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El gesto que hará que le caigas mejor a los demás

Es muy simple. Un reciente estudio, realizado por Kawahara, profesor asociado de la Universidad de Hokkaido y Takayuki Osugi, profesor asociado de la Universidad de Yamagata, concluye que asentir con la cabeza, ofreciendo no verbalmente tu aprobación, provoca un inmediato efecto de afabilidad en los demás.

En el experimento, los investigadores pidieron a los participantes que calificaran la simpatía de una serie de figuras generadas por ordenador. Los participantes tuvieron que evaluar el atractivo, la accesibilidad y la simpatía de las figuras, usando una escala de 0 a 100. El resultado: Asentir te hace un 30% más agradable.

Según explica Kawahara esta es la primera vez que un estudio muestra que el simple hecho de ver a alguien mover sutilmente la cabeza puede cambiar positivamente la actitud del observador hacia esa persona. Aunque puntualiza:

Generalizar estos resultados requiere un cierto grado de precaución porque las caras femeninas generadas por ordenador se utilizaron para manipular los movimientos de la cabeza en nuestros experimentos. Se necesitan más estudios que involucren figuras masculinas, rostros reales y observadores de diferentes antecedentes culturales para aplicar estos hallazgos a situaciones reales de nuestro mundo.

Ya existen numerosos estudios que han revelado que diversas señales propias de la comunicación social (por ejemplo, la dirección de la mirada y las expresiones faciales) desencadenen diferentes procesos que pueden influir en la formación de las impresiones de los rasgos de personalidad.

Con este estudio se amplía la idea al incluir el movimiento vertical de la cabeza como factor de influencia en las sensaciones subjetivas sobre los demás, lo que sugiere que el sistema cognitivo humano interpreta y califica las impresiones faciales al asociar los movimientos de la cabeza (por ejemplo, asentir con la cabeza) con valencia positiva (por ejemplo, aprobación).

¿Hasta qué punto puede controlar la gente su lenguaje corporal?

2613512932_8ec67ee12e_bLo cierto es que el grado en que puede ser controlada una acción no verbal depende del tipo de comportamiento del que se trate. En nuestras interacciones diarias es común que controlemos algunos de nuestros comportamientos, y otros los realicemos de forma más habitual, casi sin darnos cuenta. Con retroalimentación, en la cantidad apropiada y del tipo correcto, se podrían, probablemente, controlar de manera consciente estos comportamientos.

Los investigadores Ekman y Friesen  se ocuparon de cinco tipos de comportamiento no verbales y el grado en que nos damos cuenta de que los estamos llevando a cabo:

  1. Los emblemas son actos no verbales que tienen una traducción verbal directa. Estamos muy conscientes de que realizamos estos actos, y es muy probable que estén bajo nuestro control en la misma medida que lo está la selección de las palabras. (Ej: No pronunciar la palabra “sí” pero mover la cabeza de arriba a abajo de un modo afirmativo).
  2. Los ilustradores son gestos que acompañan e ilustran nuestra habla. Aunque parecemos estar conscientes y ser capaces de controlar estos movimientos, el nivel de conciencia y control es menor que el que tenemos con respecto de los emblemas.
  3. Las demostraciones de afecto son expresiones de emoción, normalmente expresadas por el rostro. Una vez que ha aparecido la expresión en el rostro, parecemos tener un alto grado de conciencia, aunque la expresión se puede dar sin ninguna conciencia o control. Ekman y Friensen creen que generalmente controlamos bastante bien nuestras expresiones faciales, por lo que consideran que es inapropiado buscar ‘aisladamente’ indicios en ellas sobre la veracidad de lo que nos dice una persona.
  4. Los reguladores son los comportamientos que nos sirven para mantener el flujo de ida y vuelta del habla y de escuchar en la conversación. En general no nos damos cuenta de estos comportamientos cuando son propios, pero estamos muy conscientes de su presencia en otras personas. Éstas son las señales que nos indican que nos apresuremos, dejemos de hablar, nos expliquemos, repitamos, etc.
  5. Los adaptadores son los comportamientos que nosotros llamamos con frecuencia tics nerviosos, como son morderse las uñas, enroscar el cabello con un dedo, rascarse, etc. Se cree que estos comportamientos se desarrollan junto con nuestras primeras experiencias al estar aprendiendo nuestros comportamientos sociales, emocionales e instrumentales. Normalmente, tendríamos poca conciencia de estos actos, aunque nos preocupamos por los posibles efectos que pueda tener nuestra apariencia, y hacemos ajustes para encajar en diversas situaciones sociales.

Además, con frecuencia estamos controlando el medio ambiente de una interacción cuando escogemos encontrarnos en un lugar y no en otro, cuando modificamos la iluminación y el mobiliario pensando en los fines de nuestra reunión, etc. De este modo, a veces tenemos un alto grado de control sobre nuestro comportamiento no verbal, como es el caso de los políticos, que planean con mucho cuidado su apariencia y movimientos cuando van a aparecer en público.

Pero en otras ocasiones parecemos tener muy poco control, como demostraron unos profesores en un estudio dirigido por Rosenthal y Jacobson. Se aplicaron pruebas de inteligencia a un grupo de estudiantes de nuevo ingreso a primaria, antes de que tomaran clases por primera vez. Elegidos al azar (no dependiendo de los resultados de las pruebas), estos alumnos fueron enviados a distintos maestros. A algunos maestros se les dijo que tenían alumnos que habían obtenido altas calificaciones en las pruebas de inteligencia, por lo que deberían mostrar gran desarrollo durante el año. Estos alumnos mostraron un adelanto considerable en las pruebas de inteligencia realizadas a fin de año.

Entre otras cosas, los investigadores creen que el comportamiento no verbal de los maestros contribuyó notablemente al aprendizaje de los alumnos al comunicar sus esperanzas de triunfo por medio del contacto físico, las expresiones faciales, el tono de voz y otros comportamientos no verbales, aunque el deseo de manipular estos comportamientos no fuese consciente.

A pesar del hecho de que, en apariencia, tenemos más control sobre algunas áreas del comportamiento no verbal que sobre otras, es una tendencia común a todos creer que las señales no verbales suelen no estar bajo nuestro control. Mientras más gente aprenda sobre el comportamiento no verbal, será más probable que los comportamientos que estaban más allá de nuestro control lleguen a estar bien asimilados por todos.

 

 

 

*Referencia: Knapp, Mark. El rol del comportamiento en la interacción humana. En ‘La ciencia de la Comunicación Humana’, McGraw Hill.