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Lo que dice la última guía del Ministerio sobre la próxima vuelta al colegio en Educación Especial

Esta vez sí, la guía de 26 páginas del Ministerio de Educación y FP con las medidas para mantener a raya la COVID-19 el próximo curso, una contempla a los alumnos de Educación Especial. En las páginas 17 y 18, y equiparándolos con Educación Infantil de 0 a 3 años, explica el reto al que se enfrentarán centros, profesionales, familias y alumnos en septiembre.

Una guía que, por cierto, desdice algunos puntos de prevención adelantados por el ministerio hace quince días. Teniendo en cuenta lo que queda hasta septiembre, ya veremos lo que nos espera en la vuelta al cole más atípica y llena de incertidumbres que se recuerda.

Pero lo que tenemos a día de hoy es esta guía, ¿qué es lo que dice respecto a la Educación Especial? Os dejo al final el texto íntegro, pero os resumo que están exentos de mascarilla, como era de esperar; que en las interacciones con los educadores ellos también podrán llevarla y que hay que ventilar y  limpiar mucho a todo y a todos.

No han descubierto la pólvora precisamente. La pelota queda en el tejado de cada centro, que tendrá que sacar el máximo partido a sus instalaciones (un aseo por cada uno o dos grupos, cuando son grupos de cuatro a seis niños, es imposible en la mayoría) y en los profesionales que trabajan con estos niños y jóvenes. Profesionales cuya carga de trabajo, voluntad, implicación y flexibilidad suelen ser sobresalientes y que espero que hagan acopio de energía este verano para afrontar la incertidumbre y los retos que nos esperan a todos.

También a las familias y a los alumnos, que suelen estar apegados a unas rutinas que en muchos casos serán difíciles de mantener y verán alteradas, que afrontarán un retorno al colegio tras muchos meses en casa, con sus terapias y actividades extraescolares también interrumpidas. Una vuelta al colegio que puede ser especialmente complicada de gestionar, sobre todo teniendo en cuenta la limitada capacidad de comprensión de una mayoría.

Mi hijo con autismo, sin ir más lejos, siempre comienza en septiembre alterado, con más conductas disruptivas nacidas de la poca motivación por volver al trabajo. Este año no me extrañaría que este comportamiento arreciase.

El inicio del próximo curso puede que sea muy higiénico, pero además va a ser muy movidito en muchos sentidos.

(JORGE PARÍS)

Limitación de contactos

– Se organizará la entrada y salida de manera que un miembro del personal acompañará a cada alumno/a su aula de referencia, si no es autónomo para ir solo.
– Se asignará un aseo por cada 1-2 grupos, si es posible. Si no, se intensificará la limpieza y desinfección.
– Cuando se vayan a producir desplazamientos por el centro educativo, se contará con un horario y organización que posibiliten que los grupos no coincidan a la vez en los desplazamientos.

Medidas de prevención personal
– Se recomienda intensificar la higiene de manos (con agua y jabón) asegurando los siguientes momentos: al llegar al centro educativo, tras estornudar o sonarse, al cambiar de espacio o de actividad, antes y después de comer, después de ir al baño y siempre que haya suciedad visible.
– Se recomienda evitar la utilización de gel hidroalcohólico en niños/as que se meten las manos frecuentemente en la boca. Tener precaución de no dejarlo accesible sin supervisión.
– Es importante consolar a los niños y niñas y puede ser frecuente la necesidad de tenerlos en brazos o tener una interacción cercana con ellos para su adecuada atención. Cuando se les coge en brazos o es necesaria una interacción estrecha la persona cuidadora podrá llevar mascarilla higiénica.
– No se recomienda el uso de mascarilla en el centro educativo ni para menores de tres años (contraindicado en menores de 2 años por riesgo de asfixia) ni en personas con discapacidad o con situación de dependencia que les impida ser autónomas para quitarse la mascarilla o personas que presenten alteraciones de conducta que hagan inviable su uso adecuado.
– En el caso de los trabajadores, se recomienda llevar el pelo recogido y evitar el uso de anillos, pulseras y colgantes.
– En la medida de lo posible utilizar ropa de trabajo que se lave a diario a alta temperatura.
– El Servicio de Prevención de Riesgos Laborales evaluará el riesgo de exposición de determinadas actividades más allá de las presentes en este documento.

Limpieza y ventilación del centro
– Se utilizarán objetos y juguetes que se puedan limpiar o desinfectar de manera sencilla.
– Si se utilizan peluches o juguetes de tela, se deben poder lavar a alta temperatura.
– Dado que la ventilación es una de las medidas más eficaces para minimizar la transmisión, y que se recomienda ventilar frecuentemente, se tendrá una especial precaución en estos grupos de alumnos para evitar accidentes.

Atención temprana, mucho que reivindicar

El día de hoy está dedicado a la atención temprana, esa herramienta imprescindible para el correcto desarrollo de muchos niños, para que alcancen su máximo potencial.

Una herramienta roma, herrumbrosa en algunos puntos y con un mango gastado, más semejante a un barato cuchillo de cocina mermado por los años y el uso que a un reluciente y eficaz escalpelo. Una situación imperdonable, nuestros niños merecen lo mejor, o al menos lo bueno, pero eso no es lo que se están encontrando con frecuencia.

A finales de enero os contaba aquí mismo la recogida de firmas de Ana, madre de la pequeña Vega, exigiendo una atención temprana de calidad, gratuita y sin esperas. No es la primera vez, ni la segunda, ni será la última que la reivindicación de una atención temprana accesible asome a este blog.

Una herramienta a la que espero que saque filo el reciente proyecto de Ley de Protección Integral a la Infancia y a la Adolescencia frente a la Violencia impulsado por el Gobierno. Es un texto que recoge la universalidad y el carácter integral de la atención temprana desde el nacimiento hasta los seis años de edad con una perspectiva sociosanitaria.

La música suena bien, habrá que vigilar cómo es el baile; cómo toma tierra y lo recursos que efectivamente se le dedican.

Una reivindicación que dejo hoy bajo los términos de la Plataforma por la Atención Temprana.

Hoy, martes 16 de junio de 2020, se celebra el Día de la Atención Temprana 2020. La atención temprana es fundamental para la salud de cientos de miles de niños: cuando existe una situación de riesgo o se produce de hecho una alteración en el desarrollo, intervenir precozmente durante la primera infancia es necesario para poder optimizar las posibilidades de desarrollo de ese menor. La atención temprana es la primera inversión que los poderes públicos han de realizar en fomento de la autonomía y equidad.

Sin embargo, miles de niñas, niños y sus familias en este país siguen sin tener acceso al conjunto de intervenciones sanitarias, educativas y sociales que componen esta atención, especialmente a las intervenciones terapéuticas que se prestan por los profesionales de los centros de desarrollo infantil: fisioterapia, logopedia, psicoterapia y otras. Miles de menores que, después de soportar diferentes trámites burocráticos, engrosan listas de espera interminables para poder acceder a los recursos de las redes públicas. La situación entre comunidades autónomas es de total inequidad, abundando la situación de déficit de recursos, falta de transparencia y escasa sensibilidad de las administraciones autonómicas a este problema. Ni siquiera existe un dato oficial agregado estatal que permita cuantificar los recursos existentes, pero seguro que está muy lejos a las necesidades existentes, que se estiman deberían cubrir al 10% de la población menor de seis años, unos 250.000 niños y niñas en toda España.

La Plataforma por la Atención Temprana quiere aprovechar este día para exigir una vez más una legislación específica estatal que consagre y desarrolle el contenido mínimo de este derecho, y que armonice las distintas regulaciones autonómicas, garantizando una atención al desarrollo pública, universal, gratuita y de calidad, que comience de forma precoz y que comprenda toda la infancia de los menores con alteraciones del desarrollo.  En este sentido, además de a los distintos responsables autonómicos, hacemos una llamada pública al Gobierno  para que avance con celeridad en los compromisos adquiridos con nuestra organización en las reuniones mantenidas con los titulares de los Ministerios de Sanidad y la Vicepresidencia Segunda del Gobierno y refrendados en el pacto de Gobierno: [punto 2.2.10] “desarrollar un sistema de atención temprana que implique el reconocimiento y garantía de un derecho subjetivo a la atención temprana integral, universal, gratuita y pública y sin discriminaciones en virtud del lugar de residencia”.

Por qué voy a proponer a mi hija de 11 años que veamos juntas ‘Lo que el viento se llevó’

Voy a ser una madre rebelde, o reaccionaria no lo tengo del todo claro, y voy a proponer a mi hija de once años que veamos juntas Lo que el viento se llevó. Nos va a llevar un tiempito, que yo creo que hay series en Netflix más cortas. Lo mismo tenemos que dedicarle tres días, aunque yo me recuerdo a mí misma a su edad luchando contra el sueño para ver aquel culebrón sureño en el que no paraban de pasar cosas. Algo que repetí varias veces además en años siguientes.

Era una película que me encantaba, aunque
no me acabase de caer bien la hermosa (y vanidosa) Escarlata O’Hara, por mucho que admirase su capacidad para salir a delante; que no entienda a Melania, en exceso bondadosa y aparentemente simple; que no empatice demasiado ni con el estirado Ashley o el canalla de Rhett. Es posible que le pase como a mí, también lo es que no le guste en absoluto. A saber, pero habrá que darle la oportunidad de decidir qué le parece.


Viéndola juntas puedo explicarle que Mammy, la esclava negra de Escarlata, es un estereotipo andante y que existió algo execrable llamado esclavismo, que millones de personas de raza negra fueron arrancadas de sus hogares y tratadas peor que al ganado por una errónea concepción supremacista del hombre blanco. De hecho puedo explicarle que el esclavismo sigue existiendo, aunque de formas distintas. Puede servirnos de excusa para hablar de la Guerra de Secesión que dividió Estados Unidos en norte y sur, una división que aún puede percibirse, y del limitado papel de la mujer en el pasado.

‘Lo que el viento se llevó’ puede aportarnos mucho más que su mero disfrute. También en su edición impresa.


Igual que tantos otros títulos inolvidables.

Creo que es nuestra responsabilidad como padres darles a conocer esas películas. Cuando veamos que procede, sin forzar, sin pretender que todo guste; pero al menos debemos ofrecer aquello que sabemos que merece la pena, que emociona, hace reflexionar y disfrutar, y que forma parte ya de la cultura universal.

Que accedan a esa cultura gracias a nosotros, también es educar.

Sería una enorme lástima que clásicos de la talla de Lo que el viento se llevó, Cantando bajo la lluvia, Centauros del desierto, La ventana indiscreta o La gata sobre el tejado de zinc (que cada cual ponga en esa enumeración sus favoritos) quedaran en el olvido de las nuevas generaciones.

Sobre todo si ese olvido viene de la mano de guardianes de la moral que no entienden que esas películas son hijas de su tiempo.

Lo que el viento se llevó se estrenó hace ocho décadas, cuando en España estábamos enfangados en una Guerra Civil. Es historia del cine y una obra de arte. No podemos juzgarla con nuestros ojos de hoy día, igual que no podemos hacerlo con Casablanca, Historias de Filadelfia, Rebeca o La diligencia. Bastante bien han envejecido todas ellas, teniendo en cuenta el tiempo que ha pasado desde su creación.

Esos clásicos pueden ser unos estupendos instrumentos educativos. Mejor que crear un castillo a salvo de todo riesgo, una burbuja que es imposible que sea perfecta por mucho que lo intentemos, es enseñar a nuestros niños a tener criterio.

El Gobierno parece haber olvidado a la Educación Especial en su plan de medidas de prevención e higiene para los centros educativos

Este jueves el ministerios de Sanidad y Educación y FP expondrán a las comunidades autónomas en la Conferencia Sectorial de Educación un documento con las medidas de prevención e higiene para los centros educativos para tener “una estrategia consensuada” con la que “ofrecer un entorno seguro y saludable al alumnado y personal”.

Perfecto, estoy deseando ver qué sale de esa reunión y, sobre todo, todas las medidas expuestas en ese documento. Ya os contaba ayer que todos los padres y el personal docente vivimos con la incertidumbre de qué se encontrarán nuestros hijos en septiembre, cuando la vuelta al cole tenga que ser una realidad. Pero ya adelanto que me ha preocupado no encontrar mención a la Educación Especial en la una nota de prensa que acaban de enviar y en la que resumen algunas de las medidas a adoptar.

Habla de la gestión de los posibles casos, de cómo debe ser la limpieza y ventilación (“durante al menos cinco minutos al inicio de la jornada, al finalizar y entre clases” y “manteniendo las ventanas abiertas el mayor tiempo posible”) y especifica además que:

En la educación infantil,hasta el 4.º curso de Educación Primaria incluido, se ha definido que se podrán establecer grupos estables de alumnado, idealmente con 15 alumnos/as (máximo 20), que pueden socializar sin mantener la distancia interpersonal de forma estricta, ya que es un grupo de convivencia estable. Esto posibilitará además el rastreo de contactos rápido y sencillo en el supuesto de que se diera algún caso.

Por su parte, en 5.º y 6.º de Educación Primaria, Educación Secundaria y Bachillerato los espacios se reorganizarán de forma que se cuente con una separación de al menos 1,5 metros entre las mesas. Se priorizará asimismo, en la medida de lo posible, la utilización de los espacios al aire libre para la realización de las actividades educativas y de ocio, en lugar de los cerrados.

Apartado importante tienen las medidas de prevención personal, como son la higiene de manos frecuente y meticulosa, evitar tocarse la nariz, ojos y boca o usar pañuelos desechables. Respecto a la mascarilla en educación infantil no es obligatoria y en Primaria, de 1.º a 4.º, tampoco será necesario su uso si se está con el grupo estable de convivencia. Si se sale del mismo se deberá llevar puesta cuando no se pueda mantener la distancia de 1,5 metros. Para los alumnos que cursen a partir de 5.º de Primaria el uso de mascarilla será obligatorio cuando no se pueda mantener una distancia interpersonal de 1,5 metros pero no cuando se esté sentado en el pupitre.

Vale… ¿Y qué pasa con la Educación Especial? Entiendo que no tendrán que usar mascarilla, igual que los niños de educación infantil, dado que ya están exentos de usarla en otras circunstancias. Tal vez sea deducible la distancia social, como hasta 4ª de Primaria, no tendrá que mantenerse si se trata de “un grupo de convivencia estable”. Claro que eso puede implicar un reto fuera de las aulas, en patios, comedores u otro tipo de actividades, que parece que tendrán que organizarse escalonadamente para evitar que coincidan, porque si coinciden no entenderán que deben mantenerse a un metro y medio de los demás. ¿Y qué pasa con la distancia respecto a los profesionales del centro?

Hay muchas preguntas sin respuesta, no solo esas que expongo. No solo en Especial, también en cualquier ciclo. Pero es que la Educación Especial, insisto, ni siquiera se menciona. Y no me parece una ausencia casual. En mayo dábamos la noticia de que los directores de centros de Educación Especial públicos, concertados y privados estaban se oponían a reabrir por la imposibilidad de cumplir las medidas de seguridad; argumentaban que los alumnos son población de riesgo y que es imposible evitar el contacto directo.

“No nos consideramos capaces de garantizar que se cumplan las medidas de seguridad que continúan en vigor en dicha fase, como son el uso de protección individual, el lavado de manos, el uso del codo o de pañuelos de papel para estornudar o toser, etc. por parte de nuestro alumnado”. En cuanto al distanciamiento social “es imposible llevarlo a cabo, los alumnos no lo entienden y no pueden cumplirlo”. Y tampoco por parte de los profesionales, ya que “en muchas ocasiones hay que acercarse a ellos, tocarles, limpiarles, llevarles de la mano, etc”. “Muchas de las patologías que presentan nuestros alumnos, cursan con dificultades y/o compromiso respiratorio, lo cual aumenta exponencialmente el riesgo y pronóstico en caso de ser infectados”. “No sabemos qué soluciones se pueden encontrar para estos problemas, pero desde luego, que el alumnado venga a los centros contraviene totalmente las medidas de seguridad necesarias, tanto laborales como de salud”

Muy semejante a lo que sucede con los niños más pequeños, que van a escuelas infantiles (guarderías, otro tema candente y pendiente), pero a una edad de escolarización obligatoria.

Hablamos de 37.000 alumnos para los que también hay que pensar en cómo obrar teniendo muy presentes sus características.

Espero sinceramente que mañana no sean obviados.

(JORGE PARÍS)

La vuelta al cole, asignatura suspensa hasta septiembre

Vuelven los coles. Cómo y de qué manera es algo que depende de la fase y del ciclo, que no es lo mismo Primaria que Bachillerato, depende incluso de las circunstancias específicas de nuestros hijos Y de si viven en una ciudad por varios millones o en una aldea, pero la cosa es que vuelven.

Vuelven a abrir sus puertas los coles, con más o menos abundancia de mascarillas y geles hidroalcohólicos y justo antes de que el calendario escolar obligue a cerrarlas de nuevo hasta septiembre.

La duda es si volverán los niños a los coles en esta apertura preveraniega y precipitada, aparentemente nacida más por la necesidad de tener dónde guardar a los niños mientras se retorna al trabajo tras el ERTE o el trabajo en casa que por sus necesidades educativas.

Lo cierto es que están volviendo pocos, muy pocos. Da igual la comunidad autónoma, la afluencia es mínima.

Y es lógico.

Por un lado está el miedo. El miedo a que las medidas de seguridad no sean suficientes, a que no haya bastante vigilancia para que se cumplan, a que el virus dichoso entre en casa, alcance incluso a los abuelos ahora que habíamos podido verles de cerca de nuevo, aunque sea sin besos y abrazos.

Miedo, y pena también, a que vuelvan a un entorno en el que no pueden jugar libremente con sus amigos que es lo que más querrían y necesitarían. Miedo especialmente si los niños son muy pequeños o están en los frecuentemente olvidados colegios de educación especial, es decir si parece difícil que comprendan las instrucciones a seguir para mantener la distancia y la higiene debida,

Por otro lado están las fechas. ¿Llevar a los niños al colegio para dos semanas? Pues va a ser que no. Si ya hemos pasado lo peor, si ya hemos aguantado con ellos en casa tres meses, si lo que necesitaría ahora, en todo caso, serían campamentos de verano. Y vuelta al miedo al pensar en esos campamentos, de actividades deportivas, de piscina, de patios de colegio reconvertidos en lugares de ocio.

Hay adultos que, perdido el trabajo, prefieren cuidarles en casa. Hay adultos, madres sobre todo, renunciando a trabajar para atenderlos.

(JORGE PARÍS)

Salvo que la necesidad obligue, la verdadera vuelta al colegio será en septiembre, una vuelta al cole en la que los medios tendremos mucho más que contar que los típicos reportajes del peso de las mochilas, el precio de los libros de texto o los centros que aún están en obras. Una vuelta al colegio llena de incertidumbres. Una vuelta al cole que va a ser un reto en demasiados sentidos.

Las familias no sabemos cómo será, qué se encontrarán nuestros hijos pase el estío y el nuevo curso llame a la puerta. No sabemos nada. Ni cómo serán los periodos de adaptación para los niños que empiezan en Infantil, ni si volverá a haber reuniones presenciales para informar a los padres en grupo, funciones escolares o excursiones, ni cómo se distribuirán los espacios y las manos o se impartirán las materias.

No lo sabemos las familias, pero es que tampoco lo tiene claro el personal docente.  Lo peor, que tampoco tenemos la certeza de que lo sepan los responsables de gestionar cómo salir con bien de este embrollo del que somos todos primerizos.

Esta crisis sanitaria está siendo todo un máster en gestión de la incertidumbre, en aprender a vivir sin mirar demasiado al futuro, sorteando los obstáculos que nos salen al paso como mejor podemos.

Sin olvidar, aunque sea una asignatura suspensa hasta septiembre, que la educación (que no el guardar niños por muy necesario que resulte) es un derecho fundamental de la infancia.

¿Debería haber un Día del Niño en España? Piden al Gobierno que sea el 26 de abril, el día que salieron de nuevo a las calles

Este año hemos vivido un día del padre confinado y un día de la madre mirando las fases de la desescalada. Pero da igual lo peculiares que hayan sido, mi hija ha vuelto a preguntarme tras celebrarlos bajo techo que porqué no hay un día del niño en España. En este 2020 añadiendo a sus argumentos para defender su existencia que en otros países como Japón sí que existen, incluso diferenciados por sexos.

Me consta que es una pregunta que hacen muchos niños, otros padres más o menos recientes me lo han chivado. Las respuestas suelen coincidir: que si los días del niño son todos, que si es el día de Reyes o de Navidad…

Todos estarían encantados con la propuesta que acaba de poner sobre la mesa la Fundación Crecer Jugando, vinculada a la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes (AEFJ), una petición que van a elevar al Gobierno: quieren que el día 26 de abril, el día que los niños pudieron salieron de nuevo a la calle tras 42 días encerrados, sea instaurado como el Día del Niño.

Aseguran que es una manera de “reconocer el comportamiento ejemplar de los más pequeños durante este periodo de confinamiento”, también “subrayar la importancia del bienestar de todos los pequeños y reivindicar el juego y el juguete”, que “es una herramienta imprescindible para su desarrollo, ayuda a conformar su personalidad, estimula el aprendizaje, la creatividad y ayuda a socializar y reconocer los entornos más próximos del niño”.

A nadie se le escapa que también quieren vender juguetes. En un sector tan exageradamente marcado por la estacionalidad, instaurar otro día en el que regalar a los niños sería un gran logro para el sector.

En el manifiesto que han elaborado utilizan el mismo argumento que mi hija, recuerdan que “la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó un Día de los Derechos de los Niños en noviembre e instó a que todos los países instauraran su propio Día del Niño, sugiriendo a los gobiernos que celebraran este día en la fecha que cada uno de ellos estimara conveniente. Países como Alemania, Portugal, Polonia, Brasil, Argentina, México o Australia, entre otros, ya lo tienen contemplado”.

También que “el 28 de mayo es una fecha reconocida en muchos países por celebrarse el Día Internacional del Juego” y que el juego es un Derecho Fundamental de la infancia reconocido por la ONU”, manifestando que:

▪ Los juguetes son las herramientas con las que los niños y las niñas adquieren conocimientos y comportamientos que formarán parte de su desarrollo como personas.
▪ El juego estimula la curiosidad, motor de cualquier aprendizaje y el afán de conquista y de superación personal.
▪ Ayuda a expresar opiniones, sentimientos y desarrolla funciones físicas, psíquicas, afectivas y sociales.
▪ Además, el juego favorece la interiorización de normas y pautas de comportamiento social.

Nadie en sus cabales va a negar la importancia del juego. En nuestro país creo que está tan ampliamente aceptado que la los niños tienen que jugar, que es una necesidad para ellos, que no sé si es preciso subrayarlo instaurando un día que tal vez va a acabar desembocando en más gastos para las familias. Que sea un día que reivindique los derechos de la infancia, todos ellos, que ponga el foco también en problemáticas existentes más allá de nuestras fronteras, tal vez tendría más sentido. Pero ya hay días internacionales vinculados a la infancia de todos los colores.

No sé qué pensáis vosotros, no sé si creéis que la petición de la AEFJ tiene sentido.

¿Qué hacemos aquellos con hijos con discapacidad mayores de catorce años y también niños pequeños?

Segundo día de paseo y de felicidad para Jaime, que este agosto cumplirá catorce años.

Por cierto, estos son los horarios que tendremos según seamos o hagamos:
– Paseos y deporte para personas sanas: de 6.00 a 10.00 y de 20.00 a 23.00.
– Salidas de personas dependientes (acompañadas por un cuidador) y de aquellos mayores de 70 años: de 10.00 a 12.00 y de 19.00 a 20.00.
– Salidas con niños (con las condiciones que existían): De 12.00 a 19.00.

Imagino que prefieren que coincidan ancianos y personas dependientes para evitar encuentros entre nietos y abuelos, poco aconsejables aún y en los que sería difícil de controlarlas distancias. Y que piensan también en las personas dependientes con una salud delicada y más riesgos si contraen Covid-19. Pero hay muchas personas dependientes sanos como robles, como mi hijo. Y muchas familias tienen que compaginar su cuidado con el de niños más pequeños.

Menos mal que Jaime tiene trece años y casi nueve meses, y pese a ser una persona dependiente que necesita pasear con un cuidador aún encaja también, por los pelos, en la categoría de niño. Si pasara de los catorce no podría compartir el paseo con su hermana. Tendría que salir con ellos dos veces. Y estar dos horas en la calle.

Si tienes una persona dependiente a tu cuidado de más de catorce años y también más niños, no puede ser que tengas que hacer varios paseos. Pero es que, además, las personas con autismo tienen una rigidez de horarios que va a hacer difícil gestionar estos cambios en las nuevas rutinas creadas desde hace mes y medio.

El sentido común debería imponerse y permitir excepciones en casos así.

Tiene autismo, no habla, pero su sonrisa expresa la felicidad de pisar al calle tras 49 días encerrado

49 días. Todo ese tiempo ha estado Jaime, de trece años y con autismo severo, sin pisar la calle. “Pero si podría haberlo salido hace mucho”, me diréis. Cierto, el ministerio de Sanidad permitió que las personas en circunstancias como la de mi hijo pudieran dar paseos terapéuticos en plena crisis, cuando el virus golpeaba con más virulencia. Unos paseos que fueron un salvavidas para muchas familias, pese a acabar en ocasiones en portada de los periódicos por los improperios recibidos por aquellos que desconocían la exención o no la identificaban al verlos.

No salimos, no por miedo a esas posibles miradas o palabras de reproche. Hace ya mucho tiempo que logré que todo eso no me afectara. No salimos en primer lugar porque Jaime ha estado tranquilo. A lo largo de estas semanas ha tenido media docena de episodios en los que se ha puesto muy nervioso, pero han sido estallidos muy intensos y de muy corta duración, que ya tenía previamente al confinamiento y que no suelen durar más de cinco minutos. La mayor parte del tiempo ha estado feliz, entretenido con su ipad, escuchando música, saliendo a la terraza (cerrada con una reja porque la seguridad es lo primero), dándose largos baños diarios, trabajando con su ipad, durmiendo mucho y comiendo bien.

Tampoco hemos salido antes por prudencia. Entendimos que esas salidas terapéuticas debían darse solamente si eran imprescindibles para minimizar riesgos. Si Jaime, que es dependiente de nosotros como un niño de dos o tres años, enfermase, sería imposible aislarle y todos en casa tendríamos muchas papeletas para contagiarnos. En caso de enfermar y agravarse su estado, el ingreso podría haber sido una pesadilla porque no podría haber estado solo. Y de ingresar nosotros, la situación en casa sería muy complicada. Si estamos pudiendo gestionar razonablemente bien la situación, combinando teletrabajo, niños y casa, es porque somos dos y hacemos un buen equipo.

Además, no sabíamos si salir iba a ser contraproducente de otras formas. Jaime ha pasado por dos episodios, uno este invierno y otro más intenso el otoño anterior, en los que sólo quería estar en la calle paseando. Pese a haber estado ya horas en la calle, le teníamos triste, llorando ante la puerta, insistiendo en ponerse sus zapatos y su abrigo para salir de nuevo. No sabemos el motivo que lo desencadenó entonces, pero no deseábamos por nada que aquello se repitiese.

Desde que el domingo permitieran salir a los niños, y con un horizonte visible de desescalada, pensamos que había llegado el momento de salir. Con él y con su hermana, que no exige, pero que también tenía ganas de abandonar el piso en el que ha estado encerrada tanto tiempo como su hermano. No fue el primer día, quisimos esperar a ver. Pero ayer ya cruzamos el umbral. Sin mascarilla, porque no tolera ponérsela (por personas como mi hijo no puede ser obligatoria); con mucho cuidado de que no tocase nada, porque tampoco entiende nuestras instrucciones en ese sentido; huyendo de los lugares y las horas con más afluencia de personas.

Y el premio que obtuvimos fue su sonrisa. Mi hijo no habla, pero ayer no le hizo falta para transmitirnos la felicidad que sentía, las ganas que tenía de volver a sentir el sol y el aire a pie de calle.

No sabemos cómo evolucionará a lo largo de este desconfinamiento. No podemos explicarle, no es capaz de entender, porqué estamos encerrados todos juntos; el motivo por el que sus rutinas han cambiado tanto. Solo puede confiar ciegamente en nosotros, que sabe que le cuidamos y queremos, y tener una paciencia asentada en esa confianza. Nosotros también tenemos que confiar en él.

No tenemos ni idea de lo que nos traerá el futuro próximo, pero hoy saldremos de nuevo buscando su luz.

Los padres debemos dar ejemplo, a nuestros hijos y a toda la sociedad, de paciencia, sentido común y responsabilidad

Aún no hemos salido. Ni Jaime, aunque por tener autismo hubiera podido hace tiempo, ni Julia. Esta es la séptima semana que pasan confinados. También mi marido. Solo yo he salido para minimizar los riesgos. Al supermercado a comprar una vez por semana y dos veces al día a dar un paseo rápido a nuestra perra.

Todo llegará, probablemente pronto porque hoy mismo mi hija ha empezado a pedirlo, sin exigencias, casi en un susurro carente de insistencia. Buscaremos el mejor momento, la hora más tranquila y las calles menos transitadas.

La paciencia es una virtud que viene fenomenal en la vida en multitud de ocasiones y me parece buena idea inculcársela a nuestros hijos. Pero no critico a aquellos que ya lo han hecho, porque hay circunstancias y necesidades muy distintas.

No lo critico, en absoluto, siempre que hayan tirado de sentido común y responsabilidad. Más virtudes que conviene cultivar en nuestros niños.

No hay mejor forma, como siempre, como en todo, que dando ejemplo. Y en esta ocasión los padres debemos dar ejemplo no solo a nuestros hijos, también a toda la sociedad, para que la desescalada gradual que afrontamos culmine con éxito y en el más optimista de los plazos. Para que cuando recuperemos la libertad de caminar sin límite de tiempo, distancia o compañía, sepamos valorarlo.

Creo sinceramente que una mayoría está cumpliendo las normas. Lo que no quita que la minoría indeterminada que no lo hace, debería ser aún más pequeña; menos que anecdótica.

Paciencia, sentido común y responsabilidad son esenciales estos días para no tirar por la borda el trabajo y sacrificio de tantos.

“¿Ustedes creen que esto es una compra de primera necesidad? Una botella de whisky y tónica”

Vivo sobre un Ahorramás, un mercado y un Día. También una carnicería y una panadería que vende encurtidos, frutos secos y patatas fritas. Es decir, vivo probablemente en la que ahora es la calle más transitada de mi ciudad. Las colas antes de Semana Santa eran tremendas. Hoy, sábado, vuelven a serlo. Tanto, que hice un vídeo para mandarlo al grupo de whatsapp de la familia. Así está el patio, así se toman muchos el confinamiento.

Los miro y recuerdo cuando, hace dos semanas, el pescadero desahogó conmigo su indignación: “hay gente que viene a pasearse. No traen el carro lleno, llevan dos tonterías y se tiran media hora caminando por los pasillos. Hoy un señor ha venido tres veces. Yo soy asmático y no estoy aquí, pasando miedo, para eso”.

Y tiene toda la razón, diga lo que diga Marlaska. Hace falta más responsabilidad social.

Mientras los hay que no pisan la calle salvo que verdaderamente no queda más remedio, al tiempo que vemos tantos sacrificios individuales y colectivos, tenemos a gente para la que cualquier excusa es buena para salir arriesgando la necesaria contención del virus.

Llega de repente la Policía a mi calle abarrotada. Recuerdan gritando que solo se puede salir para compras de primera necesidad, cuentan que “está bajando la gente a morirse a la calle porque no llegan las ambulancias a tiempo”, y empiezan a recorrer las colas pidiendo listas de la compra y tickets a los que salen.)

“¿Ustedes creen que esto es compra de primera necesidad? Una botella de whisky y tónica”, exclama un agente en alto. Un escarnio público más que merecido.

Una agente intenta hacer entrar en razón a un anciano, apoyado en su bastón y que no lleva ni carro ni bolsa, para que se vaya a casa. La ignora, casi ni la mira. Al final tiene que venir un hombre, un superior, que logra al fin que se retire: “Acaba de decir a la compañera que venía por una gaseosa. ¡Que se vaya a su casa que es por su bien!”.

Se acercan a una madre joven que están en la cola junto a una niña pequeña que lleva guantes de lana. Le entregan guantes de látex a ambas.

Algunos se han ido, sí. Otros llegan y la cola no baja. Llevo un rato viendo a estos agentes trabajar de manera intachable, intentando hacer entrar en razón, dialogando sin parar. Viendo su frustración con la que empatizo. Al final se tienen que marchar. Han hecho lo que han podido y la calle sigue llena de gente.

De poco vale salir a aplaudir si no nos quedamos en casa salvo causa de fuerza mayor. Con un carro lleno a la semana en mi casa comemos cuatro personas, dos adultos y dos niños de 11 y 13 años con hambre perpetua.

Ayudemos a la Policía y demás cuerpos y fuerzas de seguridad, que se están jugando el tipo al hacer su trabajo.

#QuedateEnCasa #QuedateEnTuCasa