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Escaparates con maniquíes de carne y hueso

Mi mejor amigo estaba dentro de un escaparate el día que le conocí. Sí, como lo leéis. Él y otros siete modelos.

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Hacían gestos, sonreían, señalaban o saludaban a la gente que pasaba por la calle. Por un momento sentí que volvía al Barrio Rojo de Amsterdam (quien haya estado lo entenderá) y me pareció asqueante. No por mi amigo, que estaba trabajando y ganándose la vida como podía (y quería), al igual que yo, aunque más que de modelo haya trabajado de imagen, sino por el hecho de tener a ocho personas como si fueran artículos de coleccionismo, objetos preciosos de decoración, cosas.

Maniquíes humanas en China. MELISA TUYA

Hace una semana, paseando con mis padres por Milán, mi madre se paró junto a uno de los escaparates de Montenapoleone, el Serrano milanés solo que cinco veces más lujoso. Dos maniquíes se movían dentro de él. A diferencia del escaparate de mi amigo, los modelos de la tienda italiana estaban maquillados y peinados imitando exactamente a maniquíes reales. El efecto eran tan artificial y plástico que resultaba hasta escalofriante.

Obviamente, verlo hace años en Madrid, me llamó la atención negativamente, pero verlo ahora en Milán, una de las cuatro cunas de la moda, en un periodo como en el que estamos viviendo, que creo que cada vez se dirige más a la aceptación y valoración de las personas por quiénes son y no por el aspecto que tienen, me preocupa.

Entiendo que la industria precise de perchas humanas para sus diseños, pero no veo la necesidad de exponer a modelos durante horas detrás de un cristal. Si ya me parece mal que se haga en un zoo, con personas ni os cuento.

“Conseguir que Inditex haga más tallas es algo difícil”

Es un día cualquiera por la mañana. Vas camino al trabajo pensando en tus cosas cuando algo llama tu atención en un escaparate. Los maniquís no son delgados, son lo siguiente. Te resulta increíble que el grosor de sus piernas se asemeje más al de tus propios brazos que al de tus piernas.

Así se sintió Anna Riera cuando pasó por delante de un Lefties que le impulsó a abrir una petición en la plataforma Change.org pidiéndole a Inditex que retirara aquellos figurines que flaco favor (literalmente) le hacían a nadie. “Me quedé impactada por aquellas piernas extremadamente delgadas. Lo primero que pensé fue si realmente alguien las tendría así”.

Más de 100.000 firmas después, aquellos maniquís desaparecían del escaparate: “Inditex se comprometió a quitar los maniquís diciendo que estaban descatalogados y que había sido un error“.

Lo que parecía una guerra ganada, se convirtió para Anna en la primera victoria de sus dos batallas, pues a la de los maniquís le siguió la de las tallas. El nuevo objetivo de la estudiante de psicología es que Inditex aumente el tallaje a partir de la talla 42 (si, señores de Zara, hay vida más allá).

Cosas a tener en cuenta. TWITTER

Cosas a tener en cuenta. TWITTER

¿Por qué el imperio de Amancio se queda ahí cuando más del 50% de las mujeres en España usan una talla 40? “Creo que no les interesa, pero eso no es lo que me importa. Me importa que se den cuenta que es beneficioso para ellos también hacer más talla” dice Anna.

La joven de 18 años, pese a las peticiones no ha cambiado su relación con la tienda: “No quiero ir en contra de Inditex, me gusta la ropa de Zara, de Berhska… pero hay sitios que no están haciendo bien para nuestra salud mental. Pido cambios como consumidora para cambiar la vida de todos“.

Pese a lo loable que me parece su cruzada, es acusada por más de uno de promover la obesidad al reivindicar mayor tallaje: “No intento promover la obesidad sino algo que esté dentro de lo sano. Muchas mujeres tienen una 44 o 46 y son personas que si las ves no piensas que tengan un problema de salud”.

No se muestra muy convencida sobre si su petición conseguirá cambiar el tallaje en Inditex: “Creo que para eso se necesitan más firmas porque es un cambio difícil. Esta decisión no depende de mí”. Pero la marca no se ha pronunciado al respecto. Ni ante ella ni ante medios que han intentado entrevistarla, porque, como reconoce Anna “Lo importante de la petición no es el número de firmas sino que te conteste la persona o empresario“.

Una espera que sigue agraciando beneficios al imperio. Y es que, pese a las demandas y peticiones, este  miércoles se reveló un crecimiento del 15% de Inditex, la mayor subida desde 2012. Anna se muestra rotunda al respecto: “No lo veo mal, al final la decisión de si compras en Zara o no es del propio consumidor. Puedes pensar que Zara promueve la explotación infantil pero tú decides comprar o no.”

No sabe si logrará que algo cambie, pero para ella, ser la mujer que cambió los tallajes de Zara “sería fenomenal” no por reconocimiento “sino porque es un privilegio poder representar mujeres que han tenido problemas con la talla. Me alegra poder ayudar”.

Y es que, a su edad, tiene claro que una talla no determina a la persona: “Mi personalidad y las cosas que hago son lo que me definen”.

A veces parece que las marcas nos prefieren anoréxicas

La moda es solo para delgadas. Llevo tiempo sospechándolo viendo el físico de las modelos de pasarela (con ‘llevo tiempo’ me refiero a que llevo toda mi vida). Pero no solo en la pasarela, en los catálogos de las marcas o las revistas de moda hay mujeres de la talla 34 con tobillos como bolígrafos Bic. Es imposible no sentirse presionada, especialmente cuando entras en la adolescencia y tu cuerpo empieza a cambiar. Eres más susceptible a lo que nos venden: que esa delgadez enfermiza es la belleza.

La anorexia no se encuentra solo en la pasarela. Y ha venido para quedarse gracias a blogs que la fomentan y a tendencias en las redes sociales como el thigh gap (el hueco determinado genéticamente que algunas mujeres tienen entre ambos muslos) o el coin challenge (la moda de sostener monedas en el hueco de la clavícula). Las modelos ya no son las únicas que tienen que enfrentarse a los problemas de peso. Las compañeras de Blanca Padilla que vomitaban antes de un show o comían pañuelos de papel según el libro de la ex editora de Vogue, Kirstie Clements, son la cara más vista de unos desórdenes que, mientras que en 2010 se calculaba que el 6% de las mujeres españolas padecían, en 2012 ya se hablaba de entre el 5 y el 10%. Y cada vez afecta a edades más tempranas.

No solo la publicidad se encarga de fomentar unos ideales de delgadez insanos, sino que las tiendas empiezan a cambiar sus comportamientos de venta. Ahora es más común encontrar maniquíes tan delgados que entrarían varios en el jersey que te has comprado. Es como si a las fábricas les hubieran cortado el presupuesto de materiales y se vieran obligadas a hacerlos cada vez más finos para cubrir las cuotas. Incluso me hacen preguntarme si no estarán reciclando brazos de muñecos antiguos como piernas de los nuevos.

Pero las tiendas no se han limitado únicamente a encoger a los maniquíes. La silenciosa cruzada por la delgadez también ha llegado a las prendas. Cada vez las tallas son más pequeñas. Lo que antiguamente era una talla 36 es ahora la 38 y la 34 es la nueva 36. De esta forma, lo que consiguen es que nos sintamos continuamente insatisfechas por no entrar en la talla que consideramos la ‘ideal’ y queramos perder peso. Cada marca puede tallar de la manera que quiera: no eres tú, son las tiendas.

Otras tiendas, en cambio, en vez de apuntarse a la ‘liliputmanía’ excluyen a toda talla que no sea la pequeña (incluso a las medianas) como Brandy Melville o Double Agent. Son marcas que las nuevas influencers, como la bloguera de moda Justina Sharp, en vez de criticar unas cánones tan estrictos, consideran que es algo de lo que sentirse orgulloso el hecho de estar tan delgada como para entrar en una de estas prendas.

Como veis, nos estamos planteando mal la situación. La guerra no es contra nuestro cuerpo. La enemiga no es una misma. El problema no es que no entres en la prenda, sino que la tienda no haga una prenda en la que tú entres.

No estamos solas. La primera batalla tiene que comenzar en la infancia. La estima que me forjé gracias a la educación que me dieron mis padres, que soy una persona valiosa y que debo aceptarme independientemente de cómo sea mi cuerpo, fue lo que jamás me hizo caer en ningún trastorno.

Otras guerreras que luchan contra la anorexia son Anna Riera, una chica de 17 años, que harta de los estereotipos impuestos por la firma Inditex, ha puesto en marcha en change.org una petición para que retiren estos maniquíes, el calendario nudista solidario del equipo de rugby de la Universidad de OxfordQuererse está de moda, iniciativa de la presentadora Cristina Pedroche que recauda fondos para Adaner Murcia.