos auxiliar bien a un niño si estamos demasiado lejos. El Comité de Seguridad y Prevención de Lesiones No Intencionadas en la Infancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP) entienden como “vigilancia adecuada” cuando “la distancia al menor es inferior a la longitud del brazo del cuidador, es decir, tenerlos al alcance”.

No podemos tener piscinas, albercas o ríos accesibles a los niños cuando están jugando por ahí y fiarnos de que no se aproximarán. Las cercas cerradas con llave (como es obligado en Francia desde 2003), las lonas que cubren a conciencia las piscinas, son nuestras aliadas.

No delegues toda esa responsabilidad en el socorrista. Es una ayuda pero no sustituye y responsabilidad como padre.

No podemos fiarnos de lo bien que sabe nadar ya nuestro hijo. Tampoco debemos eludir una charla en la que hacerle ver los riesgos que tiene el agua.

Somos los guardianes de nuestros hijos. Siempre con nosotros, siempre vigilantes, con el agua inaccesible cuando no podemos estar ojo avizor.

En torno al 30% de los ahogamientos de niños se producen sin supervisión de un adulto.

GTRES

Nuestros hijos verán pornografía

Nuestros hijos ven pornografía. Y si no la ven aún, acabarán expuestos a ella con toda seguridad.

Hasta ahí no hay nada que nos sorprenda. Lo tenemos incluso asumido, sabemos que la curiosidad es inevitable y que si nosotros atisbábamos revistas, cómics o películas más o menos encendidas, ellos lo tienen mucho más fácil con el ubicuo e inevitable Internet. Puede que incluso hayamos practicado la charla que les daremos cuando llegue el momento, que no deben creerse lo que vean, que el sexo no es así, que hay que tener cuidado.

Cuando llegue el momento. Esa es la clave. El problema es que el momento llega antes incluso de que sus cuerpos estén preparados para el sexo, cuando la adolescencia y sus revuelos aún quedan lejos.

El porno se materializa ante ellos incluso cuando no lo están buscando, cuando ni saben lo que es. Lo hace, según un estudio de la Universitat de las Illes Balears, cuando apenas tienen ocho años.

Los padres no ganamos para sustos. Ni para libros y cursos de expertos que nos enseñen a gestionar el acceso y uso de nuestros niños a la tecnología, que saben de nuestro miedo. El miedo vende y crecen como las setas, algunas deliciosas y otras difíciles de digerir.

¿Cómo hablar de porno con un niño de ocho años por si acaso se lo encuentra cuando le dejamos a solas con nuestro móvil o su tablet? Tal vez el problema sea ese, el dejarles a solas creyendo que se moveran por un redil controlado, cuando no hay un universo más abierto que Internet.

Tal vez habrá que adelantar la charla adaptándola a su edad y sin entrar en detalles, aunque eso nos parezca apuntalar el fin de la inocencia de la infancia.

Tal vez debamos ponernos las pilas y conocer en profundidad todas las herramientas tecnológicas que emplean.

Tal vez habrá que limitar los tiempos de uso y dejar de emplear a Internet como niñera de una vez por todas.

(GTRES)

Para poder conversar con nuestros hijos sobre estos temas, Pilar Conde, directora técnica en Clínicas Origen, asegura que “es necesario que ambos progenitores muestren una actitud abierta“, porque si no acabará buscando para resolver sus inquietudes a aquella persona en la que “noten que sus respuestas son más francas y menos evasivas”.

Conde insiste en que lo más importante “es que el sexo como tema de conversación se integre en el entorno familiar como algo natural y normalizado, de manera, que podamos ir resolviendo dudas a medida que crecen”.

Cuesta, ya lo sé, no es fácil, pero es imprescindible, porque como indica la experta, “si no hemos hablado de sexo con los hijos desde que ellos mismos comienzan a preguntar, va a ser muy difícil que en plena adolescencia se quieran sentar a abordar estos o cualquier asunto relativo al sexo con nosotros”.

Termino con los puntos esenciales que Pilar Conde recomienda que debemos explicar a nuestros hijos a medida que van creciendo:

  • Que significa el sexo en las relaciones, tanto en las románticas como las puramente sexuales.
  • Entender que en el sexo siempre tiene que haber consentimiento y respeto.
  • Deben saber que el porno no refleja las relaciones sexuales reales, por lo que no hay que ajustar las expectativas respecto a lo que va a suceder en las relaciones.
  • Conocer que cada persona somos diferentes en el sexo, por lo que es importante comunicarse desde el principio con nuestras parejas sexuales.
  • Hay que expresar lo que nos gustaría, y escucha lo que le gustaría a la otra persona. Y en función negociar hasta donde están dispuestas las dos partes.

Uno de los mayores miedos que los padres podemos tener

El posible maltrato a un menor con autismo en un centro escolar, destapado por dispositivos ocultos de grabación puestos ahí por sus padres, vuelve a las portadas de los medios.

Respondía una amiga en twitter y tiene toda la razón, que es uno de los grandes miedos que los padres podemos tener. Y ni siquiera creo que sea un miedo oculto, es un miedo manifestado, del que apenas hablamos en todo caso porque no procede, porque sirve de poco.

Precisamente el primer post de este blog, publicado en noviembre de 2007, se titulaba ser madre es vivir con miedo y en él contaba que uno de los peores descubrimientos de la maternidad era encontrarte viviendo con miedo a que le pase algo.

Aun no sabía que mi hijo tendría autismo y sería incapaz de hablar conmigo, de hacerme saber si algo le duele, si le han hecho sufrir, si han abusado de él.

Siempre tienes el temor latente de que tus hijos se vean envueltos en alguna situación lesiva, el acoso escolar o el abuso sexual son los lobos que más tememos, y que no te lo cuenten, que no te permitan ayudarles al aferrarse al silencio.

Si tus hijos tienen dificultades añadidas para comunicarse, por el autismo o por cualquier otro tipo de circunstancias o discapacidad, el riesgo aumenta y tu miedo también. Tampoco puedes explicarles lo que deben hacer en esos casos, que no crean a aquellos monstruos que aseguren que sus padres se enfadarán con ellos si lo cuentan, que es un secreto entre los dos como sí podemos hacer con otros niños, como yo he explicado a mi hija.

Mi hijo y los que son como él están más indefensos si se topan con uno de esos seres de alma oscura, gente sin escrúpulos que pueden desde reírse de ellos hasta someterlos a prácticas sexuales no consentidas sabedores de que no pueden hablar para denunciarles. Aquí ni siquiera vale lo de “tu palabra contra la mía”. Y los monstruos lo saben.

Si te paras a pensarlo, no da miedo sino terror. Dependes completamente de que la suerte no te ponga mala gente en tu camino.

Y de tu capacidad para vigilar a tu hijo, para observar lo que le pasa, lo que manifiesta sin palabras.

Mandar a un niño con micrófonos camuflados a un colegio puede ser discutible, pero pocas otras opciones tenemos si albergamos sospechas y nuestro hijo no puede ayudarnos ni a despejarlas ni a confirmarlas.

Es mejor vivir con certezas y poder tomas decisiones para combatirlas que vivir con miedos fundados y no confirmados.

(GTRES)

¿Tienes hijos o nietos y eres fumador? ¿Serías capaz de estar todo un día sin fumar?

Hoy es el Día Mundial sin Tabaco y así arranca la noticia que, con tal motivo, ha publicado mi compañera África Albalá Los médicos denuncian “relajación” en las normas del tabaco: el 20% de españoles cree que no es malo para la salud:

Casi un cuarto de la población española fuma y una de cada cinco personas considera que el tabaco no es perjudicial para la salud. Son los principales resultados arrojados por la encuesta anual de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) sobre tabaquismo, que muestran que el porcentaje de fumadores ha aumentado más de dos puntos en los últimos tres años, hasta situarse en el 23,3%, y deja de bajar como lo hacía antes.

En ese contenido se recuerda que el tabaco mata hasta a la mitad de sus consumidores, pero parece dar igual.

No se debería fumar. Si se fuma, debería intentar dejarse. Siento ser tan tajante pero es que es la única postura inteligente ante el tabaco. El problema es que es duro dejar una adicción.

En mi entorno solo he visto dos motivos, sin entrar en tratamientos concretos, por los que la gente ha dejado de fumar. Y lo han dejado de manera radical, incluso cuando antes los parches o los chicles habían fallado.

Uno es encontrarse con un grave problema de salud. Cuando le ves las orejas al lobo de verdad, cuando sientes su aliento amenazador ya encima, puede pasar que el miedo pueda con las sustancias adictivas que nos habían tenido dominados.

El otro ha sido tener hijos, incluso nietos. Llega un bebé y el tabaco no es bueno para él, así que haces acopio de fuerza de voluntad y abandonas los pitillos. Aquí es el amor el que puede más que la adicción.

(GTRES)

No siempre funciona. También he visto gente que tras un grave infarto ha seguido fumando; pacientes recién transplantados asomándose a hurtadillas en invierno por la ventana del hospital; madres empujando el carrito con el cigarro en la mano que no dejaron el tabaco y se engañaron a sí mismas diciendo que el estrés en el embarazo hubiera sido peor que unos pocos cigarrillos; padres que abren la ventanilla del coche, soplan el humo en esa dirección y “con eso ya vale” (o eso creen ellos) para no dañar a los niños que llevan al cole.

A esos últimos me dirijo hoy. En realidad a todos aquellos que fuman, pero especialmente a los que cuidan de niños. ¿Seríais capaces de estar todo un día sin fumar? Intentadlo por favor, porque no solo importa el humo que les hagáis llegar, también el hecho de que tenéis más papeletas para pasar menos años a su lado.

Esto no va de libertades individuales, va de sentido común, de solidaridad, de amor por los tuyos y por ti mismo, de huir de los autoengaños.

A mi hija de diez años, sobre el amor, la confianza y la cámara del móvil

Aun es pronto para dirigirte esta carta, no tienes más que diez años casi recién cumplidos y muy inocentes, pero no queda mucho tiempo hasta que sea necesario que la leas, que charlemos en confianza.

Llegará sin tardar mucho tu primer amor, los primeros besos y las primeras caricias, lo sé bien. Y cuando quieres a alguien, es normal que confíes en esa persona. En eso consiste en gran medida el amor, en confiar en el otro, en entregarte a él o a ella.

Confiar al amar es lo suyo, pero vas a tener que anteponer el quererte a ti misma, el salvaguardarte.

No te puedes permitir ir por la vida envuelta en un amor ciego que te haga perderte a ti misma, entregarte hasta el punto de ponerte en riesgo.

Lo siento, la vida no es como en las películas y las novelas románticas. La vida es frágil. Tenemos que protegerla.

Las personas somos complejas, cambiamos, traicionamos, dejamos de querer, escondemos aquellas partes que menos nos gustan de nosotros y que tienden a aflorar cuando vienen mal dadas.

Confía cuando ames y exige confianza en lo que respecta a los celos.
Ser celoso no es amar, ser celoso es querer poseer, es mostrar tus inseguridades. No celes ni consientan que te celen. Jamás.

Pero en todo lo demás tienes que ser lista y pensar en ti. Solo podrás amar bien, si estás bien.

(GTRES)

Si tienes una vocación, un objetivo que te llena, la persona que amas debe ayudarte a alcanzarlos, no apartarte de tu camino.

Si tienes amigos con la que te gusta reír y compartir tu tiempo, la persona que amas jamás debe interponerse, obstaculizar esas otras relaciones. La vida es más rica si está llena de buena gente que te aporta.

Si no deseas hacer algo, me da igual lo que sea, si te da miedo, va en contra de tu naturaleza o simplemente no te apetece, la persona que amas no debe obligarte, debe respetar tu no. Negarte al otro no implica no quererle.

Y aplícate el cuento. Tú también tienes las mismas responsabilidades hacia la persona que amas que ella contigo.

Ahora voy a ser algo más concreta. Si esa persona que amas te pide fotos o vídeos de carácter sexual, niégate. En un mundo ideal, sin traiciones ni despechos, tal vez no pasaría nada por divertirse de esa manera, pero el riesgo que entraña para ti hace que no merezca la pena. No es que sea algo malo, es que no compensa caminar en la cuerda floja.

De la mano del amor viene el sexo. Cuando yo era niña prácticamente el único mensaje que nos llegaba era que había que tener cuidado de no quedarse embarazada, que si eso pasaba antes de tiempo te podía arruinar la vida. Y sigue en vigor. Es preciso utilizar métodos anticonceptivos fiables que, además del embarazo, te protejan de las distintas enfermedades existentes de transmisión sexual. Aquí te espera otra buena charla, también en breve. Cuando yo era adolescente, era habitual esconder en la cartera alguna foto de carné de la persona con la que salías. Atesorabas todas las imágenes en las que se veía a aquel que te gustaba, si es que tenías suerte y contabas con alguna.

Pero los nuevos tiempos traen nuevos riesgos.

Y no olvides que siempre, pase lo que pase, podrás contar conmigo.

A las educadoras infantiles “les sobran los motivos para estar en la calle”

Tengo una buena amiga que es educadora infantil, que ama a los niños tiernamente, que tiene una sensibilidad extraordinaria y que está continuamente formándose para ofrecer lo mejor de ella a los pequeños a los que cuida.

Su empleo lo tienen 80.000 personas en todo el país. La mayoría, un 95%, mujeres. Cuidan lo que más queremos, nuestros bebés, nuestros hijos hasta que tienen tres años y pueden pasar a la etapa Infantil de los colegios. Y no tienen unas buenas condiciones laborales. El 90% de ellas no alcanzan a cobrar el 60% del salario medio nacional.

No sé vosotros, pero yo no quiero que mi carrera profesional se construya sobre la precariedad de otras mujeres.

Este miércoles está prevista la firma del XII Convenio Colectivo de Centros de Asistencia y Educación Infantil, un convenio que respaldan tres sindicatos (FSIE, USO y UGT), pero no CC OO, que ha convocado este martes una huelga que el resto de sindicatos no respaldan. UGT la ha calificado de “desafortunada” recordando que el nuevo convenio logrará un 5,5% de incremento salarial este año para las educadoras de escuelas privadas y FSIE ha considerado que de no firmarse el Convenio se “estaría condenando a la mayoría de las trabajadoras y trabajadores del sector a cobrar sólo el SMI”.

A río revuelto…

Imagen de archivo de una guardería infantil. (GTRES)

Mi amiga me dice que “es una huelga un poco rara” y que por lo que ella sabe se está siguiendo sobre todo en las escuelas de gestión indirecta. Las públicas se rigen por un convenio diferente y su el salario base es el doble.

Pero más allá de esta huelga en concreto, me cuenta que “sobran los motivos para estar en la calle”, tanto en las escuelas privadas como en las públicas.

Habla del escaso salario base, que no llega a los 900 euros, de cómo la formación corre a costa de las trabajadoras y cada vez hay más exigencias, como el curso de alérgenos o de inglés, que le consta que hay escuelas privadas que incluso no informan a sus empleadas de los diez días moscosos a los que tienen derecho, también del número de niños excesivo que a veces tienen que atender.

En clases mixtas, con niños de todas las edades, puedes llegar a tener a tu cuidado prácticamente exclusivo quince pequeños. En las aulas puras, propias de las escuelas más grandes, hay 8 bebes por aula, 14 bebés de entre uno y dos años y 20 de 2 y 3.

Bajar las ratios funciona en todas las etapas; mejora la calidad de los cuidados y de la enseñanza. Y la única razón para no querer aplicar números más reducidos es económica, es falta de voluntad por mejorar con una de las pocas medidas que se saben fáciles y eficaces.

(@LibertadKaiser)


Maite Herráez es educadora infantil en Madrid y forma parte de los servicios mínimos de esta jornada, comparto con vosotros su experiencia personal que refleja las peticiones por las que se ha llevado a cabo esta huelga:

Yo comencé trabajando en educación hace 19 años, mi primer trabajo fue de maestra en un colegio en el que descubrí mi verdadera vocación, aunque infantil siempre se le trate con menos valor que el resto de las etapas; todavía 3-6 tiene mejores condiciones.

Me di cuenta que la etapa donde realmente se hacen todas las conexiones neuronales y de mayor desarrollo es 0-3, y me fui a trabajar a una escuela, donde pude comprobar que, aunque es un trabajo de mayor responsabilidad por las edades tan tempranas que tienes nuestros niños, existen grandes diferencias en las profesionales dedicadas a este ciclo.

Durante estos últimos 11 años, he visto como hemos ido perdiendo cada vez más derechos, hasta el punto de sólo considerarnos carácter asistencial, tener ratios muy elevadas y no poder dedicar todo la atención a su desarrollo y exigirnos mas formación a nivel de idiomas, sin ser recompensadas por ello.

Veo como mis compañeras se llevan trabajo a casa para que todo pueda salir bien al día siguiente, qué nuevas cosas podemos innovar para trabajar nuevas metodologías y preocupaciones de nuestros niños y cómo ayudarles.

Al ser 0-3 considerado “carácter maternal” o sea un puesto realizado mayoritariamente por mujeres, nuestros sueldos son irrisorios.

Pedimos que se nos valoren a todos los niveles teniendo en cuenta la responsabilidad de tener criaturas indefensas en nuestras manos que serán el futuro de nuestra sociedad.

Termino con algunos tuits sobre lo que está pasando hoy.