Archivo de la categoría ‘Películas y series’

‘Mirai, mi hermana pequeña’, el niño que saltaba a través del tiempo

Este viernes Sherlock Films estrena en los cines españoles una de las cintas de animación más relevantes del último año. Se trata de Mirai, mi hermana pequeña (Mirai no Mirai, no entiendo que no hayan traducido el título de manera más literal, como Mirai del futuro), la última película de un director japonés al que conviene no perder la pista: Mamoru Hosoda, del que tal vez os suenen La chica que saltaba a través del tiempo, Los niños lobo o El niño y la bestia. Sobre todo las dos últimas son películas que se pueden disfrutar mucho junto a niños a partir de unos siete u ocho años.

Decir que es una de las películas de animación más relevantes es algo evidente cuando uno se da cuenta de que fue una de las nominadas en la categoría de mejor película de animación de los Oscar, en los Globos de Oro y en los Critics’ Choice Awards. En nuestro país fue la ganadora de la Sección Anima’t del Festival de Sitges y se llevó el premio al mejor guion y el premio del público del festival Nocturna.

Yo tuve la oportunidad de verla hace unos días y me pareció una plasmación magistral de la cotidianidad de una familia en la que ya hay un niño pequeño y acaba de llegar un bebé. Su protagonista es un niño de cuatro años, cuyos perfectamente imperfectos jóvenes padres acaban de tener otro bebé, una niña que le hará sentirse príncipe destronado. Un cambio que coincide además con tener a su joven padre, un arquitecto con muchas inseguridades, asumiendo una mayor responsabilidad en la crianza de los hijos para que su mujer, periodista, crezca profesionalmente.

Hosoda es un maestro de lo que se llama slice of life, mostrar fragmentos de la vida del todo cercanos, en su caso siempre salpicados de elementos fantásticos. Esta película no escapa a ello, aunque en este caso queda la duda de si en verdad estamos ante un universo con sus propias reglas más allá de la lógica o ante la imaginación desbordante de un niño superado por las circunstancias y marcado por los álbumes de fotos familiares.

Los viajes imposibles del pequeño Kun, cuyo detonante es la morena de su pequeño jardín, le llevarán a conocer a su hermana pequeña siendo mayor, pero no solo eso. Nada más lejos de mi intención que estropear la sorpresa de ese dejarse llevar tan distinto con el que el pequeño aprenderá y crecerá, pero atención a la conmovedora parte en la que el viaje es al pasado, a un Japón de posguerra.

Mostrar lo más cercano, situaciones que a todos nos resultan familiares, es la mayor maravilla de esta película, por encima incluso del componente fantástico, que en gran medida también se dedica a enseñarnos eso. Tiene más de Los niños lobo en ese sentido que de otras películas de Hosoda. Con pulso firme Mirai, mi hermana pequeña logra conmovernos, hacernos sonreír reconociéndonos en lo que vemos en la pantalla, darnos cuenta de nuevo de cómo pequeños detalles aparentemente insignificantes pueden marcar una vida y otras muchas sucesivas, algo que también está en todas sus obras.

Hay muchas lecturas en esta película a poco que se esté atento y se reflexione al respecto. La más obvia tal vez sea el valor de la familia, del amor que sus miembros se tienen y cómo están todos, incluso los que ya no están presentes, relacionados. También algo tan obvio pero que se nos olvida como que todos fuimos niños, que todos seremos jóvenes y ancianos.

No es una película apta para todos los paladares en cualquier caso. Hay que apreciar la animación japonesa; no esperar el ritmo vertiginoso de otras producciones que nos llegan para toda la familia, como el reciente estreno de Capitana Marvel sin ir más lejos. Tal vez los niños (y los mayores) que estén más acostumbrados o deseosos de historias que transcurren a esa velocidad, más convencionales en su desarrollo, se sientan algo desconcertados ante las andanzas del pequeño Kun, porque no es que la cinta de Hosoda sea lenta, pero sí es muy íntima, y no sigue una línea argumental clásica.

No obstante, es una cinta de animación de una calidad muy superior a la media de la oferta que nos llega en todos los sentidos (atención por ejemplo al nivel de detalle de los escenarios), por lo que bien merece el intento. Puede resultar especialmente interesante acudir con niños que vayan a tener o tengan hermanos y experimenten o hayan experimentado esos celos imposibles de contener, para ver si son capaces de reconocerse en Kun y aprender a reírse de sí mismos y comprender que la dedicación de los padres puede tener límites, pero no su amor.

‘Todos los caminos’, una aventura en bicicleta por el síndrome de Rett, llega este viernes a los cines

Escucho síndrome de Rett y pienso en Josele y en María, a los que conozco desde hace siete tirando del carro de lograr fondos para dar a conocer e investigar esta enfermedad rara que solo afecta a las niñas, a unas 6.000 en España.

Recuerdo también el cuento La princesa sin palabras , nacido del amor de Laura por su hija Marta, del amor de Marta por la vida y del amor de Cruz por su amiga de la infancia y por la niña que tuvo, de la misma edad que la suya y afectada por el síndrome de Rett.

Recuerdo a una niña, recién diagnosticada, que conocí los años que pase en la sala de espera del centro de atención temprana mientras mi hijo con autismo recibía sus terapias. Recuerdo varios temas de compañeros de 20minutos. Recuerdo las guerras de otros padres de niños con enfermedades raras, que pelean por investigación y recursos y lo hacen mostrando lo que les pasa a sus hijos.

Visibilizar es muy importante. Lo que no se ve no es un problema, no se convierte en algo a solucionar.

A partir de ahora también pensaré en Martina, en su padre Francisco Santiago y en Dani Rovira, que le ha acompañado junto a Germán Torres y Martin Giacchetta en bicicleta hasta Roma y cuyo periplo, captado por Paola García Costas en el documental (Impulsado por Selecta Visión y Costas Films) Todos los caminos llega este viernes 11 de enero a las salas de cine acompañado de una canción de Antonio Orozco.

1.500 kilómetros pedaleando, pero también el día a día de Martina y su familia. Una manera de conocer el síndrome de Rett, pero también de conservar la esperanza en el ser humano. Hay mucha maldad, aún más mezquindad, pero también bondad y ganas de hacer del mundo un lugar mejor para todos.

En la web de la fundación Ocho Tumbao hay más información sobre esta película, que ojalá atraiga a mucha gente a las salas, porque desde la Fundación Ocho Tumbao tienen razón cuando dicen:

Es importante ir al cine a ver Todos los caminos no sólo por su calidad cinematográfica, que sin duda la tiene gracias a que todo el equipo ha hecho un trabajo excepcional. Es importante y es necesario, además, ver la película porque no dar la espalda a otras realidades y a otras problemáticas nos enriquece como personas. Nos convierte sin duda en seres más solidarios, más empáticos y, por supuesto, más humanos. Hablar sobre las enfermedades raras y darles visibilidad ayuda a difundir información sobre ellas y a denunciar la falta de fondos para investigación.


El ‘efecto Netflix’ también se da en los perfiles infantiles (las películas y series que nos llegarán entre 2019 y 2022)

Creo que todos conocemos (y hemos sufrido) el efecto Netflix, al menos todos los que contamos con esta plataforma de contenidos por streaming que justo por estas fechas celebra el tercer aniversario de su llegada a España. La oferta es tan grande, el algoritmo te ofrece tantos contenidos afines a tus gustos, que te encuentras con el mando (o la tablet, el portátil o el móvil) en la mano, incapaz de elegir qué demonios ver entre tanto como tienes por delante. No es raro que al final haya pasado tanto tiempo o estés tan abrumado que optes por irte a la cama a leer o ver lo mismo de siempre (lo que explicaría la renovación millonaria que ha hecho Netflix de la serie Friends por un año más). Es, en cierto modo, el equivalente a no saber dónde dejar el coche cuando encuentras un aparcamiento lleno de sitios vacíos.

Pues los niños no están libres de sufrir el efecto Netflix. Es tanto lo que hay en los perfiles infantiles, tanto de producción propia como ajena, que es fácil perderse un buen rato cotilleando qué ver. Aunque la experiencia me dice que los niños no se lo piensan tanto, que se deciden más rápido y repiten con más frecuencia aquellas series y películas que ya les gustaron una vez.

Ojalá la compañía californiana se animara a contarnos los hábitos de nuestros niños en su servicio de streaming comparados con los de los adultos. Seguro que veríamos diferencias. Pero Netflix no es demasiado dado a compartir datos, tampoco de audiencia. Hay que quererles así. Tanto es así que me sorprendió descubrir el mes pasado que en un comunicado confesaron que “casi un 60% de los usuarios de la plataforma a nivel mundial disfruta de contenido infantil y familiar cada mes”. Probablemente cuando se busquen hashtags en redes sociales con los títulos de series o películas infantiles no asomen tantas publicaciones como con otras más seguidas por adultos, pero es que los niños no andan tuiteando o con instagram. Y de hecho, hacerlo sorprenderá a muchos al ver a numerosos adultos comentándolas.

Hoy hay un tema en 20minutos que habla largo y tendido de la ofensiva que Netflix prepara para incrementar su oferta de contenido infantil y familiar que os recomiendo si es que el tema os interesa. Una ofensiva necesaria dado el valor estratégico intrínseco que tienen estas series y películas e impulsado por la decisión de Disney de lanzar su propio servicio de streaming (estoy deseando valorar cómo es).

En él se mencionan varias producciones que la compañía tiene en marcha. De todo tipo, eso es lo que más llama la atención. Y encaja con lo que dice Melissa Cobb vicepresidenta de Kids and Family en Netflix: “Sabemos que hay diferentes tipos de familia. Por ello, contamos con creadores de diferentes estilos para poder contar historias únicas y diversas con las que puedan sentirse identificadas todas y cada una de las familias de Netflix”.

En total hay, que sepamos, al menos 13 proyectos en marcha para ver la luz a partir de 2019. A mí los que más me llaman la atención son las adaptaciones animadas del universo de Roald Dahl, un escritor infantil mítico conocido sobre todo por Matilda o Charlie y la fábrica de chocolate. Creo sinceramente que la animación podrá hacer mejor justicia a su universo que las películas que hemos visto hasta la fecha.

En segundo lugar despierta mi curiosidad My Father’s Dragon, de Nora Twomey. Twomey ha estado vinculada a maravillas como El secreto del libro de Kells o El pan de la guerra, junto a mi admirado (y ponderado desde este blog, no os perdáis sus películas) Tomm Moore.

Guillermo del Toro me gusta mucho, aunque en casa no nos entusiasmó con su Troll Hunters, aunque me consta que sí ha gustado a mucha gente en mi entorno con niños de menos de diez años. Eso no quita que tenga muchas ganas de ver su Pinocchio. Será su primer largometraje de animación y en stop motion.

El libro de la vida es otra película maravillosa de la que os hablé en su día en el blog y su creador, Jorge Gutiérrez, también nos traerá una miniserie en 2021 a la que tengo muchas ganas. Se llama Maya and the three y está inspirada en la cultura mesoamericana.

Jacob and the beast, protagonizada por un marinero y un monstruo marino, es un largo de  animación ordenador, escrita y dirigida por el ganador del óscar Chris Williams (Vaiana, Big Hero 6, Bolt). Me llama mucho la atención.

Klaus será la primera que veremos, a finales de 2019, y no había captado demasiado mi interés hasta que escuché a Melissa Cobb hablar de ella con entusiasmo, destacándola por encima de otros títulos. Su director es Sergio Pablos, co-creador de Gru, y rastrea sobre los orígenes de este mito navideño. Tiene la particularidad de que se está produciendo en Madrid.

Over the Moon es un musical “sobre una chica que construye un cohete espacial para viajar a la luna y demostrarle a su padre que la legendaria diosa de la Luna realmente existe. Cuando llega al “otro lado” descubre un mundo repleto de criaturas fantásticas, algunas que la amenazan y a otras que la ayudan a encontrar el camino a casa”. ¿A alguien más le recuerda al Mago de Oz? La dirige un veterano de la animación: Glen Keane (La sirenita, Aladdin, La bella y la bestia) y ha sido escrita por Audrey Wells (Bajo el sol de Toscana, George de la jungla).

Y Wendell & Wild, de otro peso pesado como es Henry Selick (Pesadilla antes de Navidad, Los mundos de Coraline) sobre dos hermanos demonio que escapan del inframundo y llegan a una ciudad donde deben evadir a una adolescente que está tratando de destruirlos.

¿Cuál os apetece más ver?

‘Maquia’, el amor de una madre llevado al ánime

En Maquia hay dragones, por mucho que no tengan ese nombre y se consuman bajo la docilidad del cautiverio. En Maquia hay elfos, aunque tampoco se llamen así y equivoquen sus pasiones. En Maquia hay construcciones que nada tienen que envidiar a las altas y blancas torres de Minas Tirith; tampoco en los malos gobernantes. En Maquia hay hermosas y desdichadas princesas, encerradas en torres de marfil. En Maquia hay magia, maravilla y épica. También poesía, la que enmarca los últimos momentos de las leyendas.

Maquia es todo eso. Es un universo de fantasía bellamente diseñado que logra deslumbrar. También sorprender, pese a los muchos mundos similares que hayamos conocido, con un guion que huye de los caminos transitados en exceso.

El gran mérito de esta película, premiada en Sitges, es que ni dragones, ni elfos, ni batallas épicas o amores desgarrados son los protagonistas. La verdadera magia que esconde Maquia se encuentra en el amor de las madres por sus hijos, firme como una roca una vez despierta; en el amor de los hijos por sus madres, cambiante y también permanente; está en la belleza de lo cotidiano, de tal manera que aquello que no rutila es lo que acaba calando más profundamente nuestro corazón.

Los elfos y los dragones, los reyes y las princesas, quedan pronto eclipsados por el transcurrir de las vidas de personajes que en las grandes sagas épicas serían secundarios. Personajes para los que el transcurrir del tiempo es disparejo, convirtiendo la asunción del dolor y la pérdida en una valiosa enseñanza. El amor siempre merece la pena, por mucho que no vaya a ser eterno.

El paso del tiempo tiene un sentido. Igual que lo tiene avanzar encontrando personas a las que querer y viendo cómo la distancia o la muerte nos las arrebatan. Somos lo que otros hacen de nosotros, cómo nos criaron nuestros padres, de quienes estuvimos alguna vez enamorados por mucho que lo hayamos olvidado.

Me resulta inevitable contemplarla en cierto modo como heredera de otra película de animación notable, nacida de la colaboración entre artistas japoneses y estadounidenses y que cumple este año su 36 aniversario: El último unicornio, inspirada en un delicioso relato de Peter S. Beagle. Encuentro cierta similitud estética y también un parecido tono melancólico, crepuscular. Así como el hecho de que en El último unicornio también hay criaturas mágicas, reyes y castillos, pero busca profundizar y trascender en un universo de emociones reconocibles por todos y se recrea en los clásicos personajes que son comparsas en otras historias.

Igual que me recuerda al espíritu de Olvidado rey Gudú de Ana María Matute, una escritora a la que nunca está de más reivindicar.

Esta película de animación de la directora Mari Okada, guionista de Anohana (2013) y The Anthem of the Heart (2015) llega este viernes a los cines. No a demasiados y no durará mucho, así que si os interesa os recomiendo reaccionar rápido para no perder la oportunidad de verla en pantalla grande.

Dura casi dos horas y creo que los niños a partir de 8 o 9 años pueden disfrutarla, teniendo siempre en cuenta que es una narración que conmueve hasta las lágrimas, que encierra esperanza pero no es la típica historia fácil y cerrada a la que muchos niños están acostumbrados.

La protagonista de esta obra se llama Maquia y es de la raza iolf, cuyos miembros conservan la juventud durante siglos. El segundo protagonista es Ariel, un chico que pierde a sus padres a una edad muy temprana. Maquia no envejece por más años que pasen, pero Ariel sí. Y esta es la historia sobre cómo se va transformando el vínculo entre ellos.

¿Es ‘Élite’ de Netflix para mayores de 13 años?

No he visto la serie que protagoniza este post. Mi hija, con nueve años, está lejos de mostrar interés por ella (o de que yo la permita verla) y a mí tampoco me ha llamado demasiado la atención. Sí que lo ha hecho una amiga que tiene una niña de casi trece años, la edad a partir de la cual Netflix recomienda su visionado.

No sé si vosotros habéis visto esta serie española de indudable éxito, me encantaría conocer vuestra opinión sobre a partir de qué edad os parece recomendable. Bajo la imagen, tenéis la opinión al respecto de esta madre amiga.

Y antes de dejaros con ella, una recomendación: ver siempre antes o con nuestros hijos las series y películas que despiertan su interés. En parte porque es bueno mostrar interés por lo que les gusta y compartir tiempo y referencias. Pero también porque mi experiencia me dice que las clasificaciones por edades son solo orientativas. Cada familia es un mundo y lo que en una casa no supone problema ver en otra puede parecer una barbaridad. También porque a veces he visto contenidos muy blancos incomprensiblemente calificados para mayores de trece años. Lo contrario de lo que sucede con Élite.

Mi hija vino y me dijo “Mamá ¿puedo ver Élite? Mis amigos la ven, está en Netflix y es para mayores de 13 años”. Como ella los cumpliría enseguida, le dije que adelante. Pero, que igual podríamos verla juntos si era para adolescentes.

A la semana, mi hija nos dijo que ya no nos esperaba más, que había empezado la serie, que estaba chill (guay). Y que teníamos que verla sí o sí.

Días después, padre y madre de preadolescente enchufamos Netflix y a los tres cuartos de hora del primer capítulo de la serie española del momento nos preguntamos el uno al otro, ¿pero tú piensas que esto es para chavales de 13 años?

Netflix, en efecto, ha catalogado Élite para “´+13 años. (adolescentes)”, pero en cada uno de los ocho capítulos dudamos de que sea un contenido apto siquiera para menores de 16.

¿Nos hemos vuelto de repente una pareja de padres carcas o es que Netflix ha calibrado mal la catalogación por edades de Elite? Da como mínimo, para un debate.

Sin ánimo de hacer mucho spoiler, la serie española gira en torno a un grupo de supuestos adolescentes de un instituto pijo que se comportan como los veinteañeros más desbocados. Andarán de aquí para allá con libros de texto y en uniforme escolar, pero se pasan el día viviendo vidas de algunos adultos: consumiendo drogas, practicando sexo en espacios públicos o haciendo tríos para resucitar relaciones de pareja ya enfriadas a los 17 años.

¿Y qué decir del retrato que hace de las familias? En Élite no hay ni una sana y normal. Todas son desestructuradas, con unos progenitores que ni conocen ni quieren conocer a sus hijos. Con la religión o el dinero rigiendo sus vidas. Y un bullying del todo criminal.

Solamente se salva, sinceramente, la normalidad con la que los jóvenes acogen las relaciones homosexuales. De hecho, es la pareja gay de la serie más creíble en el retrato de la juventud actual, opinamos.

Pero, a lo que vamos, ¿es contenido apropiado para chicos y chicas de 13 y 14 años? ¿Nos podemos fiar de las catalogaciones?

Antes los padres podían regirse, no solo por los rombos de una película, sino por el horario de emisión de un determinado contenido audiovisual. Si lo ponían después de las diez de la noche, era para adultos, se entendía.. Ahora que cualquier serie o película puede descargarse a cualquier hora del día y en cualquier dispositivo, la única guía que nos queda a los padres es la recomendación por edades que se muestra al principio de cada programa.

En España, supuestamente, los audiovisuales “no recomendados a menores de doce” (+13) sí permiten contenidos limitados de conductas ilegales o perjudiciales para la salud, violencia visual o verbal, crueldad, consumo de drogas… en un contexto de rechazo a dichas prácticas”. Esta calificación es también más tolerante con las escenas o diálogos de carácter sexual o erótico, que serán “ajustados siempre a la etapa de la preadolescencia”.

La generalización del abuso entre iguales, del consumo de alcohol y drogas y de un sexo explícito más propio de adultos que de adolecentes nos hace pensar que Élite no encaja en esa escala.

Netflix señala en su web que “todas las series y películas de Netflix tienen asignada una clasificación por edades para que los suscriptores puedan tomar decisiones fundamentadas para ellos y para sus hijos”.

Pues aquí nos tienen a nosotros dudando si no deberían de revisar al alza la edad para Élite. Por si aún estáis a tiempo y os sirve, nosotros estamos convencidos de que de haber visto la serie antes que ella, se la habríamos desaconsejado hasta los 16 años. Pero sucedió al revés, que ella la vio antes. Ya solo nos quedaba una salida. Iniciar una de esas conversaciones serias, esas que empiezan tal que así:

-Hija, tenemos que hablar de Élite. ¿No te sorprende nada de lo que has visto?

Lo que sigue es ya otro capítulo…

Ocho animes para ver con niños (y disfrutarlos todos) por el Día Mundial de la Animación

Dado que este domingo se celebra el Día Mundial de la Animación, he decidido traer aquí diez series de animación aptas para ver con niños, en familia. Hay todo un universo más allá de Pokémon y Heidi. Ojo, que no son para niños pequeños, sino para niños a partir de ocho, nueve o diez años (en función de la serie y de los criterios de cada familia). Es decir, para esa edad en la que otros dibujos empiezan a quedarse cortos. Y son series que los mayores también pueden disfrutar, por lo que se pueden ver en familia. De hecho recomendaría incluso echar un ojo en solitario al primer episodio (cada uno son poco más de 20 minutos), porque mi criterio no tiene que ir parejo con el de otros padres.

Las he seleccionado junto a mi hija, y estaremos encantadas de recibir nuevas sugerencias. Hay todo un universo de animación interesante disponible.

Por cierto, recomiendo verlas en japonés subtituladas al castellano, aunque sé que suena muy friki, o en inglés para trabajar el oído con ese idioma. Ver películas y series y al mismo tiempo leer subtítulos es un buen ejercicio para los niños, para que ganen en velocidad y comprensión lectora, que les sobra motivación para enterarse.

Tengo que empezar con Haikyuu, cuya primera temporada (hay tres) está disponible en Netflix y en el canal de youtube de Selecta Visión, porque creo que es la que más hemos disfrutado viendo todos en casa, hemos vivido con más emoción algunos de sus partidos de voleibol que los del pasado Mundial. De hecho, ya le dediqué un post en exclusiva el curso pasado. Completamente blanca y divertida, sin componente romántico, es apta para todos los públicos pero creo que puede gustar a partir de unos ocho años. Sus protagonistas son Hinata y Kageyama, rematador y colocador de primer año de personalidades opuestas (el segundo podría casi tener asperger), pero nos muestra a un buen puñado de adolescentes deportistas y sanotes, bien construidos y diferenciados. Se les coge cariño mientras les vemos esforzarse para ser mejores. Nos gustó tanto que ya os hablé de ella el año pasado y ha logrado que mi hija se haya apuntado a un club de voleibol.

Yona, princesa del amanecer (Akatsuki no Yona). Aquí tenemos a una típica princesita consentida que, en su primer capítulo, se encuentra teniendo que huir acompañada de un joven general para salvar su vida. Despojada de todo, va a tener que espabilar a marchas forzadas. Con elementos fantásticos, tendrá que reunir a cuatro jóvenes con los poderes legendarios de los dragones; también con un notable componente romántico (hay una tensión no resuelta y en aumento entre Yona y Hak, el guerrero que la acompaña). Mucho humor, a veces cáustico y un poco verde, y peleas con tinta roja, que no van a asustar a ningún niño a partir de unos nueve años. Nosotros la hemos visto en Crunchyroll, algo así como un Netflix de ánimes. Julia también está leyendo los mangas.

My hero Academia (boku no hero Academy). Otra que también tiene una colección de mangas que mi hija está leyendo (apuntad que ver estas series puede animar a leer). En un universo en el que la mayoría de la gente nace con superpoderes de lo más original (no esperéis, salvo en pocos casos, los clásicos y aburridos de Marvel), el protagonista es un chaval que no tiene ninguno pero que está empeñado en convertirse en un héroe profesional. Lo conseguirá a base de empeño y fuerza de voluntad, y porque el superhéroe más poderoso tiene que buscar un sucesor y encuentra en él un corazón realmente heroico. Es un gran éxito, que hace que eventos como la Japan Weekend abunden en cosplays con los personajes de la serie.

Wellcome to the ballroom. Tercera serie que recomiendo con libros también disponibles en el mercado español. Esta vez está centrada en algo que puede sonar tan marciano a la mayoría de los niños como los bailes de salón. Un chaval de instituto que es una mediocridad en todo comienza, casi de casualidad, a practicar este deporte y a descubrir que requiere mucha entrega y lo importante que resulta ser uno con tu pareja. Una historia de crecimiento personal a través del esfuerzo que tanto gustan a los japoneses (y no solo a ellos, la verdad), muy inocente y bien hecha. Nosotros la vimos en Amazon Prime, una plataforma que, como Netflix, tiene bastante serie de animación venida de Oriente (HBO en este sentido es un erial). En

La desastrosa vida de Saiki K. Es la que estamos viendo ahora en Netflix. “Es muy graciosa”, destaca de ella Julia. Efectivamente, es humor, en gran medida absurdo, muy bien construido si es que engancha contigo. El protagonista es un niño de instituto con el pelo rosa y unas antenas que limitan sus poderes mentales. Es un mentalista tremendamente poderoso, capaz de leer el pensamiento, teletransportarse, tiene rayos X en los ojos, puede hacer retroceder el tiempo… Podría acabar con el mundo con un chasquido de dedos, pero por suerte es un buen chaval, bastante serio, con la única aspiración de pasar desapercibido y poder tomar de vez en cuando gelatinas de café (los dulces le pierden). Está rodeado de un elenco de compañeros que llevan los clichés del mangánime a un estupendo extremo humorístico.

Yuri on Ice. Una serie muy breve, de apenas doce episodios, que se centra en el mundo del patinaje artístico de alto nivel. Pese a ser más adulta, los niños también la disfrutan. Premiada y alabada, también por patinadores profesionales que han alabado su realismo, sigue a Yuri, un prometedor patinador japonés en un momento de crisis, al que decide entrenar su ídolo recién retirado, Victor Nikiforov, para fastidio de otro Yuri ruso, más joven y en ascenso. Con dosis de humor, también algo de romance muy blanco y nada heterosexual, su visionado merece mucho la pena. Una belleza.

Cells at work. (Hataraku Saibou) Ojalá traigan el manga a España, porque podrían considerarse casi como libros de texto. Imaginad nuestro viejo y añorado Érase una vez la vida convertido en ánime moderno. Hay glóbulos rojos (eritrocitos), todo tipo de células del sistema inmune, virus, bacterias y un cuerpo humano en constante peligro. Hay episodios dedicados a las intoxicaciones alimentarias, el cáncer, las alergias, las heridas, las crisis hipovolémicas, o la función del timo. Más compleja y actualizada en la información que da que su predecesora, se aprende muchísimo sobre nuestra biología, aunque es verdad que tiene un nivel de ESO, los niños más pequeños se irán quedando con cosas. Y las plaquetas son monísimas. Eso sí, la sangre de virus y bacterias salpica, no como en la vieja serie francesa.

Noragami. Terminamos con otra serie que vimos en Netflix de la que también hay libros. Antes de diez años tal vez algunas escenas den un poquito de miedo a los niños más sensibles, aunque Julia la vio con ocho años sin mayor problema (salvo por cierta escena de una niña fantasma). La cosa va de Yato, un dios pobre, sin apenas seguidores y que viste con chandal. Los dioses de este universo, invisibles para los humanos, cuentan con almas puras a las que han rescatado y convierten en objetos que les son útiles, también armas. Pronto Yato logrará uno de estos compañeros y además la amistad de una adolescente que, por haber estado cerca de la muerte, es capaz de verle y de convertirse en un ser a medio camino entre dos mundos con cola de gato. La misión de Yato es acabar con unas influencias malignas que empujan a los seres humanos a cometer actos malvados o de desesperación. Eso cuando no está limpiando o cuidando bebés por sumar seguidores y unos cuantos yenes para construirse un templo. Acción sobrenatural, mucho humor y muy poquito romance. Hay una diosa guerrera rubia, bondadosa y extremadamente poderosa (y muy sensualmente, todo hay que decirlo) que cabalga un león y que a Julia le encanta.

‘El príncipe dragón’, nueva vieja fantasía para ver junto a nuestros niños

Cada vez hay más series de animación con muy distintos planteamientos que son propuestas atractivas para ver en familia, con niños que aún se podrían considerar pequeños pero que ya han superado La patrulla canina o Peppa Pig.

Es conocido el discurso de que las nuevas plataformas como Netflix, HBO o Amazon Prime están produciendo contenido adulto de calidad en gran cantidad y muy variado, pero es que también están dedicando presupuesto a crear y ofrecer series infantiles de lo más recomendable. Sobre todo es así en el caso de Netflix, que igual se trae a Guillermo del Toro para ofrecernos un grupo de cazadores de trolls que ficha a la inigualable Julie Andrews para acercar el mundo del teatro, los musicales y el ballet a los niños.

Uno de los últimos descubrimientos que hemos hecho en casa en esta plataforma es El príncipe dragón. Ya me había llegado recomendada por varios padres que conozco en Twitter y cuyo criterio confío, así que decidí que intentásemos verla en familia.

Ya os he contado en el pasado que creo oportuno ver series y películas junto a nuestros hijos. No todas necesariamente, pero tener un ratito juntos en el sofá ante la misma historia nos ofrece temas de conversación, las ventajas de compartir intereses y que vean además que nos importa lo que les gusta y pasar tiempo con ellos.

Callum, ‘principastro’ que es un artista dibujando y haciendo sus primeros pinitos con la magia; y Rayna, una elfa asesina con un oscuro secreto.

Hemos podido comprobar que El príncipe dragón es una de esas series que lo permiten. Gusta a los niños a partir de unos seis años y entretiene a los adultos que sean capaces de entender que están ante un producto infantil, por mucho que tenga sus guiños y sus tramas secundarias algo más complejas.

Está ambientada en un mundo fantástico de elfos, humanos y dragones en guerra en el que la magia abunda, también la oscura. Los protagonistas son los príncipes y hermanastros Callum y Ezran y la elfa de la luna Rayla, acompañados en su misión por un sapo de luz que rebosa personalidad. Niños procedentes de pueblos que son enemigos irreconciliables, unidos para poner fin a la contienda.

Tiene muchos clichés típicos de la fantasía, soluciones de guion demasiado sencillas y la primera temporada se interrumpe justo cuando la aventura (una quest de toda la vida, de las que los aficionados a los juegos de rol conocen bien) parece que se eleva.

Pero también es entretenida, con dosis equilibradas de intrigas, acción y humor y un universo y una colección de personajes razonablemente bien construidos, incluso complejos y con motivaciones lógicas.

Y hay en ella mujeres muy fuertes, empezando por la elfa protagonista. También hay un personaje relevante que se comunica con lengua de signos, mestizaje y familias reconstruidas y estructuradas. Además de un mensaje de fondo siempre presente de la conveniencia de optar por lo que es justo, aunque resulte un camino más difícil.

Sus creadores son Aaron Ehasz (Avatar: La leyenda de Aang) y Justin Richmond (Uncharted 3).

Ezran, hermanastro de Callum e hijo del rey junto a su carismática (y deslumbrante) mascota, un sapo con espíritu de viejo bulldog inglés.

Y termino avisando de una serie que tiene muy buena pinta y un poquito me recuerda a la que os cuento pero en plan Xena, la princesa guerrera. En realidad es un remake de una serie creada por Mattel en los 80 al rebufo de otra: He-Man y los amos del universo. Se titula She-ra y las princesas del poder y se estrenará en Netflix el 16 de noviembre.

El director de ‘Kubo y las dos cuerdas mágicas’ reinventa a los transformers con ‘Bumblebee‘

No sé si sabéis quien es Travis Knight, el director responsable de la película de la que quiero hablaros hoy. Knight fue también el responsable de una de las mejores películas de animación que he visto en los últimos años: la nominada al Oscar Kubo y las dos cuerdas mágicas.

Ya os hablé de esa hermosísima historia en 2016, el año de su estreno.

Un director de animación al que tome nota de seguir la pista junto a Tomm More, que tiene en su haber maravillas como La canción del mar o El secreto de Kells.

Si tenéis niños y aún no habéis visto Kubo o las películas de More en familia, ya sabéis lo que tenéis pendiente. Y si no tenéis niños, también.

More sigue en la animación, pero Knight ha cambiado de tercio, y mucho. Suya será nada menos que la próxima película de Transformers con actores de carne y hueso.

Pero no esperéis chicas que podrían ser modelos de lencería e historias únicamente de acción con el sello de Michael Bay. Al menos yo no lo espero del sensible director de Kubo. La idea es renovar la franquicia, darle un aire nuevo en una cinta de aventuras para todos los públicos.

Ambientada en la 80 y con guion de Christina Hodson, su protagonista es una joven actriz de notable talento y muy distinta a Megan Fox: Hailee Steinfeld, conocida sobre todo por el remake de Valor de ley de los Coen.

Esta misma semana hemos podido ver el trailer, en el que el protagonista no es Optimus Prime, sino el escarabajo amarillo Bumblebee (abejorro).

Yo, que me había apeado hace ya mucho de la saga de los transformers, pienso darle una oportunidad a este sexto episodio, el primero que no tendrá a Bay al mando, estas navidades.

‘Mary y la flor de la bruja’, hay muchas cosas más importantes que la magia

Este viernes llega a los cines una película de animación notable, una historia que conjuga magia y aventuras apta para toda la familia con una estética bellísima de principio a fin.

Mary y la flor de la bruja es lo que pasaría si una niña muggle, por seguir a un gato de color cambiante igual que Alicia al conejo, acabara en el Hogwarts que habría soñado Ghibli. Una escuela de magia deslumbrante, colorida, extraña y muy inquietante llamada Endor, poblada por seres que parecen nacidos del universo de El viaje de Chihiro.

Resulta lógico, si pensamos que su director, Hiromasa Yonebayashi, comenzó trabajando de animador para Hayao Miyazaki precisamente en títulos como La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y Mi Vecino Totoro. Hace ocho años dirigió una de nuestras cintas de Ghibli favoritas, perfecta para ver con niños, la deliciosa Arrietty y el mundo de los diminutos. En 2015 abandonó Ghibli para crear su propio estudio de animación, Ponoc, al que no conviene perder la pista.

Mary será bruja tras impregnarse temporalmente de la magia emanada por una misteriosa flor. Una bruja cuyo único hechizo será precisamente deshacer los conjuros para que todo vuelva a ser como siempre tendría que haber sido.

Mary y la flor de la bruja es una narración amena, solo aparentemente sencilla, en la que la protagonista absoluta es esa niña a la que no le gusta su pelo pelirrojo, pero que acabará aprendiendo a apreciarlo. Una niña que vencerá su torpeza al comprender que uno no puede titubear y rendirse si lo que está en juego es importante y que las lisonjas de los desconocidos pueden caldearte los oídos, pero no el corazón.

Llega un momento en que es inevitable darse cuenta de que la maravilla verdadera no son esas criaturas poseídas por la imaginación más desbocada, es la naturaleza, son los animales de sobra conocidos. Los jabalíes, ciervos, monos y águilas que tanto recuerdan a los pobladores del bosque de La princesa Mononoke. De hecho, me atrevería a decir que Yakul hace un cameo.

Al final resulta que no necesitamos de la magia, de lo extravagante, por divertido que pueda ser surcar el cielo en escoba. Lo que necesitamos, lo que nos hace felices y nos da paz, es una familia que nos apoye, hacer buenos amigos, apreciar el hecho de caminar libre bajo el cielo azul y sobre la radiante hierba verde, perder el dominio de la bicicleta al soltar una mano pero regresando de nuevo al camino que conduce al colegio, a la seguridad de lo cotidiano, que deslumbra aún más.

‘Ponysitters Club’, la apuesta de Netflix para los niños pequeños amantes de los animales

Este agosto Netflix ha estrenado una serie infantil de producción propia a la que le tenía echado el ojo hace tiempo. Me daba la impresión de que podría ser del gusto de mi hija y, tras verla juntas, os puedo asegurar que no me equivocaba.

Julia adora a los caballos. Es una fascinación que, por el motivo que sea, aparece sobre todo en las niñas, da igual el país. Lo tengo comprobado (en cierto sentido porque yo también fui una niña fascinada por los Caballos y lo mío no fue heredado). A muchas les gustaría montar a caballo y las que lo logran son mayoría en los clubs hípicos. Por eso hay tantos ponis y caballos en series pensadas para niñas, por eso Barbie y muñecas semejantes tienen caballo.

Pero volvamos a Netflix. Esa plataforma ya disponía de una serie ubicada en un club hípico que ya habíamos visto. Se titula A rienda suelta, este verano han estrenado la segunda temporada, y en casa también gustó mucho. Es una serie protagonizada por adolescentes, pero muy blanca, sin entrar casi apenas en amoríos y en la que no se cae en la superficialidad de otras series semejantes. La cosa va de montar a caballo, hacer amigos y desentrañar algunos misterios.

Ponysitters Club es más blanca aún. Rosa incluso diría yo. En este caso los niños protagonistas son aún más pequeños y también lo es su público objetivo. A partir de cinco o seis años la pueden ver sin problemas. En cambio, al adulto que pudo ver en familia A rienda suelta, es probable que esta serie le resulte demasiado infantil, demasiado plana.

La niña protagonista, Skye, tiene que luchar contra una dislexia que hace que le cueste mucho leer y escribir. Vive con su madre y su abuelo, veterinario retirado, en un rancho que rescata animales necesitados y les busca nuevos hogares. De hecho se llama Rancho Rescate.

El club que da nombre a la serie es una iniciativa de esta niña y tres amigos para recaudar fondos y hacer buenas obras. Uno de esos amigos es Ethan, un chico tímido y que dibuja muy bien; otra es una Trish, con visos de artista; y la tercera es Olivia, una estupenda estudiante que ayuda a Skye. A ellos se sumarán más niños, empezando por una vecinita brasileña Isabella, Shelby, que tiene un caballo en propiedad, o Kyle, un primo de Olivia en silla de ruedas.

Los niños de Ponysitters Club montan muy poco a caballo, pero los cuidan mucho. A los caballos y a todo tipo de animales que habitan ese rancho. Veremos pasearse conejos, cabras, burros… todos adorables en extremo.

Una serie amable y breve que seguro gustará a los niños pequeños que se declaren amantes de los animales, que son la mayoría.