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¿Sabías que una manta, en realidad, no calienta?

¿Sabías que una manta, en realidad, no calienta?

El motivo principal por el que una persona tiene frío es porque su organismo pierde calor, un hecho que hace que nos abriguemos con más ropa o nos echemos una manta por encima. Pero abrigándonos lo que en realidad conseguimos es conservar el calor para que así no se escape de nuestro cuerpo.

Como ya os he comentado en otros posts, somos seres homeotermos o, lo que es lo mismo, nuestro organismo se ocupa de regular nuestra temperatura con el fin de que nuestros órganos internos y vitales se mantengan a una temperatura constante de, aproximadamente, 37 grados centígrados.

Si esa temperatura es superior nuestro organismo se refresca a través del sudor que produce. Por el contrario, si hace frío extrae el calor de nuestras extremidades a través de un proceso que se conoce como vasoconstricción (de ahí que lo primero que se nos enfría cuando bajan las temperaturas son las manos y los pies) o bien se pone a tiritar para hacernos entrar en calor.

Pero todo ese proceso para conservar el calor corporal no puede hacerlo nuestro organismo solo, por lo que debemos echar una mano y abrigarnos con alguna pieza más de abrigo o resguardarnos bajo una manta (además de encender algún calefactor o estufa) con ello conseguimos no seguir perdiendo más de ese vital calor corporal.

Pero, al contrario de lo que algunas personas piensan, esa ropa de abrigo o la mencionada manta no nos calientan (a no ser que sea eléctrica, evidentemente), sino que la función de éstas es la de conservar y hacer de aislante para que el calor no se escape y el frío no penetre.

El no dejar que el frío entre proporcionará que, cuando nuestros órganos estén en la temperatura idónea, expulse el exceso de calor que tenga hacia nuestro exterior, dándonos la sensación de haber entrado en calor (algunas veces hasta con un exceso del mismo).

 

 

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Fuente de la imagen: mattiasjohansson (Flickr)

¿Cuál es el origen de la expresión ‘A todo cerdo le llega su San Martín’?

Cuál es el origen de la expresión ‘A todo cerdo le llega su San Martín’
Desde hace muchos siglos se tenía el convencimiento de que la mejor fecha para realizar la matanza del cerdo era alrededor de la festividad de San Martín de Tours (11 de noviembre), debido a que era habitual que durante los días anteriores y posteriores se diera un curioso episodio atmosférico por el cual las temperaturas subían unos cuantos grados y daba la sensación de estar disfrutando de un veranillo, nombre que se le da a este tipo de situaciones cuando ocurre en fechas no estivales.

La semana de San Martín, previa a la llegada de los días de más frío y las nevada, era la elegida como perfecta para realizar el sacrificio del cerdo, del cual se sacarían un buen puñado de provisiones alimentarias en forma de carne y embutidos para pasar todo el invierno y gran parte del año, así como para poder comerciar en los mercados.

El cerdo era un animal concebido para el engorde y posterior matanza, por lo que de forma natural nació la expresión «a todo cerdo le llega su San Martín», de la que no se tiene una constancia de cuál fue la fecha exacta en la que se originó, pero existen múltiples escritos en las que aparece. Uno de ellos es en la obra de Francisco de Quevedo La vida del Buscón, publicada en 1626, en la que ya aparece en la forma de «a cada puerco le viene su San Martín»:

–    ¡Vive Dios! –dijo el corchete–, que se lo pagué yo sobrado a Lobrezno en Murcia, porque iba el borrico que me remedaba el paso de la tortuga, y el bellaco me los asentó de manera que no se levantaron sino ronchas.
Y el portero, concomiéndose, dijo:
–    Con virgo están mis espaldas.
–    A cada puerco le viene su San Martín –dijo el demandador.
–    De eso me puedo alabar yo –dijo mi buen tío– entre cuantos manejan la zurriaga, que, al que se me encomienda, hago lo que debo. Sesenta me dieron los de hoy, y llevaron unos azotes de amigo, con penca sencilla.

Y relacionado con la matanza del cerdo, podemos encontrar que de ahí surgen otras expresiones como «a quien no mata puerco, no le dan morcilla» recogida en 1627 en el Vocabulario de refranes y frases proverbiales de Gonzalo Correas.

 

Lee y descubre el curioso origen de otras conocidas palabras y expresiones

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde surge llamar a los ‘leotardos’ así?

¿De dónde surge llamar a los ‘leotardos’ así?A través de un email, Eva Sanz me consulta sobre los leotardos y le gustaría saber cuál es su origen y de donde surge llamarlos así.

Como bien sabéis un leotardo o leotardos (tiene el mismo significado en singular que en plural) es una prenda, generalmente de lana, que cubre y ciñe el cuerpo desde la cintura hasta los pies y que suele usarse, generalmente, poniéndose debajo de la ropa (pantalones, faldas) en los días de más frío, a modo de medias gruesas.

Su origen etimológico es un epónimo (palabra originada a raíz de un nombre propio) y debe su existencia a Jules M. Léotard, un famosísimo y revolucionario acróbata francés, inventor del trapecio volante, número con el que cosechó grandes éxitos.

¿De dónde surge llamar a los ‘leotardos’ así? (Jules Léotard)Fue en el desarrollo de su profesión, durante el siglo XIX, cuando comenzó a usar una malla (maillot lo denominaba él) de cuerpo entero, ajustada y sin costuras que le llegaba a medio torso, con objeto de mostrar su musculatura (fue un artista muy popular entre el público femenino), además le permitía una total libertad de movimientos y comodidad en la ejecución de sus ejercicios acrobáticos (al ser tan ajustado evitaba que se enganchara la ropa y se desgarrara).

Fue tal su popularidad que en 1867 George Leybourne le dedicó una canción El joven audaz sobre el trapecio volador (The Daring Young Man on the Flying Trapeze), también conocida como El trapecio volador o El hombre en el trapecio volador (Man on the flying trapeze). Dicha canción ha sido profusamente versionada, aparece en la película Sucedió una noche, en la que Clark Gable la tararea al compás de unos improvisados músicos en el autobús; también en un episodio de Popeye del mismo nombre El hombre en el trapecio volador en el que se caricaturiza a Jules Léotard e incluso ha sido cantada por Bruce Springsteen.



 

Fuente de las imágenes: daquellamanera (Flickr)  / Wikipedia

¿Por qué cuando hace frío tenemos más ganas de orinar?

¿Por qué cuando hace frío tenemos más ganas de orinar?Recibo un email de Adolfo Núñez que me consulta sobre el porqué cuando hace frío se tienen más ganas de orinar.

Nuestro organismo a lo largo del día recibe cierta cantidad de líquido a través de diferentes ingestas de agua y otras bebidas, y tiene dos modos de eliminar el exceso de líquido que el cuerpo no necesita para seguir funcionando correctamente: uno es a través del sudor y el otro a través de la orina.

Cuando tenemos frío nuestro cuerpo no genera la suficiente energía para provocar la sudoración, lo que hace que, el exceso de líquido que hemos ido tomando (caldos calientes, infusiones, cafés…) tenga que ser finalmente expulsado orinando.

De ahí que en invierno vayamos tantas veces al baño a pesar de beber mucho menos que en verano, ya que con el calor expulsamos gran parte del líquido a través del sudor.
 

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Fuente de la imagen:Alex E. Proimos vía photopin cc

¿Por qué llamamos ‘verano’ al verano?

¿Por qué llamamos ‘verano’ al verano?

Puntual al calendario, otro 21 de junio más vuelve a llegar el verano, una estación muy deseada por unos y a la que otros detestan porque no soportan o les gusta el calor. Llamamos verano a la estación más calurosa del año, pero en realidad no debería ser del todo correcto llamarla de este modo ya que debería ser conocida con el término de estío.

Antiguamente el año estaba dividido en cinco estaciones y no en cuatro como tenemos actualmente. Al igual que ahora, la época  del año en la que las temperaturas comenzaban a descender correspondía al otoño, llegando después el invierno, en el que el tiempo era totalmente gélido.

Coincidiendo con el inicio del año (recordad que antiguamente marzo era el primer mes del calendario) llegaba el periodo en el que comenzaba el buen tiempo, conocido igual que ahora como ‘primavera’ (un término compuesto por las palabras latinas ‘prima’ -primera- y ‘ver’ –periodo de calor suave o entrada del buen tiempo). Le seguía el ‘verano’, en el que las temperaturas eran algo más cálidas, pero no sofocantes. Podríamos decir que este periodo abarcaba parte del mes de mayo y prácticamente todo el mes de junio.

El término ‘verano’ proviene del latín ‘ver’ cuyo significado (como ya he indicado al describir la palabra primavera) significa periodo de calor suave, por lo que nuestros antepasados no denominaban ‘verano’ al periodo más caluroso del año, sino que el término utilizado para esos días de calor sofocante era ‘estío’ (julio, agosto y primeros días de septiembre) y de ahí proviene términos como ‘época estival’, ‘tiempo estival’...

Por tanto, a lo que nosotros conocemos como ‘verano’ deberíamos llamarlo ‘estío’.

Muchos son los expertos que apuntan a que las estaciones del año hubiesen tenido que quedar como primavera, estío, otoño e invierno, pero la generalización del término verano se impuso a la de estío, quizás por ser mucho más fácil a la hora de pronunciar. Sin embargo en muchos lugares y lenguas se conservó (en catalán al verano se le llama ‘estiu’, en francés ‘été’ o en italiano ‘estate’… por poner unos pocos ejemplos).

Hay mucha literatura que hace referencia al estío como la estación más calurosa del año e incluso en la obra “Don Quijote de la Mancha”, en el capítulo 53 de la segunda parte titulado “Del fatigado fin y remate que tuvo el gobierno de Sancho Panza” nos encontramos con el siguiente pasaje:

‘‘Pensar que en esta vida las cosas della han de durar siempre en un estado es pensar en lo escusado; antes parece que ella anda todo en redondo, digo, a la redonda: la primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua; sola la vida humana corre a su fin ligera más que el tiempo, sin esperar renovarse si no es en la otra, que no tiene términos que la limiten’’

 
 

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Fuentes de consulta:  Para todos la 2 (Rtve) / Muy Interesante / etimologias.dechile / educa.jcyl
Fuente de la imagen:  Micah Camara (Flickr)

¿Cuál es el origen del Baloncesto?

El canadiense James E. Naismith trabajaba como profesor de educación física en la Escuela de Entrenamiento de la Asociación Internacional de Jóvenes Cristianos (YMCA) en Massachussets.

Debido al frío y mal tiempo que sufrían en invierno por la zona, el 15 de diciembre de 1891 pensó en una actividad deportiva a cubierto. Para sus clases, decidió inventarse un juego sin pensar jamás que en el futuro su invento sería considerado uno de los deportes más importantes de toda la Historia. Para ello clavó dos cestos de recolectar melocotones en los extremos opuestos de un balcón de un gimnasio y, preparando algunas reglas simples, creó el baloncesto. Fue un gran éxito entre sus estudiantes y en enero de 1892 se enviaron las reglas a las escuelas cristianas de todo Estados Unidos.

A principios del siglo XX el baloncesto ya era un deporte internacional.

 

Lee y descubre en este blog otras curiosidades deportivas

 

 

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¿Por qué el sonido se propaga a más velocidad en verano que en invierno?

La velocidad de propagación del sonido, en el aire, depende básicamente, de dos factores, la temperatura y la humedad. Por cada grado que se incremente la temperatura del aire, la velocidad del sonido aumenta 0,6 m/s. Esto se debe a que al aumentar la temperatura, también aumenta la agitación térmica de las moléculas de los gases que integran el aire, lo que favorece que se propague la vibración.

 

 

Del libro: Fisiquotidianía de Cayetano Gutiérrez Pérez con expresa autorización del autor.