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Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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El mejor momento para hacer deporte

No vamos a convertir de repente a todos los chavales en grandes atletas, pero ahora que llegan los Juegos Olímpicos, y que tienen tan presentes a sus ídolos del fútbol, el tenis o el baloncesto, tal vez sea un buen momento para animarles a hacer deporte.

Cada vez hay más adolescentes con sobrepeso. Y terminarán siendo adultos obesos y con numerosos problemas de salud si no hacemos algo para remediarlo. Más de la mitad de ellos sólo hace ejercicio en las horas de gimnasia del colegio o instituto. Y eso, en la mayoría de los centros, se traduce en una o dos horas de clase a la semana, sin descontar el tiempo que utilizan para cambiarse o ducharse. Eso durante el curso, porque cuando acaban las clases hay algunos que no vuelven a mover un músculo en todo el verano.

Esa vida tan sedentaria, más propia de un oficinista que de un adolescente, está provocando un aumento de los niveles de grasa corporal, que son altos en el 17% de los chavales de 9 a 17 años, según un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid

Ya conté en un post anterior que mis hijos no forman parte de ese grupo. Ellos siguen comiendo sin parar y no engordan. Pero tampoco son de los que sólo hacen ejercicio en las clases de gimnasia. Durante el curso juegan a fútbol y baloncesto y, en cuanto tienen oportunidad, cogen la bici, los patines o una raqueta.

Los expertos dicen que los chavales deberían hacer ejercicio al menos tres días a la semana -ylos adultos, dos-. Ahora que tienen tanto tiempo de ocio, tantas ganas de ver deporte en la tele y tantas oportunidades de disfrutar del ocio al aire libre, tal vez sea el momento de que lo hagan a diario. El único inconveniente con el que pueden encontrarse son las agujetas del primer día. Y tal vez alguno llegue a tiempo de competir en los próximos Juegos Olímpicos.

La imagen pertenece a la película Quiero ser como Beckham.

Aquí huele a tigre

Entrar en el cuarto de dos adolescentes a media tarde, cuando llevan horas sin ducharse, tal vez después de una clase de gimnasia y con las hormonas en plena ebullición, puede ser una prueba de valor, o de imprudencia.

Esa mezcla de sudor y olor a pies que reina en la habitación echa para atrás a cualquiera. Y cuando acaban de llegar de un partido el aroma ya es… realmente insoportable. Se lo dices y ni se inmutan, así que optas por salir de allí y no volver a pisar la habitación hasta que la ventilan bien, pasan por la ducha y meten la ropa de deporte en la lavadora.

Ayer, a la vuelta del partido, no llegaron dos adolescentes sudorosos a casa, qué va, llegaron seis. El olor era mucho más intenso del que me había acostumbrado a soportar -y eso que ninguno llegó a quitarse las zapatillas-. Estaban felices, casi eufóricos por la victoria, comentando los goles, las faltas y las jugadas.

Creo que sólo les dejé hablar un par de minutos antes de lanzar una sonora queja: “¡Aquí huele a tigre!”.

-“Mamáaa”, dijo mi hijo pequeño con gesto de reprobación.

“Vosotros dos, a la ducha. Y el que quiera quedarse que pase también por allí”, ordené ante el temor de que el olor terminara anestesiándome.

Lo que más le gusta a un adolescente

Los amigos, el messenger, tuenti, los videojuegos, la tele, hacer deporte, escuchar música… Éstas son las principales aficiones de mis hijos, y creo que no me equivoco al ponerlas en este orden. Los amigos están por encima de todo (entre ellos incluyo a alguna posible novia, de las que últimamente no me dan muchos detalles). Les da igual que el plan con ellos sea ir al cine, a tomar una hamburguesa o de botellón, el caso es “estar con los colegas” y divertirse. Por eso, cuando no pueden estar con ellos se comunican a través de Internet.

Pensaba en sus aficiones después de leer la lista que ha creado un lector de 20minutos, supongo que menor de 18 años, sobre lo que más quieren/necesitan los adolescentes. Puedes verla aquí. Según las votaciones de los lectores las principales aficiones de los jóvenes son: novi@, amigos, tele, Internet, hacer/ver deporte, cine, messenger/chat, cine, móvil y YouTube. Vamos, más o menos lo mismo que les interesa a mis hijos. En la lista también se incluyen, algo más abajo, el MP3 y la Play -valorada en mi casa muy por encima de la media, según esta clasificación-.

Los estudios, como era de esperar, ocupan el puesto 13 de una lista de 15 preferencias. ¿Qué adolescente los incluiría entre sus prioridades?

No deja de ser curioso que su principal objetivo al llegar a casa sea sentarse ante el ordenador y meterse en tuenti o en el messenger para seguir en comunicación con los amigos de los que acaban de despedirse, ya sea para seguir hablando con ellos, para reirse con sus fotos o vídeos, o para hacer comentarios sobre cualquier tema que le interese a todo el grupo. Lo dicho, la amistad por encima de todo.

Quiero ser deportista de éxito

Es el sueño de casi todos los chavales. Ser como Ronaldo, Beckham, Nadal o Alonso. Jugar como ellos, triunfar como ellos, vestir como ellos, ligar como ellos. Cuando mis hijos eran pequeños no había en casa otro objeto más preciado que la camiseta del Real Madrid con el número 7. Les duró muchos años, primero con Butragueño y después con Raúl. Durante años Raúl fue para ellos un dios. Querían vestirse de blanco, meter tantos goles como él. Era el cromo que no les importaba que les saliera mil veces repetido, siempre lo celebraban.

Más tarde, el pequeño tuvo una camiseta firmada por unos cuantos jugadores blancos, que mostraba orgulloso cada vez que alguien venía a casa. Ahora se ha hecho del Atleti, no se pierde un partido, me tortura sin parar con el himno del club, que también suena en su móvil, y se arrepiente de ese tiempo que él llama su “oscuro pasado”.

Entre sus ídolos del balón está el Kun Agüero, Messi y Maniche, entre otros. Aunque por delante de todos ellos sitúa a Zidane, “a años luz del resto”, asegura tajante. Dice que no es mitómano, pero se sabe vida y milagros de todos ellos, recuerda detalles de un gol que a mi me pasarían completamente inadvertidos, analiza las jugadas una y otra vez, y le encanta pasar horas y horas con el Pro Evolution Soccer, su videojuego favorito, con sus cracks en miniatura y al alcance de la mano.

Pero lo que a él le gusta realmente es jugar. Con su equipo del colegio, con sus tíos, primos, los amigos de su hermano… o con cualquiera que pase por allí dispuesto a darle al balón. Y no lo hace nada mal. Su sueño, aún hoy, sería convertirse en futbolista profesional. Por eso se le ponen los dientes largos cada vez que surge un nuevo deportista de éxito de una edad parecida a la suya, aunque no sea futbolista. A él, como a casi todos, también le gustaría pasar de fan a ídolo.