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La contención emocional de Rivera para no derrumbarse

Albert Rivera siempre ha sido un orador fantástico, sobre todo cuando corrigió su nerviosismo y aceleración en el discurso que le impedía conectar con la audiencia.

Aprendió la calma en el ritmo o el poder de los silencios, pero de forma natural, siempre ha sido muy generoso en la expresión facial de sus emociones y en sus gestos ilustradores, aquellos que acompañan y bailan armónicamente con las palabras proyectando credibilidad en lo que uno dice.

Pero sin duda, su dimisión ha sido su comparecencia más sincera y emotiva. Todo un ejemplo que ilustra que los políticos también saben hablar ‘de verdad’,y  que otra cosa es que no quieran o no les interese porque se exponen, porque ser emocional está ‘mal visto’, porque pueden fallar, porque cuando una comunicación no se prepara puedes brillar pero también desbaratar la ‘digna’ imagen que quieren mantener.

Su mensaje se estructura en dos partes: la dimisión y el abandono por completo de la política, de la vida pública. En la primera parte es coherente, emocional, si dice que ha disfrutado lo expresa con sinceridad, si dice que se siente orgulloso su cuerpo exterioriza ese sentir.

Pero en el tercio final de su comunicado comienza una lucha encarnizada contra sí mismo. Cuando comienza a nombrar a su familia, pareja y amigos, la conmoción se intensifica hasta tal punto que debe controlar su escalada emocional para no desmoronarse; su lenguaje corporal cambia por completo, en esta parte se dispara y exhibe la contención y la represión afectiva que experimenta.

Le tiembla la voz, se alteran las respiraciones, realiza cabeceos, de ésta manera ‘sacude’ los pensamientos que le bloquean, aprieta los labios y la mandíbula, el indicador más visible de represión emocional, inspira fuertemente, traga saliva y cierra los ojos, es decir, se concentra en controlarse y recomponerse.

Lo pasa realmente mal pero nos ofrece una clase magistral sobre cómo las emociones nos influyen, no pueden controlarse en situaciones de alto impacto y nuestro lenguaje corporal filtra irremediablemente lo que sentimos en cada momento.

La unión inevitable de Joaquin Phoenix con Joker #AnálisisNoVerbal

Si no habéis visto la película no os la podéis perder. El trabajo del actor protagonista es magistral, las emociones, los gestos extravagantes, la voz, las posturas estrafalarias, en definitiva, el lenguaje corporal de su interpretación se convierte en el pilar fundamental para representar la degradación del personaje; ilustra su demencia, su desesperación, su tristeza, incluso a través de una tétrica carcajada que será memorable.

El psicólogo y experto en comunicación no verbal, Alan Crawley, autor del canal ‘Sin Verba‘, se percató de la extraña conducta que también manifestaba realmente el actor en sus diferentes apariciones públicas y analizó las posibles causas:

Joaquin Phoenix recorrió varios programas de entrevista tras el exitoso estreno de su más reciente película “Joker”. Al verlo me llamó la atención su comportamiento. Parecía extraño, fuera de lugar. Se mostraba inquieto, por momentos inseguro e incluso avergonzado. Esto me llevó a la siguiente cuestión: ¿los actores son buenos ocultando su nerviosismo? y ¿puede que Phoenix, un actor renombrado, se sienta incómodo durante las entrevistas televisivas?, ¿no se le da bien socializar?

Según el experto en Comunicación No Verbal, el Dr. Jack Brown, los actores son igualmente capaces que las demás personas ocultando su malestar. Cuando se trata de sí mismos y no de un personaje les resulta difícil controlar completamente lo que expresan, y el caso de Joaquin no es la excepción.

Es un ejemplo claro de cómo las habilidades magistrales de un actor pueden ser insuficientes cuando se trata de guardar las apariencias en público. De hecho, el actor mismo reconoce que no disfruta de las entrevistas y creo que quedó clarísimo en su comportamiento.

Durante sus apariciones en los programas de Jimmy Kimmel y Jimmy Fallon fueron sus gestos con las manos, sus expresiones faciales, la manera en la que se tapaba los ojos, sus exhalaciones súbitas y sus posturas tensas las que denotaron incomodidad, más de lo esperable para un actor de su calibre. Por ejemplo, ante preguntas específicas, el actor aumentó la tasa de automanipulaciones faciales, actos en los que una o ambas manos tocan, frotan o rascan la cara, comportamientos asociados directamente con el incremento del estrés.

 

Algunas personas argumentan que Joaquin Phoenix estaba actuando, pero lo cierto es que podemos observar algunas entrevistas anteriores en las que su comportamiento fue similar ¿será que le resulta difícil actuar de sí mismo?

Otro aspecto curioso es su manera tan atípica de sentarse: colocó la planta de su pie derecho sobre el almohadón del sillón. Esta postura de las piernas remite a cuando uno se encuentra distendido en el propio hogar, desligado de las normas sociales ya que es considerada inapropiada en contextos públicos, pero él no parece someterse a esta convención.

Esto es muy curioso. A mí me hace pensar que, tal como afirmó, es una persona solitaria y prácticamente no sale a comer con otras personas. Una hipótesis es que, en contextos de estrés, Phoenix adopta inconscientemente una postura que le resulta cómoda en un intento por recuperar un estado de mayor control sobre sí mismo.

Conclusión: su comportamiento algo excéntrico puede deberse a que (1) no suele socializar demasiado, (2) las relaciones interpersonales pueden ser un punto débil en su comunicación y (3) probablemente le resulta displacentero ser el centro de atención en los eventos públicos.

En su conducta observé muestras de incomodidad excesiva (tocarse el rostro, comerse las uñas, evitar la mirada); emisión abierta de señales de rechazo interpersonal (apoyar la cabeza en un puño en señal de aburrimiento, tedio y molestia); y por último posturas socialmente inadecuadas (pie sobre el sillón).

¿Crees que Joaquin Phoenix actúa en sus entrevistas? y ¿Crees que disfruta de estas apariciones?

 

Análisis no verbal: Puigdemont y los gestos de contención en el 10-O

Fotografía EFE

Todas las miradas estaban puestas en Carles Puigdemont y su discurso en el 10-O… la mía también. Estoy algo decepcionada porque el presidente de la Generalitat se caracteriza normalmente por su espontaneidad en la comunicación, por improvisar y expresar con naturalidad sus ideas.

En esta ocasión no ha sido así, ha leído cada palabra y esto coarta bastante la posibilidad de poder expresar emociones reales. Aún así, pueden destacarse algunas claves no verbales relevantes para interpretar su estado emocional y aportar más significado al momento.

Al inicio de su intervención se produce un bloqueo gestual muy significativo si lo comparamos con su línea habitual de expresión. No encontramos a penas movimientos ilustradores del mensaje, este descenso notable en el movimiento da cuenta de un exceso de energía racional. Es decir, está tan concentrado y destina tantos recursos al mensaje verbal que su cuerpo se bloquea y no puede acompasar su discurso.

Esto ocurre cuando hay un fuerte impacto emocional en lo que vamos a pronunciar, cuando tenemos una tensión extrema, temor y estrés y/o con un importante grado de densidad en el flujo de pensamiento.

Este indicador también se refuerza si analizamos el canal fisiológico, se pasa constantemente la lengua por los labios, le cuesta tragar saliva (por la ausencia de ésta) y tiene la garganta seca, visible por la tos repetida, carraspeo y voz más aguda. La tensión y el nerviosismo es muy palpable.

Respecto a su expresión facial, ha habido un movimiento estrella, repetido en más de una treintena de ocasiones durante su alegato. Aprieta los labios, éste es un gesto de contención y represión. Se produce cuando retenemos una idea, una emoción, una reacción, etc. Se trata de una señal de tensión o una señal de intentar mantener el control sobre uno mismo. Muy coherente con el contexto en el que se produce.

Por último, no soy muy fan de esto de los micropicores y de que si me rasco en el codo o en la rodilla significa ‘x’ o ‘y’. Pero es que en esta alegación de media hora se produce un ‘picor’ en un momento tan clave que me cuesta no darle importancia. Puigdemont se rasca la sien justo antes del momento de (semi) declarar la independencia de Cataluña. No le había visto este gesto antes y no lo hace en ningún otro instante de su intervención, lo hace justo ahí, antes de pronunciar la frase más esperada por todos.

No hay nada científico que de explicación a estos micropicores, yo lo interpreto más como un gesto automanipulador, es decir, la acción de tocarse a sí mismo ante la tensión o el nerviosismo del momento. Se infiere duda, inseguridad o temor ante lo que se va a manifestar a continuación, ¿tiene sentido, no?