Archivo de la categoría ‘Ecologismo’

Los Reyes Magos no encuentran la estrella de Navidad

29 diciembre 2011

Esto de ser Rey Mago es cada año más difícil, y no me refiero a los esfuerzos económicos que tal labor conlleva. Hace 2012 años, año más, año menos, los cielos nocturnos reventaban de estrellas. Hasta se decía entonces que los astros estaban engarzados en esferas de cristal cuyo giro producía un sonido mágico.

Pero esa música celestial ha desaparecido, como también han desaparecido las propias estrellas. Y si no, hagan la prueba y miren esta noche el cielo ¿cuántas pueden ver? Si viven en una ciudad reconocerán con suerte al luminoso Sirius, nuestro particular faro del Universo. La contaminación lumínica nos ha arrebatado en apenas unas pocas décadas el espectáculo más impresionante de todos, los cielos estrellados. Ha condenado así a los Reyes Magos a vagar de centro comercial en centro comercial, desorientados, incapaces de dar con el cometa que les señale el camino hacia nuestras ilusiones navideñas.

¿Tiene sentido seguir derrochando electricidad en estas fiestas? Si lo hacemos para animar el consumo ¿por qué no se apagan las luces cuando cierran los comercios? Si añadimos una gran iluminación extra en calles habitualmente bien iluminadas ¿por qué no apagamos mientras tanto las farolas? Si es para celebrar la Navidad ¿por qué no se encienden sólo durante las fiestas?

El problema no es sólo de estas fechas. España es, junto con Italia y Portugal, el país más derrochador en iluminación de toda Europa. Y de nuestras ciudades, las mediterráneas como Valencia, Alicante o Murcia tienen el récord. Su contaminación lumínica es hasta tres veces más intensa que la de Madrid o Barcelona. ¿Alguna explicación lógica? Tan sólo el gusto por el despilfarro.

Hemos rodeado la vida nocturna de farolas de todo tipo, paradójicas compañeras de nuestros sueños e insomnios. ¿Cuanta más luz más seguridad? Pues tampoco. Esa iluminación extra también ayuda mucho a los cacos a robar en tiempo récord.

El problema es que ya no valoramos lo auténticamente bueno, el silencio, las estrellas, el aire puro. No escuchamos a poetas como Jacint Verdaguer, quien decía sabiamente:

“La llum del dia és per mirar la terra;

la de la nit, per contemplar lo cel”.

He tomado este precioso poema de la página de la Asociación contra la Contaminación Lumínica Cel Fosc, cuyos miembros luchan desde hace años por lograr que la cordura y las estrellas regresen a nuestra vida.

Porque hay otra manera de encender la noche, seamos eficientes, iluminemos nuestra vida.

También puedes encontrarme en Twitter (@lacronicaverde) y en Facebook (www.facebook.com/cronicaverde)

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Necesitamos 3.000 millones de lavadoras para ser felices

03 noviembre 2011

La primera lavadora se patentó en Inglaterra en 1691. Era a manivela. En 1904 aparecieron en Estados Unidos las primeras eléctricas, pero hasta después de la Segunda Guerra Mundial no se convirtió en un aparato cotidiano en Europa. A partir de 1960, tener un seiscientos y una lavadora fue el sueño de toda familia joven española.

Para quienes odiamos lavar a mano es sin duda uno de los inventos más importantes de la humanidad. Y sin embargo, no le damos importancia. Apenas un aparato más en nuestra larga colección de trastos electrónicos. Pero la realidad mundial es diferente. 2.000 millones de pobres en el planeta no tienen acceso a la electricidad, mientras 1.000 millones de gente rica la derrochamos. Quedan 4.000 millones de personas en el planeta ni ricos ni pobres. ¿Cuántos de estos últimos tienen una lavadora? Como ha señalado el agudo profesor Hans Rosling, a quien copio esta reflexión, apenas 1.000 millones más. Los otros 3.000 millones tienen electricidad pero carecen de dinero y agua corriente para poder disfrutar de la mágica máquina.

Esta situación condena injustamente a las mujeres (siempre ellas) a lavar a mano en condiciones terriblemente duras, alejándolas del mercado laboral y arrojándolas al infeliz analfabetismo. Y todos esos millones de personas sueñan hoy con una lavadora como soñaron con ella nuestras abuelas.

¿Os parece un tema baladí? En absoluto. ¿Cuántos de vosotros no usa nunca el coche? Seguro que algunos. ¿Y cuántos de vosotros no usa la lavadora para lavar ropa y sábanas? Ninguno.

Imposible, dicen los ecologistas radicales. Los 7.000 millones de habitantes del planeta no pueden tener coche y lavadora. No hay recursos y energía suficientes para tanta gente. Pues habrá que buscarlos en las energías renovables y el reciclaje. O no podré volver a lavar mi ropa sin acordarme de todas esas personas para quienes algo tan cotidiano sigue siendo un sueño inalcanzable.

Como os decía, esta reflexión mía tan sólo traduce la clase magistral que dio en diciembre del año pasado Hans Rosling a la TED (Tecnología, Entretenimiento y Diseño), una ONG dedicada a las ideas de mentes brillantes que vale la pena difundir. Os recomiendo sinceramente su conferencia, un ejemplar modelo de divulgación al que no estamos acostumbrados en Europa. Rosling es director de la Fundación Gapminder, desarrollador del sistema Trendalyzer, un programa para convertir series estadísticas en gráficos interactivos con el objetivo de promover una visión del mundo basada en hechos y datos a través de la comprensión de información estadística pública. En el siguiente vídeo está su charla completa. Éste sí que es un monólogo interesante.

Por problemas técnicos sólo os puedo incrustar aquí el vídeo original con posibilidad de subtitularlo en inglés, pero pinchando en este enlace lo tenéis con subtítulos en español.

 

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¿Dónde está el planeta de repuesto?

07 octubre 2011

Dicen los economistas que las cuentas no cuadran, que gastamos más de lo que tenemos y así nos luce el pelo. Que si no reducimos el gasto actual la crisis se va a llevar por delante nuestro futuro.

Tienen razón. El pasado 19 de abril España entró en déficit ecológico. En apenas cinco meses habíamos gastado más superficie en cultivos, pastos, bosques, pesca, viviendas e infraestructuras que la que el territorio es capaz de regenerar en un año. Roto el equilibrio de nunca consumir por encima de la capacidad natural de recuperación, desde entonces vivimos de prestado. De los ahorros de otros, especialmente de los países pobres, a quienes esquilmamos para abastecer nuestro hambriento mercado al tradicional grito de “quien venga detrás que arree”.

Según datos de la Global Footprint Network, la biocapacidad de España es actualmente de 1,61 hectáreas globales por habitante y año, pero consumimos 5,42 hectáreas. Nuestra “huella ecológica” es por ello más una gigantesca patada que una pisada respetuosa, lo más parecido a la del caballo de Atila.

Si estuviéramos en un sistema cerrado, autárquico, necesitaríamos tres Españas para sobrevivir, pero sólo tenemos una y bastante maltrecha. Curiosamente, la ministra Salgado ni se ha inmutado ante tan descomunal déficit.  Quizá porque el problema es global y “mal de muchos, consuelo de tontos”.

De hecho, el planeta también entró la pasada semana en déficit ecológico, tras haber consumido el total de su presupuesto de recursos naturales para 2011 en nueve meses. Ello significa que desde ahora y hasta el 31 de diciembre estaremos gastando por encima de la capacidad natural de producción de la Tierra.

Vivimos a crédito y, por dura experiencia, sabemos lo difícil que nos va a costar pagar esta hipoteca. Porque no hay un planeta de repuesto.

Dibujo: Acertadísima viñeta de Alberto Montt en sus ya famosas Dosis Diarias.

Os dejo este vídeo, homenaje a nuestro sobreexplotado planeta Tierra y a las personas que han luchado por hacerlo más vivible. Una triste preciosidad.

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Los peligros de usar el carril bici

07 septiembre 2011

Las bicicletas son para todo el año, aunque es verdad que en verano nos acordamos más de ellas. Por suerte cada vez se usan más en nuestro país, pero aún como herramienta lúdico-deportiva y no como transporte habitual. Sin embargo, qué peligros tiene esto de ir en bici. Pocos automovilistas saben mantener la seguridad del ciclista cuando se encuentran con uno de ellos y menos aún los peatones. Por no hablar de los carriles bici, cuyo uso es una auténtica carrera de obstáculos.

En este vídeo se cuenta cómo un vecino de Nueva York fue multado con 50 dólares por no usar el carril bici. Cabezota, reivindicativo (y duro, muy duro), decidió seguir las indicaciones del policía al pie de la letra y así le fue. Conclusión: Lleva siempre puesto el casco. Él no lo hizo y seguro que lo lamentó.

Visto en Eco Microsiervos.

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Un vídeo de la DGT sobre ciclistas se pasa de sexista

05 junio 2011

Hace falta promocionar el uso de las bicicletas como excelente método de transporte, barato, sano y ecológicamente sostenible. Pero no es de recibo que, para una vez que la Dirección General de Tráfico (DGT) se preocupa de enseñarnos a ciclistas y conductores las normas mínimas de convivencia en carretera, tropiece en un sexismo que hace enrojecer al machista más carpetovetónico.  Y si no, ¿cómo interpretáis vosotros el comienzo de este vídeo educativo?

“Un señor con traje que va en bicicleta a su trabajo. Una señora con la compra en la cesta de la bici”.

El hombre trabaja y la mujer hace la compra. ¿Os suena?

Para seguir afirmando al mundo que “esto es España y este es uno de los grandes cambios que están ocurriendo. Cada día, dos millones de españoles usan la bici para desplazarse, y se espera que en 2020 sean un millón más”.

Verdaderamente es una buena noticia el resurgir de la bicicleta no sólo para ocio, sino como vehículo de transporte urbano. Pero resulta inaceptable el uso de clichés sexistas de épocas pasadas en una promoción institucional ¿no os parece?

De todas formas os dejo a continuación el vídeo. Para que lo veáis, critiquéis y, ya de paso, tomemos todos conciencia de las mínimas normas de seguridad en carretera cuando nos enfrentamos a las dos ruedas.


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Volvamos a la huella ecológica de las abuelas

13 mayo 2011

Se llama Carmela, tiene 84 años y vive en Granada como siempre vivió, como siempre se vivió. Pausadamente. Viendo pasar la vida tratando de mejorarla con esos pequeños actos que al final se convierten en grandiosos para los que día a día nos enfrentamos a un engullidor mundo moderno.

Su nieta Evelin Navarro, aficionada al cine, le acaba de dedicar un precioso cortometraje (presentado al II Festival Ecológico “La Luciérnaga Fundida”) donde nos muestra la diferencia abismal de huella ecológica entre generaciones, cuestionando así el cada vez mayor impacto ambiental de nuestra sociedad para llegar a una felicidad imposible.

Como explica la realizadora, “avancemos hacia el futuro pero aprendiendo del pasado”: más luz natural y menos bombillas, insecticida de limón y clavo, ambientadores con hojas de lavanda y laurel, jabón casero, abanicos en vez de aire acondicionado, ropa de abrigo contra calefacciones, la charla reposada frente a tanto teléfono; mirar más a la calle y menos al televisor. No se trata de volver a las penurias de la postguerra, tan sólo de regresar a un planeta más habitable. Ése del que nuestros mayores tanto nos pueden enseñar.

Es verdad. A ellos siempre les costó tirar cualquier cosa, todo podía valer. Ante la actual vorágine de consumismo global y obsolescencia programada, el escritor Eduardo Galeano (70 años) reconoce que “en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra”, incapaz de cambiar el equipo de música una vez al año, el móvil cada tres meses o el ordenador cada Navidad. A nosotros nos pasa lo contrario, somos incapaces de guardar. Por eso es tan importante el ejemplo de Carmela y de todas las abuelas. Ellas sí que saben lo que es la Slow Life, el disfrutar de las pequeñas cosas, el reciclaje y el desarrollo sostenible. Cuánto tenemos que aprender de todas vosotras.

Visto el corto en el Facebook de la Revista Quercus.

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El gran negocio nuclear

17 marzo 2011

La terrible tragedia nuclear de Japón no existe. Es un invento de los ecologistas. Chernóbil también fue un invento, pero de los comunistas. Chernóbil nunca podrá repetirse pues las centrales nucleares de los países occidentales son seguras al cien por cien, están diseñadas a prueba de bombas y terremotos.

Durante décadas, el lobby nuclear no paró de azuzarnos con su matraca de adoctrinamiento comunicativo. Nos llevaron a visitar sus centrales y nos cubrieron de publicidad con la única intención de doblegar nuestras dudas antinucleares. Todos ellos callan ahora, mientras seis reactores en Fukushima, clones de Garoña, se funden completamente descontrolados.

La tecnología que logró domesticar a la bomba atómica se muestra impotente siquiera para saber qué está ocurriendo allí dentro; proponiendo tan sólo medidas desesperadas como llamar a los bomberos para echar agua en ese infierno mientras mantienen el habitual secretismo informativo.

Estados Unidos, el país que arrasó Japón con dos bombas nucleares, inició su reconstrucción con el programa Átomos para la Paz. Sin petróleo, gas o carbón, necesitaban cuantiosos recursos energéticos para poder transformarse en una superpotencia mundial. Optaron así por la energía atómica de diseño norteamericano, a pesar de los riesgos en un país sísmicamente muy activo. La sed de energía y un optimismo tecnológico general superaron todos los miedos, ofreciendo al tiempo jugosos negocios: las eléctricas se llevan las ganancias, mientras el Estado carga con los residuos radiactivos y unas catástrofes que las aseguradoras se niegan a asumir.

Siglo XXI y nuestra sociedad sigue aprendiendo a palos, sacando conclusiones de sus trágicos errores. Una energía que puede convertirse en incontrolable debe, sencillamente, abandonarse.

Foto tomada desde un helicóptero militar del reactor 3 en la central de Fukushima. (Tokyo Electric Power/ Reuters)

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¿Somos ecologistas o tan sólo ahorradores?

03 marzo 2011

La crisis Libia ha desatado todos los miedos que la crisis económica no había logrado aún despertar. El precio del petróleo se ha disparado y es necesario reducir nuestra fuerte dependencia energética con el exterior. De la noche a la mañana los políticos se han convertido en preocupados gurús del desarrollo sostenible, defensores de las bombillas de bajo consumo, del transporte público, de reducir la velocidad de los automóviles, dar prioridad a las bicicletas, bajar las calefacciones y el aire acondicionado, reciclar.

Hemos pasado del eufórico “consume hasta morir” de la despilfarradora época de la burbuja inmobiliaria al modelo de la “slow life”, la vida pausada y respetuosa con el entorno. ¿Nos estaremos convirtiendo en ecologistas o tan sólo en obligados ahorradores?

Desde su nacimiento hace poco más de medio siglo el ecologismo ha sido criticado con dureza por defender un modelo de desarrollo diferente al actual que siempre se tachó de ir en contra del progreso, de querer volver a la Edad de Piedra.

Y ahora, de repente, no sólo se acepta esta filosofía sino que ya empieza a verse como tabla salvadora de nuestra economía. Aunque se nos nota todavía algo verdes. Porque mientras se anuncia que Fomento apagará la mitad de las farolas de las autopistas para ahorrar electricidad, los nuevos tramos se siguen diseñando con más luces que la Feria de Sevilla y los monumentos se iluminan toda la noche para regocijo de las aves nocturnas.

Ni ahorradores ni ecologistas. Lo único que sufrimos es un ataque de sentido común. Porque como dice muy acertadamente el profesor emérito de Economía de la Universidad de París, Serge Latouche,

“cualquiera que piense que es posible crecer ilimitadamente en un planeta con recursos finitos es, o bien un loco, o bien un economista”.

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El modelo de Chernóbil llegará a Garoña

20 enero 2011

Visitar Chernóbil, el lugar del mayor desastre medioambiental de la historia, está de moda. Esa Zona Cero donde el 26 de abril de 1986 se liberó 500 veces más material radiactivo que en la bomba atómica de Hirosima, donde murieron 31 personas y 135.000 debieron ser evacuadas, por cuya influencia han podido morir de cáncer más de 100.000 personas, tiene interés turístico.

Pone los pelos de punta ¿verdad? Pues parece que a muchos no sólo no les espanta, sino que les atrae. De hecho, y a pesar del peligro latente que la radioactividad de la zona todavía representa, son miles los turistas que todos los años se acercan a Chernóbil como quien viaja a París a ver la Torre Eiffel. Tantos que el gobierno ucraniano ha anunciado la próxima apertura turística del entorno de la ruinosa central, harto de que las agencias lo ofrezcan desde hace años de forma ilegal, esto es, sin pasar por caja.

¿Serán todos los visitantes fervientes ecologistas? ¿Ávidos antinucleares necesitados de contemplar con sus propios ojos el horror de nuestra soberbia tecnológica? Ni mucho menos. Tan sólo son turistas del morbo, expertos en campos de concentración, cárceles malditas, catacumbas y otros lugares del horror.

Os juro que no lo entiendo. El turismo nació como respuesta a la inquietud humana por conocer las maravillas del planeta, lugares únicos como Venecia, Toledo, el Gran Cañón o Doñana. Este turismo de lo feo lo aceptaría como ejercicio pedagógico, para que viendo lo malo reforzáramos nuestra pasión por lo bueno, por lo bello. Pero no. Me temo que no es así. Verán el desastre de Chernóbil y seguirán a favor de la energía nuclear, ajenos al terrible coste medioambiental en la gestión de unos residuos radiactivos que, por accidente o actividad industrial, se mantienen peligrosamente activos durante miles de años.

Y en nuestro país, donde mezclamos pensiones con cierre de nucleares, pronto tendremos viajes del Imserso a Garoña, al más puro modelo Chernóbil. De hecho ya existen.

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2010 ha sido un mal año para la biodiversidad

30 diciembre 2010

Puestos a hacer balance, este año que ahora acaba ha sido malo para el medio ambiente. Baste recordar que la promesa de reducir la pérdida de biodiversidad en todo el mundo para el año 2010 no se ha cumplido ni de lejos, al tiempo que todo el mundo celebraba pomposamente el Año Internacional de la Biodiversidad.

La degradación planetaria sigue imparable, incluso más rápida y destructiva que nunca. También en nuestro país, donde la defensa de la biodiversidad nos sigue pareciendo algo decorativo y superfluo, cuando en realidad es la salvaguarda de nuestro futuro. Y nuestra manera de gestionarla habla mucho de qué tipo de sociedad hemos creado, cada día más abocada hacia un desarrollismo desestructurado sin futuro.

La nueva ministra Rosa Aguilar ha prometido pintar de verde el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM), pero con un presupuesto cercenado no tendrá dinero para comprar la pintura. Tampoco voluntad política para impedir el avance de los cultivos transgénicos, proteger el atún rojo, paralizar el proceso de elección de ubicación del cementerio nuclear, rechazar en los tribunales la rebaja de 300 especies en el nuevo catálogo de especies protegidas de Canarias, evitar la muerte de más linces o el estancamiento de la Red Natura 2000.

Se han hecho pocas cosas, pero muchas de ellas han sido para supuestamente revalorizar los espacios naturales, cuando en realidad sólo se han levantado infraestructuras con escaso contenido y carentes de personal preparado que las puedan gestionar con eficacia. Otra parte se ha ido en marketing y merchandising, nueva versión improductiva de la olvidadfa educación ambiental.

La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado 2011 Año Internacional de los Bosques. Visto lo visto, todo quedará en una celebración más carente de compromisos, y mientras seguiremos destruyendo nuestras forestas a velocidad endiabladamente irracional. Pobres árboles. No pueden echar a correr para evitar la que les viene encima.

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