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Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban [8]

Octava entrega de la serie de post dedicados a traer al blog un buen número (de docena en docena) de cosas que quizás no sabíais cómo se llamaban en realidad o que conocías con otro nombre muy distinto.

Espero que la selección de palabras que he hecho en esta ocasión sea de vuestro agrado, al igual que ha ocurrido con las veces anteriores.

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Asueto: Jornada de fiesta que se toma una persona en sus obligaciones laborales o estudios, en un día que no es festivo, normalmente utilizado para arreglar ‘asuntos propios’ como ir al banco, hacer recados o simplemente descansar. Entre los funcionarios españoles se conoce este día también como ‘moscoso’ en referencia al exministro Javier Moscoso.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cuesco: Nombre que recibe los huesos de la fruta; como el de la ciruela, cereza, nectarina. También se llama de este modo a la ventosidad (pedo) ruidosa, debido a que esa flatulencia recuerda al sonido de uno o varios huesos caer al suelo.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Saltatriz: Término que proviene del latín y que se usaba en la Antigua Roma para referirse a la mujer que tenía como oficio saltar y bailar, con el fin de entretener al público.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Chozno: Cuando alguien nombra a un chozno se está refiriendo a un nieto en cuarta generación o, para decirlo de otro modo, es el hijo del tataranieto de una persona.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Cabrillas: Las cabrillas son aquellas manchas coloradas que aparecen en las piernas cuando se está mucho tiempo al lado del fuego de una chimenea, hoguera…

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Intonso: Se usa el término intonso para referirse a una persona inculta o que nunca ha leído. Dicho término proviene de llamar así a dos páginas de un libro que siguen unidas y cuyo pliego no ha sido cortado.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Efélide: Modo en el que también se le llama a las ‘pecas’ (manchitas que salen en la piel)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Siguemepollo: Se trata de una cinta de adorno que colgaba en la parte trasera del vestido de una mujer. Solía usarse en los vestidos elegantes usados en fiestas y actos sociales en los que siempre había algún joven muchacho (llamados antiguamente pollos) que iba detrás de alguna dama con el fin de cortejarla. Había todo un código de lenguaje no verbal en la forma de llevar dicha cinta, que indicaba las intenciones de la muchacha respecto al ‘pollo’

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Vidajenear: Fisgonear, cotillear, chafardear sobre la vida ajena de otras personas.

 

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Diastema: Se trata del espacio que queda entre dos dientes (por ejemplo entre los incisivos central superior)

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban

 

Escrúpulo: Medida de peso utilizada antiguamente por los boticarios (farmacéuticos) que correspondía al equivalente a 1,55517384 gramos. Dicha medida se calculaba mediante 24 granos de piedra debido a que el término ‘escrúpulo’ proviene del latín y quiere decir ‘piedrecilla’.

 

 - Una docena de cosas que quizás no sabías cómo se llamaban
Maridillo: Se conocía como ‘maridillo’ a un pequeño brasero que se utilizaba antiguamente y que servía para calentar los pies, muy usado por amas de casa mientras realizaban tareas sentadas. Existía el dicho (hoy en día totalmente desfasado y machista) que indicaba que estos pequeños braseros mantenían calientes los pies de la mujer durante el día al igual que lo hacía el marido en la cama durante la noche.

 

 

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El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Nuestra lengua es rica en expresiones, refranes y aforismos que tratan sobre cualquier tema y ocasión. Los tenemos dedicados a temas meteorológicos, a las diferentes estaciones del año, a los meses y los que mencionan personas, lugares y animales (por poner unos pocos ejemplos).

Entre toda la amalgama de expresiones que existen hay algunas muy concretas en las que en el enunciado se menciona a algún animal, pero que, curiosamente, poco o nada tienen que ver realmente con los animales, ya que muchas de ellas han acabado nombrándolos por la perversión del lenguaje oral que ha ido pasando de una generación a otra o simplemente porque ese vocablo ha sido creado por alguna jerga (como el de la germanía) que lo utilizaban metafóricamente para referirse a otra cosa sin que los demás se enteraran.

Montar un pollo

La forma original (y correcta) de la expresión es ‘montar un poyo’, aunque el diccionario de la RAE admite desde hace unos años que se escriba ‘montar un pollo’ a pesar de que la locución no se refiera a la cría se la gallina.

El poyo (pollo) al que hace referencia es al podio o pequeña tribuna portátil (que tenía que ser montada) sobre las que se subían oradores que llegaban a una plaza pública y desde la que hablaban a los presentes. Normalmente eran consignas políticas que atacaban a algún partido político o al gobierno, por lo que, a menudo, solía armarse algún que otro altercado entre los asistentes y el orador. Dicha tribuna portátil  era conocida popularmente como ‘poyo’, un término que proviene de la palabra en latín ‘pódium’ y cuyo significado es ‘podio’.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener la mosca detrás de la oreja

La mosca a la que se refiere la expresión (que viene a indicarnos el acto de estar alerta, atento o expectante ante una situación) no es al insecto, sino a la ‘mecha’ (también llamada llave de mecha o serpentín) con la que antiguamente se encendía el arcabuz (arma de fuego utilizada entre los siglos XV y XVII) para hacerlo disparar. El soldado portador de dicha arma, también conocido como arcabucero, se colocaba la mecha sobre la oreja (del mismo modo que algunos operarios pueden ponerse un lapicero o alguien llevar un cigarrillo) y se mantenía alerta y preparado ante un posible ataque. En caso de necesidad solo tenía que echar rápidamente mano de ella, encender el arma y disparar.

Llevarse el gato al agua

El gato de esta expresión es una forma metafórica de indicar cómo se dejaba al adversario tras un ejercicio de resistencia y fuerza (a cuatro patas, o lo que es lo mismo… a gatas) y que ya se practicaba en la Antigua Grecia.

En sus inicios, este ejercicio se realizaba en las instrucciones militares y con los años ha acabado convirtiéndose es el famoso juego llamado ‘tira y afloja’, el cual consiste en que dos grupos contrincantes tiran cada uno desde una extremidad, hasta tumbar/arrastrar unos a los otros.

En sus orígenes se realizaba teniendo un charco o rio de por medio y ganaba aquel equipo que lograba lanzar al suelo y arrastrar a sus contrincantes hacia el terreno de ellos, cruzando la línea divisoria que marcaba el agua. De ahí que quedasen a gatas.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aburrirse como una ostra

El origen de la expresión no debemos buscarlo en el comportamiento de este preciado molusco (el cual, evidentemente, no se sabe si se aburre o no) sino al apócope de la palabra ‘ostracismo’, que era el término con que era conocido el destierro que se practicaba antiguamente la Antigua Grecia y al que se sometía a aquellos individuos que eran considerados como un ‘elemento peligroso para la comunidad’, teniendo que abandonar Atenas y permanecer exiliados y alejados de cualquier contacto con otras personas durante un tiempo (semanas, meses, años…). Ese destierro obligatorio los condenaba a estar lejos de la familia y vivir en soledad, y en consecuencia al aburrimiento, lo que dio origen a la expresión ‘aburrirse como un ostracista’, que, con el tiempo acabó en el apócope de ostra.

La palabra ostracismo no proviene de ‘ostra’ sino de óstrakon que es el modo al que se le llamaba a la concha de cerámica en la que se escribía el nombre de la persona a la que se quería desterrar.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aflojar la mosca

Nuevamente nos encontramos con otra expresión que utiliza el término ‘mosca’ y que no se refiere al insecto ni a una mecha (como la de la expresión ‘Tener la mosca detrás de la oreja’), sino que este fue un vocablo inventado y utilizado entre los pícaros y ladronzuelos del conocido como ‘Siglo de Oro’ (siglos XVI y XVII) para referirse al dinero con la intención de solo entenderse entre ellos.

Al dinero lo llamaban ‘mosca’, ya que éste lo conseguían como el que atrapa una mosca al vuelo (en clara referencia al insecto), quedando esas monedas bien sujetas en el puño del ladronzuelo. A la hora de repartir el botín con sus compinches se debía aflojar la mosca (abrir el puño para que los demás cogieran su parte).

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

 

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Aquí hay gato encerrado

Sin dejar el Siglo de Oro ni a los pícaros ladrones, la expresión ‘aquí hay gato encerrado’ no hace referencia a minino alguno sino a la bolsa o talego en el que en esa época se guardaba el dinero.

Ese saquito con las monedas solía guardarse entre las ropas con el fin de no ser robado, pero la víctima que estaba en el punto de mira de los rateros era observado para ver si llevaba y dónde se lo metía, por lo que la consigna que se daban entre sí los ladrones era diciendo que había allí había ‘gato encerrado’ o, lo que es lo mismo, una bolsa escondida con dinero.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animales

Tener vista de lince

En realidad la expresión debería ser ‘tener vista de Linceo’ y en su origen hacía referencia a un personaje de la mitología griega conocido por tener una vista prodigiosa (que alcanzaba hasta lo inimaginable y que incluso podía atravesar los objetos). Linceo fue uno de los argonautas que junto a Jason fueron a la búsqueda del ‘vellocino de oro’.

Con el tiempo la expresión cambió a ‘tener vista de lince’ y muchos fueron lo que creyeron que la locución provenía del felino, debido a que este animal también se le otorgaba una prodigiosa vista (de hecho el lince se llama así por Linceo).

Sudar como un cerdo

Los cerdos no sudan (al carecer de glándulas sudoríparas) y por tanto la locución no puede referirse al animal.

El origen de algunas expresiones que nombran un animal y que nada tienen que ver con animalesEn realidad esta expresión la recibimos del inglés y es una traducción literal de su ‘Sweating Like A Pig!’ (¡sudar como un cerdo!), pero el cerdo al que se refiere la expresión anglosajona no es el animal sino el ‘pig iron’ (lo que en nuestra lengua se conoce como ‘arrabio’, que es el producto resultante de la fundición del hierro en un alto horno).

Los ingleses le dieron el nombre de ‘pig iron’ debido a que cuando el mineral era convertido en hierro líquido (fundiéndolo a temperaturas extremas) era pasado a unos moldes donde debía enfriarse sin ser movido. Ese molde recibía el nombre de ‘pigs’ debido a que recordaba por su forma  a las mamas de una cerda. Se sabía que ya estaba lo suficientemente frío para poder ser trasladado cuando se creaba una capa de rocío (sudor) sobre la placa: sweat pig (cerda sudorosa).

De ahí surgió la expresión ‘Sweating Like A Pig’ que nosotros tradujimos como ‘sudar como un cerdo’ (o una cerda) pero que nada tiene que ver con el animal o su transpiración y sí con el molde donde se deja enfriar el hierro fundido.

 

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Fuentes de las imágenes: Leonard Bentley (Fickr)ocesaronada / captura Youtube / Wikimedia commons / pixabay / Wikimedia commons / fifasoccerblog / ariescbautista

¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?

¿De dónde proviene la expresión ‘sudar como un pollo’?

A raíz de mi último post titulado ‘¿Sabías que la expresión ‘sudar como un cerdo’ no se refiere al animal?’ muchas han sido las personas que, tanto a través de los comentarios, el apartado de contacto o mis redes sociales, me han preguntado por el origen de otra expresión similar o que es como ellos la dicen: ‘sudar como un pollo’.

Se utiliza la expresión ‘sudar como un pollo’ prácticamente con la misma intención que la anterior. Para indicar que alguien está transpirando una gran cantidad de líquido (ya sea por calor o pasar una situación de apuro, aunque en este caso se usa principalmente por la primera acepción).

Al igual que los cerdos y otros muchos animales, el pollo tampoco tiene glándula sudoríparas y cuando hablamos de su sudor no es para referirnos a líquido alguno que expulsen porque tienen calor, sino que el dicho proviene del acto de asarlos (los famosos pollos asados o a l’ast que cocinan en las rosticerías o en algunos puestos ambulantes, tal y como muestra la imagen que ilustra este post) y que consiste en pincharlos en unas barras que van dando vueltas ante una brasa o llama cocinándose poco a poco.

Se le va echando aceite, limón y una mezcla de hierbas y especias (especialmente tomillo, romero y pimienta) y el pollo va desprendiendo un jugo.

Es concretamente al hecho de desprender ese jugo a lo que se le conoce como ‘sudar’ (también en otros animales cocinados).

Así que, cuando se dice que alguien está sudando como un pollo, se hace en clara referencia a la acción de sudar de los pollos que están siendo asados, de ahí que también sea común escuchar la expresión en la forma: ‘estar sudando como un pollo asado’.

Cabe destacar que, dependiendo el país, región o población, podemos encontrarnos que se aplica a la expresión un animal diferente (sudar como un caballo, sudar como un pavo, sudar como un jabalí …)

Para terminar este post, comentar que existe una receta en la cocina latinoamericana que es conocida como ‘sudado de pollo’, que consiste en cocinarlo hervido junto a varias hortalizas, pero que nada tiene que ver con la expresión ‘sudar como un pollo’.

 

 

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Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿De dónde surge la expresión ‘Pollas en vinagre’?

¿De dónde surge la expresión ‘Pollas en vinagre’?

Contundente, soez y malsonante es contestar a alguien con la expresión ‘¡Y una polla en vinagre!’ cuando se quiere enfatizar en el desacuerdo que se tiene sobre algún asunto.

E igual de complicado y enmarañado es poder encontrar el origen etimológico de la expresión, debido a la gran cantidad de ‘desinformación’ que corre por la red, siendo la mayoría de ellas simples invenciones (algo similar a lo que ocurrió con el post ‘¿De dónde surge la famosa expresión de ‘El coño de la Bernarda’?’).

Ante el batiburrillo de informaciones voy a tratar de exponeros las diferentes hipótesis que hay, a ver cuál de todas os parece más convincente.

Por un lado nos encontramos con algunas fuentes que apuntan a que las ‘pollas en vinagre’ es el nombre con el que se conoce en la población de Yecla (Murcia) a un plato de ‘sardinas con guindillas’.

Sin dejar de lado las recetas culinarias, hay quien señala que en algunos lugares de Castilla (las fuentes no especifican cuál de las dos Castillas se trata) se sirve un plato de ‘gallineta o gallinula en escabeche’. La gallineta es una ave acuática también conocida con el nombre de ‘polla de agua’, de ahí que, posiblemente, pueda ser conocida esa receta como ‘polla en vinagre’ (en mi búsqueda no he encontrado enlaces fiables que puedan demostrar que así es).

En un buen número de páginas aparece un origen que se remonta hasta tiempos de la Antigua Roma y que señalan que en aquella época era habitual conservar ciertos alimentos en vinagre, siendo uno de estos las ‘pullas’ y se refieren a estas como brotes verdes de vegetales, entre ellos las cabezas de los espárragos. Todas esas páginas señalan como fuente de dicha información a la web elpelao.com. Este sitio web albergaba la página personal del poeta y escritor Carlos Rivera y tuvo muchísima fama hace unos años. Allí solía publicar, entre otras cosas, algunas curiosidades y etimologías de frases famosas (concretamente el de las pollas en vinagre era aproximadamente de 2007), pero lamentablemente Rivera falleció en 2014 y desde entonces esa dirección web alberga un contenido totalmente diferente, no quedando rastro alguno del contenido anteriormente publicado. Sí que he podido acceder a esa etimología a través de web.archive.org, pero la única fuente de referencia que da es la de un tal ‘Félix Gómez Galán’, lector de su blog que le había hecho llegar la siguiente explicación:

En la Roma Clásica, era frecuente conservar en vinagre los brotes frescos de espárragos y demás vegetales, considerándose bocado exquisito. Polla, del latín “pullas”: significaba pues, brotes verdes, cría (de ahí pimpollo, pollo pera, pollito…etc). La expresión ‘pollas en vinagre’ se usa pues como expresión irónica y dubitativa. 

Pero estas no son las únicas explicaciones que hay en la red sobre el posible origen de las ‘pollas en vinagre’. Hay quien lo sitúa en los bajos fondos de algunas ciudades, entre ellos el ‘Barrio chino’ de Barcelona, y explica que tiempo atrás, debido a un brote de contagios de enfermedades venéreas (sobre todo infecciones por hongos), muchas eran las prostitutas callejeras que llevaban una botella de vinagre encima y con ella lavaban los miembros (pollas) de sus clientes antes de mantener relaciones sexuales (sabido es que el vinagre de manzana se ha utilizado desde hace muchísimos años como desinfectante y para realizar los llamados baños de asiento).

Y ya para terminar quiero hacerlo con la que a mi parecer está más cerca de ser el origen correcto o al menos es la explicación que encuentro más acertada. Para ello debemos recuperar el término ‘pulla’, pero no en el sentido mencionado anteriormente de lo brotes verdes en la Roma Clásica sino en la acepción que le da el diccionario de la RAE al vocablo en castellano y en la que señala que se trata del dicho con el que indirectamente se humilla a alguien. Muchos son los expertos que sostienen que, a esa frase o palabra que se dice para herir a alguien verbalmente (pulla, pullita) si se le añade vinagre (o sea, sarcasmo o ironía mordaz) escuece/duele todavía aún más, de ahí que posiblemente esa ‘pulla con vinagre’ terminase convirtiéndose en la conocida expresión ‘pollas en vinagre’ que se usa para responder descortésmente.

Señalar que en inglés existe el término ‘pickled dicks’ que viene a traducirse como ‘pollas en vinagre / en conserva’  y la mayoría de fuentes señalan que dicha expresión está tomada y traducida desde el español.

Por cierto, cabe destacar que hace aproximadamente una década el artista Miguel Ezpania diseñó y elaboró unos penes (creo que son de yeso) y que pintó convenientemente de color carne y van introducidos en unos frascos de conserva etiquetados con el nombre de ‘Pollas en vinagre’ y que desde entonces se vende (entre otros sitios) a través de su web al precio de 60 euros el tarro: http://www.ezpania.com/pollas.htm

 

 

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Post realizado a raíz de la consulta realizada por Guillermo Peris (@waltzing_piglet) a través de twitter y Alicia Alarcón y Santi Macias mediante el apartado de contacto de este blog
Fuentes de consulta: Insólita Murcia de Ismael Galiana / avescesar.blogspot.com / jimmy-estoespaverlo / Carlos Rivera (elpelao.com) / cordobapedia / ‘Con dos huevos’ de David Sánchez y Héloïse Guerrier / Taringa / Strambotic / rae (1) / etimologias.dechile / cvc.cervantes.es / ezpania
Fuente de la imagen: David Sánchez @amorlangosta  (con expresa autorización del autor para la utilización en este post)