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¿Por qué es obligatorio que los jugadores del Torneo de Wimbledon vistan totalmente de blanco?

¿Por qué es obligatorio que los jugadores del Torneo de Wimbledon vistan totalmente de blanco?

El Campeonato de Wimbledon consta como el más antiguo de los torneos de tenis que se disputan, iniciándose en 1877 a través de un prestigioso club social de la clase alta londinense en el que sus miembros se reunían en los soleados días veraniegos para pasar sus horas de ocio.

¿Por qué es obligatorio que los jugadores del Torneo de Wimbledon vistan totalmente de blanco?Ya en aquella época las tendencias y cánones de la moda tenían una gran influencia y el blanco era el elegido para las prendas de vestir de forma informal durante el estio para sus días en la campiña, veranear o practicar sus deportes favoritos (como el cricket, polo, croquet o tenis).

El motivo por el que las clases altas vistieran de blanco se daba a varias razones, pero la principal era por considerarse el más pulcro, debido a que al transpirar a causa del calor el sudor no dejaba rastro en la ropa.

Además el blanco era algo que representaba a las clases más pudientes durante el verano, mientras que las clases trabajadoras siempre vestían de oscuro, debido a que sus ropas se manchaban con frecuencia.

Así pues, según se fue consolidando el torneo de tenis y dejó de ser algo exclusivo para los elitistas socios del ‘All England Lawn Tennis and Croquet Club’ que lo inició, siguió manteniéndose una serie de normas establecidas (aunque no escritas) desde sus inicios.

¿Por qué es obligatorio que los jugadores del Torneo de Wimbledon vistan totalmente de blanco?Pero la vestimenta blanca no era algo exclusivo del tenis ni de Wimbledon. En otros muchos lugares y deportes practicados por personas de clase alta se mantenía dicho código, pero poco a poco, tal y como se entró al siglo XX y se popularizó entre la población en general, se fueron incorporando nuevos colores y prendas, algo que en el torneo londinense no se permitió.

Por tal motivo, en 1963 se estipuló que la vestimenta de los jugadores que participaran en el Torneo de Wimbledon debería ser completamente blanca. Una norma que tuvo que ser puntualizada en 1995 cuando se introdujo una especificación que señalaba que la vestimenta debía ser de un blanco puro y no crema o perla (como se estaba dando en algunos casos).

Dentro de este código de vestimenta de Wimbledon está contemplado que, siempre que se lleve una prenda que pueda trasparentar, la ropa interior también debe ser blanca.

Se han hecho algunas concesiones como permitir alguna franjas (siempre y cuando éstas no tengan un grosor superior a un centímetro) o que aparezca el logo de la marca de ropa deportiva (evidentemente con un tamaño y color que no sean demasiado visibles).

A lo largo de la historia del torneo se han dado varios curiosos casos de jugadores a los que se les ha llamado la atención o no se les ha dejado empezar un partido hasta que no se han cambiado alguna pieza, ya que en ésta predominaba otro color.

 

 

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Fuentes de consulta: wimbledon.com / theguardian / mentalfloss / britannica
Fuente de la imágenes: Wikimedia commons (1) / Wikimedia commons (2) / Wikimedia commons (3)

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [7]

Séptima entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Escusón: Normalmente decimos que una moneda tiene ‘cara y cruz’ y se dice de esta manera porque antiguamente era común que en las mismas apareciera por un lado la cara del rey o emperador y por el reverso una cruz (normalmente cristiana). Pues bien, se le llama ‘escusón’ al reverso de la moneda cuando en ésta lo que aparece representado es un escudo.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Mador: Se conoce como ‘mador’ a aquella fina capa de humedad que en ocasiones cubre parte de nuestro cuerpo (proveniente por ejemplo del rocío de la noche), pero que no proviene de nuestras glándulas sudoríparas y por tanto no puede ser considerado como sudor.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Lanugo: El lanugo es el vello fino y casi imperceptible, parecido a la pelusilla, que cubre parte del cuerpo de los recién nacidos o que incluso algunas personas (ya adultas) tienen en algunas partes del cuerpo.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Beborrotear: Es el acto de ir bebiendo a pequeños sorbos y de manera continuada.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Vedija: Se le llama vedija a aquel mechón de pelo que está enredado y encrespado.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Lauto: Prácticamente en desuso, el término ‘lauto’ se ha utilizado durante mucho tiempo para referirse a alguien o algo que era ‘rico, espléndido, opulento’. Proviene de la palabra en latín ‘lautus’ que significaba ‘lavado’, en clara referencia a los baños (e higiene personal) que en la antigüedad solo podían ser privilegio de personas ricas.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Adiar: Fijar una fecha (día) para realizar cualquier asunto. Por ejemplo, quedar con antelación para verse con alguien en un día concreto.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Pegotear: Lo que hace el típico gorrón que se autoinvita a casa de los demás y siempre aparece justo a la hora de comer/cenar. A este tipo de personas se les suele llamar también ‘pegote’, debido a la acción de pegarse al prójimo con la intención de ser invitada o se le pague la consumición. Muy típico son aquellos que se presentan (sin haber sido invitados) a cualquier tipo de evento (por ejemplo una fiesta de cumpleaños, banquete de una boda…).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Escamondar: Se trata de la acción de limpiar algo a lo que se le quita lo superfluo o aquello que no le sirve, por ejemplo las ramas y hojas secas de un árbol.

 

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Faetón: Un faetón es el carruaje de paseo, con cuatro ruedas, descubierto (aunque con una capota que se puede subir y bajar) y tirado por uno o dos caballos, muy típico en algunas ciudades con el que se pasea a los turistas.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Sangradura: Así es como se le llama a la parte del brazo que se encuentra opuesta al codo (la que queda hundida al doblarse). Se le denomina de ese modo porque es por donde se hace la incisión para extraer sangre (antiguamente las famosas ‘sangrías’ y en la actualidad donde se pincha la aguja para las donaciones o análisis).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Conticinio: Momento de silencio absoluto durante la noche, cuando todos duermen y no se escucha ni un solo sonido. Proviene del latín ‘conticinium’ el cual se utilizaba antiguamente para señalar el cese total de todos los sonidos debido a que era el momento de descansar.

 

 

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El inconveniente de ducharse con agua muy fría cuando hace mucho calor

El inconveniente de ducharse con agua muy fría cuando hace mucho calor

Muchas son las personas que, cuando aprieta el calor, se dan una ducha de agua extremadamente fría con el fin de refrescarse. Pero esta práctica que es tan común en realidad no es nada aconsejable realizarla.

Como ya he explicado en otras ocasiones en el blog, nuestro cuerpo es homeotermo o, lo que es lo mismo, tiene la capacidad de autorregular la temperatura del organismo con el fin de que nuestros órganos internos puedan mantenerse a una temperatura constante de 37 grados; que es la temperatura óptima para funcionar perfectamente: cuando hace frío y baja de esa temperatura se contraen y relajan, rápida y repetidamente, algunos de nuestros músculos (la típica ‘tiritera’) con el fin de entrar en calor o si por el contrario lo que hace es mucha calor provoca la sudoración con intención de refrescar el organismo.

Por tal motivo, al darnos una ducha con el agua excesivamente fría lo que provocamos es que nuestro organismo descienda de golpe la temperatura y que, por si solo, éste intente recuperar los 37 grados a los que debe estar los órganos internos y haga que en cuestión de minutos (después de esa ducha de agua fría) estemos de nuevo sudando: se ha puesto en marcha nuestro regulador interno de temperatura.

El hecho de ponernos de nuevo a sudar provoca que gastemos energía y necesitemos hidratarnos, aprovechando algunas personas para dar un buen trago a una bebida (agua, cerveza, refresco) que está excesivamente helada… otro error, ya que volvemos al mismo punto que la vez anterior (refrescarnos con algo excesivamente frío para, a continuación, volver a sudar).

Por tal motivo, los especialistas recomiendan que en caso de tener mucha calor lo que debemos hacer es ducharnos con agua que esté a una temperatura ambiente, al igual que si bebemos procurar que no esté excesivamente fría (muchos son las culturas en las que se tiene por costumbre beber infusiones muy calientes con el fin de combatir el calor).

También cabe destacar la peligrosidad que hay de introducirse de golpe en el agua (piscina, rio, playa…) tras haber estado largo tiempo expuesto al sol, pues al estar alta la temperatura de nuestro cuerpo y la del agua baja podríamos sufrir un ‘sincope cardiaco’ y si encima estamos recién comidos hay alguna pequeña posibilidad de sufrir un ‘síncope de hidrocución’ (el corte de digestión del que tanto nos avisaban nuestras madres cuando éramos pequeños) aunque, evidentemente, la probabilidad de que esto último nos suceda es infinitamente menor al temor que nos infundían nuestros mayores.

 

 

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El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Nuestra lengua es rica en expresiones, refranes y aforismos que tratan sobre cualquier tema y ocasión. Los tenemos dedicados a temas meteorológicos, a las diferentes estaciones del año, a los meses y los que mencionan personas, lugares y animales (por poner unos pocos ejemplos).

Entre toda la amalgama de expresiones que existen hay algunas muy concretas en las que en el enunciado se menciona a algún animal, pero que, curiosamente, poco o nada tienen que ver realmente con los animales, ya que muchas de ellas han acabado nombrándolos por la perversión del lenguaje oral que ha ido pasando de una generación a otra o simplemente porque ese vocablo ha sido creado por alguna jerga (como el de la germanía) que lo utilizaban metafóricamente para referirse a otra cosa sin que los demás se enteraran.

Montar un pollo

La forma original (y correcta) de la expresión es ‘montar un poyo’, aunque el diccionario de la RAE admite que se escriba ‘montar un pollo’ aunque la locución no se refiera al animal.

El poyo (pollo) al que hace referencia es al podio o pequeña tribuna portátil (que tenía que ser montada) sobre las que se subían oradores que llegaban a una plaza pública y desde la que hablaban a los presentes. Normalmente eran consignas políticas que atacaban a algún partido político o al gobierno, por lo que, a menudo, solía armarse algún que otro altercado entre los asistentes y el orador. Dicha tribuna portátil  era conocida popularmente como ‘poyo’, un término que proviene de la palabra en latín ‘pódium’ y cuyo significado es ‘podio’.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener la mosca detrás de la oreja

La mosca a la que se refiere la expresión (que viene a indicarnos el acto de estar alerta, atento o expectante ante una situación) no es al insecto, sino a la ‘mecha’ (también llamada llave de mecha o serpentín) con la que antiguamente se encendía el arcabuz (arma de fuego utilizada entre los siglos XV y XVII) para hacerlo disparar. El soldado portador de dicha arma, también conocido como arcabucero, se colocaba la mecha sobre la oreja (del mismo modo que algunos operarios pueden ponerse un lapicero o alguien llevar un cigarrillo) y se mantenía alerta y preparado ante un posible ataque. En caso de necesidad solo tenía que echar rápidamente mano de ella, encender el arma y disparar.

Llevarse el gato al agua

El gato de esta expresión es una forma metafórica de indicar cómo se dejaba al adversario tras un ejercicio de resistencia y fuerza (a cuatro patas, o lo que es lo mismo… a gatas) y que ya se practicaba en la Antigua Grecia.

En sus inicios, este ejercicio se realizaba en las instrucciones militares y con los años ha acabado convirtiéndose es el famoso juego llamado ‘tira y afloja’, el cual consiste en que dos grupos contrincantes tiran cada uno desde una extremidad, hasta tumbar/arrastrar unos a los otros.

En sus orígenes se realizaba teniendo un charco o rio de por medio y ganaba aquel equipo que lograba lanzar al suelo y arrastrar a sus contrincantes hacia el terreno de ellos, cruzando la línea divisoria que marcaba el agua. De ahí que quedasen a gatas.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aburrirse como una ostra

El origen de la expresión no debemos buscarlo en el comportamiento de este preciado molusco (el cual, evidentemente, no se sabe si se aburre o no) sino al apócope de la palabra ‘ostracismo’, que era el término con que era conocido el destierro que se practicaba antiguamente la Antigua Grecia y al que se sometía a aquellos individuos que eran considerados como un ‘elemento peligroso para la comunidad’, teniendo que abandonar Atenas y permanecer exiliados y alejados de cualquier contacto con otras personas durante un tiempo (semanas, meses, años…). Ese destierro obligatorio los condenaba a estar lejos de la familia y vivir en soledad, y en consecuencia al aburrimiento, lo que dio origen a la expresión ‘aburrirse como un ostracista’, que, con el tiempo acabó en el apócope de ostra.

La palabra ostracismo no proviene de ‘ostra’ sino de óstrakon que es el modo al que se le llamaba a la concha de cerámica en la que se escribía el nombre de la persona a la que se quería desterrar.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aflojar la mosca

Nuevamente nos encontramos con otra expresión que utiliza el término ‘mosca’ y que no se refiere al insecto ni a una mecha (como la de la expresión ‘Tener la mosca detrás de la oreja’), sino que este fue un vocablo inventado y utilizado entre los pícaros y ladronzuelos del conocido como ‘Siglo de Oro’ (siglos XVI y XVII) para referirse al dinero con la intención de solo entenderse entre ellos.

Al dinero lo llamaban ‘mosca’, ya que éste lo conseguían como el que atrapa una mosca al vuelo (en clara referencia al insecto), quedando esas monedas bien sujetas en el puño del ladronzuelo. A la hora de repartir el botín con sus compinches se debía aflojar la mosca (abrir el puño para que los demás cogieran su parte).

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

 

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aquí hay gato encerrado

Sin dejar el Siglo de Oro ni a los pícaros ladrones, la expresión ‘aquí hay gato encerrado’ no hace referencia a minino alguno sino a la bolsa o talego en el que en esa época se guardaba el dinero.

Ese saquito con las monedas solía guardarse entre las ropas con el fin de no ser robado, pero la víctima que estaba en el punto de mira de los rateros era observado para ver si llevaba y dónde se lo metía, por lo que la consigna que se daban entre sí los ladrones era diciendo que había allí había ‘gato encerrado’ o, lo que es lo mismo, una bolsa escondida con dinero.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener vista de lince

En realidad la expresión debería ser ‘tener vista de Linceo’ y en su origen hacía referencia a un personaje de la mitología griega conocido por tener una vista prodigiosa (que alcanzaba hasta lo inimaginable y que incluso podía atravesar los objetos). Linceo fue uno de los argonautas que junto a Jason fueron a la búsqueda del ‘vellocino de oro’.

Con el tiempo la expresión cambió a ‘tener vista de lince’ y muchos fueron lo que creyeron que la locución provenía del felino, debido a que este animal también se le otorgaba una prodigiosa vista (de hecho el lince se llama así por Linceo).

Sudar como un cerdo

Los cerdos no sudan (al carecer de glándulas sudoríparas) y por tanto la locución no puede referirse al animal.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animalesEn realidad esta expresión la recibimos del inglés y es una traducción literal de su ‘Sweating Like A Pig!’ (¡sudar como un cerdo!), pero el cerdo al que se refiere la expresión anglosajona no es el animal sino el ‘pig iron’ (lo que en nuestra lengua se conoce como ‘arrabio’, que es el producto resultante de la fundición del hierro en un alto horno).

Los ingleses le dieron el nombre de ‘pig iron’ debido a que cuando el mineral era convertido en hierro líquido (fundiéndolo a temperaturas extremas) era pasado a unos moldes donde debía enfriarse sin ser movido. Ese molde recibía el nombre de ‘pigs’ debido a que recordaba por su forma  a las mamas de una cerda. Se sabía que ya estaba lo suficientemente frío para poder ser trasladado cuando se creaba una capa de rocío (sudor) sobre la placa: sweat pig (cerda sudorosa).

De ahí surgió la expresión ‘Sweating Like A Pig’ que nosotros tradujimos como ‘sudar como un cerdo’ (o una cerda) pero que nada tiene que ver con el animal o su transpiración y sí con el molde donde se deja enfriar el hierro fundido.

 

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Fuentes de las imágenes: Leonard Bentley (Fickr)ocesaronada / captura Youtube / Wikimedia commons / pixabay / Wikimedia commons / fifasoccerblog / ariescbautista

¿De dónde proviene la expresión ‘Me suda la polla’ para contestar groseramente a alguien?

¿De dónde proviene la expresión ‘Me suda la polla’ para contestar groseramente a alguien?Reconozco que finalmente esto va a acabar siendo una saga de posts (de momento es una trilogía), debido a que sois muchos los que vais preguntando nuevas dudas que tenéis a raíz de posts que voy publicando. Empecé con la entrada ‘¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?’ y de esta salió otro post titulado ‘¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?’, pues bien, éste ha originado que varios de vosotros me preguntarais sobre el origen de la expresión ‘Me suda la polla’ que algunas personas utilizan como respuesta (a modo grosero y contundente) para decir que algo le es completamente indiferente.

Muchas y muy diversas son las respuestas que se pueden encontrar en la red en las que pretenden explicar el origen de esta expresión (y a cuál más inverosímil) entre las que encontramos una posible patología médica (la hiperhidrosis genital o sudoración excesiva de la entrepierna) tal y como apuntan en Yorokobu (aunque como trastorno existe no hay ninguna evidencia que la vincule con la expresión y/o su origen). También podemos encontrar que se viralizó una explicación totalmente falsa que fue inventada por el autor del blog Emitologías y que mezcla a Hipócrates, Sócrates y la sudoración de la parte genital (cabe destacar que esta es una página que se dedicaba a inventarse orígenes de expresiones y de la que escribí un post sobre ello hace un par de años).

Para encontrar el origen debemos partir de la premisa de que la expresión ‘me suda la polla’ en sí no surge de ningún momento concreto de la Historia (día, anécdota, personaje…) sino como una evolución en el lenguaje coloquial para indicar que algo es indiferente o no le importa absolutamente para nada a aquel que lo utiliza.

Todo parece indicar que surgió como una variante al ‘eso me resbala’ (aunque hay quien sostiene que es a la inversa) y cuyo significado viene a ser el mismo. Como bien es sabido algo que suda (secreta sudor o un líquido por sus poros) resbala y no hay nada más ‘resbaladizo’ como la indiferencia hacia un asunto, pero si encima (y con propósito de enfatizar más la contestación) le añadimos a la expresión el miembro sexual masculino en su forma más vulgar conseguimos resaltar el grado de desinterés hacia el asunto.

Un gran número son las diferentes expresiones que pueden utilizarse para decir que algo nos es completamente indiferente: me la suda, me la trae al pairo, me la refanfinfla, me la trae floja, me la sopla, me la bufa (catalanización de la última)  o la mencionada ‘me suda la polla’ y después un sinfín de locuciones en las que de coletilla se le añade algún elemento: me importa una polla, me importa un bledo, me importa un pimiento, me importa un pito, me importa un huevo, me importa dos cojones

Así pues, la expresión que nos trae hoy, surge del lenguaje popular y sin poderse determinar en qué momento se originó y que se utiliza con la intención (malintencionadamente y con desprecio) de recalcar la poca importancia que sentimos hacia un asunto.

 

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¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?

¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?

A raíz de mi último post titulado ‘¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?’ muchas han sido las personas que, tanto a través de los comentarios, el apartado de contacto o mis redes sociales, me han preguntado por el origen de otra expresión similar o que es como ellos la dicen: ‘sudar como un pollo’.

Se utiliza la expresión ‘sudar como un pollo’ prácticamente con la misma intención que la anterior. Para indicar que alguien está transpirando una gran cantidad de líquido (ya sea por calor o pasar una situación de apuro, aunque en este caso se usa principalmente por la primera acepción).

Al igual que los cerdos y otros muchos animales, el pollo tampoco tiene glándula sudoríparas y cuando hablamos de su sudor no es para referirnos a líquido alguno que expulsen porque tienen calor, sino que el dicho proviene del acto de asarlos (los famosos pollos asados o a l’ast que cocinan en las rosticerías o en algunos puestos ambulantes, tal y como muestra la imagen que ilustra este post) y que consiste en pincharlos en unas barras que van dando vueltas ante una brasa o llama cocinándose poco a poco.

Se le va echando aceite, limón y una mezcla de hierbas y especias (especialmente tomillo, romero y pimienta) y el pollo va desprendiendo un jugo.

Es concretamente al hecho de desprender ese jugo a lo que se le conoce como ‘sudar’ (también en otros animales cocinados).

Así que, cuando se dice que alguien está sudando como un pollo, se hace en clara referencia a la acción de sudar de los pollos que están siendo asados, de ahí que también sea común escuchar la expresión en la forma: ‘estar sudando como un pollo asado’.

Cabe destacar que, dependiendo el país, región o población, podemos encontrarnos que se aplica a la expresión un animal diferente (sudar como un caballo, sudar como un pavo, sudar como un jabalí …)

Para terminar este post, comentar que existe una receta en la cocina latinoamericana que es conocida como ‘sudado de pollo’, que consiste en cocinarlo hervido junto a varias hortalizas, pero que nada tiene que ver con la expresión ‘sudar como un pollo’.

 

 

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¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?

¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?Se utiliza la expresión ‘sudar como un cerdo’ para referirse a aquellos momentos en los que alguien está transpirando gran cantidad de líquido (sudor) ya sea debido al calor o a estar pasando una situación de apuro.

Muchas son las personas que asocian el hecho de sudar (y por tanto estar menos pulcro y limpio o desprender mal olor) con un cerdo (animal que acostumbra a estar sucio al estar revolcándose en el lodo).

En realidad los cerdos no sudan debido a que no poseen glándulas sudoríparas, motivo por el que, cuando tienen calor, estos animales se revuelcan y refrescan en charcos, barro o su propia orina y así mantenerse frescos.

Una vez sabido esto, posiblemente te estarás preguntando ¿entonces, de dónde surge la expresión ‘sudar como un cerdo’ si los cerdos no sudan?

Pues la verdad es que, así como la mayoría de las expresiones que utilizamos las hemos heredado del latín, griego, árabe, la lengua de las germanías o el caló (por poner unos cuantos ejemplos), concretamente esta locución nos ha llegado directamente del inglés y es una traducción literal de su Sweating Like A Pig! (sudar como un cerdo), pero el cerdo al que se refiere la expresión anglosajona no es el animal sino el pig iron (lo que en nuestra lengua se conoce como ‘arrabio’, que es el producto resultante de la fundición del hierro en un alto horno).

Los ingleses le dieron el nombre de ‘pig iron’ debido a que cuando el mineral era convertido en hierro líquido (fundiéndolo a temperaturas extremas) era pasado a unos moldes donde debía enfriarse sin ser movido. Ese molde recibía el nombre de ‘pigs’ debido a que recordaba por su forma  a las mamas de una cerda. Se sabía que ya estaba lo suficientemente frío para poder ser trasladado cuando se creaba una capa de rocío (sudor) sobre la placa: sweat pig (sudor de la cerda o la variante cerda sudorosa).

De ahí surgió la expresión ‘Sweating Like A Pig’ que nosotros tradujimos como ‘sudar como un cerdo’ (o una cerda) pero que nada tiene que ver con el animal o su transpiración y sí con el molde donde se deja enfriar el hierro fundido.

 

 

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¿Sabías que una manta, en realidad, no calienta?

¿Sabías que una manta, en realidad, no calienta?

El motivo principal por el que una persona tiene frío es porque su organismo pierde calor, un hecho que hace que nos abriguemos con más ropa o nos echemos una manta por encima. Pero abrigándonos lo que en realidad conseguimos es conservar el calor para que así no se escape de nuestro cuerpo.

Como ya os he comentado en otros posts, somos seres homeotermos o, lo que es lo mismo, nuestro organismo se ocupa de regular nuestra temperatura con el fin de que nuestros órganos internos y vitales se mantengan a una temperatura constante de, aproximadamente, 37 grados centígrados.

Si esa temperatura es superior nuestro organismo se refresca a través del sudor que produce. Por el contrario, si hace frío extrae el calor de nuestras extremidades a través de un proceso que se conoce como vasoconstricción (de ahí que lo primero que se nos enfría cuando bajan las temperaturas son las manos y los pies) o bien se pone a tiritar para hacernos entrar en calor.

Pero todo ese proceso para conservar el calor corporal no puede hacerlo nuestro organismo solo, por lo que debemos echar una mano y abrigarnos con alguna pieza más de abrigo o resguardarnos bajo una manta (además de encender algún calefactor o estufa) con ello conseguimos no seguir perdiendo más de ese vital calor corporal.

Pero, al contrario de lo que algunas personas piensan, esa ropa de abrigo o la mencionada manta no nos calientan (a no ser que sea eléctrica, evidentemente), sino que la función de éstas es la de conservar y hacer de aislante para que el calor no se escape y el frío no penetre.

El no dejar que el frío entre proporcionará que, cuando nuestros órganos estén en la temperatura idónea, expulse el exceso de calor que tenga hacia nuestro exterior, dándonos la sensación de haber entrado en calor (algunas veces hasta con un exceso del mismo).

 

 

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Fuente de la imagen: mattiasjohansson (Flickr)

¿Qué hay de verdad en el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día?

¿Qué hay de verdad en el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día?

Numerosas son las publicaciones en las que a la hora de señalar la cantidad de agua que necesita diariamente nuestro organismo indican que debemos beber ocho vasos de agua al día (correspondiente a dos litros) y lo dejan como una norma a aplicar forzosamente.

Pero este consejo no es del todo correcto, debido a que debemos tener en cuenta muchos factores a la hora de hidratarnos y no todas las personas ni edades necesitan ingerir la misma cantidad de agua.

Beber agua es muy beneficioso para nuestro organismo. Gracias al agua que ingerimos podemos eliminar toxinas e hidratarnos, consiguiendo tener una piel mucho más tersa e incluso ayuda a evitar algunas cefaleas. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Pero algo tan inocuo como puede parecer el agua también tiene sus riesgos cuando se abusa de ella y se bebe en exceso…

Por una parte hay que pensar que no es lo mismo aplicar esta norma, de los ocho vasos de agua diarios, al verano (y los días muy calurosos) que al invierno. También depende del lugar donde vivamos y la humedad ambiente que hay o si estamos haciendo deporte. Cada persona, lugar y situación requiere de una cantidad mayor o menor de líquido.

Algo que hemos de tener presente es que a lo largo del día vamos comiendo ciertos alimentos que de por sí ya llevan una importante cantidad de agua incorporada (hortalizas, frutas, lácteos, el pan fresco (pero no las tostadas), la pasta hervida y deshidratada, huevo, carne, pescado, marisco…). Si exprimiésemos todo eso que hemos ido ingiriendo al licuarlo comprobaríamos que lleva una considerable cantidad de líquido que bien podría sustituir a dos o tres de los vasos de agua aconsejados y, por lo tanto, ya no son dos litros (por poner la media) lo que necesitamos, sino 1,5 o incluso menos.

Así que el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día no hay que seguirlo a pies juntillas.

Evidentemente, en un día de mucho calor y con una humedad alta en la que estemos sudando abundantemente por todos nuestros poros es aconsejable que nos hidratemos bien y bebamos mucha más agua que cualquier otro día en el que la temperatura es más baja y que apenas transpiramos.

Pero no, no debéis preocuparos si además de lo que coméis (rico en agua) también os bebéis algún día (de forma excepcional) esos ocho vasos de agua mencionados e incluso alguno de más, porque no os va a pasar nada grave (si no lo tomáis como costumbre, evidentemente). Nuestro organismo es lo suficientemente sabio para saber cuándo tiene más líquido del que debería y lo expulsa a través de la orina y el sudor, pero tampoco es aconsejable forzar la maquinaria (sobre todo los riñones, encargados del filtrado)

Otra cosa a tener en cuenta es que beber mucho con el pretexto de sudar más no es nada bueno, porque podemos ocasionarle problemas a nuestras glándulas sudoríparas.

También es frecuente el error de pensar que bebiendo más agua y sudando más cantidad de líquido se pierde peso más fácilmente.

 

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Fuente de la imagen: pixabay

 

Comparación entre desodorante y antitranspirante ¿qué es mejor usar? [#Infografía]

¿Qué es mejor usar: un desodorante o un antitranspirante?

La higiene personal es uno de los factores más importantes que tenemos que tener en cuenta, debido a que si la descuidamos podemos llegar a tener serios problemas, siendo los más leves un desagradable olor corporal y los más graves enfermar y en casos extremos fallecer.

Desde pequeños nos enseñan una serie de hábitos para realizar a diario con lo que nos protegemos de posibles infecciones, además de no causar malos olores.

Debido a las más de 2,5 millones de glándulas sudoríparas que tenemos repartidas por nuestra dermis expulsamos el agua que le sobra a nuestro organismo entrando en contacto con las bacterias que están alojadas en la superficie de nuestra piel y vello corporal, adquiriendo el sudor ese desagradable olor. Es por ello que desde la antigüedad los seres humanos hemos procurado camuflar esos malos olores a base de crear rudimentarios desodorantes: hace cinco mil años en el Antiguo Egipto ya se elaboraba un ungüento a base de canela y limón que se aplicaba en las axilas para desprender un olor aromatizado.

Hoy en día nos encontramos que la gama de desodorantes que existen es extensísima y, si teníamos poco lío para poder escoger cuál es el que más nos conviene, surgió el antitranspirante (inventado a finales del siglo XIX, pero muy de moda en las últimas décadas).

Entre ambos productos existen ciertas diferencias y aunque lo principal que debemos saber es que los desodorantes desodorizan y los antitranspirantes se encargan de inhibir la transpiración; llegados a este punto nos preguntamos ¿además de esto, qué diferencia hay entre un desodorante y un antitranspirante? ¿cuál es más aconsejable usar?

A través de la siguiente infografía podréis ver cuál es la diferencia entre uno y otro producto y seguro que os aclarará mucho las dudas que tengáis a la hora de ir a comprar y utilizar.

¿Qué es mejor usar: un desodorante o un antitranspirante?

 

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Fuentes de la imagen e infografía: Wikimedia commonsperspirex