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¿Cuál es el origen del término ‘bisoñé’?

Se trata de una de esas palabras que cada vez está más en desuso y que era utilizada para hacer referencia a la prótesis o añadido capilar que se coloca para cubrir solo una parte de la cabeza donde falta pelo (generalmente la superior delantera).

¿Cuál es el origen del término ‘bisoñé’?

Hoy en día podemos encontrar que el término suele ser sustituido por otros sinónimos como ‘peluquín’ o ‘postizo’.

Etimológicamente el término ‘bisoñé’ llegó al castellano desde el francés ‘besogneux’ (necesitado), derivando éste de ‘besoin’ (necesidad) y a su vez desde el italiano ‘bisogno’, con idéntico significado.

Una de las curiosidades del vocablo es que, antiguamente, la referencia a la necesidad que se hacía no era solo por la falta de cabello que podía padecer una persona que usaba ese tipo añadidos capilares sino también a estar necesitado de dinero, debido a que siglos atrás se puso muy de moda el lucir entre las personas adineradas, y como signo de elegancia, unas vistosas pelucas, las cuales, cuanto más frondosas eran equivalían a tener una mayor posición social.

Algunas personas, con menos recursos económicos, que no se podían permitir adquirir una de aquellas frondosas y caras pelucas, utilizaban unos añadidos capilares de menor tamaño y precio y que tan solo cubrían una parte específica de la cabeza (aquella en la que faltaba pelo).

Cabe destacar que el término italiano ‘bisogno’ no comenzó a usarse para hacer referencia a ese postizo capilar sino para designar a los soldados novatos que eran enviados desde España a luchar en la guerra (durante la conquista del reino de Nápoles, en el siglo xvi), en clara alusión a las ropas pobres y de mala calidad de los soldados españoles. Con el tiempo, este vocablo dio el castellanizado ‘bisoño’, cambiándose el sentido original  y pasó a designar a los principiantes e inexpertos de cualquier oficio, mientras que su derivado en francés (‘besogneux’ y posteriormente el castellano ‘bisoñé’) pasó a referirse al mencionado peluquín.

 

 

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Aborrecer, aburrir y horripilante, tres palabras con un mismo origen etimológico: ‘los pelos de punta’

Aborrecer, aburrir y horripilante, tres palabras con un mismo origen etimológico: ‘los pelos de punta’

Nuestro cuerpo es una máquina, casi, perfecta el cual crea una serie de reacciones dependiendo del momento específico que estamos viviendo/experimentando: nos enamoramos y sentimos mariposas en el estómago, tenemos frío y tiritamos para mantener calientes nuestros órganos internos, sentimos calor y sudamos para refrescarnos…

Entre las muchísimas reacciones está la de erizarse el vello (ponerse los pelos de punta) cuando tenemos miedo o estamos pasando por un momento angustioso. Los responsables de esta ‘pilo erección’ son unas fibras musculares que tenemos en la base de cada capilar y que son conocidas como ‘horripiladores’ o ‘arrectores’ (músculos erectores), las cuales se contraen provocando que éstos se contraigan y levanten cada uno de los pelos (esto no solo ocurre con los momentos de miedo, también se produce la pilo erección con el frío, levantando los poros y causando el conocido efecto de la ‘piel de gallina’).

Pues bien, dejando de lado todo este proceso científico de nuestro organismo, ahora voy a centrarme en unos cuantos términos que utilizamos de forma habitual y que tienen el mismo origen etimológico que el vocablo ‘horripiladores’ el cual proviene de la unión de los términos latinos ‘horrēre’ (ponerse erecto / rígido) y ‘pilus’ (pelo) siendo su significado literal: ponerse el pelo de punta y que ha dado lugar a vocablos como ‘horripilante’, ‘horrible’ , ‘horror’, ‘horroroso’, ‘horrendo’ y ‘horrísono’; todos ellos con una relación directa con aquello que causa angustia o un miedo intenso.

Pero el término ‘horrēre’ también ha servido para dar origen a otras palabras que aparentemente no tienen nada que ver pero que en realidad provienen etimológicamente de este vocablo latino: ‘aburrir’ y ‘aborrecer’.

Aburrir/aburrirse/aburrido (términos con el que conocemos aquel estado de apatía, en el que nada satisface o entretiene y que puede llegar a cansar o hastiar) proviene del vocablo latín ‘abhorrēre’ compuesto por el prefijo ‘ab’ (sin) y el mencionado ‘horrēre’ y cuyo significado original era: ‘sin erizar el pelo / lo que no pone el pelo de punta’ por lo que aquello que no producía la sensación de erizarse el vello (sentir miedo) era ‘aburrido’.

Por su parte, aborrecer (tener aversión a alguien o algo) proviene de ‘abhorrescĕre’ y se le dio la acepción de ‘apartarse de algo con horror’, ya que el prefijo ‘ab’ no solo se utilizaba como ‘sin’ sino también se usaba para señalar a algo que se encontraba apartado o se alejaba.

 

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¿De dónde proviene la expresión ‘tocar pelo’?

¿De dónde proviene la expresión ‘tocar pelo’?

A través de Twitter, Pablo Bach @bachneuman me realiza una consulta en la que me comenta que ha escuchado en un programa de deportes radiofónico decir al locutor (en relación al Tour de Francia) que este año ‘no hemos tocado pelo’ y me pregunta si dicha expresión tiene algún origen machista.

Muchas son las personas que creen que la expresión ‘tocar pelo’ proviene del contacto cuerpo a cuerpo entre dos personas en el momento de mantener una relación sexual (tocar el vello púbico) y de hecho ha generado que haya quien la utilice para indicar que ha tenido sexo con alguien (‘he tocado pelo’).

Pero la expresión en su origen no proviene de entornos sexuales sino del mundo de la tauromaquia.

Tocar pelo (tal y como se refería el locutor al que alude Pablo Bach) se utiliza para indicar que un trabajo se ha realizado correctamente o se ha obtenido un éxito.

Ello se debe a que el torero que realiza una buena faena es recompensado con unos trofeos conocidos como ‘las orejas y el rabo’. El tocar pelo hace referencia precisamente al pelo de esos apéndices que le han sido cortados al astado y se los han entregado como premio al matador, de ahí que se utilice la expresión como sinónimo de obtener un éxito.

 

 

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Nota importante:
Tanto este blog,  su autor, como la web en la que se encuentra alojado (20minutos.es) mantienen por convicción propia y como línea editorial el no fomentar ni apoyar la tauromaquia. Ello no exime, al mal llamado ‘arte’, de haber proporcionado un sinfín de interesantes anécdotas y/o curiosidades a lo largo de la historia siendo dignas de su publicación en esta página, sin que esto pueda representar un cambio de actitud hacia la misma.

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [7]

Séptima entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Escusón: Normalmente decimos que una moneda tiene ‘cara y cruz’ y se dice de esta manera porque antiguamente era común que en las mismas apareciera por un lado la cara del rey o emperador y por el reverso una cruz (normalmente cristiana). Pues bien, se le llama ‘escusón’ al reverso de la moneda cuando en ésta lo que aparece representado es un escudo.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Mador: Se conoce como ‘mador’ a aquella fina capa de humedad que en ocasiones cubre parte de nuestro cuerpo (proveniente por ejemplo del rocío de la noche), pero que no proviene de nuestras glándulas sudoríparas y por tanto no puede ser considerado como sudor.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Lanugo: El lanugo es el vello fino y casi imperceptible, parecido a la pelusilla, que cubre parte del cuerpo de los recién nacidos o que incluso algunas personas (ya adultas) tienen en algunas partes del cuerpo.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Beborrotear: Es el acto de ir bebiendo a pequeños sorbos y de manera continuada.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Vedija: Se le llama vedija a aquel mechón de pelo que está enredado y encrespado.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Lauto: Prácticamente en desuso, el término ‘lauto’ se ha utilizado durante mucho tiempo para referirse a alguien o algo que era ‘rico, espléndido, opulento’. Proviene de la palabra en latín ‘lautus’ que significaba ‘lavado’, en clara referencia a los baños (e higiene personal) que en la antigüedad solo podían ser privilegio de personas ricas.

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Adiar: Fijar una fecha (día) para realizar cualquier asunto. Por ejemplo, quedar con antelación para verse con alguien en un día concreto.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Pegotear: Lo que hace el típico gorrón que se autoinvita a casa de los demás y siempre aparece justo a la hora de comer/cenar. A este tipo de personas se les suele llamar también ‘pegote’, debido a la acción de pegarse al prójimo con la intención de ser invitada o se le pague la consumición. Muy típico son aquellos que se presentan (sin haber sido invitados) a cualquier tipo de evento (por ejemplo una fiesta de cumpleaños, banquete de una boda…).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

 

Escamondar: Se trata de la acción de limpiar algo a lo que se le quita lo superfluo o aquello que no le sirve, por ejemplo las ramas y hojas secas de un árbol.

 

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Faetón: Un faetón es el carruaje de paseo, con cuatro ruedas, descubierto (aunque con una capota que se puede subir y bajar) y tirado por uno o dos caballos, muy típico en algunas ciudades con el que se pasea a los turistas.

 

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Sangradura: Así es como se le llama a la parte del brazo que se encuentra opuesta al codo (la que queda hundida al doblarse). Se le denomina de ese modo porque es por donde se hace la incisión para extraer sangre (antiguamente las famosas ‘sangrías’ y en la actualidad donde se pincha la aguja para las donaciones o análisis).

 

Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

Conticinio: Momento de silencio absoluto durante la noche, cuando todos duermen y no se escucha ni un solo sonido. Proviene del latín ‘conticinium’ el cual se utilizaba antiguamente para señalar el cese total de todos los sonidos debido a que era el momento de descansar.

 

 

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¿Por qué hace daño si nos estiran del pelo pero no duele cuando nos lo cortamos?

¿Por qué nos hace daño si nos estiran del pelo pero no duele cuando nos lo cortamos?

A lo largo de nuestra vida nos cortamos el cabello infinidad de veces, se nos puede llegar a caer e incluso hay quien se afeita la cabeza por completo y ninguna de estas cosas causa el más mínimo dolor. Sin embargo si alguien nos da un tirón de pelo (por leve que sea) nos duele una barbaridad.

El motivo de que esto sea así es porque en la base de nuestra cabeza, por donde sale cada uno de nuestros cabellos, tenemos un sinfín de folículos pilosos rodeados de terminaciones nerviosas e infinidad de células que empujan el cabello hacia fuera. Cada pelo que crece y sale hacia el exterior no deja de ser células muertas que son empujadas afuera por otras aún vivas que se encuentran en la base.

Por tanto el pelo es una secreción de células muertas carentes de sensibilidad alguna que produce nuestro organismo, motivo por el que no nos duele a la hora de cortarlo. Pero como cada uno de esos pelos siguen unidos a nuestra cabeza, el tirar de ellos es lo que hace que las terminaciones nerviosas nos manden esa señal de dolor.

 

 

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¿De dónde surge el término ‘pelea’?

¿De dónde surge el término ‘pelea’?

Cuando dos o más personas se ponen a discutir, llegando incluso a las manos, suele decirse que se están peleando.

El origen del término pelea/pelear/pelearse proviene del acto de agarrarse y tirarse de los pelos cuando la gente se enzarzaba en una riña, en la época en el que las cosas no se arreglaban hablándolas sino a puñetazos.

De ahí nació también expresiones como ‘andar al pelo’ (andar a golpes) o ‘andar a la greña’ (reñir tirándose de los cabellos, ya que cuando estos están enredados o revuelto reciben el nombre de ‘greña’).

 

 

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Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

Quinta entrega de esta serie de post dedicados a traeros un buen puñado (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ocurrió con las veces anteriores.

Aladar - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Aladar: Es el mechón de pelo que cae sobre la sien

 

Huélliga - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Huélliga: Es la huella o rastro que deja el pie sobre la arena, tierra, nieve, cemento fresco…

 

 

Acúfeno - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

Acúfeno: Sonido, ruido o pitido que escuchamos dentro de nuestro oído y que no corresponde a ningún sonido real exterior. Muchas veces aparece después de haber escuchado la música muy alta (en un concierto, con los auriculares…). Este fenómeno auditivo también es conocido como ‘tinnitus’ y puede llegar a ser bastante molesto

 

 

Cardumen - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

Cardumen: Banco de peces (concentración de peces que se desplazan juntos)

 

 

Prónuba - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Prónuba: La madrina de boda

 

Espiráculo - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

Espiráculo: El orificio por el que respiran algunos animales, entre ellos los cetáceos (delfines, ballena…)

 

Pareidolia - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

Pareidolia: Es el curioso fenómeno por el cual se distinguen rostros en objetos

 

Cayado - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Cayado: Bastón usado por los pastores para conducir los rebaños. También se llama así al bastón usado por los obispos (pastores espirituales de los feligreses)

 

Hebdómada - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

Hebdómada: Semana. Espacio de siete años.

 

 

Antimacasar - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Antimacasar: Tela o tapete que se coloca sobre el respaldo de la butaca donde se apoya la cabeza

 

Amusgar - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [5]

 

 

Amusgar: Acto de entrecerrar los ojos con la intención de ver mejor

 

 

Uxoricidio: Hoy en día este término lo conocemos como ‘violencia de género o machista’. Un uxoricidio es la muerte causada a la mujer por su marido
 

 

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¿De dónde surge decir que alguien muy importante es de ‘alto copete’?

¿De dónde surge decir que alguien muy importante es de ‘alto copete’?A través del apartado de contacto recibo un correo de Mati Torres en el que me pregunta de dónde surge decir que alguien muy importante es de ‘alto copete’

El ‘copete’ era una especie de tupé que se puso muy de moda entre las mujeres de la alta sociedad en la corte francesa de Luis XIV y que consistía en un peinado que levantaba el cabello de hacia arriba (como si fuera una montaña).

Esto propició que existiese cierta rivalidad entre las propias aristócratas para ver quién de ellas llevaba el copete más alto (y más adornado) en el evento social de turno, llegando a utilizar postizos y pelucas para ello, por lo que se convirtió en cierto modo en un imprescindible elemento para medir la categoría y posición de cada dama que lo llevaba: cuanto más alto era el copete más importante y más influencia tenía.

Esta moda traspasó fronteras hacia otras cortes europeas (entre ellas la española, que tenía grandes influencias de la francesa) y se mantuvo hasta mediados del siglo XVIII, dando origen a que se utilizará la expresión ‘ser de alto copete’ para señalar que alguien era muy importante o algo (un evento, por ejemplo) tenía mucha categoría.

 

 

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El curioso origen del término ‘peluca’

El curioso origen del término ‘peluca’

Estoy seguro de que si hicieran una encuesta en la que preguntasen cuál es el origen etimológico de la palabra ‘peluca’ la mayoría de las personas responderían (y con cierta lógica) que proviene de la palabra ‘pelo’.

Pero no, ese no es su origen y, aunque parezca sorprendente, los términos peluca y pelo no tienen la misma procedencia etimológica.

En castellano recibimos la palabra ‘peluca’ desde el francés medieval ‘perruquet’ y este era el modo por el que se llamaba a los loros (actualmente ‘perroquet’). En el siglo XV muchos fueron los miembros de la judicatura francesa que destacaban por la verborrea que tenían a la hora de exponer sus argumentos, por lo que comenzaron a recibir el apelativo de loros (perruquets). Al ir provistos de unas vistosas pelucas hizo que el conjunto en si tomase ese nombre.

Del francés ‘perruquet’ llegó al catalán ‘perruca’ y de éste al castellano como ‘peluca’, perdiendo rápidamente las erres y sustituyéndose por una ele gracias a la clara influencia del término ‘pelo’ (debido a que una peluca estaba hecha de pelo postizo).

Por su parte, el término ‘pelo’ proviene del latín ‘pilus’ de idéntico significado.

 

 

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Fuentes de consulta: lexicoon / capsuladelengua / etimologias.dechile / RAE / etymonline
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