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Reflexiones de una librera Reflexiones de una librera

Reflexiones de una librera
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Surfin’ Reginaexlibrislandia: 6 novelas de surf para surfear con libros y sin agua

Yo sé que tú sabes que todos sabemos en reginaexlibrislandia que la visión de Úrsula Andrews en la piel de Honey Rider emergiendo por entre las olas en su mítico bikini blanco, con ese buen par de caracolas, la piel perlada bajo el sol y con un cuchillo jamonero en la cintura dejó literalmente clavados en la butaca a legiones de espectadores del Dr. No desde su estreno en 1962 (y clavada esa estampa en sus retinas y en pósters a escala en todo tipo de paredes).

(Dr No, 1962 / United Artists)

(Dr No, 1962 / United Artists)

A mí también, claro, que yo soy muy de ficción, sí, pero para nada de piedra, y aunque es cierto que al filmar se tomaron algunas licencias con respecto a la novela de Ian Fleming (ella se llamaba Honeychile Rider, no Honey, así como un par de detalles más), no me negaréis que esa imagen no es icónica.

Bueno, para mí lo es, y además me ha venido de perlas porque un reginaexlibrislandiano asiduo me retó hace unos días a que montara una selección de novelas de surf.

Y yo, que tengo casi todos los vicios y el del juego no iba a ser menos, acepté el reto libresco, entre otras cosas porque sabía que hay buena literatura surfera.

Y tras un par de semanas de investigación y de atracones bibliosurferos, llego al día señalado sobradita y cargada de títulos que valen la pena.

Ah, y de paso he aprovechado el filón temático para darme un homenaje y materializarme triunfal y deslumbrante a lo Honey Rider en reginaexlibrislandia, sin las dos caracolas pero con tres novelones de surf en cada mano, y con los Beach Boys de fondo:

Everybody’s gone surfin’…

Surfin’ Reginaexlibrislandia

¿Listos? Pues vamos a cabalgar olas con libros, queridos:

1. Años Salvajes. William Finnegan. Los libros del Asteroide. Galardonado con el Pulitzer es una fascinante historia de aventuras y una autobiografía literaria de primer nivel sobre la obsesión de William Finnegan por el surf y por cabalgar la ola perfecta. Explora todas las aristas del surf -la técnica, las emociones que despierta, la cultura que lo envuelve y sus códigos tribales-, y engancha tanto si eres surfero como si no, porque escribe con pasión sobre su pasión. Tras empezar a surfear de niño, al terminar la Universidad lo dejó todo menos su tabla y emprendió un viaje iniciático por Samoa, Indonesia, Fiyi, Java, Australia y Sudáfrica. A su vuelta a EEUU se convirtió en corresponsal de guerra, y sin dejar de buscar olas aunó el surf y la pluma en este libro que te engancha hasta el final. Una maravilla que te inocula las ganas de coger una tabla y lanzarte al mar.

Años Salvajes

Años Salvajes

2. El Gran Miércoles. John Milius y Dennis Aaberg. The Fishbone Project. Novela-guión de la película homónima de 1978, donde los autores proyectan con nostalgia su juventud durante la Cafifornia de los 50 y la pasan por el tamiz del mejor Hollywood de los 70, el hippismo, la Guerra de Vietnam y los albores de la era moderna. California, verano de 1961. Jack, Matt y Leroy son los reyes de The Point, en Malibú. Tienen chicas, hacen las fiestas más salvajes, duermen en la playa o en sus  coches desvencijados, viajan a Tijuana y cabalgan las olas como los ángeles. Bear, viejo surfista, les cuenta la historia de El Gran Miércoles: ese día, siempre en miércoles, que es el que todo surfista espera porque se forman las olas más brutales. Pero tendrá que pasar más de una década hasta que se les presente la oportunidad de demostrar que todavía pueden ser los reyes. Una novela de iniciación que es, también, el retrato de una época y de una generación: la del surf en Malibú.

El gran miércoles

El gran miércoles

3. Trilogía del surf. Willy Uribe. Los Libros del Lince. Tres trepidantes nouvelles negras con el surf como telón de fondo. En Más allá del Ganzug, mientras un surfista coge olas frente a la costa sahariana ve un vehículo a lo lejos, quizás un todoterreno, probablemente militar. Un thriller contado desde el punto de vista de un hombre solitario en su tabla que sabe que quien conduce ese vehículo, va a por él. Doce poemas de amor en Zicatela cuenta la investigación del inspector Nogales, que investiga las desapariciones de dos jóvenes  y un asesinato. Surf y marihuana, historias de celos y venganza, amoríos playeros, un concurso de poesía y un alijo de cocaína desatan la trama. Nanga es la historia de un viajero que, junto a su tabla, busca la soledad en una isla en Indonesia. Lleva una vida pacífica hasta que, un día, su anonimato y su vida se ven amenazados al aparecer una foto de su cara en un diario local. Ofrecen dinero por localizarle, y eso desata una persecución a muerte.

Trilogía del Surf

Trilogía del Surf

4. El amante de olas. José Pellón. Popum Books. Erik Martín es un surfista que vive en un pueblecito pesquero llamado Sietepiedras donde nada ni nadie es lo que parece, pero un día conoce a una periodista madrileña, Ruth, enviada allí por la revista del corazón para la cual trabaja siguiendo a una pareja de famosos. Sin moverte de Sietepiedras, emprenderás un apasionante viaje a través de los sentidos y las sensaciones de Erik Martín, por momentos el Bertolt Brecht del surfing, a ratos un sinvergüenza inadaptado al que todo le da igual. Tubos caleidoscópicos, tablas mágicas, spots secretos donde rompen olas alucinantes y surfers que se mueven siempre por la tangente; verano, aventura, sensualidad y hedonismo a raudales. Trepidante y divertida.

El amante de las olas

El amante de las olas

5. Todo por un puñado de olas perfectas: Miki Dora, l’enfant terrible del surf. David Rensin. The Fishbone Project. Pocas veces calificativos tan dispares han recaído en una única persona a lo largo de su vida: Da Cat, El Caballero Negro, El Rey de Malibú, El Chico Fiasco, El Albóndiga, El Gitano de Malibú… Pero aun así, ninguno de ellos pudo concentrar toda la esencia del impenetrable Miki Dora, ese gitano supersónico autocondenado a vagar errante por el mundo en busca de olas perfectas. Más allá de sus peripecias delictivas y de traer en jaque al FBI, la historia de Miki Dora es un lamento descarnado por ese paraíso perdido, cualquiera que sea éste: el hogar, la patria, la familia, un puñado de olas solitarias o una inocencia de la que Miki Dora tuvo que desprenderse demasiado pronto. Pero mientras tuviera el surf…

Todo por un puñado de olas

Todo por un puñado de olas

6. Pasión por el peligro. Norman Ollestad. Salamandra. Atención: son unas memoras, pero se leen como un thriller de alto voltaje. Bajo la tutela de un padre incansable y carismático, el pequeño Norman Ollestad se crió en el mundo del surf y el esquí de alta montaña. Exigido por su padre hasta el extremo, esos tiempos de difícil aprendizaje forjaron un carácter tenaz y entrenado en la superación que fue crucial cuando el destino lo puso a prueba con 11 años en un accidente aéreo en las montañas, a 2.600 metros de altitud. En medio de una fuerte tormenta de nieve, la avioneta donde viajaban se estrelló y quedó suspendida en la ladera helada del monte. Norman fue el único superviviente de la tragedia. ¿Cómo pudo, con 11 años, sobreponerse al dolor, la conmoción y las brutales inclemencias atmosféricas? El afectuoso retrato del padre, combinado con la pasión por la naturaleza y las adictivas emociones que procura el deporte de riesgo, conforman una historia de unión espiritual que conmueve por su proximidad y autenticidad.

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¡Que te cooorten la cabeza si no lees Alicia en el País de las Maravillas!

No sé a vosotros, queridos, pero a mi me cuesta un imperio reprimir las ganas de ir periódicamente en pos de Alicia, esa niña que crece y decrece en función de lo que ingiere y que capea los entuertos de gloriosas criaturas mientras le planta cara a una reinona grotesca e histriónica obsesionada con descabezar a discreción.

(Alicia, 2010 / Walt Disney Pictures)

(Alicia, 2010 / Walt Disney Pictures)

Obsesión que, como imaginaréis, hago mía cuando se adentran en reginaexlibrislandia lectores reticentes de zambullirse en las páginas de Lews Carroll, por considerar que ya conocen la trama o incluso desdeñándola como libro infantil.

¿Libro infantil? Es una aventura que de infantil tienen lo justo o, como matizaba Virginia Woolf, entra en la dimensión de ese tipo especial de historias que no es que sean infantiles, es que leerlas “nos convierte en infantes“.

Os cuento esto porque esta mañana se adentraron dos chicas en mis confines. Debían tener poco más de veinte años, parloteaban en voz muy alta entre ellas pero sin dejar de teclear a velocidad de crucero en sus smartphones, y fueron directas a mi mostrador:

Clienta 1: Oye, perdona

Regina ExLibris: ¿Sí?

Clienta 1: Es que, mira… verás. Hay una serie en la que uno de los personajes habla de su libro favorito, y yo quiero leerlo, pero ella dice que es de niños.

Clienta 2: Tía, es que es de críos. Que “la Pussy o Poussey esa” va de sobrada y se queda con la peña. Porque, vamos, no me digas que va a flipar con el de la niña esa que se mete por un agujero en el bosque siguiendo a un mapache o algo así. ¿En seeeeeeeeeerio?

Regina ExLibris: Ah, ya veo. ¿Habláis de Alicia en el País de las maravillas, no?

Clienta 1: Sí, ese mismo. Y Carola, tía, ¡qué coño un mapache! Se te va la olla, era un conejo. Al menos es lo que recuerdo de la peli de Disney. Yo es que la vi de cani.

Clienta 2: Bueno, pues un conejo. ¡Ya ves qué subidón de historia, tía!

Clienta 1: ¡Qué pesadita estás! Mira, yo me lo quiero leer… ¿o es verdad que es muy de canis, señora?

Regina ExLibris: Bueno, verás. Si te apetece leerte un libro olvida si es para niños o no… Te sorprendería la cantidad de historias maravillosas que se pierde la gente por etiquetarlas. Y en cuanto a Alicia en el País de las Maravillas si yo fuera tú no dejaría de leerla. Tiene una trama fantástica engarzada sobre historias dentro de otras historias, diálogos endemoniados y, sobre todo, una impagable galería de personajes. Es muy divertida y te sorprenderá.

Clienta 1: ¿Cómo que personajes? ¿más que la niña y el conejo?

Clienta 2: Joder, tía, si que estás off… ¿No te suena una reina, o algo así?

Regina ExLibris: Sí, hay más personajes. Son criaturas estrafalarias, mezquinas, divertidas, grotescas, taimadas o bobaliconas que se desenvuelven como pueden en su entorno y ridiculizan el encorsetamiento victoriano, que es la época de su autor.

Clienta 1: ¿Y lo tienes aquí?

Regina ExLibris: Sí, en varias ediciones. Te las enseño y eliges tú.

Clienta 2: ¡No me lo creo! Para que luego me venga mi abuela con que me paso el día viendo la tele. ¿Verás cuando le cuente que OITNB ha logrado que tú te compres y hasta pienses en leerte un libro en vacaciones? ¡ Y con tu propia paga!

Clienta 1: ¡Ja, ja, ja! Es verdad, lo va a flipar tu abuela. Y en mi kelly igual.

Regina ExLibris: Perdonad, ¿qué es OITNB?

Clienta 1: Es Orange is the new Black. Una serie americana de unas presas entre rejas. ¿No la conoces? Pues ya va por la temporada 5. ¡Es una pasada!

Y se fueron con el libro. Yo me quedé con ganas de contarles que, además de ser fantástica per se, Carroll, anticipaba entre las líneas de las disparatadas aventuras de esa niña respondona y curiosa menudencias venideras como el surrealismo, la interpretación freudiana y la alucinación psicodélica. Ahí es nada. Y que el libro y sus personajes han inspirado a bandas del rock (Aerosmith) y a estrellas del pop (Robbie Williams). Pero, bueno, tampoco las quería agobiar. Y además me dejaron con un muy buen regustillo catódico en el paladar libresco.

Conozco la serie Orange is the New Black y me gusta, y no es la única referencia literaria que muestra. Pero si además ha logrado que esta chica venga a reginaexlibrislandia, compre la edición de Valdemar (la eligió por su cubierta y diseño, descartando una de Cátedra y la de Nórdica, ambas muy recomendables también) y se anime a leer Alicia en el País de las Maravillas que la Providencia Librera bendiga a OITNB.

Palabra de Regina ExLibris.

Alicia, Valdemar

Alicia, Valdemar

NOTA DE REGINA EXLIBRIS:

Cuando Charles Dogson improvisó las Aventuras subterráneas de Alicia, no sabía que esa puerta que daba acceso a millones de niños y de adultos lectores a un mundo cargado de personajes irreverentes, sátiras extravagantes, retos lingüísticos y pulsos a la lógica extrema era la misma que le conduciría a él, como Lewis Carrol, y a su novela, como Alicia en el País de las Maravillas al olimpo de las deidades literarias. Conocer al Gato de Cheshire, tomar el té con el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo o jugar al croquet con la mismísima Reina de Corazones es una experiencia que nadie, nadie, debería perderse. Mágica y genial.

 

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“Siempre tendremos París… al menos en estas 6 novelas”

Ah, aquí estamos otra vez mis licencias biblio-cinéfilas y yo, queridos. Pero es que es muy, muy difícil pensar en París y no visualizar a Rick Blaine (Humphrey Bogart) soltándole a Ilsa Lund (Ingrid Bergman) ese mítico “Siempre tendremos París” en los últimos fotogramas de la no menos legendaria Casablanca.

(Casablanca, 1942 / Warner Bros)

(Casablanca, 1942 / Warner Bros)

Pues bien, imaginar que esto no es reginaexlibrislandia sino un aeródromo en plena noche. ¿Ya? Añadirle niebla. ¿Lo tenéis? Ahora visualizarme con el pelucón apelmazado dentro de un sombrero de ala, el rostro humphreybogarizado y dirigiéndome entre desesperado y decidido a vosotros, mis legiones de reginaexlibrislandianos, todos embutidos en la piel de la Bergman. ¿Listo?

Pues entonces es ahora cuando os derrito con mi “Siempre tendremos París, al menos en estas 6 novelas”. Sí, una selección reginaexlibrislandiana de títulos donde la eterna “Ciudad de la Luz” es aún más que un simple escenario para una trama, puesto que es un personaje en sí misma. París se vive, se imagina, se recrea y, por supuesto, se lee más allá del punto y final de una de las novelas parisinas por excelencia: Los Miserables, de Victor Hugo.

Y esta selección temático-parisina es mi itinerario libresco particular dedicado a María, una de mis reginaexlirbrislandianas de pro, que necesitaba pegarse un viajecito de libros a la capital francesa. Y, ya puestos, pues nos vamos todos con ella ;P

1.  París. Edward Rutherfurd. Roca. Legiones de lectores rutherfurdmaniacos se sumergen sin titubear en cada uno de los destinos que al señor Rutherford le da por ficcionar, siempre articulando sus libros sobre hechos reales y sobre criaturas de la intrahistoria de la ciudad, o del país de turno. Y, claro, París no iba a ser menos. Así que adentraros sin temor a un París diseccionado a través de las pasiones, lealtades, traiciones y secretos que mueven a personajes ficticios y reales, que habitan esta gloriosa ciudad y la hacen ser lo que es. De la construcción de Notre Dame a las peligrosas maquinaciones del cardenal Richelieu; de la resplandeciente corte de Versalles a la violencia de la Revolución francesa; del hedonismo de la Belle Époque al horror de la  Primera Guerra Mundial; de los escritores de la Generación Perdida a la ocupación nazi, los luchadores de la Resistencia y la revuelta estudiantil de mayo de 1968… Un mosaico impresionante, sensual, trepidante y tan arrebatador como la propia ciudad que lo inspira.

París

París

2. París era una fiesta. Ernest Hemingway. Lumen. Publicada póstumamente en 1964, es la obra más personal y reveladora de Hemingway, quien, ya en el crepúsculo de su vida, narra aquí los dorados, salvajes y fructíferos años de su juventud en el París de los años veinte, en compañía de escritores como Zelda y Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, Joyce o Ezra Pound, la llamada «generación perdida». Crónica de la formación de un joven escritor, retrato de una ciudad perdida, oda a la amistad y verdadero testamento literario, es uno de los libros capitales para entender el siglo XX, así como el universo y la personalidad de uno de sus más grandes creadores. El amor, la amistad, el deseo, la resaca continua, las ganas de vivir al límite y, sobre todo, las calles de París llenan las páginas de este testamento literario que te sumerge en cafés y rincones de un París tan mágico como real y agridulce. “París es una fiesta que nos sigue”, decía Hemingway, y ese es el espíritu que destila en cada salto de línea.

París era una fiesta

París era una fiesta

3. La elegancia del Erizo. Muriel Barberi. Seix Barral. El gran milagro de la literatura se agazapa como en pocas en La elegancia del erizo, una novelita de esas que te cauteriza la melancolía y te cautiva a golpes de ironía, ternura y píldoras sobre el amor, la sociedad, el arte y la felicidad. Sus protagonistas, la portera de un edificio del París burgués y la niña superdotada de uno de los apartamentos, diseccionan su entorno mientras se empeñan en pasar inadvertidas para el resto del mundo, hasta que aparece un nuevo vecino japonés para poner sus existencias patas arriba. Muriel Barbery teje una trama maravillosa y divertida, cargada de verdades veladas que todos miramos, pero que sólo algunos ven, a la que vuelves una y otra vez con la certeza de una sonrisa y el temor del inevitable punto y final. Conmovedora, divertida y deliciosamente inesperada.

La elegancia del erizo

La elegancia del erizo

4. En el café de la juventud perdida. Patrick Modiano. Anagrama. París, años sesenta. En el café Condé se reúnen poetas malditos y estudiantes fascinados por la bohemia parisina. Y aunque la nostalgia de aquellos años perdidos parecería ser el tema central de la novela, Modiano le da un giro sorprendente. Porque En el café de la juventud perdida es también una novela de misterio. Todos los personajes, todas las historias, confluyen en la enigmática Louki. Cuatro hombres nos cuentan sus encuentros y desencuentros con la hija de una trabajadora del Moulin-Rouge. Algunos la buscan, otros la aman, y para casi todos ellos la chica encarna el inalcanzable objeto del deseo. Louki, como todos los que la acompañan en su vagabundeo por un París espectral, es un personaje sin raíces, que vive inventando identidades, renaciendo una y otra vez, luchando por construir un presente perpetuo. Modiano recrea alrededor de la fascinante y conmovedora figura de Louki el París de su juventud, al mismo tiempo que construye con su estilo inconfundible una hermosísima novela sobre el poder de la memoria y la búsqueda de la identidad, dos grandes ejes de la obra del escritor francés.

En el café de la juventud perdida

En el café de la juventud perdida

5. La delicadeza. David Foenkinos. Seix Barral. Nathalie es una mujer afortunada. Está felizmente casada con François, y pasa los días rodeada de amor, de risas y de libros. Pero todo cambia cuando su marido muere de forma repentina. Ese momento es un punto de inflexión para Nathalie, que empieza a languidecer entre las paredes de su casa y se vuelca en la oficina. Pero justo cuando ha dejado de creer en la magia de la vida, ésta vuelve a sorprenderla y revelarse en su forma más maravillosa. La delicadeza es la novela de la esperanza y la imaginación, la novela de ese París fascinante en el que el dolor y la vulgaridad se transforman en poesía. Un libro que querrás tener siempre cerca, para deleitarte de nuevo con su elegancia literaria o sonreír con su mordaz ingenio, pero, sobre todo, para recordar que siempre, incluso en los momentos más inesperados, cualquier cosa es posible. Y especialmente en París.

La Delicadeza

La Delicadeza

6. Fluye el Sena. Fred Vargas. Siruela. Cargadas de un humor delicioso y estrafalario, de investigaciones tan absorbentes como perfectamente construídas y protagonizadas por el carismático comisario Adamsberg, estas tres historias policiacas tienen el común denominador de tener el Sena, los clochards y los bajos fondos parisinos como elementos esenciales de sus tramas. En «Salud y libertad», un estrafalario vagabundo se instala en un banco, con todo su ajuar, ante la comisaría de Adamsberg mientras éste recibe misteriosos anónimos amenazadores y una mujer aparece muerta sobre las vías del tren. En «La noche de los brutos», Danglard y el comisario investigan la extraña muerte de una mujer que aparece ahogada debajo de un puente del Sena. En «Cinco francos unidad», un estrambótico vendedor ambulante de esponjas presencia el intento de asesinato a una rica dama, y el comisario conseguirá que colabore con la policía de un modo realmente ingenioso. Otra forma de redescubrir un París que, aún contemplándolo desde sus lugares más sórdidos y con el hilo de las más bajas pasiones, resplandece y cautiva por igual.

Fluye el Sena

Fluye el Sena

¿Adivinas cómo imagino el servicio de habitaciones del Hotel de El resplandor?

Ay, esta vena pelín turbia que me impulsa hacia lo macabro me va a traer problemas estando como estoy cara al público. Es ella y no yo la que ha hablado cuando un reginaexlibrislandiano asiduo que vino a por un ejemplar de El resplandor me comentaba que Stephen King hiló toda la trama en la habitación de un hotel en Colorado.

(El resplandor, 1980 / Warner Bros)

(El resplandor, 1980 / Warner Bros)

Claro, a mi lo primero que me ha venido a la mente (y que desafortunadamente he soltado por esta bocaza sin filtros) ha sido:

“¡Anda! Pues imagino cómo debe ser la llamada a tu puerta del servicio de habitaciones. ¡A hachazos! JAJAJAJAJAJA (risotadas histéricas)”

El pobre hombre se ha quedado mirándome sin saber muy bien cómo reaccionar. Por suerte he logrado serenarme a tiempo y, mientras improvisaba un torniquete por debajo del escritorio aplastando la grapadora de hierro sobre la vena turbia de la muñeca para taponar la hemorragia de verborrea gore, continué parloteando como la réplica perfecta de La Serenísima con una muy medida caída de párpados:

Quiero decir… que sería un buen filón para fanáticos de la historia, ¿no?”

Él me miró con cierta cautela y una vez comprobó que las venas de mis sienes habían dejado de parecer morcillones de Burgos y que ya no echaba espumarajos por la boca, continuó con su charla:

Cliente: Bueno, si tú lo dices, Regina… Hay gustos para todo. Yo a lo que iba es a que Stephen King se alojó con su mujer en 1974 en The Stanley, un hotel en Colorado con vistas a las Rocosas. Él mismo ha contado que eran los únicos huéspedes porque al día siguiente el hotel cerraba por final de temporada. En los próximos meses iba a estar cerrado, hasta el deshielo de primavera.

Regina ExLibris: ¡Ah, y de ahí la trama! ¿NO?

Cliente: Sí y no, porque aún hay más. De entrada ese hotel ya estaba “encantado” desde poco después de su inauguración en 1909. Supongo que entre eso y el momento en que le pilló su estancia -con todo vacío y desmantelado- King cuenta que paseando por el Hotel vio fantasmas, y que incluso en el gran bar y sala de fiestas presenció un baile con gente de otra época o, mejor dicho, del más allá.

Regina ExLibris: ¿Cómo?

Cliente: Lo que oyes es lo que Stephen King cuenta. Que después de su tour por el hotel se fue a su habitación a dormir. Tuvo una pesadilla en la que vio a su hijo de 3 años corriendo delante de una manguera de fuego y pidendo ayuda. Se despertó acojonado y se levantó para encendrerse un pitillo. Se lo fumó mirando por la ventana a la entraña de las Rocosas… y para cuando se consumió ya tenía en su cabeza toda la trama y los personajes de su novela, aunque finalmente el hotel en la ficción se llamaría el Overlook. El resto ya fue darle a la tecla en tiempo récord para firmar una de las mejores novelas de terror que he leído.

(El resplandor, 1980 / Warner Bros)

(El resplandor, 1980 / Warner Bros)

Regina ExLibris: Entonces su vomitona creativa no se pareció en nada al protagonista, Jack Torrance, sumido en pleno síndrome de la página en blanco… La verdad es que siempre me ha fascinado el talento de Stephen King para inventar y contar historias escalofriantes.

Cliente: Si, y parece que no se le seca el dique, por suerte. Por cierto, ¿viste la adaptación de Kubrick?

Regina ExLibris: Sí y, ¿sabes qué? Me fasidia mucho porque, como película desligada de la novela me gusta mucho. La atmósfera, los personajes, el papelón de Jack Nicholson… Pero si la comparo con el texto original me dan ganas de abofetear al director. En la novela hay cuatro personajes bien definidos (el hotel, Wendy, Jack y Danny), cada cual con una historia propia y potente que avanza y se enreda con las del resto. Quiero decir que no se limita a narrar la historia de un padre de familia que acepta un trabajo en un entorno aislado y hostil y se vuelve loco. El personaje de Jack es mucho más complejo, real y creíble que eso.

Cliente: Es verdad, es un tipo que arrastra su lucha contra el alcoholismo que casi destroza su vida y la de su familia, y que para colmo está en plena crisis creativa. Para él la idea de estar 5 meses en ese entorno con su mujer, su hijo y su libro es la oportunidad perfecta para solucionar  sus problemas de una tacada.

Regina ExLibris: ¡Exacto! Con lo que no contaba el bueno de Jack es que el Hotel en sí, ese que iba a ser el escenario propicio para lidiar con sus problemas, acoge una fuerza demoníaca que va mucho más allá que los fantasmas que lo recorren. Esa fuerza maligna detonará una verdadera batalla mental con él y con su hijo Danny.

Cliente: Sí, y de hecho el final poco tiene que ver con el de la película

(Nota de Regina: A partir de aquí no reproduzco la conversación para no reventar el final de este novelón a quienes aún no la hayáis leído)

Lo que sí os digo es que si no habéis leído El resplandor (Debolsillo) dejar lo que estéis leyendo y meteros en harina con él. Os aseguro que una vez lo empecéis y por más veces que hayáis visto la película pasaréis todas y cada una de las páginas con la sensación de que un dedo flaco y gélido os presiona el corazón. Cada personaje -el hotel incluido- es brutal, el ritmo es endemoniado y su lectura os absorbe a una atmósfera y unos hechos que no olvidaréis una vez sobrepasado el punto y final.

El resplandor

El resplandor

Mi reginaexlibrislandiano se fue con su ejemplar y yo me puse como una loca a bucear por Internet para dar con el hotelito… y dos o tres clicks después ¡ahí estaba! The Standley. Ojo, no confundir ese hotel (en el que Stephen King concibió El resplandor en la habitación 217) con los exteriores de otro establecimiento similar que eligió Kubrick para filmar su versión de la historia. En The Standley no solo presumen de su influencia en la trama de El resplandor, sino que tienen su propio “fondo de armario” paranormal.

Ah, y esto sí que me ha entusiasmado, queridos: para Halloween organizan un gran baile temático.

The Stanley Hotel (El Resplandor)

The Stanley Hotel (El Resplandor)

Yo, si puedo, voy. Palabra de Regina ExLibris.

6 novelas de librerías para inducir un coma libresco a tu bibliofilia

Llamadme loca, pero por mucho que me pase la vida en reginaexlibrislandia mi bibliofilia siempre quiere más. Soy bibliobulímicalibromaníaca y librera compulsiva. Tanto que si voy de invitada a vuestra casa me importan un rábano el menú o la decoración, y voy directa como un obús a cotillear vuestra biblioteca. O si veo una película la trama y los personajes se desvanecen si se cuela en un fotograma una novela, por muy fugaz que sea su aparición. E incluso en el dentista me olvido de esa endodoncia inminente si alguien en el perímetro lee algo que me dispara el biblioradar.

(Funny Face, 1957 / Paramount)

(Funny Face, 1957 / Paramount)

Y eso en escenas cotidianas de mi vida, pero la cosa se agrava si me dejas suelta por una librería ajena. Ahí la lucha encarnizada por refrenar la pulsión de colocarle al dueño su librería es todo un festival del desequilibrio mental que arranca antes incluso de traspasar el umbral.

Sí, queridos, ya de entrada tiendo a quedarme con la cara pegada al cristal del escaparate mirándolo todo en un silencio espeso y reconcentrado, y boqueando como un pez. Pero, ojo, ese momento besugo bibliófilo esconde una frenética actividad subcutánea y bajo-pelucón de escaneo y catalogación de libros y librería.

El caso es que tanto quienes padecen bibliofilia en menor grado como quienes sufrimos bibliobulimia severa atesoramos libros que van sobre libros, librerías y cualquier criatura bibliófaga real o inventada. Mientras los primeros los disfrutan con inocente deleite, la verdad es que yo los devoro para inducirle un coma libresco a mi bibliofilia cuando quiero darme una tregua y amansar a la fiera.

Como hoy ha sido uno de esos días y a puntito he estado de que me empapelaran por acoso he corrido a prepararme un cóctel bien cargado con algunas de las mejores novelas de libros y librerías:

1. 84 Charing Cross Road. Helene Hanff. Anagrama. La novela epistolar de Helene Hanff recoge la correspondencia que mantuvieron durante veinte años una extravagante, irónica y brillante guionista norteamericana y los libreros de una librería de viejo londinense al término de la II Guerra Mundial. La insaciable sed de ella por hacerse con libros imposibles y el empeño de ellos, especialmente de Frank Doel, por conseguírselos, da pie, con los años, a una intimidad cargada de ternura e ironías proyectadas sobre el fondo de una misma pasión: los libros y las librerías. Si a ello añadimos la incontenible anglofilia de Helene Hanff, su particular sentido del humor y ese empeño perverso en desinflarle a puñaladas lingüísticas la flema inglesa al siempre correcto Frank Doel, y lo espolvoreamos con sus esfuerzos por aliviarles las estrecheces de la posguerra, el resultado es esta joya de que derrocha inteligencia, diversión, ternura y bibliofilia.

84 Charing Cross Road

84 Charing Cross Road

2. La librería. Penélope Fitzgerald. Impedimenta. Obra maestra de la entomología librera narra odisea de Florence, una jubilada que quiere montar una librería en un pueblo costero de Sulfolk en 1959. Si con eso ya hay material para una buena historia, es en los matices donde reside la maestría de Fitzgerald. Porque Florece opta por una librería no por bibliofilia, sino porque su experiencia profesional fue en su juventud entre libros. Porque la aldea está aislada -su acceso por tierra es un infierno y la opción más directa es en una barca de remos- y en él no existe actividad comercial. Porque el local está infestado de ratas, de humedad y de poltergeist y, para remate, porque ese enclave es el elegido por la reina social local para su ateneo cultural, motivo por el que comanda una resistencia sutil y despiadada contra la librería. Así que Florence luchará con uñas, dientes, libros y su niña-ayudante para mantener a flote su negocio y resistir ante una presión vecinal que pasa de clama tensa a tormenta a punto de estallar cuando se plantea vender ejemplares de Lolita, de Nabokov.

La librería

La librería

3. La Librería ambulante. Christopher Morley. Periférica. Esta delicia literaria te inocula tanta bibliofilia en las venas que de tan ganas de hacerte con una furgoneta y recorrer el mundo hasta arriba de ejemplares para hacer de tu existencia un geiser andante de literatura. Dicho eso vayamos por partes: estamos en la segunda década del siglo XX, en unos EEUU todavía rurales y de paisajes idílicos, donde conviven viejos carromatos y novísimos automóviles. Roger Mifflin, un librero ambulante que desea regresar a Brooklyn para redactar sus memorias, vende su singular librería sobre ruedas (junto a su yegua y su perro) a la ya madura señorita Helen McGill, que decide, harta de la monotonía de su vida, lanzarse a la aventura y recorrer mundo conectando libros con lectores. A partir de ese momento se sucederán encuentros y desencuentros, y las más divertidas peripecias destilarán grandes enseñanzas que proporcionan libros y librero. Humor a mansalva, bibliofilia extrema y dosis justas de ternura y realismo hacen de La Librería Ambulante un imprescindible de bibliófagos de corazón.

La librería ambulante

La librería ambulante

4. Firmin. Sam Savage. Seix Barral. Una buena idea para masacrar el tedio existencial a librazo limpio es Firmin, una de esas delicias de tinta y papel que no dejan de ir de lector a lector sin campaña mediática que valga porque ellas son, per se, su mejor carta de presentación. Sam Savage nos presenta a una rata que habita las entrañas de una librería de viejo en Boston, y lo que para ella arranca como una pulsión devoradora de libros en sentido literal pronto deriva en un apetito lector voraz y real, que sacia de forma compulsiva ejemplar tras ejemplar. Es así como Firmin se convierte en un ser bibliófilo, entrañable, marginado por su familia de rattas y quijotesco con delirios de voyeur, tics kafkianos y un espíritu shakesperiano que exuda ternura y sarcasmo. Una novelita deliciosa que es un homenaje bibliófago al poder redentor de la literatura y a las librerías como refugios universales.

Firmin

Firmin

5. Una librería en Berlín. Françoise Frenkel. Seix Barral. En 1921, Françoise Frenkel, una joven apasionada por la lengua y la cultura francesas, funda la primera librería francesa de Berlín, La Maison du Livre. En 1939 huye de la Alemania de Hitler, donde ya es imposible difundir libros y periódicos franceses, y se exilia en Francia, buscando refugio. Pero, en realidad, tras la ocupación nazi de territorio francés, lo que le espera es una vida de fugitiva hasta que, en 1943, logra cruzar la frontera suiza de manera clandestina y encontrar en Ginebra, al fin, la libertad. Una librería en Berlín descubre, milagrosamente intactas, la voz, la mirada y la emoción de una mujer valiente cuya fuerte determinación y pasión por los libros y pro su profesión la llevará a conseguir escapar de un destino trágico.

Una librería en Berlín

Una librería en Berlín

6. Mi maravillosa librería. Petra Hartlieb. Periférica. A medio camino entre obra testimonial y homenaje al oficio de librero, incluyo este libro-bomba porque es un artefacto narrativo que pulveriza la versión romántica que del oficio se tiene desde fuera. Regentar una librería es duro, es casi un suicidio profesional y es decir adiós a tu vida personal. Pero vale la pena. Y no soy yo, Regina ExLibris, quien lo dice, sino Petra Hartlieb, que tiene ahora una gran familia, un perro y una librería en Viena. Diez años atrás supo de una librería que se traspasaba. Lo que se planteó como una broma (¿por qué no la compramos?), detonó un cambio radical de vida, de ciudad y de oficio. Pero ni estaba preparada para convertirse en empresaria, ni para ser librera, esposa y madre a la vez. Una historia llena de divertidas anécdotas, que logra, gracias a una escritura ágil y empática, impregnar al lector de las alegrías y los problemas de Petra, empeñada en mantener a flote su librería de barrio en pleno S.XXI. Glorioso tapiz realista y nada edulcorado del día a día en una librería cuya lectura te pone de muy buen humor.

Mi maravillosa librería

Mi maravillosa librería

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Francamente, querid@, sí me importa que no leas Lo que el viento se llevó

Ojalá pudiera embutirme en la piel de Rhett Buttler para espetarme a mi misma un “Francamente, cariño, me importa un bledo” y dejarlo estar. Pero, como Scarlett O’Hara, soy impulsiva, algo arrogante y bastante tenaz, sobre todo cuando se trata de reivindicar una novela capital como Lo que el viento se llevó, injusta y doblemente desdeñada y relegada al olvido por varias generaciones de lectores.

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

Y digo doblemente porque, o ha sido canibalizada por su también colosal adaptación a celuloide, o bien ha sido injustamente encorsetada como “novelón romántico” sin más. O incluso ambas cosas a la vez.

Con respecto al pulso novela-película poco puedo hacer más allá de insistir en la calidad del original frente a su adaptación. Bueno, eso y también utilizarla sin sonrojarme como reclamo para incentivar lecturas.

Pero donde sí me pongo brava, alzo el puño y pongo a la Providencia Librera por testigo es a la hora de no cejar hasta aflojar ese corsé de prejuicios bibliófilos que encorsetan la novela de Margarett Mitchel. Necesito liberarlo, lograr que su verdadero talle narrativo se muestre ante el mundo en su esplendorosa dimensión real: un texto que va mucho más allá de una historia romántica, costumbrista o histórica.

Y es que, queridos, este Premio Pulizter, destila a palabras las altas y las bajas pasiones de cuatro personajes memorables -Scarlett O’Hara, Rhett Butler, Ashley Wilkes y Melanie Hamilton- en plena Guerra de Secesión estadounidense y en los difíciles años de la reconstrucción sureña tras la derrota confederada, dibujándonos de forma impecablemente vívida cada uno de los años de esa traumática década en los que toda una forma de vida se viene abajo.

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

(Lo que el viento se llevó, 1939 / MGM)

Y precisamente es el poder leer cómo lo ven, sienten, viven y encajan sus protagonistas lo que hace de ella una novela histórica sobre un momento crucial en la línea del tiempo estadounidense, sí, pero sobre todo la convierten en una novela de personajes.

Personajes espectacularmente perfilados que intercambian unos diálogos memorables -sobre todo entre Scarlett y Rhett- con los que entre risas y lágrimas nos hacen partícipes de un momento y unos hechos que, aunque edulcorados en cuestiones delicadas como la esclavitud (no nos engañemos, queridos, Mitchell era sureña de pro) lo cierto es que se ven de otra manera más allá del punto y final.

Es un libro magnífico, queridos, y en reginaexlibrislandia siempre habrá sitio para un par de ejemplares de fondo.

Os refresco la trama:  Georgia, 1861. En la elegante mansión sureña de Tara vive Scarlett O’Hara, la más bella, caprichosa y egoísta joven de la región. Ella suspira por el amor de Ashley, pero él está prometido con su prima, la dulce y buena Melanie. Aunque todo es derroche, armonía, melaza, limonada y riqueza en la algodonera Tara, la sombra de la nube la Guerra de Secesión se cierne amenazadora sobre los tocados, las sombrillas y los vestidos almidonados hasta el delirio.

Lo que el viento se llevó

En la última fiesta antes del comienzo de las hostilidades entre el norte y el sur, mientras los jóvenes bravuconean con estúpido entusiasmo sobre el inminente conflicto, Scarlett conoce a Rhett Butler, un apuesto, arrogante y aventurero vividor, que sólo piensa en si mismo y que no tiene ninguna intención de participar en la batalla, sino en hacerse rico con ella. Eso y conquistar el corazón de la hermosa Scarlett.

Pero ella sigue enamorada de Ashley, que acaba de anuncias su compromiso con Melanie. Despechada, Scarlett acepta en matrimonio a Charles, el hermano de Melanie, al que desprecia. Años más tarde, y como consecuencia del final de la guerra, ya viuda, Scarlett debe afrontar el hambre, el dolor y la pérdida e instalarse en Atlanta, donde Melanie espera noticias de Ashley y Butler aparece de nuevo. El resto es cosa vuestra, reginaexlibrislandianos de pro.

Con Lo que el viento se llevó (Ediciones B) se ha forjado uno de los grandes mitos de la cultura contemporánea, y os aseguro que a pesar de sus más de mil páginas y de la visión margaretmitchelliana (léase tirando a confederada) de los hechos, logra hacerte sufrir con el destino de cada personaje, te noquea con la fuerza de sus diálogos y termina por hacerse corto. Palabra de Regina ExLibris.

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¡Orden en la sala! 6 novelas de juristas vistas para sentencia

Nunca me desmayo porque no estoy segura de caer con elegancia. Con semejante mazazo verbal ponía orden en la sala Christine Vole en la adaptación de Testigo de Cargo de Agatha Cristie, que filmó Billy Wilder en 1957.

(Testigo de Cargo, 1957 / U.A.)

(Testigo de Cargo, 1957 / U.A.)

Adoro ese libro en particular y adoro según qué novelones de temática legal; adoro la película de Wilder y adoro a la Dietrich, y hoy la Providencia Librera tuvo a bien llamarme a declarar al estrado como “testigo experta bibliófaga” en un juicio que se desarrolló de forma espontánea en mi librería.

Por fin, ¡por fin! iba a poder versionar en plan bibliófilo a la Dietrich como la gran arpía glamurosa con turbias intenciones que declara como testigo en el proceso contra su marido, un presunto homicida. Vale, en mi caso no había homicidios, argucias legales ni pelucones entalcados, pero había un litigio libresco a mi altura y yo iba peinada para la ocasión.

Os pongo en contexto: un abuelo desesperado por la pasividad de su nieto ante los estudios que él ha elegido acusaba a su nieto veinteañero de tomarse demasiado a la ligera la facultad de Derecho tras su primer año académico. El abuelo, un reginaexlibrislandiano asiduo con el que tengo confianza, zanjó una acalorada discusión con su nieto llamándome a mi al estrado:

Cliente Abuelo -Juez : Regina, escucha. Hazme el favor de recomendarle novelas que vayan sobre el mundo jurídico: abogados, jueces, fiscales, jurados, culpables, inocentes, veredictos, recursos, argucias legales, pleitos, falsos culpables, falsos testigos y demás.

Cliente Nieto-Acusado: Pero, ¡abuelo! ¡Para ya, qué pesado te pones! Que yo NO necesito leer nada. NA-DA. ¡Bastante tengo que estudiar ya!

Cliente Abuelo -Juez: ¡Qué dices! Elegiste Derecho y no hay forma de que estudies ni de que te intereses por nada. Para saber si es o no lo tuyo, para que entiendas de otra manera ese mundo y para que veas si realmente quieres ejercer de alguna manera lo mejor es que intentes verlo desde una óptica menos dogmática y más entretenida. ¿Regina, ves por donde voy?

Regina ExLibris: Sí, sí. Entiendo lo que dices. Igual podemos inocularle el gusanillo jurídico a librazos. Veamos, existe un género propio, el thriller jurídido, donde juristas ficcionan a partir de sus experiencias reales ejerciendo como fiscales, abogados y demás. Los buenos son dinamita pura, y realmente se articulan sobre cómo funcionan las cosas de verdad en ese ámbito. Muchos son estadounidenses, pero hay alguno made in Spain.

Cliente Abuelo -Juez : Ahí, ahí. Algo que le enganche y le despierte el interés. Algo tipo John Grisham… ¿sí?

Cliente Nieto-Acusado: ¿John quién?

Regina ExLibris: John Grisham, es un autor que escribe novelas de ese tipo que se leen a millares por todo el mundo. Luego hay otras novelas que no son thrillers legales en sí, pero que o bien están protagonizadas por algún abogado, o bien una causa legal tiene relevancia en la trama principal. Algunas son clásicos de la Literatura.

Cliente Abuelo -Juez: ¿Y podrías sacarle al menos seis de los que tú recomiendes con esos parámetros? Así se los lleva para estas vacaciones.

Cliente Nieto-Acusado: ¿Cómo que AL MENOS 6? ¿Has “PERDIDO EL JUICIO”, abuelo? (el chico subrayó su juego de palabras acompañándolo de un enérgico vaivén de muñeca con dos dedos en forma de pinza, para asegurarse de que nos escapara su agudeza ni a su abuelo ni a mi).

Cliente Abuelo -Juez: No, hijo, no. ¡Lo has perdido tú! Eres culpable de poco interés por tu carrera y te condeno trabajos forzados: leerás sí o sí las seis novelas de juristas prescritas por la testigo Regina ExLibris en las próximas seis semanas. Yo también las leeré y las comentamos juntos. (Aquí mi querido reginaexlibrislandiano me guiñó un ojo)

Cliente Nieto-Acusado: ¡JA, JA, JA! Pero, peeeeero…

Cliente Abuelo -Juez: ¡Orden, orden en la sala¡ ¡o te empapelo por desacato, subo a ocho y te quedas sin propinas de fin de semana!

Al final concluyó el juicio y se llevaron las seis novelas prescritas por Regina ExLibris y vistas para sentencia por el abuelo. Son:

1. Matar un ruiseñor. Harper Lee. B de Books. Atticus Finch, un abogado con escrúpulos en un pueblucho polvoriento del viejo Sur carcomido por los efectos de la Gran Depresión y del racismo es único en su especie: un letrado íntegro y un viudo consagrado al cuidado y la educación de sus dos hijos. Un personaje memorable en un contexto sobrecargado de emociones encontradas. Con Atticus, su circunstancia y su entorno, Harper Lee armó un artefacto narrativo perfecto que estalló en una maravillosa novela cuya onda expansiva resuena más allá del fin, porque entraña una lección vital. Narrada en la voz de la pequeña Scout, cuenta cómo su padre defiende a un hombre negro acusado en falso de violación y cómo sus vidas -la suya, la de su hermano Jem y la de su amigo Dill- se verán zarandeadas por el proceso judicial y por la actitud de su padre. Un padre que educa a sus hijos mostrándoles sin tapujos las miserias del mundo.

Matar a un ruiseñor

Matar a un ruiseñor

 

2. Defender a Jacob. William Landay. Esfera de los Libros. Cuando descubren el cadáver de un adolescente en un bosque con tres puñaladas en el pecho, la idílica comunidad de Newton entra en shock. El ayudante del fiscal del distrito, Andy Barber, se hace cargo del caso hasta que su hijo Jacob, compañero de clase del chico, es acusado del crimen. Andy no sólo perderá su trabajo, sino que verá cómo todo su mundo se desmorona. Con algún recelo, agobiado por un secreto del pasado y convencido de que su hijo ha sido injustamente acusado, buceará en Facebook, interrogará a escolares, se enfrentará a su esposa y hará lo imposible para hallar un culpable que devuelva la inocencia a Jacob y devuelva la paz a sus vidas. Magistral thriller legal que cuestiona los límites del sistema judicial estadounidense en el que los niños son tratados como adultos y que es también una soberbia novela que plantea la escalofriante pregunta de hasta qué punto los progenitores conocen realmente a sus hijos. Brutal.

Defender a Jacob

Defender a Jacob

3. Presunto inocente. Scott Turow. Debolsillo. Con él se abrió la veda del nuevo género literario: el thriller legal. La seductora y ambiciosa ayudante del fiscal general, R. Horgan, es violada y asesinada al final de la campaña de su jefe por la reelección. Horgan necesita esclarecer el crimen cuanto antes y para conseguirlo confía el caso a Rusty Sabich, un miembro de su oficina. Lo que Horgan desconoce es que, meses antes del asesinato, Carolyn y Rusty eran amantes. Ahora, el cuarentón solitario y melancólico Rusty siente que su matrimonio y su carrera hacen aguas, y para mantenerse a flote se aferra a su hijo Nat y al recuerdo obsesivo de su affaire con Carolyn, cuyo cerrojo pegó ella sin darle explicaciones. Investigar el crimen implica zambullirse de lleno en sus turbios recuerdos y en las entrañas del cuerpo jurídico, y, cuanta mayor es la profundidad a la que llega su investigación más insondable parece la verdad y más se enturbian y desdibujan las líneas divisorias de las esferas del sexo, la política el poder y la judicatura.

Presunto Inocente

Presunto Inocente

4. El Bufete. Ediciones Borja Martínez-Echevarría. Martínez Roca. Ganadora del Premio Abogados de Novela, narra cómo dos jóvenes ambiciosos son engullidos por un torbellino de poder, corrupción e intereses, donde abogados de bufetes de élite defienden sus turbios intereses a cualquier precio. Alberto Spínola, un joven, ambicioso y brillante abogado al que nada más terminar un máster de abogacía internacional le fichan en un prestigioso bufete internacional que opera en España. Berta es una astuta y tenaz periodista, conocida y temida por sus poco ortodoxos medios para conseguir exclusivas. Las vidas de ambos se entrelazan cuando una multinacional lanza una OPA hostil contra la petrolera más grande de España. Una compra que detonará un accidente de la petrolera de incalculable dimensión en el Mar del Norte, sobornos, asesinato de niños y un gigantesco complot de poderosos. Una sorprendente novela de abogados que reúne todos los ingredientes del género y que muestra qué ocurre cuando el hermético mundo de la abogacía se entremezcla con los negocios de alto nivel y el periodismo rapaz.

El bufete

El bufete

5. Tiempo de matar. John Grisham. Debolsillo. En Clanton, un pequeño pueblo de Mississippi, los delitos tienen distinto valor según la raza del culpable. Cuando Carl Lee Hailey mata a tiros a los rufianes que violaron a su hija de diez años, los habitantes de la zona -indignados al principio por la suerte de la pequeña, pero inmersos después en una espiral de violencia racista- pretenden llevarse por delante todo lo que obstruya su particular noción de justicia. El encargado de defender a Hailey es el inexperto abogado Jake Brigance. Tiene un caso entre manos que puede impulsar su carrera o destrozarla por completo. Pero, con la confusión que reina en Clanton, también es uno de esos casos del que puede derivarse la muerte de un joven letrado blanco. Una historia llena de maniobras, trampas, entresijos de las leyes en juicios de esa envergadura. Una novela brillante y muy dura, cuya onda expansiva persiste en la mente del lector más allá del punto y final.

Tiempo de Matar

Tiempo de Matar

6. Crímenes. Ferdinand von Schirach. Salamandra. Maravillosa y sobrecogedora colección de relatos basados en la experiencia profesional de este reputado jurista alemán que cuenta con cerca de setecientos casos desde que inició su carrera de abogado penalista en Berlín. Con ese bagaje vital y profesional Von Schirach ha transformado su pasado, con un aguzado instinto narrativo, en una obra literaria de atmósfera cautivadora. El lenguaje sobrio y conciso de la búsqueda de la verdad judicial subraya la atención que Schirach fija en los crímenes cometidos por individuos corrientes, dejando que los hechos expongan la realidad con toda su crudeza. Profundamente original, revelador y lleno de matices, plantea el fascinante tema de la escurridiza verdad en los procesos criminales y reflexiona sobre el sentido del castigo, pero, por encima de todo, nos habla con proximidad del ser humano, de su miseria y también de su grandeza.

Crímenes

Crímenes

 

Sinceramente recomiendo todas y cada una de ellas: unas por calidad literaria y profundidad de sus personajes, otras por su cualidad de libro-cepo (te enganchan hasta el final) y otras por reflejar una realidad demoledora y desoladoramente antagónica al ideal de Justicia. Regina ExLibris dixit.

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“Cualquier momento es bueno para un Desayuno en Tiffany’s con Capote”

Siempre me fascinó el lema del buzón del apartamento de Holly Golightly en Desayuno en Tiffanys: “Miss Holiday Golightly, de viaje”. Así que, deslizándome peligrosamente entre el tributo y el plagio al texto de Truman Capote, le he dado una vuelta bibliófila a mi cartel de aviso de ausencia temporal en Reginaexlibrislandia.

(Breakfast at Tiffany's, 1961 / Paramount)

(Breakfast at Tiffany’s, 1961 / Paramount)

Ahora es reversible. Por un lado, el que indica que fui a hacer un recado, reza “Miss Regina ExLibris, de viaje (a la dura realidad)“. Y por el otro, que señala que estoy en mis confines librescos, “Miss Regina ExLibris, de viaje (a la ficción pura)“. Pero, eso sí, con un asterisco y una llamada al libro editado por Anagrama, que cualquier vía es buena para liarme a librazos con terceros. Y más si es este libro.

Pero no quedó ahí la cosa, porque tres o cuatro cafés después y con la B.S.O de Breakfast at Tiffanys inundando reginaexlibrislandia me he venido arriba alentada por uno de esos temibles momentos “¿Y si…?”, e impulsada como por resortes en forma de “¿Y si lo pongo también en..?” me he liado a estampar la frase en las tarjetas de la librería como si no hubiera un mañana.

Por suerte para todos un reginaexlibrislandiano asiduo se materializó en mis confines en pleno frenesí de marcado, a tiempo de impedir que sellara cada anaquel, mesa o cabecera, e incluso el ordenador y la cafetera con mi recién-estrenado lema regino grabado en mi tampón de tinta. Yo creo que con un café más incluso se lo hubiera estampado a él mismo en la frente. Y, sí, queridos, a esas alturas yo iba embadurnada entera, pero mejor dejemos eso ahora…

El caso es que el caballero, que venía a buscar un ejemplar de Rendición, de Ray Loriga (Alfaguara), me preguntó entre curioso y divertido qué me traía entre manos:

Cliente: ¿Qué bien te lo pasas, no, Regina?

Regina ExLibris: Ya ves, cuando viene la Musa hay que actuar. Así que aquí estoy, ahora recortando papelitos y formando pelotillas viscosas de este adhesivo del demonio, que no daña libros ni muebles, pero se pega a cualquier sitio menos a donde tiene que ir.

Cliente: Pero, ¿qué te ha dado a ti hoy con la Holly esa?

Regina ExLibris: Pues, nada, que ayer noche me estuve releyendo Desayuno en Tiffanys y esta mañana amanecí creativa. Lo que estoy haciendo es una versión de una cita del libro vinculada al personaje para, ejem, mis fines reginaexlibrislandianos.

Cliente: Yo no me leí la novela, pero me encantó la película. ¿La viste?

Regina ExLibris: ¡Sí! Es una buena adaptación, aunque se toma sus licencias con respecto al original de Capote. Pero, bueno, también es verdad que algunas de ellas fueron forzadas para satisfacer los requisitos moraloides del Hollywood de la época.

Cliente: ¿A qué te refieres?

Regina ExLibris: Bueno, verás, la novela es mucho más dura y atrevida que la película de 1961, en la que se desdibuja bastante el hecho de que Holly es una mujer muy liberada y promiscua para la época -mediados de los años 50-, que se gana la vida como escort, y también que el Escritor es gay. Pero el resto de personajes secundarios no se quedan atrás. Vamos, que la película es una adaptación edulcorada del texto de Capote.

Cliente: ¡Vaya! No tenía ni idea… Es verdad que ahora que lo dices de alguna manera sabes a qué se dedica ella, pero no lo asumes en toda su crudeza. Es, cómo te diría, sí, algo sórdido reflejado de forla edulcorada, sí. Pero, bueno, lo que es cierto es que Audrey Hepburn está espléndida.

Desayuno en Tyffanys

Desayuno en Tyffanys

Regina ExLibris: Sí, la Hepburn está maravillosa, pero es que Capote nos legó a una de las heroínas de ficción más encantadoras, genuinas y carismáticas, siempre viviendo al límite, hedonista hasta el delirio, inalcanzablemente próxima y sexualmente libre. Ella vive literalmente al día y se confecciona su propia moral sobre la marcha, negándose a pertenecer a nada ni a nadie, superponiéndose al decorado de glamour que le rodea como una sombra chinesca, con escapadas furtivas a su propio paraíso: Tiffanys, mítica la joyería. Es una criatura indomable e irresistible. A mi me fascina, y con todos los peros de la película es incuestionable que la Hepburn lo bordó. Y sin embargo en los mentideros del celuloide se decía que Capote quería a Marilyn Monroe para su Holly. Tenía un feeling especial con Marilyn, y lo refleja muy bien en el esbozo que hace de ella en sus Retratos.

Cliente: Uy, eso no lo sabía. Pues fíjate que, con eso de la película, nunca me dio por leer el original. ¿Me lo recomiendas?

Regina ExLibris: Sin duda, querido. Yo siempre digo que cualquier momento es bueno para un Desayuno en Tiffany’s con Capote. Además se lee muy rápido, porque está cargada de diálogos muy ágiles y afilados, con mucho ingenio y que fluyen con naturalidad. Aquí evolucionó frente a lo que yo llamo “el primer Capote”, lleno de melaza, porches con limonada y lírica sureña, como en El harpa de hierba, o en Otras voces, otros ámbitos.

Cliente: Pues ya está todo dicho, Regina: me llevo los dos, éste y el de Ray Loriga.

Y me dejó allí, tarareando Moon River, con la piel embadurnada de mi nuevo lema y el escritorio infestado de recortes impresos y sellados a lo Holly, pero con la bibliofilia henchida pensando en Desayuno en Tiffanys como lo que realmente es: una fábula moderna maliciosa y encantadora, a veces turbia y a veces entrañable, adelantada a su tiempo, provocadora y algo ácida, y cuyo encanto crece, como el genio creativo del propio Capote, por días.

6 remedios literarios para brotes neoyorquinóticos

Si pudiérais husmear dentro de mi caja torácica no veríais una patata. Tampoco un libro porque, por muy de ficción pura que sea, mi bibliofilia se reconcentra en el pelucón. Así que nada de tubérculos ni de libros palpitantes. Si me abrieras en canal veríais una gran manzana de neón rojo. Soy, literal y literariamente, neoyorquina de corazón.

(New York, New York 1977 / MGM)

(New York, New York 1977 / MGM)

Y esa cualidad amanzanada de mi músculo central responde con curiosas arritmias cardíacas a según qué estímulos externos, que a su vez me envenenan la sangre y provocan lo que yo llamo mis brotes neoyorquinóticos.

Por ejemplo, mi estupenda decisión de barrer reginaexlibrislandia esta mañana con la mítica New York, New York de fondo devino en un dueto a garganta abierta entre Liza Minelli y servidora que se repitió en bucle durante una hora. Para cuando me quedé sin voz Liza y yo ya éramos una única criatura, y mi pelucón lucía un glorioso recogido al más puro estilo finales de la IIGM. Por cierto que, aunque la popularizó a escala planetaria Frank Sinatra, la canción fue compuesta para la película musical homónima de 1977, cuyo cartel encabezaban la Minelli y Robert de Niro.

Como ya no podía seguir cantando, tampoco me podía coger un avión y era hora de abrir la librería decidí hacer lo que mejor sé: sacudirme el brote neoyorquinótico masacrando a librazos el gusano de mi corazón amanzanado.

Y en apenas una caída de pestañas monté una mesa con seis libros que, para mi, son la terapia libresca más efectiva para esos momentos críticos:

1. Nueva York. Edward Rutherfurd. Roca. Aunque en sí mismo el libro es ya un recorrido alucinante a través de los cuatro siglos de historia de Nueva York, su grandeza estriba en que todo el peso de la trama recae sobre las gentes anónimas que hicieron de ella lo que hoy es: un glorioso crisol humano encorsetado en hormigón, madera y hierro. A través de hechos históricos, datos curiosos y verídicos, de múltiples personajes de todos los orígenes imaginables –indios manhatos, colonos holandeses, comerciantes británicos, esclavos africanos, trabajadores germanos, irlandeses, judíos e italianos llegados con escala en Ellis Island, puertorriqueños y chinos, gente honrada y gánsteres, elegantes damas y prostitutas, borrachos y eruditos– y con el hilo conductor de varias generaciones de distintas familias,  Rutherfurd dibuja un mosaico vívido, ameno y apasionante de la Gran Manzana desde sus orígenes hasta el siglo XX. Un libro recomendable al 100% para cualquier paladar libresco.

Nueva York, Rutherfurd

Nueva York, Rutherfurd

2. Historias de Nueva York. O’Henry. Nórdica. Hablar del Nueva York en la literatura es prácticamente sinónimo de hablar de un titán de la narrativa breve: William Sidney Porter, alias O. Henry. Estaba genéticamente dotado no sólo para retratar al americano medio sin tapujos y con mucha ironía, sino para calzar finales de órdago; tanto que pronto se acuñó eso de escribir “un final a lo O. Henry”. Y no sólo eso, ya que muchas de sus grandes piezas aparecen reunidas en este Historias de Nueva York, donde las vidas de neoyorquinos de todo pelaje se engarzan sobre una ciudad siempre vibrante para ir articulando ante la mirada entre atónita y embobada del lector una fabulosa y original cartografía neoyorquina de principios del S XX. Un singular y alucinante viaje en el tiempo a una de las ciudades más magnéticas del mundo que se nutre del siempre imprevisible plancton de la cotidianidad y de una milagrosa simbiosis entre O. Henry y su ciudad de adopción.

Historias de Nueva York

Historias de Nueva York

3. Caperucita en Manhattan. Carmen Martín Gaite. Siruela. Que Caperucita y el lobo dejen el bosque para pasearse por Nueva York y que la abuela, con varios maridos a la espalda, recuerde sus éxitos en el music-hall es algo grande, pero si lo hacen guiados por la magia de Carmen Martín Gaite y su fascinación por la ciudad se obra el milagro en forma de un libro llamado Caperucita en Manhattan. Una auténtica joya que recrea el clásico de Charles Perrault. La pequeña Sara Allen, embutida en su capita roja, decide ir sola desde su casa en Brooklyn hasta Manhattan para llevarle a su abuela una suculenta tarta de fresa. Así arranca una aventura junto al turbio pastelero mister Woolf y a la exquisita miss Lunatic, un ser nocturno que habita en las entrañas de la estatua de la Libertad y que será el hada madrina de la pequeña Sara en su periplo por la Gran Manzana. Un delicioso recorrido que esconde un mapa de Manhattan muy particular.

Caperucita en Manhattan

Caperucita en Manhattan

4. Brooklyn Follies. Paul Auster. Anagrama. Plantearse viajar entre líneas a Nueva York y no ponerse en manos de su cicerone contemporáneo por excelencia es poco más que una blasfemia literaria. Por eso Paul Auster  es de obligada lectura en el marco que nos ocupa y, especialmente, con Brooklyn Follies, novela ambientada en uno de sus barrios más emblemáticos: Brooklyn. En ella, el mago de lo cotidiano y demiurgo de personajes con un magnetismo sobrecogedor que es Auster nos introduce a Nathan Glass, un hombre quebrado que, tras sobrevivir a un cáncer y a un divorcio agónico, regresa al vecindario donde creció para apurar su ridícula existencia escribiendo sobre disparates y locuras ajenas. Pero a medida que empieza a escribir conoce a una troupe de personajes que pulverizan sus planes y de cadáver inminente pasa a ser un hombre casi enamorado, con mucho que hacer y muchas ganas de vivir.

Brooklyn follies

Brooklyn follies

5. Ventanas de Manhattan. Antonio Muñoz Molina. Booket. Fragmentos de Nueva York, la ciudad que esconde tantas ventanas como exhibe: las de los decorados de Broadway, de los edificios al otro lado de Central Park, el Harlem y la magia del Village, el jazz y centenares de curosidades y pequeños misterios de la Gran Manzana. A ellas se asoma un Muñoz Molina en su peregrinaje a las entrañas de una ciudad que le acoje con curiosidad recíproca, le susurra anécdotas y le revela secretos en boca de fantasmas unas veces y de neoyorquinos contemporáneos otras. La inmersión literaria que nos propone Muñóz Molina a su Manhattan es, en todos y cada uno de los itinerarios que dibuja, tan reposada, intensa, envolvente y reconfortante como un bourbon deslizándose por tu gaznate en un día gélido.

Ventanas de Manhattan

Ventanas de Manhattan

6. El guardián entre el Centeno. J.D. Salinger. Alianza. Holden Cauldfiel es un adolescente cercado por su fracaso escolar, la rigidez de su familia, la muerte de su hermano, el sexo y las dudas, que decide pasar unos días solo en Manhattan antes de regresar a su casa para enfrentarse con su familia tras su expulsión del internado en el que residía. De esta forma y en ese estado de confusión, desconcierto y ansiedad Holden recorre la gélida Manhattan del invierno de 1949 con inolvidables escalas en el Edmont Hotel, el Greenwich Village, el Radio City Music Hall, la Grand Central Station, el Rockefeller Center, Central Park, el Museo de Historia Natural… y algún que otro tugurio cargado de humo, testosterona y alcohol. El guardián entre el centeno es su confesión a quemarropa y sin tapujos, la disección de su mente y alma adolescentes destiladas con su propio lenguaje, y la radiografía de Salinger de un muchacho devorado por las contradicciones que entrañan el cambio de piel de chico a hombre.

El guardian entre el centeno

El guardián entre el centeno

Los citados son la mejor alternativa o complemento a las guías de viaje y una manera de, o bien revisitar Nueva York, o bien entrar a la ciudad por la puerta grande: la de la literatura. Sí, para dejarte guiar por cicerones de lujo escritores neoyorquinos de nacimiento o de adopción que la ficcionaron como a un personaje más: Hay muchos más, queridos, pero en esta ocasión estos seis títulos son suficientes para matar el gusanillo neoyorquino a librazos.

  • Y vosotros, queridos, ¿qué novela recomendaríais como alternativa a una guía para alguien que va a viajar a Nueva York? 
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“Yo Soy Madame Bovary”

Y que Flaubert me perdone la licencia, pero es que soy de un bovarismo desmesurado. Vivo en un estado de frustración e insatisfacción crónica, atrapada entre mis aspiraciones y fantasías, y la insoportable parquedad de la realidad que habito.

(Madame Bovary 1949 / V. Minnelli)

(Madame Bovary 1949 / V. Minnelli)

De no ser por Reginaexlibrislandia y por mis atracones de ficción pura mi existencia estaría irremediablemente abocada a un final trágico en lo emocional y en lo financiero. Y cada vez que vuelvo a esa novela capital de la literatura -y lo hago periódicamente, unas veces por voluntad propia y otras porque se la prescribo a algún reginaexlibrislandiano- me reafirmo en mi diagnóstico y lo verbalizo frente al espejo: Yo soy Madame Bovary.

Pero no solo yo: si rascáis un poco os daréis cuenta de que vosotros, mis reginaexlibrislandanos, también sois ella, ya sea a perpetuidad o en algún momento puntual de vuestra existencia. Es la grandeza de un personaje que se alimenta de melodrama, sexo, ensueños, rebeldía, violencia y ambición, seis de las fuentes que alimentan cualquier trama de proyección universal, solo que condensadas todas en Enma Bovary.

Así que mejor y llegados a este punto matizo el título del post de hoy: Todos somos Madame Bovary. Os aseguro que, cuanto antes lo acepteis y conviváis con ello, mejor. De hecho es el tantra que musitaba una reginaexlibrislandiana asidua esta mañana mientras abandonaba mis confines entre cabizbaja y pensativa con un ejemplar de la edición de Siruela bajo el brazo. Apenas una hora antes se materializaba ante mí recelosa de la lectura del novelón de Flaubert:

Clienta: Buenos días, Regina

Regina ExLibris: ¡Ah, hola, XXX! Sé un ángel y dame un segundo que, o me libro de estas cajas vacías, o me pongo a gritar aquí mismo en plan soprano histérica hasta que estallen los cristales del escaparate… ¡que vaya mañanita llevo!

Clienta: ¡Ja, ja, ja, ja! Uy, te noto entre tensa y acelerada y son poco más de las 11, querida ¿se puede saber cuánto café has bebido ya?

Regina ExLibris: ¿Tú qué crees? ¡Apenas una mísera taza antes de venir! Han cortado el agua y, claro, sin agua NO HAY CAFÉ. Como tarden mucho en reanudar el servicio te juro que voy a aquel anaquel, saco un ejemplar de El libro del Café y ME LO COMO. ¡Literalmente!

Clienta: ¡Ja, ja, ja, ja! Vaya tela, Regina, cómo estamos hoy…

Regina ExLibris: Pero, dime, ¿necesitas algo?

(M.Bovary /V. Minnelli)

(M.Bovary /V. Minnelli)

Clienta: Pues mira, sí. Me voy unos días fuera y en el club de lectura han acordado leer Madame Bovary para comentarlo a la vuelta. Pero, yo qué sé, hija, es que es un libro que siempre me da dado como pereza. No me preguntes por qué. Vi la película en el cine hace unos diez o doce años, y me desanimó aún más. Así que vengo sin tener claro si lo quiero o si me lo salto… Sinceramente no sé si tengo el ánimo para rollos moralizantes sobre mujeres adúlteras escritos por hombres.

Regina ExLibris: ¿Moralizantes? No, querida, nada más lejos de la realidad. Flaubert ni se burla de Emma Bovary ni moraliza sobre sus emociones. Lo que hace es pulverizar todas las convenciones morales y literarias de la Burguesía del siglo XIX para presentar un prototipo de heroína rebelde que se niega a resignarse al destino.

Clienta: Ah, entonces la cosa cambia. Pero, entonces, ¿cuál es el punto?

Regina ExLibris: La novela es el magistral retrato de una libertina elegante y con delirios de grandeza que anhela en secreto las emociones maravillosas y desmesuradas que devora en sus novelas románticas y que es una de las más grandes adúlteras de libro de todos los tiempos. Desgarrada entre la prosaica realidad en que vive y sus ensueños de romances y riquezas, Enma nunca será feliz junto a su marido, un modesto médico de pueblo. Ni el nacimiento de su hija ni su affaire con un joven seductor de provincias lograrán colmar a la eternamente insatisfecha Madame Bovary.

Clienta: Mmmmm, visto así ya me va entrando más por el ojo. ¿Lo tienes?

Madame Bovary

Madame Bovary

Regina ExLibris: Sí, en varias ediciones (te diré que ahora existen en circulación más de sesenta traducciones al castellano disponibles). Yo te recomiendo una de las últimas, la de Siruela de Mauro Armiño, que además incluye fragmentos inéditos sacados de los manuscritos. Que ya que te metes en harina… Pero, como te digo, hay otras buenas, como la última de Alba Editorial Señora Bovary.

Clienta: No, vale, me quedo con la que dices de Siruela. Pinta bien.

Regina ExLibris: Te vas a sorprender, y mucho. Porque te verás reflejada en facetas de un personaje poliédrico que así, de entrada y sin haber leído la novela, puede no caerte simpática. Pero, como siempre digo, Todos somos Madame Bovary… al menos una vez en la vida. Ya me dirás a la vuelta si tengo o no razón.

Y se fue, como os decía, musitando esa frase en plan tántrico. Y yo no sólo me reafirmé en mi bovarismo desmesurado, es que aproveché el cierre de la franja del almuerzo para releérmela. Y cada vez que vuelvo a ella me parece incluso mejor. En la narración nada falta y nada sobra, y es efectivo hasta el extremo de que el texto fluye con más rapidez cuando Enma está emocionada, excitada o contenta, y se ralentiza cuando ella está aburrida o deprimida. Muy, muy grande, el maestro Flaubert.

Sin duda, un libro de los que hay que leer al menos una vez en la vida. Palabra de Regina ExLibris (a ratos Madame Bovary).

  • Y vosotros, queridos, ¿leisteis Madame Bovary? ¿Os sentísteis Bovary alguna vez?
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