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La insalubre costumbre de beber agua de un vaso que lleva varios días en la mesita de noche

La insalubre costumbre de beber agua de un vaso que lleva varios días en la mesita de noche

Posiblemente, la mayoría de vosotros tiene la costumbre de tener un vaso de agua en la mesita del dormitorio del que bebe durante la noche cuando le entra sed. Este es uno de los actos que más personas repiten cada noche, pero muy pocas de ellas son las que cambian el recipiente o su contenido a diario.

Suele dejarse el mismo vaso durante varias noches seguidas y muchas son las ocasiones en las que el agua es la misma o se va rellenando una vez tras otra echándole agua que se mezcla con la que ya contenía.

En esta repetida e insalubre costumbre es donde se encuentra el verdadero motivo de algunos casos en los que hayamos podido enfermar levemente, tenido ocasionalmente fiebre o haber padecido alguna gripe intestinal.

El hecho de utilizar el mismo vaso un día tras otro y además aprovechar el mismo líquido hace que ese recipiente se convierta en un perfecto lugar donde crearse un cultivo de bacterias y microorganismos que posteriormente ingerimos a la hora de beber.

Además debemos tener en cuenta que ese vaso suele estar descubierto (muy pocas personas colocan un platito o algo que haga de tapa), por lo que todo lo que está pululando por el ambiente de la alcoba puede ir a caer ahí dentro (sin mencionar las veces que tosemos, estornudamos o lo hace la persona con la que compartimos cama). Todo eso sin tener en cuenta que muchas son las parejas que beben de un mismo vaso (motivo por el que el riesgo es doble) e infinidad de factores (algunos de higiene bucodental) que pueden hacer que continuamente las bacterias vayan a parar al vaso, entren en contacto con el agua y acaben convirtiéndose (como ya he comentado en el párrafo anterior), en un cultivo de bacterias de donde podría surgir alguna infección -tras ingerirlo- que acabaría provocándonos una enfermedad.

Es aconsejable que se utilice el mismo vaso como máximo cinco días seguidos (mejor si se cambia a diario), pero siempre tirando el líquido de la noche anterior y rellenando de nueva agua cada jornada.

 

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Fuentes de consulta: prevention / cienciaxplora / foxnews
Fuente de la imagen: Alfred López (@yelqtls)

El día que Louis Pasteur convenció a los médicos para que se lavaran las manos

El día que Louis Pasteur consiguió que los médicos se lavaran las manos

Desde la antigüedad una gran cantidad de científicos e investigadores estaban convencidos de que la mayoría de las enfermedades, así como muchos de los organismos (como moscas, mosquitos, plantas…) surgían espontáneamente a partir de la materia orgánica (conocido como teoría de la generación espontánea).

El 7 de abril de 1864 Louis Pasteur se presentó ante los académicos de la Universidad de la Sorbona de París y les ofreció una conferencia en la que pudo exponer, argumentar y demostrar, lo muy equivocados que habían estado hasta aquel momento en cuanto al conocimiento de cómo se originaban los microbios y microorganismos.

Utilizó novedosas técnicas para realizar la exposición que dejaron boquiabiertos a la inmensa mayoría de los presentes y les convenció de cómo estaban rodeados de todo tipo de bacterias, instándolos a ser lo más higiénicos posible en sus operaciones y tratamientos con los pacientes con el fin de conseguir quirófanos y consultorios lo más asépticos posibles.

Buena parte de los estudios y pruebas presentadas por Pasteur se basaban en el trabajo realizado durante varias décadas por el médico húngaro Ignác Semmelweis, uno de los primeros en demostrar la necesidad de lavarse las manos y mantener limpios los lugares en los que se realizaban intervenciones quirúrgicas y/o se asistían los partos. A pesar de sus advertencias sus consejos fueron desoídos por la mayoría de sus colegas.

A partir de aquella fecha, gracias al aporte de Pasteur y a las posteriores investigaciones de muchos otros científicos (entre ellos Joseph Lister inventor del antiséptico para desinfectar los quirófanos y que sirvió como base del enjuague bucal) las recomendaciones de Semmelweis se llevaron a cabo por los médicos, quienes tomaron conciencia y empezaron a lavarse las manos antes de cada intervención.

 

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¿Por qué cuando reutilizamos varias veces una misma botella de agua acaba sabiendo y oliendo mal?

¿Por qué cuando reutilizamos varias veces una misma botella de agua acaba sabiendo y oliendo mal?Las botellas de agua que se comercializan están destinada a un único uso para después deshacernos de ellas (depositándolas en el contenedor de reciclados de plásticos), pero es muy habitual volverlas a utilizar rellenándolas de nuevo con agua del grifo, de una fuente o incluso de otra botella mayor o garrafa.

Y muchas son las veces en las que tras haber rellenado una y otra vez comenzamos a apreciar que el agua que estamos bebiendo nos sabe diferente, incluso mal y que puede llegar a tener un olor que no termina de ser del todo agradable.

Este tipo de botellas están diseñadas para ser usada una sola vez (con el agua que viene envasada) y son muchos los motivos por los que se desaconseja totalmente realizar esta insalubre costumbre de reutilizarlas.

Las botellas de agua convencionales (como la que aparece en la fotografía que ilustra este post) están hechas de tereftalato de polietileno (PET) un plástico que aunque preserva la calidad del agua embotella (o refrescos si es el caso), una vez abierto va degradándose su calidad, pero de ahí a admitir que libera ciertas toxinas, como advierten algunas personas, es ir un poco lejos.

Y es que en realidad los mayores culpables de que ocurra somos nosotros mismos, siendo dos los factores principales que le dan ese mal olor o sabor al agua de una botella reutilizada. Por un lado la propia agua con la que rellenamos las botellas, la cual suele ser del grifo o de alguna fuente pública y contiene cloro; pero lo que más incide en el deterioro son nuestras bacterias. Aquellas que tenemos en nuestra boca, en la saliva (y ya no digo si compartimos la botella para ser bebida por varios), además de los gérmenes que tenemos en nuestros dedos, con los que tocamos infinidad de cosas y después usamos para desenroscar el tapón e incluso para ‘limpiar’ la boca de la botella tras haber bebido otra persona.

Todo ello va a parar al interior de esas reutilizadas botellas, convirtiéndose en un cultivo de bacterias que estropean el agua y, lo que es mucho peor, que acabamos ingiriéndolas a través del agua, con el consiguiente riesgo para nuestra salud.

Como consejo final, si necesitáis rellenar botellas con agua, procurad que sea en un envase fabricado con polietileno de alta densidad (HDPE), un plástico que soporta mucho mejor la reutilización (por ejemplo las fiambreras suelen estar realizadas de este material).

Para saber de qué plástico está hecho cada botella tan solo debéis girar el envase y fijaros en el triangulito que hay en la base, si aparece un 2 es que es de polietileno de alta densidad, si aparece un 1 es que es de tereftalato de polietileno.

Os recomiendo leer el post que publiqué en 2006 (en los inicios de este blog): ¿Qué significa el triángulo que hay en el fondo de los objetos de plástico?

 

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Fuente de la imagen: Alfred López

¿Por qué hay que lavar periódicamente las toallas del baño si las utilizamos cuando ya estamos limpios?

¿Por qué hay que lavar periódicamente las toallas del baño si las utilizamos cuando ya estamos limpios?Cuando nos damos una ducha o nos lavamos las manos el jabón ayuda a que la suciedad se ‘despegue’ con mayor facilidad de nuestra piel, pero no toda se la lleva el agua con la que nos aclaramos, sino que gran parte de las bacterias se van gracias a la acción que hace la toalla a la hora de secarnos, por lo que aunque nosotros estemos limpios la porquería es transferida.

Aunque no sea visible al ojo humano, la toalla tras varios usos está impregnada de bacterias, células muertas y todo aquello que se ha llevado al secarnos; aparte de absorber el agua y cuya humedad puede originar la aparición de hongos, razón por la que tras usarla varias veces comienza a tener mal olor.

Hay que tener en cuenta que normalmente cuando estamos en nuestra casa solemos usar diferentes toallas para secarnos las diferentes partes del cuerpo, pero cuando la ducha nos la hemos dado, por ejemplo, en el gimnasio nos secamos el cabello, axilas, genitales, pies y resto del cuerpo con la misma, por lo que la cantidad  de bacterias que allí se concentran es enorme.

Los expertos en salud recomiendan que las toallas que usamos en casa se laven tras haberlas usado entre tres y cinco veces y las que usamos tras hacer ejercicio diariamente.

 

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Consulta recibida vía twitter por parte de @saradelatorre.
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

Comparación entre desodorante y antitranspirante ¿qué es mejor usar? [#Infografía]

¿Qué es mejor usar: un desodorante o un antitranspirante?

La higiene personal es uno de los factores más importantes que tenemos que tener en cuenta, debido a que si la descuidamos podemos llegar a tener serios problemas, siendo los más leves un desagradable olor corporal y los más graves enfermar y en casos extremos fallecer.

Desde pequeños nos enseñan una serie de hábitos para realizar a diario con lo que nos protegemos de posibles infecciones, además de no causar malos olores.

Debido a las más de 2,5 millones de glándulas sudoríparas que tenemos repartidas por nuestra dermis expulsamos el agua que le sobra a nuestro organismo entrando en contacto con las bacterias que están alojadas en la superficie de nuestra piel y vello corporal, adquiriendo el sudor ese desagradable olor. Es por ello que desde la antigüedad los seres humanos hemos procurado camuflar esos malos olores a base de crear rudimentarios desodorantes: hace cinco mil años en el Antiguo Egipto ya se elaboraba un ungüento a base de canela y limón que se aplicaba en las axilas para desprender un olor aromatizado.

Hoy en día nos encontramos que la gama de desodorantes que existen es extensísima y, si teníamos poco lío para poder escoger cuál es el que más nos conviene, surgió el antitranspirante (inventado a finales del siglo XIX, pero muy de moda en las últimas décadas).

Entre ambos productos existen ciertas diferencias y aunque lo principal que debemos saber es que los desodorantes desodorizan y los antitranspirantes se encargan de inhibir la transpiración; llegados a este punto nos preguntamos ¿además de esto, qué diferencia hay entre un desodorante y un antitranspirante? ¿cuál es más aconsejable usar?

A través de la siguiente infografía podréis ver cuál es la diferencia entre uno y otro producto y seguro que os aclarará mucho las dudas que tengáis a la hora de ir a comprar y utilizar.

¿Qué es mejor usar: un desodorante o un antitranspirante?

 

Echa un vistazo en este blog a otras curiosas infografías

 

Fuentes de la imagen e infografía: Wikimedia commonsperspirex

 

¿Cuál es el origen de los guantes quirúrgicos?

¿Cuál es el origen de los guantes quirúrgicos?En 1889, el prestigioso cirujano William Halsted se dio cuenta que su enfermera y ayudante en el quirófano, Carolina Hampton, padecía una dermatitis que le impedía utilizar el líquido antiséptico, inventado unos años antes por el cirujano británico Joseph Lawrence Lister, que se usaba para esterilizar el instrumental quirúrgico durante las intervenciones (además de ayudar a mantener los quirófanos limpios de gérmenes y bacterias), por lo que se le ocurrió la idea de diseñar para ella unos guantes como los de tela pero que fuesen de una finísima capa de goma, así no entorpecería su trabajo.

Para ello se puso en contacto con la recién creada empresa Goodyear Rubber Company y les envió un molde de las manos de la joven enfermera. Tiempo después, ésta recibió unos guantes de goma con los que pudo desempeñar con total tranquilidad su trabajo. Con el uso de los mismos se dio cuenta que su dermatitis desapareció. Esto ayudó al cirujano a pensar en la utilidad que se le podría dar a ese tipo de guantes en el mundo de la medicina y la cirugía.

Un año después, el doctor William Halsted y Carolina Hampton contrajeron matrimonio.

 

 

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Fuente de la imagen: Clarita (morguefile)

¿Por qué hay animales que no enferman por comer carroña y los humanos sí?

¿Por qué hay animales que no enferman por comer carroña y los humanos sí?A través de la página en Facebook de este blog, Almudena Blasco me pregunta sobre el porqué hay animales que comen carroña (carne en mal estado/putrefacta) y no les pasa nada y sin embargo los seres humanos enfermaríamos.

El ser humano no está dotado de un aparato digestivo preparado para ingerir alimentos que contengan cierta cantidad de bacterias y/o microorganismos patógenos (como carne en mal estado, putrefacta y diversos alimentos caducados y/o estropeados), enfermando y contrayendo diversas infecciones por salmonella, E. Coli o listeria (entre otras).

Pero sorprendentemente en el reino animal hay una serie de  ellos que sí están preparados genética y orgánicamente para alimentarse de la carroña que hay en la naturaleza sin que les ocurra absolutamente nada.

Animales como los buitres o las hienas están dotados por unos poderosísimos jugos gástricos que podríamos calificarlos como de ‘ácido puro’,  por lo que, tal y como digieren la carne putrefacta, las bacterias y virus que contiene quedan destruidos al instante.

La propia evolución ha propiciado que, por el hecho de incluir en nuestra dieta alimentos cocinados, los jugos gástricos de los humanos se hayan convertido con el paso del tiempo en mucho menos corrosivos que el de la mayoría de animales (nuestros ancestros comieron carne cruda e incluso carroña sin que nada les pasase porque, por aquel entonces, estaban preparados para ello ); pero el que sea menos corrosivo que antes no quiere decir que el ácido que contiene no sea capaz de digerir potentemente algunos elementos (entre ellos metales, vidrio o plástico, además de los propios alimentos).

 

 

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Fuente de la imagen: horrorhappyhour

Algunas curiosidades sobre el cuerpo humano que quizás no sabías

Seguro que en más de una ocasión habrás dicho eso de que conoces tu cuerpo como la palma de tu mano. Pero no siempre uno sabe todo lo que esconde su organismo. En el post de hoy os traigo algunas curiosidades sobre el cuerpo humano que quizás no sabías.

  •  La huella lingual

Si deseas ocultar tu identidad no enseñes demasiado la lengua. Del mismo modo que ocurre con las huellas digitales, cada persona tiene también una impresión (huella) única en la lengua. Algunas empresas de seguridad están trabajando en crear lectores que sean capaces de identificar cada huella lingual, tal y como pasa con las de nuestros dedos.

  • La piel que mudamos

No solo las mascotas mudan su pelo. Los seres humanos arrojamos unas 600.000 partículas de piel cada hora que pasa. Eso equivale a alrededor de unos 700 gramos al año, por lo que la persona promedio ha perdido alrededor de 49 kilos de piel al llegar a los 70 años.

  •  El cómputo total de huesos

De mayores tenemos menos huesos que cuando somos bebés. Comenzamos la vida con un total de 350 huesos, pero, a raíz que vamos creciendo, éstos se van fusionando y/o soldando entre si y acabamos con tan sólo 206 al alcanzar la edad adulta.

  •  Continuo cambio de revestimiento estomacal

Cada tres o cuatros días en nuestro estómago se forma un nuevo revestimiento. Su función es para evitar que los fuertes ácidos que hay en el interior para digerir los alimentos no digieran también las paredes de nuestro estómago.

  •  Memoria olfativa

Evidentemente, nuestra nariz no es tan sensible ni está tan desarrollada como la de un perro o la mayoría de los animales, pero puede llegar a recordar la friolera de 50.000 olores diferentes.

  •  La longitud de los intestinos

El intestino delgado es, por norma general, cuatro veces más largo que la altura de un adulto (teniendo en cuenta una altura promedia de 1,70 m). Si el intestino no estuviera doblado hacia atrás y adelante sobre sí mismo, su longitud, que alcanza en muchos casos los 7 metros de largo aproximadamente, no cabría dentro de la cavidad abdominal.

  •  Invasión de bacterias

Esto posiblemente te haga estremecer: En cada centímetro cuadrado de piel del cuerpo humano hay unos 32 millones de bacterias. Pero para tu tranquilidad has de saber que, afortunadamente, la mayoría de esas bacterias son inofensivas.

  •  La fuente del olor corporal

La fuente del mal olor de pies así como de las axilas malolientes es el sudor.  Esto es conocido por todos, pero ¿sabes cuanta cantidad de sudor pueden llegar a desprender tus pies?  Un par de pies tiene medio millón de glándulas sudoríparas, pudiendo llegar a producir más de medio litro de sudor al día. Evidentemente hay que tener en cuenta factores climatológicos en los que dependiendo de la época del año en la que nos encontremos esa cantidad variará considerablemente.

  •  El estornudo veloz

El aire de un estornudo humano puede viajar a una velocidad de 160 kilómetros por hora (e incluso más). Esta es una buena razón para cubrirse la nariz y la boca al estornudar o esquivar la cabeza, cuando oyes uno viniendo hacia ti.

  •  La distancia que recorre la sangre

La sangre tiene un largo camino por recorrer: “estirados”, de extremo a extremo, hay cerca de cien mil kilómetros de vasos sanguíneos en el cuerpo humano. El duro trabajado del corazón es bombear unos 7.500 litros de sangre a través de los vasos todos los días.

  • Salivando

A lo largo de nuestra vida, cada persona produce un promedio de entre 25.000 y 35.000  litros de saliva, la cantidad suficiente  como para llenar dos piscinas.

  •  Los decibelios de un ronquido

Para muchas personas que lo tiene que soportar cada noche, el sonido de un ronquido les puede parecer ensordecedor. El promedio de un ronquido está en 60 decibelios (los mismos que una conversación en voz alta), pero puede llegar a alcanzar los 80dB. convirtiéndose en insoportable, si tenemos en cuenta que esos son los decibelios que produce un taladro eléctrico.

  •  El color del cabello y densidad

Dependiendo el color (natural) de pelo que tengas en la cabeza tendrás una mayor o menor densidad.  La cabeza humana media tiene 100.000 folículos pilosos, cada uno de los cuales es capaz de producir 20 pelos individuales durante la vida de una persona. Las personas rubias tienen un promedio de 146.000 folículos. Las de cabello negro tienden a tener unos 110.000 folículos, mientras que aquellos con el pelo castaño están justo en el promedio con 100.000 folículos. Los pelirrojos tienen el pelo menos denso, con un promedio alrededor de 86.000 folículos.

  •  El tamaño de la cabeza

Cuando somos bebés el tamaño de nuestra cabeza supone un cuarto de la longitud total de nuestro cuerpo, motivo por el que pesa y es difícil poder mantenerla erguida. Al hacernos adultos nuestra cabeza es una octava parte de nuestra longitud.

  •  La necesidad de dormir

Nuestro organismo está preparado para estar varias semanas sin comer, pero no lo está para no dormir.   El tope de tiempo que puede estar (por promedio) una persona sin dormir es de once días. Transcurrido este tiempo difícilmente se puede sobrevivir.

 

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Fuente de consulta: howstuffworks
Fuente de la imagen: Free Stock (Flickr)

¿Por qué algunos alimentos producen flatulencia?

Existen ciertos alimentos que al comerlos nos producen flatulencias. El motivo de la aparición de esos molestos (y a menudo pestosos) gases es debido a que no son totalmente digeridos y nuestro organismo no termina de absorber la fibra, almidón o azúcares presentes en ellos. Esto provoca que las bacterias que habitan en el colon se ‘alimenten’ de ellos, dejando un residuo en forma de gas.

Este gas es el que se vuelve tan incomodo en nuestro intestino y se expulsa a través de las sonoras y/u olorosas ventosidades.

Hay que tener en cuenta que la aerofagia, proveniente de ir tragando pequeñas cantidades de aire a través de la boca (sea al respirar, beber o tragar algo) y las flatulencias, provocadas por la ingesta de según qué alimentos, son procesos totalmente diferentes.

Los alimentos que pueden provocarnos más flatulencias son aquellos que contienen grandes cantidades de: almidón (patatas, pasta, maíz…), fibra (legumbres, un gran número de frutas, cereales, verduras como la coliflor o las coles de Bruselas, el brócoli…) y aquellos con azucares como el sorbitol (en edulcorantes y alimentos dietéticos), la lactosa (en la leche), la fructosa (en la fruta y la miel y que se le añade a algunas bebidas y zumos de frutas) y la rafinosa (en las legumbres, algunos vegetales como la coliflor, los espárragos o cereales).

Evidentemente, no todos los organismos actúan igual ante  la ingesta de unos u otros alimentos, no  teniendo porqué padecer de flatulencias tras ingerirlos.

 

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