Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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Su primer día de trabajo

Anoche me llevé una grata sorpresa: mi hijo pequeño me dijo que iba a empezar a trabajar. Su ex entrenador de fútbol, al que conoce desde que empezó a ir al cole, le ofreció ayer mismo una ocupación veraniega: echar una mano a los profesores con los niños de 4 y 5 años que acuden al colegio durante el mes de julio mientras sus padres trabajan. Y a él le encantó la idea.

Dicho y hecho: me lo contó anoche y esta misma mañana el gran dormilón se ha levantado a tiempo para comenzar su jornada laboral a las nueve. Va a ir todas las mañanas -excepto unos días que ya tenía previsto otro trabajo como ayudante de monitor en un campamento-.

A la hora de comer le he mandado un mensaje para saber cómo le había ido. “Piruleta! y ad+ me pgan, k lgo t llmo. bso”, ha sido su respuesta.

Hace un rato, ya en casa, me ha dado más detalles. Se lo ha pasado genial con los niños. Ha jugado con ellos al fútbol, al baloncesto, han hecho carreras… Han dibujado, han cantado, han hablado de los jugadores de la selección y les ha contado chistes mientras comían algo a media mañana en una gran mesa en el patio. Vamos, que ha disfrutado casi tanto como ellos.

Y cuando ha vuelto a casa ha tenido tiempo de acercarse al súper -una tarea que no le entusiasma y que hoy ha hecho sin que nadie se lo pidiera-. Eso sí, la tarde la ha pasado tirado a la bartola en la piscina con sus amigos. Se lo había ganado.

¿Niños hasta los 18?

“Precios especiales en viajes a Orlando para niños hasta 18 años”. Es la promoción de una agencia de viajes para que las familias viajen con sus hijos al gran parque de ocio estadounidense de la factoría Disney. No es la primera vez que leo o escucho algo así. Como podréis suponer, no tengo nada en contra de los descuentos para menores de edad pero me parece un exceso llamar niños a chicos y chicas que están a punto de alcanzar la mayoría de edad y que hace tiempo que dejaron bajitos a sus padres.

A veces tratamos a los hijos como si fuesen más pequeños de lo que son, tendemos a negarles cosas porque aún son jóvenes para esto o lo otro. Supongo que nos cuesta asumir que crecen, que ya no son esos tiernos bebés a los que achuchar y que cada vez necesitan más intimidad, más tiempo y espacio para ellos solos. Pero de ahí a considerarlos niños…

No recuerdo cuál fue la última vez que llamé niños a mis hijos pero han pasado ya unos cuantos años. Y estoy segura de que si lo hiciese lo considerarían un insulto.

Pese a ello, mis hijos me acusan a menudo de tratarles como a niños, especialmente cuando discutimos sobre la hora de volver a casa -aunque esa queja tenga mucho de intento de aprovechamiento por su parte-. Nunca me ha gustado oir hablar de ancianos de 60 años -un error muy común en los medios de comunicación-, ni de esa eterna juventud que muchos alargan hasta casi los 40 años. Parece que ahora le ha tocado el turno a la niñez, como si todos fuesen como Peter Pan y no quisiesen crecer. Si estiramos la infancia hasta los 18, la juventud hasta los 40 y nos convertimos en ancianos a los 60 (aunque nuestra esperanza de vida casi llegue a los 90), la madurez nos va a durar un telediario.