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La comunicación no verbal también golpea en la violencia de género

No solo los golpes duelen. A veces, las palabras o los gestos pueden provocar un daño profundo, irreparable. No es una agresión visible ni parece que esté tan condenada socialmente, es una conducta menos punitiva, pero sus consecuencias pueden ser nefastas. El lenguaje verbal y no verbal violento hiere y deteriora las relaciones, una vez que se pronuncian o se hacen, una relación ya no volverá a ser la misma. Cuando se traspasa la barrera del respeto ya podemos hablar de violencia.

Las víctimas, normalmente, sí que son conscientes de la agresión física, sin embargo, no lo son tanto de los tonos de voz, las expresiones y gestos de desdén y desprecio, la limitación del espacio, el control de su vida social, las miradas, la indiferencia, los silencios…

La expresión verbal del que agrede está hiperbolizada, es decir, comunican sus sentimientos de forma poco realista, teatralizada. No sienten la emoción primaria de ira, experimentan furia y rabia, llevan las emociones negativas a la máxima potencia, puro instinto animal, no hay racionalización de las emociones. No saben gestionarlas y al no tener esta capacidad también tienen problemas para entenderlas en los demás. Por eso, tienen tantas dificultades para empatizar. Si no son capaces de detectar las emociones en sí mismos, no llegarán a entender el impacto que tienen sobre los demás.

Eligen el modo más extremo de manifestar lo que sienten, pero su objetivo no es transmitir sus emociones, sino violentar al otro. Sin embargo, nunca consiguen el efecto deseado, ya que estas hipérboles generan lo opuesto a lo que buscan y en lugar de llamar la atención o impresionar (al principio sí que lo consiguen), los demás, al final, terminan por insesibilizarse, lo que genera aún más frustración en ellos y van aumentado su escala de violencia.

Los agresores utilizan además un discurso reiterativo, repiten hasta la saciedad las mismas frases para estigmatizar al otro y marcar ‘su realidad’ (“es que ya no me quieres como antes y por eso no haces lo que te pido”, “si me dejas no quiero vivir”, “lo hago porque te quiero”). Es una forma de manipulación que traspasa la responsabilidad y la culpa al otro, este intento se realiza por la vía más primaria: inocular las palabras en la conciencia del otro; y por eso precisamente anula al interelocutor.

Suelen ser personas con muy baja autoestima e intentan por todos los medios disminuir la de su pareja, de aislarla, para retenerla. A través de su forma de hablar, suelen hacer uso de la ironía para dar pie a la ambigüedad a lo que hacen o dicen. Con su lenguaje corporal intimidan a la víctima a través de los gestos y apoyándose en amenazas verbales acompañadas por gritos que responden al perfil del estilo comunicativo de una persona agresiva. Pero tan pronto abofetean e insultan como abrazan, lloran e imploran perdón. Y eso es lo peor, el refuerzo intermitente, ya que combinan estás agresiones con gestos de amor, regalos, caricias, piropos… mantienendo así la relación en el tiempo.

Por último, quería destacar una forma de manipulación muy típica y silenciosa de este tipo de agresores, y es la de ‘hacer luz de gas‘. Esta estrategia consisiste en provocar que alguien dude de sus propios sentidos, de su razón, e incluso de la realidad. El agresor hace que su víctima dude de sí misma, a través de la asunción de información falsa como verdadera, de la negación de la realidad “yo nunca te empujé, solo te estaba sujetando para que te calmaras”, “jamás he dicho eso”, “¿de verdad no recuerdas que todo esto lo empezaste tú?”.

En mi opinión, es una de las formas más peligrosas y sibilinas de anulación, la víctima realmente siente que está perdiendo la cordura y es capaz de cuestionar su culpabilidad y responsabilidad en las agresiones que recibe. Quien hace luz de gas es capaz de afirmar que ocurrieron cosas o no con una seguridad y una firmeza tal que resultan creíbles y la víctima comienza a pensar que “igual soy yo que exagero”, “puede que no tenga razón”, “quizá no recuerdo bien lo que pasó”. El agresor quiere inocular en el otro la sensación de histerismo, puede conseguir anular la voluntad del otro y distorsionar la realidad sin que su víctima se de cuenta.

Es muy difícil ser consciente de que podemos ser víctimas de esta manipulación tan sutil. En la terapia con las víctimas se les sugiere anotar todos los detalles de lo que ocurrió, palabras, expresiones, gestos, acciones, sentimientos, etc, antes y después de la agresión, elaborar una especie de diario que les haga registrar la secuencia conflictiva de un modo fiel a la realidad y tendrá argumentos para defenderse con firmeza de que los hechos ocurrieron de una determinada manera aunque la otra persona insista.

El amor no duele, no te humilla, no provoca ansiedad, histeria, no hace que pierdas la cordura. El amor debe ser calma, libertad, equilibrio, un refugio seguro…

 

 

 

Psicópatas y liderazgo ¿Por qué tienen éxito?

¿Conoces a algún psicópata? Por probabilidad… seguramente sí. ¿Sabrías identificarlos? Esto es más complicado, pero hace unos meses escribí un post con las claves para reconocerlos (picha aquí para acceder a la entrada). Y desde que descubrí a la experta en psicopatía Paz Velasco de la Fuente, no puedo dejar de recurrir a ella para profundizar más sobre este perfil de la personalidad, aterrador y atractivo a partes iguales. No dudéis en seguir el blog “Criminal-mente” de esta autora y acudir a su libro, de igual nombre, “Criminal-mente: La criminología como ciencia” como fuente de consulta muy valiosa sobre la mente psicopática. ¡A mí me tiene totalmente enganchada!

Aquí os dejo una nueva colaboración de Paz para este blog, espero que lo disfrutéis tanto como yo:

Debemos romper con el tópico alimentado por el imaginario popular, el cine, las series de televisión y algunas novelas negras, de que los psicópatas son sujetos con ojos de tiburón que esconden un hacha tras su espalda y que cometen crímenes aberrantes. Hay psicópatas que jamás cometerán un crimen, que viven totalmente integrados en la sociedad, que te harán vivir un infierno profesional o personal, que vacían a las personas por dentro o vacían sus cuentas corrientes. Estamos ante los psicópatas corporativos, de éxito, delincuentes de cuello blanco e incluso líderes políticos y religiosos que pueden llegar a arruinar economías y sociedades enteras, tomando decisiones totalmente alejadas de las emociones (no pueden sentirlas) o del bienestar de terceros.

Por lo tanto, la diferencia fundamental entre un psicópata criminal (del que ya hablé en una entrada anterior) y un psicópata integrado, está en las conductas que llevan a cabo, ya que ambos comparten la misma estructura emocional y de personalidad: encanto personal, locuacidad, manipulación, mentira patológica, falta de empatía, ausencia de miedo ante conductas arriesgadas etc… El psicópata integrado, es lo que hace a diario con las personas que le rodean, con todo su entorno. Son sus obras y sus actos los que hablan por él, no sus palabras. A ellos se les puede aplicar la frase que aparece recogida en El Príncipe, la obra de Nicolás Maquiavelo publicada en 1513: “Todos ven lo que aparentas, pocos advierten lo que eres”. Esta obra es el precedente de los psicópatas que alcanzan el éxito en la política. Maquiavelo nos presenta a César Borgia como un hombre que alcanza el poder utilizando la intriga, el terror y la manipulación.

Los psicópatas tienen la capacidad y la habilidad de controlar su entorno y para ello utilizan la manipulación y las mentiras que acompañan de una excelente imitación y simulación de emociones que ni tienen, ni entienden, ni sienten y de palabras que abren puertas. Dominan a la perfección el arte de la observación y tienen un olfato especial para encontrar a las “víctimas” adecuadas, además de tener una gran destreza para saber lo que la persona elegida necesita, de modo que no duda en ofrecérselo.

Somos objetos para ellos y se mueven por el puro egoísmo de modo que instrumentalizan a las personas para lograr sus fines, su bienestar eligiendo a las personas que les son útiles y de las que pueden obtener beneficios (profesionales, académicos, sociales, económicos, mediáticos, etc.). Estamos ante la “maldad” más insidiosa, al ser simples peones en su tablero de ajedrez, moviéndonos a su antojo y marcando en todo momento el ritmo, sin que apenas nos demos cuenta. Estos hombres y mujeres mienten, engañan y manipulan, con la única intención de beneficiarse, hacer daño y de provocar caos en las vidas de las personas que les rodean o en la sociedad.

Hay entornos profesionales donde la psicopatía está socialmente aceptada no solo como un comportamiento adecuado, sino incluso deseable. En nuestra sociedad se tiende a valorar como beneficiosas determinadas aptitudes que tienen estos sujetos, llegando incluso en determinadas profesiones y puestos de trabajo a ser potenciadas como valores positivos. La combinación de determinadas conductas arriesgadas, la ausencia de remordimientos, su gran habilidad para manipular y el hecho de la búsqueda de éxito a corto plazo pueden llevar a los psicópatas a una exitosa carrera delictiva (delincuentes de cuello blanco) o a una exitosa carrera en las finanzas o en los negocios, como el caso de Michael Milken, el inventor de los bonos basura o de Bernard Madoff y su exitosa estafa piramidal (50.000.000 de dólares).

Lo que está haciendo nuestra sociedad es exaltar y valorar de modo positivo determinadas características de los psicópatas asociándolas al éxito y liderazgo profesional o político, sin ser realmente consciente de la peligrosidad social y a veces personal que pueden generar algunos de sus actos y de sus decisiones. Las profesiones que implican poder, autoridad, liderazgo, prestigio, alta reputación y una capacidad especial para tomar decisiones racionales alejadas de los sentimientos, son donde podemos ver una mayor presencia de psicópatas integrados.

¿Qué rasgos comparten los psicópatas integrados con los líderes y personas de éxito?

• Carisma, locuacidad y habilidad para comunicar.
• Estratégicos, persuasivos y con gran capacidad analítica.
• Pierden el miedo ante determinadas situaciones. En el caso de los psicópatas, no es que lo pierdan, es que no lo sienten.
• Control emocional y seguridad en sí mismos.
• Asumen riesgos. En el caso de los psicópatas aunar las conductas arriesgadas con la ausencia total de remordimientos es una bomba para la sociedad.
• Capacidad para establecer metas y objetivos, aunque en el caso de los psicópatas son a muy corto plazo.
• Cuidan la imagen que dan ante los demás.
• Habilidades sociales.

¿Te viene alguien a la cabeza…? 🙂