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“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Mejor un juguete” “Pobre niño, compra algo que le divierta y no para estudiar”

No he entendido cuando me lo he encontrado -y ha sido con frecuencia- a adultos descartando que un libro sea un buen regalo para un niño al organizar los regalos de cumpleaños, Navidad o Reyes Magos. Lo consideran un presente de segunda, algo que no divierte, que no puede gustar.

“¿Un libro? ¿Solo eso?” “Pobre, regálale algo que le divierta, no para estudiar”.

Un libro es un buen regalo para un niño. Sobra decir que también para un adulto. Un libro que pueda gustar a su destinatario a mí me parece más apetecible y recomendable que la mayoría de juguetes que veo en los catálogos y que cobran los cien gramos de plástico a precio de adamantium.

Me gusta regalar libros. Supone recorrer estantes inmersa en una suerte de juego de buscar el tesoro. Acariciar lomos, cotillear solapas, recordar lecturas, con la persona a la que quieres complacer todo el rato en mente.

Cuando hay que regalar cuentos a un niño me gusta ir acompañada de mi hija, que ella también mire, recuerde y busque.

Y adoro encontrarme con libreros que conocen y aman los libros, que recomiendan desde el interés y con el corazón.

Me gusta también que me regalen libros. Es un regalo que me dice que esa persona ha pasado un ratito en una librería pensando qué me puede gustar, penando en mí y queriendo agradarme. Aunque os confieso que rara vez se atreven a hacerlo. Temen meter la pata.

Ya de niña los libros eran mi regalo favorito en mi cumpleaños y en estas fiestas. En cuanto supe la verdad tras la magia de la Navidad lo que recibía era dinero para comprarlos o (mi opción preferida) que me llevan a una librería a ir sumando libros en el mostrador hasta que me decían “hasta aquí hemos llegado con el presupuesto”.

Este año en la carta de mi hija de ocho años abundan los libros. Tanto que, tras añadir algunos videojuegos, ya no queda espacio para los juguetes según nuestra regla de una petición por casa.

“Solo un libro”. “Compra algo con lo que pueda jugar”. “No le regales algo que no le divierta” “Mejor un juguete”  “No creo que un libro le vaya a gustar tanto”.

Por supuesto que los libros son un buen regalo.

Diez mangas aptos para regalar a niños, porque el cómic es un buen aliado para cimentar el amor a la lectura #LeerCómicsEsLeer

Ya os conté hace tiempo que mi amor por la lectura procede en gran medida todos los buenos ratos pasados leyendo bocadillos en mi infancia: los libros de películas de Disney, de la irreductible aldea gala, mortadelos, súperhumores, zipizapes, tintines, Súperlopez…

Los cómics son una buena herramienta para cimentar el interés por descubrir historias pasando páginas. Divertirse y emocionarse en estos libros en los que el texto está apoyado por las imágenes ayuda a comprender que hay multitud de personajes y aventuras emocionantes, divertidas, sorprendentes… al alcance de nuestra mano.

Leer cómics es fácil, es satisfactorio y en esa fase en la que la lectura arranca son magníficos aliados, porque empezar a leer cuesta, porque que aprender a leer y disfrutarlo no es fácil; porque en el amor y en la guerra por amar la lectura, todo vale.

Lo recordaba no solo rememorando mi infancia, también viendo el entusiasmo con el que mi hija, que ahora tiene ocho años, lee y relee muchos cómics desde hace un año y cómo el hacerlo le ha abierto la puerta a muchas otras lecturas. Lo recordaba porque he visto a otros niños encantados leyendo cómics que les hemos prestado y regalado.  Lo recordaba también porque hace pocos días me pidieron recomendaciones de libros escritos en mayúsculas para iniciar a los niños en la lectura.

En su caso los cómics que la han enganchado son mangas. En alguna ocasión me han preguntado si no es un inconveniente que se lean al revés, de atrás a delante y de derecha a izquierda. No, no lo ha sido en ninguno de los casos que he visto a mi alrededor. Se acostumbran fácil.

Tras más de un año inmersos en este tipo de lecturas y dado las fechas en las que estamos, con mucha gente pensando qué regalos poner bajo el árbol he decidido recomendar aquí unos cuantos títulos aptos para niños.Regalos fáciles de encontrar y baratos (la mayoría de los libros rondan los ocho euros).

¿A partir de qué edad están recomendados. Algunos pueden leerse a partir de los cinco años, otros a partir de los diez. Como la madurez lectora de los niños varía mucho a esas edades, Lo mejor es que un adulto que los conozca bien los lea primero, que no se tarda tanto, antes de decidir cuándo ofrecérselo. Son además libros que también pueden gustar a los padres, leerlos antes no supone ningún sacrificio, sino un disfrute.

Por otro lado, conocer aquello que les gusta para poder hablar con ellos de esos temas siempre es buena idea. Que sientan que nos interesa lo que a ellos les gusta, ya sean libros, series de televisión, películas y videojuegos, contribuye a que nuestra relación con nuestros niños sea mejor; que sientan que lo que les gusta nos interesa fortalece el vínculo entre padres e hijos, un vínculo que es un error suponer que no puede agrietarse.

Diez mangas recomendables para niños

Hay mucho manga basado en licencias conocidas como Pokemon, Doraemon, Mario o Yo-kai Watch. Son opciones estupendas porque ya sabéis que hay que compartir y aprovechar los intereses de los niños, no podarlos, pero los que traigo son otros. Vamos con ellos, pero que quede claro que es una selección subjetiva y abierta a vuestras matizaciones y a otras recomendaciones.

  1. El dulce hogar de Chi.Konami Kanata. Planeta.
    Sin duda, la mejor serie para iniciar a niños. A partir de cinco años, si es que ya están predispuestos a la lectura a esa edad. Cuenta como la familia Yamada encuentra a la pequeña Chi en la calle y decide adoptarla. Costumbrista y deliciosa, con mucho humor, refleja estupendamente el espíritu felino y lo que implica la convivencia con uno de estos animales. Un buen regalo también para amantes de los animales.
  2. Yotsuba.Kiyohiko Azuma. Norma.
    Un manga completamente blanco y muy popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. También a partir de seis o siete años puede ser una buena lectura. Se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje. Julia no para de reír mientras lee sus salidas y aventuras cotidianas y no hay niño a partir de siete años al que se lo hayamos regalado o prestado y no le haya gustado.
  3. El pupitre de al lado. Takuma Morishige. Tomodomo.
    No tan conocido como los anteriores, pero igualmente recomendable. Delicioso y original, volcado en el humor. Yokoi, una niña muy estudiosa, se sienta junto a Seki, un chico que dedica las clases a idear todo tipo de locuras sobre su pupitre. Al final siempre queda la duda de cuál de los dos hace volar más su imaginación, si el niño inventor o la niña que interpreta. Otro canto a la imaginación y a la necesidad del juego. A partir de siete u ocho años.
  4. Tragones y mazmorras. Ryôko Kui. Milky Way.
    Una aventura rolera en toda regla. Un grupito de héroes (mago, caballero, explorador..) adentrándose en unas mazmorras para luchar contra un dragón y rescatar a los compañeros devorados. Divertida, sin sangre que salpique y con muerte poco drásticas, porque se puede resucitar. La originalidad consiste en que se van alimentando de los monstruos que encuentran, incluyendo recetas sencillas y, medio en broma, medio enserio, consejos nutricionales que harían las delicias a Boticaria García.
  5. My Hero Academy. Kōhei Horikoshi. Planeta.
    Izuku Midoriya es un niño normal, aparentemente sin súper-poderes, que entra voluntarioso en la academia en la que se forman los chicos que sí han nacido con dones especiales, que son la mayoría. Como es de suponer, no le toman demasiado en serio. Se da la casualidad de que su mejor amigo es el niño más poderoso de la clase. Acción, ciencia ficción y también comedia. Otra serie exitosa apta para niños a partir de unos ocho años.
  6. Padre e hijo. Mi Togawa. Milky Way.
    La historia está ambientada en el Japón rural del siglo XIX. Torakichi es un joven boticario cuyo trabajo consiste en viajar sin parar llevando los medicamentos a sus clientes. Pero sus aventuras arrancan cuando queda viudo y decide afrontar la crianza de Shiro y llevarlo con él en esos viajes pese a la oposición de muchos que no ven que sea vida para un niño. Costumbrista, centrada en las emociones, con ligeros toques de magia. Es una de mis series favoritas, pero también se puede disfrutar a partir de los 8 o 9 años.
  7. Noragami. Adachitoka. Norma.
    Volvemos a la acción. Otra serie muy popular de acción y ciencia ficción que cuenta con un anime que en estos momentos tiene en catálogo Netflix. Julia lo ha leído y visto en nuestra compañía (y disfrutado mucho) a sus ocho años, pero tal vez haya niños que deban acercarse pasados los diez. Yato es un dios menor que quiere un templo en un universo en el que los dioses tienen relaciones muy humanas y luchan contra malvados espíritus gracias a sus tesoros sagrados, almas puras que pueden convertirse en poderosas armas.
  8. Detective Conan. Gosho Aoyama. Planeta.
    Todo un clásico. El inteligente detective adolescente Shinichi Kudo que es convertido en niño pequeño y resuelve crímenes como nadie, pese a las dificultades que entraña estar en un cuerpecito tan pequeño. Pasa como con Noragami, habrá niños que con ocho años podrán leerlo, otros que a partir de nueve o diez años.
  9. One Piece. Eiichiro Oda. Planeta.
    De nuevo una serie muy popular, con mucha acción y mucho humor. La que más volúmenes tiene. También hay versión animada. Monkey D. Luffy es un pirata que de niño logró un poder muy especial, ser casi literalmente de goma. Su objetivo es convertirse en rey de los piratas con la ayuda de su banda, la del sombrero de paja, y encontrar un mítico tesoro.
  10. Los dioses mienten. Kaori Ozaki. Milky Way.
    El protagonista, un niño deportista como tantos otros, se encuentra un cachorro de gato herido y abandonado que le conducirá a entablar una relación con una niña que está viviendo una situación familiar muy dura. Un tomo único y la historia más profunda y poética de las que recojo en esta selección.

¡Ah! Y para niños más pequeños, os animo a leer la selección de cómics de la madre, psicóloga y bloguera Bebé a Mordor, que también recoge los beneficios que supone leer cómics para niños.

Ir con niños a Heroes ComicCon Madrid (porque el amor a la lectura nace con frecuencia gracias a los cómics)

Muchos entramos en la lectura de la mano de los tebeos. Muchos y en distintas generaciones.

Un joven contempla uno de los expositores de la tienda de cómics Akira Cómic, en Madrid. (Fernando Alvarado/EFE)

Mi tía Begoña cuenta con frecuencia que siempre recuerda a mi padre, de niño, con un tebeo en las manos. Él lo confirma, tenía colecciones completas de Capitán Trueno, Jabato, El Coyote Mis abuelos tuvieron muy poca vista haciéndolas desaparecer, no sabemos si regalándolos o haciendo prender con ellos la estufa de carbón. Duele el corazón, que diría Enrique Iglesias, solo de pensarlo.

Yo he leído mucho desde siempre, pero lo que más leía en un principio fueron cómics. El primer cuento que me aprendí de memoria fue la versión en tebeo de Los 101 dálmatas, que formaba parte de uno de aquellos gigantescos tomos de Películas de Disney.

Luego llegaron muchos otros, los Súperhumor, Mortadelo y Filemón, Titín, Astérix y Obélix, el magistral Superlópez, mis adorados Johan y Pirluit… No cometimos los errores de mis abuelos y todas esas lecturas están ahora a disposión de mi hija.

Me convertí pronto en una voraz lectora de todo tipo de libros, probablemente en gran medida por el disfrute rápido que logré de mis tebeos, y reduje la lectura de cómics, aunque nunca del todo. Me recuerdo a los 20 años (hace otros veinte) recorriendo los mercadillos malagueños acumulando ejemplares de la revista Creepy, riendo con Ralf König o sufriendo y maravillándome de la profundidad de Maus.

Y entonces mi hija nació, creció un poquito y comenzó a unir unas letras con otras. Disfrutaba leyendo cuentos, escuchándolos, pero no llegaba a explotar ese amor por la lectura que recordaba en mí. De aquellos momentos de titubeo nació un post, hace casi dos años, cuando ella tenía casi seis: Sé que leer cuesta, sé que aprender a leer no es fácil.

Había comprado muchos cuentos para primeros lectores, libros en mayúsculas, con historias pensadas para su edad, pero aunque ella los leía, yo no acababa de ver ese enganche a la lectura que recordaba en mí.

Hasta que dimos con los cómics que la atraparon, con los que la agarraron de la mano y ya no la soltaron empujándola a leer más, más deprisa, mejor. Cómics que despertaban sus risas infantiles, de cristal transparente. Cómics que la conducían de aventura den aventura. Cómics que la han llevado a que ahora esté leyendo y disfrutando de novelas como Harry Potter.

En su caso esos cómics han sido sobre todo mangas: Yotsuba, El dulce hogar de Chi, El pupitre de al lado, Pokemon, Detective Conan, Padre e hijo… Libros que hemos prestado con éxito a otros niños, que ahora también devoran bocadillos de papel.

Las dos juntas hemos descubierto ese universo de historias japonesas. He leído también muchos de sus libros y he descubierto otros, más adultos, que me han conducido a un reencuentro intenso con la lectura de tebeos (si me permitís llamar así a los mangas).

De hecho estoy fichando muchos libros que son más que recomendables para lectores ya adolescentes, también por los valores que inculcan, de los que ya os iré hablando.

Las dos juntas, en el sofá, pasando páginas en sentido contrario y tan contentas de compartir esos momentos de lectura.

Por eso vamos a ir juntas la próxima semana al Héroes Cómics Con que se celebra en Madrid (nos hemos quedado con ganas del Salón del Manga de Barcelona, tal vez al año próximo), para realizar una inmersión en profundidad en el universo de los tebeos y todo aquello que les rodea. A ver qué descubrimos.

Iremos y os contaremos qué tal la experiencia por si os interesa de cara a acudir con niños a próximas ediciones. Iremos y es la primera vez para ambas, así que admitimos recomendaciones.

Y antes de ir, os dejo la información que me han hecho llegar los organizadores por si os interesa acudir ya este año.

Es en el Pabellón 5 de IFEMA, el viernes 10 de noviembre y sábado 11 de 9:00 a 21:00 y el domingo 12 de 9:00 a 20:00.

La entrada gratuita para los niños menores de 10 años. Pero claro, los niños no pueden ir solos y los adultos tenemos que pagar 10 euros por la entrada del viernes (12 en taquilla) y 12 por la del sábado y el domingo (15 en taquillas). Hay más opciones a indagar en la web oficial si queremos ir disfrazados (como es debido, no vale un disfraz cutre del chino para salir del paso), en grupo o los tres días.

Heroes Comic Con Madrid forma parte del circuito Heroes, el mayor circuito europeo de eventos de cultura pop que cuenta en la actualidad con 12 salones en 6 países, y con una comunidad de más de 300.000 aficionados.

Acuden editoriales nacionales e internacionales mostrarán sus novedades y fondo de catálogo (ECC Ediciones, Planeta Cómic, Norma Editorial), también productoras y distribuidoras, incluida Netflix, Fox, Sony… y compañías de videojuegos y de juegos de mesa.

Hay pintaras y rincón de lectura, también tendrán el traje del último Spider-Man y en el stand de Warner numerosas actividades de Liga de la justicia, que se estrena el siguiente fin de semana del salón.

Y además de todo eso, en la Kids Zone:

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#TodosSomosCientíficos, un libro para inculcar en los niños el amor por la ciencia y luchar contra el cáncer infantil

Todos somos científicos es un libro que nace de la solidaridad, un proyecto precioso que merece todo el apoyo que podamos darle y por varios motivos.

Os voy a hablar primero del más obvio. Ya por su título se puede deducir el objetivo de su lectura: fomentar la vocación científica en los niños, el amor por explorar nuestro mundo de forma empírica para hacer de él un lugar mejor.

María José Rodríguez, que además de investigadora es escritora de cuentos infantiles e ilustradora, explica así cómo es el libro:

Es un libro de experimentos para hacer en familia, para niños y con las explicaciones sobre la ciencia que hay detrás del experimento también pensadas para que las entiendan los niños. Además es algo especial, pues cada capítulo tiene una introducción narrativa, una pequeña historia para enganchar a los niños y enseñarles que están interaccionando continuamente con la ciencia y la naturaleza, que la ciencia forma parte de nuestra vida diaria y es sorprendente y divertida.

Yo he escrito la parte narrativa y he asesorado en la organización del libro, la maquetación, los experimentos a plasmar y en que el lenguaje y las explicaciones fueran adecuadas para los niños. Y el resto del libro: experimentos, las explicaciones, las fotos, las anécdotas curiosas, la maquetación y las ilustraciones, las han hecho los voluntarios de Fundación Telefónica con el asesoramiento de Apadrina La Ciencia.

Además cada capítulo está supervisado por un científico del CSIC y de la Universidad, que es otro de los valores añadidos del libro.

 

Os hable de dos razones por las que apoyar este libro. La otra, probablemente la primera en importancia, es que es un libro solidario con una asociación que lucha activamente contra el cáncer infantil: APU, Asociación Pablo Ugarte. Poco conocida, su aportación a la investigación es notable; sostiene nada menos que 21 proyectos de investigación para acabar con ese monstruo que sí existe, que sí que nos acecha y a todos nos ha herido de alguna manera, más o menos profunda, un monstruo contra el que es preciso armarse y luchar.

Os lo he dicho en el pasado y lo repito. La guerra contra el cáncer la vamos a ganar. No sé cómo, ni cuando, ni de qué manera, pero lo lograremos. Acabará derrotado porque lo que sí sé es que cuando tantos hombres se empeñan con tanta fuerza en algo siempre lo acaban consiguiendo. Hemos demostrado con creces a lo largo de la historia que somos implacables, para bien y para mal.

Y los científicos son nuestra fuerza de asalto.

Todos somos científicos es un reto solidario, además de un libro. Os dejo de nuevo que os lo explique María José:

La idea es que si logramos recaudar con este libro 12.500 euros, Telefónica donará el doble de lo recaudado a la APU (25.000 euros) en la segunda parte del reto, con lo que la APU podría conseguir 37.500 euros que invertiría íntegramente en investigaciones contra el cáncer infantil.

Reto aparte, todo lo que venda (estará disponible desde Amazon) irá destinado a ese fin, así que Ojalá tenga muchas ediciones.

Su elaboración ha sido completamente solidaria, hay mucho tiempo, mucho esfuerzo y mucha ilusión de muchas personas que han arrimado el hombro por una buena causa. Y eso merece también tenerse en cuenta.

Es loable que gente sin experiencia en ilustración, maquetación, etc. haya hecho un libro tan bonito y en tan poco tiempo (empezamos el proyecto a finales de mayo). Y todos hemos trabajado gratis y no vamos a cobrar un duro: el libro vale 9,99 euros y todo el importe íntegro irá a la APU, a investigación contra el cáncer infantil, y, por ende, a aumentar la esperanza de niños y padres que sufren este tipo de enfermedad.

 

Este libro, este sueño de mejorar un poco el mundo y que devuelve la fe en el hombre, se presenta este próximo lunes, 2 de octubre, a las 19 en la sede que Fundación Telefónica tiene en la Gran Vía madrileña.

Allí podréis ver ver las investigaciones que la APU tiene en marcha y conocer a algunos de los investigadores, parte del equipo de Fundación Telefónica y de Apadrina La Ciencia. Yo también estaré por allí.

Os esperamos, con niños por supuesto. La entrada es libre pero conviene solicitar entradas en Ticketea.

Tenéis más información sobre el libro, cómo comprarlo y su presentación, en su página de facebook.

‘Retrón’ de Raúl Gay, un recomendable ejercicio de empatía en forma de libro

Hace algunos años que conozco a Raúl Gay, y lo cierto es que lo que nos unió fue la discapacidad; más concretamente la visión que tenemos sobre la discapacidad, que es positiva pero también realista, que huye de considerar como ángeles o superhéroes a los retrones, el término que él usa y da título a su libro, y aún así aspira a la felicidad.

También nos unió el periodismo, él es colega y si no hubiera ejercido este oficio durante dos años en un blog en El Diario, De retrones y hombres, junto a Pablo Echenique, probablemente no hubiera dado con él, con su sentido común y con esa visión de la discapacidad que compartimos. Yo como madre de un niño de diez años con autismo y un alto grado de afectación, él de primera mano por haber nacido con el síndrome de (el pirata) Roberts, una enfermedad rara que le supuso nacer sin brazos, con unas manos diferentes pero más operativas de lo que pudiera parecer, y unas piernas sin rodillas ni tobillos que le sostienen brevemente y le permiten alcanzar una vertical de metro veinte gracias a unas ortesis y una decena de operaciones (¡ay el olor de la anestesia!, el reverso tenebroso de la magdalena de Proust).

Por lo demás, Raúl Gay es un tipo normal. Tan normal como lo pueda ser cualquiera (nadie es normal, todos somos normales, ya sabéis). Tan normal que alberga sus contradicciones y sabe que tiene que bregar con ellas y mirarlas de frente (nadie es consecuente en todo). Un treintañero recién casado, esperando su primer hijo, gran conversador, buen lector y con ganas de ser feliz.

Tras algunos correos, conversaciones en redes sociales y colaborar escribiendo y leyéndonos, le conocí un día soleado en Madrid, paseamos y charlamos por El Retiro y le dejé entrando a un concierto que le cambiaría la vida, para bien.

Ahora que he podido (bendito verano) leer su libro he encontrado esa misma perspectiva que nos unió hace ya unos cuantos años merced a su blog. Una visión que antepone al ser humano a la discapacidad que tenga. Pedro, Marta, Laura, Raul, Carlos, María o Jaime tendrán autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, síndrome de Rett, focomelia, una retinopatía severa o X-frágil (el universo de la discapacidad es enormemente variado y complejo), pero ante todo son Pedro, Marta, Laura, Raúl, Carlos, María o Jaime, con su personalidad, sus gustos, sus deseos y circunstancias. Podrán ser buenas o malas personas. Y esas circunstancias tal vez sean mas determinantes que la propia discapacidad.

Contar con recursos económicos y con una red familiar (los amigos también son familia) supone la noche y el día para una persona con discapacidad, sea la que sea. El dinero no da la felicidad, pero ayuda. Si eres un retrón más aún, porque no tenerlo puede conducirte a una vida de encierro domiciliario, de peor calidad de vida, de perdida de potencial, de peor estado de salud, de demasiadas renuncias innecesarias. Y esa es una reivindicación presente en todo el libro.

Os traslado una pregunta que Raúl Gay hace desde su libro. Si os dieran a elegir entre ir en silla de ruedas en España o ser bípedo en Somalia, ¿qué elegiríais?.

Raúl lo tiene claro. Yo también. Igual que tenemos claro que si la pregunta fuera: ¿eliminarías esa discapacidad que te afecta a ti o a los tuyos si pudieras? La respuesta sería que por supuesto.

Y no tendría que ver con no aceptarse, sino con ese realismo objetivo que os comentaba al principio y que salpica el libro.

El mismo realismo objetivo que rechaza esa engañifa potencialmente peligrosa de que querer es poder.

Yo, que no tengo la experiencia de tener una discapacidad sino de tener un hijo con autismo, no he podido evitar leerlo teniendo muy presentes a los padres del autor. Están en un segundo plano, pero aparecen con frecuencia: llevando en brazos a su hijo hasta el mar, soportando y aprendiendo a ignorar las miradas marcianas, peleando para conseguir la escolarización más adecuada para su hijo pese a la oposición de un animal de bellota con forma de director de colegio, fabricando un atril para que pudiera leer y escribir en el pupitre, tal vez equivocándose al elegir alguna terapia… Los imagino también recibiendo diagnósticos, inmersos en papeleos, peleando con la administración, superando el sentimiento de culpa…

Probablemente haya más en común entre mi camino y el de los padres de Raúl Gay que entre Raúl y mi hijo. Ya lo decía arriba y se recoge en Retrón, la discapacidad es un universo tremendamente diverso.

Un universo de seres humanos que no es ajeno al sexo. En Retrón de habla de eso, igual que de muchos otros asuntos (intervenciones, asistentes personales, miedos varios…) que dejan de manifiesto la valentía y la sinceridad de su autor. No hay paños calientes al adentrarnos en el recorrido vital de Raúl Gay, y se agradece.

El libro que ha escrito Raúl Gay no es un canto a la esperanza o la alegría de vivir, no es un lugar en el que buscar ejemplo o inspiración (aunque tal vez se encuentre, por mucho que Raúl haya huido de la autoayuda), Retrón (Next Door Publishers) es un ejercicio de cordura por parte de su autor, un juego recomendable para cualquiera de ponerse en pellejo ajeno (entrenar la empatía siempre es buena idea) y ampliar nuestra visión del mundo.

La saga de libros infantiles ‘Futbolísimos’ será película, el rodaje ya está en marcha

Si hay una saga de libros que triunfe entre los niños españoles que arrancan a leer solo es, con la venia de Geronimo Stilton, la de Los Futbolísimos.

Estos libros que aúnan fútbol y misterios por resolver, una versión moderna de Los Cinco o Los Hollister en modo patrio-futbolero, no han pasado por mi casa dado el nulo interés de mi hija en cualquier asunto que implique el balompié, pero me consta su éxito entre muchos de sus amigos.

Ahí van unos números enormes cuando hablamos de libros: más de 1.250.000 ejemplares vendidos de esta colección, pensada para niños a partir de ocho años. Un éxito fulgurante si pensamos que el primer volumen llegó a las librerías hace apenas cuatro años.

Su autor es Roberto Santiago (también director de cine y guionista), al que conocí el pasado año en la entrega de premios SM (ganó con otro libro infantil, Los Protectores) y que tiene el indudable y enorme mérito de haber hecho disfrutar a miles de niños con la lectura. Cruzo los dedos porque ese gozo arraigue y dé frutos.

El ilustrador, que acertó de pleno al dar luz y color a la pandilla, es Enrique Lorenzo.

Pues bien, aprovechando las vacaciones de verano, ya ha arrancado el rodaje de la película basada en estos libros. Terminará el 2 de septiembre, justo a tiempo de que su elenco infantil reanude el cole.

(@CARLOS MARTÍN)

La dirige Miguel Ángel Lamata (Nuestros amantes, Tensión sexual no resuelta, Isi/Disi: Alto Voltaje, Una de zombis) y adaptará el primer libro, El misterio de los árbitros dormidos.

Espero sinceramente que sea una película entretenida y de buena factura. Es muy difícil hacer buenas películas infantiles más allá de la animación, y las últimas experiencias de adaptaciones españolas no han sido precisamente memorables. Aún recuerdo el desaguisado que hicieron con Manolito Gafotas. Leed los libros del niño de Carabanchel, pero no veáis la película si podéis evitarlo.

La productora explica que han hecho pruebas a unos 5.000 niños para dar con la pandilla perfecta que encarnará a Pakete, el protagonista, Helena (con hache), Toni, Camuñas, Marilyn, Angustias, Anita, Ocho y Tomeo. Los niños actores que se pondrán en sus botas serán Julio Bohigas, Milene Mayer, Marcos Milara, Iker Castiñeira, Martina Cabrera, Roberto Rodríguez, Samantha Jaramillo, Pablo Isabel y Daniel Crego.

También forman parte del reparto Joaquín Carmen Ruiz, Antonio Pagudo, Norma Ruiz, Jorge y Toni Acosta.

De momento, solo tenemos de la película  la imagen que ilustra este post.

Toda la suerte del mundo en la aventura.

Doce cuentos que meter en la maleta rumbo a la playa


En casa hemos leído muchos cuentos. Los seguimos leyendo, aunque cada vez más es otro tipo de lecturas las que se abren camino: cómics, mangas, libros para primeros lectores, Harry Potter, clásicos como Charlie y la fábrica de chocolate o La historia interminable, mis viejos libros en los que elegir tu propia aventura… Se notan los ocho años y medio que tiene ya Julia.

Pero los cuentos son una lectura que procuraremos no abandonar. Los hay que son auténticas obras de arte, que hacen reflexionar y emocionan también a los adultos, que son un acierto siempre.

He estado revisando los cuentos que nos han enamorado en los últimos años y he decidido recopilar aquí una selección con nuestros favoritos, nuestros imprescindibles. Cuentos que bien pueden acompañarnos en la maleta a la playa y que son un estupendo regalo para cualquier niño pequeño. Y no, no está El pollo Pepe, que nunca llamó la atención de mi hija, o títulos meritorios pero que están hasta en la sopa como A qué sabe la luna.

Vamos con ellos.


‘Las ciudades de colores’. Fue uno de los primeros cuentos que atrapó a Julia junto a ‘Sí, somos raros’. Lo leímos y releímos muchas noches. Y creo que a mí me gusta tanto como a ella. La gente que se ha acercado a él por recomendación mía, también ha quedado cautivada por la calidad de sus textos, su mensaje y lo bellamente que está ilustrado.

Su autora es María Bautista, con Raquel Blázquez como ilustradora. Otra cosa que me encanta de este cuento es que no hay una gran editorial detrás, es un proyecto joven, de calidad, llevado a cabo por personas con muy buenas ideas y mucha creatividad que se han embarcado en Cuento a la vista. No dejéis de visitar su web.


Todos los besos
, que forma parte de una serie en la que hay otros títulos igualmente recomendables como Todos los papás o Todos los bebés. Son cuentos aptos para bebés, unos cuentos que mi santo y yo nos aprendimos y aún recordamos: “el bebé león, es un campeón. El bebé avestruz, del sol ama su luz”.

Jaime destrozó de tanto verlos pese a ser considerablemente resistentes. No importa, no creo que haya mejor destino para un libro de bebé que caer en el campo de batalla de animar a la lectura, mucho mejor que permanecer intacto y olvidado en una estantería. De Bisinski – Sonders y editado por Corimbo.

‘Sí, somos raros’ fue el primer cuento que Julia se aprendió de memoria. De otra editorial a la que conviene seguir de cerca, Siete Leguas (suyo es también, por ejemplo, el fantástico ‘El señor Nimbo y la máquina de nubes’. De Javier Olariaga y Antonio Amago, es un canto a la integración y a la aceptación de las diferencias, a crecer sin complejos. Muy imaginativo y lleno de sentido del humor.

Trata de niños que son diferentes, ya sea porque están imantados y atraen todos los objetos metálicos, les crece el pelo a toda velocidad, una nube les persigue por todas partes o al gritar son capaces de derribar edificios. Eso tiene sus inconvenientes. Por ejemplo, necesitan una pesada bicicleta de madera o usar cubiertos de plástico, tienen que llevar la melena en una mochila, están siempre mojados o no les dejan cantar o gritar gol en el cole. Pero siempre al final aprenden a aceptarse y a encontrar ventajas en sus rarezas. Siempre, salvo en el caso de Ramón Chaparrón, que logra deshacerse de la nubecilla en cuanto sus padres y los médicos se dejan de pruebas y le hacen caso.

El cazo de Lorenzo. Un clásico de Isabelle Carriere. Una fantástica bonita metáfora de la situación de los niños con discapacidad intelectual y/o social y de cómo lograr su inclusión. El cazo que Lorenzo arrastra siempre va a seguir ahí, pero podemos ayudar a que sea más llevadero, a que le frene menos. En nuestra mano, en la de todos está lograrlo.

Editado por la Editorial Juventud, es asombroso lo alto que vuela con un texto y un dibujo tan sencillo. Es un libro recomendado por numerosas asociaciones de personas con autismo, aunque es aplicable a muchas otras circunstancias. Imprescindible se mire por dónde se mire. Yo sigo emocionándome cada vez que lo leo.

‘Gran Lobo Salvaje’. El primer cuento que yo leí solita de un tirón. El primero con el que Julia lloró, que al emociona de verdad. Leímos mi viejo volumen, pero es un título que se sigue reeditando y es fácil de encontrar. Está escrito por Rene Escudie con delicadeza, con tino, por alguien que se nota que sabe mucho de los perros y sabe transmitirlo, y transmite muchísimos valores, no solo de respeto a la vida animal, sino de compañerismo, resolución de conflictos personales, compromiso…

El pequeño Tritus es abandonado y durante cuatro días seguimos las andanzas del cachorro, que en cada capítulo va encontrando diferentes perros con diferentes historias: el viejo perro que le adopta, el cocker mimado que quiere ver mundo, un perrazo que fue la mano derecha de un pastor y sobrevive asilvestrado, otra perrilla mestiza que viaja con él, la bóxer perdida enamorada de sus dueños y loca por volver con ellos y el perro guardián encadenado.

‘Fuera de aquí horrible monstruo verde’ es un buen cuento para perder el miedo a los monstruos. Un cuento además de esos que se leen con mucho teatro. En él vemos aparecer rasgo a rasgo a un monstruo que el niño hará desaparecer a grito pelado, “¡No me asustas!”, pasando páginas hasta llegar al final: “¡Y no vuelvas más hasta que lo diga yo!”. Es decir, lo que hace es animar a los pequeños a aprender a decir no, a enfrentarse y a alejar aquello que no les gusta.

Un libro muy divertido, con mucha personalidad. De esos que no se olvidan. De Ed Emberly, publicado por la editorial Océano.

‘Si yo fuera un león’. Es un libro resistente, de esos ideales para ver distintos tipos de animales y jugar a imitar los sonidos que hacen. La gran novedad es que viene con dos asas a los lados que permiten abrirlo por completo, introducir el rostro en el hueco que correspondería a la cara del animal y jugar a que nosotros somos ese sapo, ese pajarito o ese gato.

Un cuento fantástico para niños muy pequeños, por su formato, los colores llamativos y, sobre todo, la interactividad que permite con los niños. Altamente recomendable si hay hermanos mayores, a partir de cinco años, que puedan leérselo introduciendo el rostro en el cuento. La autora es Isabel Pin y lo publica la editorial Lóguez.

‘La vaca gordita’ es un cuento sobre la importancia de querernos bien, obra de David Paloma (historia) y Francesc Rovira (ilustraciones) para la editorial Combel. La vaca gordita, que solo era un pelín más gordita que las demás, comienza a verse las patas gordas, la barriga gorda y deja de comer hasta convertirse en algo que ya no parece una vaca. Por suerte se da cuenta y vuelve a comer para volver a convertirse en una vaca feliz y saludable.

Os lo he resumido mucho y quitado la magia de los textos cuidados pensando en los niños y las ilustraciones, pero en este mundo en el que es ametrallante la obsesión por la imagen que tenemos, asociada constantemente a la delgadez y cada vez desde edades más tempranas, es muy importante transmitir a nuestros hijos que se quieran bien, que se gusten, que cuando se miren al espejo aprendan a amar lo que ven. Lograrlo sería un gran triunfo como padres. Y ‘La vaca gordita’ puede poner un granito de arena. Y granito a granito…

‘¡Yotsuba!’ es uno de nuestros últimos descubrimientos. La serie manga de Kiyohiko Azuma es una delicia para adultos y una lectura maravillosa para niños a partir de seis o siete años. Completamente blanco y sobradamente popular: súperventas en Japón, con numerosos premios y buenas críticas. Pero lo más importante es que se trata de un canto a la infancia, a esa maravillosa etapa de sorpresa, literalidad y aprendizaje.

Debe su nombre a su pequeña y carismática protagonista, una niñita que arranca la historia mudándose a una nueva casa y que, por motivos desconocidos, no sabe casi nada del mundo moderno. Yotsuba es, la niña del pelo verde, es una aliada fantástica para mostrar a nuestros hijos el placer que existe en la lectura, facilitado por el formato cómic. En España la publica Norma Editorial y cada tomo cuesta ocho euros.

‘Canción del pirata’ de Espronceda. Ediciones Idampa, proclamando desde la portada que a los grandes escritores hay que empezar a leerlos desde pequeños, tiene este poema en formato de cuento, bellamente ilustrado por Silvia Alberdi. Es una delicia no sólo para los niños, es uno de esos cuentos que los adultos también observamos cómo pequeñas joyas.

Además de desvelarnos poco a poco una poesía que todos los niños son capaces de entender y disfrutar a poco que expliquemos unos pocos términos, enriqueciendo así su vocabulario, muestra distintos tipos de letra, lo que resulta muy útil en esa edad en la que están empezando a leer y a descubrir que las mismas letras pueden aparecer representadas de formas muy diversas. También incluye al final varias curiosidades históricas sobre los piratas y al inicio una brevísima biografía de José de Espronceda.

‘Un mensaje para Luna’, de Virginia Kroll. Las ilustraciones de Zuzanna Celej son una maravilla y la historia también para crear concienciar medioambiental. Tortuga verde llevará a Luna, una niña con la que es fácil que se identifiquen los pequeños lectores, por todo el mundo, mostrándonos los retos a los que se enfrenta nuestro planeta y que por culpa del hombre muchos animales están en peligro.

Es un cuento que busca la empatía y que se apoya en la esperanza, en que tenemos que movilizarnos, para lograr que esta realidad cambie. Editado por Cuento de luz, una joven editorial infantil madrileña había sido la primera editorial europea y la tercera del mundo en recibir el certificado B Corporation por su labor social y medioambiental.

‘Mujeres’ es un proyecto de la ilustradora Isabel Ruiz Ruiz que vio la luz gracias al sistema de crowdfunding de Verkami y que ya tiene una segunda parte. No es realmente un cuento, es un álbum ilustrado de calidad en el que a un lado vemos las maravillosas y cargadas de personalidad ilustraciones de Isabel, a modo de retrato de cada mujer (Concepción Arenal, María Montessori, Hedy Lamarr, Virginia Woolf, Marie Curie, Clara Campoamor o Frida Kahlo, entre otras muchas), y al otro encontramos una cita significativa y una breve explicación sobre la vida y logros de esa mujer en concreto.

Una lectura, no para hacer del tirón, sino para disfrutar a sorbos a lo largo del tiempo. Y pese a ser un instrumento fantástico con niños (ojo, no solo con niñas, con niños en general), no es únicamente recomendable para niños, muchos adultos disfrutarán de esta recopilación.

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Dejad que los niños se acerquen a Harry Potter

El primer libro de la saga de Harry Potter llegó a las librerías un día como hoy de hace 20 años. El 26 de junio de 1997 el joven mago y sus amigos dieron sus primeros pasos para convertirse en iconos de la cultura popular, al nivel en el imaginario colectivo moderno de Luke SkyWalker, Han Solo y Leia. También tres, también una chica entre ellos y también un romance por medio y elementos que se podrían considerar mágicos.

No imaginaba J.K. Rowling, a la que sigo en Twitter porque derrocha inteligencia, sensibilidad y sentido común, la que iba a liar a nivel mundial con esos niños nacidos de su imaginación de madre reciente británica. Igual que George Lucas no soñó con el éxito que tendría Star Wars, ni mi querido Tolkien o el inigualable Stan Lee con sus creaciones. Los padres no conocemos de antemano hasta dónde llegaran nuestros vástagos, ningún tipo de vástago.

Para leer en español el primer libro, uno de los más vendidos de la historia (y seguramente más leído que otros que se han vendido más), hubo que esperar casi dos años. Fue en 1998 cuando se editó traducido Harry Potter y la piedra filosofal. A mis manos llegó en agosto por recomendación de un amigo, gran lector. Por aquel entonces yo tenía 22 años. No fui de esa generación que creció al mismo tiempo que el mago, aunque hubiera sido bonito.

– Léelo, que está muy bien.
– Pero si es un libro para niños…

Le hice caso y lo leí. Lo devoré de una sentada, porque, efectivamente, por temática y estilo es un libro infantil; el más infantil de una saga cuyos personajes y forma de narrar fueron oscureciéndose, volviéndose complejos según crecían, según crecíamos sus lectores enganchados a una historia aparentemente simple, a unos protagonistas carismáticos pese a ser poco revolucionarios, a un mundo que parecía inspirado en cierto modo en las novelitas de internados ingleses tipo Torres de Malory que heredé de niña de manos de mis primas mayores (y que, por cierto, han vuelto a reeditarse) e incluso un poco a Los cinco, pero en tres y con búho en lugar de perro.

Voldemort, Hagrid, Private Drive, Draco Malfoy, Dumbledore, Hogwarts, el autobús noctámbulo, Fawkes, Luna Lovegood, el callejón Diagon, Hedwig, Olivander, Neville Longbotton… Probablemente el gran mérito de J.K. Rowling fuera idear un mundo y unos seres que lo poblaban con recovecos, detallados, con personalidad. No teníamos tres héroes sobre un fondo gris interactuando con figuras fantasmales. Todo era rico, casi masticable.

Y se quedaba grabado.

Resulta curioso que las críticas fueran mayoritariamente muy positivas para los primeros libros, sobre todo para el primero. Según su éxito se disparó, proliferaron las reseñas negativas, las que tachaban la escritura de Rowling de poco pulida, de comercial, de producto de consumo, de tener agujeros e incongruencias.

Para mí, que no considero que sean libros perfectos ni mucho menos, pesa más que la posible falta de excelencia literaria lo mucho que la escritora ha hecho por afianzar el amor por la lectura entre niños y jóvenes. Según una encuesta elaborada en 2006 por Kids and Family Reading Report y Scholastic, el 51% de los lectores de Harry Potter de entre 5 y 17 años que no había leído nunca nada antes por placer, siguió leyendo y disfrutando al hacerlo.

Acabo de cambiar de idea. Probablemente el mayor mérito de J.K. Rowling sea haber creado un pequeño ejército de lectores.

Las películas llegaron antes de que fuera madre. La primera en 2001. Las vi con el que ahora es el padre de mis hijos religiosamente según iban llegando a los cines. Y las volvería a ver hace casi tres años con mi hija, que quedó hechizada por la misma magia, tanto que su séptimo cumpleaños estuvo centrado en el mundo de Potter.

Las películas también han creado lectores. Hace dos años, cuando Julia tenía seis, leímos el primero de los libros por la noche, en su cama. Capítulo a capítulo en voz alta. Yo, redescubriéndolo como un libro infantil que sigue siendo recomendable. Mi hija descubriendo que su imaginación unida a la de un escritor supera cualquier experiencia cinematográfica, por buena que sea.

Leed Harry Potter y la piedra filosofal. Leedlo con vuestros hijos. Regalad este libro a los niños. Dejad la puerta abierta a su magia, para que cuaje el amor por los libros, por soñar acunado por palabras ajenas.

‘#Vástagos ¿Cómo convertirlos en personas?’, un libro de relatos en el que está presente el autismo


Cuando a comienzos de curso me llegó la propuesta de escribir un relato inspirado en la maternidad para este libro que acaba de salir a la venta, ni me lo pensé. ¡Claro que quería participar!

Primero porque mi texto iba a estar estupendamente arropado por los de otras escritoras como Carmen Agustín (Valencia), Lía Álvarez (Salinas), Deborah García (A Coruña), Catalina González (Alicante), la que fue mi compañera de ‘bloguerías’ en 20minutos Clara Grima (Sevilla), María José Mas (Tarragona), Helena Matute (Bilbao), Angélica Pérez (Barcelona) y Ana Ribera (Madrid).

Por cierto, a falta de saber si yo me ubico más en Madrid o en Gijón, veo que geográficamente hay una pluralidad que ni el Senado…

Y todos nuestros relatos vienen acompañados de las ilustraciones de Mónica Lalanda (Valladolid), que ha creado una ilustración para cada uno de los relatos. Nunca habían ilustrado nada mío y, oye, hace ilusión.

Volvamos al lío. Es decir, al libro. En mi relato me planteé un reto. Habría maternidad, por supuesto, pero también habría autismo, protección animal y un elemento fantástico o de ciencia ficción. La cuadratura de un círculo autoimpuesto. Y sé que queda fatal que lo diga la autora, pero estoy encantada con el resultado.

En su nuevo libro Vástagos la editorial Next Door Publishers decide hablar sin tapujos de la maternidad. Lo hace a través de diez relatos de ficción escritos por diez mujeres. Diez historias en las que afloran el miedo, la impaciencia y la desazón, sentimientos que junto con el amor y la prudencia convierten a la maternidad en un estado real y complejo. Cada relato aporta una visión diferente de lo que conlleva tener un hijo y contribuye a romper el estereotipo.

El libro cuesta 15 euros y pronto estará disponible en muchos más puntos de venta, pero de momento está disponible desde la tienda de jotDown y en Amazon. También en versión digital. Estáis a tiempo de convertirlo en vuestro regalo del Día de la Madre.

Antonio Machado y Rubén Darío hechos cuentos para el Día del Libro

(GTRES)

No os engaño, me  hubiera gustado traer la recomendación de estos dos libros el pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, pero el Día del Libro es otra ocasión fantástica para hablar de Era un niño que soñaba y Margarita, está linda la mar.

Sí, Rubén Darío y Antonio Machado nada menos, adaptados para disfrute de nuestros niños. Estos dos álbumes forman  parte de una colección poesía ilustrada que tiene Bruño, cada uno se centra en un solo poema que se despliega a lo largo de sus páginas acompañado de ilustraciones.

“Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar…”, cuenta con ilustraciones de Marta F. Balmaseda. Las ilustraciones de Rosa María Curtó acompañan a “Era un niño que soñaba un caballo de cartón…”

Si me leéis ya sabéis que soy una gran defensora de buscar la poesía para nuestros niños, de jugar con ella, recuperarla, crearla…. Todos los libros, todas las letras hacen volar, pero tengo la íntima convicción de que con ningún texto lo hacemos tan alto como la buena poesía.

Y como el Día de Libro es un día para hacer recomendaciones de lecturas que merezcan la pena y yo ya he cumplido, os voy que pedir que vosotros también lo hagáis.

¿Qué libros infantiles nos aconsejáis?

 


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