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Aborrecer, aburrir y horripilante, tres palabras con un mismo origen etimológico: ‘los pelos de punta’

Aborrecer, aburrir y horripilante, tres palabras con un mismo origen etimológico: ‘los pelos de punta’

Nuestro cuerpo es una máquina, casi, perfecta el cual crea una serie de reacciones dependiendo del momento específico que estamos viviendo/experimentando: nos enamoramos y sentimos mariposas en el estómago, tenemos frío y tiritamos para mantener calientes nuestros órganos internos, sentimos calor y sudamos para refrescarnos…

Entre las muchísimas reacciones está la de erizarse el vello (ponerse los pelos de punta) cuando tenemos miedo o estamos pasando por un momento angustioso. Los responsables de esta ‘pilo erección’ son unas fibras musculares que tenemos en la base de cada capilar y que son conocidas como ‘horripiladores’ o ‘arrectores’ (músculos erectores), las cuales se contraen provocando que éstos se contraigan y levanten cada uno de los pelos (esto no solo ocurre con los momentos de miedo, también se produce la pilo erección con el frío, levantando los poros y causando el conocido efecto de la ‘piel de gallina’).

Pues bien, dejando de lado todo este proceso científico de nuestro organismo, ahora voy a centrarme en unos cuantos términos que utilizamos de forma habitual y que tienen el mismo origen etimológico que el vocablo ‘horripiladores’ el cual proviene de la unión de los términos latinos ‘horrēre’ (ponerse erecto / rígido) y ‘pilus’ (pelo) siendo su significado literal: ponerse el pelo de punta y que ha dado lugar a vocablos como ‘horripilante’, ‘horrible’ , ‘horror’, ‘horroroso’, ‘horrendo’ y ‘horrísono’; todos ellos con una relación directa con aquello que causa angustia o un miedo intenso.

Pero el término ‘horrēre’ también ha servido para dar origen a otras palabras que aparentemente no tienen nada que ver pero que en realidad provienen etimológicamente de este vocablo latino: ‘aburrir’ y ‘aborrecer’.

Aburrir/aburrirse/aburrido (términos con el que conocemos aquel estado de apatía, en el que nada satisface o entretiene y que puede llegar a cansar o hastiar) proviene del vocablo latín ‘abhorrēre’ compuesto por el prefijo ‘ab’ (sin) y el mencionado ‘horrēre’ y cuyo significado original era: ‘sin erizar el pelo / lo que no pone el pelo de punta’ por lo que aquello que no producía la sensación de erizarse el vello (sentir miedo) era ‘aburrido’.

Por su parte, aborrecer (tener aversión a alguien o algo) proviene de ‘abhorrescĕre’ y se le dio la acepción de ‘apartarse de algo con horror’, ya que el prefijo ‘ab’ no solo se utilizaba como ‘sin’ sino también se usaba para señalar a algo que se encontraba apartado o se alejaba.

 

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Fuente de la imagen: pixabay

¿De dónde proviene la expresión ‘Joder la marrana’?

¿De dónde proviene la expresión ‘Joder la marrana’?

Es común decir la expresión ‘joder la marrana’ o alguna de sus variantes (como ‘se jodió la marrana’, ‘joderse la marrana’…) para hacer referencia a algo que se fastidia/estropea. Por poner un ejemplo, estar en un lugar tranquila y plácidamente y de repente llegar alguien de forma escandalosa y molestando: ‘Con lo tranquilos que estábamos y llega este a jodernos la marrana’.

Pero antes de explicar el origen de la expresión es conveniente conocer el significado de los dos términos que la componen. Por una parte el vocablo ‘joder’, palabra ampliamente conocida que además de ser un vulgarismo para referirse al acto sexual también se utiliza como sinónimo de jorobar, dañar, fastidiar, estropear, descomponer, deshacer o vulnerar.

Por otra parte, la ‘marrana’ a la que alude la expresión, al contrario de lo que algunas personas puedan pensar, no se refiere a la hembra del marrano (cerdo) sino al eje de la rueda de la noria (teniendo en cuenta que esa noria no es la que nos encontramos en una feria o parque de atracciones, sino el artilugio compuesto de dos ruedas engranadas con la que, mediante recipientes, se subía el agua de los pozos).

El chirriar de ese engranaje al girar recordaba en cierta manera al gruñido del animal, de ahí que se utilizase ese término, debido a que antiguamente era muy común asignar a algo el nombre cuya onomatopeya evocaba alguna cosa (por ejemplo ‘follar’ proviene de ‘fuelle’ debido a que el jadeo del acto sexual recordaba al resoplar de un fuelle utilizado para avivar el fuego).

Por tanto, el origen de ‘joder la marrana’ proviene de la acción de sabotear la noria a través de atrancarla con algún palo o barra de hierro e incluso echando arena. De ese modo se impedía el giro de la misma siendo un perjuicio para el propietario del pozo. Cabe destacar que algunas fuentes también apuntan a la noria de los molinos y a la disputa que había entre los campesinos que iban a moler el trigo por el turno en que les tocaba: el que primero molía antes tenía su harina y podía venderla, así que, en algunas ocasiones, los otros agricultores trataban de sabotearlo jodiendo/estropeando la marrana.

 

Te puede interesar leer: ¿Cuál es el origen del término ‘marrano’?

 

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Fuentes de consulta: Alberto Araque / 1de3 / libertaddigital / Pancracio Celdrán / RAE (1) / RAE (2) / etimologias.dechile / almupetty9
Fuente de la imagen: Wikimedia commons

¿Cuál es el origen de la expresión ‘Echarle a uno los perros’?

¿Cuál es el origen de la expresión ‘Echarle a uno los perros’?A través del apartado de contacto, Luis Carmona me pregunta sobre el origen de la expresión ‘Echarle a uno los perros’ cuando queremos referirnos al hecho de hostigar e increpar a alguien.

‘Echarle a uno los perros’ es otra más de las muchas expresiones que tienen su origen en el mundo de la tauromaquia y procede de un momento de la corrida en el que en algunas ocasiones el toro de lidia hacía caso omiso a las indicaciones del torero, no entrando al trapo (embestir el capote) o que en el transcurso de la faena se dirigía hacia otro punto del coso taurino diferente al que el matador deseaba. Esa indisciplina del animal era castigada sacando una jauría de perros adiestrados, los cuales acosaban, ladraban y mordían a la res.

Con ello se pretendía que el toro quedase distraído y situado en un lugar al que el torero (o alguno de sus auxiliares) se acercaba y le daba muerte a través de una estocada o apuntillándolo entre las cervicales.

Este lance no se efectuaba siempre, dejándolo en manos del público presente que era quien solicitaba al presidente de la corrida (a grito de ¡perros, perros, perros!) la presencia de los canes.

A partir de este acto de echar los perros al toro nació la expresión con la que indicamos que a alguien se le acosa o reprende.

 

Fuente de la imagen: corsner vía photopin cc

 

Nota importante:
Tanto este blog,  su autor, como la web en la que se encuentra alojado (20minutos.es) mantienen por convicción propia y como línea editorial el no fomentar ni apoyar la tauromaquia. Ello no exime, al mal llamado ‘arte’, de haber proporcionado un sinfín de interesantes anécdotas y/o curiosidades a lo largo de la historia siendo dignas de su publicación en esta página, sin que esto pueda representar un cambio de actitud hacia la misma.