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La serie de ‘Cómo entrenar a tu dragón’, con uno de los mejores héroes infantiles modernos, está en Netflix para disfrutarla en familia

Hipo es un flacucho y al mismo tiempo es un valiente; el tipo de valiente de verdad, que se sobrepone al miedo. Va a contracorriente si la corriente choca con lo que siente, pero siempre desde la bondad. Y le falta una pierna, porque proteger a los tuyos entraña riesgos y sacrificios, pero eso no le impide hacer cualquier cosa.

Hipo tiene una novia, Astrid, que es fuerte e independiente y con la que tiene una relación bastante sana y normal, la que cualquiera querría para sus hijos adolescentes. Tienen sus peleíllas superables, se respira cotidianidad viéndoles y se respetan además de quererse.

Tiene una pandilla de amigos muy peculiares, un padre que tiene que aprender a gestionar sus expectativas respecto a su hijo (algo que deberíamos hacer todos los padres, la asignatura pendiente de muchos) y vive en una imaginaria aldea vikinga insular que cualquier niño querría visitar. ¡Qué importante es construir un mundo de fondo con personalidad en este tipo de historias!

Tal vez lo más importante. El mejor amigo de Hipo es un dragón, un furia nocturna que igual puede ser achuchable que terrible. Su novia y sus amigos también tienen dragones variopintos. Cabalgan sobre ellos riendo contra el viento y comparten con ellos vida y aventuras.

Probablemente los conocéis por las dos películas que ya hay sobre ellos, Cómo entrenar a tu dragón se llaman ambas. Antes ya había un buen puñado de libros de Cressida Cowell, una serie de once entregas que están editados en España por SM y cuyo primer volumen procuraré poner pronto al alcance de mi hija, que a sus nueve años le encantan las aventuras de Hipo y sus amigos.

Las películas las ha visto varias veces. Desde hace no mucho también hemos disfrutado de la serie de televisión, que descubrimos hace más de un año en un viaje al extranjero en el Netflix de ese país,  y que desde hace poco ya está disponible en esta plataforma en España.

La producción propia de esta empresa es impresionante y abundan los títulos de calidad, pero también trae mucho ajeno que merece la pena. De corazón os digo que es la plataforma de televisión bajo demanda que más y mejor oferta tiene para niños. 

También la que dispone del mejor control parental. Solo faltaría un temporizador que bloquease la aplicación pasado el tiempo de visionario que los padres hayamos establecido, ahí lo dejo como sugerencia.  Tal vez incluso viniera bien para muchos adultos.

Hay dos temporadas, ubicadas temporalmente entre la primera y la segunda películas, de 20 episodios cada una. Producidas por Dreamworks, se llaman precisamente Dreamworks Dragons y cuentan cómo deben defender su isla con ayuda de los dragones.

Lo que tenemos disponible son otras dos temporadas posteriores, ya coproducidas por Netflix, con el nombre en España Dragones: Hacia nuevos confines (Dragons, Race to the edge). En ellas los jóvenes jinetes de dragón exploran las pequeñas islas que rodean la suya, isla Mema, alejándose cada vez más y estableciendo una base desde la que llegar a confines más lejanos, para descubrir nuevos dragones. Pero no son episodios independientes, hay una historia que se desarrolla con nuevos villanos y nuevos héroes.

La calidad es semejante a la de las películas. Si las visteis y os parecieron entretenidas, probablemente la serie también os guste para compartir un ratito de televisión al día en compañía de vuestros hijos


En Netflix también tienen para los fans de los Desdentao y compañía la primera película y Leyendas, apenas tres episodios independientes y con mucho humor y Amanecer de los corredores de dragón, un único episodio de menos de media hora en el que compiten buscando ovejas perdidas e inventando de paso un nuevo deporte.

¿Hacen falta más series familiares de calidad?

Desde este jueves andan circulando por ahí los resultados de una encuesta elaborada por Netflix sobre los usos y costumbres de los padres ante el televisor. Más concretamente, ante el visionado de series de televisión.

Os dejo un par de párrafos que resumen las conclusiones más relevantes:

Según un reciente estudio elaborado por Netflix, cada vez son más los padres que tienen que hacer “artimañas” para seguir disfrutando de sus series favoritas. Concretamente, el 74% de los padres españoles con niños menores a 9 años, afirma necesitar al menos una hora al día para desconectar de sus obligaciones. Y el 90% considera ver series (sea donde sea) el “break” perfecto para disfrutar de su tiempo personal.

Mientras que en Europa los padres escogen The Big Bang Theory, Sherlock Holmes, Stranger Things, Narcos y House of Cards para desconectar, los cinco títulos con los que más disfrutan los padres españoles en sus momentos de relax son: The Walking Dead, Modern Family, Narcos, Prision Break y Friends. En cuanto a los dispositivos, la televisión (76%) y el smartphone (44%) son los más usados por los padres de nuestro país.

Por supuesto que veo series a escondidas. Y con “a escondidas” me refiero, claro está, que veo (vemos) contenidos que no son aptos para niños y tenemos que aprovechar cuando están dormidos. La última que hemos disfrutado juntos, en pareja, es la serie de animación Desaparecido, con un tipo casi en los treinta que vuelve a su cuerpo niño de once años para descubrir y detener a un asesino en serie. En solitario han caído Godless por su lado y Big Little Lies (aún en proceso), por el mío.

Hay una cantidad ingente de series interesantes en los últimos tiempos. Tantas que mi santo y yo hemos empezado a hablar del “efecto Netflix”. Te sientas ante la tele con el mando a ver qué ves, y una hora después de dar vueltas sin acabar de decidirte acabas leyendo en la cama. Hay una profundidad laberíntica que ni las peores mazmorras de Dungeons&Dragons.

Pero no es tan sencillo encontrar buenas series, de calidad, para ver en familia. De hecho, admito encantada las sugerencias que podáis hacer en los comentarios.

Cuesta, cuesta mucho. Cuesta tanto que hay padres que me consta que están viendo con sus niños de nueve o diez años series como Stranger Things, que por mucho que salgan niños no me parece apropiada a esas edades.

Está muy bien que los padres veamos Juego de Tronos, Homeland o Breaking Band a escondidas. También lo está que nuestros hijos vean Pokémon, Little Witch Academy TrollsHunters o Julie’s Greenroom a solas. Pero a mí me sigue gustando la idea de tener series que ver todos juntos.

Ya os conté que, tras la cena y acostar a Jaime, nos gusta ver una serie de media hora en familia, junto a Julia, antes de mandarla a la cama. No creáis que es sencillo dar con contenidos que nos puedan gustar a todos, a dos adultos y una niña de casi nueve años. El último gran éxito de visionado familiar ha sido Haikyuu, estupenda y blanca animación japonesa sobre un equipo de voleibol que ando recomendando sin parar. La encontraréis, por algún misterio insondable porque es perfectamente apta, en la zona de adultos de Netflix.

Ver la tele puede ser una manera de compartir referencias e intereses con nuestros niños, pero me da la impresión (reforzada por la encuesta de Netflix) de que hay una tendencia creciente y vertiginosa a que sea un entretenimiento solitario. De pareja como mucho… Que hayamos pasado en muy poco tiempo de tener una o dos teles en la casa a disponer de un montón de pantallas, cómodamente portátiles muchas de ellas, afianza este fenómeno.

Y no diría yo que abunda la oferta para todos los públicos entre lo mejor que se está produciendo. Al menos esa es la impresión que da.

Miremos por ejemplo las series consideradas triunfadoras de los últimos Globos de Oro: Big Little Lies, The Handmaid’s Tale y The Marvelous Mrs. Maisel. 

Hay una lista en 20minutos en la que han votado decenas de miles de personas por las mejores series de televisión de lo que llevamos de siglo. Os dejo con las que aparecen en los primeros puestos: Breaking Bad, Game of Thrones, The Walking Dead, The big bang theory, Lost, How I Met Your Mother, House, Prison Break, Two and a half Men, Modern Family, Vikings, Spartacus, Sherlock, Castle, Dexter y American Horror Story.

¿Nos han desahuciado al público familiar? Sería una pena.

En los últimos tiempos se ha tendido a relacionar que una serie no puede ser de calidad si pretender ser apta y gustar a todo el mundo. Creo que es un error. Vamos a ver, fue un enorme acierto apostar con valentía por excluir a conciencia a un porcentaje importante de la audiencia para disfrutar de libertad creativa. Ese abordaje ha dado a luz obras maravillosas. Lo he oído y leído expresado en diferentes discursos y perfiles, y estoy de acuerdo; romper las cadenas del pretender gustar a una audiencia de entre 3 y 99 años ha una jugada que ha salido bien, pero no podemos tirar la toalla con las series para todos los públicos.

Una serie que se pueda ver en familia con niños de nueve años no tiene que ser sinónimo de caspa. Una serie puede ser divertida para los niños y al mismo tiempo buena e interesante para adultos. ¿Por qué no?

No sé vosotros, pero yo quiero series así.

Quién sabe. Tal vez la nueva revolución en el mundo de las series tenga que venir por ahí…

* Fotos: GTRES

 

¿Verías con tus hijos ‘Por trece razones’?

La pasada semana terminé Por trece razones, la serie de Netflix que mas está dando que hablar los últimos meses. La he visto con un poco de retraso, ya lo sé, pero el tiempo que puedo dedicar a la televisión es bastante limitado.

Tenía curiosidad por esta serie por distintos motivos. Independientemente de su popularidad, tenía amigos en cuyo criterio confió que la tachaban de muy interesante, lo cierto es que había algún otro que reconoció su calidad pero añadiendo que le había dejado frío. Trata sobre acoso escolar llevado a sus últimas consecuencia, al suicidio que es un tema tabú en televisión y medios (cada vez menos, también es cierto) y que se trata de la segunda causa de muerte entre los adolescentes de Estados Unidos. Y en ese país precisamente ha suscitado un intenso debate sobre la conveniencia de que la vean adolescentes, incluso de ponérsela para trabajar sobre ella.

Es una serie cuyo mayor acierto creo que es su casting. Casi todo el peso de la producción recae sobre los jóvenes hombros de un elenco sobradamente capaz. Y no hablo solo de sus dos protagonistas (a mi parecer brilla especialmente Clay Jensen, la imagen del cartel promocional e hilo conductor interpretado por Dylan Minette), el trabajo actoral de todos ellos es el que da credibilidad a la historia, polémica por su crudeza y por mostrar sin apartar la mirada violación y sobre todo suicidio. Un intento declarado por los productores de mostrar que no es algo fácil ni bonito y que el dolor que causa en otros puede ser insuperable.

Otro gran valor es el de tratar a los personajes adolescentes con el respeto y aproximación que se daría a los adultos, sin filtros ridículos, interpretaciones simplistas o tintes de caricatura. Pero al mismo tiempo son adolescentes, imperfectos todos ellos, impulsivos, incapaces de expresar sus emociones, de entender del todo la situación en la que están, el mundo que les rodea.

Cuando la ves siendo padre es inevitable empatizar con los padres que también asoman a la serie, preguntarte cómo pueden estar tan ciegos en unos casos, cómo pueden estar así de desaparecidos en otros, constatar no saben lo que pasa en el día a día de sus hijos, su desconocen sus relaciones con sus iguales, y sufrir con el dolor de los padres de Hannah, que es inimaginable.

Pero no voy a entrar a hablar en profundidad de la serie, que para eso ya está mi compañero Víctor con su blog Smelly Cat (os recomiendo su tema Cinco consejos para padres aterrorizados de que sus hijos vean ‘Por trece razones’). Lo que yo quería era preguntar si habéis visto la serie y si la recomendaríais a adolescentes. Incluso a profesores como me sugieren por Twitter.

A mí aún me quedan unos cuantos años para verme lidiando con adolescentes, pero creo que sí lo haría. Es una ficción dolorosa pero que merece la pena para poder hablar luego de ciertos temas más que relevantes. Eso sí, me parece apropiada solo para adolescentes de al menos dieciséis años, creo necesario verla junto a ellos y no dejársela digerir a solas, y tendría especial cuidado si el adolescente en cuestión está en una situación de especial vulnerabilidad.

Tal vez lo indicado fuera verla primero nosotros y luego valorar si, en ese momento concreto, a nuestros hijos les puede venir bien verla y que luego (o durante) hablemos sobre lo que en ella se ve: el peligro de la difusión de imágenes, de que se malinterpreten, que nuestros comentarios, nuestras bromas a las que damos poca importancia pueden hacer sufrir mucho a otros, que aunque creamos estar solos no es así, que ante cualquier aproximación sexual es necesario el consentimiento expreso de la otra persona, que hay que saber pedir ayuda…

Al terminar los trece capítulos, las trece cintas, hay un pequeño documental en el que los creadores y los asesores de la serie, psicólogos especialistas en estas lides, que resulta especialmente interesante, porque trascienden la ficción y dan pistas sobre las percepciones erróneas que llevan a los chicos a sentirse completamente solos y sin salida y porqué no es así.

De hecho la serie, basada en una novela de Jay Asher, de la que ya hay una segunda temporada en marcha y tras la que está la actriz y cantante Selena Gomez como productora ejecutiva, tiene una clara vocación de ayuda a los chicos para afrontar situaciones de bullying y ofrece información y recursos en su página web.

Vuelvo, para terminar, a la pregunta inicial: ¿La veríais con vuestros hijos?

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¿Cómo es HBO para niños? ¿Qué contenidos infantiles y control parental tiene? ¿Y Netflix?

HBO ya ha llegado a España, las tres letras que identificamos todos con series de televisión convertidas en fenómenos que acumulan premios, buenas críticas y telespectadores, como Juego de tronos, True Detective o Girls, llega al fin tras un acuerdo con Vodafone. No voy a ponerme a analizarlo en profundidad o a entrar en comparativas genéricas, que ya hay muchos haciendo eso y este blog va de cosas de niños.

Niños… Ahí sí que tenía ganas de echarle un ojo. ¿Qué trae HBO para los niños? Muchos de los que tenemos infantería en casa valoramos mucho los contenidos infantiles que ofrecen los servicios de streaming antes de lanzarnos a la piscina y teclear los números de la tarjeta, incluso teniendo un mes de prueba gratuito.

En mi casa apenas se han visto los canales convencionales de televisión infantiles, esos en los que la programación cambia, ponen y añaden entre series y películas que aprobamos otras que no son apropiadas y (algo sobre todo sangrante en esta fechas prenavideñas) que bombardean de publicidad a nuestros hijos a una edad en la que son especialmente sensibles. Nosotros al principio optamos por los DVDs y, sobre todo, por tener un disco duro en el que teníamos las películas, series de televisión y música infantil que nos parecía adecuado que vieran. Por eso nos lanzamos entusiasmados el año pasado a Netflix, que es prácticamente lo único que vemos ahora en casa. Por eso tenía mucha curiosidad por la oferta infantil de HBO.

Por lo que he podido ver, el plato fuerte de HBO es Disney. Ya incluso desde la división de contenidos que ofrecen, Disney aparece como uno de los tres destacados. hbo2hbo5Mientras en Netflix al principio no había nada de Disney y poco a poco van aumentando los contenidos de esta factoría gigante del entretenimiento infantil y juvenil (en casa celebramos mucho la llegada de Big Hero 6 recientemente), HBO desembarca ya de entrada con muchas películas y series. Muchos clásicos como La Bella y la bestia, Dumbo, Peter Pan, El Rey León, Alicia en el país de las maravillas…  también éxitos recientes como CarsFrozen. ¡Qué cosas! Big Hero 6 no está… De hecho no está todo ni mucho menos. Estrenos más recientes que han salido hace poco en Blue-ray y DVD tampoco se encuentran. Pero sin duda en tema Disney, HBO gana la partida.


Dejando de lado Disney hay mucha franquicia conocida entre las series para los más pequeños, como Dora, la exploradora, La patrulla canina, Caillou, Ben&Holly, Pocoyo o Peppa Pig, pero en cantidad y variedad Netflix se lleva esta baza. La oferta es limitada. Algo semejante pasa con la opción para niños más mayores, el catálogo es escueto y tirando a manoseado. Al menos de momento. Entiendo que en ambos casos irán creciendo con el tiempo.


Aquí cada uno deberá valorar en función de los gustos que predominen en casa qué plataforma interesa. Aunque dependiendo del presupuesto que manejen, lo mismo interesan ambas. En absoluto son excluyentes. Tienen precios similares, 7,99 al mes HBO con ofertas para clientes de Vodafone y entre 7,99 y 11,99 Netflix. Ambos con un mes de prueba en cualquier caso.

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Skylanders da el salto a serie de animación en Netflix

En casa nos gustan los videojuegos, tenemos distintas consolas y creemos en que se puede sacar provecho, no solo entretenimiento, con los mandos en la mano. Entre los títulos favoritos de nuestra hija se encuentran los Skylanders, a los que juega en nuestra compañía desde que tenía cinco años.

Como ya os conté en su momento, es lógico que le entusiasmara. Son buenos juegos. Los niños no son tontos y distinguen un trabajo bien hecho como cualquiera. Tienen puzzles, enemigos que son hasta simpáticos (Caos es incluso achuchable), no hay sangre, no hay muertes, las figuras con las que se juega están muy bien hechas, con diseños atractivos y las aventuras tienen el nivel de dificultad perfecto para disfrutar sin quedarse encasquillados.

Mañana, 14 de octubre, se lanza un nuevo título de la saga de Activision, Skylanders Imaginators, aunque para saber de los videojuegos de Skylanders, mejor leer a Vandal, que hace ya muchos años que yo no me dedico a escribir de ocio electrónico.

Lo que yo quería comentaros es que pocos días después, el 28 de octubre, llegará una serie animada inspirada en el mundo de Skylands. Un camino similar al protagonizado con éxito por los videojuegos de Pokemon, algunas de cuyas películas y series también están disponibles en Netflix.

Como protagonistas de la serie, cuyo título es Skylanders Academy, tenían multitud de personajes a elegir, pero se han decantado por Spyro (un clásico ineludible), Eruptor, Stealth Elf, Jet-Vac y Pop Fizz. Y me da que sobre todo lo serán los tres primeros, ya veremos.

skylanders

Ahí tenéis al jefe de los malvados. ¿Es casi achuchable o no?

malvados

La dirige y produce Eric Rogers (Cuestión de pelotas), Justin Long (Ask Me Anything) pone la voz a Spyro, Ashley Tisdale (la rubita de High School Musical) a Stealth Elf y Jonathan Banks (Breaking Bad) a Eruptor. Y hay cameos sonoros de la talla de Susan Sarandon, Daniel Wu, Parker Posey o James Hetfield.

Os dejo con el tráiler, que acaba de presentarse en todo el mundo y que ha dejado a mi hija entusiasmada.

‘Los hermanos Kratts’, una serie infantil para aprender mucho de los animales, también a respetarlos

9090633 - Kratts Hay pocas series de dibujos animados que hayan gustado tanto a Julia como esta de la que os voy a hablar hoy. Y es una serie que, cuando otros niños han pasado por casa y se la hemos puesto, también la han disfrutado. Mi sobrina es otra que está encantada con ella. Y yo os confieso que es de las pocas series infantiles que veo con gusto en su compañía, sin tener que esforzarme para no desconectar de lo que aparece en la pantalla. Es un ejemplo fantástico de que se están elaborando buenos contenidos, educativos y divertidos, pensados para los niños.

No es un éxito como La patrulla canina (que es una locura lo que está vendiendo), La princesa Sofía o La doctora juguetes (os recomiendo esta entrevista que hizo mi compañero Isra Alvárez a su creadora), probablemente porque se emite en Netflix que todavía no es de consumo mayoritario pese a las virtudes de control de contenido que tiene con los niños. Bueno, el ‘todavía’ es la palabra clave…

Volviendo a Los hermanos Kratts (Wild Kratts en inglés), se trata de una serie en la que los hermanos Chris y Martin siguen de cerca a todo tipo de animales. Cada episodio está protagonizado por un animal, desde humildes lombrices de tierra hasta leones, pasando por halcones peregrinos o lagartos voladores, gracias a unos trajes que los convierten en algo parecido al animal que estudian. Se aprende mucho y de manera divertida sobre cada especie animal con ellos.

Obviamente todo el tema de los trajes que les confieren características animales y el vehículo tortuga que lo mismo vuela que navega es todo una fantasía estupenda, pero lo realmente destacable de la serie es que destila respeto por todos los animales. Un respeto informado y nada ñoño. El último capítulo de la primera temporada habla de la cadena trófica, y no se esconde que los animales se devoran los unos a los otros y en absoluto son malvados por hacerlo.

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¿Perdonarías que otro adulto pegase a tu hijo?

Una bofetada a un niño puede dar para mucho. De entrada para algún que otro post con comentarios encontrados entre los partidarios y detractores del cachete a tiempo. Yo ya os he contado en el pasado que no soy partidaria de pegar, creo que a golpes no se aprende nada bueno y que lo único que denota es que hemos perdido la paciencia. Dicho esto, tampoco hay que flagelarse si un día hemos perdido los nervios y soltado un cachete. Yo tengo un carácter templado y dos hijos flexibles y con buen carácter, parto con ventaja para evitar caer. Pero puede pasar, aún queriendo evitarlo, y no hay que darle más vueltas.

Una vuelta de tuerca al gastado debate del ‘cachete-sí, cachete-no’ es que no sean los padres los que peguen al niño, sino que sea otro adulto: un amigo íntimo, un tío, un profesor… No sé vosotros, pero yo soy especialmente cuidadosa cuando tengo que reprender a un niño que no es hijo mío, por cercana que sea la relación y mucho cariño que haya. Soy consciente de mi papel, y de que hay que ejercer la autoridad hasta cierto punto, sin entrar en terreno acotado para los padres. Por supuesto no se me ocurriría pegarle y si alguien pegase a los míos el cabreo sería monumental.
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La pregunta clave aquí es: ¿Perdonarías que otro adulto pegase a tu hijo, aunque se estuviera portando fatal? No sé vosotros, pero siendo sincera a mí me cuesta saber lo que haría en esas circunstancias. Dependería de las circunstancias y tal vez sí lo perdonase, pero no se me iba a olvidar jamás. Los padres tenemos la prerrogativa de sentar unas bases educativas (y equivocarnos haciéndolo) que los demás procuren respetar, aunque crean que nos equivocamos. Nuestra es la responsabilidad última a fin de cuentas.

Esa es la premisa que ha dado para un libro y dos series, una en Australia que cuenta con estupendas críticas y otra en Estados Unidos que cuenta con el enorme Zachary Quinto, nada menos y en cuya presentación fue precisamente en la que hizo acto de presencia una renovada Una Thurman.

No la he visto, ni he leído el libro. Aunque me quedo con las ganas de hacer ambas cosas. Os dejo un fragmento de la opinón de Homo Seriens (un blog estupendo que ojalá se actualizara más) sobre la australiana y el tráiler de la estadounidense.

Pues el argumento es simple. Una fiesta. Un grupo de amigos y familiares. Un niño malcriado (y no es juicio personal, es un hecho). Y un bofetón por un adulto al citado niño malcriado.

Ya tenemos el follón.

Se trata de la versión televisiva de este libro de la izquierda, que ha sido un bestseller y que ya desde la portada te va poniendo en situación… Cuando leí el argumento pensé: ufff, vamos a meternos en líos sobre maternidad de nuevo, pero ¿aguantará una serie de 8 episodios sobre este tema? Porque apoyar la bofetada a un niño no parece que de para mucho, ¿no?

Pues me equivoqué bastante. Porque el bofetón, más allá de un estudio sobre los síes o noes sobre su idoneidad como castigo, es la sacudida que rompe un cristal aparente, una superficie en orden que escondía un universo caótico y lleno de mentiras, recovecos y malentendidos. Aunque he leído que habla sobre la conveniencia o no de los castigos corporales, no creo para nada que sea el tema real de la serie. Es más la excusa, muy buena porque lo que viene detrás está muy relacionado, pero no diría que es el tema central. Ya me lo dirán ustedes 🙂

¡Llama a la comadrona!

Portada de uno de los libros en el que se basa la serie.

Portada de uno de los libros en el que se basa la serie.

Sí, vivo en la Babia televisiva. Lo confieso. Dedico muy poco tiempo a la tele y suele ser a unas pocas series  concretas. Hay infinidad de programas que son conocidos por casi todo el mundo de los que yo no he visto ni un segundo.  La tele en casa suele mostrar dibujos y películas animadas. No lo digo vanagloriándome, soy consciente de que me pierdo cosas interesantes, la televisión me parece un buen instrumento si se usa bien (yo he aprendido y disfrutado mucho, no voy a renegar de ella ahora) y ser un completo ignorante en cultura popular tampoco es como para presumir, al menos tendría que saber quiénes son ciertas personas o de qué van algunos programas de los que todo el mundo habla. Pero no me da el tiempo para todo lo que quiero hacer. Por las noches, si tengo la cabeza medianamente fresca, prefiero escribir.

No obstante, el otro día y por pura casualidad me topé con una serie de televisión que estaban emitiendo y a la que me quedé pegada. Se titula ¡Llama a la comadrona!. El canal era AXN White me parece recordar. Me pareció divertida y muy bien hecha.

Está narrada por Vanessa Redgrave y cuenta las andanzas de un grupo de comadronas (una curiosa conjunción de monjas de la antigua escuela, que no entienden que haya que mitigar el dolor, y jóvenes profesionales como la protagonista) que controlan embarazos y partos en la Inglaterra posterior a la segunda guerra mundial.

No quiero meterme en el terreno de mi compañero Jesús Travieso, autor del blog de series de televisión Solo un capítulo más, es simplemente una recomendación basada en dos capítulos encontrados al azar, que además no son los primeros. A él le dejo, si le apetece, el visionado completo y análisis sesudo de experto.

Yo me he quedado con ganas de verla desde el principio. Es obra de la BBC, producida por Sam Mendes, está basada en unas novelas autobiográficas, la primera temporada se estrenó en 2012 y parece que hay ya dos emitidas.

¿La habéis visto?

¿Quién no guarda algo de su infancia?

22125516_5659765El otro día descubrí por casualidad el blog La buscadora de libros en el que una librera busca libros que otros desean por distintos motivos. En ese blog hablaban de Las aventuras de Zaro, una colección que yo tengo casi completa (puede que entera, ahora que reviso la imagen, tengo que asegurarme) en la que un niño extremeño iba encontrándose con distintos animales patrios: el sapo, el azor, el toro bravo, la gineta, el buho…

Los adoraba. Los guardo como un tesoro para cuando mis niños puedan disfrutar con su lectura. Por lo que pude ver por Zaro y el cuco pagan 40,3 euros y por Zaro y el azor 21 euros. Yo no los vendo, pero si alguien por ahí los tiene en casa, ya sabe dónde tiene que dirigirse.

Como os decía, yo no los vendo. Y entiendo al que, teniendo dinero, está dispuesto a gastarlo en esos libros. Puede ser para dárselos a sus hijos. A fin de cuentas es lógico pensar que lo que a ti te fascinó de pequeño también podría enamorar a tus retoños. Y compartirlo con ellos es, un poco al menos, volver a ser de nuevo un niño. Puede ser también para uno mismo, para reencontrarse con su infancia.

Todos lo hemos hecho. Yo he leído a Julia El principito y los cuentos/poemas de Coleta la Poeta de Gloria Fuertes. También he visto con ella de nuevo Dartacán y los tres mosqueperros, Erase una vez la vida y Tod y Toby, mi película favorita de Disney, la primera que recuerdo ver en cine.

¿Quién no guarda algo de su infancia? ¿Quién no lo busca para recordarlo o presentárselo a sus niños? Seguro que vosotros también lo habéis hecho.

Las empresas son conscientes y juegan a reeditar la nostalgia: ahí están las canciones de Los payasos de la tele o Heidi aún vendiéndose o esas versiones modernas de La abeja Maya en su país multicolor.

Hace muy poco he comprado por menos de cinco euros una película que me encantó de pequeña: El último unicornio basado en un libro delicioso de Peter S. Beagle. He podido ver con Julia fragmentos en Youtube, un gran aliado si se sabe usar bien. Pronto podremos ver entera esta preciosa historia.

Y ando a la caza de otra película: El caballito jorobado. De 1975, rusa, en verso… la pude ver una única vez siendo muy pequeña pero se me quedó grabada a fuego. Dibujaba los caballos que la protagonizaban con los rotuladores amarillos más brillantes que encontraba. No recordaba de ella el título. Hace dos días estuve buceando en Internet sin descanso hasta descubrir qué película era. Casi doy botes en la cama con el portátil en las rodillas. Ahora el siguiente reto es conseguirla.

Juguetes no guardo ninguno. No era una niña de muchos juguetes la verdad, prefería los cuentos, los praos asturianos, la bicicleta y algunas películas y series. Creo que el juguete que más disfruté, al que más tiempo dediqué, fue la maleta-casa de Pin y Pon que os muestro en la foto. La he encontrado en Segunda Mano y he escrito, a ver cuánto piden por ella.

Por cierto, menuda decepción los modernos Pin y Pon, los prefería con mucho como eran antes. Y me consta que no soy la única.
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Es vuestro momento. ¿Os apetece compartir vuestras nostalgias infantiles?

‘Dartacán’ y ‘Érase una vez el cuerpo humano’, el reencuentro

Imagino que es inevitable. Se cruza en tu camino una serie que te volvía loca cuando eras niña, ya sea en youtube, en DVD o en la tele, y se la muestras entusiasmada a tus hijos pequeños. Si a ti te encantó, si tanto te gustaba. ¿Cómo no le va a gustar a tus hijos? Por lo menos hay que intentarlo.

A veces, al verla de nuevo con ojos de adulto, notas los fallos, pierde el encanto, te avergüenzas un poco de haberla recuperado sabiendo que sus días de gloria ya pasaron. Pero en otras ocasiones la magia se conserva, pese a los trazos gruesos, pese a las malas pasadas que nos juega la memoria, y disfrutamos viendo que entretienen a nuestros niños y revisitándolas.

En mi casa han tenido mucho éxito de momento ‘Dartacán’ y ‘Érase una vez el cuerpo humano’. Sobre todo la segunda tiene fascinada a Julia. Y si nos limitamos a las sintonías musicales de otras series de mi infancia, también triunfan ‘Fragle Rock’, ‘Los diminutos’ y ‘Dragones y mazmorras’.

En cambio ha habido algunos intentos que no han prosperado. Al volverlas a ver no han convencido a los peques de la casa y a mí me ha parecido mejor dejarlas sobrevivir como un buen recuerdo. Ha sido el caso, por ejemplo, de ‘La bola de Cristal’ o ‘Ulises 31’.

Os dejo un par de de mis series infantiles favoritas, excluyendo a las del título. Todas procuraré ponérselas a mis hijos. Seguro que coincido con muchos de vosotros. En aquellos años 70 y 80, con apenas uno o dos canales, la mayoría de los niños veíamos lo mismo.