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Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera. (Pablo Neruda)

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Comercio Justo: 30 años comprando con cabeza y corazón

Cacao

En 2016 se cumplen 30 años de la apertura de las dos primeras tiendas de Comercio Justo en España, en San Sebastián y Córdoba. Poco a poco, la etiqueta del fairtrade se ha ido haciendo un hueco entre los consumidores concienciados con el inmenso poder que tenemos, no ya en nuestras manos sino en el monedero. Lee el resto de la entrada »

Acabemos con el despilfarro de tirar alimentos a la basura

Basuras

La crisis nos ha traído terribles escenas inéditas. Como el rebusque de comida caducada en contenedores de los grandes supermercados. Algunos los cierran con candados para evitar la mala imagen.

Cada año, sólo en España  más de 50.000 toneladas de comida fresca de las tiendas de alimentación (dañada, fea, desigual, cercana a su fecha de caducidad) acaban en la basura.

Miles de personas podrían comer si se prohibiera ese derroche, pero el problema no es donar los alimentos desechados. El problema es distribuirlos, hacerlos llegar a quien los necesita. Porque la legislación obliga a que esa comida cuente con todos los controles sanitarios, sea manejada por personal acreditado, transportada en vehículos homologados y almacenada en espacios refrigerados. Al final lo más barato y sencillo es tirarlo todo a la basura.

Ocurre lo mismo con alimentos como la pasta, el arroz o las latas. Solo el 20% de los distribuidores donan habitualmente este tipo de productos, lo que implica desechar otras 357.000 toneladas de alimentos al año.

En Francia es diferente. País famoso por la importancia que allí se da a la cocina, está causando furor el reciente movimiento de “Les Gueules Cassées” (Los Rostros Rotos). Una alusión a los soldados franceses desfigurados por la Primera Guerra Mundial que fomenta el consumo de productos feos, destinados a la basura sólo por su aspecto. Igual de sanos, pero más baratos y sostenibles.

Además, una reciente Ley exige a los supermercados galos donar toda su comida sobrante.

Siguiendo el modelo francés, casi medio millón de europeos han firmado una solicitud reclamando que en la futura “estrategia de economía circular” promovida por la Comisión Europea se incluya la obligación de donar los alimentos desechados. Y se sancione a las empresas que no lo hagan.

Sólo así acabaremos con tan insolidario despilfarro.

Foto: Editorial J / Flickr

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Cada vez tiramos más comida a la basura

En tiempos de crisis nos hacemos más ahorradores, pero en lo fundamental, en la alimentación, seguimos apostando por el derroche. La culpa la tiene esa confusión entre límite de venta y límite de consumo.

Según estadísticas oficiales de la Unión Europea, el 18% de los europeos no conoce la diferencia entre “consúmase preferentementey “caduca, cuando la primera sólo hace referencia a la calidad, mientras que la segunda se refiere a seguridad alimentaria. Y así nos va.

Cada europeo tira anualmente a la basura una media de 179 kilos de alimentos en perfecto estado, medio kilo al día. O lo que es lo mismo, cerca del 50% de productos comestibles se pierde en el intrincado camino que une a productor con consumidor, la mitad desechados directamente por nosotros mismos desde casa.

Esto no hay quien lo entienda. 79 millones de personas viven en Europa en la pobreza, mientras casi 90 millones de toneladas de alimentos en perfecto estado terminan todos los años en los contenedores. Y como nos creemos más ricos que nadie, en las tiendas, cuando el producto fresco ya no está en óptimas condiciones o está próximo a caducar, en lugar de venderlo más barato como se hace en muchos países, aquí directamente lo tiramos.

Frente a este despropósito se nos olvida lo auténticamente importante, la calidad de lo que comemos. Adoramos las marcas de todo lo superfluo y regateamos dos céntimos en la leche sin valorar su origen incierto. Obviamos así la presencia en los alimentos de conservantes, colorantes y otros componentes poco saludables como grasas hidrogenadas. Y apostamos con alegría por la insostenibilidad de comprar productos de orígenes transcontinentales despreciando los producidos en nuestro entorno más inmediato.

Ya lo dice El Roto: Cada vez hay más comida en la basura y más basura en la comida.

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Necesitamos 3.000 millones de lavadoras para ser felices

La primera lavadora se patentó en Inglaterra en 1691. Era a manivela. En 1904 aparecieron en Estados Unidos las primeras eléctricas, pero hasta después de la Segunda Guerra Mundial no se convirtió en un aparato cotidiano en Europa. A partir de 1960, tener un seiscientos y una lavadora fue el sueño de toda familia joven española.

Para quienes odiamos lavar a mano es sin duda uno de los inventos más importantes de la humanidad. Y sin embargo, no le damos importancia. Apenas un aparato más en nuestra larga colección de trastos electrónicos. Pero la realidad mundial es diferente. 2.000 millones de pobres en el planeta no tienen acceso a la electricidad, mientras 1.000 millones de gente rica la derrochamos. Quedan 4.000 millones de personas en el planeta ni ricos ni pobres. ¿Cuántos de estos últimos tienen una lavadora? Como ha señalado el agudo profesor Hans Rosling, a quien copio esta reflexión, apenas 1.000 millones más. Los otros 3.000 millones tienen electricidad pero carecen de dinero y agua corriente para poder disfrutar de la mágica máquina.

Esta situación condena injustamente a las mujeres (siempre ellas) a lavar a mano en condiciones terriblemente duras, alejándolas del mercado laboral y arrojándolas al infeliz analfabetismo. Y todos esos millones de personas sueñan hoy con una lavadora como soñaron con ella nuestras abuelas.

¿Os parece un tema baladí? En absoluto. ¿Cuántos de vosotros no usa nunca el coche? Seguro que algunos. ¿Y cuántos de vosotros no usa la lavadora para lavar ropa y sábanas? Ninguno.

Imposible, dicen los ecologistas radicales. Los 7.000 millones de habitantes del planeta no pueden tener coche y lavadora. No hay recursos y energía suficientes para tanta gente. Pues habrá que buscarlos en las energías renovables y el reciclaje. O no podré volver a lavar mi ropa sin acordarme de todas esas personas para quienes algo tan cotidiano sigue siendo un sueño inalcanzable.

Como os decía, esta reflexión mía tan sólo traduce la clase magistral que dio en diciembre del año pasado Hans Rosling a la TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño), una ONG dedicada a las ideas de mentes brillantes que vale la pena difundir. Os recomiendo sinceramente su conferencia, un ejemplar modelo de divulgación al que no estamos acostumbrados en Europa. Rosling es director de la Fundación Gapminder, desarrollador del sistema Trendalyzer, un programa para convertir series estadísticas en gráficos interactivos con el objetivo de promover una visión del mundo basada en hechos y datos a través de la comprensión de información estadística pública. En el siguiente vídeo está su charla completa. Éste sí que es un monólogo interesante.

Por problemas técnicos sólo os puedo incrustar aquí el vídeo original con posibilidad de subtitularlo en inglés, pero pinchando en este enlace lo tenéis con subtítulos en español.

 

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La tragedia de Haití también es ambiental

Pobre Haití. Dicen que “la pobreza nunca alza cabeza”, pero en el caso de este malaventurado país podríamos señalar el viejo refrán colombiano:

Cuando el pobre va de culo, no hay barranca que lo ataje.

O siguiendo con el refranero popular, “a perro flaco todo son pulgas”. Las pulgas haitianas son tan antiguas como su propia historia. Descubierta la isla por Cristóbal Colón en 1492 y bautizada La Española, nuestra desidia patria dejó en total abandono al sector occidental. Desde la famosa isla de La Tortuga, piratas, bucaneros y otras gentes de mal vivir, en su mayoría oriundas de Francia, se fueron instalando en esta zona, donde desarrollaron un fortísimo sistema esclavista. Ante la evidencia, en 1697 España cedió la mitad de la isla al Estado galo, convirtiéndose así en su primera colonia de Ultramar. En 1804 será el primer país latinoamericano que logrará la independencia, pero al estar integrado mayoritariamente por esclavos libertos (el 95% de la población es de ascendencia africana), recibió el rechazo internacional. Aislado del mundo, satanizado, se radicalizó, acabando con todas las grandes haciendas que simbolizaban el viejo dominio blanco. Luego aparecieron los dictadores (nunca se fueron) y todo fue a peor.

Y es aquí donde, tras el desastre social, llega la tragedia medioambiental de la que emana la terrible pobreza histórica de Haití. Más seco que su vecina República Dominicana, rápidamente sus selvas fueron eliminadas para abastecer los ingenios de caña de azúcar. En la actualidad, con tan sólo un cuatro por ciento de sus bosques originales, la falta de árboles protectores ha provocado una pérdida dramática de suelo fértil. Su agricultura de subsistencia apenas da para escapar del hambre. Y como pobres, el único combustible para sus paupérrimas cocinas proviene de una leña cada vez más escasa. También por no tener árboles, los efectos de los huracanes y las inundaciones son aquí más devastadores que en el país vecino.

>>¿Cuáles son a largo plazo las necesidades de Haití?

Está claro. Más allá de las ayudas urgentes, Haití necesita cambios profundos en su economía que pasan por una recuperación social y ambiental de país. Atajar el problema desde la raíz, logrando su desarrollo a largo plazo.

>En primer lugar es necesaria una profunda e intensa campaña de reforestación que deberá mantenerse durante décadas. Con árboles volverá el agua y el suelo fértil a la isla.

>En segundo lugar necesita una reforma agraria. El país y las ayudas deben centrarse en el desarrollo de una agricultura sostenible que permita alimentar a sus habitantes y producir excedentes con los que poder comerciar en el extranjero, pues para cubrir sus necesidades mínimas Haití necesita ahora importar más de la mitad de los productos agrícolas que consume. Lo ha dicho el responsable de la FAO:

“La prioridad es el suministro de semillas, fertilizantes, pienso para el ganado y vacunas, así como aperos agrícolas”.

>También debe darse prioridad al desarrollo de las energías renovables, a ese sol y a ese viento del que tanto tienen y tan poco utilizan.

>Y por supuesto, la mejor manera de que este país pueda salir algún día de la pobreza pasa por cancelar de forma inmediata su deuda externa, que ahora mismo asciende a casi 2.000 millones de dólares.

—-

Las diferentes fotografías que ilustran este post están hechas en la frontera entre Haití y la República Dominicana. No existe ningún otro lugar en el mundo donde la deforestación tenga tan marcados contrastes políticos (Fotos de Yann Arthus Bertrand, ImageShack y Getty Images).

Pero no quiero terminar sin una visión positiva. Por ejemplo el gran bálsamo de este país, su maravillosa y desconocida cultura, especialmente su música. Para ello, nada mejor que escuchar el programa de Radio3 ‘Cuando los Elefantes Sueñan con la Música‘ donde se rinde justo homenaje al pueblo haitiano.

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