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La ley del hielo: se enfada y deja de hablarme

El peor pecado hacia nuestros semejantes no es odiarlos, sino tratarlos con indiferencia; esto es la esencia de la humanidad” – William Shakespeare.

 

No deja de fascinarme el abanico de reacciones tan amplio que el ser humano presenta ante un mismo estímulo. Dos personas se enfadan por el mismo hecho y su conducta resultante puede ser totalmente opuesta. Así es la personalidad, genética, inconsciente y condenatoria. Si bien, esto no es una excusa para no tomar conciencia de cómo respondemos y de si estos comportamientos son realmente adaptativos, crueles, o incluso son una forma de abuso psicológico (en mayor o menor grado). A veces es difícil ponerle el nombre a las cosas, tanto para quién utilice este recurso, como para quién lo padezca.

¿Os ha pasado, verdad? Hay una discusión entre dos, os enfadáis y tú quieres solucionarlo como sea, no quieres quedarte ahí, estancado en la ira, en el malestar, quieres hablar y resolver el hecho, pero chocas contra un muro, una y otra vez, contra un trozo de hielo que no reacciona, solo se cierra aun más y toma distancia contigo tanto física como emocional, te ignora, deja de hablarte, durante eternas horas, en los peores casos durante días. No sabes qué hacer, no sabes por qué reacciona así, no sabes si pedirle perdón (otra vez), si ignorarle tú también, si dejarle tiempo y espacio pensando que ya se pasará…

Este recurso es conocido como la ley de hielo, normalmente es utilizado por personalidades que presumen de gran autocontrol y racionalidad por encima de la intuición y las emociones. Esta ley tiene como objetivo ignorar al otro, invisibilizarle, no tomar en cuenta lo que le dicen, fingir que no escucha, y la ausencia de comunicación que puede ser completa, o bien limitarse a respuestas cortas, secas e incluso monosilábicas. Asimismo es probable que además del silencio se produzcan contradicciones entre comunicación verbal y no verbal (decir que no le pasa nada y todo está bien con rostro de ira mientras ni te mira a la cara, por ejemplo).

Este nocivo comportamiento denota inmadurez y falta de inteligencia emocional, es altamente desadaptativo porque va a generar dolor e insatisfacción, y de hecho se ha observado que contribuye a deteriorar la satisfacción con la relación y el vínculo de pareja. Es una táctica defensiva que revela una mala gestión en la comunicación y resolución de conflictos. Además, tampoco permite trabajar sobre los aspectos que han generado el enfado, por tanto el motivo del enfrentamiento puede permanecer latente. Piensa que ignorar a alguien es devaluarlo e incluso anularlo. Además, esto se torna más insano cuando todo se da en el marco de un silencio duro y crudo que la víctima no sabe finalmente interpretar.

La ley del hielo genera también efectos físicos en quién lo padece. Hay estudios que prueban que el sentimiento de estar siendo excluido o ignorado da lugar a algunos cambios en el cerebro. Existe una zona llamada “corteza cingulada anterior”, cuya función es la de detectar los diferentes niveles de dolor en el ser humano. Pues bien, se comprobó que esta zona se activa cuando a alguien le aplican la ley del hielo.

Las causas de por qué se adopta esta ley de hielo pueden ser variadas, algunas más benevolentes/inconscientes que otras.:

  • Incapacidad para gestionar las propias emociones que siente ante el conflicto, por tanto, escapa, lo evita.
  • Defensa. Se busca terminar la discusión a toda costa para acabar con la tensión pensando retomarla después con más calma.
  • Búsqueda del perdón. En algunos casos el cese de la comunicación persigue una restitución o compensación por parte del otro, generalmente a modo de petición de perdón.
  • Conseguir lo que quiere. Es una forma de manipulación, el silencio se hace incómodo y doloroso para que el que lo recibe, quien puede llegar a sentirse mal y modificar su conducta con el fin de contentar al otro.
  • Castigo. Utilizar esta ley de hielo para sancionar al otro por una conducta que se piensa reprobable (sea real o imaginaria).

Sea como sea, cuando surge un problema entre dos seres humanos, lo único sano es buscar la manera de dialogar para encontrar soluciones. El silencio y la distancia solo generan más equívocos y, al final, no resuelven absolutamente nada.

 

*Referencias:

  • Psicología y Mente.
  • La mente es maravillosa.

¿Se puede simular el amor? Depredadores emocionales

Hoy tengo en mi blog firma invitada. Es todo un lujo que la afamada jurista y criminóloga, Paz Velasco, colabore con esta interesante entrada sobre los perfiles psicopáticos que sé que tanto os intrigan. 🙂

Ya se ha hablado en múltiples ocasiones de que el perfil cognitivo-conductual del psicópata integrado (hombres y mujeres) es multifacético. Y una de las facetas más sorprendentes, crueles y peligrosas es su simulación del amor. Sabemos que miente de forma brillante y que a los ojos de los demás es encantador, incluso parece una buena persona. Esa capacidad de fascinar a los demás es el medio que utilizan para captar el interés de potenciales “parejas-víctimas”. La seducción es la clave de todo.

Tiene una extraordinaria habilidad para captar las necesidades y apetencias de la otra persona, de modo que actuará como un eco de esas necesidades, llegando a convencer a su “víctima” de que él, es el hombre de su vida. Con el tiempo convierten a su pareja en un ser sumiso, dependiente, vacío de sí mismo que gira y gira cual satélite alrededor de él llegando a perder su propia identidad. Un psicópata no busca una relación sentimental auténtica ni un plan real de futuro juntos, solo comodidad, interés y beneficio. Busca a alguien a quién explotar emocional, sexual, financiera y/o socialmente. Porque el psicópata no quiere en absoluto a su pareja (ni a nadie). Solo se quiere a sí mismo. Y esta es su maldición: no son capaces de sentir.

Lleva a cabo una intensa labor de desgaste y una progresiva destrucción de su pareja a la cual elige, sin que en ningún momento intervengan sentimientos, sino perspectivas utilitarias. Eros (más conocido como Cupido) aquí, no tiene nada que ver. Ni una sola flecha le alcanza. Tras ese fingido amor, llega el abandono, la ausencia, la indiferencia y la pareja-víctima no entenderá nada, incluso llegará a pensar que es culpa suya. No se trata de una relación que se ha ido deteriorando con el tiempo. Nunca hubo nada, nunca fue real. Simplemente utilizó una serie de tácticas para que esa persona confiara, amara y compartiera su vida con un depredador emocional.

“Son incapaces de mantener un compromiso porque la fidelidad, el respeto y el amor no tienen para ellos ni valor ni significado. Son emociones que cognitivamente entienden desde el punto de vista social, pero no pueden sentirlas ni ponerlas en práctica, lo que hace que el sufrimiento de sus víctimas sea agónico, lento y dilatado en el tiempo” [del Libro Criminal-mente]

El proceso de seducción del psicópata pasa por varias fases: Desde un principio idílico y perfecto hasta el inevitable y amargo final para la víctima.

1.- Evaluación de víctimas potenciales (assessment phase). Utiliza su agudo sentido para detectar puntos débiles y seleccionar a la víctima idónea, desplegando todos sus encantos para conquistarla. La vulnerabilidad de algunas personas para ser “parasitadas” es algo irresistible para estos psicópatas. Harán preguntas para saber cuáles son sus necesidades, sus sueños, sus fantasías, sus ilusiones atrayéndolas con la promesa de ofrecerles justo lo que están buscando. La víctima hablará, será sincera, le abrirá su corazón mientras él observa y analiza cuidadosamente cada una de sus palabras y de sus emociones. Ve a la víctima como una “panolis” que se cree todo lo que le está contando y se jacta interiormente de lo fácil que es engañarla. Lo hace tan bien, se esfuerza tanto, que es muy fácil confundir esta manipulación emocional con el amor y por supuesto con la pasión.

2.- Manipulación (manipulation phase). Es la fase más halagadora para la víctima y la más placentera para él porque utiliza todo su encanto para engañarla disfrutando intensamente de cada momento. Hay un auténtico bombardeo de amor (adulaciones, mensajes, mails, regalos, declaraciones de amor…) lo que provoca una intensa euforia emocional que hace bajar la guardia a la víctima, llegando a idealizarlo. Sin embargo todo está deliberadamente fabricado. Todo es artificial. Primero crean la ficción psicopática, una máscara o segunda piel, un personaje que se adapta a la perfección a las necesidades de su víctima, enviándole constantemente un claro mensaje “soy tu alma gemela”. La ha estudiado, observado y simplemente copia y pega lo que ha visto y escuchado convirtiéndose en una imagen especular de su víctima. Temporalmente, las víctimas representan el objeto de su deseo y de sus anhelos, el amor de su vida y la clave de su felicidad y así se lo hacen ver, pero todo tiene una premeditada fecha de caducidad. El psicópata crea un personaje clonando a la víctima: utiliza sus sueños, sus deseos, sus necesidades y lo peor de todo, sus sentimientos. Algunas máscaras son extremadamente elaboradas, de modo que se puede tardar años en descubrir a este depredador emocional.

Cuando la víctima está “perdidamente enamorada”, el psicópata se quitará la máscara, porque ya ha conseguido su objetivo. Comienzan los engaños, las estafas, el maltrato psicológico, las humillaciones, la negación de sus sentimientos utilizándola para los fines por los que fue elegida. En estos momentos puede llegar a ser cruel, desconsiderado, grosero e incluso en algunos casos violento. Pero la víctima siempre lo disculpará. Solo alguien desde fuera verá quien es verdaderamente ese sujeto pero sus esfuerzos para quitarle la máscara son inútiles: la víctima no creerá ninguno de los comentarios ni de las advertencias acerca del hombre al que considera el amor de su vida. El psicópata intervendrá modificando su máscara (pedirá perdón, simulará tristeza, fingirá que llora o planeará una velada romántica) para restar credibilidad a los comentarios de ese enemigo. Y la víctima le creerá una y otra vez, porque para ella, todo es real.

3.- Abandono (abandonment phase). La víctima ha sido explotada y vaciada. El psicópata ya ha obtenido todo lo que quería de ella o encuentra a otra víctima mucho más interesante. Entonces, simplemente desaparece dejándola sumida en la desesperación con sentimientos de culpabilidad, de vergüenza y a veces con deseos de venganza.

Decía Séneca que el amor no se asusta de nada. Y es cierto. Si el amor tuviera miedo, estos depredadores emocionales jamás entrarían en la vida de miles de personas.

 

*Fuente: Babiak, P. y Hare, R. (2006). Snakes in Suits: When Psychopaths Go to Work. New Yok: Ed. Harper Collins Publishers, pp. 42-84.

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La comunicación no verbal también golpea en la violencia de género

No solo los golpes duelen. A veces, las palabras o los gestos pueden provocar un daño profundo, irreparable. No es una agresión visible ni parece que esté tan condenada socialmente, es una conducta menos punitiva, pero sus consecuencias pueden ser nefastas. El lenguaje verbal y no verbal violento hiere y deteriora las relaciones, una vez que se pronuncian o se hacen, una relación ya no volverá a ser la misma. Cuando se traspasa la barrera del respeto ya podemos hablar de violencia.

Las víctimas, normalmente, sí que son conscientes de la agresión física, sin embargo, no lo son tanto de los tonos de voz, las expresiones y gestos de desdén y desprecio, la limitación del espacio, el control de su vida social, las miradas, la indiferencia, los silencios…

La expresión verbal del que agrede está hiperbolizada, es decir, comunican sus sentimientos de forma poco realista, teatralizada. No sienten la emoción primaria de ira, experimentan furia y rabia, llevan las emociones negativas a la máxima potencia, puro instinto animal, no hay racionalización de las emociones. No saben gestionarlas y al no tener esta capacidad también tienen problemas para entenderlas en los demás. Por eso, tienen tantas dificultades para empatizar. Si no son capaces de detectar las emociones en sí mismos, no llegarán a entender el impacto que tienen sobre los demás.

Eligen el modo más extremo de manifestar lo que sienten, pero su objetivo no es transmitir sus emociones, sino violentar al otro. Sin embargo, nunca consiguen el efecto deseado, ya que estas hipérboles generan lo opuesto a lo que buscan y en lugar de llamar la atención o impresionar (al principio sí que lo consiguen), los demás, al final, terminan por insesibilizarse, lo que genera aún más frustración en ellos y van aumentado su escala de violencia.

Los agresores utilizan además un discurso reiterativo, repiten hasta la saciedad las mismas frases para estigmatizar al otro y marcar ‘su realidad’ (“es que ya no me quieres como antes y por eso no haces lo que te pido”, “si me dejas no quiero vivir”, “lo hago porque te quiero”). Es una forma de manipulación que traspasa la responsabilidad y la culpa al otro, este intento se realiza por la vía más primaria: inocular las palabras en la conciencia del otro; y por eso precisamente anula al interelocutor.

Suelen ser personas con muy baja autoestima e intentan por todos los medios disminuir la de su pareja, de aislarla, para retenerla. A través de su forma de hablar, suelen hacer uso de la ironía para dar pie a la ambigüedad a lo que hacen o dicen. Con su lenguaje corporal intimidan a la víctima a través de los gestos y apoyándose en amenazas verbales acompañadas por gritos que responden al perfil del estilo comunicativo de una persona agresiva. Pero tan pronto abofetean e insultan como abrazan, lloran e imploran perdón. Y eso es lo peor, el refuerzo intermitente, ya que combinan estás agresiones con gestos de amor, regalos, caricias, piropos… mantienendo así la relación en el tiempo.

Por último, quería destacar una forma de manipulación muy típica y silenciosa de este tipo de agresores, y es la de ‘hacer luz de gas‘. Esta estrategia consisiste en provocar que alguien dude de sus propios sentidos, de su razón, e incluso de la realidad. El agresor hace que su víctima dude de sí misma, a través de la asunción de información falsa como verdadera, de la negación de la realidad “yo nunca te empujé, solo te estaba sujetando para que te calmaras”, “jamás he dicho eso”, “¿de verdad no recuerdas que todo esto lo empezaste tú?”.

En mi opinión, es una de las formas más peligrosas y sibilinas de anulación, la víctima realmente siente que está perdiendo la cordura y es capaz de cuestionar su culpabilidad y responsabilidad en las agresiones que recibe. Quien hace luz de gas es capaz de afirmar que ocurrieron cosas o no con una seguridad y una firmeza tal que resultan creíbles y la víctima comienza a pensar que “igual soy yo que exagero”, “puede que no tenga razón”, “quizá no recuerdo bien lo que pasó”. El agresor quiere inocular en el otro la sensación de histerismo, puede conseguir anular la voluntad del otro y distorsionar la realidad sin que su víctima se de cuenta.

Es muy difícil ser consciente de que podemos ser víctimas de esta manipulación tan sutil. En la terapia con las víctimas se les sugiere anotar todos los detalles de lo que ocurrió, palabras, expresiones, gestos, acciones, sentimientos, etc, antes y después de la agresión, elaborar una especie de diario que les haga registrar la secuencia conflictiva de un modo fiel a la realidad y tendrá argumentos para defenderse con firmeza de que los hechos ocurrieron de una determinada manera aunque la otra persona insista.

El amor no duele, no te humilla, no provoca ansiedad, histeria, no hace que pierdas la cordura. El amor debe ser calma, libertad, equilibrio, un refugio seguro…

 

 

 

Psicópatas y liderazgo ¿Por qué tienen éxito?

¿Conoces a algún psicópata? Por probabilidad… seguramente sí. ¿Sabrías identificarlos? Esto es más complicado, pero hace unos meses escribí un post con las claves para reconocerlos (picha aquí para acceder a la entrada). Y desde que descubrí a la experta en psicopatía Paz Velasco de la Fuente, no puedo dejar de recurrir a ella para profundizar más sobre este perfil de la personalidad, aterrador y atractivo a partes iguales. No dudéis en seguir el blog “Criminal-mente” de esta autora y acudir a su libro, de igual nombre, “Criminal-mente: La criminología como ciencia” como fuente de consulta muy valiosa sobre la mente psicopática. ¡A mí me tiene totalmente enganchada!

Aquí os dejo una nueva colaboración de Paz para este blog, espero que lo disfrutéis tanto como yo:

Debemos romper con el tópico alimentado por el imaginario popular, el cine, las series de televisión y algunas novelas negras, de que los psicópatas son sujetos con ojos de tiburón que esconden un hacha tras su espalda y que cometen crímenes aberrantes. Hay psicópatas que jamás cometerán un crimen, que viven totalmente integrados en la sociedad, que te harán vivir un infierno profesional o personal, que vacían a las personas por dentro o vacían sus cuentas corrientes. Estamos ante los psicópatas corporativos, de éxito, delincuentes de cuello blanco e incluso líderes políticos y religiosos que pueden llegar a arruinar economías y sociedades enteras, tomando decisiones totalmente alejadas de las emociones (no pueden sentirlas) o del bienestar de terceros.

Por lo tanto, la diferencia fundamental entre un psicópata criminal (del que ya hablé en una entrada anterior) y un psicópata integrado, está en las conductas que llevan a cabo, ya que ambos comparten la misma estructura emocional y de personalidad: encanto personal, locuacidad, manipulación, mentira patológica, falta de empatía, ausencia de miedo ante conductas arriesgadas etc… El psicópata integrado, es lo que hace a diario con las personas que le rodean, con todo su entorno. Son sus obras y sus actos los que hablan por él, no sus palabras. A ellos se les puede aplicar la frase que aparece recogida en El Príncipe, la obra de Nicolás Maquiavelo publicada en 1513: “Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres”. Esta obra es el precedente de los psicópatas que alcanzan el éxito en la política. Maquiavelo nos presenta a César Borgia como un hombre que alcanza el poder utilizando la intriga, el terror y la manipulación.

Los psicópatas tienen la capacidad y la habilidad de controlar su entorno y para ello utilizan la manipulación y las mentiras que acompañan de una excelente imitación y simulación de emociones que ni tienen, ni entienden, ni sienten y de palabras que abren puertas. Dominan a la perfección el arte de la observación y tienen un olfato especial para encontrar a las “víctimas” adecuadas, además de tener una gran destreza para saber lo que la persona elegida necesita, de modo que no duda en ofrecérselo.

Somos objetos para ellos y se mueven por el puro egoísmo de modo que instrumentalizan a las personas para lograr sus fines, su bienestar eligiendo a las personas que les son útiles y de las que pueden obtener beneficios (profesionales, académicos, sociales, económicos, mediáticos, etc.). Estamos ante la “maldad” más insidiosa, al ser simples peones en su tablero de ajedrez, moviéndonos a su antojo y marcando en todo momento el ritmo, sin que apenas nos demos cuenta. Estos hombres y mujeres mienten, engañan y manipulan, con la única intención de beneficiarse, hacer daño y de provocar caos en las vidas de las personas que les rodean o en la sociedad.

Hay entornos profesionales donde la psicopatía está socialmente aceptada no solo como un comportamiento adecuado, sino incluso deseable. En nuestra sociedad se tiende a valorar como beneficiosas determinadas aptitudes que tienen estos sujetos, llegando incluso en determinadas profesiones y puestos de trabajo a ser potenciadas como valores positivos. La combinación de determinadas conductas arriesgadas, la ausencia de remordimientos, su gran habilidad para manipular y el hecho de la búsqueda de éxito a corto plazo pueden llevar a los psicópatas a una exitosa carrera delictiva (delincuentes de cuello blanco) o a una exitosa carrera en las finanzas o en los negocios, como el caso de Michael Milken, el inventor de los bonos basura o de Bernard Madoff y su exitosa estafa piramidal (50.000.000 de dólares).

Lo que está haciendo nuestra sociedad es exaltar y valorar de modo positivo determinadas características de los psicópatas asociándolas al éxito y liderazgo profesional o político, sin ser realmente consciente de la peligrosidad social y a veces personal que pueden generar algunos de sus actos y de sus decisiones. Las profesiones que implican poder, autoridad, liderazgo, prestigio, alta reputación y una capacidad especial para tomar decisiones racionales alejadas de los sentimientos, son donde podemos ver una mayor presencia de psicópatas integrados.

¿Qué rasgos comparten los psicópatas integrados con los líderes y personas de éxito?

• Carisma, locuacidad y habilidad para comunicar.
• Estratégicos, persuasivos y con gran capacidad analítica.
• Pierden el miedo ante determinadas situaciones. En el caso de los psicópatas, no es que lo pierdan, es que no lo sienten.
• Control emocional y seguridad en sí mismos.
• Asumen riesgos. En el caso de los psicópatas aunar las conductas arriesgadas con la ausencia total de remordimientos es una bomba para la sociedad.
• Capacidad para establecer metas y objetivos, aunque en el caso de los psicópatas son a muy corto plazo.
• Cuidan la imagen que dan ante los demás.
• Habilidades sociales.

¿Te viene alguien a la cabeza…? 🙂