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La maternidad es tan cambiante que siempre eres una recién llegada a ella

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La serie de ‘Cómo entrenar a tu dragón’, con uno de los mejores héroes infantiles modernos, está en Netflix para disfrutarla en familia

Hipo es un flacucho y al mismo tiempo es un valiente; el tipo de valiente de verdad, que se sobrepone al miedo. Va a contracorriente si la corriente choca con lo que siente, pero siempre desde la bondad. Y le falta una pierna, porque proteger a los tuyos entraña riesgos y sacrificios, pero eso no le impide hacer cualquier cosa.

Hipo tiene una novia, Astrid, que es fuerte e independiente y con la que tiene una relación bastante sana y normal, la que cualquiera querría para sus hijos adolescentes. Tienen sus peleíllas superables, se respira cotidianidad viéndoles y se respetan además de quererse.

Tiene una pandilla de amigos muy peculiares, un padre que tiene que aprender a gestionar sus expectativas respecto a su hijo (algo que deberíamos hacer todos los padres, la asignatura pendiente de muchos) y vive en una imaginaria aldea vikinga insular que cualquier niño querría visitar. ¡Qué importante es construir un mundo de fondo con personalidad en este tipo de historias!

Tal vez lo más importante. El mejor amigo de Hipo es un dragón, un furia nocturna que igual puede ser achuchable que terrible. Su novia y sus amigos también tienen dragones variopintos. Cabalgan sobre ellos riendo contra el viento y comparten con ellos vida y aventuras.

Probablemente los conocéis por las dos películas que ya hay sobre ellos, Cómo entrenar a tu dragón se llaman ambas. Antes ya había un buen puñado de libros de Cressida Cowell, una serie de once entregas que están editados en España por SM y cuyo primer volumen procuraré poner pronto al alcance de mi hija, que a sus nueve años le encantan las aventuras de Hipo y sus amigos.

Las películas las ha visto varias veces. Desde hace no mucho también hemos disfrutado de la serie de televisión, que descubrimos hace más de un año en un viaje al extranjero en el Netflix de ese país,  y que desde hace poco ya está disponible en esta plataforma en España.

La producción propia de esta empresa es impresionante y abundan los títulos de calidad, pero también trae mucho ajeno que merece la pena. De corazón os digo que es la plataforma de televisión bajo demanda que más y mejor oferta tiene para niños. 

También la que dispone del mejor control parental. Solo faltaría un temporizador que bloquease la aplicación pasado el tiempo de visionario que los padres hayamos establecido, ahí lo dejo como sugerencia.  Tal vez incluso viniera bien para muchos adultos.

Hay dos temporadas, ubicadas temporalmente entre la primera y la segunda películas, de 20 episodios cada una. Producidas por Dreamworks, se llaman precisamente Dreamworks Dragons y cuentan cómo deben defender su isla con ayuda de los dragones.

Lo que tenemos disponible son otras dos temporadas posteriores, ya coproducidas por Netflix, con el nombre en España Dragones: Hacia nuevos confines (Dragons, Race to the edge). En ellas los jóvenes jinetes de dragón exploran las pequeñas islas que rodean la suya, isla Mema, alejándose cada vez más y estableciendo una base desde la que llegar a confines más lejanos, para descubrir nuevos dragones. Pero no son episodios independientes, hay una historia que se desarrolla con nuevos villanos y nuevos héroes.

La calidad es semejante a la de las películas. Si las visteis y os parecieron entretenidas, probablemente la serie también os guste para compartir un ratito de televisión al día en compañía de vuestros hijos


En Netflix también tienen para los fans de los Desdentao y compañía la primera película y Leyendas, apenas tres episodios independientes y con mucho humor y Amanecer de los corredores de dragón, un único episodio de menos de media hora en el que compiten buscando ovejas perdidas e inventando de paso un nuevo deporte.

‘Atípico’, las luces y sombras de la serie de Netflix protagonizada por el autismo

Varias personas me han preguntado a lo largo las últimas semanas mi opinión sobre Atípico, la serie de Netflix en la que seguimos las andanzas de un joven dentro del espectro autista, en lo más alto de espectro. No se menciona el síndrome de Asperger en ningún momento, pero probablemente ahí se encuadre.

No ha sido hasta ahora que he podido verla entera y que puedo dar respuesta a esa cuestión que me ha llegado formulada de dos maneras:  ¿representa bien el autismo? y ¿te ha gustado?.

Voy a contestar primero a la segunda pregunta, a la fácil. Sí que me ha gustado y más adelante expondré los principales motivos.

Respecto a si creo que representa bien el autismo: no, no me lo parece. Representa bien a Sam, que tiene autismo. Pero Sam no se parece en nada a mi hijo, que también lo tiene, absolutamente en nada. El autismo se manifiesta en Sam de una manera completamente distinta a como lo hace en Jaime (o en Laura, David, Pedro o Bruno).

Sam quiere tener una novia, va al instituto y saca buenas notas, también trabaja, habla con total corrección y un exceso de literalidad, se mueve con una autonomía envidiable, es muy rígido, adora todo lo relacionado con los polos y la fauna que en ella habita, casi carece de sonrisa social, le cuesta tolerar determinado tipo de contacto físico, los ambientes sobrecargados de estímulos le superan, es incapaz de comprender las complejidades sociales y ha tenido algunos comportamientos agresivos y autolesivos en el pasado.

Jaime no sabe lo que es una novia, es perverbal, apenas tiene unas pocas aproximaciones a palabras, va a un colegio específico con otros niños con autismo, tiene que ir de nuestra mano por la calle  y necesita nuestra ayuda para casi todo (vestirse, lavarse los dientes…), nunca ha perdido la sonrisa social, adora el contacto y el agua, no suele tener problemas para ir a sitios con mucho estímulos, es tan flexible como pueda serlo cualquiera, jamás se ha autolesionado y no ha tenido comportamientos agresivos.

Está claro que los niños como Jaime dan menos juego a los guionistas.

Ver la serie no va a ayudar a que los espectadores que desconocen por completo lo que es el autismo, entiendan lo que es. Van a entender únicamente a Sam, y tal vez así un poco lo que es tener Asperger o autismo de muy, muy alto funcionamiento (Sam parece un compendio de cómo se es si se tiene esos diagnósticos) de una forma muy estereotipada, pero no a Pedro, a Laura, a David, a Bruno o a Jaime.

La serie de Robia Rashid podría haber mostrado más rostros, más manifestaciones del autismo en diferentes chavales con personalidades, gustos y circunstancias familiares distintas, pero solo aparece Dam (y muy brevemente otro chico muy similar a él. Hay una mención de una madre de un grupo de apoyo a esa otra realidad: su hijo adolescente ha logrado decir por primer vez una frase con tres palabras. Nada más.

Es imposible acercarse a explicar lo que es el espectro del autismo si no se intenta algo muy coral. Atípico no es el caso. Sam es incluso demasiado típico si se miran los criterios diagnósticos y descripciones de los chicos con Asperger. Porque incluso si observamos solo a los diagnosticados de Asperger, también entre ellos llegan a ser tan distintos como la noche y el día. Eso no se ve. En la producción de Netflix

El espectro es tan diverso como un pequeño universo. Y luego está el hecho de que las personas son más que su diagnóstico.

El peligro de dar una visión estereotipada de algo tan complejo y variado como es el espectro autista, con tantas manifestaciones, es que se corre el riesgo de que una mayoría crean que el autismo es eso, que crean conocer cómo son todas las personas con autismo viendo a Sam.

Pero también hay muchas luces en Atípico (tal vez debería haber hecho una lista de pros y contras, como le gusta hacer a Sam en la serie) que quiero destacar y que hacen que su visionado merezca la pena.

Se nota que han querido hacer bien las cosas. No es un documental y no tiene que serlo, pero se ve que se han documentado, que han mimado el producto, que entienden y defienden la inclusión, que saben que las personas con autismo son empáticas.

Es valiente y de agradecer que tenga como protagonista, como hilo conductor, a una persona con autismo. No es algo que abunde en la televisión o en el cine. Ojalá hubiera más ficciones que incluyeran a un protagonista o un rol importante dentro del espectro con esas ganas de hacerlo bien.

Es también valiente y muy de agradecer que muestren a su protagonista como un adolescente que quiere una novia y sexo. Las personas con autismo no son seres asexuados. Las personas con una discapacidad, la que sea, no lo son. Uno de los tabúes modernos.

Apunta aspectos que invitan a la reflexión, como la necesidad de encontrar tiempo para la pareja y para uno mismo cuando se tiene un hijo con autismo,  que no se puede vivir para el autismo, que no hay que cargar a los hermanos con responsabilidades que les corten las alas, que decir la verdad sobre el diagnóstico facilita las cosas aunque se entienda que no se quiera ir con la etiqueta siempre por delante, hasta qué punto son importantes y en qué circunstancias  las palabras que usamos…

Y todo eso en una ficción amena, con dos veteranos más que solventes como Jennifer Jason Leigh y Michael Rapaport como padres que buscan su lugar en la familia, una carismática Brigette Lundy-Paine como madura hermana pequeña y estrella del atletismo descubriendo lo que es el primer amor, Jenna Boyd de peculiar novia caída del cielo, Amy Okuda de terapeuta voluntariosa e imperfecta, Nik Dodani de excéntrico amigo y colega y Keir Gilchrist defendiendo correctamente a Sam.


Una ficción que exagera, que busca ser didáctica entre toques de humor y que a veces caricaturiza , juraría que a conciencia (la madre sale muy mal parada en ese sentido). Una ficción que juega con las reglas del último año y baile del instituto, y que te lleva a lo largo de sus ocho capítulos de menos de media hora cada uno en un suspiro.

Para terminar os traslado las preguntas que me hicieron a mí: ¿La habéis visto? ¿Os ha gustado? ¿Creéis que representa bien el autismo?

Skylanders da el salto a serie de animación en Netflix

En casa nos gustan los videojuegos, tenemos distintas consolas y creemos en que se puede sacar provecho, no solo entretenimiento, con los mandos en la mano. Entre los títulos favoritos de nuestra hija se encuentran los Skylanders, a los que juega en nuestra compañía desde que tenía cinco años.

Como ya os conté en su momento, es lógico que le entusiasmara. Son buenos juegos. Los niños no son tontos y distinguen un trabajo bien hecho como cualquiera. Tienen puzzles, enemigos que son hasta simpáticos (Caos es incluso achuchable), no hay sangre, no hay muertes, las figuras con las que se juega están muy bien hechas, con diseños atractivos y las aventuras tienen el nivel de dificultad perfecto para disfrutar sin quedarse encasquillados.

Mañana, 14 de octubre, se lanza un nuevo título de la saga de Activision, Skylanders Imaginators, aunque para saber de los videojuegos de Skylanders, mejor leer a Vandal, que hace ya muchos años que yo no me dedico a escribir de ocio electrónico.

Lo que yo quería comentaros es que pocos días después, el 28 de octubre, llegará una serie animada inspirada en el mundo de Skylands. Un camino similar al protagonizado con éxito por los videojuegos de Pokemon, algunas de cuyas películas y series también están disponibles en Netflix.

Como protagonistas de la serie, cuyo título es Skylanders Academy, tenían multitud de personajes a elegir, pero se han decantado por Spyro (un clásico ineludible), Eruptor, Stealth Elf, Jet-Vac y Pop Fizz. Y me da que sobre todo lo serán los tres primeros, ya veremos.

skylanders

Ahí tenéis al jefe de los malvados. ¿Es casi achuchable o no?

malvados

La dirige y produce Eric Rogers (Cuestión de pelotas), Justin Long (Ask Me Anything) pone la voz a Spyro, Ashley Tisdale (la rubita de High School Musical) a Stealth Elf y Jonathan Banks (Breaking Bad) a Eruptor. Y hay cameos sonoros de la talla de Susan Sarandon, Daniel Wu, Parker Posey o James Hetfield.

Os dejo con el tráiler, que acaba de presentarse en todo el mundo y que ha dejado a mi hija entusiasmada.