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¿Cuál es el origen de las bebidas isotónicas?

¿Cuál es el origen de las bebidas isotónicas?

En 1965, Dewayne Douglas, asistente del entrenador del equipo universitario de fútbol americano ‘Florida Gators’ (más conocidos como ‘the Gators’), se dio cuenta que la mayoría de sus jugadores acababan exhaustos tras cada partido, algunos incluso ya mostraban signos de fatiga en la media parte del encuentro en días de calor intenso (no olvidemos las altas temperaturas de Florida) y además observó que apenas podían orinar tras la finalización debido a la pérdida de una gran cantidad de líquido a través de la sudoración.

Decidió realizar una consulta a James Robert Cade, uno de los profesores de la Universidad de Florida y doctor en nefrología, por si éste podía darle alguna explicación lógica y científica sobre qué era lo que le pasaba a sus jugadores.

El Dr. Cade investigó y comprobó que tras la disputa de cada partido, y debido al gran esfuerzo físico que realizaban, los deportistas perdían una gran cantidad de carbohidratos, sales minerales y componentes químicos vitales para el organismo y el buen rendimiento durante del mismo.

Junto a su equipo médico se puso a trabajar en una bebida que aportase todos los componentes necesarios para recuperarse de inmediato. Tras las primeras pruebas comprobaron que el resultado era óptimo, pero aquella bebida sabía a mil demonios, motivo por el que la Dra. Dana L. Shires propuso añadirle zumo de limón con el fin de que tuviera un sabor más agradable.

El invento fue todo un éxito y muchos los partidos que a partir de entonces, y fuera de toda expectativa, ganó el equipo de los Gators gracias a que sus jugadores recuperaban fuerzas sorprendentemente de una manera casi inmediata.

La compañía Stokely-Van Camp, Inc., de Indianápolis, no tardó en interesarse en este producto y llegó a un acuerdo con el Dr. Cade y sus socios para comercializar la bebida isotónica bajo el nombre de Gatorade en honor al equipo universitario.

 

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Post escrito como colaboración para Naukas
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¿Qué hay de verdad en el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día?

¿Qué hay de verdad en el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día?

Numerosas son las publicaciones en las que a la hora de señalar la cantidad de agua que necesita diariamente nuestro organismo indican que debemos beber ocho vasos de agua al día (correspondiente a dos litros) y lo dejan como una norma a aplicar forzosamente.

Pero este consejo no es del todo correcto, debido a que debemos tener en cuenta muchos factores a la hora de hidratarnos y no todas las personas ni edades necesitan ingerir la misma cantidad de agua.

Beber agua es muy beneficioso para nuestro organismo. Gracias al agua que ingerimos podemos eliminar toxinas e hidratarnos, consiguiendo tener una piel mucho más tersa e incluso ayuda a evitar algunas cefaleas. Hasta ahí estamos de acuerdo.

Pero algo tan inocuo como puede parecer el agua también tiene sus riesgos cuando se abusa de ella y se bebe en exceso…

Por una parte hay que pensar que no es lo mismo aplicar esta norma, de los ocho vasos de agua diarios, al verano (y los días muy calurosos) que al invierno. También depende del lugar donde vivamos y la humedad ambiente que hay o si estamos haciendo deporte. Cada persona, lugar y situación requiere de una cantidad mayor o menor de líquido.

Algo que hemos de tener presente es que a lo largo del día vamos comiendo ciertos alimentos que de por sí ya llevan una importante cantidad de agua incorporada (hortalizas, frutas, lácteos, el pan fresco (pero no las tostadas), la pasta hervida y deshidratada, huevo, carne, pescado, marisco…). Si exprimiésemos todo eso que hemos ido ingiriendo al licuarlo comprobaríamos que lleva una considerable cantidad de líquido que bien podría sustituir a dos o tres de los vasos de agua aconsejados y, por lo tanto, ya no son dos litros (por poner la media) lo que necesitamos, sino 1,5 o incluso menos.

Así que el consejo que indica que debemos beber ocho vasos de agua al día no hay que seguirlo a pies juntillas.

Evidentemente, en un día de mucho calor y con una humedad alta en la que estemos sudando abundantemente por todos nuestros poros es aconsejable que nos hidratemos bien y bebamos mucha más agua que cualquier otro día en el que la temperatura es más baja y que apenas transpiramos.

Pero no, no debéis preocuparos si además de lo que coméis (rico en agua) también os bebéis algún día (de forma excepcional) esos ocho vasos de agua mencionados e incluso alguno de más, porque no os va a pasar nada grave (si no lo tomáis como costumbre, evidentemente). Nuestro organismo es lo suficientemente sabio para saber cuándo tiene más líquido del que debería y lo expulsa a través de la orina y el sudor, pero tampoco es aconsejable forzar la maquinaria (sobre todo los riñones, encargados del filtrado)

Otra cosa a tener en cuenta es que beber mucho con el pretexto de sudar más no es nada bueno, porque podemos ocasionarle problemas a nuestras glándulas sudoríparas.

También es frecuente el error de pensar que bebiendo más agua y sudando más cantidad de líquido se pierde peso más fácilmente.

 

Lee y descubre más historias como esta en el apartado ‘Destripando Mitos’

 

 

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¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona normal sin beber agua?

¿Cuánto tiempo puede sobrevivir una persona normal sin beber agua?

Un adulto en un entorno benigno puede sobrevivir durante una semana o más sin consumir nada de agua o cantidades muy reducidas. En cambio, en condiciones extremas, la muerte puede sobrevenir bastante deprisa. Por ejemplo, un niño abandonado en el interior de un coche muy recalentado o un atleta que entrene duro un día de mucho calor pueden deshidratarse, sobrecalentarse y morir en cuestión de pocas horas.

Para mantenernos saludables, las personas debemos conservar el equilibrio hídrico, lo que significa que la perdida de agua debe compensarse. Obtenemos el agua de los alimentos y la bebida, y la perdemos a través del sudor y la orina (una cantidad reducida también se va con las heces). Otra vía esencial de perdida de agua suele pasarse por alto: como exhalamos aire, que está saturado de agua, cada vez que espiramos perdemos agua. Los días de mucho frío esta agua se torna visible en el aire al condesarse (el vaho). Tanto la exposición a un ambiente muy caluroso como la práctica intensiva de ejercicio incrementan la temperatura corporal.

El único mecanismo fisiológico con que cuentan los humanos para evitar el sobrecalentamiento consiste en sudar. La evaporación del sudor enfría la sangre que circula por las venas de la piel, lo que ayuda a enfriar todo el cuerpo. En condiciones extremas, una persona adulta puede perder entre 1 y 1,5 litros de sudor en una hora. Si el agua perdida no se repone, el volumen global de líquido corporal puede disminuir deprisa y lo que es más peligroso, el volumen sanguíneo puede desplomarse. Cuando sucede esto, surgen dos problemas que pueden poner en riesgo la propia vida: la sudoración se detiene y la temperatura corporal puede dispararse aún más, mientras que la presión sanguínea desciende debido al escaso volumen de la sangre. En estas circunstancias, la muerte sobreviene con rapidez.

Dada la extensa superficie de piel que poseen los niños en relación con su volumen, estos son especialmente vulnerables a un sobrecalentamiento y una deshidratación velocísimos.

 

 

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Traducido de: Scientific American (December 9, 2002) “How long can the average person survive without water?
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