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Libro: “Se hizo el silencio: las 22 claves psicológicas para entender la pandemia”

“Tuve sueños muy extraños durante el confinamiento, “¿por qué se está agotando el papel higiénico?”, “¿cómo le explico a mis hijos lo que está ocurriendo?, ¿seré capaz de mantener mi relación a distancia?”

Estas fueron algunas de vuestras preguntas durante el estado de alarma, aún a día de hoy me siguen llegando inquietudes respecto a las cuestiones más psicológicas de la pandemia. Porque ciertamente la enfermedad es muy grave y preocupante, pero también lo es la huella psicológica que esta crisis está dejando en todos nosotros.

Alicia Martos, autora de l libro: "Se hizo el silencio". Fotografía: Jorge París.

Alicia Martos, autora del libro: “Se hizo el silencio”. Fotografía: Jorge París.

Hemos vivido con miedo y con mucha incertidumbre la llegada del virus, pasamos por un aislamiento inimaginable, algunos han perdido a sus seres queridos sin poder si quiera despedirse, ni iniciar su duelo con un funeral, otros han perdido su trabajo, o cerrado sus empresas, o han experimentado una ansiedad desconocida hasta ahora… y qué decir sobre lo que han sufrido nuestros sanitarios y demás personal de necesidad durante la emergencia sanitaria.

La dichosa COVID-19 ha transformado nuestro mundo tal y como lo conocíamos, nuestros planes, deseos, prioridades, necesidades… ahora se han convertido en otros muy distintos. Vivimos una nueva realidad sin abrazos, con desconfianza hacia los demás, con un bombardeo continuo de bulos en redes sociales y tratando de gestionar unas emociones muy distintas a las de la etapa pre-coronavirus.

En este libro descubrirás una nueva psicología.

Se hizo el silencio se presenta como un sencillo manual que analiza el impacto psicológico de la pandemia, que explica los nuevos perfiles e insólitos comportamientos que se han sucedido durante este periodo revolucionario y que, por supuesto, no olvida ofrecer estrategias de afrontamiento y de reconstrucción mental para poder adaptarnos (lo mejor que podamos) a estos nuevos tiempos.

 

Coronavirus: La ansiedad también nos protege

¿Suena chocante el titular verdad? Lo sé, pero es cierto. La ansiedad que sentimos durante estos días de estado de alarma y confinamiento también tiene una función fundamental en nuestra protección contra el Covid-19. Y me explico.

La ansiedad es un mecanismo de defensa

Básicamente se trata de un sistema de alerta que se ‘activa’ en situaciones amenazantes para nuestra salud física y/o mental. Por supuesto, es universal, todos la experimentamos independientemente del género, raza o cultura.

Esto es porque es un comportamiento totalmente adaptativo y ha sido muy importante para la supervivencia del ser humano.

Su función es la de movilizar y preparar al organismo para mejorar su rendimiento y su capacidad para anticipar respuestas. Nos mantiene alerta, dispuestos para intervenir ante amenazas o riesgos y así minimizar las consecuencias todo lo que se pueda.

Así, la ansiedad, nos impulsa a tomar las medidas convenientes (huir, atacar, neutralizar, afrontar, adaptarse, etc.), según el caso y la naturaleza del riesgo o del peligro.

Está ansiedad que sentimos durante la pandemia del coronavirus nos está ayudando

Nos ayuda a ser conscientes del peligro de la situación, a protegernos y a proteger a los demás. La ansiedad que sentimos es miedo, a contagiarnos, a caer enfermos, a transmitirlo, etc. Este miedo es lo que nos mueve a buscar elementos de seguridad.

Necesitamos de una seguridad psicológica constantemente para bloquear nuestras inseguridades y la consecuente incertidumbre.

¿Cómo lo hacemos durante el estado de alarma?

A través de elementos externos, nos hemos concienciado ya del uso de guantes y mascarillas, del aislamiento, de las rutinas de higiene, limpieza y desinfección que nos recomiendan los expertos, etc.

Si no sintiéramos esa ansiedad adaptativa, tendríamos una falta de prevención y, lo que se denomina en psicología, una falsa sensación de seguridad, de control. Dejaríamos de ‘prepararnos ante un posible peligro’ que nos acecha, como si éste no existiera. Nos acomodamos, nos descuidamos.

En el año 2007  la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que la menor aparición en los medios, por aquel entonces, de la gripe aviar y la disminución de casos en algunos países habían creado una “falsa sensación de seguridad” que debe evitarse, porque “sigue habiendo peligro de pandemia”. “La amenaza no se ha ido”, publicaban.

Tened siempre en cuenta esta premisa, en vuestras salidas al supermercado, seguid yendo protegidos y conscientes. No bajemos la guardia aunque tengamos los elementos externos de seguridad y calma psicológica.

La ansiedad pues, como mecanismo adaptativo, es buena, funcional, normal y no representa ningún problema de salud, siempre que tenga un contexto objetivo.

La ansiedad o el miedo serán problemáticos cuando salgamos de ésta y haya gente que aún siga en ese estado sin una amenaza real, con temor a salir a la calle o a frecuentar lugares abarrotados de gente. Puede ocurrir, en ese caso acude siempre a un profesional para que te ayude a ‘desactivar’ esa ansiedad innecesaria.

(JORGE PARÍS)

¿Por qué nos da por limpiar en casa durante el confinamiento?

Las reacciones colaterales a esto de la cuarentena durante la amenaza del coronavirus son variopintas. Además de las curiosidades que ya analizamos sobre el acopio de papel higiénico, nuestras casas están totalmente relucientes, como los chorros del oro.

¿Por qué actuamos de esta manera?

Nuestros hábitos y conductas se han visto alterados de forma repentina, esto no es fácil de gestionar. En algunos hogares se ha quedado solo una persona, en otros una pareja, pero hay viviendas que se han transformado en el refugio obligado de familias numerosas, en ocasiones, en espacios reducidos.

Y aunque la casa o el piso sean grandes… ¡qué pequeña nos parece de repente!

Para que la convivencia sea buena los espacios tienen que estar ventilados, limpios y ordenados. Nuestro cerebro necesita una armonía visual para equilibrar el caos interno de emociones y sentimientos estresantes. Por esto, organizamos nuestro hogar constantemente, mucho más de lo habitual.

La incertidumbre, la confusión ante la información contradictoria, la preocupación por la salud, por el trabajo, por la economía, generan un estado alto de ansiedad e indefensión.

Ante esta situación, de nuevo nuestro cerebro se pone en marcha, y quiere ocupar la mente, te genera la necesidad de seguir llevando una rutina, sea cual sea.

Precisamos sentirnos útiles, aprovechar el tiempo, así que no nos queda otra que reparar aquello que siempre está pendiente en casa, cocinar con dedicación y sin prisa esa receta que nunca teníamos tiempo para preparar, cambios de armario, reorganizar cajones y limpiar, limpiar mucho.

Porque además de que tenemos tiempo para ello y nos reconforta visualmente, también descargamos la inquietud por la adecuada higiene y desinfección de la casa que en este momento es tan importante y nos recomiendan. Nos da seguridad y sosiego ante esta situación agónica.

Y no nos olvidemos que, a su vez, cuando limpiamos nos activamos, movemos al cuerpo, generamos actividad motora que también nos demanda el cerebro en un intento por igualar la acción de estos días con la que hemos acostumbrado a nuestro cuerpo en la rutina habitual.

Mi querida compañera Melisa Tuya me planteaba este tema recordando un antiguo artículo suyo, éste habla sobre las mamás que durante el embarazo desarrollan un  instinto de nido, como las gallinas. Preparan la llegada del bebé hasta el último detalle y sienten el impulso de dejarlo todo limpio y ordenado. Realmente es lo mismo, puro instinto animal que no lleva a salvaguardar el bienestar de la familia, sea del tipo que sea.