_¿Qué ocultan los hijos?_Mayoritariamente quién les gusta, las relaciones con chicos, si tienen novios, el sexo, dónde van y con quién, lo que hacen cuando salen, lo que hablan con los amigos y si se enfadan con éstos, si beben, hacen botellón o fuman, las malas notas y los suspensos, las peleas, los castigos…
El texto pertenece a una entrevista realizada a Javier Urra, psicólogo y ex defensor del menor, en La opinión de Tenerife acerca de su libro ¿Qué ocultan nuestros hijos?
Coincido con Urra en que casi todos los adolescentes ocultan todo lo que creen que puede suponerles una sanción, o simplemente aquello que creen que no vamos a entender.
Mis hijos suelen ocultar cuántas horas llevan ante el ordenador o la pantalla de la tele con un videojuego, a qué hora han llegado a casa si yo no estaba para comprobarlo o si ya me había dormido. Saben que sé que no han cumplido con lo pactado así que prefieren ocultar datos o mentir directamente para intentar evitarse una bronca.
Durante un tiempo me ocultaron que fumaban y quién sabe qué estarán ocultando ahora. ¿Y tú? ¿qué has ocultado a tus padres o crees que te han ocultado tus hijos?
Maores es la
Un hombre de unos 55 años, vestido con traje negro y corbata, y su hijo de 16-17 esperan en una parada de autobús. El chaval lleva cresta, tres pendientes en la oreja derecha y unos vaqueros tan caídos que además del calzoncillo casi se le ve la pierna. Está fumando mientras oye la bronca que le dirige su padre. Es el único que habla: no le gusta el aspecto del joven, ni sus pantalones sucios y raídos, ni las manchas que luce en su camiseta, ni las mugrientas zapatillas con las suelas despegadas.
Para intentar evitar esos problemas de convivencia la Comunidad de Madrid ha elaborado una
Mi hijo pequeño, al que siempre le han encantado los bebés, la miraba ayer embobado. A los pocos minutos de estar con ella soltó la frase a la que me tiene acostumbrada cada vez que tiene una niña cerca: “¿Cuándo me vas a dar una hermanita?”.
Calatayud, conocido por sentencias ejemplares como la que condenaba a un chaval analfabeto que había cometido un delito a que aprendiese a leer o la que obligaba a un hacker a impartir clases de informática, se resiste a que los menores que pasan por su juzgado terminen en la cárcel e intenta darles siempre una segunda oportunidad.
He leído este texto en una pegatina que mi hijo mayor tenía entre sus libros.
“¿Preferías dar papillas y cambiar pañales o es mejor lidiar con dos adolescentes con sus altibajos y sus broncas?”. Me lo preguntó ayer una amiga mientras paseábamos con sus dos hijos pequeños.
¡Vaya panorama más alentador pinta el profesor para los millones de hijos de separados que hay en el mundo! Sólo le ha faltado definirse como padre de familia unida y ejemplar, católico, apostólico y romano, con hijos felices y sonrientes, todos con pareja estable (si es que eso puede asegurarse) y, por supuesto, muy muy ricos.

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