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¿De dónde proviene la expresión ‘Me suda la polla’ para contestar groseramente a alguien?

¿De dónde proviene la expresión ‘Me suda la polla’ para contestar groseramente a alguien?Reconozco que finalmente esto va a acabar siendo una saga de posts (de momento es una trilogía), debido a que sois muchos los que vais preguntando nuevas dudas que tenéis a raíz de posts que voy publicando. Empecé con la entrada ‘¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?’ y de esta salió otro post titulado ‘¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?’, pues bien, éste ha originado que varios de vosotros me preguntarais sobre el origen de la expresión ‘Me suda la polla’ que algunas personas utilizan como respuesta (a modo grosero y contundente) para decir que algo le es completamente indiferente.

Muchas y muy diversas son las respuestas que se pueden encontrar en la red en las que pretenden explicar el origen de esta expresión (y a cuál más inverosímil) entre las que encontramos una posible patología médica (la hiperhidrosis genital o sudoración excesiva de la entrepierna) tal y como apuntan en Yorokobu (aunque como trastorno existe no hay ninguna evidencia que la vincule con la expresión y/o su origen). También podemos encontrar que se viralizó una explicación totalmente falsa que fue inventada por el autor del blog Emitologías y que mezcla a Hipócrates, Sócrates y la sudoración de la parte genital (cabe destacar que esta es una página que se dedicaba a inventarse orígenes de expresiones y de la que escribí un post sobre ello hace un par de años).

Para encontrar el origen debemos partir de la premisa de que la expresión ‘me suda la polla’ en sí no surge de ningún momento concreto de la Historia (día, anécdota, personaje…) sino como una evolución en el lenguaje coloquial para indicar que algo es indiferente o no le importa absolutamente para nada a aquel que lo utiliza.

Todo parece indicar que surgió como una variante al ‘eso me resbala’ (aunque hay quien sostiene que es a la inversa) y cuyo significado viene a ser el mismo. Como bien es sabido algo que suda (secreta sudor o un líquido por sus poros) resbala y no hay nada más ‘resbaladizo’ como la indiferencia hacia un asunto, pero si encima (y con propósito de enfatizar más la contestación) le añadimos a la expresión el miembro sexual masculino en su forma más vulgar conseguimos resaltar el grado de desinterés hacia el asunto.

Un gran número son las diferentes expresiones que pueden utilizarse para decir que algo nos es completamente indiferente: me la suda, me la trae al pairo, me la refanfinfla, me la trae floja, me la sopla, me la bufa (catalanización de la última)  o la mencionada ‘me suda la polla’ y después un sinfín de locuciones en las que de coletilla se le añade algún elemento: me importa una polla, me importa un bledo, me importa un pimiento, me importa un pito, me importa un huevo, me importa dos cojones

Así pues, la expresión que nos trae hoy, surge del lenguaje popular y sin poderse determinar en qué momento se originó y que se utiliza con la intención (malintencionadamente y con desprecio) de recalcar la poca importancia que sentimos hacia un asunto.

 

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Portada del libro "Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO" de Alfred López

 

 

Esta curiosidad es una de las que encontrarás en mi libro “Ya está el listo que todo lo sabe de SEXO”. De venta en librerías y Amazon: https://amzn.to/2q6wNXa

 

 

 

 
Fuente de la imagen: photobucket

¿Sabes qué es una poya?

 

¿Qué es una poya? (Horno de poya)

Posiblemente a muchos de los lectores y lectoras de este blog, tal y como han leído la palabra ‘poya’ en el título del post, le ha venido a la mente y lo han relacionado con el órgano sexual masculino, pero no, el modo de llamar al pene de forma vulgar es polla, con doble ele (o ‘elle’ como algunos, consciente aunque incorrectamente, la llamamos) y el término del cual voy a hablar hoy en esta entrada nada tiene que ver y además es con i griega (la RAE se empeña en llamarla ‘ye’).

La ‘poya’ era el pago que se realizaba por utilizar un horno común.

Muchos eran los pueblos en los que antiguamente no se permitía disponer de horno en las casas particulares, por lo que para hornear el pan debían acudir a uno comunitario. Ese lugar era conocido como ‘horno de poya’.

Este tipo de locales donde se encontraba el horno para uso común surgió alrededor del siglo XVI y solía estar en una casa propiedad de uno de los señores feudales o del Concejo municipal siendo una persona (el hornero) la encargada de mantener el horno encendido y preparado (durante todos los días del año) para su uso por todos aquellos lugareños que lo necesitasen, teniendo éstos que pagar por el derecho de uso (que podía ser en especies: parte del pan horneado o con dinero), este acto de remunerar al hornero es lo que se conocía como ‘poyar’.

Anualmente, mediante subasta pública, se elegía al hornero que se ocuparía de tener el horno de poya listo durante todos los siguientes 365 días.

Etimológicamente el término poya tiene la misma procedencia que poyo -del que os hablé en el post ¿Cuál es el origen de la expresión ‘Montar un poyo’?– (podĭum en latín)  y cuyo diferentes significados son podio (tribuna/tarima en la que subirse), banco de piedra junto a la pared a la entrada de muchas casas de campo/pueblo y también (que es la que nos interesa en este caso) la tabla o banco de piedra utilizado como encimera que se colocaba en las cocinas (seguro que más de uno/a le llamáis o habéis escuchado a alguien llamarlas poyos o poyetes).

En los hornos de poya esa encimera (poyo) estaba colocada junto al horno y ahí era donde se dejaba la masa para que se asentase antes de introducirla para ser horneada.

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

 

 

Nota: Este post es mi aporte a la iniciativa #LunesPollas convocada por Francis R. Villatoro (@emulenews) a través del portal Naukas y en el que un gran número de blogueros y divulgadores publicaran posts relacionados con el pene (desde el lado científico del tema, evidentemente). Se trata de la continuación del de la semana pasada #LunesTetas y en el que publiqué el post “¿De dónde surge la expresión ‘Tiran más dos tetas que dos carretas’?”. En esta ocasión he querido aprovechar la confusión y juego que trae dicha palabra (polla/poya).