Archivo de la categoría ‘Cosas de niños’

Necesitamos juguetes que muestren la discapacidad y ayuden a normalizarla desde la infancia

Hace cinco años compartía en este mismo blog mi alegría por haber encontrado en un catálogo de juguetes navideños un muñeco con discapacidad. Se trataba de un colega de las Monster High, muñecas cuya popularidad ha ido en declive. No era uno de los personajes protagonistas, pero lo compensaba con el guiño literario de llamaras Finnegan Wake. En ese mismo post también comentaba la existencia en Imaginarium de una muñeca en silla de ruedas más realista

“Se ven tan pocos juguetes que contemplen la discapacidad que algo así se agradece y mucho en aras de la normalización, de la visibilidad bien entendida”, os contaba entonces, lamentando que ni en juguetes, ni en series de dibujos animados o en películas infantiles se veía representada la diversidad de la discapacidad. Poco, muy poco comparado con el porcentaje real de personas que tienen a nuestro alrededor algún tipo de discapacidad intelectual o física.

Es una situación que va mejorando poco a poco. Pasito a pasito. Los niños tienen a su disposición cada vez más opciones para entender que en este mucho todos somos diferentes, que hay personas que lo tienen más difícil pero no por ello tienen menos valor.

Mattel, gigante del juego infantil, lo está intentando con su línea Barbie Fashionistas, que arrancó justo el año que yo hacía esa reivindicación. Empezó mostrando diferentes constituciones y razas (Barbies con poco pecho, sin cintura de avispa, rellenitas, altas o bajitas…) y poco a poco ha ido ampliando su oferta. Este otoño ya aplaudí la idea de lanzar muñecas sin género definido y de una edad inferior a lo que suelen tener sus productos.

También en 2019 arrancó la línea de muñecas con discapacidad, con una Barbie en silla de ruedas que fue la muñeca de la gama Fashionistas más vendida ese año. Y no es poca cosa, porque siete de las de diez muñecas vendidas en todo el mundo en 2019 eran muñecas de la línea Fashionistas.


(Jeremy Lloyd/MATTEL)

Recuerdo alguna charla informal con jugueteros españoles, un sector en el que las muñecas tienen una potencia especial, que me comentaban hace pocos años que  que lanzar productos así era un riesgo porque probablemente no se venderían. En la misma conversación me contaban que crear publicidades con niños jugando con las cocinitas y niñas con camiones también podían tener menos alcance. Prejuicios probablemente.

Pues bien, acaban de aterrizar una muñeca sin pelo, una Barbie con vitíligo y una muñeca con una prótesis de oro; además de un Ken con pelo largo y el primer Ken pelirrojo de la historia


(Paul Jordan/MATTEL)

Con la Barbie sin pelo explican que “si una niña está experimentando pérdida de cabello por cualquier motivo, podrá verse reflejada en su muñeca favorita”. Una mujer puede perder el pelo por enfermedades, pero también existe la calvicie femenina, mucho menos aceptada que la masculina, un problema estético que se traduce en que a esas mujeres las señalen por la calle como enfermas sin estarlo y nazcan en ellas muchos complejos.

En 2019, cuando apareció la Barbie en silla de ruedas, también hubo una Barbie con una prótesis. La nueva versión tiene prótesis dorada y la piel más oscura. Para la Barbie con vitíligo se ha trabajado con un dermatólogo para representarlo con la mayor precisión posible.

Termino con una petición para el futuro próximo para la compañía: salir de las discapacidades físicas y mostrar, para normalizar desde el juego, la discapacidad sensorial y, sobre todo la intelectual. A título particular, ojalá hubiera una Barbie con autismo. Puede que sean menos obvias, más difíciles de plasmar en un juguete, pero igualmente necesarias.

Somos los guardianes de nuestros hijos, no sus propietarios


Mis hijos no son míos.
Mis hijos son suyos, de ellos, individuos plenos. Los niños no son personas de segunda división como muchos parecen creer, son personas sin más, que además gozan de una especial protección.

Mis hijos no son míos igual que yo no soy de ellos, ni de mi marido o de mis padres. Yo soy mía, con obligaciones para los míos y con la sociedad de la que formo parte. Eso por supuesto.

Yo, en todo caso, soy la guardiana de mis hijos, soy la responsable de procurar su bienestar. Mi cometido es custodiarlos para que vivan en una sociedad de la que forman parte y que establece muchas reglas del juego.

Mis hijos no son míos para ponerles el nombre que me dé la gana si menoscaba su dignidad. Mis hijos no son míos para decidir tenerlos sin papeles, al margen del Estado. Tampoco lo son para educarlos en casa; el homeschooling que está permitido en otros países, no tiene cabida en el nuestro. Mis hijos no son míos para educarles a golpes, por mucho que una infame legión aún defienda el tortazo a tiempo. Mis hijos no son míos para negarles tratamientos médicos, y si los legisladores hubieran imaginado que en el futuro próximo existiría algo como el movimiento antivacunas tampoco podría impedir que se las pusieran. Mis hijos no son míos para sacarlos del país como me plazca o impedir a otros adultos de referencia que los vean.

También soy la guardiana del resto de niños. Si encontrase un niño perdido en la calle, no podría dejarlo ahí a su suerte. Si tuviera conocimiento de un niño en mi entorno que está siendo abusado o maltratado, mi obligación sería denunciar para protegerlo.

Todos somos los guardianes de nuestros niños.

Nuestros niños no son propiedad de nadie.

Niños valientes, niños con diabetes

Los conozco bien. Son niños valientes, niños que nos dan una lección diaria de cómo vivir disfrutando, apartando las nubes que quieren ocultar el sol.

Son niños con diabetes. Los hay que la tienen como constante compañera desde que que son bebés, otros la conocieron y tuvieron que aprender a gestionarla más mayores.

(JORGE PARÍS)

Son niños acostumbrados a los médicos, a los pinchazos. Pinchazos en los dedos, para comprobar la glucemia en sangre. Pinchazos en el vientre o las nalgas, para ponerse el catéter de la bomba de insulina que les acompaña en todo momento como un remedo de páncreas artificial. Pinchazos para instalarse sensores en el brazo. Pinchazos para ponerse directamente la insulina inyectada. Pinchazos que no tardan en ponerse ellos solitos, porque necesitan valerse por sí mismos cuanto antes.

Son niños que han desarrollado la paciencia suficiente para no comer lo que quieren cuando quieren, sino lo que pueden cuando les dicen. Niños que esperan hasta poder tomar esa porción de tarta de cumpleaños que además es más pequeña que la del resto. Niños que saben qué alimentos son libres y cuáles pueden suponer un problema. Niños que al crecer aprenden a calcular los hidratos que tiene aquello que van a comer y las raciones que son para ajustar la dosis de insulina. Niños que no se separan de su mochila salvavidas que alberga su zumo y sus galletas, sus pastillas de glucosa, sus medidores, su insulina, sus recambios por si falla el cateter o el sensor.

Son niños que saben que no se pueden quedar con cualquiera, que necesitan adultos capaces y dispuestos a ayudarles, a asumir la responsabilidad de cuidarles. Niños para los que quedarse a dormir en casa de un amigo o ir de excursión con el colegio puede suponer un problema, un coste, incluso una injusta imposibilidad.

Son niños sin límites. Niños que crecen soñando en ser lo que ellos quieran, en llegar a ser olímpicos o volar hasta Marte. Niños que a los que hasta hace muy poco habían vetado injustamente de profesiones como ser bombero o policía. Una batalla ganada. Habrá otras que tendrán que sostener.

Son niños que tendrán que aprender a ser adolescentes responsables, que cuiden su salud evitando excesos que les pongan en peligro.

Son niños fuertes. Son niños muy valientes, ya os lo dije. Y este jueves, catorce de noviembre, es su día. Este mes es su mes.

Son niños que necesitan toda la ayuda que podamos darles. Necesitan que tengamos el mismo valor y fuerza de voluntad de ellos, que nos responsabilicemos sin miedo para hacerles la vida más fácil siempre que sea posible y que exijamos la investigación médica que mejore su futuro y los recursos que garanticen su bienestar.

En España y en todas partes.

‘Creatable World’ no es ni muñeco ni muñeca, es jugar en libertad

Hay niñas con el pelo corto a las que toman por niños; niños con el pelo largo a los que fríen mandándoles al peluquero porque “el pelo largo es de niñas” o, aún peor, “pareces una niña”. Hay niñas que se niegan a llevar vestiditos y prefieren mallas, chándal y sudadera; y niños que quieren ir con ropa de color rosa, vestido o falda. Esos últimos rara vez llegan a vestir así, se les avergüenza si tienen ese impulso desde muy pequeños aunque no responda más que a la inocencia de disfrazarse o jugar a ser cómo mamá.

Por supuesto también hay niños y niñas que no se identifican con ningún género, de manera temporal o permanente, y hay niños transgénero.

Cuando un niño pequeño es frecuente que al dibujar a una madre le ponga el pelo largo y falda. Da igual si su propia madre tiene el pelo cortísimo y no se apea de los vaqueros.

Porque existe esa realidad, porque es constante y cotidiana, me gusta ‘Creatable World’. ¿Representan a un chico? ¿A una chica? ¿Son muñecos o muñecas? Son lo que el niño que esté jugando con ellos quiera.

Fijaos en los protagonistas de este vídeo. ¿Son niños? ¿Son niñas? ¡Qué más da!

Dan una libertad al jugar envidiable. Jugar es lo importante a fin de cuentas. Y son además una herramienta para romper con prejuicios y estereotipos, para no crecer pensando que el pelo largo es de chicas o llevar pantalones y sudadera es de chicos.

Recomendado a partir de seis años, el kit que tiene un precio recomendado de 39 euros incluye un muñeco de treinta centímetros (sin rasgos hipersexualizados), una peluca, ropa y accesorios que potencialmente permiten crear decenas de versiones.

Mavi Caro, Brand Manager de ‘Creatable World’ en España, ha tenido la amabilidad de contestar algunas preguntas sobre este juguete.

¿Qué impulsó a la creación de esta colección de muñecos? ¿Cuál fue su concepción y objetivo?
Este nuevo juguete ha sido creado con la colaboración de un grupo dedicado de expertos, padres, psicólogos, pedagogos y, lo más importante, niños. A través de diversos estudios, detectamos que muchos niños huyen de los juguetes que dictan normas de género y que, además, no existía ninguna colección de muñecos en el mercado que invitara a niños y niñas a jugar por igual. Con ‘Creatable World’, esperamos deshacernos de los límites y estereotipos a los que se enfrentan los niños y, con el tiempo, redefinir el concepto de muñeco y quiénes juegan con él.

¿Cómo ha sido la acogida en términos de ventas? ¿El mercado responde positivamente a estos gestos de valentía de Mattel?
Lo lanzamos el 25 de septiembre, hace menos de un mes, y es muy pronto para hablar de cifras de ventas. A partir del lanzamiento a medios, se ha generado mucho interés entre la distribución y estamos teniendo nuevas oportunidades de distribuir nuestro producto y estar más cerca del consumidor. Todos nuestros lanzamientos nacen con vocación de permanecer en el tiempo y aún más si las marcas recogen valores que la sociedad demanda como es el caso de ‘Creatable World’.

¿Y cómo ha sido la acogida por parte de la sociedad, dejando números a un lado?
La verdad es que la acogida ha sido todo un éxito. Este nuevo lanzamiento es el reflejo de nuestra cultura y, ahora que se celebra el impacto positivo de la inclusividad en todo el mundo, sentimos que es el momento ideal para crear esta línea de muñecos. La respuesta tanto de los medios como de los consumidores en España está siendo muy positiva en cuanto a las reacciones y el tono positivo con el que ha sido acogida. Al fin y al cabo, lo que nosotros esperamos es que ‘Creatable World’ anime a la sociedad a tener una mente abierta sobre la forma cómo los niños y niñas disfrutan a la hora de jugar con muñecos.

Sinceramente, lanzar un muñeco de género neutro parece una apuesta valiente porque puede generar rechazo en determinadas personas. ¿Lo ha habido?
Como comentábamos, la acogida ha sido realmente positiva y, por el momento, no tenemos constancia de ningún tipo de rechazo. La sociedad avanza en diversidad e inclusividad y Mattel avanza con ella, creando juguetes que se amoldan al mundo que los niños ven a su alrededor.

Es una frase muy repetida que los juguetes no son para niñas ni para niños, son para jugar. Pero es indiscutible que con los muñecos de este tipo juegan más las niñas. ¿Uno de los objetivos de ‘Creatable World’ es que esto cambie, que más niños se acerquen a l@s muñec@s?
El objetivo es que tanto niños como niñas puedan crear sus propios personajes sin límites, normas ni etiquetas. De esta manera, el muñeco se convierte en un lienzo en blanco con el que los más pequeños podrán dejar volar su imaginación. Con Creatable World todo el mundo es bienvenido, niños y niñas podrán jugar y crear la historia que quieran sin nada que les detenga, porque sabemos que el juego con muñecos es un vehículo importante para fomentar la imaginación y para que los niños se proyecten a sí mismos o reflejen la realidad que les rodea, por eso, cuantas más opciones tengan disponibles, mejor.

Llama la atención que son muñecos que representan a niños que podrían tener unos diez años, no jóvenes adultos y adolescentes o bebés que es lo más habitual. ¿Por qué?
Los muñecos representan niños preadolescentes y los muñecos han sido creados y diseñados para que los niños de entre 5 y 8 años que jueguen con ellos se sientan identificados. Algunos de los detalles que se han cuidado para reflejar la edad del muñeco son: el pecho plano, sin maquillaje, menor curvatura de la espalda, manos y pies más grandes, eliminación del arco plantar, hombros más redondos y menos picudo y cabeza de mayor tamaño. De todas formas, éste es solo el principio de Creatable World. Conforme seguimos avanzando, nuestros diseñadores seguirán buscando formas de fomentar la diversidad e incluirla en la colección.

Las últimas reinvenciones de Barbie por parte de Mattel, su apuesta por acercar a las niñas a vocaciones científicas o por mostrar distintas fisonomías, responde a esa misma filosofía de este Creatable World?
Desde Mattel y con todas nuestras marcas lo que queremos es que los más pequeños se diviertan, puedan expresarse libremente, sin límites y que luchen por conseguir lo que quieran. Barbie nació hace 60 años respondiendo a la realidad de un momento en el que las niñas tenían muy pocas opciones de juego y de proyectarse a sí mismas en distintos ámbitos considerados masculinos en aquel momento. Durante esos 60 años ha representado más de 200 carreras, en ocasiones siendo el primer personaje femenino en representarlas. Desafortunadamente, esa premisa no está aún superada y sigue existiendo un fenómeno llamado Dream Gap, por el que las niñas en un momento dado dejan de proyectarse en determinadas profesiones, es por eso por lo que seguimos poniendo el foco en esos temas con Barbie, siendo fieles al propósito con el que nació la marca.

Digitales, de galinstano, con contacto, sin él… ¿qué tipo de termómetros debemos usar con nuestros hijos?

No tengo demasiada fe en los termómetros. Confieso que en mi casa no hay en este momento termómetros operativos. Cuando mis hijos parecen estar calientes, siempre he confiado más en un beso en la frente para comprobar si tenían poca fiebre, mucha o ninguna, los grados exactos nunca me han preocupado. Si es poca y no hay malestar, pues la medicina es estar tranquilos en casa. Si me parece mucha o sí que se sienten mal, el ibuprofeno y el reposo obran milagros. Respetando en ambos casos su apetito y su sueño. Tampoco son niños que caigan fácilmente enfermos.

Sí, sé bien que comienzo con una afirmación absurda. El uso de termómetros para medir la fiebre no es algo en lo que creer o no, son simplemente herramientas que hay que saber utilizar.

Aunque usarlas no es tan fácil como parece. Hace tres años publiqué en este periódico un tema titulado ¿Qué se considera fiebre en adultos o en bebés? ¿Cómo tomar la temperatura? en el que un apartado entero estaba dedicado a este segundo aspecto y qué tipo de termómetros emplear, porque desde que se prohibieron en 2016 los fiables pero desaconsejables termómetros de mercurio de toda la vida, han aparecido todo tipo de variantes en las farmacias, especialmente amplia entre los destinados a los niños.

Térmómetros de oído, de frente, con contacto, sin contacto, con aplicaciones asociadas al móvil para hacer gráficas, digitales, semejantes a los viejos de mercurio, con voz para cantarnos la temperatura, etc.

(GTRES)

Hablé por aquel entonces con la pediatra Irene Maté, la farmaceútica, nutricionista, óptica y estupenda divulgadora Boticaria García y Amalia Arce, médico pediatra en la Fundació Hospital de Nens de Barcelona, donde ha coordinado el Servicio de Urgencias y que también es autora de varios libros sobre salud infantil y del blog Diario de una mamá pediatra.

Las tres coincidían en no obsesionarse tomando la temperatura cada poco y en evitar los termómetros que no son de contacto, que coincide que suelen ser los más costosos. Un termómetro digital flexible puede salir por menos de 10 euros y uno sin contacto cuesta entre 40 y 50 euros.

Repesco el fragmento en el que resumía la charla con ellas:

Amalia Arce prefiere y recomienda los termómetros de galinstano. Se trata de una aleación de galio, indio y estaño, líquida a temperatura ambiente. “Tiene el inconveniente de que tarda tanto como el mercurio y hay gente que parece que no es capaz de aguantar tres minutos, pero da una temperatura más fiable. También se rompen, pero no son tóxicos”.

Respecto a los distintos tipo de termómetros digitales, los que menos le convencen son los de frente y oído, aconseja en todo caso los que tienen forma de termómetro convencional, “pero mi sensación es que el grado de fiabilidad es justito, que al principio funcionan y con el tiempo se descalibran. Y la primera medición no es la fiable, tienes que ponerlo varias veces hasta que ves que no cambia el nivel de temperatura”.

Boticaria García coincide en no recomendar los termómetros sin contacto, de frente o de oído, que “a veces nos vuelven locos”. “Tampoco soy especialmente partidaria de las aplicaciones de smartphones que te hacen gráficas porque generan obsesión”, añade.

En cambio ella aconseja los digitales normales, los de pila que usan en los hospitales. Preferiblemente de una buena marca y los de detección rápida que apenas necesitan diez segundos. “Tienen una buena relación calidad precio y en principio son precisos, lo que pasa es que medimos mal. Me devuelven muchos termómetros porque no funciona bien y es que no saben usarlos, aunque parezca una tontería. Hay que ponerlo en vertical apuntando al cielo y solemos ponerlo en paralelo al suelo. Los de galinstano son muy lentos; cuanto más tiempo necesite un termómetro, peor”.

La doctora Maté coincide en la poca fiabilidad de los termómetros de oído y frente y en recomendar los termómetros digitales, “con los de galinstano no he trabajado”. Añade además que “siempre es mas fiable una temperatura rectal que una axilar”.

(GTRES)


En cualquier caso no hay que obsesionarse con la fiebre y sí tener presentes las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria.

1. La fiebre no es una enfermedad, es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones, tanto las causadas por virus como por bacterias.
2. La fiebre por sí misma no causa daño cerebral, ni ceguera, ni sordera, ni muerte.
3. Algunos niños predispuestos (4%) pueden tener convulsiones por fiebre pero el tratamiento de la fiebre no evita estas convulsiones. Nunca se deberían dar medicamentos para bajar la fiebre con este propósito.
4. Hay que tratar los niños febriles sólo cuando la fiebre se acompaña de malestar general o dolor. El ibuprofeno y el paracetamol tienen la misma eficacia para tratar el dolor y su dosificación debe realizarse en función del peso del niño y no de la edad. La combinación o alternancia de ibuprofeno y paracetamol no es aconsejable
5. El uso de paños húmedos, friegas de alcohol, desnudar a los niños, duchas, baños… para el tratamiento de la fiebre está desaconsejado.
6. No abrigar ni desnudar demasiado al niño con fiebre
7. El niño con fiebre debe estar bien hidratado. Hay que ofrecer frecuentemente líquidos y procurar que éstos tengan hidratos de carbono (zumos de frutas, batidos, papillas, etc.).
8. No es aconsejable el uso de paracetamol o ibuprofeno tras la vacunación para prevenir las reacciones febriles o locales.
9. Ni la cantidad de fiebre ni el descenso de ésta tras administrar ibuprofeno o paracetamol sirven para orientar sobre la gravedad de la infección.
10. Debe vigilar signos de empeoramiento clínico y consultar con carácter urgente si su hijo presenta:
Manchitas en la piel, de color rojo oscuro o morado, que no desaparecen al estirar la piel de alrededor.
– Decaimiento, irritabilidad o llanto excesivo y difícil de calmar.
– Rigidez de cuello.
– Convulsión o pérdida de conocimiento.
– Dificultad para respirar (marca las costillas y hunde el esternón, se oyen como silbidos cuando respira, respiración muy rápida, agitada, etc.).
– Vómitos y/o diarrea persistentes o muy abundantes que causen deshidratación (lengua seca, ausencia de saliva, ojos hundidos, etc.).
– Si no orina o la orina es escasa
– Siempre requiere consulta urgente la fiebre en un niño menor de 3 meses.

Los niños prefieren a los hombres sin barba

Por mucho que se puedan poner de moda (a todo esto: ¿habrá pasado ya la moda?), por atractivas que puedan resultar a muchos adolescentes o adultos, parece que a los niños, eso de las barbas, no les va en absoluto.

No es solo una impresión personal, aunque podría. He visto a bastantes bebés y niños pequeños extrañados ante el sonriente rostro barbado de un extraño o tras escucharles quejarse de que aquello rasca, pica y es raro. Claro que eran hijos de padres dados al afeitado y podría ser la falta de costumbre.

En la australiana universidad de Queensland se han puesto a estudiar el tema en serio y pusieron a prueba las barbas con 470 niños; niños que tenían desde nueve meses hasta trece años. Desconozco si tenían padres, abuelos o tíos barbudos.

A todos ellos les mostraron distintas series con parejas de fotos, en cada pareja se veía al mismo hombre con barba y recién afeitado. Las preguntas que hicieron a los niños fueron: “¿Qué hombre parece más fuerte? ¿Cuál parece mayor? ¿A cuál se le ve mejor? ” ‘Which man looks stronger?’ ‘Which man looks older?’ ‘Which man looks best?'”.

Pues incluso los niños más peques asociaron las barbas a mayor fortaleza y edad (que lo sepáis, la barba os hace parecer más viejos, al menos ante los niños). Pero ante cuál era mejor, la respuesta era abrumadora hacia los lampiños.

Con apenas un año y nueve meses ya les desagradan pero es que la cosa no mejora. Con trece años les gustan aun menos, aseguran los autores del estudio.

Ahora que ya lo sabéis, lo de tirar de cuchilla o maquinilla de afeitar si tenéis niños o trabajáis con ellos, es cosa vuestra.

Aunque como dice Álex, con toda la razón:

¿Los niños mimados son adultos débiles? ¿Nos encontramos ante una generación blandita?

Hay columnas de opinión, hay libros, hay corrillos, hay una corriente que asegura que estamos criando una generación de niños mimados, que lo que obtendremos serán adultos débiles, incapaces de enfrentarse a los retos que traiga la vida.

Generalizaciones que no se sostienen en más evidencia que la observación de lo que uno tiene a su alrededor, una observación llena de sesgos.

Igual que las mías, lo reconozco.

No sé qué opináis vosotros, pero lo que yo veo me dice que estamos intentando criar a nuestros niños con más amor, más respeto, teniéndoles más en cuenta que nunca. Y me niego a creer que eso sea algo malo.

El amor da alas al tiempo que ofrece un suelo firme. No lo digo yo, hay una legión de expertos que afirman que ese sentirse querido y respaldado crea adultos más seguros de sí mismos, con más capacidad para ser felices.

Por supuesto, lo nuevos tiempos entrañan nuevos retos, suponen también que cometamos nuevos errores. Nos podemos pasar de frenada, por supuesto que sí, y acabar haciendo más mal que bien.

Sí que creo que existe eso que se llama “padres helicópteros” o “hiperpaternidad”. En todo en esta vida está la aspiracional justa medida aristotélica tan difícil de alcanzar y excesos por los extremos. La lógica dicta a cualquiera que convertirse en una mezcla entre mayordomos, guardaespaldas y fans ciegos a sus defectos (al estilo Justin Bieber) de nuestros hijos puede acabar teniendo consecuencias negativas.

¿Hasta dónde mimar? ¿Dónde está el punto en el que nos estamos excediendo? Esto no es como preparar un bizcocho, no hay medidas exactas. Además, para individuo, cada familia tiene sus particularidades. Pero también parece lógico que resulte más sano excederse en el amor y en los cuidados que en la falta de atenciones y el desapego.

No sé vosotros, pero yo prefiero pecar por exceso que por defecto

Eso no quita que sea consciente de que hay que arropar, pero también incentivar que sean independientes, que sepan manejarse por la vida, que valoren lo que cuesta ganar un sueldo, que hay que respetar a los demás tanto como nosotros les respetamos.

No hay nada tan complejo como criar a un hijo. Y en nada tan complejo es tan sencillo poner el piloto automático y dejar que la vida nos conduzca dónde le dé la gana.

No creo que nos enfrentemos a una generación blandita. Cada generación es distinta a la previa, sobre todo en estás últimas décadas tan aceleradas. Distinta no significa ni mejor ni peor.

Existe cierta tendencia a dejarse llevar por aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. No es verdad. Como bien dice la divulgadora Nieves Concostrina, cualquier tiempo pasado fue anterior. Sin más. 

(GTRES)

 

 

“Es hora de ir buscando ‘au pair’”

A veces estás presente en una conversación que no va contigo, escuchas a los demás hablar sobre algo de lo que no sabes nada, que incluso te hace pensar aquello de “hay otros mundos, pero están en éste”.

Es fácil que a todos nos haya pasado; tal vez estén hablando de fútbol, de política o de jardinería, temas que desconocen, que no te importan, que te pillan lejos. Yo me encontré una vez así, por estas fechas, escuchando a un grupo de madres hablar de sus au pairs.

Comentaban que si a fulanita no le duran porque las pone a limpiar y una au pair no es para eso; que a una le tocó una chica que solo quería salir de marcha y luego dormir la mañana y eso no puede ser; que claro que no, porque además de dar mal ejemplo a los niños es tu responsabilidad si le pasa algo porque está en tu casa; que si das con una chica que encaje con los niños no hay mejor forma para que tus hijos aprendan otro idioma…

La conversación seguía y yo callaba. Tan obvio era que estaba solo de oyente que una de esas madres me preguntó, con mucha amabilidad, si no me había planteado nunca tener una au pair como ayuda con los niños. Añadió, probablemente recordando que habito en la periferia obrera del sur de Madrid, que apenas costaba dinero, unos 300 o 400 euros al mes.

“¿Puede dormir en la misma cama de la niña?”, pregunté obviamente en broma. “Claro que no, necesitan tener su propia habitación”. “Pues me temo que entonces tener una au pair en mi piso está descartado”, contesté.

(GTRES)



Nadie en mi entorno cercano ha tenido una au pair en casa.
Ni antes ni ahora. Nunca jamás. Sí que he tenido cerca alguna chica que se ha ido para cuidar niños y aprender idiomas, empezando por una de mis primas, con experiencias razonablemente buenas por fortuna.

Vaya por delante que me parece potencialmente un buen arreglo por las dos partes, en el que tanto la familia como la chica pueden salir beneficiados. Se aprenden idiomas, se conocen otras culturas, se tiene una ayudita con los niños, se hace turismo… Tal vez si tuviera una habitación sobrante y dinero bastante me animaría a intentarlo. ¿Quién sabe? Aunque eso de incorporar un extraño en las dinámicas familiares no me acaba de cuadrar mentalmente demasiado. Valoro mucho eso de estar en mi casa haciendo lo que me apetece, sin tener que cuidar si salgo en pelotas de la ducha al dormitorio.

Del tema au pair, además, siempre me ha llamado la atención que no parezca haber chicos. Ellos también pueden jugar con nuestros hijos, acompañar a la familia, hablar en otro idioma que aprendamos. No obstante, aparentemente no existe la figura del au pair masculino. Siempre se habla de chicas. Me da que esconde el mismo prejuicio por el que los hombres encuentran escollos para encontrar trabajos relacionados con el cuidado de los niños más pequeños; que también aquí pesa sobre ellos la sombra constante e injusta de la duda de la depredación sexual, que también son prejuicios a superar si queremos igualdad.

Preguntar si tendríais un au pair varón me da que cosecharía las mismas respuestas que cuando pregunté si tendríais un hombre como canguro. Probablemente por eso es imposible encontrar en el banco de imágenes del medio a un chico ejerciendo de canguro. Probablemente por eso también los chavales ni siquiera lo intenten sabiendo de antemano las dificultades que encontrarán. Son otros techos de cristal.

Y del tema au pair también recuerdo que, hace exactamente tres años, fue noticia que una familia irlandesa había sido condenada a indemnizar a una au pair española por explotación laboral.

El Centro de Derechos de los Inmigrantes aseguró que la sentencia judicial “envía un claro mensaje” a las familias que emplean niñeras, al tiempo que advirtió de que, “por desgracia”, este no es “un caso aislado”. “Sabemos que muchas au pairs reciben un trato mucho, mucho peor. Su trabajo es esencial para las familias, la comunidad y la economía. Esta decisión histórica, así como la compensación concedida, demuestra claramente que se valora su trabajo”, apuntó la representante legal del CRCI, Virginija Petrauskaite.

Una noticia que se tradujo en otra serie de contenidos en 20minutos en los que otras chicas contaban sus malas experiencias. Nuestro medio recibió un aluvión de testimonios.

¿Es hora de ir buscando ‘au pair’? Pues tal vez para muchas familias así sea. Ojalá siempre familias con buen corazón, capaces de ponerse en zapatos ajenos, y que han reflexionado en profundidad sobre lo que implica, más que en las posibles ventajas e inconvenientes.

(GTRES)

“¿Por qué te pones tacones si con ellos no puedes correr?”

Las preguntas de los niños. Puertas abiertas al conocimiento, si somos capaces de darnos cuenta. Puertas abiertas a hacernos preguntas también a nosotros mismos sobre aquello que hacemos por hábito o convención sin detenernos a pensarlo.

Los niños tienen preguntas de todo tipo: ¿Cómo funcionan las nubes? ¿Qué es un político? ¿Por qué un día tiene 24 horas? ¿Por qué el pan se pone blando cuando lo mojas?.

Pero yo hoy me voy a quedar en un par de cuestiones mucho más pedestres que he recibido y que me consta que también han recibido muchas otras madres.

Vuelves después de toda una jornada fuera, trabajando, según llegas a casa te quitas los tacones en los que has estado encaramada todo el día. Son cómodos, pero aun así no lo son tanto como un buen calzado plano, así que te quejas. “¿Por qué los llevas entonces mamá?”. Pues sí, ¿por qué los llevo?. “Son bonitos, hay situaciones que parecen pedirlos”, puede que respondas. Pero te quedas pensando que son incómodos, ¿de verdad eran tan necesarios?.

“¿Los puedo llevar yo?”. “Ahora no, cariño. No podrías correr ni jugar, sería más fácil que te cayeras y pueden hacer daño a tus pies y tu espalda. Cuando seas mayor, si quieres, podrás”. “¿Siendo mayor podré correr y ya no me harán daño?”. “No, aunque seas mayor te costará correr y te podrán hacer daño”.

Y entonces… ¿por qué los llevo yo?”. ¿Recibirían la mismas preguntas las mujeres que llevaban corsés o los pies vendados?. ¿Esas niñas obtendrían las mismas respuestas?

Cate Blanchett en Cannes.
(EFE/ Franck Robichon)

No me entendáis mal. Este contenido no pretende atacar a los tacones. Situaciones similares he vivido yo y otras madres respecto a la depilación por ejemplo. Es solo un ejemplo de cómo deberíamos tener muy presente que somos modelos para nuestras hijas en todo y en qué sentido tiene lo que siempre hemos hecho.

Y algo más. Los niños nos preguntan mucho sobre todo tipo de cosas. Unos más y unos menos, pero todos lo hacen. Y, al igual que el divulgador Antonio Martínez Ron, estoy convencida de que es algo que hay que procurar que nunca pierdan. Preguntar es querer saber, es tener curiosidad, es poder aprender.

Responder a sus preguntas con mentiras, ignorando sus cuestiones, quitándoles importancia, no es la actitud correcta. Reconocer que no sabemos algo es legítimo. Si no tenemos ese conocimiento podemos buscarlo juntos. Si no habíamos reflexionado al respecto, podemos hacerlo en ese momento, también juntos. No tiene que ser en ese mismo momento, puede que tengan que tener paciencia. Igual que nosotros.

La pregunta inocente de un niño puede ser un tesoro.

Desde una pequeña semilla

Me gustan las plantas. No tengo demasiadas en casa, un decena apenas y todas en la terraza. Faltan tiempo y espacio para poder tener más. Algunas de ellas son veteranas, tienen más años que nuestros hijos.

Hay un ficus que tal vez no sea el más bonito del mundo, pero que vino de casa de mi abuela Adriana, una extremeña con la mano verde. Verlo me recuerda a ella, que murió hace ya doce años. Apenas le dio tiempo a conocer a Jaime, su primer bisnieto. Lo conoció dominada ya por el alzhéimer, pero verle le hacía sonreír y preguntaba por él acunando un bebé imaginario entre sus brazos.

También hay un par de plantas que vinieron de nuestro anterior hogar, otro par de plantas de mi madre y de mi suegra y un pequeño arbolito de aguacate que hicimos germinar de una semilla.

Ahí quería llegar yo, a hacer nacer, ver crecer y valorar así los alimentos que tomamos. Con niños pequeños, es una actividad muy recomendable conocer todo del ciclo por el que una planta aparece a partir de una semilla. Especialmente aconsejable para los niños que se mueven eminentemente en entornos urbanos.

image

No supone apenas coste, aunque venden kits preparados y pensados para niños que pueden ser un buen regalo, no resultan en absoluto imprescindibles.

Podemos emplear una legumbre (lentejas, judías o garbanzos), el hueso de aguacate que os comentaba, semillas de tomates o pimientos o de aromáticas que compremos preparadas, bulbos de flores como el fragante jacinto e incluso podemos convertir una piña (de las tropicales) en una planta.

De hecho, es una actividad que se lleva a cabo con frecuencia en los colegios, una clase práctica de Conocimiento del medio (nuestras viejas Naturales). ¿Qué necesitan para vivir? ¿Cuáles son sus partes y para que sirve cada una de ellas? ¿Qué sucede con el agua? ¿Podrían crecer a oscuras? ¿Para qué necesitan la luz ?, ¿qué pasaría si las metemos en un recipiente de cristal o una bolsa transparente?.

Hay multitud de actividades y experimentos que se pueden hacer, Internet está llena de buenas ideas. Pero simplemente hacerse preguntas y buscar la manera de responderlas ya es ejercicio suficiente.

También una manera de aprender a asumir responsabilidades si les implicamos en su cuidado y de aprender a respetar al medio ambiente.

A partir de unos dos años, ya se puede empezar a aprender y a jugar haciendo nacer plantas. Y no hay una edad tope para dejar de disfrutarlo.

¿Lo habéis hecho? ¿Os animaréis a hacerlo?