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Doce cuentos que meter en la maleta rumbo a la playa


En casa hemos leído muchos cuentos. Los seguimos leyendo, aunque cada vez más es otro tipo de lecturas las que se abren camino: cómics, mangas, libros para primeros lectores, Harry Potter, clásicos como Charlie y la fábrica de chocolate o La historia interminable, mis viejos libros en los que elegir tu propia aventura… Se notan los ocho años y medio que tiene ya Julia.

Pero los cuentos son una lectura que procuraremos no abandonar. Los hay que son auténticas obras de arte, que hacen reflexionar y emocionan también a los adultos, que son un acierto siempre.

He estado revisando los cuentos que nos han enamorado en los últimos años y he decidido recopilar aquí una selección con nuestros favoritos, nuestros imprescindibles. Cuentos que bien pueden acompañarnos en la maleta a la playa y que son un estupendo regalo para cualquier niño pequeño. Y no, no está El pollo Pepe, que nunca llamó la atención de mi hija, o títulos meritorios pero que están hasta en la sopa como A qué sabe la luna.

Vamos con ellos.


‘Las ciudades de colores’. Fue uno de los primeros cuentos que atrapó a Julia junto a ‘Sí, somos raros’. Lo leímos y releímos muchas noches. Y creo que a mí me gusta tanto como a ella. La gente que se ha acercado a él por recomendación mía, también ha quedado cautivada por la calidad de sus textos, su mensaje y lo bellamente que está ilustrado.

Su autora es María Bautista, con Raquel Blázquez como ilustradora. Otra cosa que me encanta de este cuento es que no hay una gran editorial detrás, es un proyecto joven, de calidad, llevado a cabo por personas con muy buenas ideas y mucha creatividad que se han embarcado en Cuento a la vista. No dejéis de visitar su web.


Todos los besos
, que forma parte de una serie en la que hay otros títulos igualmente recomendables como Todos los papás o Todos los bebés. Son cuentos aptos para bebés, unos cuentos que mi santo y yo nos aprendimos y aún recordamos: “el bebé león, es un campeón. El bebé avestruz, del sol ama su luz”.

Jaime destrozó de tanto verlos pese a ser considerablemente resistentes. No importa, no creo que haya mejor destino para un libro de bebé que caer en el campo de batalla de animar a la lectura, mucho mejor que permanecer intacto y olvidado en una estantería. De Bisinski – Sonders y editado por Corimbo.

‘Sí, somos raros’ fue el primer cuento que Julia se aprendió de memoria. De otra editorial a la que conviene seguir de cerca, Siete Leguas (suyo es también, por ejemplo, el fantástico ‘El señor Nimbo y la máquina de nubes’. De Javier Olariaga y Antonio Amago, es un canto a la integración y a la aceptación de las diferencias, a crecer sin complejos. Muy imaginativo y lleno de sentido del humor.

Trata de niños que son diferentes, ya sea porque están imantados y atraen todos los objetos metálicos, les crece el pelo a toda velocidad, una nube les persigue por todas partes o al gritar son capaces de derribar edificios. Eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, necesitan una pesada bicicleta de madera o usar cubiertos de plástico, tienen que llevar la melena en una mochila, están siempre mojados o no les dejan cantar o gritar gol en el cole. Pero siempre al final aprenden a aceptarse y a encontrar ventajas en sus rarezas. Siempre, salvo en el caso de Ramón Chaparrón, que logra deshacerse de la nubecilla en cuanto sus padres y los médicos se dejan de pruebas y le hacen caso.

El cazo de Lorenzo. Un clásico de Isabelle Carriere. Una fantástica bonita metáfora de la situación de los niños con discapacidad intelectual y/o social y de cómo lograr su inclusión. El cazo que Lorenzo arrastra siempre va a seguir ahí, pero podemos ayudar a que sea más llevadero, a que le frene menos. En nuestra mano, en la de todos está lograrlo.

Editado por la Editorial Juventud, es asombroso lo alto que vuela con un texto y un dibujo tan sencillo. Es un libro recomendado por numerosas asociaciones de personas con autismo, aunque es aplicable a muchas otras circunstancias. Imprescindible se mire por dónde se mire. Yo sigo emocionándome cada vez que lo leo.

‘Gran Lobo Salvaje’. El primer cuento que yo leí solita de un tirón. El primero con el que Julia lloró, que al emociona de verdad. Leímos mi viejo volumen, pero es un título que se sigue reeditando y es fácil de encontrar. Está escrito por Rene Escudie con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo, y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

El pequeño Tritus es abandonado y durante cuatro días seguimos las andanzas del cachorro, que en cada capítulo va encontrando diferentes perros con diferentes historias: el viejo perro que le adopta, el cocker mimado que quiere ver mundo, un perrazo que fue la mano derecha de un pastor y sobrevive asilvestrado, otra perrilla mestiza que viaja con él, la bóxer perdida enamorada de sus dueños y loca por volver con ellos y el perro guardián encadenado.

‘Fuera de aquí horrible monstruo verde’ es un buen cuento para perder el miedo a los monstruos. Un cuento además de esos que se leen con mucho teatro. En él vemos aparecer rasgo a rasgo a un monstruo que el niño hará desaparecer a grito pelado, “¡No me asustas!”, pasando páginas hasta llegar al final: “¡Y no vuelvas más hasta que lo diga yo!”. Es decir, lo que hace es animar a los pequeños a aprender a decir no, a enfrentarse y a alejar aquello que no les gusta.

Un libro muy divertido, con mucha personalidad. De esos que no se olvidan. De Ed Emberly, publicado por la editorial Océano.

‘Si yo fuera un león’. Es un libro resistente, de esos ideales para ver distintos tipos de animales y jugar a imitar los sonidos que hacen. La gran novedad es que viene con dos asas a los lados que permiten abrirlo por completo, introducir el rostro en el hueco que correspondería a la cara del animal y jugar a que nosotros somos ese sapo, ese pajarito o ese gato.

Un cuento fantástico para niños muy pequeños, por su formato, los colores llamativos y, sobre todo, la interactividad que permite con los niños. Altamente recomendable si hay hermanos mayores, a partir de cinco años, que puedan leérselo introduciendo el rostro en el cuento. La autora es Isabel Pin y lo publica la editorial Lóguez.

‘La vaca gordita’ es un cuento sobre la importancia de querernos bien, obra de David Paloma (historia) y Francesc Rovira (ilustraciones) para la editorial Combel. La vaca gordita, que solo era un pelín más gordita que las demás, comienza a verse las patas gordas, la barriga gorda y deja de comer hasta convertirse en algo que ya no parece una vaca. Por suerte se da cuenta y vuelve a comer para volver a convertirse en una vaca feliz y saludable.

Os lo he resumido mucho y quitado la magia de los textos cuidados pensando en los niños y las ilustraciones, pero en este mundo en el que es ametrallante la obsesión por la imagen que tenemos, asociada constantemente a la delgadez y cada vez desde edades más tempranas, es muy importante transmitir a nuestros hijos que se quieran bien, que se gusten, que cuando se miren al espejo aprendan a amar lo que ven. Lograrlo sería un gran triunfo como padres. Y ‘La vaca gordita’ puede poner un granito de arena. Y granito a granito…

‘¡Yotsuba!’ es uno de nuestros últimos descubrimientos. La serie manga de Kiyohiko Azuma es una delicia para adultos y una lectura maravillosa para niños a partir de seis o siete años. Completamente blanco y sobradamente popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. Pero lo más importante es que se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje.

Debe su nombre a su pequeña y carismática protagonista, una niñita que arranca la historia mudándose a una nueva casa y que, por motivos desconocidos, no sabe casi nada del mundo moderno. Yotsuba es, la niña del pelo verde, es una aliada fantástica para mostrar a nuestros hijos el placer que existe en la lectura, facilitado por el formato cómic. En España la publica Norma Editorial y cada tomo cuesta ocho euros.

‘Canción del pirata’ de Espronceda. Ediciones Idampa, proclamando desde la portada que a los grandes escritores hay que empezar a leerlos desde pequeños, tiene este poema en formato de cuento, bellamente ilustrado por Silvia Alberdi. Es una delicia no sólo para los niños, es uno de esos cuentos que los adultos también observamos cómo pequeñas joyas.

Además de desvelarnos poco a poco una poesía que todos los niños son capaces de entender y disfrutar a poco que expliquemos unos pocos términos, enriqueciendo así su vocabulario, muestra distintos tipos de letra, lo que resulta muy útil en esa edad en la que están empezando a leer y a descubrir que las mismas letras pueden aparecer representadas de formas muy diversas. También incluye al final varias curiosidades históricas sobre los piratas y al inicio una brevísima biografía de José de Espronceda.

‘Un mensaje para Luna’, de Virginia Kroll. Las ilustraciones de Zuzanna Celej son una maravilla y la historia también para crear concienciar medioambiental. Tortuga verde llevará a Luna, una niña con la que es fácil que se identifiquen los pequeños lectores, por todo el mundo, mostrándonos los retos a los que se enfrenta nuestro planeta y que por culpa del hombre muchos animales están en peligro.

Es un cuento que busca la empatía y que se apoya en la esperanza, en que tenemos que movilizarnos, para lograr que esta realidad cambie. Editado por Cuento de luz, una joven editorial infantil madrileña había sido la primera editorial europea y la tercera del mundo en recibir el certificado B Corporation por su labor social y medioambiental.

‘Mujeres’ es un proyecto de la ilustradora Isabel Ruiz Ruiz que vio la luz gracias al sistema de crowdfunding de Verkami y que ya tiene una segunda parte. No es realmente un cuento, es un álbum ilustrado de calidad en el que a un lado vemos las maravillosas y cargadas de personalidad ilustraciones de Isabel, a modo de retrato de cada mujer (Concepción Arenal, María Montessori, Hedy Lamarr, Virginia Woolf, Marie Curie, Clara Campoamor o Frida Kahlo, entre otras muchas), y al otro encontramos una cita significativa y una breve explicación sobre la vida y logros de esa mujer en concreto.

Una lectura, no para hacer del tirón, sino para disfrutar a sorbos a lo largo del tiempo. Y pese a ser un instrumento fantástico con niños (ojo, no solo con niñas, con niños en general), no es únicamente recomendable para niños, muchos adultos disfrutarán de esta recopilación.

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Dejad que los niños se acerquen a Harry Potter

El primer libro de la saga de Harry Potter llegó a las librerías un día como hoy de hace 20 años. El 26 de junio de 1997 el joven mago y sus amigos dieron sus primeros pasos para convertirse en iconos de la cultura popular, al nivel en el imaginario colectivo moderno de Luke SkyWalker, Han Solo y Leia. También tres, también una chica entre ellos y también un romance por medio y elementos que se podrían considerar mágicos.

No imaginaba J.K. Rowling, a la que sigo en Twitter porque derrocha inteligencia, sensibilidad y sentido común, la que iba a liar a nivel mundial con esos niños nacidos de su imaginación de madre reciente británica. Igual que George Lucas no soñó con el éxito que tendría Star Wars, ni mi querido Tolkien o el inigualable Stan Lee con sus creaciones. Los padres no conocemos de antemano hasta dónde llegaran nuestros vástagos, ningún tipo de vástago.

Para leer en español el primer libro, uno de los más vendidos de la historia (y seguramente más leído que otros que se han vendido más), hubo que esperar casi dos años. Fue en 1998 cuando se editó traducido Harry Potter y la piedra filosofal. A mis manos llegó en agosto por recomendación de un amigo, gran lector. Por aquel entonces yo tenía 22 años. No fui de esa generación que creció al mismo tiempo que el mago, aunque hubiera sido bonito.

– Léelo, que está muy bien.
– Pero si es un libro para niños…

Le hice caso y lo leí. Lo devoré de una sentada, porque, efectivamente, por temática y estilo es un libro infantil; el más infantil de una saga cuyos personajes y forma de narrar fueron oscureciéndose, volviéndose complejos según crecían, según crecíamos sus lectores enganchados a una historia aparentemente simple, a unos protagonistas carismáticos pese a ser poco revolucionarios, a un mundo que parecía inspirado en cierto modo en las novelitas de internados ingleses tipo Torres de Malory que heredé de niña de manos de mis primas mayores (y que, por cierto, han vuelto a reeditarse) e incluso un poco a Los cinco, pero en tres y con búho en lugar de perro.

Voldemort, Hagrid, Private Drive, Draco Malfoy, Dumbledore, Hogwarts, el autobús noctámbulo, Fawkes, Luna Lovegood, el callejón Diagon, Hedwig, Olivander, Neville Longbotton… Probablemente el gran mérito de J.K. Rowling fuera idear un mundo y unos seres que lo poblaban con recovecos, detallados, con personalidad. No teníamos tres héroes sobre un fondo gris interactuando con figuras fantasmales. Todo era rico, casi masticable.

Y se quedaba grabado.

Resulta curioso que las críticas fueran mayoritariamente muy positivas para los primeros libros, sobre todo para el primero. Según su éxito se disparó, proliferaron las reseñas negativas, las que tachaban la escritura de Rowling de poco pulida, de comercial, de producto de consumo, de tener agujeros e incongruencias.

Para mí, que no considero que sean libros perfectos ni mucho menos, pesa más que la posible falta de excelencia literaria lo mucho que la escritora ha hecho por afianzar el amor por la lectura entre niños y jóvenes. Según una encuesta elaborada en 2006 por Kids and Family Reading Report y Scholastic, el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años que no había leído nunca nada antes por placer, siguió leyendo y disfrutando al hacerlo.

Acabo de cambiar de idea. Probablemente el mayor mérito de J.K. Rowling sea haber creado un pequeño ejército de lectores.

Las películas llegaron antes de que fuera madre. La primera en 2001. Las vi con el que ahora es el padre de mis hijos religiosamente según iban llegando a los cines. Y las volvería a ver hace casi tres años con mi hija, que quedó hechizada por la misma magia, tanto que su séptimo cumpleaños estuvo centrado en el mundo de Potter.

Las películas también han creado lectores. Hace dos años, cuando Julia tenía seis, leímos el primero de los libros por la noche, en su cama. Capítulo a capítulo en voz alta. Yo, redescubriéndolo como un libro infantil que sigue siendo recomendable. Mi hija descubriendo que su imaginación unida a la de un escritor supera cualquier experiencia cinematográfica, por buena que sea.

Leed Harry Potter y la piedra filosofal. Leedlo con vuestros hijos. Regalad este libro a los niños. Dejad la puerta abierta a su magia, para que cuaje el amor por los libros, por soñar acunado por palabras ajenas.

Antonio Machado y Rubén Darío hechos cuentos para el Día del Libro

(GTRES)

No os engaño, me  hubiera gustado traer la recomendación de estos dos libros el pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, pero el Día del Libro es otra ocasión fantástica para hablar de Era un niño que soñaba y Margarita, está linda la mar.

Sí, Rubén Darío y Antonio Machado nada menos, adaptados para disfrute de nuestros niños. Estos dos álbumes forman  parte de una colección poesía ilustrada que tiene Bruño, cada uno se centra en un solo poema que se despliega a lo largo de sus páginas acompañado de ilustraciones.

“Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar…”, cuenta con ilustraciones de Marta F. Balmaseda. Las ilustraciones de Rosa María Curtó acompañan a “Era un niño que soñaba un caballo de cartón…”

Si me leéis ya sabéis que soy una gran defensora de buscar la poesía para nuestros niños, de jugar con ella, recuperarla, crearla…. Todos los libros, todas las letras hacen volar, pero tengo la íntima convicción de que con ningún texto lo hacemos tan alto como la buena poesía.

Y como el Día de Libro es un día para hacer recomendaciones de lecturas que merezcan la pena y yo ya he cumplido, os voy que pedir que vosotros también lo hagáis.

¿Qué libros infantiles nos aconsejáis?

 


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¿Qué prefieres para tus hijos, inteligencia emocional o éxito académico?

Es una pregunta falaz, lo sé. No son excluyentes en absoluto. Y tampoco es algo sobre lo que tengamos opción de elegir gran parte de lo que atañe a nuestros hijos escapa de nuestro control y más vale hacerse a la idea pronto.

No obstante, si en un hipotético mundo paralelo aparecieran las hadas madrinas de La bella durmiente (que ya les vale haberle dado belleza y buena voz a Aurora, me pregunto cuál habría sido el tercer don si no hubiera aparecido Maléfica, ¿unos dientes blancos? ¿No tener canas ni arrugas hasta los sesenta? ¡Qué desperdicio de magia!) y me obligarán a elegir entre un elevado grado de inteligencia emocional o la capacidad intelectual para lograr el éxito académico, yo tengo claro lo que pediría.

Sin lugar a dudas, querría lo primero. Deseo que mis hijos sean felices y buenas personas por encima de cualquier otra cosa, y eso viene de la mano de la inteligencia emocional, que dicen que se hereda, aunque tal vez también se aprende si creces viéndola en tus adultos de referencia.

Desde luego creo que es algo que, independientemente de cómo vengamos de fábrica, se puede trabajar y mejorar. Desde la más tierna infancia y durante toda la vida, si somos conscientes de ello.
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‘Mujeres’, un precioso álbum ilustrado con el que presentar a nuestros hijos a Clara Campoamor, Concepción Arenal…

imageUn día de mediados de diciembre fuimos con los niños al centro de Madrid y vimos la iluminación de Navidad y él aluvión de gente intentando abrirse paso por el centro. Lo vimos, pero realmente no era lo que íbamos a ver. Nuestro destino era Corazonarte, una exposición benéfica de ilustraciones.

Allí fue dónde conocí a Isabel Ruiz Ruiz y caí enamorada al instante de las ilustraciones y la idea de Mujeres, un proyecto que ha visto la luz gracias al sistema de crowdfunding de Verkami. Cuando unos días más tarde lo tuve entre mis manos y pude leerlo con Julia, el flechazo se convirtió en amor verdadero. Mujeres es ya una de las joyas de nuestra pequeña biblioteca.

No es realmente un cuento, es un álbum ilustrado de calidad en el que a un lado vemos las maravillosas y cargadas de personalidad ilustraciones de Isabel, a modo de retrato de cada mujer, y al otro encontramos una cita significativa y una breve explicación sobre la vida y logros de esa mujer en concreto.


Con Julia, que tiene seis años, no lo he leído entero. Nos sentamos juntas, pasamos las páginas y paramos en el rostro que llama su atención. Leemos la pequeña biografía y eso sirve como pie para hacer y contestar preguntas, para descubrir a Concepción Arenal, a María Montessori, a Gertrude Ederle, a Virginia Woolf, a Marie Curie, a Clara Campoamor, a Hipatia de Alejandría, a Margaret Bourke-White, a Hellen Keller, a Dian Fossey o a Frida Kahlo.

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Sé que leer cuesta, sé que aprender a leer no es fácil

Sé que cuesta Julia, sé que leer no es fácil. Si lo fuera, no seríamos el único animal sobre la tierra capaz de hacerlo. Si lo fuera, el hombre no hubiera tardado tantos miles de años en lograrlo. Si lo fuera, hoy en día todos en el mundo leeríamos, y aún hay muchos millones de personas que cuando miran algo escrito solo ven manchitas sin sentido.

Sé que leer es difícil. Es difícil… hasta que se convierte en muy fácil. De repente, un día, se produce una magia maravillosa, un clic que hace que tu cerebro vea las letras que forman sílabas, las sílabas que forman palabras, las palabras que forman frases, las frases que forman historias, y, sin esfuerzo ninguno, las interprete, las lea de corrido y entendiéndolo bien todo.
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Con algunos niños esa magia tiene lugar antes, con otros después. Es verdad que algunos, como tu hermano Jaime, tal vez nunca lo consigan. Pero tú lo lograrás enseguida. Tú ya lees, en mayúsculas y en minúsculas, tienes que concentrarte y recorrer ese camino por el que primero ves letras, que forman sílabas, luego las sílabas que forman palabras, y, por último, las palabras que forman frases e historias. A veces necesitas ayuda, a veces titubeas, confundes alguna letra o te imaginas lo que pone en lugar de leer lo que pone y no aciertas. Sé que cuesta, que leer no es fácil. ¿Ya te había dicho eso, verdad? Pero esa chispa mágica está a puntito de suceder, esa que hará que leer sea sencillo, que no cueste. Lo veo.

Pero para que se produzca esa magia es preciso que sigas leyendo todos los días, aunque ahora cueste, aunque aún no resulte fácil, pese a que sea más divertido y sencillo escuchar a mamá o a papá leyéndote los cuentos que te gustan, pese a que veas que otros niños lo hacen mejor y te desanimes un poco. No me dices nada, pero yo lo noto. Y es normal. ¿Recuerdas a Harry Potter? Has visto las películas y te he leído el primero de sus libros. Era un gran mago, pero tuvo que ir a muchas clases, estudiar mucho en Hogwarts y practicar un montón para conseguirlo.

Mientras llega ese clic mágico yo te prometo que seguiré ayudándote, que buscaremos los momentos que más te apetezca para leer, que elegiremos los cuentos más chulos, sobre todo que haré lo que esté en mi mano para mostrarte lo divertida y útil que es la lectura, que para nada es una obligación aburrida; y también que jamás te compararé con otros niños para los que leer ha sido fácil mucho antes, simplemente me alegraré sinceramente por ellos.

Porque aunque es guay que esa magia se produzca con tres o cuatro años, pero lo importante no es ser el primero en leer con fluidez, lo realmente importante es seguir leyendo toda la vida, seguir pasándolo bien con los libros, aprendiendo de ellos, incluso escribiéndolos si tienes mundos propios que compartir con los demás, cuando seas mayor, te falte el tiempo y flaqueen las ganas.

Leer toda la vida y disfrutar con ello es probablemente la magia más grande al alcance de nuestra mano.

‘Dune’, de Frank Herbert, ha cumplido cincuenta años en buena forma #Unoalmes

Hace cosa de un mes, puede que algo más, una de mis mejores amigas, a la que tengo la enorme suerte de conservar desde el colegio, encontró una serie dibujos que ambas hacíamos con catorce o quince años de los libros que leíamos por entonces. Hay escenas de El clan del oso cavernario, de Flores en el ático y de Dune.

Como no tengo vergüenza, os dejo un par de ellos. Está claro que mi camino no era el de ilustradora.

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Los había olvidado completamente hasta que ella me los mostró, pero fue verlos y retroceder veinticinco años. Y fue verlos y apetecerme leer de nuevo la novela de ciencia ficción de Frank Herbert para traerla al blog en la recomendación literaria que hago siempre a final de mes junto con otros blogs y con el hashtag #Unoalmes. Los otros libros no me ha dado por revisitarlos; puede que de adolescente los disfrutara, pero los recuerdo lo suficientemente bien como para tener claro que con una vez basta.

Uno de los motivos por los que quería volver a Arrakis, es que de Dune tenía muchas lagunas. Recordaba las líneas generales, pero la estructura y detalles de la historia se escurrían como arena entre los dedos. No deja de ser curioso, teniendo en cuenta que ese mundo de arena fue una de las influencias de Galatea.

Primera casualidad que me encontré: justo este año se cumplen cinco décadas de su publicación. Medio siglo de un libro que siendo uno de los títulos imprescindibles del género.

Por aquello de sacar más provecho a una relectura, decidí atacar Dune en inglés esta vez, así que mi velocidad leyendo se ha reducido considerablemente.

Más casualidades, lo acabé justo un día antes de visitar la duna de Pilat, la más alta de Europa con más de cien metros.

Sé que no viene a cuento, pero es una excursión estupenda con niños si se anda por aquella zona de Francia. Está cerca del pueblo de playa de Arcachon, a poca distancia de Burdeos. Subirla cuesta un poco, pero bajarla es dicertidísimo. Se nos pasaron dos horas volando. El paisaje y el entorno natural son muy hermosos.

Os dejo tres fotos en las que se ve la duna, en una de ellas está Jaime bajando al asalto como un auténtico fremen.

Os tengo que confesar que mi reencuentro con Dune ha sido agridulce. No me ha deslumbrado como en mi adolescencia, algo que entraba dentro de lo que era razonable esperar. La historia no me ha atrapado del todo y todo aquel universo de guerreros de arena, política feudal planetaria, drogas iluminadoras, profecías mesiánicas y expertos en el control de la mente sobre el cuerpo me ha dejado algo fría. El estilo de Frank Herbert me ha parecido demasiado ampuloso, aunque eso lo digo con la boca pequeña porque también puede deberse a mi nivel de inglés.

Pero también quiero que me entendáis, pese a todo sigo creyendo que Dune es un libro maravilloso y recomendable, un hito de la ciencia ficción que no por nada se llevó el premio Hugo y el Nebula.

Pese al tema mesiánico, que cuando se publicó en 1965 no tanto, pero ahora está trilladísimo, y al paso de la niñez a la edad adulta del héroe predestinado, que no lo está menos, el libro sigue siendo original, plagado de personajes interesantes, con un mundo complejo y diferente que bebe de muchas fuentes y capaz de formar en nuestro interior imágenes poderosas. Un mundo en el que, como el sistema feudal que le inspira y la época en la que fue escrito, está dominado por los hombres.

El presciente Paul Atreides es un protagonista que no se olvida, igual que las Bene Gesserit con su selección genética y su cuidado adiestramiento y autocontrol y el extremo mundo de Arrakis, un desierto terrible en el que el agua es un tesoro y en el que es preciso llevar unos trajes especiales que reciclan los fluidos de su portador. Y el libro está salpicado de reflexiones aprovechables, sobre el amor, la ecología, la lealtad, el poder o la responsabilidad.

Se nota el interés del autor, que pasó sus ultimos veinte años con su familia en una granja autoabasteciéndose, por la psicología y la ecología.

Soy de las que cree que hay libros que tienen una época personal para ser disfrutados, y tal vez el de Herbert sea uno de ellos. Otra forma de decirlo es que el problema de que no me haya entusiasmado como hace años no ha sido de la novela, sino mío, que soy veinticinco años mas vieja y mas escéptica, con muchas más lecturas a cuestas.

¿A quiénes gustaría más? Imagino que sobre todo a lectores jóvenes y/o interesados por la ciencia ficción, aunque puede sorprender y hacer soñar a cualquiera.
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De Dune hay cuatro novelas más ambientadas en este universo escritas por Herbert, y algunas más por otros. Yo me limité a leer los tres primeros libros de la saga, pero se puede leer el primero, que es sin duda el mejor, sin necesidad de otros. También hay una película de David Lynch con un reparto espectacular que yo vi años después de leer el libro y que me decepcionó bastante y una miniserie de hace 15 años a la que no he echado el ojo.
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Mantengo la nueva costumbre que inicié de sumarme a otros blogs para recomendar uno de los libros que he leído este mes. Estáis todos invitados a participar con vuestros blogs y redes sociales. El hashtag es #Unoalmes.

 

Nuestros diez cuentos infantiles favoritos

jaimeleyendoEsta semana esto y escribiendo mucho de libros, de leer, de cuentos… Es lo que corresponde en torno al 23 de abril, el día del libro. Una jornada estupenda para acercarse con nuestros niños a una librería o a una biblioteca para recorrer los estantes en busca de un nuevo tesoro que llevarnos a casa.

Desde qué son bebés Jaime y Julia han estado rodeados de libros, nuestros y suyos. Espero que vernos leer y bañarles en letras sirva para que crezcan disfrutando de la lectura, encontrando en ella un refugio.

Os voy a contar algo curioso. Jaime por su autismo no tiene interés en los juguetes. Haciendo memoria lo cierto es que nunca lo tuvo, incluso cuando era bebé y parecía evolucionar bien, repitiendo palabras y gestos, antes de perder esas capacidades en torno al año y medio. Lo único que siempre le gustó fueron los cuentos. Pasaba las hijas concentrado en los dibujos, feliz. Siguen gustándole. Y no sólo los cuentos, también los álbumes de fotos. En la imagen podéis verle la pasada primavera sentado tranquilamente en una librería, viendo un cuento tras otro.

Sus cuentos favoritos cuando era pequeño eran Todos los besos y Todos los bebés, unos cuentos que su padre y yo nos aprendimos y aún recordamos. Sobre todo el segundo: “el bebé león, es un campeón. El bebé avestruz, del sol ama su luz”. Los destrozó de tanto verlos pese a ser bastante resistentes. No importa, no creo que haya mejor destino para un libro de bebé que caer en el campo de batalla de animar a la lectura, mucho mejor que permanecer intacto y olvidado en una estantería.

Para conmemorar el día de hoy he hecho una recopilación con los cuentos infantiles favoritos en casa, nuestros imprescindibles. Los cuentos que más han gustado a Julia y a Jaime, los que siempre quieren, los que se saben de memoria y los primeros en emocionarles hasta las lágrimas.

El primero va a ser ese Todos los bebés que os comentaba. Yo sé lo he regalado a unos cuantos bebés con éxito. Vayamos por el resto:

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Las ciudades de colores, un cuento delicioso, en texto, ilustraciones y proyecto editorial. Cuenta la historia de Iris, una niña de colores que vive en una ciudad terriblemente gris. Tan gris, tan gris, tan gris, que a la pobre Iris, que es de colores, la gente la señala por la calle y le hace sentir fatal.

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la foto-3‘El tesoro de Lilith’, el cuento es alegórico: un pequeño árbol que quiere bailar, correr y vivir aventuras, por lo que acaba convertido en una niña. Una niña que encierra en su interior una capullo que al convertirse en mujer pasará a ser una flor que, regularmente, desprenderá sus pétalos, equiparando las distintas fases por las que pasa el cuerpo de las mujeres con las estaciones del año. En el cuento también aparece el deseo. Son unas mariposas que rondan la flor, que la hacen cosquillear y latir. El cuento es metafórico y delicado, permite con sus árboles, sus flores y sus mariposas explicar de una manera razonablemente detallada cómo son las cosa. Con una visión positiva y fomentando el autoconocimiento, la aceptación y el escuchar a nuestro cuerpo.

Un par de cuentos para perder el miedo a los monstruos Que para mí es como si fueran uno solo:
¿Estás ahí, monstruo? permite perder el miedo a lo desconocido, a lo que apenas se ve, a comprender que la imaginación puede jugarnos malas pasadas si estamos predispuestos a ello. Tiene en cada página unas solapas que no se abren, metes la mano (si te atreves) para tocar las babas del monstruo, sus garras, su pelaje… que en realidad acaban siendo pintura de papá, un buho, conejitos…
Fuera de aquí horrible monstruo verde y con él vemos aparecer rasgo a rasgo a un monstruo que el niño hará desaparecer a grito pelado pasando páginas hasta llegar al final: “¡Y no vuelvas más hasta que lo diga yo!”. Es decir, lo que hace es animar a los pequeños a empoderarse, a aprender a decir no, a enfrentarse y a alejar aquello que no les gusta.

Sí, somos raros, el primer cuento que Julia se aprende de memoria sobre niños que son diferentes, ya sea porque están imantados y atraen todos los objetos metálicos, les crece el pelo a toda velocidad, una nube les persigue por todas partes o al gritar son capaces de derribar edificios. Eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, necesitan una pesada bicicleta de madera o usar cubiertos de plástico, tienen que llevar la melena en una mochila, están siempre mojados o no les dejan cantar o gritar gol en el cole. Pero siempre al final aprenden a aceptarse y a encontrar ventajas en sus rarezas.

La vaca gordita narra como una vaca, que solo era un pelín más gordita que las demás, comienza a verse las patas gordas, la barriga gorda y deja de comer hasta convertirse en algo que ya no parece una vaca. Por suerte se da cuenta y vuelve a comer para volver a convertirse en una vaca feliz y saludable. En este mundo en el que es ametrallante la obsesión por la imagen que tenemos, asociada constantemente a la delgadez, es muy importante transmitir a nuestros hijos que se quieran bien, que se gusten, que cuando se miren al espejo aprendan a amar lo que ven. Lograrlo sería un gran triunfo como padres. Y La vaca gordita puede poner un granito de arena. Y granito a granito…

El cazo de Lorenzo, un hermoso cuento de Isabelle Carrier, mujer de Jérôme Ruillier, el autor del también muy recomendable Por Cuatro Esquinitas De Nada sobre la aceptación y la integración. Una metáfora adaptada a los niños, que a mí me sigue conmoviendo cada vez que lo leo.

imageGran Lobo Salvaje ha sido el primer cuento con el que Julia ha llorado. En el arranque del libro el pequeño Tritus es abandonado cruelmente, arrancado de los brazos del niño que lo llevó a su casa y depositado al pie de la carretera. Para Julia primero fueron pucheros, luego un breve llanto sofocado con la almohada. Es el primer libro que le emociona de verdad. Durante cuatro días más seguimos las andanzas del cachorro, que en cada capítulo va encontrando diferentes perros con diferentes historias: el viejo perro que le adopta, el cocker mimado que quiere ver mundo, un perrazo que fue la mano derecha de un pastor y sobrevive asilvestrado, otra perrilla mestiza que viaja con él, la bóxer perdida enamorada de sus dueños y loca por volver con ellos y el perro guardián encadenado. Está escrito con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo, y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

¡Qué fastidio ser princesa!. Ser princesa en el reino del quinto pimiento es un fastidio, llevando tacones, faldas, joyas que impiden moverse, sin poder hacer apenas nada salvo esperar al príncipe. Cuando se harta, la princesa protagonista huye para ser pirata, caballera y juglaresa. Probando hasta encontrar la ocupación que la haga feliz.

Charlie y la fábrica de chocolate, de Roald Dahl. Hace pocos meses que Julia y yo nos sumergimos en ese mundo de cascadas de chocolate, pequeños oompa loompas (que en nuestra versión eran pigmeos negros de África, pero lo políticamente correcto obligó en otra más reciente a convertirlos en blancos de Oompalandia) al servicio del genio extravagante de Willy Wonka, de niños que ven demasiada televisión, consiguen todos los caprichos, mascan chicles sin parar, comen sin control o simplemente son tan pobres que sólo pueden permitirse una chocolatina al año.

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Si eres un niño al que le gusta escribir, tal vez te interese leer esto

a00586204 280Empieza escribiendo de lo que conoces. Si no te apetece, invéntate tus propios mundos, futuros o imaginarios. Situarte en un pasado real es más difícil, necesitarás documentarte. Pero da igual si afrontas el reto de estudiar a conciencia una época determinada o si decides crear tu propio escenario, sigue siendo buena idea utilizar lo que mejor conoces, tus sensaciones, experiencias y reflexiones.

No pasa nada por no terminar un libro que has empezado a leer. Algunos hemos tenido que llegar a adultos para decidir que nuestro tiempo valía más que nuestro amor propio. Por lo mismo tampoco pasa nada por dejar de escribir una historia ya empezada. No le debes nada a nadie más que a ti mismo. No todas las semillas plantadas logran germinar y plantándolas se aprende. Pero no te rindas demasiado pronto.

Si no sabes de qué escribir, si te sientes atascado con tu historia, ponte ante el teclado. Algo vendrá. Si no es hoy, tal vez mañana.

No te desfondes. Vale más la constancia en esta vida que lanzarse a algo lleno de entusiasmo y no perseverar. Y esto también es aplicable a muchos otros aspectos de la vida. Suele ser buena idea encontrar el sitio y el momento en el que te sientes más cómodo escribiendo.

No permitas que te digan que lo que has escrito es malo. Los que lo dicen tal vez lo hayan leído con criterios de adulto, no te dejes desanimar.

Déjate aconsejar y acepta las críticas bienintencionadas. Nadie hace nada perfecto en este mundo, lo único inteligente ante alguien que desea ayudarte con un comentario constructivo, con algunos consejos, es escuchar y reflexionar sobre lo que te ha dicho. Tal vez tenga razón. Y esto también vale en muchas situaciones que no tienen que ver con la literatura.

Quita el acceso a Internet cuando te pongas a escribir. Internet es fantástico, pero puede que entres en una red social y cuando quieras darte cuenta ya no te quede tiempo.

Encuentra a alguna persona de confianza que lea lo que escribes mientras lo estás escribiendo, alguien sensible, sincero y con criterio cuya opinión valores. No valen aquellos que únicamente se dedican a dorarte la píldora. Estoy hablando de lectores que te ayuden a crecer como escritor sin miedo a hacerte ver tus errores.

Revisa tus textos. Déjalos reposar un tiempo y vuelve a repasarlos. Es bueno coger distancia temporal con lo que has escrito para pulirlo.

Cuidado con los finales. Hay que procurar cerrar bien las historias. No hay nada peor como lector que encontrarte con un final pricipitado, mal resuelto, poco congruente. A veces, como cuando se compite en una carrera, cuando vez cerca el final tienes tantas ganas de llegar que aceleras en exceso. Esfuérzate por dejar un buen sabor de boca al final.

imageNunca dejes de escribir, teniendo en cuenta que escribir toda la vida a veces supone pasar largos periodos de tiempo sin hacerlo. No pasa nada. Sigue leyendo y espera el momento de volver a sacar las historias que llevas dentro.

Escribe para divertirte, para desahogarte, por lo que te reporta a nivel personal, por pura satisfacción. No escribas buscando supuestas glorias.

Este post lo ha inspirado Claudia Morales. Comenzó como un correo dirigido únicamente a ella tras leer el libro que ha escrito con trece años y que sus padres publicaron, pero he pensado que podría ser de interés para todos esos niños a los que les gusta escribir.

Foto: GTRES

El verbo leer no admite imperativos, sobre todo para los niños

El curso pasado ya comenzamos a leer a Julia por las noches cuentos de primeros lectores, en los que el porcentaje de letras ya supera bastante a los dibujos, aunque sigue habiendo muchos y llamativos y las historias son más complejas. De hecho son libros que leemos a lo largo de dos o tres días por ser más extensos. Con cuatro o cinco años me pareció que ya estaba preparada para dar ese salto.

No hemos abandonado aún cuentos maravillosos como Las ciudades de colores, El cazo de Lorenzo, Qué fastidio ser princesa o Somos raros, por poner algunos de sus cuentos favoritos como ejemplo, pero ya tocaba nadar algo más profundo.Harry-Potter-y-la-piedra-Filosofal

Pues bien, este verano descubrió la primera película de Harry Potter y quedó fascinada con el famoso niño mago y todo el universo que le rodea. Lógico. ¿Cómo resistirse a esa edad a varitas, unicornios, gigantes bondadosos, escobas voladoras, fantasmas y castillos llenos de secretos?

Ya ha visto las cuatro primeras. Las últimas sabe que son para mayores y ella aún no puede verlas. Y justo al volver de vacaciones decidí probar a leerle por la noche el primer libro de J.K.Rowling. No sabía si tendría que cerrarlo y esperar un par de años más, pero decidí hacer la prueba.

Todo un éxito. A capítulo o medio capítulo cada noche ya llevamos 180 páginas del libro, en torno a un 70%. Nos pregunta palabras y lo que no entiende bien mientras leemos, nos cuenta sus conclusiones respecto a las motivaciones o actos de los protagonistas, recalca las diferencias con la película y, lo más importante, disfruta en el proceso. Si no hubiera sido así no hubiéramos insistido. El verbo leer no admite imperativos. Sobre todo con los niños.

Para que se construya un lector desde la infancia ese goce es la clave. Que lean lo que les apetezca, por ligero o liviano que nos parezca. Que devoren y se obsesionen de niños y adolescentes con Harry Potter, con las obras de Laura Gallego, con Gerónimo Stilton, con Juegos del hambre… Que disfruten leyendo, que sea un hábito que les guste prácticar. Y ya llegará La celestina, Proust, El Quijote, Shakespeare, Víctor Hugo, Steinbeck… O no. Y tampoco pasa nada.

Yo no soporto ni al Quijote ni a Proust, que para gustos hay colores, aunque adoro a todos los demás que he mencionado. He sido una niña que devoraba libros, y ha sido gracias a que mis padres me permitieron disfrutar de los libros que me llamaban la atención y capturaban mi imaginación y pese a que a lo largo de mis años escolares la enseñanza de la literatura era penosa e intentaron meterme a Lorca, Galdós, Azorín y Unamuno con calzador a lo largo de diferentes cursos. No era el momento, llegaría luego.

Lo importante en la infancia y la adolescencia es leer y divertirse haciéndolo, más que el qué leer. Y también ahí los padres tenemos mucho que decir.

Y ahora me despido con la recomendación de una joya que suscribo de principio a fin. Se llama El plan de estudios de Literatura es perfecto para destruir lectores del escritor Juan Soto Ivars para El Confidencial. Os dejo solo tres pequeños fragmentos y os animo encarecidamente a leerlo entero.

Tenemos uno de los índices de comprensión lectora más bajos del mundo desarrollado y, visto lo que se enseña, me parece comprensible. Desde que se inventó la caspa, la obsesión del sistema es que los alumnos aprendan la historia de la literatura española, como si la educación sirviera para ganar partidas del Trivial.

(…)

Los niños que leen hoy son pocos, y además son unos rebeldes. Tienen seguramente padres lectores, y ya sabemos cuánto escasea la lectura entre los adultos. Pero cuando estos afortunados entran a clase de Lengua, comparten su tedio con el de los borricos. Porque los versos de Vicente Aleixandre no entran a los trece años. A veces no entran ni a los treinta y tres.

(…)

Vendría muy bien que los planes de estudios emplearan esos años cruciales de la secundaria en regar a los chicos con lecturas capaces de engancharlos a los libros en lugar de echarles encima toneladas del polvo de nuestras bibliotecas