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Dicen que la adolescencia es la etapa en que uno deja de hacer preguntas y empieza a dudar de las respuestas

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¿Sabes la última de tu hijo?

Cada vez que escucho esta pregunta tiemblo. Si uno de mis hijos me dice eso delante del otro es porque se trata de algo gordo. Y, normalmente, lo dicen para evitarse una bronca si me entero por otra vía.

_ ¿Sabes la última de tu hijo mayor?, me ha dicho hace un rato el pequeño.

_¿Qué ha hecho esta vez?

_Es un ladrón, ahora se dedica a robar ¿Te acuerdas de los 50 euros que me dio la abuela? pues ya no los tengo, ha explicado en plan intrigante.

_Y por lo que veo, tu hermano ha tenido algo que ver en eso, he respondido mirando a mi hijo mayor, que estaba a nuestro lado sin decir una palabra.

_ Pues sí, me ha cogido el dinero de la cartera para pagar no sé qué.

Ese “no sé qué” ha hecho reaccionar, por fin, a mi hijo mayor. Ha explicado sus razones para coger el dinero. Ha asegurado que era urgente y que así se lo había dicho a su hermano antes de abrir su cartera para coger el dinero.

Llevan un buen rato peleando. Uno repite que había pedido el dinero antes de cogerlo y el otro insiste en lo contrario. Las continuas acusaciones de “ladrón” reciben por respuesta otras de “mentiroso”. Los 50 euros han vuelto a donde debían estar pero ellos siguen sin ponerse de acuerdo.

Más dinero para las vacaciones

“Esto, mamá, una cosa…” Cuando uno de mis hijos empieza así una frase ya sé que me va a pedir algo que le importa de verdad. Efectivamente, la continuación fue más o menos así: “Ya sé que hay crisis, que me disteis pasta para todos los días del viaje, pero no contaba con todos los taxis que hay que coger, está todo muy caro… y voy a necesitar un poco más de dinero”.

La petición llegó anoche por vía telefónica. Ya se había informado de cómo podía hacerle llegar el dinero -casi todos se habían quedado sin fondos, me dijo, y dos o tres padres ya habían vuelto a llenar los bolsillos de sus respectivos hijos- pero le dije que no pensaba darle ni un euro más.

Cuando salió para Mallorca quedó claro que el dinero que llevaba tenía que durarle toda la semana. Tenía suficiente para sus gastos, para ir a bares y discotecas, comer algo por ahí pese a que tenía hotel con pensión completa…

Él sabía que tenía que racionar lo que llevaba y parece que no ha sabido hacerlo, aunque anoche aún le quedaba en el bolsillo lo suficiente para pasar dos días sin derroches. Así que no tendrá más remedio que apretarse el cinturón. Como todos.