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¿Amenazan los drones a la cetrería?

drone

Los drones están de moda. Esos aviones no tripulados han revolucionado en muy poco tiempo nuestras vidas (estudios científicos, vigilancia, transporte) y muertes (asesinatos selectivos, ataques militares). Lo que yo no me esperaba era que aspiraran a acabar con la cetrería, ya sabes, esa vieja técnica de caza con rapaces recientemente declarada por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

El caso es que son ya muchas las empresas que ofertan modelos de avioncitos trucados como azores, águilas o halcones, con la finalidad de espantar aves no deseadas en aeropuertos o parques. Incluso emiten gritos grabados de alarma.

¡Si Félix Rodríguez de la Fuente levantara la cabeza!

Fue él quien en 1968 puso en marcha un plan aparentemente descabellado: utilizar aves rapaces para el control de las aves potencialmente peligrosas en los aeropuertos. Empezó en Barajas y rápidamente se vio el éxito de la propuesta. Tanto que todavía hoy en día la mujer del llorado naturalista sigue encargándose de esta función en nuestro principal aeropuerto español.

Se lo comenté el otro día a su hija, Odile Rodríguez de la Fuente, y aunque ella no es una experta en la altanería, rápidamente rechazó la posibilidad de utilizar este tipo de aparatos como halcones teledirigidos contra gaviotas y estorninos. “Para espantarlos es fundamental que las rapaces cacen“, me explicó. “Si no lo hacen, rápidamente se dan cuenta de que son inofensivas y acaban ignorándolas”.

Tiene razón. El verano pasado en Dublín me encontré con unas esculturas de halcones colocadas en un club náutico para espantar pájaros de tan distinguido lugar. Cada 10 minutos las maquetas reproducían gritos de halcón, pero las aves se lo habían aprendido. No les hacían el menor caso. Incluso algunas se posaban con descaro sobre ellas.

Lo confieso. No me gusta nada la cetrería. Pero, en el fondo, prefiero ver volar una rapaz viva que gritones drones de plástico. ¿Y tú qué piensas? ¿Crees que esas réplicas teledirigidas acabarán sustituyendo a las rapaces en los aeropuertos?

Curiosamente, el pájaro que ilustra este artículo está diseñado por la empresa española de armamento EXPAL. Así que además de para cetrería, su uso como vehículo aéreo camuflado va a tener mucho más éxito comercial en el campo militar y del espionaje. Desgraciadamente.

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Un halcón logra volar a 293 kilómetros por hora

Nuestro tren más rápido, el AVE, tiene un duro competidor, otra ave, pero ésta auténtica: el halcón peregrino.

¿Es posible que un pájaro logre superar los 240 kilómetros por hora de la famosa locomotora?

Un grupo de cetreros lo han demostrado en Estados Unidos, forzando al máximo las posibilidades biológicas de la especie. Para llevar a cabo su experimento eligieron una espectacular hembra, siempre más robustas y fuertes que los machos, y en una avioneta la subieron a 12.000 pies, 3.658 metros de altitud, donde la propia respiración se ve comprometida por la falta de oxígeno. Un detector de velocidad instalado en una de las plumas de su cola enviaba los datos a un ordenador central. Un paracaidista se tiró y, desde el aire, lanzó el cimbel, una bola de cuero con un pequeño trozo de carne, a modo de presa.

El halcón no se lo pensó dos veces. Como podéis ver en este espectacular vídeo de National Geographic, se lanzó como una bala, a tumba abierta. Y no falló. ¿La velocidad de caída? Impresionante, 293 kilómetros por hora.

Por suerte para todos, estas auténticas saetas con plumas son cada vez más habituales en España. Y no sólo en agrestes risqueras y apartados cortados montañosos.

También en las ciudades e incluso grandes urbes. Como Madrid, donde acaban de anillarse los pollos de una pareja que por segundo año consecutivo cría en la torre del Museo de América. O como Barcelona, donde gracias a un proyecto de reintroducción están criando incluso en las torres de la Sagrada Familia. Son los halcones urbanitas, de los que ya os hablé en una ocasión, el más bello sistema de lucha biológica contra palomas y tórtolas.

En toda España la población se estima entre 2.400 y 2.700 parejas pero realmente nunca, hasta ahora, se había abordado un censo nacional. Por eso este año cerca de 300 voluntarios, coordinados por SEO/BirdLife, están realizando el I Censo Nacional de halcón peregrino. Todo indica que sus poblaciones han aumentado, para satisfacción nuestra y terror de sus tradicionales presas.

Si estos días miras al cielo, es muy posible que puedas ver algún ejemplar de tan fabulosas rapaces, ahora enfrascadas en la cría de su prole. Fíjate bien en su vuelo raudo. Son auténticas flechas lanzadas al cielo.

En la imagen superior, los dos pollos de halcón anillados este año en el Museo de América (Madrid). Sobre estas líneas, un peregrino sobrevuela en Barcelona la Sagrada Familia.

Un príncipe saudí aniquila a las hubaras

Me lo advirtió mi amigo Joachim Hellmich antes de viajar al Sáhara. “En Tarfaya están las mejores poblaciones de hubara de África, así que abre bien los ojos. Y ten cuidado, no te vayas a encontrar con los halconeros del príncipe Bin Abdulaziz, que suelen ir a cazar allí a finales de diciembre”.

Hellmich es probablemente el mayor experto del mundo en hubaras, una pequeña avutarda del desierto seriamente amenazada de extinción. Le conocí en Fuerteventura, donde ha dedicado muchos años de su vida al estudio de esta esquiva ave, prácticamente invisible a pesar de su gran tamaño. Luego se fue unos años a Errachidia, en el sur de Marruecos, para trabajar con las poblaciones saharauis. Le contrató Su Alteza Real el Príncipe Sultán Bin Abdulaziz Al Saoud, príncipe heredero y ministro de Defensa y Aviación Civil del Reino de Arabia Saudita.

El sultán es un cetrero compulsivo, amante de la caza de la hubara con halcón peregrino, y está preocupado pues cada vez le resulta más difícil capturar a estas extrañas avutardas. De hecho, en su país ya están extinguidas. Como dinero no le falta, ha montado en Agadir la Fundación Internacional para la Protección y el Desarrollo de la vida silvestre, un centro de estudio y cría en cautividad de hubaras. Para Hellmich fue una decepción. Pasaba meses siguiendo hubaras marcadas que luego le traían muertas los cazadores. Así que se fue.

Aunque de refilón, la semana pasada me encontré con el campamento base del sultán cerca de Akfnir, no muy lejos de Tan Tan. Parecía un campo de refugiados, con cientos de tiendas de campaña blancas, el mismo color de los modernos todoterrenos aparcados junto a ellas. Pero los vehículos no eran los de la MINURSO para el Sáhara. Eran los de los cetreros. La expedición de caza del príncipe saudí estaba integrada por más de 500 personas, un centenar de halcones, un número indeterminado de caballos y varios helicópteros. En sus expediciones cinegéticas han llegado a capturar hasta 121 hubaras, además de infinidad de liebres del desierto, perdices y prácticamente todo bicho viviente que se les ponga por delante. Se consideran respetuosos con el medio ambiente, amantes de la naturaleza, depositarios de las antiguas tradiciones de la altanería, pero son como el caballo de Atila. Por muchos proyectos de cría en cautividad que desarrollen, a ese ritmo acabarán con las hubaras. Y nadie les dirá nunca nada porque ¿quién se atreve a denunciar a tan egregio personaje? El desierto es suyo y los petrodólares también.

Vista parcial del campamento de caza con halcones de hubara en Akfnir (sur de Marruecos), montado la semana pasada en medio del desierto para disfrute del príncipe Bin Abdulaziz.

Retrato oficial del príncipe saudí.