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Madre Reciente Madre Reciente

La maternidad es tan cambiante
que siempre eres una recién llegada a ella

Archivo de mayo, 2018

Orgullosos de ser padres frikis

Mi hija tiene ocho años. Sabe de sobra lo que es Star Wars, ya hemos visto muchas de las películas ambientadas en el universo de la Fuerza con ella.

A Terry Pratchett aún no lo ha leído, pero lo conoce de sobra porque me encanta, tengo todos sus libros y hemos jugado con ella una partida al juego de mesa de MundoDisco. En breve la invitaré a leer sus gnomos camioneros, que es infantil y divertidísimo, y no tardaré en presentarle a Tiffany Dolorido, una niña bruja lista y dura como la caliza, la mejor.

De la Guía del autoestopista galáctico aún no sabe nada, pero anda también por casa y no sé si llegará a leerlo. Ojalá, pero el verbo leer no admite imperativos. Desde luego llegará a saber lo que es y de qué va, eso estoy segura.

El día del estreno de Star Wars, el Día de la toalla y el Magnífico 25 de mayo ‘pratchiano’ se celebran todos juntos este viernes para dar lugar al Día del orgullo friki, o geek como más os guste aunque no sea exactamente lo mismo.

Lo de ser friki cada vez es más mainstream, ya no es como cuando yo era niña, que éramos pocos y muchos metidos en armarios. Y lo de encontrar padres frikis también es ya muy común. Los niños frikis que nacimos en los setenta y los ochenta nos hemos hecho mayores y hemos tenido nuestros propios hijos sin quitarnos la camiseta de Boba Fett o el colgante con el árbol blanco de Minas Tirith.

Yo soy una madre friki, queda claro. Defiendo los videojuegos, puedo recitar un número considerable de nombres de pokemons y (aun a día de hoy) recorro con mi hija el mundo cazándolos con Pokemon Go, veo, he leído y sigo leyendo mucha ciencia ficción y fantasía épica, incluso la escribo, leo cómics, últimamente mucho manga, veo animación japonesa, soy tecnófila, pinto figuritas, sé que Batman y Supermán son DC y no Marvel, si escucho Data pienso en un androide verde, acudo a eventos como la Japan Weekend, el Festival de Fantasía de Fuenlabrada o el Héroes ComicCon, recuerdo de memoria fragmentos poéticos de Tolkien (incluso me sé alguna palabrita en élfico), juego al rol y a juegos de mesa

Soy madre friki, pero pero para mí ser friki va más allá de todo eso que os he contado en el párrafo previo. Lo que creo que significa ser friki es tener una mente inquieta, curiosa ante cualquier nuevo tipo de manifestación cultural o de entretenimiento, una actitud sin prejuicios para tantear si nos gusta y ningún inconveniente en hacer gala de nuestras aficiones. Es la capacidad de seguir apasionándonos como cuando éramos niños.

Ser padre friki es conservar ese genuino interés por aprender y disfrutar con lo que nos emociona tan propio de la infancia y compartirlo con nuestros hijos.

Implica también estar predispuesto a compartir con ellos aquello que veamos que les entusiasme, ya sea el pop coreano o jugar al quidditch; o como mínimo a cotillearlas con interés y no menospreciarlas de entrada.

Y sí, es motivo de orgullo.

Feliz día del orgullo friki.

Insultar a gritos a un niño, a tu propio hijo, es asunto mío

Caminaba con mi hija por el supermercado, tranquilamente, añadiendo queso azul al carro, cuando comenzaron los gritos. Insultos terribles de una madre hacia su hijo, algo más pequeño que la mía, tal vez unos siete años. Un niño que apenas susurró algo mirando al suelo como respuesta, no fui capaz de oírle, provocando que los gritos arreciaran.

(GTRES)

No voy a reproducirlos. Fue un ataque verbal iracundo, desproporcionado. En el niño no había rabieta, sino algo parecido a la tristeza y la resignación. La madre irradiaba violencia, no una pérdida de control puntual.

Mi hija, que había estado revoloteando feliz a mi alrededor, se arrimó a mí dándome la mano, buscando seguridad. Pude ver a una mujer dedicando una mirada que aunaba descrédito y censura a la que gritaba. Las otras dos personas que andaban cerca callaron y se alejaron, igual que nosotras.

El espectáculo fue tal que el guardia de seguridad se acercó por ahí, para nada.

No estoy nada orgullosa de mi reacción. Me alejaba por el pasillo de los lácteos pensando que tendría que haber intervenido, que tendría que haber respirado hondo invocando toda la calma del mundo para decir a aquella mujer que ningún niño se merece esos insultos; que nuestros hijos no son de nuestra propiedad para hacer con ellos lo que queramos; que no les podemos faltar al respeto; que igual que a ella no le gustaría que la gritasen así, a su hijo tampoco.

Pero mi instinto me condujo a alejar a mi hija, cuya manita seguía dentro de la mía, de todo aquello.

Fui una cobarde.

No soy una ingenua, lo más probable es que solo hubiera logrado más gritos, esta vez dirigidos a mí. Pero si ese niño estaba ahí de pie, aguantando los “hijo de puta” y “mecagoendios”, bien podía yo, que soy una adulta, haberme arriesgado a ello. Simplemente la posibilidad de que ese niño se sintiera un poco defendido, tal vez mínimamente apoyado, ya habría merecido la pena.

Puede que me digáis que no era asunto mío, que a saber qué habría hecho el niño, que son cosas privadas de cada familia.

Recuerdo una de las últimas charlas que tuve con mi abuela materna, una señora extremeña con el pelo muy blanco, los ojos muy negros y las uñas muy rojas, antes de que se la llevase el alzéimer. Yo tenía menos de treinta años y ya empezaban a protagonizar con fuerza la agenda política y mediática las mujeres maltratadas por sus parejas y exparejas. Le pregunté si en su pueblo las había, si era algo que se sabía y que se hacía. “Claro que sí”, me dijo sin dudar, y empezó a hablarme de distintas mujeres que dieron con malos hombres y aguantaban como podían. Todo el pueblo lo sabía, pero nadie podía hacer nada. Era asunto de otros, eran cosas de dentro de la familia, cualquiera que hubiera intervenido se hubiera buscado un problema, así que todo el pueblo callaba.

Yo dudo que vuelva a hacerlo.

La conciliación cuando tienes un hijo con discapacidad

Estoy harta de verlo, en la sala de espera de atención temprana, en distintos foros que reúnen a padres de niños con autismo, en las puertas de los colegios especiales y en las distintas terapias y actividades a las que llevamos a nuestros hijos con discapacidad. Llega un niño a la familia que resulta tener autismo u otro trastorno o enfermedad crónica que requiere una mayor atención que el niño estándar, y uno de los dos progenitores deja de trabajar. No queda más remedio, hay que atenderle, será así tal vez toda la vida de ese hijo, se echan cuentas y uno de los padres se centra en su cuidado. Normalmente la madre.

(GTRES)

Según el INE, el número de personas que han pasado a estar inactivas por cuidar a adultos enfermas y/o familiares con discapacidad se han incrementado un 44% en los últimos 5 años.

Rara vez es una elección libre, no es un camino que esa persona hubiera decidido transitar si no lo hubiera impulsado la necesidad. Y no sale gratis en muchos sentidos. Supone reducir los ingresos familiares con todo lo que ello implica, supone que esa persona deja de cotizar. Se traduce en tener menos capacidad para acceder a distintas terapias, que no son baratas precisamente, o a menos opciones de ocio y respiro familiar, que tampoco lo son. Un ejemplo, ayer mismo me llegaron de Plena Inclusión la ofertas de distintas asociaciones para que un niño con autismo fuera una semana en julio de colonias, con pernoctación, para que padres y hermanos puedan tener unos días de vacaciones en algún lugar en el que ese hijo no podría ir o no lo pasaría bien. Pues bien, cuestan cerca de unos 1.400 euros.

Y no solo tiene repercusiones económicas. Trabajar no es imprescindible, que uno de los padres decida no trabajar es totalmente respetable y puede ser enriquecedor para la persona que ha hecho esa libre elección a conciencia, pero dejar tu profesión para centrarte en el cuidado de tu hijo también puede suponer que tu mundo se haga más pequeño, que no puedas hablar con otros adultos de otros temas, que no consigas el descanso y estímulo mental que te da salir de casa a trabajar y a relacionarte con otros, que renuncies a tu independencia económica con la marejada de fondo que apareja.

También conozco bastantes casos de madres que dejaron de trabajar cuando su hijo recibió el diagnóstico y luego procuraron reincorporarse de nuevo al mercado laboral ocho, doce años después… tanto por incrementar los ingresos familiares como por esa necesidad de no estar dedicadas por completo a los cuidados. Sobra decir que no es fácil.

GTRES

Pero para los que siguen trabajando tampoco es con frecuencia un camino de rosas. Empeñarse en mantener el empleo implica también distintos caminos que no son deseables: renunciar a la conciliación familiar por no apearse de la carrera laboral por un lado o decir que no a promociones, detener o ralentizar la progresión profesional, negociar horarios, tener reducciones de jornada con reducciones de sueldo…

Hace pocos días tuvimos más datos al respecto de todo lo que os cuento. La Fundación Adecco, con la colaboración de Previsora Bilbaína, publicó por sexto año su informe Discapacidad y Familia, un análisis realizado a partir de 600 familias con miembros con discapacidad que participan en su programa Plan Familia sazonado con entrevistas a 55 consultores especializados en familias con discapacidad.

Aquí lo que se ha ofrecido laboralmente para facilitar la conciliación a los trabajadores:

Os dejo algunos de sus datos y conclusiones:

  • En la actualidad se contabilizan 107.100 profesionales que dejan de trabajar para cuidar a sus familiares dependientes y/o con discapacidad frente a los 74.300 de 2012.
  • El perfil es el de una mujer (86,3%) mayor de 45 años (88%).
  • “En nuestra sociedad sigue muy arraigado el rol femenino como cuidadora de la familia y del hogar y, además, las mujeres mayores de 45 años son las que más dificultades encuentran en el mercado laboral y, por tanto, las primeras que deciden retirarse cuando la situación familiar lo requiere”.
  • No pueden costear los servicios adecuados para el cuidado de familiares enfermos o con discapacidad y esa es la razón por la que se retiraron de su puesto de trabajo o dejaron de buscar empleo.
  • Según la presente encuesta, un 55% de los trabajadores que tiene familiares con discapacidad ha tenido que rechazar empleos (35%) o promociones (20%) porque no eran compatibles con el cuidado de su familiar.
  • Un 80% de los que tienen empleo encontraría en el teletrabajo la solución para atender a sus familiares con discapacidad, pero sólo un 12% cuenta con la posibilidad de desempeñar sus funciones de forma telemática.
  • Un 74% de los encuestados, padres de hijos con discapacidad, cree que éstos no podrán trabajar nunca en la empresa ordinaria. Sin embargo, 7 de cada 10 ve en el teletrabajo la mejor fórmula para que esto sea posible.

Aquí se puede descargar el informe entero, en el que se pone mucho el foco en la necesidad de impulsar el teletrabajo como respuesta a estas familias. Que no seré yo la que diga que no vendría muy bien, pero echo en falta más posibles soluciones. El teletrabajo no es posible en muchas ocupaciones.

Previsora Bilbaína y Fundación Adecco apuestan por “un necesario cambio de mentalidad empresarial que posibilite mayores cotas de conciliación laboral en las familias que cuentan con personas con discapacidad”.

Cierto. Pero también es preciso una mejor estructura o soporte institucional que dé respuesta a estas situaciones.

Para terminar, nada mejor varios comentarios que me han llegado por redes sociales.

@avecesmeindigno. Cuando el diagnóstico llegó a casa, compaginar trabajo, terapias y citas médicas fue imposible. Soy afortunada y pude acogerme a medidas de conciliación y optar por una excedencia.

@desafiodepablo Esta es mi historia, nuestra historia. Yo dejé mi trabajo el día después del diagnóstico porque era imposible conciliar todo y vivir lejos de toda la familia y amigos no ayudó nada. Me encantaría volver pero la única opción que veo #emprender, pero es difícil y da miedo.

@lubouzastouri. Yo combino trabajar por unas horas en invierno y más en verano con apoyo de mis padres y mi suegro, un trabajo de 8 horas imposible.solo los meses de verano 5 y porque me ayudan.

@spiramos. Yo soy padre y me ha tocado reducir jornada…no sé que me deparará el futuro en este mundo laboral que no ve con buenos ojos algo así y menos si eres hombre….pero no me arrepiento por nada del mundo.

Cristina. Rocamora Yo sigo trabajando, como tú has dicho las terapias no son baratas y además hay que seguir pagandolo todo. Me he reducido las horas y aún así siento que debería dejar de trabajar y dedicarme a el 100%, pero no se puede. Por suerte la familia está muy implicada y así saldremos bien adelante. Que vida esta… gracias por el artículo

@joseleferre. Me parece hasta poco ese porcentaje, supongo que variará en función de la patología y del grado de disfuncionalidad.

Ana Belén. Hay una prestación que se llama por Enfermedad grave en hijo menor o con cancer. Hay un listado que la seguridad social tiene y donde vienen el listado de enfermedades graves que hay. Si está dentro puedes solicitar la prestación con una reducción de jornada hasta el 99% y te pagan también.

@IreneLupion. A mí me despidieron cuando nació mi dragón, cuando llegó el diagnóstico deje de buscar y me dedico a él, nuestra economía no es la mejor, pero sobrevivimos y el enano es feliz.

María. En mi caso tengo 2 hijos con discapacidad y conciliar trabajo y atención es difícil,menos mal que los abuelos nos ayudan. Las terapias son caras y por encima solo saben pedir papeles para poder solicitar las ayudas, además de esperar 1 año entre que te reconocen la minusvalía y las ayudas otro año.
Nadie te informa en mi caso yo hecho en falta la falta de información

@andersmum. Nosotros por el contrario hemos tenido que hacer horas extras(en horarios impensables)para poder pagar todas las terapias!yo trabajo de madrugada y mañana y mi marido de tarde y noche!sin vernos entre semana y casi sin dormir…y aquí seguiremos, hasta que el cuerpo aguante 😔

Noemi. A mi me pasó eso… Estuve una temporada fuera del mercado laboral para atender a mi niño. Ahora trabajamos los dos, mi marido de mañanas y yo de tardes. Sigue siendo muy difícil conciliar y con un niño con discapacidad, que requiere más atención, sino fuera por la ayuda de familiares, sería un sin vivir. Gracias por darle visibilidad

@pavefra Yo no solo me quedé sin trabajo si no que por cada parto de los 3 me mandaron al paro hasta que una becaria q hacía el doble de horas por menos sueldo ocupó mi puesto, no encuentro un trabajo que se adapte, tampoco me quieren con mi perfil, trabajar por mi cuenta no pierdo la fe

Bea. Deje de trabajar al poco de recibir el diagnóstico de mi hijo cuando tenía 2 años. Llevaba 11 en la misma empresa y un trabajo estable.
Estuve 4 años y medio dedicada a sus cuidados (lo que duro la prestación por desempleo, la ayuda familiar y el prepara), luego tuve que reincorporarme al mercado laboral (y tuve suerte que encontré trabajo) porque sin ese extra que cobraba no salían las cuentas. Ahora tengo que pagar a alguien para que se haga cargo del peque hasta que yo salgo del trabajo, y se me va más de medio sueldo en ello, pero estoy cotizando, y además trabajar me viene bien a nivel de salud mental (puedes dejar de ser “la mama de…” por unas horas). Tengo suerte porque trabajo de auxiliar de transporte escolar y tengo las mismas vacaciones y puentes que ellos, porque si tuviera que pagar entonces porque me los cuidarán en esos periodos, sería imposible.

@emraboso Yo me quedé sin trabajo en el 2011 y no pude buscar para atender las necesidades de nuestro hijo.

Lorena. ¡Cuanta razón! Yo trabajo normalmente d lunes a viernes por las mañanas pero las tardes son un no parar, lunes a dos sitios, martes a uno … es agotador pero todo sea por el bien d mi hijo. Si dejase d trabajar, ¿cómo pago sus terapias?

¿Cuáles son las mejores series de Netflix para ver en familia?

Ver la televisión en familia un ratito está bien, es agradable. Y no me refiero a todos juntos pero cada uno con su lado, uno en la tele, otro en la tablet y otro en el portátil, sino todos compartiendo sofá y lo mismo también pizza o palomitas. Yo ya os he contado que es algo que nos gusta, ver media horita, tal vez una hora algunos días, de algo que nos guste a todos. También os comenté que no era fácil de encontrar, que me da la impresión de que cada vez hay menos series familiares.

Ya, ya sé que hace bien poco, por el Día de la Familia, os contaba que dos personas ya son familia. Pero en este contexto uso el término para lo que convencionalmente se clasifica como productos televisivos para adultos+niños, no como eminentemente infantiles (aunque bien sé que a los adultos nos puede gustar mucho algo infantil, anda que no disfruté yo con Los hermanos Kratts).

Por concretar más, hablo de series para ver con niños que no son ya adolescentes de dieciséis años con los que es posible ver ya cualquier cosa. Es decir, Por trece razones o Atípico puede ser genial para ver con nuestros hijos adolescentes, pero no con niños de seis o doce años.

Como en casa ya hemos sufrido varios brotes de eso que llamamos ‘Efecto Netflix’, que es dedicar tiempo a buscar y no encontrar o encontrar demasiado y no saber qué poner para acabar, media hora más tarde, cansados y abrumados de tanta oferta audiovisual marchándonos a leer o directamente a dormir, decidí preguntar desde mis redes sociales a la gente cuales eran sus series favoritas para ver en familia.

Ha habido muchas respuestas, aunque han abundado las recomendaciones a Trollhunters, la serie de animación que lleva el sello de Guillermo del Toro, a Madres forzosas, Una serie de catastróficas desdichas, Clone Wars y Perdidos en el espacio. Yo confieso que siempre recomiendo Haikyuu, como en casa somos muy ecuestres también hemos visto A rienda suelta, que es otra de los que algunos también me habéis hablado.

Se admiten todo tipo de sugerencias para ampliar la lista, en la que podéis votar por vuestras favoritas. Lo mismo os da alguna pista para no sucumbir a ese temido ‘Efecto Netflix’, que tiene sus similitudes con lo que sería soltar a un niño acostumbrado a las carencias de la posguerra en un Carrefour con las manos llenas de billetes.

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Tres blogs relacionados con la maternidad y uno con la educación entre los ganadores de los #Premios20blogs

Ayer fue la XII edición de los Premios20blogs, que reconocen el mérito que supone compartir conocimientos, reflexiones e ingenio desde los blogs y las redes sociales.

Creo que a estas alturas ya sabemos todos que las redes sociales no han enterrados a los blogs como medio de expresión. A algunos blogs sí, puede que a muchos, pero la blogosfera en su conjunto sigue contando con una salud envidiable y lo que han resultado ser es distintas herramientas complementarias.

Ayer fueron los premios y 20minutos está lleno de información al respecto, de textos, fotos y vídeos para que veáis cómo fue la noche y podáis fichar entre los finalistas y ganadores a aquellos sitios que os interesa seguir.

O recomiendo revisar ese listado, encontraréis muchos contenido interesante de todo tipo de temática: videojuegos, deportes, actualidad, ciencia, viajes, medio ambiente, etc.

Pero yo os quiero destacar cuatro blogs que, si estáis interesados en la temática de este blog, os pueden gustar. Tres relacionados con la maternidad y uno, el gran ganador de la noche por llevarse el premio a su categoría y el de mejor del año, vinculado a la educación.

Pablo recogiendo su premio a mejor blog solidario junto a su madre (JORGE PARÍS)

Uno es Una madre en el dentista, ganador en la categoría de salud su autora nos ayuda a afrontar el mundo dentista con los niños, algo que siempre va a ser necesario por mucho que extrememos su higiene dental, algo que también se recoge en el blog junto con respuestas a preguntas clásicas: ¿cuándo salen los primeros dientes? ¿Que pasa si se retrasa la caída de los dientes de leche?

Como blog ganador de la categoría más heterogénea, la inclasificable, la de Blogosfera, triunfó Diario de una mamífera. Un relato semanal de la maternidad con humor y mucho sentido común. Y una ganadora acompañada de su bebé, otro de los protagonistas de la noche.

En la categoría que premia al mejor blog solidario ganó El desafío de Pablo, que tiene síndrome de Duchenne y una madre “que ni es súper ni nada” pero que ya os digo yo que un poco sí, por compartir tan bien su cotidianidad para que conozcamos lo que es este síndrome y la necesidad de investigarlo.

Y el ganador en la categoría dedicada a la educación, nueva este año, y también el ganador entre ganadores que puede presumir ser el mejor blog del año, es Yo soy tu profe. Su autor es un joven ingeniero formándose para ser profesor que, con la ayuda de dos colaboradores, ayuda a la enseñanza de la ciencia y especialmente de las matemáticas.

Todos los colegios e institutos deberían tener aparcamientos para bicis (y los padres deberíamos fomentar su uso)

Yo fui una niña a una bicicleta pegada. Mi orbea amarilla y azul, con gruesas ruedas de tacos, fue mi fiel compañera muchos años. Recuerdo que cuando era más pequeña imaginaba que era un caballo o el coche fantástico, siempre fue mi manera de acercar distancias entre mi casa y las de mis amigos. Nunca me fallaba, los pinchazos los arreglaba eficazmente mi abuelo y los trastazos contra las zarzas los sufrimos juntas. Fui una niña ágil, sana y resistente, y estoy convencida de que en parte fue por mi vieja orbea.

La usé hasta bien usada la adolescencia, no quise heredar la vespino de una prima mayor, preferí seguir dando pedales. Y ojalá pudiera volver a encontrarme con ella, porque pocos objetos me provocarían tanta dulce morriña. Iría a parar a algún primo pequeño u otro niño, que tampoco es mal destino para una bici. Espero que quién fuera la disfrutase tanto como yo.

Pero todo eso pasó en mis veranos asturianos. Tres meses ciclistas de una aldea en la que todas las casas estaban desperdigadas, con cuestas arriba en las que sufrir y cuestas abajo en las que sentir que volabas.

Pese a lo que me gustaba mi bici, jamás nos planteamos usarla durante el curso escolar en la ciudad madrileña en la que vivía el resto del año.

Ahora la pienso y no tiene mucho sentido. Una ciudad llana, con amplias aceras e incluso parte del trayecto peatonal, un colegio que estaba a quince o veinte minutos andando. La bicicleta hubiera sido un medio de transporte ideal, para llegar en cinco minutos habiendo hecho ejercicio.

Jamás se nos pasó por la cabeza. Y eso que en la tele no dejábamos de ver películas y series en las que los niños se movían en bici, desde Los goonies a E.T. Parece que en aquella España urbana de los ochenta solo nos cabía en la cabeza lo de Verano Azul, esa mentira de que las bicicletas son para el verano.

Nadie en mi colegio iba en bicicleta al colegio. No había, por supuesto, aparcamiento de bicis para fomentar ese tipo de desplazamiento. Que fuera un colegio de niñas en el que había que llevar uniforme con falda hasta los dieciséis años imagino que tampoco ayudaba. Pero enfrente teníamos un colegio de chicos en el que no llevaban uniforme y tampoco se veían alumnos acudiendo en bici. Un colegio grande, con cuatro líneas de cuarenta en clase y buenas instalaciones deportivas en el que tampoco había aparcamiento de bicis, al que nadie iba dando pedales.

Viniendo de aquellos lodos, es lógico pisar aún fango.

Ayer pregunté en Twitter cómo está el tema de los aparcamientos de bicicletas dentro de los recintos escolares. Sin esa facilidad es complicado animar a los chicos a ir en bici. contestaron 54 personas, en menos de la mitad de los centros escolares había un aparcamiento de bicis.

En el colegio de mi hija sí que lo hay. Este último curso, ya con ocho, ha estado acudiendo muchos días en bicicleta. Aún acompañada, pero me encantaría que cuando llegue el momento de ir sola, pueda hacerlo en bici, haciendo ejercicio, moviendo el corazón.

No hay muchas bicicletas en el parking. Es pequeño, el que veis en la imagen, y suele haber dos o tres bicis, como mucho cuatro, para un colegio de dos líneas de más de veinte alumnos cada una. No es mucho, pero ya es un avance respecto a lo que recuerdo. Pocas veces, todas las que he podido, he acudido con mi bicicleta plegable a buscarla para volver dando un paseo.

Sería preciso mejores instalaciones,  aparcamientos seguros y accesos fáciles en bicicleta  a todos los colegios. También, por supuesto, buenos accesos en bici a todos ellos. Pero mientras llega o no llega la voluntad política y privada y los recursos para impulsar esa manera saludable de moverse, los padres podemos poner de nuestra parte. Creo firmemente que, siempre que sea posible, deberíamos apoyar este modo de desplazarse.

Vale, es cierto que es un rollo tener que guardar bicicletas en casa, que ocupan un espacio que no nos sobran. Bajar con ellas por ascensores o escaleras es un dolor, lo sé. Es mucho más cómodo el coche, el transporte público o incluso ir andando, aunque lleve más tiempo.  Andar está bien. El transporte público al menos no colapsa y contamina. El coche no deja de ser un mal necesario. Pero la bici mola mucho más.

Bien podríamos las familias hacer ese esfuerzo. Entrar en las AMPAS o solicitar facilidades. Y esas facilidades también son cursos que enseñan a los niños a moverse en bici, a conocerla.

¿Os recuerdo el creciente problema de obesidad infantil que tenemos encima? La mitad de los niños españoles de entre 6 y 9 años tiene algún grado de sobrepeso.

Hay distintas asociaciones que fomentan el uso de la bicicleta dispuestísimas a echarnos una mano, que ya están acudiendo a los colegios. Yo he podido echar un ojo a lo que está haciendo La ciclería en Zaragoza. También CicloEscuela en Madrid. Suyo es el vídeo con el que termina este post (también un tema publicado hoy sobre cómo enseñar a los niños a montar en bici).

¿Nos apuntamos a pedalear hasta el cole?

¿Por qué no hablamos de adicción a los libros o al bricolaje y sí a los videojuegos?

Las aguas de la adicción a los videojuegos están muy revueltas. Y que conste que no quiero tomarme a la ligera que alguien esté tan absorbido por algo como para que impida su desarrollo personal, familiar o profesional. En absoluto, pero creo que se está creando una alarma innecesariamente elevada.

Hace un par de días me desayuné esto en twitter a cuenta de Fortnite:

Llueve sobre mojado. Fue noticia el pasado mes la apertura de un centro en Madrid para tratar la adicción a las nuevas tecnologías en general y a los videojuegos en particular.

La comunidad de Madrid ha puesto en marcha un servicio especializado de intervención en adicciones a las nuevas tecnologías, que ha presentado el consejero de Políticas sociales y Familia, Carlos Izquierdo. Este recurso de prevención e intervención atenderá a adolescentes entre 12 y 17 años con conductas de uso inadecuado, abuso o dependencia de las nuevas tecnologías.

(GTRES)

Y a comienzos de año teníamos a la Organización Mundial de la Salud contando que incluirá el trastorno de la adicción a los videojuegos en su nueva Clasificación Internacional de Enfermedades (ICD-11). Algo no exento de polémica.

En marzo de este mismo año fue noticia la oposición pública de un grupo de expertos a considerar la adicción a los videojuegos.

36 expertos internacionales en salud mental y científicos sociales y académicos de centros de investigación y universitarios (incluyendo la Universidad de Oxford, la Universidad John Hopkins, la Universidad de Estocolmo o la Universidad de Sidney) han mostrado su frontal oposición a la idea de la OMS.

El estudio se titula “Una débil base científica en la consideración de los videojuegos como adicción: seamos cautos” (A Weak Scientific Basis for Gaming Disorder: Let us err on the side of caution). Considera que “existe mucha confusión –incluso entre los que defienden el diagnostico- sobre qué es exactamente la adicción a los videojuegos”. Dicen los autores que “la calidad de base empírica existente es baja” y que “formalizar un tipo de conducta como desorden mental con la intención de profundizar en una investigación colisiona con su objetivo clínico”. Además, “no se ha aplicado (aún) ningún estándar científico sólido”.

Lo de la OMS llegó de nuevo con muchos textos en los medios que no se agarran a lo llamativo generando una alarma innecesaria , por ejemplo mediante comparaciones del todo equiparables (modo irónico on). Ojo aquí a El Mundo “Las personas que sufren una adicción están enganchadas, acaban haciendo girar su vida en torno a algo, ya sean los videojuegos, la cocaína, el alcohol o las tragaperras”.

¿Cocaína? ¿Alcohol? Sé bien que puede haber adiciones sin sustancias. Yo soy de las que tengo que autorregularme porque tiendo a entregarme con excesiva pasión a aquello que descubro de nuevas y me entusiasma, me ha pasado en diferentes etapas de mi vida con los libros de fantasía épica y la ciencia ficción, lactancia y temas de crianza asociados, la acuariofilia, el manganime, montar a caballo, la etología y, sí, también los videojuegos.

En realidad lo que he visto que más críticas recibió recientemente en nuestro país fue un reportaje de TVE sobre la adicción a los videojuegos. Aquí, aquí, y aquí tenéis algunos ejemplos, aunque probablemente lo más sangrante fue el reproche de uno de los chavales que decidió valientemente dar la cara en el reportaje tras pasar por el Proyecto Hombre para ver luego manipulado todo lo que quiso transmitir.

Insisto en que no hay que tomárselo a la ligera. No digo que no pueda existir una adicción a los juegos. Pero para mí los videojuegos son más equiparables a otros entretenimientos como la lectura, el visionario de series o películas, la jardinería o pintar maquetas. Está genial vivir con pasión tus aficiones, pero manteniéndolas bajo control, no permitiendo que ellas te controlen a ti. Por supuesto no puede ser que robes tantas horas al sueño que acudas zombi al trabajo, que dejes de comprar y cocinar saludablemente, que día sí y día también comas porquerías porque tu hobby te absorbe, que no te relaciones apenas con otros, que dejes de salir a la calle a disfrutar de la primavera, que suspendas, que gastes tu dinero en ello en exceso y sin lógica detrás, que tu vida se quede pequeña.

Lo mismo en breve están hablando de adicción a las plataformas que emiten series y películas por streaming, no lo descarto. También es algo nuevo, por tanto algo que asusta.

Aunque los videojuegos ya no son nuevos, por mucho que películas y sobre todo libros les saquen ventaja; yo tengo 42 años y llevo jugando desde que a los 9 conseguí que me regalaran un MSX por mi comunión, pero siguen sonando a tal en muchos círculos. Preocupan, asustan, sobre todo a aquellos que menos los conocen. Siguen siendo mal comprendidos.

Como con los libros y películas, hay mierdas y hay maravillas, hay productos y hay obras de arte. Como en los libros, hay todo tipo de géneros y títulos para todas las edades y gustos. Al contrario que los libros, muchos permiten jugar socializando, en vivo y en directo y en la distancia. Los hay que incluso permiten pasar ratos agradables y productivos en familia. Hace poco os hablaba de Nintendo Labo, nos lo hemos pasado muy bien doblando cartones estas (y lo que nos queda). Y hace poco mismo empezamos a disfrutar en familia de Horizon. Uno juega y los otros miran y comentan, como disfrutando juntos una película interactiva, con palomitas y todo.

(GTRES)

Una muestra de que es un pasatiempo veterano es que de esto de la adicción a los videojuegos lleva hablándose además mucho tiempo. Voy a retroceder una década, a junio de 2007.

Un grupo de médicos ha dado marcha atrás el domingo a una controvertida propuesta para designar la adicción a los videojuegos como un desorden mental comparable al alcoholismo, y añadieron que los psiquiatras deberían estudiar más el asunto. Los expertos en adicciones además se opusieron a la idea en un debate en la reunión anual de la Asociación Médica de EEUU y dijeron que eran necesarios más estudios para considerar que el uso excesivo de los videojuegos – un problema que afecta a alrededor del 10% – es una enfermedad mental.

“No hay nada que sugiera que es una compleja enfermedad psicológica comparable al alcoholismo u otros desórdenes por el consumo de sustancias, y no podemos ponerle el nombre de adicción“, dijo el doctor Stuart Gitlow, de la Sociedad Médica Estadounidense de Adicciones y la Escuela de Medicina Mt. Sinai en Nueva York.

Un comité de un grupo de psiquiatras relevantes había propuesto que la adicción a los videojuegos entrara en la lista de desórdenes mentales del Manual Estadístico y de Diagnósticos de Desórdenes Mentales de EEU, una guía utilizada por la Asociación Psiquiatra del país para diagnosticar enfermedades mentales.

En absoluto pretendo descartar la opinión de los expertos que sí lo consideran adicción, pero hay que ser cautos cuando hablemos de adicción a los videojuegos. Una prudencia necesaria en los que trabajan por nuestra salud mental y entre los periodistas.

De hecho yo me inclino a coincidir con aquellos profesionales de la psiquiatría y la psicología que lo que creen es que es un síntoma de que algo no va bien, de que en la dinámica familiar algo ha fallado, de que tal vez se ha dejado a las pantallas como niñeras, de que hay un problema subyacente de autoestima, control de impulsos o socialización, por poner algunos ejemplos, que son sobre los que deberíamos trabajar; que el vivir absorto en un juego es consecuencia y señal de alarma, pero que el problema original es otro.

Como explicaba @TaOscuro, el chico que asomó en el reportaje de TVE, en su hilo de Twitter: “a las pocas semanas de entrar en Proyecto Hombre, me dijeron que no estaba adicto a los videojuegos, que mi problema era gestión emocional y que eso hacía que me refugiase a los videojuegos. Me sorprendió que no estuvieran obsesionados como mi padre y quise probar. Durante medio año me ayudaron muchísimo, enseñándome a ver lo que era ser asertivo, no dejarme pisotear por todo el mundo para contentar a cualquiera (cosa que siempre hacía) y lograr el ser capaz de encararme y afrontar los problemas y a las personas. He mejorado mucho. También, al ser terapia grupal, veía a otros que eran adictos a videojuegos, a las apuestas y a los móviles y al final, todo se reducía a la misma raíz: problemas con los padres. El problema, en realidad, no lo tienen los videojuegos, si no que son los padres. Padres, que por cierto, también hacen terapia una vez a la semana e incluso más horas que nosotros, precisamente porque son los que tienen muchas más cosas que trabajar. El perfil casi siempre es el mismo: o por mimar al hijo/a o por despreocuparse de él/ella”.

“¿Cuándo vais a formar una familia?” preguntan, cuando dos ya son una familia

Hoy es el Día de la Familia, un día instaurado por la ONU que se vera representado en portada de todos los medios. En 20minutos, entre otros contenidos, tenemos un reportaje sobre una familia más que numerosa firmado por mi compañera Araceli Güede. Doce hijos han tenido Jesús y Raquel, uno de ellos con discapacidad intelectual. Doce hijos que ahora tienen entre 26 y 8 años y que no siempre ha sido fácil sacar adelante.

Doce hijos con sus padres son una familia. Pero yo quería recordar hoy aquí que también dos personas pueden serlo y, de hecho, lo son. Una pareja que no ha querido o no ha podido tener hijos es también una familia.

Para mí es muy obvio, pero me he encontrado a demasiada gente que transmite que una pareja sin hijos no se puede considerar tal cosa. “¿Cuándo vais a formar una familia?”, preguntan desde la inconsciencia de no saber si lo desean y no llega, sin respetar el hecho de que siendo dos ya son familia.

Es algo que asoma incluso a la definición de familia de la RAE. Tiene diez acepciones. En todas se habla de grupo, de conjunto, La primera es “grupo de personas emparentadas entre sí que viven juntas”. La tercera pone, literalmente: “hijos o descendencia. Está casado, pero no tiene familia“.

Dos personas que se quieren, que comparten vida juntos, por supuesto que son familia. ¿Cómo negarles algo así? Son familias preciosas e imperfectas, únicas, como cualquier otra.

Tener hijos no es obligatorio, de hecho, mejor nos iría en muchos sentidos si sólo se embarcasen en la aventura de la paternidad y la maternidad aquellos que realmente lo han razonado y lo desean.

(GTRES)

Y por si no queda suficientemente claro, por pareja me refiero tanto a una formada por un hombre y una mujer como a aquellas en las que comparten vida dos hombres o dos mujeres.

(GTRES)

Algo extensible a cuando hablo de familias con hijos.

(GTRES)

La Politécnica organiza una fiesta hacker para niños este fin de semana #X1RedMásSegura

Será este próximo fin de semana, el 19 de mayo, y el evento, que no es la primera vez que se organiza, se llama ‘X1RedMásSegura 2018’. Y será en la facultad de telecomunicaciones de la Politécnica de Madrid.

La idea es acercar la programación, la robótica, la seguridad informática… a los niños, amenizado todo con manualidades, rap y charlas de hackers y expertos en ciber seguridad. ¿Quieres ser un ‘hacker kid’? preguntan sus organizadores. Seguro que muchos menores en nuestros hogares responderían que sí a esa pregunta. Mi hija, que tras querer ser cocinera y astronauta ahora quiere crear videojuegos de mayor, seguro que sería una.

(GTRES)

Me parece un plan tan interesante si andáis con niños por la capital, que no puedo resistirme a recomendarlo desde aquí. Que nuestros hijos se interesen por la tecnología, un instrumento maravilloso en muchos sentidos, me parece más que importante. Es imprescindible saber manejarse en este nuevo mundo digital, tanto como ser conscientes de sus riesgos y sabiendo cómo enfrentarlos.

Esta jornada puede ayudar a ello, también a desmontar mitos sobre lo que es un hacker, una figura sobre la que hay demasiados prejuicios y falsas creencias.

Para ayudar a los más pequeños a proteger su ciber mundo y enseñarles a pensar de forma diferente, X1RedMásSegura ha organizado un congreso hacker’ ¡para niños! Durante todo el sábado habrá talleres de robótica educativa, programación, retos hacker para niños, cómo hacer y descifrar mensajes secretos, rap y manualidades ‘hacker’.

“Se trata de mostrar a los menores, de forma divertida trucos sobre Internet y las tecnologías que usan en su día a día para hacerlo de forma segura”, destacan desde la organización de esta iniciativa altruista.

En paralelo, para los padres que lleven a los niños también habrá charlas de hackers y expertos en ciberseguridad que desvelarán todo tipo de curiosidades sobre Internet, dispositivos conectados, ciber amenazas –y como protegerse de ellas-… “Pero, sobre todo, será un foro perfecto para preguntar todas las dudas que se tienen para vivir de forma cibersegura en la empresa y en la familia”, recuerdan.

Como en otras ediciones, también se entregarán los premios del concurso de infografías sobre ciberseguridad, para jóvenes de 10 a los 18 años –ya se han presentado más de un centenar que se podrán ver durante las jornadas-.

También se dará el premio ‘Rompiendo la brecha’ a personas, empresas o instituciones que trabajan por la ciberseguridad de todos y que este año será para un galardonado muy especial.

X1RedMásSegura es una iniciativa altruista en favor de un cibermundo mejor, pero tampoco olvida nuestra vida real. Por eso en la edición de 2018 pondrá una mesa en el hall de entrada para que todo el que quiera aportar su granito de arena a cambiar el mundo lo haga ayudando a la Fundación ‘Mensajeros de la Paz’.

El objetivo es recoger cuantos más alimentos sea posible para las familias que más los necesitan. Eso sí, es importante que se trate de comida no perecedera (pasta, legumbres, aceite, etc.)

X1RedMásSegura es un congreso altruista sin ánimo de lucro. Por ello la entrada es gratuita hasta completar aforo. Por eso, te recomendamos reservarla cuanto antes a través de la web  de esta iniciativa (www.x1redmassegura.com), así como no faltar el día de las jornadas, ya que por tener tu entrada y no asistir pueden quedarse fuera personas que sí desearían haber ido y no lo hacen por falta de aforo –en las últimas ediciones siempre se han agotado las entradas-.

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‘Sherlock Gnomes’, o cómo aprender a distinguir qué es lo más importante con gnomos a la carrera

Gnomeo y Julieta nos gustó, la vimos bastantes veces en casa hace ya algunos años, con los niños más pequeños. Esa revisión del clásico de Shakespeare con gnomos de jardín y la música de Elton John, es una película infantil que no es ninguna obra maestra pero sí más que correcta, que siempre nos entretuvo. En todos los hogares con niños hay películas así, que por el motivo que sea calan y que ponemos con frecuencia.

Era obligado por tanto acudir en familia a ver Sherlock Gnomes, la segunda parte de aquella aventura que se estrena este viernes. En esta ocasión mostrando en versión adorno de jardín al investigador ideado por Sir Arthur Conan Doyle, su ayudante el doctor Watson y al archienemigo de ambos, Moriarty.

Con la hermosa Londres presente como un personaje más, nos muestra a Gnomeo y Julieta iniciando una vida en común en un nuevo jardín, asumiendo responsabilidades como nuevos líderes de las dos familias de gnomos, ahora bien avenidas y viendo como su relación se resiente en el proceso.

No veréis a Julieta de esta guisa en la película, al menos por fuera.

El personaje de Julieta se torna el más interesante en este sentido. Es una chica dura, independiente, que huye de ñoñerías, que se sabe capaz y posa firme y que se vuelca en su labor adecentando el jardín y liderando a los gnomos, relegando su relación de pareja porque cree que eso puede esperar, que el otro siempre estará ahí, que su obligación es lo primero.

La moraleja de la película dirigida por John Stevenson radica ahí, en descubrir que todo eso es importante pero que no podemos arrinconar en un segundo plano a aquellos que amamos, que lo primero son los nuestros, que no debemos confundir nuestras prioridades. Un aprendizaje que se hará extensible a Sherlock Gnomes.

Sherlock y Watson aparecen cuando los gnomos del jardín de Gnomeo y Julieta son secuestrados (por cierto, ¿qué pasó con el flamenco?), igual que los de varios jardines colindantes. La película es un correr frenético de gnomos de un lado a otro, saltando por encima de las leyes de la física y la probabilidad, para intentar salvar a sus amigos.

El ritmo es bueno, te lleva de la mano entre bromas, carreras, pequeñas reflexiones y los psicodélicos procesos mentales del detective. Todo sazonado con las canciones de Elton John de nuevo.

Al igual que la película previa, es una cinta de animación infantil más que correcta. No la veremos en la carrera de los Oscars ni acaparando alabanzas de la crítica, ni mucho menos, pero supone un buen entretenimiento en familia.

En la versión original tenemos las voces de Johnny Depp como Sherlock Gnomes, Emily Blunt como Julieta y James McAvoy como Gnomeo, además de otros nombres ilustres como Maggie Smith o Michael Caine.